La enciclopedia visual · octubre de 2026

El cerebro

100 capítulos sobre el órgano que te hace ser quien eres
por Mat Siems
Parte I

El órgano

Kilo y medio de grasa y agua que gobierna todo lo que eres.

Capítulo 1 · Parte I

El universo de kilo y medio

Levanta un paquete de azúcar y tendrás en la mano más o menos lo que pesa el órgano que dirige el gesto. El cerebro adulto pesa entre 1,3 y 1,4 kilos, alrededor del 2 % de la masa corporal, pero consume cerca del 20 % de la energía que el cuerpo gasta en reposo. Funciona con unos 20 vatios, menos que una bombilla tenue, y no tiene depósito de reserva: si se corta el riego sanguíneo, la consciencia se apaga en unos diez segundos. Tres cuartas partes son agua, y casi todo lo demás es grasa, buena parte de ella envolviendo las fibras nerviosas como aislante.

Durante casi toda la historia nadie estuvo seguro de que importara. Los embalsamadores egipcios lo extraían por la nariz y lo desechaban, mientras conservaban con esmero el corazón. Aristóteles pensaba que el cerebro era un radiador que enfriaba la sangre. Los autores hipocráticos, hacia el año 400 a. C., opinaban lo contrario y situaban la alegría, la pena y la locura en la cabeza, y el médico romano Galeno, que había atendido a gladiadores en Pérgamo, demostró que al cortar un nervio del cuello de un cerdo que chillaba, el animal enmudecía: la voz la gobernaba la cabeza, no el corazón.

Contar sus células llevó hasta 2009. En Río de Janeiro, la neurocientífica Suzana Herculano-Houzel disolvió cerebros enteros en una «sopa» uniforme de núcleos celulares, los tiñó y contó muestras al microscopio. Su respuesta fue de unos 86.000 millones de neuronas, no los redondos 100.000 millones de los libros de texto, además de un número parecido de otras células. La sorpresa estaba en su reparto: unos 69.000 millones se encuentran en el cerebelo, en la parte posterior de la cabeza, mientras que la corteza cerebral plegada, sede de la planificación, el lenguaje y la memoria, tiene unos 16.000 millones.

El tamaño, por sí solo, explica poco. El cerebro de un elefante africano pesa unos 5 kilos y contiene unos 257.000 millones de neuronas, pero casi todas están en el cerebelo; su corteza tiene aproximadamente un tercio de las nuestras. El cerebro de Albert Einstein, extraído por el patólogo Thomas Harvey en Princeton en 1955, pesaba 1.230 gramos, algo menos que la media masculina. Lo que distingue a los humanos es la enorme cantidad de neuronas apiñadas en la corteza y la manera en que están conectadas.

¿Sabías que el cerebro no tiene receptores del dolor propios, y por eso el neurocirujano Wilder Penfield, en Montreal, podía estimular el cerebro expuesto de pacientes despiertos, que describían hormigueos, música y fragmentos repentinos de recuerdos?

La idea popular de que solo usamos el 10 % del cerebro es un mito: las imágenes muestran actividad en todo el órgano a lo largo del día, y una lesión en casi cualquier parte tiene consecuencias. La lección cotidiana tiene que ver con el mantenimiento. Un órgano tan voraz y tan delicado depende de un riego constante, de comidas regulares, de un buen descanso y de un cuerpo en buen estado. Llevas sobre los hombros el objeto más complejo que conoce la ciencia, y merece que lo alimentes bien.

El universo de kilo y medio: pequeño, voraz, abarrotado cerebro humano adulto · 1,3–1,4 kg · unos 20 W parte del cuerpo adulto, en reposo 10 px = 1 % El 2 % del cuerpo, un quinto de su energía: tu tejido más caro. 2% masa 1,3–1,4 kg 1 15% flujo sanguíneo c. 750 ml/min 2 20% energía c. 20 W 3 86.000 millones de neuronas Herculano-Houzel · Río · 2009 Cerebelo 69.000 M Corteza 16.000 M Resto < 1.000 M + otras tantas células no neuronales 4 El tamaño no lo es todo Elefante africano c. 5 kg · 257.000 M neuronas c. 98 % en el cerebelo El cerebro de Einstein 1.230 g · Princeton, 1955 5
Fig. 1 · El universo de kilo y medio. El 2 % del peso del cuerpo, una quinta parte de su energía y 86.000 millones de neuronas.
Capítulo 2 · Parte I

Cómo evolucionó el cerebro

Los primeros sistemas nerviosos no tenían cerebro alguno. En las medusas, las anémonas de mar y la hidra de agua dulce, las neuronas forman una red nerviosa difusa repartida por la pared del cuerpo, de modo que un roce en cualquier punto se propaga como las ondas en un estanque. Animales así ya surcaban los océanos hace más de 550 millones de años, y les sigue yendo de maravilla: la cubomedusa se orienta entre los manglares con 24 ojos y solo un anillo de nervios para coordinarlos.

El gran cambio llegó con los animales que tenían delante y detrás. Cuando una criatura avanza con la cabeza por delante, le conviene reunir los órganos de los sentidos y las neuronas en el extremo delantero, una tendencia llamada cefalización. Los gusanos planos como las planarias tienen un par de ganglios cefálicos y cordones nerviosos que recorren el cuerpo; si se corta uno por la mitad, la parte trasera regenera una cabeza nueva, cerebro incluido. Hace unos 500 millones de años, los primeros vertebrados ya tenían el plan en tres partes que aún se ve en todo embrión de pez, rana o ser humano: prosencéfalo, mesencéfalo y rombencéfalo.

Los mamíferos añadieron la neocorteza, una lámina de seis capas de células sobre el prosencéfalo, hace más de 200 millones de años. En mamíferos pequeños como el ratón sigue siendo lisa; en los grandes se pliega para encajar más superficie dentro del cráneo, y desplegada la corteza humana ocuparía alrededor de un cuarto de metro cuadrado. Los cráneos fósiles muestran el crecimiento en nuestro linaje. Australopithecus, como Lucy, el esqueleto de 3,2 millones de años hallado en Hadar (Etiopía), tenía un cerebro de unos 400 a 500 centímetros cúbicos; Homo erectus llegó a unos 900; los humanos modernos rondan los 1.350 de media.

Lo sabemos gracias a la anatomía comparada, a los moldes endocraneales de los fósiles y, cada vez más, a los genes. Un gen llamado NOTCH2NL, duplicado solo en el linaje humano, mantiene en división durante más tiempo a las células madre del cerebro; su descubrimiento en 2018 por equipos de California y Bélgica aportó una pista molecular sobre nuestra corteza agrandada.

La evolución también encontró otros caminos hacia la inteligencia. El pulpo tiene unos 500 millones de neuronas, dos tercios de ellas en los brazos, en un sistema nervioso que evolucionó por separado del nuestro. Cuervos y loros, con cerebros del tamaño de una nuez, tienen el prosencéfalo tan densamente poblado que algunos rivalizan en neuronas con los monos. Incluso el diminuto gusano C. elegans, con exactamente 302 neuronas, aprende y recuerda, y en 1986 su diagrama completo de conexiones fue el primero en cartografiarse.

¿Sabías que la popular historia del «cerebro reptiliano», envuelto en una capa emocional y luego en otra racional, procede de la teoría del cerebro triuno de Paul MacLean en los años sesenta, que la neurociencia abandonó hace tiempo, porque la evolución remodeló las partes antiguas en lugar de apilar otras nuevas?

La lección es de humildad. El cerebro humano no es una obra maestra terminada sino una casa vieja reformada, que comparte su plano básico con el de una lamprea y mantiene en marcha antiguos reflejos en el sótano. Por eso el miedo puede adelantarse a la razón, y por eso el sueño, el apetito y la respiración dependen de estructuras mucho más antiguas que el pensamiento.

Cómo evolucionó el cerebro: de la red nerviosa a la corteza plegada 550 millones de años de sistemas nerviosos · Ma = millones de años otras vías hacia la inteligencia Pulpo 500 millones de neuronas dos tercios en los brazos Cuervos y loros cerebro como una nuez prosencéfalo muy denso Gusano C. elegans exactamente 302 neuronas conexiones mapeadas, 1986 La evolución reformó cerebros viejos en vez de apilar otros nuevos. Red nerviosa > 550 Ma medusas, hidra sin centro 1 red difusa Gang. cefálicos c. 550 Ma planarias cerebro frontal 2 ganglios cefálicos Tres partes c. 500 Ma primeros peces ant., medio, post. 3 A M P ant. · medio · post. Neocorteza > 200 Ma primeros mamíferos seis capas 4 I VI lámina de 6 capas Corteza humana c. 300.000 años media 1.350 cc Lucy: c. 450 cc 5 corteza plegada
Fig. 2 · Cómo evolucionó el cerebro. De las redes nerviosas de las medusas a la corteza plegada: 550 millones de años.
Capítulo 3 · Parte I

Construir un cerebro

Todo cerebro empieza siendo una lámina plana. Unos 18 días después de la concepción, una franja de células a lo largo de la espalda del embrión se engrosa y forma la placa neural. Sus bordes se elevan, se curvan el uno hacia el otro y se cierran como una cremallera para formar el tubo neural, un proceso que termina hacia el día 28, a menudo antes de que la mujer sepa que está embarazada. La parte delantera del tubo será el cerebro; el resto, la médula espinal. Si no se cierra, el resultado es la anencefalia en el extremo de la cabeza o la espina bífida más abajo.

Por eso importa el ácido fólico. En 1991, el estudio de vitaminas del Medical Research Council británico, realizado en 33 centros de siete países, demostró que tomar ácido fólico antes y al principio del embarazo reducía en torno a un 72 % la repetición de estos defectos. Decenas de países, entre ellos Estados Unidos desde 1998, lo añaden ya a la harina, y el Reino Unido ha legislado para hacerlo también.

En la quinta semana, la parte delantera del tubo se ha hinchado en cinco abultamientos, precursores de los hemisferios cerebrales, el tálamo, el mesencéfalo, el cerebelo y la protuberancia, y el bulbo raquídeo. Llega entonces un frenesí de fabricación: durante el embarazo se producen neuronas nuevas a un ritmo medio de unas 250.000 por minuto. Nacen en lo profundo, junto a los ventrículos llenos de líquido, y tienen que desplazarse hacia fuera. En los años setenta, Pasko Rakic, en Yale, demostró que trepan por las largas fibras de la glía radial como por escalas de cuerda y construyen la corteza de dentro hacia fuera: las primeras en llegar forman la capa más profunda, y cada oleada posterior las adelanta para asentarse encima.

El cerebro fetal, al principio liso, empieza a plegarse a mitad del embarazo, y los grandes surcos se ahondan en los tres últimos meses. Un bebé nacido a término tiene un cerebro de unos 350 a 400 gramos, una cuarta parte del peso adulto, que casi se duplica durante el primer año. El gasto es enorme: Christopher Kuzawa y sus colegas calcularon en 2014 que, hacia los cinco años, el cerebro consume el equivalente a casi dos tercios de la energía en reposo del cuerpo.

Tras el nacimiento, el crecimiento consiste más en cablear que en fabricar neuronas. Las sinapsis se multiplican desaforadamente y después se podan. Peter Huttenlocher, en Chicago, contó sinapsis en cerebros post mortem desde finales de los setenta y halló que su densidad en la corteza alcanza el máximo en la primera infancia, muy por encima del nivel adulto, antes de que se recorte el excedente; la corteza visual llega a su pico en el primer año, la prefrontal años después. La experiencia decide qué se queda. En los años sesenta, David Hubel y Torsten Wiesel demostraron que un gatito con un ojo cerrado durante una ventana crítica nunca llegaba a conectar bien ese ojo con la corteza. La mielina aislante llega la última a los lóbulos frontales, hasta mediados de la veintena.

¿Sabías que en 2015 y 2016 una oleada de bebés nacidos con la cabeza anormalmente pequeña en el nordeste de Brasil se atribuyó al virus del Zika, que ataca precisamente a las células madre que fabrican las neuronas de la corteza?

Un cerebro, por tanto, se construye tanto con la experiencia como con los genes. El ácido fólico antes de la concepción, la ausencia de alcohol en el embarazo y, después, la conversación, el juego y el sueño no son extras opcionales: son los materiales de construcción.

Construir un cerebro: de una lámina plana a una red cableada concepción → c. 25 años · dibujos no a escala Densidad sináptica cortical Huttenlocher, Chicago, desde 1979 Los genes trazan el plano; la experiencia decide qué conexiones quedan. nacer 2 años adolesc. 25 años Tubo neural días 18–28 ácido fólico 1 el tubo se cierra Vesículas semana 5 cinco vesículas 2 tel di mes met mie Migración 250.000 / min glía radial 3 piamadre ventrículo Nacimiento 350–400 g se pliega 4 ¼ del adulto Poda hasta c. 25 años mielina al final 5 disc. = podado suben, pico en la infancia, luego poda discont.: nivel adulto
Fig. 3 · Construir un cerebro. De una lámina plana de células a un cerebro cableado, del día 18 a los veintitantos.
Capítulo 4 · Parte I

La neurona

Una neurona es una célula hecha para recoger señales, tomar una decisión y transmitir el veredicto. Sus dendritas ramificadas reciben mensajes de otras células, a menudo de miles, a través de diminutas espinas. El cuerpo celular, o soma, alberga el núcleo y las fábricas de proteínas que mantienen viva toda esa estructura extendida. Donde el cuerpo se estrecha para dar paso al axón está la zona de disparo, el segmento inicial del axón: si la suma de las entradas lleva su voltaje más allá de un umbral, la neurona dispara.

El axón lleva ese impulso lejos, a veces muy lejos. Las motoneuronas de la parte baja de la médula envían axones de cerca de un metro hasta los músculos del pie. Muchos axones están envueltos en mielina, un aislante graso dispuesto en segmentos, con huecos desnudos llamados nódulos de Ranvier donde la señal se renueva. En su extremo, el axón se divide en terminales que forman sinapsis con las células siguientes. En la mayoría de las neuronas la información fluye en un solo sentido: entra por las dendritas y sale por el axón.

Nadie pudo verlo hasta 1873, cuando el médico italiano Camillo Golgi, que trabajaba en una cocina de hospital convertida en laboratorio en Abbiategrasso, cerca de Milán, descubrió que el nitrato de plata teñía al azar unas pocas neuronas, negras y completas, sobre un fondo claro. El español Santiago Ramón y Cajal usó la tinción de Golgi para defender que cada neurona es una célula independiente y no parte de una red continua. Ambos compartieron el Premio Nobel en 1906 mientras se contradecían en sus discursos, y el microscopio electrónico dio la razón a Cajal en los años cincuenta.

Las neuronas adoptan formas asombrosas. Las células piramidales de la corteza tienen un cuerpo triangular y una larga dendrita que se estira hacia la superficie. Las células de Purkinje del cerebelo despliegan un abanico plano de dendritas que recibe hasta unas 200.000 conexiones. Algunas neuronas son sorprendentemente específicas. En 2005, Rodrigo Quian Quiroga, Itzhak Fried y sus colegas, registrando en Los Ángeles a pacientes con epilepsia que llevaban electrodos implantados antes de una operación, hallaron en el lóbulo temporal medial células sueltas que se activaban con fotos de Jennifer Aniston, de Halle Berry o de la Ópera de Sídney, y casi con nada más.

¿Sabías que la «neurona de Halle Berry» descubierta en 2005 también se activaba cuando el paciente leía simplemente su nombre, lo que sugiere que codificaba la idea de la actriz y no una imagen concreta?

La mayoría de las neuronas que tienes ahora se fabricaron antes de nacer y nunca se sustituyen, y por eso las enfermedades que las matan son tan difíciles de revertir; Stephen Hawking vivió más de cinco décadas con una enfermedad de la motoneurona que destruía las células que mueven los músculos. Si los adultos generan neuronas nuevas en el hipocampo sigue en debate: estudios de 2018 llegaron a conclusiones opuestas. Lo seguro es que las neuronas existentes no dejan de cambiar, ganando y perdiendo espinas a medida que aprendes y olvidas. Cada una es menos un cable que una diminuta calculadora, y tienes unos 86.000 millones.

La neurona: escuchar, decidir, disparar, transmitir neurona motora, no a escala · axón de hasta c. 1 m Tinción de plata de Golgi, 1873 · Cajal: cada neurona, una célula · Nobel compartido, 1906 la información va en un sentido: entra por las dendritas, sale por el axón Cada neurona es menos un cable que una calculadora. Dendritas miles de entradas Purkinje: c. 200.000 1 Soma cuerpo + núcleo fabrica proteínas 2 Zona de disparo segmento inicial dispara a c. −55 mV 3 impulso, hasta c. 120 m/s nodo de Ranvier Axón mielinizado mielina de la glía los nodos renuevan 4 Terminales axónicas sinapsis con otra célula relevo químico 5
Fig. 4 · La neurona. Las dendritas recogen, el cuerpo celular suma, el axón dispara y transmite.
Capítulo 5 · Parte I

La glía: la otra mitad

Durante un siglo, la neurociencia trató la mayoría de las células no neuronales del cerebro como material de relleno. En 1856, el patólogo alemán Rudolf Virchow las llamó neuroglía, «pegamento de los nervios», imaginando una masilla que mantenía las neuronas en su sitio. La realidad resultó mucho más ajetreada. Las células gliales fabrican aislante, alimentan a las neuronas, retiran sustancias químicas, vigilan las infecciones y ayudan a decidir qué conexiones sobreviven. La afirmación tan repetida de que superan a las neuronas en diez a uno es falsa: los recuentos cuidadosos hechos desde 2009 encuentran aproximadamente una célula no neuronal por cada neurona en el conjunto del cerebro.

La familia más numerosa es la de los astrocitos, células estrelladas cuyas finas prolongaciones abrazan los vasos sanguíneos por un extremo y las sinapsis por el otro. Un solo astrocito humano puede tocar hasta unos dos millones de sinapsis. Los astrocitos recogen el glutamato usado para que las señales sigan siendo nítidas, absorben el exceso de potasio, pasan combustible de la sangre a las neuronas y ayudan a mantener la barrera hematoencefálica. Incluso se comunican entre sí mediante lentas ondas de calcio, una conversación más callada bajo la eléctrica.

Los oligodendrocitos fabrican mielina en el cerebro y la médula espinal, y cada uno envuelve segmentos de hasta unos 50 axones distintos; en los nervios del cuerpo, la tarea corresponde a las células de Schwann, que envuelven un segmento cada una. El neurocientífico español Pío del Río Hortega identificó los oligodendrocitos y las células inmunitarias propias del cerebro, la microglía, entre 1919 y 1921, con tinciones de plata de su invención. La microglía nunca descansa: extiende y retrae sin cesar sus ramificaciones para sondear el entorno. En 2012, Beth Stevens y sus colegas, en Boston, demostraron que en ratones jóvenes la microglía engulle las sinapsis marcadas por proteínas inmunitarias, podando el circuito en desarrollo. Un cuarto grupo, las células ependimarias, recubre los ventrículos llenos de líquido, mientras que en el embrión la glía radial actúa a la vez como célula madre y como andamio.

Cuando la glía falla, los efectos son graves. La esclerosis múltiple es un ataque inmunitario contra la mielina y los oligodendrocitos que la producen. La mayoría de los tumores cerebrales malignos nacen de células gliales, entre ellos el glioblastoma que acabó con la vida del senador estadounidense John McCain en 2018. Y cuando la neurocientífica Marian Diamond, en Berkeley, examinó en 1985 cortes del cerebro de Einstein, lo que destacó no fueron sus neuronas sino una mayor proporción de glía por neurona en una región, un resultado que sus críticos consideraron difícil de interpretar.

¿Sabías que en 2013 unos investigadores de Rochester, en Nueva York, trasplantaron progenitores gliales humanos a ratones recién nacidos, y que los animales desarrollaron astrocitos de tipo humano y aprendieron varias tareas más deprisa que los ratones normales?

La lección cotidiana es que la salud del cerebro no depende solo de las neuronas. La mielina sigue madurando en la edad adulta y responde a la práctica; la microglía se moldea con el sueño, las infecciones y la inflamación; los astrocitos gestionan el suministro de combustible. La otra mitad del cerebro hace las tareas de la casa, y sin ella la casa se vendría abajo.

La glía: el equipo de apoyo de cada neurona plantilla · raíz y cuatro pilares · funciones Glía c. 1 por neurona · 'pegamento' Virchow, Berlín, 1856 si falla la glía: esclerosis múltiple (mielina) · glioblastoma (tumores) · inflamación No es pegamento sino un equipo: nutre, envuelve, vigila y construye. Astrocitos cuidadores 1 Envuelve sinapsis recicla glutamato c. 2 M sinapsis Reparte energía pies en los vasos mantiene la barrera Fabrican mielina aislantes 2 Oligodendrocito encéfalo y médula c. 50 axones cada uno Célula de Schwann nervios periféricos un segmento cada una Microglía guardia inmune 3 Patrulla vigila sin cesar Río Hortega, 1919 Poda recorta circuitos Stevens, 2012 Revestimiento constructoras 4 Célula ependimaria tapiza ventrículos mueve el líquido Glía radial andamio embrionario y células madre
Fig. 5 · La glía: la otra mitad. Astrocitos, mielinizantes, microglía y células de revestimiento: el equipo de apoyo.
Capítulo 6 · Parte I

El potencial de acción

Cada pensamiento que tienes viaja como un chisporroteo de impulsos eléctricos. En reposo, el interior de una neurona está a unos −70 milivoltios respecto al exterior, y lo mantiene así una bomba molecular que expulsa tres iones de sodio por cada dos de potasio que introduce. El químico danés Jens Skou descubrió esta bomba de sodio y potasio en 1957 y compartió un Premio Nobel por ello cuarenta años después. Solo mantener cargada esa batería consume una parte importante de la energía del cerebro.

Cuando las entradas elevan la zona de disparo del axón hasta un umbral de unos −55 milivoltios, se abren de golpe los canales de sodio dependientes de voltaje. El sodio entra en tromba y, en un milisegundo aproximadamente, el interior pasa a unos +40 milivoltios. Entonces los canales de sodio se cierran solos y se abren los canales de potasio, que dejan salir carga positiva y hacen bajar el voltaje, que por un instante queda por debajo del reposo. Durante este periodo refractario ese tramo de membrana no puede volver a disparar, así que el impulso solo puede avanzar, regenerándose a lo largo del axón como una mecha encendida.

Es el potencial de acción, y funciona a todo o nada: una neurona no emite un impulso mayor ante un estímulo más fuerte, sino que dispara más a menudo, hasta varios cientos de veces por segundo. Alan Hodgkin y Andrew Huxley descubrieron el mecanismo en el laboratorio de la Marine Biological Association de Plymouth gracias al axón gigante del calamar, de hasta un milímetro de grosor, lo bastante ancho para introducir un electrodo de alambre. Registraron un impulso desde dentro del axón en 1939, la Segunda Guerra Mundial los interrumpió y publicaron su modelo matemático en 1952; les valió el Premio Nobel en 1963 y todavía se utiliza.

La velocidad depende del aislamiento. En los axones finos y desnudos, los impulsos avanzan a cerca de un metro por segundo; en los gruesos y mielinizados, saltan de nódulo en nódulo hasta unos 120 metros por segundo, un truco llamado conducción saltatoria. Por eso apartas rápidamente la mano de una sartén caliente, mientras que el dolor sordo y punzante llega un momento después por fibras más finas. En 1976, Erwin Neher y Bert Sakmann, en Gotinga, fueron más allá y registraron la diminuta corriente que atraviesa un único canal iónico, con una pipeta de vidrio sellada sobre la membrana de una célula.

¿Sabías que la tetrodotoxina, el veneno del pez globo japonés o fugu, tapona los canales de sodio de modo que los nervios no pueden disparar, y que por eso los cocineros japoneses necesitan una licencia especial para prepararlo?

La idea de una electricidad animal es aún más antigua: en Bolonia, en la década de 1780, Luigi Galvani hacía contraerse ancas de rana disecadas con metales y chispas. Hoy esos mismos canales explican la medicina de cada día. La lidocaína del dentista bloquea los canales de sodio de las fibras del dolor, y muchos antiepilépticos calman los que están demasiado excitables. Tus sensaciones, decisiones y movimientos se escriben en un único código de impulsos casi idénticos; lo único que cambia es dónde y con qué frecuencia se disparan.

El potencial de acción: dos milisegundos, todo o nada voltaje de membrana en un punto del axón · axón de calamar, Hodgkin y Huxley, Plymouth 1939–52 +40 0 −55 −70 mV 0 1 2 3 4 ms fuera dentro Un estímulo más fuerte da más impulsos, nunca mayores. 1 Reposo −70 mV · bomba activa 1 3 Na+ fuera · 2 K+ dentro Skou, 1957 2 Umbral c. −55 mV 2 3 Entra el sodio a +40 mV, < 1 ms 3 Na+ entra 4 Sale el potasio el voltaje cae 4 K+ sale 5 Hiperpolarización periodo refractario 5 refractario
Fig. 6 · El potencial de acción. Un pico de dos milisegundos: entra sodio, sale potasio y la señal avanza.
Capítulo 7 · Parte I

La sinapsis

Las neuronas no se tocan. Entre el extremo de una y la superficie de la siguiente hay un hueco de unos 20 nanómetros, aproximadamente la cuatromilésima parte del grosor de un cabello. El fisiólogo británico Charles Sherrington llamó sinapsis a esta unión en 1897, de la palabra griega para «abrazo», mucho antes de que nadie pudiera verla. Durante décadas los científicos discutieron cómo cruzaban las señales: el bando de las «chispas» decía que eléctricamente; el de las «sopas», que químicamente.

Ganaron las sopas, con ayuda de un sueño. La noche anterior al domingo de Pascua de 1921, el farmacólogo Otto Loewi, que trabajaba en Graz (Austria), se despertó con una idea, la garabateó y por la mañana no pudo leer su propia letra. El sueño volvió la noche siguiente y esta vez fue directo al laboratorio. Estimuló el nervio vago de un corazón de rana, que se ralentizó, y luego pasó el líquido que lo bañaba a un segundo corazón, que también se ralentizó. Una sustancia química, identificada más tarde como acetilcolina, había llevado el mensaje.

Esto es lo que ocurre, todo en cerca de un milisegundo. Un impulso llega al terminal del axón y abre canales de calcio. El calcio hace que unas diminutas burbujas llamadas vesículas, cada una con unos pocos miles de moléculas de neurotransmisor, se fusionen con la membrana gracias a una cremallera molecular de proteínas SNARE, hallazgo que valió el Premio Nobel de 2013 a Thomas Südhof, James Rothman y Randy Schekman. El transmisor se derrama en la hendidura, se une a los receptores del otro lado y abre o cierra canales allí. Después se retira, recaptado por transportadores o destruido por enzimas, para que la línea quede lista para el siguiente mensaje. En los años cincuenta, Bernard Katz, en Londres, demostró que el transmisor se libera en esos paquetes fijos, o cuantos. Una minoría de sinapsis prescinde de la química y deja pasar la corriente directamente por canales llamados uniones en hendidura.

Tu cerebro tiene unos 100 billones de sinapsis, y muchos venenos actúan saboteándolas. El curare, veneno de flechas sudamericano que Claude Bernard estudió en París en la década de 1850, bloquea los receptores de acetilcolina de los músculos. La toxina botulínica, el bótox de las clínicas estéticas, corta las proteínas SNARE para que no se libere transmisor. Los agentes nerviosos como el Novichok empleado en Salisbury en 2018 hacen lo contrario: bloquean la enzima que elimina la acetilcolina, y los músculos no pueden relajarse.

¿Sabías que el lema «las neuronas que se disparan juntas se conectan juntas» no es una frase de Donald Hebb de 1949, sino una paráfrasis posterior que popularizó la neurocientífica Carla Shatz en 1992?

En las sinapsis vive el aprendizaje. Cada una puede reforzarse o debilitarse con el uso, y así la práctica se convierte en destreza y un solo suceso impactante deja un recuerdo duradero. La mayoría de los psicofármacos también actúan aquí. Cada pensamiento que tienes es una cascada de diminutas salpicaduras químicas a través de huecos que nunca verás.

La sinapsis: un mensaje cruza el espacio sinapsis química en corte · toda la secuencia dura c. un milisegundo terminal axónica neurona postsináptica Sherrington le da nombre, 1897 · corazones de rana de Loewi, Graz, 1921 · Katz, cuantos, años 50 unos 100 billones de sinapsis en un cerebro humano Cada pensamiento es química que cruza un espacio invisible. impulso Ca²⁺ Impulso y calcio canales de Ca²⁺ abren 1 Fusión de vesículas cremallera SNARE Nobel 2013 2 Hendidura sináptica c. 20 nm de ancho 3 receptores abren canales Receptores rápidos: canales iónicos lentos: cascadas 4 enzima recaptación Limpieza bombas de recaptación o enzimas (AChE) 5
Fig. 7 · La sinapsis. Llega un impulso, las vesículas se fusionan y el mensajero cruza 20 nanómetros.
Capítulo 8 · Parte I

Mensajeros químicos

El cerebro habla con más de un centenar de palabras químicas, pero dos llevan casi toda la conversación. El glutamato, el mismo aminoácido que da al parmesano y a la salsa de soja su sabor sabroso, es la principal señal de «adelante», liberada en la mayoría de las sinapsis excitadoras. El GABA es el principal «alto»: hace que la neurona siguiente tenga menos probabilidades de disparar. El pensamiento depende del equilibrio entre ambos. Con demasiado glutamato, las neuronas se disparan sin control, como en una crisis epiléptica; si se refuerza el GABA con alcohol, benzodiacepinas o muchos anestésicos, el cerebro se ralentiza, se seda y al final se apaga.

El primer transmisor identificado fue la acetilcolina, que lleva las órdenes de los nervios a todos los músculos esqueléticos y ayuda al cerebro a mantenerse alerta y atento; Henry Dale, en Londres, y Otto Loewi, en Graz, compartieron el Premio Nobel de 1936 por su descubrimiento. Otros mensajeros funcionan menos como líneas telefónicas y más como emisiones de radio. Pequeños grupos de células del tronco del encéfalo y del mesencéfalo rocían dopamina, noradrenalina y serotonina sobre zonas amplias, ajustando la motivación, el estado de alerta y el ánimo en lugar de transportar mensajes concretos.

En 1957 y 1958, el farmacólogo sueco Arvid Carlsson vació de dopamina a unos conejos con un fármaco, la reserpina. Quedaron desplomados e inmóviles hasta que les inyectó L-DOPA, que el cerebro convierte en dopamina, y en pocos minutos volvían a moverse. Carlsson comprendió que la dopamina era un transmisor por derecho propio, y el hallazgo condujo directamente al tratamiento del párkinson con L-DOPA. En 1969, Oliver Sacks dio el fármaco a supervivientes de la epidemia de encefalitis letárgica de los años veinte, congelados durante décadas en un hospital del Bronx, historia que contó en Despertares. Carlsson compartió el Premio Nobel en 2000.

El cuerpo también fabrica sus propios opiáceos. En 1973, Candace Pert y Solomon Snyder, en la Universidad Johns Hopkins, hallaron en el cerebro receptores a los que se une la morfina, y en 1975 John Hughes y Hans Kosterlitz, en Aberdeen, aislaron las sustancias naturales que encajan en ellos, las encefalinas, miembros de la familia que hoy llamamos endorfinas. Péptidos como la oxitocina actúan también como mensajeros, e incluso un gas, el óxido nítrico, transmite señales entre células.

¿Sabías que alrededor del 90 % de la serotonina del cuerpo no se fabrica en el cerebro sino en el intestino, donde ayuda a controlar el avance de los alimentos?

Los atajos populares suelen equivocarse con estas sustancias. La dopamina es menos una «molécula del placer» que una señal de deseo, y de recompensas que resultan mejores de lo esperado. La afirmación de que la depresión es simplemente un déficit de serotonina también tiene un respaldo débil, como concluyó una revisión de las pruebas en 2022, aunque los fármacos que actúan sobre la serotonina, como la fluoxetina (aprobada en Estados Unidos como Prozac en 1987), ayudan a muchas personas. Cada pastilla, cada copa y cada café que cambia cómo te sientes funciona tomando prestada, bloqueando o imitando una de las palabras del propio cerebro.

Mensajeros químicos: acelerar, frenar y difundir más de 100 mensajeros conocidos · según velocidad y efecto excita calma rápido · cableado · ms lento · difuso · segundos+ Acelerar y frenar dicen casi todo; los difusores marcan el tono. Glutamato señal de «acelerar» casi toda sinapsis rápida 1 GABA señal de «frenar» los sedantes lo potencian 2 Glicina freno en la médula y el tronco Acetilcolina músculos; atención Loewi y Dale, 1936 3 Dopamina deseo, movimiento Carlsson, 1958 4 Noradrenalina alerta, vigilancia del locus coeruleus Serotonina ánimo, sueño, apetito c. 90 % en el intestino 5 Endorfinas opioides propios Aberdeen, 1975
Fig. 8 · Mensajeros químicos. Señales rápidas y cableadas frente a señales lentas y difundidas: el léxico químico.
Capítulo 9 · Parte I

Combustible y barrera hematoencefálica

El cerebro es el cliente más exigente del cuerpo. Por él pasan unos 750 mililitros de sangre por minuto, cerca del 15 % del gasto cardiaco en reposo, que le aportan aproximadamente una quinta parte del oxígeno del cuerpo y unos 120 gramos de glucosa al día. A diferencia del músculo o del hígado, el cerebro casi no almacena combustible. Si se interrumpe el suministro, como en un desmayo o una parada cardiaca, la consciencia se pierde en unos diez segundos; tras unos minutos sin oxígeno, las neuronas empiezan a morir.

La glucosa es el combustible habitual, pero no el único. En estudios de los años sesenta, George Cahill y sus colegas, en Boston, siguieron a personas durante ayunos prolongados y demostraron que, al cabo de varios días, el cerebro cubre buena parte de su demanda con cuerpos cetónicos, fabricados por el hígado a partir de la grasa. Esa flexibilidad explica que los humanos sobrevivan semanas sin comer, y que la dieta cetogénica, ideada en la Clínica Mayo en 1921, siga controlando las crisis de algunos niños con epilepsia.

La vía de suministro es también una muralla. En 1885, el científico alemán Paul Ehrlich inyectó colorantes en la sangre de animales y vio que todos los órganos se teñían excepto el cerebro. En 1913, su discípulo Edwin Goldmann inyectó el colorante en el líquido que rodea al cerebro, y solo se tiñó el cerebro. Algo separaba el cerebro de la sangre. El microscopio electrónico lo reveló en 1967: las células que recubren los capilares cerebrales están cosidas entre sí por uniones estrechas, sin huecos por los que puedan colarse sustancias. Junto con unas células envolventes, los pericitos, y los pies de los astrocitos, forman la barrera hematoencefálica.

El oxígeno, el dióxido de carbono y las moléculas pequeñas y liposolubles la atraviesan con facilidad; casi todo lo demás necesita un transportador propio. La glucosa viaja en un transportador llamado GLUT1. La dopamina no puede entrar, y por eso las personas con párkinson toman L-DOPA, que usa un transportador de aminoácidos y se convierte una vez dentro. La barrera también deja fuera a la inmensa mayoría de las moléculas de los fármacos, una de las razones por las que las enfermedades cerebrales son tan difíciles de tratar. Algunos puntos carecen de ella a propósito, como el área postrema del tronco del encéfalo, que analiza la sangre en busca de toxinas y desencadena el vómito.

¿Sabías que la heroína es morfina con dos pequeños grupos químicos añadidos, que la hacen más liposoluble, de modo que cruza la barrera hematoencefálica más deprisa y golpea con más fuerza?

La sangre también se lleva el calor, porque un cerebro activo se calienta. Y conviene corregir un mito común: pensar mucho apenas aumenta el consumo total de energía del cerebro. La mayor parte de su combustible se va en una actividad de fondo constante, como mostraron los estudios de imagen de Marcus Raichle en San Luis. Las lecciones prácticas son sencillas: come con regularidad, trata como una urgencia la confusión de una persona con diabetes y cuida el corazón y los vasos sanguíneos, porque el cerebro vive por completo de lo que ellos le entregan.

Combustible y barrera: por qué los capilares cerebrales son distintos capilares en corte, c. 5–10 µm de diámetro · no a escala Capilar muscular vaso corporal común Capilar cerebral barrera hematoencefálica sangre El cerebro consume un quinto de tu energía, pero cierra la puerta. sangre huecos entre células las moléculas pasan 1 unión estrecha 2 pericito pies de astrocitos 3 GLUT1 glucosa fármacos, dopamina: no pasan 4 c. 750 ml / min de sangre al cerebro c. 20 % del oxígeno corporal c. 120 g / día glucosa, sin reservas 5
Fig. 9 · Combustible y barrera hematoencefálica. Los capilares del cerebro están sellados: la glucosa tiene pase, casi nada más.
Capítulo 10 · Parte I

Cráneo, meninges y líquido

El cerebro vivo es blando, más o menos con la consistencia de una gelatina firme, y está protegido en consecuencia. Por fuera está el cuero cabelludo y después el cráneo: ocho huesos craneales, entre ellos el frontal, los dos parietales, los dos temporales y el occipital, unidos por articulaciones onduladas llamadas suturas. En el recién nacido todavía están separados por zonas blandas, las fontanelas, que permiten que la cabeza pase por el canal del parto y dejan sitio para que el cerebro duplique su tamaño; la mayor se cierra hacia los 18 meses o dos años.

Bajo el hueso hay tres membranas, las meninges, cuyos nombres proceden de traducciones latinas medievales de textos médicos árabes. La duramadre, «madre dura», es una lámina correosa que recubre el cráneo, se pliega hacia dentro para separar los hemisferios y lleva grandes venas llamadas senos. Debajo está la delicada aracnoides, llamada así por sus filamentos en forma de telaraña, y después la piamadre, «madre tierna», pegada a cada pliegue de la superficie cerebral. Entre la aracnoides y la piamadre queda un espacio lleno de líquido cefalorraquídeo.

Ese líquido, unos 150 mililitros en cada momento, lo producen los plexos coroideos de los ventrículos a razón de unos 500 mililitros al día, así que se renueva varias veces cada jornada. Amortigua el cerebro y, por flotación, reduce su peso efectivo de unos 1.400 gramos a unos 50. En 1891, Heinrich Quincke, en Kiel, introdujo la punción lumbar, que extrae líquido de la parte baja de la espalda para diagnosticar infecciones. Cuando el líquido no puede drenar, se acumula y produce hidrocefalia. En 1955, John Holter, un ingeniero de Filadelfia cuyo hijo pequeño, Casey, la padecía, construyó una válvula de derivación de silicona que se convirtió en el modelo de tratamiento en todo el mundo.

La armadura tiene puntos débiles. Un golpe en el hueso fino de la sien puede romper la arteria meníngea media y causar un hematoma epidural: la persona puede parecer bien y empeorar en unas horas, como le ocurrió a la actriz Natasha Richardson tras una caída en una pista para principiantes en Quebec en 2009. Las venas desgarradas bajo la duramadre causan hematomas subdurales, frecuentes en personas mayores tras caídas leves. La meningitis bacteriana inflama las membranas y puede matar en un día; en 2015, el Reino Unido fue el primer país en vacunar a todos los bebés contra el meningococo B.

¿Sabías que los agujeros practicados en cráneos vivos, la trepanación, figuran entre las cirugías más antiguas que se conocen, y que muchos cráneos neolíticos e incas muestran hueso cicatrizado alrededor del orificio, prueba de que los pacientes sobrevivieron?

Hasta esta vieja anatomía sigue sorprendiendo. En 2015, equipos de Virginia y Helsinki describieron vasos linfáticos en las meninges, canales de drenaje que los manuales habían pasado por alto, y estudios en ratones sugieren que el líquido circula con más brío por el cerebro durante el sueño. Ponte el casco, toma en serio cualquier golpe en la cabeza y recuerda que una buena noche de sueño puede ser la manera que tiene el cerebro de fregar los platos.

Cráneo, meninges y líquido: las cinco envolturas bloque en corte, de fuera adentro · grosores no a escala corteza cerebral sustancia gris debajo Hueso, membrana y líquido dejan flotar un cerebro blando en una vida movida. Cuero cabelludo y cráneo 8 huesos, suturas 1 Duramadre 'madre dura' 2 Aracnoides y LCR telaraña, espacio líquido 3 Piamadre 'madre pía' 4 Balance de líquido c. 150 ml en cada momento c. 500 ml al día por el plexo coroideo flotando pesa c. 50 g 5
Fig. 10 · Cráneo, meninges y líquido. Cuero cabelludo, hueso, tres membranas y un colchón de líquido protegen el cerebro.
Parte II

El mapa

Un recorrido por las regiones, del tronco encefálico a la corteza plegada.

Capítulo 11 · Parte II

El tronco encefálico

El tronco encefálico es el tallo que une el encéfalo con la médula espinal, una columna de tejido apenas más gruesa que un pulgar. Tiene tres pisos: el mesencéfalo arriba, la abultada protuberancia en medio y el bulbo raquídeo, que se estrecha hasta convertirse en médula. De aquí salen diez de los doce pares de nervios craneales, encargados de los movimientos y las sensaciones de los ojos, la cara, la lengua y la garganta. Todo mensaje entre el cuerpo y el cerebro pasa por él, lo que lo convierte en el pasillo más transitado, y menos indulgente, del sistema nervioso.

El bulbo hace funcionar la maquinaria en la que nunca pensamos. En 1991, Jeffrey Smith, Jack Feldman y sus colegas de la UCLA hallaron en el bulbo de la rata un pequeño grupo de células, el complejo pre-Bötzinger, que sigue generando un ritmo respiratorio incluso en una fina lámina de tejido mantenida viva en una placa. Unos sensores cercanos vigilan el dióxido de carbono de la sangre y marcan el compás; otros núcleos ajustan el ritmo cardiaco y la presión arterial. Cuando la poliomielitis atacó el bulbo durante la epidemia de Copenhague de 1952, los enfermos dejaron de respirar por sí solos, y estudiantes de medicina les insuflaron aire a mano, por turnos, durante semanas. De aquella crisis nació la unidad de cuidados intensivos moderna.

El tronco es también el interruptor de la vigilia. En 1949, en Chicago, Giuseppe Moruzzi y Horace Magoun estimularon en gatos anestesiados una red de neuronas que recorre su interior, la formación reticular, y el ritmo eléctrico del cerebro saltó al instante de las ondas lentas del sueño al trazado rápido del estado de alerta. Algunos de sus núcleos, como el locus coeruleus con su noradrenalina o los núcleos del rafe con su serotonina, riegan todo el cerebro anterior. Por eso una lesión del tamaño de un guisante en la parte alta del tronco puede causar un coma, mientras que heridas mucho mayores en la corteza quizá no.

La protuberancia lleva el tráfico de la corteza al cerebelo y ayuda a paralizar el cuerpo durante el sueño con ensoñaciones. Un ictus en ella puede producir el síndrome de enclaustramiento. En diciembre de 1995, Jean-Dominique Bauby, director de la revista francesa Elle, despertó de uno plenamente consciente pero capaz de mover solo el párpado izquierdo. Parpadeando mientras una asistente recitaba el alfabeto, dictó La escafandra y la mariposa, publicado en 1997, días antes de su muerte.

¿Sabías que el impulso que pone fin a una apnea voluntaria se debe sobre todo al aumento del dióxido de carbono, no a la falta de oxígeno, y que el tronco encefálico no deja ignorarlo mucho tiempo?

Hay un mito que merece la jubilación: el tronco no es un «cerebro reptiliano» atornillado bajo uno humano. Los reptiles también tienen cerebro anterior, y nuestro tronco evolucionó junto con el resto. Los médicos siguen explorando sus reflejos (pupilas, náusea, tos) para valorar el coma y la muerte encefálica, y cada noche es él quien decide cuándo te duermes. El pensamiento vive más arriba, pero la vida se negocia aquí.

El tronco encefálico: tres segmentos que te mantienen vivovista sagital, frente a la izquierda · mesencéfalo, puente, bulboArriba se piensa; aquí se sigue vivo. tálamo encimamédula espinalcerebelomes.puentebulbo Mesencéfaloojos, pupilascolículos: orientación1 Puenteenlace al cerebeloictus de Bauby, 19952 Bulbo raquídeorespiración, latidocomplejo pre-Bötzinger3 Formación reticularinterruptor de vigiliaMoruzzi y Magoun, 1949noradrenalina, serotonina4 Nervios cranealessalen 10 de 12 parescara, garganta, lengua5IIIVVIIXXII
Fig. 11 · El tronco encefálico. El tronco encefálico de perfil: mesencéfalo, protuberancia, bulbo y formación reticular.
Capítulo 12 · Parte II

El cerebelo

Escondido bajo la parte posterior del cerebro está el cerebelo, el «pequeño cerebro». Ocupa alrededor de una décima parte del volumen encefálico y, sin embargo, en 2009 la neurocientífica brasileña Suzana Herculano-Houzel contó en él unos 69 de nuestros 86.000 millones de neuronas, casi cuatro de cada cinco. La mayoría son diminutas células granulosas, apretadas en una lámina tan plegada que, extendida, superaría el metro de longitud.

Las primeras pistas llegaron de las lesiones. En 1824, el fisiólogo francés Pierre Flourens extirpó el cerebelo a unas palomas: aún volaban y caminaban, pero con torpeza, tambaleándose y pasándose del objetivo. Durante la Primera Guerra Mundial, el neurólogo Gordon Holmes examinó en Londres a soldados con heridas de bala en el cerebelo y catalogó los fallos: una mano que temblaba más cuanto más se acercaba a la meta, movimientos troceados, un habla escandida en sílabas. El cerebelo no inicia los movimientos; los hace fluidos, precisos y bien sincronizados.

Su circuito es de una regularidad asombrosa, repetido en miles de estrechas laminillas llamadas folias. Las fibras musgosas traen noticias del cuerpo y de la corteza a las células granulosas, cuyos axones recorren cada laminilla como fibras paralelas. Estas cruzan las dendritas planas, en abanico, de las células de Purkinje, dibujadas en 1837 por el anatomista checo Jan Evangelista Purkyně. Cada célula de Purkinje recibe además una única y potente fibra trepadora procedente de la oliva inferior. En 1969 y 1971, David Marr y James Albus propusieron que esta fibra es una señal de aprendizaje que se dispara cuando un movimiento sale mal, y en los años ochenta Masao Ito demostró en Tokio que debilita las sinapsis de las fibras paralelas activas en ese mismo instante. La célula de Purkinje, que solo puede inhibir, envía entonces su salida corregida a los núcleos profundos.

El cerebelo funciona por predicción: anticipa la consecuencia sensorial de cada orden y corrige el error. En 1998, Sarah-Jayne Blakemore y sus colegas del University College de Londres mostraron que por eso nuestro propio tacto se siente amortiguado. En 2014, unos médicos de Jinan, en China, describieron a una mujer de 24 años nacida sin cerebelo; había aprendido a andar hacia los siete años y aún se tambaleaba y hablaba con dificultad, prueba de cuánto puede compensar el resto del cerebro, y de cuánto no.

¿Sabías que no puedes hacerte cosquillas a ti mismo porque el cerebelo predice exactamente lo que harán tus dedos y atenúa la sensación?

La idea de que el cerebelo solo sirve para moverse se desvanece: en 1998, Jeremy Schmahmann describió en Boston cómo su daño también embota la planificación, el lenguaje y el ánimo. El alcohol lo afecta pronto, y por eso las pruebas de sobriedad en carretera piden caminar en línea recta. Cada destreza que pules, de teclear a sacar en el tenis, se afina en esta estructura pequeña y abarrotada.

La corteza cerebelosa: una folia, tres capasc. 10 % del volumen cerebral · c. 80 % de sus neuronasUn mismo circuito, repetido millones de veces, cronometra cada gesto. sust. blancagranularPurkinjemolecularuna folia (hoja) de corteza cerebelosa Capa molecularlas fibras paralelasrecorren la folia1 Célula de Purkinjeúnica salida corticalPurkyně, 18372 Capa granularcélulas granulares: lamayoría de 86.000 M3 de la oliva inferiorFibra trepadorauna por c. Purkinjeseñal de error4 Núcleos profundos→ tálamoSalida inhibidoraPurkinje frena núcleos5
Fig. 12 · El cerebelo. Una laminilla de corteza cerebelosa: tres capas, las células de Purkinje y sus entradas.
Capítulo 13 · Parte II

El tálamo

En el centro del cerebro, sobre el tronco encefálico, descansan dos masas ovaladas del tamaño de una nuez, una en cada hemisferio. Juntas forman el tálamo, del griego «cámara interior». Casi todo lo que ves, oyes, tocas y saboreas pasa por él camino de la corteza. Solo el olfato sigue otra ruta, directa de la nariz a la corteza olfativa.

El tálamo se divide en núcleos de relevo, cada uno dedicado a un flujo. Las señales de los ojos van al núcleo geniculado lateral y de ahí a la corteza visual, en la nuca; el sonido pasa por el geniculado medial hacia la corteza auditiva; el tacto, el dolor y el gusto atraviesan los núcleos ventrales posteriores. Los circuitos motores del cerebelo y los ganglios basales cruzan otros núcleos camino del lóbulo frontal, y el voluminoso pulvinar ayuda a dirigir la atención.

Llamarlo simple relevo se queda corto. Solo una pequeña minoría de las sinapsis de las células de relevo procede de los sentidos; el resto llega de la corteza y del tronco encefálico, lo que permite al cerebro ajustar lo que le llega. Envolviendo el tálamo está el núcleo reticular, una fina capa de neuronas inhibidoras que actúa como compuerta. El neurocientífico de origen rumano Mircea Steriade mostró en Quebec, en los años ochenta y noventa, cómo esta capa y la corteza intercambian ráfagas de disparos para producir los husos del sueño ligero, cuando la compuerta se cierra.

Las lesiones revelan lo central que es. En 1906, los neurólogos parisinos Joseph Dejerine y Gustave Roussy describieron a pacientes que, tras un pequeño ictus talámico, sentían un dolor ardiente en medio cuerpo con el más leve roce. Karen Ann Quinlan, cuyo coma motivó en 1976 un juicio histórico sobre el derecho a morir en Nueva Jersey, presentaba en la autopsia el mayor daño en el tálamo, con la corteza relativamente respetada. Y en 1986 Elio Lugaresi describió en Bolonia el insomnio familiar letal, una enfermedad priónica hereditaria que destruye partes del tálamo: los afectados pierden la capacidad de dormir y mueren en meses o pocos años.

¿Sabías que menos de una de cada diez sinapsis de las células de relevo del tálamo visual procede del ojo, y que la mayoría de las demás vienen de la propia corteza?

A veces la compuerta puede reabrirse. En 2007, Nicholas Schiff y sus colegas implantaron en Nueva York electrodos en el tálamo central de un hombre que llevaba seis años en estado de mínima conciencia tras una agresión; con la estimulación empezó a nombrar objetos y a comer por la boca. Los anestésicos, el sueño y la atención actúan en parte regulando el tráfico talámico. Cada vez que oyes de pronto tu nombre en una sala ruidosa, la compuerta acaba de abrirse.

El tálamo: una puerta entre los sentidos y la cortezados masas como nueces · una en cada hemisferioTodo sentido salvo el olfato cruza la puerta. tálamo · núcleos relevoSENTIDOSCORTEZA OjosretinaOídoscócleaPiel, cuerpotacto, dolorLenguapapilasCerebeloseñales de ritmo1 NGLgeniculado lateralNGMgeniculado medialVPLventral posteriorVPMventral posteriorVLventral lateral2 núcleo reticular: capa GABA quefiltra relevos, crea husos3 Corteza visualV1, occipitalCorteza auditivaA1, temporalCorteza táctilS1, parietalCorteza gustativaínsulaCorteza motoraM1, frontaldiscont.: la corteza responde4 NarizolfatoCorteza olfativaevita el tálamo5
Fig. 13 · El tálamo. El tálamo envía cada sentido a su zona de corteza; el olfato toma un atajo.
Capítulo 14 · Parte II

Hipotálamo e hipófisis

El hipotálamo pesa unos cuatro gramos, menos del uno por ciento del encéfalo, y está justo encima del paladar, detrás de los ojos. Aun así, guarda los valores de referencia del cuerpo: temperatura, hambre, sed, horario del sueño y las hormonas del estrés, el crecimiento y la reproducción. Colgada bajo él de un fino tallo está la hipófisis, del tamaño de un guisante, alojada en una cuna de hueso llamada silla turca.

Durante décadas se llamó a la hipófisis la glándula maestra. El verdadero jefe resultó ser el cerebro que tiene encima. A finales de los años cuarenta y en los cincuenta, el fisiólogo británico Geoffrey Harris sostuvo que el hipotálamo gobierna la parte anterior de la hipófisis mediante sustancias transportadas por una diminuta red privada de vasos, el sistema porta. Demostrarlo exigió una carrera. Roger Guillemin y Andrew Schally, al frente de equipos rivales en Estados Unidos, trituraron millones de cerebros de ovejas y cerdos de los mataderos para aislar las primeras hormonas liberadoras, la TRH en 1969 y la GnRH en 1971, y compartieron el Premio Nobel en 1977.

El sistema funciona en bucles. El hipotálamo libera una hormona como la CRH; la adenohipófisis responde con ACTH; las glándulas suprarrenales producen cortisol, que vuelve al cerebro y frena el primer paso. Esta retroalimentación negativa actúa como un termostato y mantiene los niveles dentro de rango. La parte posterior de la hipófisis es distinta: está formada por terminaciones de neuronas hipotalámicas que liberan oxitocina, para el parto y la lactancia, y vasopresina, que ordena a los riñones ahorrar agua.

Experimentos y pacientes cartografiaron sus otras tareas. En 1940, en Chicago, Albert Hetherington y Stephen Ranson provocaron pequeñas lesiones en el hipotálamo de ratas y obtuvieron animales que comían hasta la obesidad extrema; dañar una zona vecina produjo más tarde ratas que se dejaban morir de hambre junto al comedero lleno. Robert Wadlow, de Alton (Illinois), cuya hipófisis vertía hormona del crecimiento, alcanzó 2,72 metros, la mayor estatura medida con fiabilidad. Quienes carecen de vasopresina pueden orinar bastante más de diez litros al día.

¿Sabías que la mitad posterior de la hipófisis no es realmente una glándula, sino las terminaciones de células nerviosas cuyos cuerpos están en el hipotálamo?

La fiebre muestra el termostato en acción. Ciertas sustancias liberadas durante una infección elevan el punto de referencia del hipotálamo, de modo que tiritas bajo una manta en un día caluroso; la aspirina y el ibuprofeno actúan en parte bloqueando esa señal. El estrés prolongado, los turnos de noche y las dietas drásticas desajustan estos bucles. Una región del tamaño de una almendra decide cuándo tienes frío, hambre o sed, y el resto del cuerpo obedece.

El eje hipotalámico: un circuito, muchas hormonashipotálamo c. 4 g · hipófisis como un guisante, en la silla turcaUna región del tamaño de una almendra rige las hormonas. ajuste Hipotálamohormonas liberadorasCRH · TRH · GnRH · GHRH1También regulatemperaturaárea preópticahambrenúcleo arcuatosedosmosensoresrelojNSQ sangre portalAdenohipófisisun guisante, debajoACTH · TSH · LH · GH2 hormona tróficaGlándulas dianasuprarrenales, tiroides, gónadascortisol · tiroxina3 Niveles en sangrelos detecta el cerebronivel alto, menos secreción4retroalim. negativa Neurohipófisisterminales nerviosasoxitocinavasopresina (ADH)5axones
Fig. 14 · Hipotálamo e hipófisis. Hormonas liberadoras, hipófisis y glándulas diana forman un bucle que se autocorrige.
Capítulo 15 · Parte II

El sistema límbico

En 1878, el cirujano francés Paul Broca reparó en un anillo de corteza que se curva a lo largo del borde interno de cada hemisferio y lo llamó le grand lobe limbique, del latín limbus, borde. Creía que servía sobre todo al olfato. En 1937, el anatomista estadounidense James Papez propuso en cambio que un bucle que va del hipocampo a los cuerpos mamilares, el tálamo y la corteza cingulada era el circuito cerebral de la emoción. En 1952, Paul MacLean puso nombre al conjunto: el sistema límbico.

Sus miembros forman un reparto variopinto. El hipocampo, enroscado en el lóbulo temporal, archiva los recuerdos nuevos; su cable de salida, el fórnix, se arquea hacia los cuerpos mamilares. La amígdala, con forma de almendra, señala las amenazas y todo lo que importa, y empuja al hipotálamo a acelerar el corazón y liberar hormonas del estrés. El núcleo accumbens y las células de dopamina del área tegmental ventral generan el deseo. La corteza cingulada, la corteza orbitofrontal y la ínsula sopesan el conflicto, el valor y el estado sentido del cuerpo.

Las pruebas llegaron sobre todo de las lesiones. En 1937, en Chicago, Heinrich Klüver y Paul Bucy extirparon los lóbulos temporales de monos rhesus, amígdalas incluidas: los animales se volvieron extrañamente mansos, se acercaban sin miedo a las serpientes y se llevaban a la boca objetos incomibles. En 1887, el psiquiatra ruso Serguéi Korsakov describió a pacientes alcohólicos incapaces de formar recuerdos nuevos que rellenaban los huecos con fabulaciones; más tarde se halló que sus cuerpos mamilares, privados de tiamina, estaban atrofiados. En 1954, en la Universidad McGill de Montreal, James Olds y Peter Milner descubrieron que las ratas pulsaban una palanca miles de veces por hora para estimular su propia área septal.

¿Sabías que el olfato es el único sentido conectado casi directamente al sistema límbico, y que por eso un aroma puede devolver un recuerdo olvidado con toda su carga emocional, como la magdalena de Proust?

Hoy los neurocientíficos discuten si el sistema límbico es siquiera un sistema. Joseph LeDoux, de la Universidad de Nueva York, ha señalado que nadie se pone de acuerdo sobre qué estructuras lo integran, que el hipocampo se ocupa sobre todo de la memoria más que del sentimiento, y que la emoción depende también de regiones situadas muy lejos del anillo. La mayoría de los investigadores conserva el término como una cómoda etiqueta del mapa, no como una unidad con una sola función. La lección de fondo sigue en pie: memoria, motivación y emoción están cableadas en el mismo barrio y se moldean sin cesar.

Ese solapamiento se vive a diario. Recuerdas lo aterrador, lo alegre y lo gratificante mucho mejor que lo neutro, porque la amígdala marca esos momentos para que el hipocampo los guarde. El estrés crónico, el alcohol y la falta de sueño desgastan estas estructuras. Sentimiento y memoria no son departamentos separados: comparten el mismo cableado.

El sistema límbico: un elenco, no un órganocuatro tareas · doce actores · en el borde (limbus) del cerebroEmoción y memoria comparten cableado. Sistema límbicoBroca 1878 · MacLean 19521Circuito de Papez, 1937: hipocampo → fórnix → cuerpos mamilares →tálamo anterior → cíngulo → de nuevo al hipocampo Memoriaguardar el pasado2Hipocamporecuerdos nuevosFórnixcable de salidaCuerpo mamilarKorsakoff, 1887 Emocióndar la alarma3Amígdalaamenaza, relevanciaHipotálamocorazón, sudorNúcleo del lechoBNST: ansiedad Impulsoquerer más4AccumbensdeseoATVfuente de dopaminaÁrea septalOlds y Milner Evaluaciónsopesar5Cínguloconflicto, dolorOrbitofrontalvalor de opcionesÍnsulacorazonadas
Fig. 15 · El sistema límbico. El sistema límbico como un reparto de actores, agrupados por sus cuatro tareas.
Capítulo 16 · Parte II

Los ganglios basales

Enterrados bajo la corteza se encuentran los ganglios basales, un grupo de núcleos que decide cuál de las muchas acciones posibles ocurre de verdad. El nombre es un desliz histórico: en la anatomía moderna, un ganglio está fuera del encéfalo, así que en realidad son núcleos. La entrada principal es el cuerpo estriado, formado por el núcleo caudado y el putamen; las salidas principales son el globo pálido interno y parte de la sustancia negra; y entre ambos se sitúan el globo pálido externo y el pequeño núcleo subtalámico.

El circuito funciona soltando un freno. En reposo, los núcleos de salida disparan sin cesar e inhiben el tálamo, manteniendo a raya cualquier movimiento posible. Cuando la corteza propone una acción, la vía directa del estriado acalla los núcleos de salida para esa única acción y libera al tálamo, que impulsa de nuevo la corteza: GO. La vía indirecta, que pasa por el pálido externo y el núcleo subtalámico, aprieta el freno sobre todo lo demás: NO-GO. Este modelo, formulado en 1989 en Michigan por Roger Albin, Anne Young y John Penney, y por Mahlon DeLong por la misma época, todavía guía a cirujanos y diseñadores de fármacos.

La dopamina de la sustancia negra inclina la balanza. Excita las células GO del estriado y calma las NO-GO, lo que facilita la acción. En 1957, en Suecia, Arvid Carlsson vació de dopamina a unos conejos con reserpina y vio que yacían inmóviles hasta recibir L-DOPA. En 1960, en Viena, Oleh Hornykiewicz comprobó que el estriado de personas fallecidas con enfermedad de Parkinson había perdido casi toda su dopamina. Los primeros tratamientos con L-DOPA llegaron en menos de una década. En 1982, en California, un grupo de jóvenes consumidores quedó rígido de la noche a la mañana tras inyectarse un sucedáneo casero de heroína contaminado con MPTP, que mata esas mismas células de dopamina.

El fallo opuesto produce exceso de movimiento. En 1872, el médico George Huntington, de Long Island, describió un trastorno hereditario de sacudidas incontrolables que destruye primero las células NO-GO del estriado. Las familias de las orillas del lago de Maracaibo, en Venezuela, estudiadas por Nancy Wexler desde 1979, ayudaron a localizar el gen en 1993. Los tics del síndrome que describió en París Georges Gilles de la Tourette en 1885 también se remontan a estos bucles.

¿Sabías que las células de salida de los ganglios basales disparan decenas de veces por segundo todo el día, de modo que la respuesta por defecto del cerebro a casi cualquier movimiento posible es no?

Desde los años noventa, cirujanos como Alim-Louis Benabid, en Grenoble, colocan electrodos de estimulación en el núcleo subtalámico para aliviar el párkinson. Los mismos bucles forman hábitos y sopesan recompensas, por lo que importan en la adicción. Cada acción empieza por soltar un freno.

Los ganglios basales: circuitos SÍ y NOestriado · globo pálido · núcleo subtalámico · sustancia negraToda acción empieza soltando un freno. buclecontinuo: excita · discont.: inhibe (GABA) Corteza cerebralplanes, opciones1Estriado D1caudado, putamenEstriado D2caudado, putamen directa: SÍGPi / SNrsalida, siempre frena2 GPeglobo pálido ext.Núcleo subtalámicoNST · diana de ECP3no Tálamoliberado si gana el SÍ4 SNc dopaminasustancia negrafalla en párkinson5
Fig. 16 · Los ganglios basales. De la corteza al estriado, y luego las vías GO y NO-GO que sueltan o pisan el freno.
Capítulo 17 · Parte II

La corteza cerebral

La corteza cerebral es la corteza arrugada que recubre el cerebro, una lámina de solo dos a cuatro milímetros de grosor. Extendidos, los dos hemisferios cubrirían alrededor de un cuarto de metro cuadrado, la superficie de una funda de almohada; arrugados dentro del cráneo, esconden cerca de dos tercios de la lámina en los surcos que separan las circunvoluciones. Contiene unos 16.000 millones de neuronas, y en ella toman forma la percepción, el lenguaje, la planificación y buena parte de la memoria.

Cuatro grandes lóbulos dividen cada hemisferio: el frontal, para la acción y la planificación; el parietal, para el tacto y el espacio; el temporal, para el oído, el lenguaje y la memoria; y el occipital, para la visión, además de la ínsula, plegada en lo hondo. Los pliegues no son un adorno. En 2016, un equipo de Harvard mostró con un modelo de gel en capas que una lámina que crece más deprisa que su base se pliega de forma muy parecida a un cerebro humano. El plegamiento depende sobre todo del tamaño: delfines y elefantes tienen más pliegues que nosotros, y más arrugas no significan más inteligencia.

Al microscopio, la parte más reciente, la neocorteza, tiene seis capas. La capa IV recibe la información del tálamo; las capas II y III dialogan con otras áreas corticales; la capa V envía las órdenes de la corteza al tronco encefálico y la médula; la capa VI devuelve información al tálamo. En 1874, el anatomista de Kiev Vladímir Betz describió en la corteza motora unas células gigantes de la capa V, hoy llamadas células de Betz, cuyos axones bajan por la médula. En 1909, el neurólogo alemán Korbinian Brodmann se basó en las diferencias de capas para dividir la corteza en 52 áreas numeradas, un mapa que aún se cita. En 2016, Matthew Glasser y sus colegas, combinando varios tipos de resonancia magnética, contaron 180 áreas por hemisferio.

También existe un orden vertical. En 1957, Vernon Mountcastle, en la Universidad Johns Hopkins, registró la corteza táctil de gatos y vio que las neuronas de una estrecha columna vertical respondían todas al mismo trozo de piel. La columna cortical sugería un circuito repetido, la misma receta aplicada a la vista, el oído o el tacto según sus entradas.

¿Sabías que en la corteza visual la capa de entrada es tan gruesa que forma una franja pálida visible a simple vista, observada en 1776 por Francesco Gennari, un estudiante de medicina de Parma?

Esa uniformidad tiene consecuencias prácticas. Cuando se pierde una entrada, su territorio puede quedar reclutado por otra: en las personas ciegas de nacimiento, la corteza visual responde al braille. La corteza adelgaza lentamente desde el comienzo de la edad adulta, y el ejercicio, la educación y el buen sueño se asocian a conservarla mejor durante más tiempo. Seis capas, una receta, repetida a lo largo de una lámina arrugada: ese es el hardware del pensamiento humano.

La corteza cerebral: seis capas en una lámina de 2–4 mmc. 16.000 M de neuronas · desplegada, como una funda de almohadaSeis capas, una receta, repetida en toda la lámina. sust. blancaVIVIVIIIIIIplegada: 2/3 ocultos Capa Ipocas células; dendritasy fibras entrantes1 Capas II–IIIhablan con otra cortezay el otro hemisferio2 Capa IVentrada del tálamogruesa en V1, fina en M13del tálamo Capa Vgrandes piramidalescélulas de Betz, Kiev 18744a la médula Capa VIretorno al tálamoajusta la ganancia5
Fig. 17 · La corteza cerebral. Un bloque de neocorteza: seis capas, entrada talámica en la IV y salida por la V.
Capítulo 18 · Parte II

Los lóbulos frontales

Los lóbulos frontales ocupan la parte delantera del cráneo, tras la frente, y suponen alrededor de un tercio de la corteza humana. Su franja posterior controla el movimiento; la amplia región situada delante, la corteza prefrontal, se encarga de lo que se agrupa bajo el nombre de funciones ejecutivas: mantener una meta en mente, planificar los pasos, cambiar de estrategia y frenarse ante lo evidente pero equivocado.

Buena parte de lo que sabemos procede de lesiones. Phineas Gage, el capataz ferroviario al que una barra de hierro atravesó el cráneo en Vermont en 1848, sobrevivió, aunque según se cuenta cambió de carácter. En 1935, el neurólogo lisboeta Egas Moniz empezó a cortar las conexiones de la corteza prefrontal para tratar enfermedades mentales graves, lo que le valió el Premio Nobel en 1949. En Estados Unidos, Walter Freeman popularizó una lobotomía más tosca, con un punzón «picahielos». Muchos pacientes quedaron apáticos e infantiles, entre ellos Rosemary Kennedy, hermana del futuro presidente, operada en 1941. A finales de los años cincuenta, los nuevos fármacos y una repulsa creciente acabaron con la práctica.

Llegaron después estudios más rigurosos. En 1963, en Montreal, Brenda Milner aplicó a sus pacientes una prueba de clasificación de cartas cuya regla cambia sin aviso. Quienes tenían lesiones frontales seguían clasificando según la regla antigua aun diciendo que era errónea. En 1986, en París, François Lhermitte describió la conducta de utilización: pacientes con lesiones frontales cogían y usaban cualquier objeto que se les pusiera delante, poniéndose varias gafas seguidas o bebiendo de todos los vasos. Sin lóbulos frontales, es el entorno el que manda.

La corteza prefrontal es además la última región en madurar. En 2004, Nitin Gogtay, Jay Giedd y sus colegas del Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos publicaron resonancias de niños seguidos hasta una década, que mostraban la sustancia gris madurando de atrás hacia delante, con la prefrontal en último lugar. La idea popular de que el cerebro «se termina a los 25» es una simplificación: no hay línea de meta, y el cableado sigue cambiando mucho después de los veinte.

¿Sabías que el Premio Nobel concedido a Egas Moniz por la lobotomía nunca ha sido retirado, pese a las campañas de familiares de pacientes?

Estos hallazgos se notan en la vida diaria. Los adolescentes arriesgan más delante de sus amigos en parte porque los sistemas de control van por detrás de los de recompensa. La falta de sueño, el alcohol y el estrés dañan pronto la función prefrontal, y por eso la gente cansada toma decisiones impulsivas. El ejercicio, el descanso y la práctica de planificar ayudan a conservarla en la vejez. La región que dice «todavía no» es la última en llegar y la primera en cansarse.

Los lóbulos frontales: cómo las lesiones revelaron al planificadorcinco momentos · de un accidente ferroviario a la RMLa última región en madurar es la que dice 'todavía no'. no a escalalos lóbulos frontales: c. un tercio de la corteza Phineas GageVermont: barra de hierroatraviesa el frontal11848 Leucotomía de MonizLisboa; Nobel 1949R. Kennedy, 194121935 Clasificar cartasBrenda Milner, Montrealel paciente se atasca31963 Conducta de utilizaciónFrançois Lhermitte, Paríscoge cualquier objeto41986 Maduración tardíaRM de los NIH:prefrontal la última,hacia los 25 años52004
Fig. 18 · Los lóbulos frontales. Cinco momentos, de un accidente ferroviario a la resonancia, que revelaron su papel.
Capítulo 19 · Parte II

Dos hemisferios

El cerebro está dividido en dos hemisferios, unidos sobre todo por el cuerpo calloso, una gruesa banda de unos 200 millones de fibras nerviosas. Cada hemisferio controla y siente el lado opuesto del cuerpo y ve la mitad opuesta del campo visual. Normalmente, el cuerpo calloso lo comparte todo entre ambos tan deprisa que vivimos una mente única y continua.

En 1940, el cirujano estadounidense William Van Wagenen empezó a seccionar el cuerpo calloso para impedir que las crisis epilépticas pasaran de un lado al otro. Para sorpresa de todos, los pacientes parecían casi iguales. Los efectos ocultos aparecieron dos décadas después, tras una nueva serie de operaciones realizadas en Los Ángeles por Philip Vogel y Joseph Bogen a partir de 1962. En el Caltech, Roger Sperry y su doctorando Michael Gazzaniga idearon pruebas que enviaban información a un solo hemisferio, proyectando una palabra a un lado del punto de fijación o poniendo un objeto en una mano fuera de la vista.

Los resultados fueron asombrosos. Cuando se proyectaba «key ring» de modo que «key» (llave) caía en el campo visual izquierdo y «ring» (anillo) en el derecho, cada palabra llegaba a un solo hemisferio. El paciente, que hablaba con el hemisferio izquierdo, decía haber visto «ring»; sin embargo, su mano izquierda, metida bajo una pantalla, escogía una llave. Sperry concluyó que cada hemisferio separado tenía sus propias percepciones y recuerdos, y recibió el Premio Nobel en 1981. Más tarde, Gazzaniga mostró a un paciente conocido como P.S. un paisaje nevado a un lado y una pata de gallina al otro; sus manos eligieron una pala y una gallina, y su hemisferio izquierdo, el que habla, inventó al instante una explicación. Gazzaniga llamó a este narrador el intérprete.

Los hemisferios están especializados, pero no son opuestos. El lenguaje reside en el hemisferio izquierdo en cerca del 95 % de los diestros y en la mayoría de los zurdos, algo que se comprueba antes de operar con la prueba de Wada, ideada en 1949 por el neurólogo de origen japonés Juhn Wada, que duerme brevemente un hemisferio. El derecho reconoce mejor las caras, el tono de voz y dirige la atención espacial; si se daña, el paciente puede ignorar la mitad izquierda del mundo. Niños a los que se extirpó un hemisferio entero por una epilepsia grave pueden andar, hablar e ir a la escuela.

¿Sabías que algunos de los primeros pacientes con cerebro dividido contaban que una mano deshacía lo que la otra acababa de hacer, como desabrochar una camisa que la otra abrochaba?

La idea de personas lógicas de «cerebro izquierdo» y creativas de «cerebro derecho» es un mito. En 2013, un equipo de la Universidad de Utah analizó los escáneres cerebrales de más de mil personas y no encontró indicios de que nadie favorezca un hemisferio entero. Pensar, de entender un chiste a atrapar una pelota, exige que ambos lados conversen. Un cerebro, dos hemisferios y una conversación que nunca se detiene.

Dos hemisferios: lo que reveló el cerebro divididocallosotomía para la epilepsia · Van Wagenen 1940, Vogel y Bogen 1962Dos mentes en un cráneo, y solo una habla. IZQ.DCHA.+ cuerpo calloso: ~200 M de axones1 Hemisferio izquierdohabla, gramática, lecturamueve la mano dcha.ve el campo dcho.2 Hemisferio derechocaras, tono de vozmueve la mano izq.ve el campo izq.3 Sperry, Gazzaniga · Caltech, años 60LLAVEANILLO4 Dice «anillo»habla el izquierdoniega ver una llave5La mano izq. coge la llaveel derecho lo sabía,pero no puede decirloEl intérpreteel lado que habla inventa razones para lo que hizo el otroGazzaniga y LeDoux, paciente P.S., 1978
Fig. 19 · Dos hemisferios. La prueba del cerebro dividido: una palabra vista por un hemisferio es ajena al otro.
Capítulo 20 · Parte II

El conectoma

Un conectoma es el diagrama completo de las conexiones de un sistema nervioso: cada neurona y cada enlace entre ellas. La palabra se acuñó en 2005, de forma independiente, por Olaf Sporns y sus colegas en Indiana y por Patric Hagmann en Lausana. La idea es más antigua: desde Santiago Ramón y Cajal, los neurocientíficos sospechan que lo que hace un cerebro depende de cómo se unen sus células.

El primer conectoma llevó más de una década de trabajo manual. En el Laboratorio de Biología Molecular de Cambridge, John White, Sydney Brenner y sus colegas cortaron el diminuto gusano Caenorhabditis elegans en miles de láminas ultrafinas, fotografiaron cada una al microscopio electrónico y siguieron cada neurona con rotuladores. Su informe de 1986, subtitulado The Mind of a Worm, describió 302 neuronas y unas 7.000 sinapsis. En 2023, equipos de Cambridge y de la Universidad Johns Hopkins publicaron el cerebro de una larva de mosca de la fruta: 3.016 neuronas y unas 548.000 sinapsis.

Después llegó la automatización. En 2024, el consorcio FlyWire, dirigido por Sebastian Seung y Mala Murthy en Princeton, publicó el cerebro completo de una mosca de la fruta adulta: 139.255 neuronas unidas por unos 50 millones de sinapsis. La inteligencia artificial trazó primero las células; luego cientos de científicos y jugadores voluntarios corrigieron sus errores. Ese mismo año, el laboratorio de Jeff Lichtman en Harvard y Google publicaron un milímetro cúbico de corteza humana extraído durante una operación de epilepsia: 57.000 células y 150 millones de sinapsis. En 2025, el proyecto MICrONS presentó un milímetro cúbico de corteza visual de ratón con unas 200.000 células y más de 500 millones de sinapsis.

¿Sabías que la muestra de corteza humana de Harvard y Google, más pequeña que un grano de arroz, generó alrededor de 1,4 petabytes de imágenes?

A una escala más gruesa, el Human Connectome Project, lanzado por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos en 2010, usa la resonancia magnética para seguir los grandes cables entre regiones en personas vivas. No ve sinapsis sueltas, pero compara miles de cerebros, y sus mapas de las grandes vías ya se usan para planificar cirugías.

Un mapa no es una mente. El cableado del gusano se conoce desde 1986 y aún no se puede predecir del todo su conducta, porque las sinapsis varían en fuerza, cambian con la experiencia y están bañadas en sustancias como la dopamina y la serotonina, que remodelan el circuito a cada momento. Un cerebro humano entero, con 86.000 millones de neuronas y unos 100 billones de sinapsis, exigiría un almacenamiento a una escala que todavía no existe. Aun así, el mapa de la mosca ya ha revelado circuitos para caminar, girar y elegir, y muestra que cada cerebro es una red singular, heredada y continuamente retocada. Tu conectoma es, en parte, el registro de tu vida.

El conectoma: mapas de conexiones, del gusano a nosotrosmicroscopía electrónica · cada paso es de diez a mil veces mayorTenemos el mapa de la mosca; el nuestro tiene 600.000 veces más neuronas. 10^410^610^810^1010^1210^14SINAPSIS MAPEADAS (escala log.)MAPA DE CONEXIONES Gusano C. elegans302 neuronas · 1986~7.000 sinapsis1 Larva de mosca3.016 neuronas · 2023~548.0002 Mosca adulta139.255 neuronas · 2024~50 millones3 Corteza humana, 1 mm³57.000 células · 2024~150 millonesCorteza de ratón, 1 mm³~200.000 células · 2025~523 millones4 Cerebro humano entero86.000 millones de neuronas~100 billones5
Fig. 20 · El conectoma. Los mapas de conexiones trazados hasta hoy, por número de sinapsis, del gusano a nosotros.
Parte III

Los sentidos

Cómo las señales eléctricas se convierten en un mundo de luz, sonido y dolor.

Capítulo 21 · Parte III

Visión: del ojo a la corteza

La luz entra en el ojo a través de la córnea y el cristalino, que juntos proyectan una pequeña imagen invertida sobre la retina, una lámina de tejido de apenas un cuarto de milímetro de grosor que tapiza el fondo del globo ocular. Johannes Kepler dedujo la inversión de la imagen en 1604, y René Descartes la vio con sus propios ojos en la retina de un ojo de buey adelgazado a raspaduras. Al cerebro el vuelco no le supone ningún problema: dentro de la cabeza nadie contempla una imagen, así que no hay nada que poner del derecho.

La retina es tejido cerebral empujado hacia fuera durante el desarrollo, y calcula mucho antes de que nada salga del ojo. Unos 120 millones de bastones se ocupan de la luz tenue y unos 6 millones de conos del color y el detalle fino, apiñados en la fóvea, una pequeña fosa de 1,5 milímetros. Capas de células bipolares y ganglionares comprimen ese torrente de señales, comparando cada punto con su entorno, en el millón de fibras del nervio óptico. Donde esas fibras abandonan el ojo no hay receptores: es el punto ciego, descrito por Edme Mariotte en la década de 1660, que el cerebro rellena en silencio.

En el quiasma óptico, justo delante de la hipófisis, las fibras de la mitad interna de cada retina se cruzan, de modo que la mitad izquierda del mundo visual acaba en el hemisferio derecho, y viceversa. La mayoría de las fibras hacen relevo en el núcleo geniculado lateral del tálamo y después se abren en abanico hacia la corteza visual primaria, V1, en la nuca. Una rama menor se dirige al colículo superior del mesencéfalo, que gira los ojos hacia todo lo que se mueve.

Sabemos cómo está trazado este mapa en parte gracias a la guerra. En 1909, el oftalmólogo japonés Tatsuji Inouye cartografió las zonas ciegas de soldados con heridas de bala en la cabeza durante la guerra ruso-japonesa y demostró que el centro de la mirada ocupa una parte desproporcionada de V1; Gordon Holmes lo confirmó con heridos británicos de la Primera Guerra Mundial. En 1959, David Hubel y Torsten Wiesel, registrando neuronas sueltas en la corteza del gato en la Universidad Johns Hopkins, hallaron células que solo respondían a bordes con una inclinación concreta; el Nobel llegó en 1981. En los años setenta, Lawrence Weiskrantz, en Oxford, estudió a un hombre, D.B., ciego de un lado tras una operación que afectó a V1, que aun así señalaba objetos que aseguraba no ver. Esta visión ciega circula por las vías más antiguas del mesencéfalo.

¿Sabías que el punto ciego de cada ojo es tan grande que, a unos dos metros, puede hacer desaparecer la cabeza entera de una persona, y aun así nunca notas el agujero?

La visión es una reconstrucción y no una señal de cámara, y por eso un ictus en la parte posterior del cerebro puede borrar medio mundo aunque los dos ojos estén perfectos. El ojo también se moldea según su uso: los niños que pasan más tiempo al aire libre, con luz natural, se vuelven miopes con menos frecuencia, un hallazgo repetido de Sídney a Cantón. Ver empieza en el ojo, pero termina en el cerebro.

Del ojo a la corteza: la vía visual vista desde arribavista superior, frente a la izq. · cada mitad del mundo va al hemisferio opuestoVer empieza en el ojo y termina en la nuca. hemisferio dcho.hemisferio izq.delantedetrásojo dcho.ojo izq.campo dcho.campo izq.nervio ópticocintilla ópticaradiación óptica Retina120 M bastones6 M conos1 Quiasma ópticolas mitadesinternas se cruzan2 NGLrelevo talámico6 capas3 V1polo occipitalcél. bordes, 19594V1 dcha.V1 izq. Colículo sup.mesencéfalovía visión ciega5CS
Fig. 21 · Visión: del ojo a la corteza. De la retina a V1: la vía visual vista desde arriba, con el cruce del quiasma.
Capítulo 22 · Parte III

Ver el color y el movimiento

El color no está en la luz. Un tomate maduro refleja sobre todo longitudes de onda largas, pero el rojo es algo que construye el cerebro a partir de las respuestas de tres tipos de cono, sintonizados con ondas cortas, medias y largas, con picos de sensibilidad cerca de 420, 530 y 560 nanómetros. Thomas Young propuso tres receptores en 1802, y Hermann von Helmholtz desarrolló la idea en la década de 1850. Toda pantalla, que mezcla puntos rojos, verdes y azules, depende de ello.

Ewald Hering detectó un enigma en 1878: nadie puede imaginar un verde rojizo ni un azul amarillento, y mirar fijamente el rojo deja una posimagen verde. Propuso que el color se codifica en canales oponentes: rojo frente a verde, azul frente a amarillo, claro frente a oscuro. Ambos tenían razón, en etapas distintas. Los conos miden longitudes de onda; las células que hay detrás comparan los conos. En 1966, Russell De Valois y sus colegas registraron en el tálamo del mono células que el rojo excitaba y el verde silenciaba. Más arriba, Semir Zeki halló en Londres, en los años setenta, un área hoy llamada V4, rica en células sensibles al color; en humanos, una lesión cercana provoca acromatopsia cerebral, un mundo desteñido a gris aunque los conos estén sanos.

El daltonismo hereditario es mucho más común. Cerca del 8 por ciento de los hombres de ascendencia noreuropea y alrededor del 0,5 por ciento de las mujeres confunden el rojo y el verde, porque los genes de los pigmentos de los conos medios y largos están en el cromosoma X. El químico John Dalton describió su propio caso en 1794 y pidió que le examinaran los ojos tras su muerte. En 1995, unos investigadores extrajeron ADN de su ojo conservado en Mánchester y comprobaron que le faltaba el pigmento de onda media: un diagnóstico con 150 años de retraso.

El movimiento tiene su propio especialista, el área V5, también llamada MT, en la cara lateral del lóbulo occipital. En 1983, Josef Zihl y sus colegas, en Múnich, describieron a una paciente, L.M., que tras sufrir ictus que destruyeron esa región en ambos lados dejó de ver el movimiento. Al servir el té veía un arco congelado como un glaciar y la taza rebosaba; los coches parecían saltar de lejos a muy cerca. El efecto consecutivo de movimiento muestra cómo se cansa ese mismo mecanismo: en 1834, Robert Addams contempló las cataratas de Foyers, en Escocia, y luego vio que las rocas vecinas parecían subir.

¿Sabías que la foto de «el vestido» de 2015, que unos veían azul y negro y otros blanco y dorado, dividió al público sobre todo según la iluminación que suponía cada cerebro, según varios estudios?

En 1982, Leslie Ungerleider y Mortimer Mishkin propusieron que la visión se divide en dos corrientes: una vía ventral, hacia el lóbulo temporal, que pregunta qué es algo, y una vía dorsal, hacia el lóbulo parietal, que pregunta dónde está y cómo alcanzarlo. La consecuencia práctica es de diseño: mapas, gráficos y pilotos de aviso que se basan en el contraste rojo-verde fallan a uno de cada doce hombres, y añadir formas, tramas o contraste azul-amarillo lo soluciona. Color y movimiento son cálculos separados que el cerebro cose en una sola escena sin costuras.

Color y movimiento: dos cálculos, dos lugaressensibilidad de los conos · canales oponentes · áreas V4 y V5Color y movimiento se crean por separado y luego se unen en una escena. Colortres conos, tres canalesMovimiento y lugardos vías400500600700 nmcerebeloV1frontaltemporal SMLpicos c. 420,530, 560 nm1 Rojo–verdeL vs MAzul–amar.S vs L+MClaro–oscuroL + MHering 1878 · De Valois 1966no hay verde rojizo2 V4: colorZeki, años 70acromatopsia3 V5 / MT: mov.paciente L.M.Múnich, 19834 dorsal: dóndeventral: qué5
Fig. 22 · Ver el color y el movimiento. Tres conos alimentan canales oponentes; V4 y V5 se encargan del color y el movimiento.
Capítulo 23 · Parte III

La audición

El sonido es una onda de presión en el aire, y oír es el arte de convertir esas ondas en impulsos nerviosos. El tímpano vibra y tres huesecillos diminutos, el martillo, el yunque y el estribo, transmiten el movimiento a la ventana oval del oído interno, concentrando la fuerza unas veinte veces para poder empujar un líquido en vez de aire. El estribo, de unos 3 milímetros, es el hueso más pequeño del cuerpo.

La cóclea, llena de líquido y enrollada en dos vueltas y media como un caracol, alberga la membrana basilar, de unos 35 milímetros si se desenrolla. Es estrecha y rígida en la base y más ancha y flexible en el extremo, de modo que cada frecuencia produce una onda que alcanza su máximo en un lugar propio: los agudos cerca de la entrada y los graves cerca del ápice. Georg von Békésy observó estas ondas viajeras en cócleas de cadáveres y recibió el Nobel en 1961. Sobre la membrana se asientan unas 3.500 células ciliadas internas, que envían casi toda la información al cerebro, y unas 12.000 células ciliadas externas, que actúan como amplificadores, alargándose y acortándose en cada ciclo para reforzar los sonidos débiles. En 1978, David Kemp descubrió en Londres que un oído sano emite débiles sonidos propios; el cribado auditivo de los recién nacidos escucha hoy esos ecos.

Desde el nervio coclear, las señales ascienden por el tronco encefálico. Localizar un sonido empieza en la oliva superior, que compara los dos oídos. Un sonido a tu izquierda llega al oído izquierdo hasta unos dos tercios de milisegundo antes y algo más fuerte, y hay neuronas que registran diferencias de alrededor de una centésima de milisegundo. Lloyd Jeffress propuso en 1948 que líneas de retardo y detectores de coincidencia podían lograrlo, y Masakazu Konishi encontró más tarde un circuito así en la lechuza común, capaz de cazar un ratón a oscuras. La señal pasa después por el colículo inferior y el núcleo geniculado medial del tálamo hasta la corteza auditiva primaria, en el giro de Heschl, ordenada por tono como el teclado de un piano.

¿Sabías que los mamíferos no pueden regenerar las células ciliadas de la cóclea pero las aves sí, y por eso hay investigadores que estudian pollos con la esperanza de revertir la sordera?

El implante coclear sortea las células ciliadas muertas estimulando directamente el nervio. William House implantó un dispositivo de un solo canal en Los Ángeles en 1961, y en 1978 el equipo de Graeme Clark, en Melbourne, colocó una versión multicanal a Rod Saunders, que había perdido el oído en un accidente. Hoy más de un millón de personas usan implantes, y los niños implantados pronto suelen aprender a hablar.

Las células ciliadas mueren por el ruido y la edad, y no vuelven. La comisión de The Lancet sobre la demencia sitúa la pérdida auditiva no tratada en la mediana edad entre los mayores factores de riesgo modificables, quizá porque un cerebro que se esfuerza acaba retirándose de la conversación. Unos tapones en los conciertos y un audífono a tiempo son un seguro barato para la mente. Escuchamos con los oídos, pero oímos con el cerebro.

La audición: la cóclea desenrollada y el ascenso a la cortezala membrana basilar de 35 mm como bloque · cada tono culmina en su lugarCada tono tiene su dirección en la membrana. base · 20 kHz4 kHz1 kHzápice · 20 HzGeniculado medialColículo inferiorNúcleo coclearnervio coclear Estriboventana ovalfuerza x201 Membrana basilarlugar = tonoBékésy, 19612 Células ciliadas3.500 internas12.000 externas3 Oliva superiorse unen ambos oídos4 Corteza auditivaGiro de Heschl5
Fig. 23 · La audición. La cóclea desenrollada: agudos en la base, graves en el ápice, y luego hasta la corteza.
Capítulo 24 · Parte III

El equilibrio

Cierra los ojos y asiente con la cabeza: sigues sabiendo dónde está arriba. Ese conocimiento procede del sistema vestibular, un conjunto de tubos y sacos llenos de líquido en cada oído interno, vecino de la cóclea y con el mismo tipo de célula ciliada. Tres canales semicirculares, dispuestos más o menos en ángulo recto como la esquina de una caja, detectan los giros: cuando la cabeza rota, el líquido se queda rezagado y dobla una solapa gelatinosa, la cúpula, que inclina las células ciliadas. Dos órganos otolíticos, el utrículo y el sáculo, perciben la aceleración en línea recta y la gravedad gracias a una capa de cristales de carbonato cálcico que se deslizan sobre las células ciliadas como una estera lastrada. Otolito significa, sin más, «piedra del oído».

La idea de que el mareo pudiera venir del oído era nueva en 1861, cuando el médico francés Prosper Ménière sostuvo que las crisis de vértigo, sordera y zumbido nacían en el oído interno y no en el cerebro. En Viena, Robert Bárány observó que irrigar el oído de un paciente con agua caliente o fría hacía que los ojos se sacudieran, y lo convirtió en la prueba calórica, que aún se usa. Su Nobel, correspondiente a 1914, le llegó en un campo de prisioneros de guerra en Rusia.

Las señales viajan a los núcleos vestibulares del tronco encefálico y al cerebelo, que las aprovechan casi al instante. El reflejo vestíbulo-ocular gira los ojos en sentido contrario a cada movimiento de la cabeza en unos 10 milisegundos, y por eso puedes leer un cartel mientras caminas. Un médico conocido como J.C., que perdió la función vestibular por el antibiótico estreptomicina en los años cuarenta, contó en 1952 cómo el mundo temblaba con cada paso y cada latido, y cómo encajaba la cabeza entre los barrotes de la cama para poder leer. En unos meses, su cerebro aprendió a apoyarse en la vista y en la sensación de los pies.

El mareo por movimiento se explica mejor como un conflicto entre sentidos. Bajo cubierta, los ojos informan de un camarote quieto mientras el oído interno informa del vaivén; leer en el coche provoca lo mismo. Según una teoría, el cerebro interpreta el desajuste como señal de envenenamiento y responde con el vómito. En órbita, donde los otolitos pierden su referencia habitual, muchos astronautas se encuentran mal los primeros días.

¿Sabías que las personas sin un sistema vestibular funcional no se marean nunca en el mar, por bravo que esté, algo que aprovecharon investigadores de la Marina estadounidense en los años sesenta para culpar al oído interno?

Unos cristales sueltos causan el vértigo más común, el vértigo posicional paroxístico benigno, cuando fragmentos de otolitos se desplazan a un canal. La maniobra de Epley, ideada por John Epley en Portland, Oregón, en 1980, hace rodar la cabeza para sacarlos y a menudo funciona en minutos. El equilibrio también se pierde con la edad: aproximadamente una de cada tres personas mayores de 65 años se cae cada año, y ejercicios como el taichí reducen claramente ese riesgo. El sentido más callado es el que más se echa de menos cuando falla.

El equilibrio: los sensores de movimiento del oído internooído interno dcho., de lado · canales para giros, otolitos para la gravedadEl sentido más callado es el que más se echa de menos. cócleaanteriorposteriorlateralnervio vestibular Canales semicircularesgiro, 3 ejesprueba calórica de Bárány1 Órganos otolíticosutrículo, sáculogravedad, inclinación2cristales en gel · cilios Núcleos vestibularestronco encefálico+ cerebelo3 Reflejo ocular (RVO)ojos en contragiroc. 10 ms4ojo Ojos: camarote quietoOídos: cubierta oscila≠náusea5
Fig. 24 · El equilibrio. Tres canales para los giros y dos sacos de otolitos para la gravedad.
Capítulo 25 · Parte III

El olfato

Cada inspiración lleva moléculas hasta lo alto de la nariz, donde una zona del tamaño de un sello, el epitelio olfativo, alberga millones de neuronas receptoras. Cada una fabrica un solo tipo de receptor olfativo. En 1991, Linda Buck y Richard Axel, en la Universidad de Columbia, descubrieron la enorme familia de genes que los codifica, la mayor del genoma; los humanos tenemos unas 400 versiones funcionales. Ambos compartieron el Nobel en 2004. Como cada olor activa su propia combinación de receptores, unos cientos de tipos bastan para distinguir un número enorme de olores.

Las neuronas receptoras envían sus axones a través de los diminutos orificios de la lámina cribosa del cráneo hasta el bulbo olfatorio, situado justo bajo los lóbulos frontales. Allí, todas las neuronas con el mismo receptor convergen en los mismos pocos nudos redondos, los glomérulos, de modo que cada olor se convierte en un patrón de puntos encendidos. Desde el bulbo, las señales van directas a la corteza piriforme, la amígdala y la corteza entorrinal, junto al hipocampo. Todos los demás sentidos pasan antes por el tálamo; el olfato llega sin intermediarios a los centros de la emoción y la memoria. Eso ayuda a explicar por qué un olor a comedor escolar o al jabón de una abuela puede devolvernos una escena entera. La magdalena mojada en té de Marcel Proust, escrita en 1913, dio nombre literario a la experiencia.

Las neuronas receptoras están entre las pocas del cuerpo que se renuevan sin cesar: viven de semanas a meses antes de que nazcan otras nuevas a partir de células madre. Por eso la pérdida de olfato causada por la COVID-19 en 2020, que dañaba sobre todo las células de sostén del epitelio, solía recuperarse. Para quienes quedaron con el olfato distorsionado, hasta el punto de que el café olía a alcantarilla, el entrenamiento olfativo, con unos cuantos olores intensos dos veces al día, es hoy un tratamiento habitual.

La creencia de que los humanos tenemos mal olfato es un mito con autor. En 1879, Paul Broca, impresionado por el pequeño tamaño de nuestros bulbos olfatorios en relación con el resto del cerebro, incluyó al ser humano entre los «no olfativos». En 2017, John McGann revisó las pruebas en Science y concluyó que nuestros bulbos tienen más o menos tantas neuronas como los de otros mamíferos y que podemos seguir un rastro de olor sobre la hierba como un perro, aunque más despacio. Una estimación de 2014 muy difundida, según la cual distinguimos un billón de olores, está en discusión, pero la cifra real es sin duda muy grande.

¿Sabías que Joy Milne, enfermera jubilada de Perth, en Escocia, notó un nuevo olor almizclado en su marido años antes de que le diagnosticaran párkinson, y desde entonces ayuda a los científicos a buscar marcadores químicos de la enfermedad en el sebo de la piel?

El olfato es también una alarma temprana para el propio cerebro. Su pérdida suele preceder en años a los síntomas motores de la enfermedad de Parkinson y es frecuente al principio del alzhéimer, así que una pérdida repentina merece comentarse con el médico. El olfato es el sentido más antiguo, conectado directamente a las partes del cerebro que deciden qué importa.

El olfato: de la nariz directo a la memoriacorte lateral, cara a la izq. · receptores, bulbo, corteza piriformeEl olfato es el único sentido con línea directa a la memoria. lóbulo frontallado temporalcavidad nasalentra airehuesotálamo Epitelioc. 400 tipos dereceptor1 Lámina cribosacriba de huesosuben los axones2 Bulbo olfatorioglomérulospatrón de puntos3 piriformeamígdalaentorrinalPiriforme+ amígdalamemoria, emoción4 ×omitidoSin tálamootros sentidospasan antes5
Fig. 25 · El olfato. De la nariz a la memoria: receptores, bulbo olfatorio y un atajo que evita el tálamo.
Capítulo 26 · Parte III

Gusto y sabor

El gusto es un sentido estrecho con una gran tarea: decidir qué entra en el cuerpo. La lengua, el paladar y la garganta tienen varios miles de papilas gustativas, en sentido estricto botones gustativos, cada uno con 50 a 150 células receptoras que se renuevan aproximadamente cada diez días o dos semanas. Juntos solo informan de cinco cualidades. Lo dulce indica energía, lo salado sodio, lo ácido la acidez de un alimento verde o estropeado, y lo amargo avisa de un posible veneno; los humanos tenemos unos 25 receptores distintos para el amargo, pero solo uno para el dulce. El quinto sabor básico, el umami, lo identificó en 1908 Kikunae Ikeda en Tokio, que extrajo glutamato del alga kombu de un cuenco de caldo dashi. La ciencia occidental tardó casi un siglo en aceptarlo, hasta que se hallaron receptores correspondientes hacia el año 2000.

El famoso mapa de la lengua, con lo dulce en la punta y lo amargo al fondo, es falso. Surgió de una tesis alemana de 1901 de David Hänig, que encontró pequeñas diferencias de sensibilidad, y se endureció en zonas rígidas en un manual de 1942 del psicólogo de Harvard Edwin Boring. Cualquier parte de la lengua con botones gustativos detecta los cinco sabores.

Las señales gustativas viajan por tres nervios craneales hasta el núcleo del tracto solitario, en el bulbo raquídeo, y luego, a través del tálamo, hasta la corteza gustativa de la ínsula, plegada en lo hondo de la cara lateral del cerebro. La corteza orbitofrontal, justo encima de los ojos, combina después el gusto con el olor, la textura y la temperatura, y juzga si el resultado es agradable. En experimentos con monos, Edmund Rolls, en Oxford, vio que sus neuronas dejaban de responder a un alimento cuando el animal se había saciado: la versión celular de no tener sitio para el postre.

Lo que llamamos gusto es sobre todo sabor, y el sabor es sobre todo olfato. Al masticar, las moléculas aromáticas suben desde el fondo de la boca hasta la nariz, una vía llamada olfacción retronasal que Paul Rozin describió en 1982 como un sentido por derecho propio. Tápate la nariz y una gominola de fresa solo sabrá dulce; suéltala y la fresa lo inunda todo. La textura y las sensaciones químicas también participan: el ardor de la guindilla y el frescor de la menta proceden de receptores del dolor y la temperatura, no de los botones gustativos.

¿Sabías que en 1931 el químico Arthur Fox derramó en su laboratorio un polvo llamado PTC y que un colega se quejó de su amargor mientras Fox no notaba nada, lo que reveló que la sensibilidad al amargo se hereda?

Los genes dan a cada uno un menú algo distinto. Quienes son sensibles a compuestos parecidos al PTC suelen encontrar más amargas las coles de Bruselas y el brócoli, y Linda Bartoshuk, en Yale, acuñó el término «supercatadores» para quienes perciben los sabores con especial intensidad. La edad apaga el olfato más que el gusto, por lo que las personas mayores a menudo encuentran sosa la comida y echan mano del salero. Reducir la sal poco a poco funciona, porque las preferencias se adaptan en unas semanas. La lengua dice de qué está hecho un alimento; la nariz, qué es.

Gusto y sabor: tres sentidos en un bocadocinco gustos · olfato retronasal · tacto y quimiestesiaLa lengua dice de qué está hecho; la nariz, qué es. los cinco gustosaquí nace el sabor Gustolengua, paladar5 cualidadesDulceT1R2 + T1R3UmamiT1R1 + T1R3Amargoc. 25 TAS2RSaladocanal de sodioÁcidocanal de protones1Ikeda, umami, 1908 Olfatoretronasalfondo de la boca2 Tactotextura, picante, menta3 SaborOrbitofrontalune y juzgaRolls, Oxford:células calladasal saciarse4 mapa lingual: un mito5Hänig 1901
Fig. 26 · Gusto y sabor. El sabor nace donde se cruzan gusto, olfato y tacto.
Capítulo 27 · Parte III

El tacto

La piel es el mayor órgano sensorial y alberga varios tipos de mecanorreceptores, cada uno sintonizado con una faceta del tacto. Los corpúsculos de Meissner, apretados en las crestas de las yemas de los dedos, responden a las caricias leves y al deslizamiento: así notas que un vaso empieza a resbalar. Los discos de Merkel informan de la presión sostenida y de los bordes finos, el sentido del que depende quien lee en braille. Los corpúsculos de Pacini, cápsulas en capas de cebolla situadas más hondo, responden mejor a vibraciones de unos 200 a 300 ciclos por segundo, y por eso un móvil que vibra en el bolsillo es inconfundible. Las terminaciones de Ruffini detectan el estiramiento de la piel al doblar los dedos. En cada terminación, unos canales iónicos se abren cuando la membrana se deforma; el principal, Piezo2, lo identificó el laboratorio de Ardem Patapoutian, lo que le valió parte del Nobel de 2021.

Las señales suben por la médula espinal en los cordones posteriores, cruzan al lado opuesto en el bulbo raquídeo, hacen relevo en el tálamo y llegan a la corteza somatosensorial primaria, la franja situada justo detrás del surco central. En los años treinta y cuarenta, Wilder Penfield, que operaba a pacientes con epilepsia despiertos en el Instituto Neurológico de Montreal, tocaba esa franja con un electrodo y les preguntaba qué sentían. Los pacientes describían hormigueos en una mano, un labio o un dedo del pie, en un orden que Penfield dibujó como el homúnculo sensorial: una figurita de labios y manos enormes y tronco diminuto, proporcionada al número de receptores de cada zona.

La densidad marca la precisión. En 1834, Ernst Weber, en Leipzig, midió el umbral de discriminación de dos puntos, la distancia a la que dos puntas de compás se sienten como dos: unos 2 milímetros en la yema de un dedo y varios centímetros en la espalda. El mapa también cambia con el uso. En 1993, Alvaro Pascual-Leone mostró que el área cortical del dedo lector de quienes leen braille estaba agrandada, y en los violinistas se observan ampliaciones parecidas para los dedos de la mano izquierda.

Existe además un tacto lento y social. Las fibras C táctiles, amielínicas, de la piel con vello responden sobre todo a un roce suave a la velocidad de una caricia, unos pocos centímetros por segundo. Håkan Olausson y sus colegas describieron a una mujer, G.L., que había perdido sus fibras táctiles gruesas: no sentía como contacto el roce de un pincel suave en el brazo, pero refería un leve y agradable calor. Los experimentos de Harry Harlow en 1958, en los que crías de mono se aferraban a una madre de tela suave en lugar de a una de alambre que daba leche, mostraron lo hondo que llega la necesidad de contacto.

¿Sabías que en un estudio de 2013 varias personas que deslizaban la yema del dedo sobre una superficie distinguían arrugas de solo unos 10 nanómetros de altura, más pequeñas que la mayoría de los virus?

El tacto es uno de los primeros sentidos en desarrollarse en el útero y de los últimos en apagarse. El contacto piel con piel estabiliza la respiración y el ritmo cardíaco de los bebés prematuros, y los niños criados con muy poco contacto en orfanatos sin personal suficiente han mostrado retrasos duraderos. Una mano en el hombro no es poca cosa: es información que viaja por su propio cableado.

El elenco del tacto: especialistas que informan a un mapaplantilla abc-agents · la corteza dirige cuatro familias de receptoresCada receptor escucha una cosa; la corteza las oye todas. relevo talámicocordones dorsalescanal mecánico en casi todas las terminaciones: Piezo2 (Patapoutian, Nobel 2021) Corteza somatosensorial · S1giro poscentral · Penfield1 01 · RÁPIDOSavisan del cambio2Meissnerroce, deslizamientoyemas de los dedosPacinivibración200–300 Hz 02 · LENTOSinforme constante3Merkelpresión, bordespuntos brailleRuffiniestiramientoflexión de dedos 03 · TACTO SUAVEel sentido social4C-táctilescaricia lenta1–10 cm/sFolículo pilosoroce del vellorodea cada pelo 04 · TEMPERATURAcalor y frío5Fibras de fríocanal TRPM8también mentolFibras de calorpiel que se calientafibras propias
Fig. 27 · El tacto. El reparto del tacto: receptores de la piel que informan a la corteza somatosensorial.
Capítulo 28 · Parte III

El dolor

El dolor empieza en los nociceptores, terminaciones nerviosas que se activan cuando un tejido sufre o corre peligro por calor, aplastamiento o sustancias químicas. Charles Sherrington les puso nombre en 1906. Los hay de dos clases, y por eso un golpe en el dedo del pie duele dos veces: las finas fibras A-delta, mielinizadas, llevan un primer dolor agudo a unos 15 metros por segundo, y las fibras C, más lentas y amielínicas, traen un segundo después el dolor sordo que se extiende. En 1997, David Julius y sus colegas, en San Francisco, usaron la capsaicina, la sustancia picante de la guindilla, para encontrar el receptor TRPV1, que también se abre por encima de unos 43 grados centígrados. Por eso la guindilla «quema»; Julius compartió el Nobel de 2021.

Las señales encuentran su primer control en el asta posterior de la médula espinal. En 1965, Ronald Melzack, de Montreal, y Patrick Wall, de Londres, propusieron la teoría de la compuerta: las fibras del tacto pueden cerrar allí una puerta a la transmisión del dolor, y por eso frotarse un codo golpeado alivia. Pasada la puerta, el dolor llega al tálamo y después a varias áreas a la vez: la corteza somatosensorial para el lugar y la intensidad, la ínsula y la corteza cingulada anterior para lo desagradable. El cerebro también puede cerrar la puerta desde arriba. En 1969, David Reynolds operó el abdomen de ratas sin más anestesia que la estimulación eléctrica de la sustancia gris periacueductal, en el mesencéfalo. Parte de la explicación llegó en 1975, cuando John Hughes y Hans Kosterlitz descubrieron en Aberdeen las encefalinas, las moléculas semejantes a la morfina que fabrica el propio cerebro.

El contexto cambia muchísimo el dolor. Durante la Segunda Guerra Mundial, el anestesista Henry Beecher observó que los soldados gravemente heridos en Anzio pedían mucha menos morfina que civiles con heridas quirúrgicas parecidas: para los soldados, la herida significaba volver a casa. El alivio del dolor por placebo es real y en parte químico: en 1978, Jon Levine y sus colegas, en San Francisco, demostraron que puede bloquearlo la naloxona, un fármaco que bloquea los receptores opioides.

Algunas familias excepcionales revelan la maquinaria. En 2006, Geoffrey Woods y sus colegas, en Cambridge, estudiaron familias del norte de Pakistán, entre ellas un muchacho de Lahore que hacía números callejeros, caminando sobre brasas y atravesándose los brazos con cuchillos, sin sentir dolor alguno. Portaban mutaciones que inutilizan SCN9A, un gen de canal de sodio. El chico murió tras saltar desde un tejado, una dura lección sobre para qué sirve el dolor.

¿Sabías que Jo Cameron, una mujer de las Tierras Altas de Escocia, apenas sintió dolor en el parto, en quemaduras y en operaciones, y que en 2019 los científicos lo atribuyeron a una rara variante genética que llamaron FAAH-OUT?

El dolor también puede sobrevivir a la lesión, cuando el sistema nervioso se sensibiliza y sigue dando la alarma. Alrededor de uno de cada cinco adultos vive con dolor crónico, y un miembro fantasma puede doler décadas después de una amputación. El tratamiento actual combina fármacos con movimiento, buen sueño y terapias que reducen la sensación de amenaza. El dolor no mide el daño: es el veredicto del cerebro sobre el peligro.

El dolor por capas: señales arriba, frenos abajodel nociceptor a la corteza · la compuerta medular · control descendenteEl dolor es el veredicto del cerebro sobre el peligro, no una medida del daño. CortezaTálamoTroncoMédulaPeriferiaseñalesascendentesCuando persistecrónico: 1 de 5miembro fantasma A-delta: rápido, agudo · C: sordo, lentoTRPV1 abre > 43 °C1 compuerta del asta dorsal · Melzack y Wall 1965compuerta2 S1: dónde · ínsula, cíngulo: cuántollega a muchas áreas corticales3 Troncosustancia gris periacueductal · encefalinas 1975frenos4 Contextoel miedo lo subeel sentidolo bajanaloxona bloqueael placebo, 19785
Fig. 28 · El dolor. El dolor por capas: nociceptores, la puerta medular, el cerebro y los frenos hacia abajo.
Capítulo 29 · Parte III

El sentido del cuerpo

Cierra los ojos y tócate la nariz. Puedes hacerlo gracias a la propiocepción, el sentido de dónde están tus extremidades y cómo se mueven. Charles Bell lo llamó sexto sentido en 1826, y Charles Sherrington le dio nombre en 1906. Sus sensores están en músculos, tendones y articulaciones. Los husos musculares, diminutas cápsulas envueltas en terminaciones sensitivas, se alojan entre las fibras del músculo e informan de su longitud y de la rapidez con que se estira. Los órganos tendinosos de Golgi, en la unión del músculo con el tendón, informan de la fuerza con que tira. Los receptores articulares y el estiramiento de la piel completan el cuadro.

Las señales siguen dos rutas principales. Vías rápidas llegan al cerebelo, que las usa para suavizar el movimiento sin pensamiento consciente, mientras los cordones posteriores las suben hasta la corteza somatosensorial, que construye la sensación de tener cuerpo. Los husos también disparan el reflejo rotuliano, un circuito que no sale de la médula espinal y tarda solo unas centésimas de segundo.

Perder la propiocepción muestra todo lo que hace. En 1971, con 19 años, Ian Waterman, aprendiz de carnicero, sufrió una enfermedad que destruyó las fibras sensitivas gruesas por debajo del cuello. Sus músculos funcionaban, pero sin mirar sus extremidades no podía controlarlas, y cuando se apagaba la luz se desplomaba. A lo largo de años aprendió de nuevo a ponerse en pie, caminar, vestirse e incluso conducir vigilando cada movimiento, una hazaña que el fisiólogo Jonathan Cole relató en Pride and a Daily Marathon en 1991. Oliver Sacks escribió sobre una paciente parecida, «la dama desencarnada», en 1985.

El mapa del cuerpo que traza el cerebro se deja engañar con sorprendente facilidad. En la ilusión de la mano de goma, descrita por Matthew Botvinick y Jonathan Cohen en 1998, una persona mira cómo acarician una mano de goma al mismo ritmo que su propia mano, oculta. En pocos minutos, muchos sienten la mano de goma como suya y se sobresaltan cuando alguien la amenaza.

¿Sabías que una varilla vibratoria apoyada en el tendón del bíceps engaña a los husos musculares, y que el brazo inmóvil parece estirarse poco a poco, a veces más allá de lo que permite un codo de verdad?

Un segundo sentido del cuerpo mira hacia dentro. La interocepción sigue el latido, la respiración, el hambre, la vejiga llena y la temperatura, a través del nervio vago y de vías medulares que llegan al tronco encefálico y luego a la ínsula, que según el neuroanatomista Bud Craig compone momento a momento una imagen del estado del cuerpo. Las personas difieren en lo bien que cuentan sus propios latidos sin tomarse el pulso, una prueba que introdujo Rainer Schandry en 1981, y los investigadores exploran la relación entre esas diferencias y la ansiedad.

Ambos sentidos decaen con la edad, lo que explica en parte las caídas de las personas mayores y por qué ayudan el entrenamiento del equilibrio, el taichí o simplemente sostenerse sobre una pierna. El alcohol también embota la propiocepción, y por eso la policía de muchos países pide a los conductores que se toquen la nariz con los ojos cerrados. Sin que lo notes, el cerebro te percibe siempre desde dentro.

El sentido del cuerpo: sensores en músculos y tendonesbloque isométrico de músculo, tendón y hueso · propiocepción e interocepciónSiempre te estás sintiendo, en silencio, desde dentro. músculotendónhuesoIan Waterman, 1971lo perdió a los 19;se mueve con la vista Huso muscularlongitud y estiramientoentre las fibras1 Órgano tendinoso de Golgifuerza en el tendónunión músculo–tendón2 Médulareflejo rotuliano:centésimas de segundo3fibra Ia Cerebelo + cortezasuaviza el gestomapa corporal sentido4 Interocepción → ínsulacorazón, aliento, tripapor el nervio vago5
Fig. 29 · El sentido del cuerpo. Sensores en músculos y tendones dan posición y fuerza; la ínsula lee el interior.
Capítulo 30 · Parte III

El cerebro predictivo

Los sentidos entregan información ruidosa, ambigua y algo retrasada, y aun así el mundo parece nítido e inmediato. La razón, sostienen hoy muchos neurocientíficos, es que el cerebro no espera las pruebas: predice. Hermann von Helmholtz sugirió en 1867 que la percepción es una inferencia inconsciente, una conclusión extraída de datos incompletos con ayuda de la experiencia. Una versión moderna, la codificación predictiva, la formularon Rajesh Rao y Dana Ballard en 1999 y la amplió Karl Friston en Londres: las áreas superiores envían predicciones hacia las inferiores, y lo que sube de vuelta es sobre todo el desajuste, el error de predicción, que corrige la apuesta.

Las ilusiones son donde se notan las apuestas. En la ilusión del tablero y la sombra de Edward Adelson, de 1995, dos casillas de un gris idéntico parecen muy distintas porque el cerebro descuenta la sombra que supone que cae sobre una de ellas. En la ilusión de la cara hueca, el interior de una máscara parece una cara normal que mira hacia fuera, porque la fuerte expectativa de que las caras son convexas se impone a las pistas de profundidad. En el efecto McGurk, descrito por Harry McGurk y John MacDonald en 1976, un vídeo de unos labios que dicen «ga» doblado con el sonido «ba» se oye a menudo como «da»: el cerebro elige el mejor término medio entre el ojo y el oído.

La predicción explica también por qué no puedes hacerte cosquillas. En 1998, Sarah-Jayne Blakemore, Daniel Wolpert y Chris Frith, en Londres, mostraron que el cerebro, con un papel clave del cerebelo, predice las sensaciones que causan tus propios movimientos y las amortigua. Cuando un robot introducía un retraso de una quinta parte de segundo entre el movimiento de la mano del voluntario y el roce, las cosquillas volvían a notarse más. El mismo mecanismo te permite ignorar el roce de la ropa y distinguir las sensaciones propias de las que vienen del mundo.

Cuando las predicciones van sin control, el cerebro puede ver lo que no existe. El síndrome de Charles Bonnet, llamado así por el naturalista suizo que en 1760 describió las visiones de su abuelo casi ciego, provoca en personas que pierden la vista alucinaciones vívidas y mudas de caras, dibujos o figuras diminutas. Una explicación es que, con poca información de los ojos, las predicciones del cerebro visual quedan sin réplica. Ideas parecidas se ponen a prueba para explicar algunos síntomas de la psicosis, aunque la cuestión sigue en debate.

¿Sabías que en la ilusión del flash-lag un destello que aparece a la altura de un punto en movimiento parece quedarse atrás, quizá porque el cerebro proyecta hacia delante los objetos móviles para compensar sus propios retrasos?

La visión predictiva tiene consecuencias cotidianas. Las expectativas moldean el dolor, el sabor del vino y el efecto de las pastillas placebo. Los expertos ven más en una radiografía o en un tablero de ajedrez porque sus predicciones están mejor afinadas, y una primera impresión segura cuesta corregirla. La percepción es una alucinación controlada, contrastada sin cesar con el mundo, y casi siempre ese contraste basta.

El cerebro predictivo: primero adivina, luego compruebacodificación predictiva · Helmholtz 1867, Rao y Ballard 1999Percibir es una alucinación controlada, contrastada con el mundo. mejor apuestalo que percibes Modelo internoprevias de la experiencia1 Predicciónenviada hacia abajoapuesta2 Entrada sensorialruidosa, tardía, ambiguacomparar3 Error de predicciónel desajuste, hacia arribaerror subeactualizar4 Cara huecaprevia: caras convexasmáscara convexaSombra en tableroAdelson, 1995grises iguales difierenEfecto McGurk1976: ga + ba = daojo y oído se cruzanAutocosquillasBlakemore, 1998la predicción anulailusiones: apuesta fuerte, prueba débil5
Fig. 30 · El cerebro predictivo. Percepción en bucle: el cerebro predice, compara con los sentidos y corrige.
Parte IV

Movimiento y cuerpo

Cómo el cerebro mueve los músculos y gobierna el cuerpo entre bastidores.

Capítulo 31 · Parte IV

La corteza motora

Cada movimiento voluntario, desde firmar hasta arquear una ceja, empieza como un patrón de actividad en una estrecha cresta de corteza que baja desde la coronilla hacia cada oreja. Es la corteza motora primaria, situada en la circunvolución precentral, justo delante del surco central. La prueba llegó en 1870, cuando Gustav Fritsch y Eduard Hitzig, en Berlín, aplicaron corrientes débiles al cerebro expuesto de un perro y vieron temblar sus patas del lado opuesto. La corteza, que se creía reservada al pensamiento puro, resultó que daba órdenes.

El mapa se trazó en serio en Montreal. Operando a pacientes epilépticos con anestesia local en la década de 1930, Wilder Penfield tocaba puntos de la franja con un electrodo y anotaba qué se movía. Con Edwin Boldrey publicó el resultado en 1937: los dedos de los pies en lo alto del cerebro, luego la rodilla, la cadera, el tronco, el brazo y la mano, y después la cara, los labios, la lengua y la garganta junto a la oreja. Dibujado a escala, este homúnculo motor es una figurilla grotesca de manos y labios enormes, porque la corteza se reparte según la precisión que necesita cada parte, no según su tamaño.

La planificación ocurre justo delante. La corteza premotora y el área motora suplementaria montan secuencias y preparan el cuerpo. En 1965, Hans Kornhuber y Lüder Deecke, en Friburgo, descubrieron una lenta subida eléctrica, el potencial de preparación, que empieza un segundo antes de un movimiento voluntario. Las órdenes salen luego de la corteza motora a través de las gigantescas células de Betz, descritas por Vladímir Betz en Kiev en 1874, y bajan por el haz corticoespinal, cerca de un millón de axones a cada lado. En la base del tronco encefálico la mayoría se cruza, y por eso un ictus en el hemisferio izquierdo debilita el lado derecho del cuerpo.

¿Sabías que en 2023 un equipo de la Universidad Washington descubrió que la franja clásica está interrumpida por zonas que se activan con acciones de todo el cuerpo y su planificación, y no con una sola parte?

El hombrecillo ordenado tiene además algo de mito. La figura de Penfield sugiere un punto fijo para cada músculo, pero estimular la corteza motora de un mono durante medio segundo, como demostró Michael Graziano en 2002, produce acciones completas, como llevarse la mano a la boca. El mapa también se redibuja con el uso: músicos y pacientes que se recuperan de un ictus lo remodelan.

Leer la corteza motora se ha convertido en medicina. En un estudio publicado en 2006, Matthew Nagle, paralizado del cuello para abajo, movía un cursor con un implante en esta franja, y en 2012 Jan Scheuermann, en Pittsburgh, comió chocolate con un brazo robótico. Para todos los demás, la lección es más sencilla: la franja dedica más espacio a lo que se practica, así que unas manos hábiles y una voz clara se construyen en parte en la corteza.

La corteza motora: un mapa del cuerpo trazado por el uso hemisferio izq., vista lateral · Penfield y Boldrey, Montreal, 1937 surco central delante cerebelo franja motora de Penfield corteza por zona El cuerpo según su uso, no su tamaño: labios y dedos se llevan la mayor parte. Corteza motora primaria M1 · giro precentral 1 Dedos pie Rodilla Cadera Tronco Brazo Mano Pulgar Cara Labios Lengua Garganta parte superior lado, junto al oído 2 Premotora + AMS plan, secuencia, preparar 3 Corteza motora Betz, capa V Cápsula junto al tálamo Pirámides ~90 % se cruza 4 Médula asta ventral Músculo placa motora, ACh 5
Fig. 31 · La corteza motora. La franja motora de Penfield, sus planificadores y la vía cruzada hasta el músculo.
Capítulo 32 · Parte IV

Médula espinal y reflejos

La médula espinal es una columna de tejido nervioso de unos 45 centímetros, más o menos del grosor de un dedo, que recorre el interior de la columna vertebral desde el tronco encefálico hasta la parte baja de la espalda. De ella salen treinta y un pares de nervios raquídeos, y cada uno lleva sensaciones hacia dentro por una raíz dorsal y órdenes motoras hacia fuera por una raíz ventral. En un corte transversal se ve una mariposa gris de cuerpos neuronales envuelta en sustancia blanca, los cables que suben al cerebro y bajan de él.

Es mucho más que un cable. Cuando el médico golpea el tendón bajo la rótula, el golpe estira unos diminutos sensores del muslo, los husos musculares. Sus fibras sensitivas entran en la médula y conectan directamente con las motoneuronas que mueven ese mismo músculo. Con una sola sinapsis en el circuito, el cuádriceps se contrae y la pierna da una patada en unas centésimas de segundo, antes de que la noticia del golpe llegue a la conciencia. El reflejo rotuliano lo describieron en 1875 Wilhelm Erb y Carl Westphal, cada uno por su cuenta, en Alemania. Otra neurona del circuito relaja en silencio los isquiotibiales para que ambos músculos no se peleen.

Charles Sherrington, en Liverpool y Oxford, convirtió los reflejos en ciencia. Bautizó la sinapsis en 1897, y su libro de 1906, The Integrative Action of the Nervous System, mostró cómo se combinan los reflejos: al pisar una chincheta, una pierna se retira mientras la otra se pone rígida para sostener el peso. Compartió el Premio Nobel de 1932 con Edgar Adrian. En 1911, su colega Thomas Graham Brown demostró que los circuitos de la médula pueden generar por sí solos el ritmo alterno de la marcha, lo que hoy se llama un generador central de patrones.

¿Sabías que entrelazar las manos y tirar con fuerza, la maniobra de Jendrassik descrita en 1883, hace mucho más vivo un reflejo rotuliano débil, porque el cerebro sube la ganancia de los reflejos medulares?

Ese truco desmonta un mito. Los reflejos son rápidos, pero no van sin cerebro: las vías descendentes los ajustan sin cesar, y por eso sus cambios delatan lesiones más arriba. En 1896, Joseph Babinski observó en París que al frotar la planta del pie el dedo gordo se flexiona hacia abajo en adultos sanos, pero se levanta cuando hay daño en el haz corticoespinal. Los neurólogos lo siguen comprobando a diario.

Una lesión medular corta los cables. El actor Christopher Reeve, paralizado tras caerse de un caballo en 1995, defendió la investigación hasta su muerte en 2004. En 2018, Grégoire Courtine y Jocelyne Bloch, en Lausana, usaron estimulación eléctrica pulsada de la médula baja para ayudar a David Mzee y a otros hombres paralizados a volver a dar pasos, y en 2023 un puente inalámbrico entre cerebro y médula permitió a Gert-Jan Oskam caminar con el pensamiento. La médula explica también los reflejos cotidianos, desde apartar la mano de una sartén ardiendo hasta mantener el equilibrio en el autobús: buena parte de la sabiduría más rápida del cuerpo no necesita el cerebro.

El reflejo rotuliano: un segmento medular, una sinapsis segmento lumbar L3-L4 · Sherrington, 1906 muslo Sustancia gris somas Sustancia blanca vías arriba, abajo La pierna patea antes de que lo sepa el cerebro: un reflejo es un atajo, no una idea. golpe en rótula Huso muscular sensor de estiramiento 1 Nervio sensitivo ganglio raquídeo 2 Una sinapsis con motoneurona 3 Contrae cuádriceps isquiotibial se relaja vía interneurona patada 4 Al cerebro se siente después Reflejo ~25 ms Reacción ~250 ms elegir 5
Fig. 32 · Médula espinal y reflejos. Un segmento lumbar y el reflejo rotuliano: huso, nervio sensitivo, una sinapsis, patada.
Capítulo 33 · Parte IV

Aprender una habilidad

Observa a alguien que aprende a conducir. Al principio cada acción se recita por dentro: retrovisor, intermitente, embrague, primera. Unas semanas después los pasos se funden, y en pocos meses el conductor charla mientras cambia de carril. En 1967, los psicólogos Paul Fitts y Michael Posner describieron esta progresión en tres etapas: cognitiva, cuando el aprendiz piensa cada paso; asociativa, cuando los errores se reducen y los movimientos se encadenan; y autónoma, cuando la habilidad funciona casi sola.

Los escáneres muestran que el trabajo se muda de casa. La práctica inicial se apoya mucho en la corteza prefrontal y en las redes de la atención, y por eso el principiante es lento y se distrae con facilidad. Después, el cerebelo compara lo que se pretendía con lo que ocurrió y corrige el siguiente intento: con gafas de prismas que desplazan la vista, uno falla al principio el blanco y se ajusta en unas decenas de lanzamientos. Cuando la habilidad madura, toman el mando los ganglios basales y la corteza motora. En ratas que aprendían un laberinto, el grupo de Ann Graybiel en el MIT vio neuronas del estriado activarse al principio y al final del recorrido y callarse en medio, como si toda la ruta se hubiera empaquetado en un único bloque.

La prueba más clara de que las habilidades se almacenan aparte de los recuerdos corrientes vino de Henry Molaison, el paciente H.M. En 1962, Brenda Milner, en Montreal, le pidió que repasara una estrella mirando su mano solo en un espejo, una tarea endiablada. En tres días sus errores bajaron de forma constante, pero cada día aseguraba no haberlo hecho nunca. El aprendizaje de habilidades, resultó, no necesita el hipocampo.

¿Sabías que en un estudio de Alvaro Pascual-Leone de 1995, con solo imaginar dos horas diarias de piano cambió el área de la mano en la corteza motora de los voluntarios, aunque practicar de verdad seguía funcionando mejor?

La práctica también cambia la estructura del cerebro. En 2004, Bogdan Draganski y sus colegas, en Ratisbona, enseñaron a voluntarios a hacer malabares durante tres meses; los escáneres mostraron que crecía la sustancia gris en zonas que siguen el movimiento visual y que volvía a menguar al dejarlo. La mejora nunca termina del todo: en 1959, el ingeniero E. R. F. W. Crossman comprobó que unos torcedores de puros seguían ganando velocidad tras años y millones de repeticiones.

Dos ideas populares necesitan un ajuste. La memoria muscular de una habilidad vive en el cerebro, no en los músculos. Y la práctica funciona mejor repartida y seguida de sueño: en 2002, Matthew Walker y sus colegas vieron que quienes aprendían una secuencia de golpecitos con los dedos eran alrededor de un 20 % más rápidos a la mañana siguiente, sin practicar más. Sesiones cortas y regulares, una corrección honesta de los errores y una buena noche de descanso son lo más parecido a un atajo que tiene el cerebro.

Aprender una habilidad: tres pasos de torpe a automático fases según Fitts y Posner, 1967 · el trabajo baja de nivel La práctica no solo pule una habilidad: la pasa a otras partes del cerebro. 1 · Cognitiva prefrontal lenta, costosa horas 1 2 · Asociativa cerebelo menos errores semanas 2 3 · Autónoma ganglios basales rápida, automática meses, años 3 Trazo en espejo, 1962 H.M., Brenda Milner Día 1 Día 2 Día 3 menos errores; sin recuerdo 4 Con la almohada Walker et al., 2002 secuencia de dedos más rápido al día siguiente, sin practicar más 5
Fig. 33 · Aprender una habilidad. Tres etapas del aprendizaje motor, los circuitos que toman el relevo y dos experimentos.
Capítulo 34 · Parte IV

El sistema nervioso autónomo

Mientras lees esto, algo está ajustando tu ritmo cardiaco, la apertura de tus pupilas, los movimientos de tu intestino y el sudor de tus palmas, y no te ha pedido permiso. Es el sistema nervioso autónomo, bautizado en 1898 por el fisiólogo de Cambridge John Newport Langley. Sus centros de mando están en el hipotálamo y el tronco encefálico, que leen el estado del cuerpo y envían órdenes por dos ramas que suelen tirar en direcciones opuestas.

La rama simpática sale de la médula a la altura del tórax y la zona lumbar y usa sobre todo noradrenalina. Dilata las pupilas, acelera y refuerza el latido, abre las vías respiratorias, libera glucosa y frena la digestión. En 1915, el fisiólogo de Harvard Walter Cannon llamó a su versión más intensa la respuesta de lucha o huida, y demostró que la médula suprarrenal, una especie de nervio simpático modificado, vierte adrenalina en la sangre para extender la alarma.

La rama parasimpática sale del tronco encefálico y de la base de la columna y usa acetilcolina. Su gran autopista es el nervio vago, que serpentea desde el tronco encefálico hasta el corazón, los pulmones y el intestino. Contrae las pupilas, frena el corazón, hace fluir la saliva y el ácido del estómago y vacía la vejiga: reposo y digestión. Su papel en el corazón dio lugar a uno de los grandes experimentos de la neurociencia. En 1921, en Graz, Otto Loewi estimuló el nervio vago de un corazón de rana, recogió el líquido que lo bañaba y lo vertió sobre un segundo corazón, que también se frenó. Había demostrado que los nervios se comunican con sustancias químicas; su Vagusstoff era la acetilcolina, y le valió el Premio Nobel en 1936.

¿Sabías que un corazón trasplantado, sin sus nervios, late en reposo a unas 100 pulsaciones por minuto, y que el ritmo normal, más lento, se debe a que el nervio vago mantiene siempre el freno echado?

La imagen popular de un balancín, con una rama encendida y la otra apagada, es demasiado simple. Ambas ramas están activas todo el día, cada órgano se regula por separado y algunos solo escuchan a una: las glándulas sudoríparas reciben nervios simpáticos que, cosa rara, liberan acetilcolina. Una oleada vagal repentina puede incluso pasarse de rosca y bajar tan deprisa el pulso y la tensión que hay quien se desmaya al ver una aguja.

Como estas respuestas son difíciles de fingir, se ha intentado leerlas. El polígrafo de John Larson, construido en Berkeley en 1921, registra el pulso, la respiración y el sudor, pero detecta excitación, no mentiras, y sus veredictos rara vez se admiten en un juicio. El sistema, eso sí, se puede empujar. Al inspirar el corazón se acelera un poco y al espirar se frena, así que las respiraciones lentas con una espiración larga se apoyan en el freno vagal. La calma no es solo un pensamiento: también es un nervio.

Dos ramas, un cuerpo: el sistema nervioso autónomo Langley lo bautizó en 1898 · actúa sin preguntarte Hipotálamo + tronco equilibra latido a latido órgano diana Pupila Corazón Vías aéreas Intestino Vejiga Glánd. sudoríparas No es un interruptor: ambas ramas funcionan todo el día y cada órgano oye a las dos. Simpático lucha o huida · T1-L2 noradrenalina dilata más rápido, fuerte se abren se frena retiene sudor 1 Parasimpático reposo y digestión · vago acetilcolina contrae más lento se cierran digiere vacía sin inervación 2 Freno vagal del corazón Loewi, Graz, 1921: Vagusstoff = ACh 3 Médula suprarrenal adrenalina a la sangre · Cannon, 1915 4
Fig. 34 · El sistema nervioso autónomo. Las ramas simpática y parasimpática, y cómo cada órgano escucha a las dos.
Capítulo 35 · Parte IV

El eje intestino-cerebro

El intestino tiene más neuronas que la médula espinal. Unos 500 millones forman el sistema nervioso entérico, una malla tejida en la pared del esófago, el estómago y los intestinos que puede dirigir la digestión por su cuenta, incluso cuando se cortan sus conexiones con el cerebro. En 1998, el anatomista estadounidense Michael Gershon lo llamó el segundo cerebro. No piensa, pero habla, y la conversación entre la tripa y la cabeza se conoce hoy como el eje intestino-cerebro.

La línea principal es el nervio vago. Alrededor del 80 % de sus fibras llevan mensajes desde los órganos hacia arriba, y no al revés, e informan al tronco encefálico de la distensión, los nutrientes y la irritación. En 2018, el equipo de Diego Bohórquez en la Universidad Duke encontró en el revestimiento intestinal unas células que llamó neurópodos, que forman sinapsis con fibras nerviosas y transmiten la llegada de azúcar en milisegundos. Una segunda vía es hormonal: células de la pared intestinal liberan GLP-1, CCK y PYY después de comer, y grelina antes, y el cerebro lee todas esas señales. El intestino fabrica además cerca del 90 % de la serotonina del organismo, aunque esta se queda en el cuerpo, porque no atraviesa la barrera hematoencefálica.

La tercera y la cuarta vía pasan por los billones de microbios intestinales y por las células inmunitarias que los vigilan. Las bacterias fermentan la fibra en ácidos grasos de cadena corta y alteran el suministro de triptófano, mientras que la inflamación envía citocinas por la sangre. En 2004, Nobuyuki Sudo y sus colegas en Japón demostraron que los ratones criados sin ningún microbio reaccionaban en exceso al estrés, y que darles una sola especie de bacteria al principio de la vida calmaba la respuesta.

¿Sabías que en la década de 1820 el cirujano militar William Beaumont observó la digestión a través de un orificio que quedó abierto en el estómago de un trampero herido, Alexis St Martin, y notó que la ira y el miedo cambiaban lo que veía?

El tráfico también baja. El estrés, el olor de la comida o la simple idea de comer pueden acelerar o frenar el intestino a través de los nervios autónomos, y por eso los nervios pueden mandarte corriendo al baño antes de un examen. El síndrome del intestino irritable se considera hoy en parte un trastorno de esta conversación de doble sentido. Algunos investigadores sospechan también que el párkinson podría empezar en el intestino en algunas personas y subir por el nervio vago, aunque las pruebas siguen en debate.

Conviene rebajar la euforia. Los estudios en ratones son llamativos, pero las pruebas de que los probióticos traten la depresión o la ansiedad en personas siguen siendo escasas, y no se ha demostrado que ningún microbio por sí solo fije el estado de ánimo humano. Lo sólido es más corriente: una dieta variada y rica en fibra alimenta una comunidad microbiana variada, las comidas regulares mantienen el ritmo de las hormonas intestinales y una mente tranquila hace una tripa más tranquila. Una corazonada visceral es una señal real, aunque no sea una segunda opinión.

El eje intestino-cerebro: cuatro líneas, casi todas hacia arriba vago, hormonas, microbios y células inmunes · más órdenes descendentes Cerebro NTS del tronco · hipotálamo ínsula: corazonadas sube: intestino a cerebro baja: cerebro a intestino Casi todo el tráfico sube: el intestino habla más de lo que escucha. Nervio vago ~80 % sensitivo neurópodos, 2018 1 Pared intestinal: sistema nervioso entérico, ~500 millones de neuronas 2 Hormonas intest. GLP-1, CCK, PYY grelina 3 Microbios ácidos grasos triptófano Inmunidad citocinas por la sangre 4 Cerebro a intestino estrés, olores, ver comida 5
Fig. 35 · El eje intestino-cerebro. Cuatro vías del intestino al cerebro, su propia red nerviosa y las órdenes de arriba.
Capítulo 36 · Parte IV

Las hormonas y el cerebro

Las neuronas hablan en milisegundos con sus vecinas inmediatas. Las hormonas, en cambio, emiten para todos: liberadas en la sangre, llegan a cada célula del cuerpo y actúan sobre las que tienen el receptor adecuado, a lo largo de minutos, días o años. El cerebro está en los dos extremos del sistema. El hipotálamo, a través de la hipófisis que cuelga debajo, regula la liberación de la mayoría de las hormonas, y el propio cerebro está salpicado de receptores para ellas, de modo que moldean el ánimo, el apetito, el sueño y la conducta.

El primer experimento fue casi de corral. En 1849, en Gotinga, Arnold Berthold castró a unos gallos jóvenes, que perdieron la cresta y el interés por las gallinas y las peleas. Cuando trasplantó un testículo al abdomen de un ave castrada, volvió la conducta de gallo, aunque no se había conectado ningún nervio. Algo en la sangre hacía el trabajo. Ese algo era, en este caso, la testosterona, identificada en 1935.

La oxitocina, fabricada en el hipotálamo y liberada por la hipófisis, desencadena las contracciones del parto y la salida de la leche, y Vincent du Vigneaud la sintetizó en 1953, lo que le valió el Premio Nobel. Su fama de hormona de los abrazos es exagerada. Un estudio de Zúrich de 2005 afirmó que un espray nasal de oxitocina hacía a la gente más confiada con su dinero, pero muchos intentos posteriores no lograron repetirlo. Las pruebas de conducta más sólidas vienen de los topillos: el topillo de las praderas, monógamo, tiene receptores de oxitocina y vasopresina en zonas de recompensa del cerebro donde el topillo de campo, promiscuo, apenas los tiene, y en 2004 aumentar los receptores de vasopresina en machos de esta segunda especie los volvió fieles.

¿Sabías que en un estudio de 2010 las mujeres que recibieron testosterona hicieron ofertas más justas en un juego de negociación, mientras que las que solo creían haberla recibido se comportaron de forma más egoísta?

Otras hormonas moldean el cerebro para toda la vida. La hormona tiroidea es esencial para su desarrollo, y por eso en muchos países a los recién nacidos se les hace la prueba del talón para detectar un tiroides perezoso desde que el cribado empezó en Quebec en 1974; la falta de yodo sigue siendo en el mundo una causa importante y evitable de discapacidad intelectual. Los estrógenos y la testosterona remodelan el cerebro en la pubertad, y la caída de estrógenos en la menopausia altera un grupo de neuronas del hipotálamo que fija la temperatura corporal, lo que produce los sofocos. En 2023 se aprobó un fármaco que calma esas neuronas.

Algunas hormonas marcan la hora. La glándula pineal libera melatonina en la oscuridad y le anuncia la noche al cuerpo, mientras que la hipófisis suelta la mayor parte de su hormona del crecimiento en pulsos durante el sueño profundo. El cortisol, la hormona del estrés del próximo capítulo, alcanza su máximo poco después de despertar. La lección práctica es que la química de tu cabeza sigue a la luz, el sueño, la comida y el contacto. Mantén un ritmo estable de días y noches y tus hormonas, y con ellas tu cerebro, seguirán afinadas.

Las hormonas y el cerebro: una sala de control, cinco equipos Hipotálamo a hipófisis director · hormonas liberadoras Tráfico doble las hormonas llegan al cerebro; él regula su liberación Las neuronas susurran al vecino; las hormonas emiten a todo el cuerpo. Vínculo Oxitocina NPV, hipófisis parto, leche Vasopresina balance hídrico pareja en topillos 1 Estrés Cortisol corteza adrenal energía, foco Adrenalina médula suprarrenal corazón, segundos 2 Sexo Estrógeno ovarios, cerebro pubertad, ánimo Testosterona testículos, ovario deseo, músculo 3 Noche Melatonina glándula pineal oscuro = noche GH h. crecimiento sueño profundo 4 Energía Tiroides T4 glándula tiroides crecim. cerebral Leptina adipocitos reserva energética 5
Fig. 36 · Las hormonas y el cerebro. El hipotálamo y la hipófisis dirigen cinco equipos de hormonas que actúan sobre él.
Capítulo 37 · Parte IV

El estrés

En 1936, un joven investigador de Montreal, Hans Selye, observó que las ratas a las que inyectaba todo tipo de sustancias nocivas desarrollaban el mismo trío de problemas: suprarrenales hinchadas, un timo encogido y úlceras de estómago. Los detalles de la agresión apenas importaban; la respuesta del cuerpo era genérica. Más tarde tomó prestada una palabra de la ingeniería para nombrarla, y el estrés entró en todos los idiomas del planeta.

La respuesta funciona por dos vías. La rápida empieza cuando la amígdala detecta una amenaza y los nervios simpáticos hacen que las suprarrenales liberen adrenalina en segundos. La lenta es el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal. Neuronas del hipotálamo liberan una hormona llamada CRH, identificada por el equipo de Wylie Vale en California en 1981; esta ordena a la hipófisis que vierta ACTH en la sangre; y la ACTH ordena a la capa externa de las suprarrenales que libere cortisol, que alcanza su máximo unos 20 o 30 minutos después. El cortisol moviliza glucosa, agudiza la atención y ayuda a grabar lo que salió mal. Luego se apaga a sí mismo: receptores del hipocampo y del hipotálamo detectan su subida y cierran el circuito.

Los episodios breves son sanos. El problema empieza cuando el freno falla y el circuito sigue en marcha durante semanas. En 1992, el laboratorio de Bruce McEwen en la Universidad Rockefeller comprobó que 21 días de inmovilización diaria marchitaban las dendritas de las neuronas del hipocampo de la rata, y trabajos posteriores mostraron que la corteza prefrontal perdía conexiones mientras la amígdala ganaba más. Robert Sapolsky, que estudiaba babuinos salvajes en Kenia, vio que los machos de rango bajo, acosados sin escapatoria, tenían las hormonas del estrés crónicamente altas, y los estudios Whitehall de Michael Marmot sobre funcionarios británicos hallaron que los de categorías inferiores, con menos control sobre su trabajo, sufrían más enfermedades del corazón.

¿Sabías que durante mucho tiempo se culpó al estrés de las úlceras de estómago, hasta que Barry Marshall y Robin Warren, en Perth, demostraron en los años ochenta que la mayoría las causa una bacteria, y que Marshall se bebió un cultivo para demostrarlo?

Los mitos funcionan en ambos sentidos. El estrés no es simplemente malo: el rendimiento mejora con una activación moderada y solo cae cuando sube demasiado, la U invertida que describieron Robert Yerkes y John Dodson en 1908. Y el mismo plazo de entrega puede vivirse como amenaza o como reto según el control que uno tenga. Lo que de verdad daña la salud es el estrés intenso, incontrolable e interminable.

De ahí salen las defensas cotidianas, y están bien probadas. El ejercicio quema el combustible que libera la alarma, el sueño reajusta el ritmo del cortisol, y los amigos y la sensación de control acortan el circuito. La respuesta al estrés es uno de los grandes inventos de la evolución. Está hecha para apagarse, y el daño llega cuando nunca lo hace.

El estrés: el eje HHA y el freno que debería pararlo hipotálamo, hipófisis, suprarrenal · Selye, 1936 Eje HHA minutos a horas La alarma está hecha para apagarse; el daño llega cuando no lo hace. Estresor Amígdala da la alarma vía rápida: adrenalina, segundos 1 Hipotálamo NPV libera CRH 2 Hipófisis ACTH a la sangre 3 Corteza adrenal sale cortisol Agudo: útil libera glucosa sube corazón, foco memoria más nítida vuelta a la base 4 Hipocampo lee el cortisol freno: apagar Crónico: dañino falla el freno, sigue el bucle se encoge el hipocampo se debilita el prefrontal crece la amígdala sueño, tensión McEwen; Sapolsky 5
Fig. 37 · El estrés. El circuito HHS, de la alarma al cortisol, y el freno del hipocampo que debería pararlo.
Capítulo 38 · Parte IV

Hambre y apetito

El apetito parece una cuestión de voluntad, pero lo regula un grupo de células más pequeño que un grano de arroz. En 1940, Albert Hetherington y Stephen Ranson, en la Universidad Northwestern, dañaron el hipotálamo ventromedial de unas ratas, que comieron hasta volverse enormemente obesas. Una década después, en Yale, Bal Anand y John Brobeck vieron que dañar el hipotálamo lateral hacía que las ratas rechazaran la comida por completo. El hambre tenía una dirección.

La clave es el núcleo arqueado, en la base del hipotálamo, donde la barrera hematoencefálica es especialmente permeable y las neuronas pueden catar las hormonas de la sangre. Allí viven dos equipos rivales. Las neuronas AgRP/NPY impulsan el hambre: en 2011, el equipo de Scott Sternson las activó con luz en ratones saciados, que se pusieron a comer con voracidad al instante. Las neuronas POMC hacen lo contrario y liberan una señal que dice basta. Cada comida es una partida de tira y afloja entre ambas.

Sus datos llegan de todo el cuerpo. La grelina, descubierta por Masayasu Kojima y Kenji Kangawa en Japón en 1999, la libera el estómago vacío y sube antes de las comidas. La leptina, producida por las células grasas, informa del tamaño a largo plazo de la reserva de energía. Su descubrimiento empezó con una cepa de ratones obesos surgida en el Jackson Laboratory de Maine en 1949; en los años setenta, Douglas Coleman unió la circulación de esos ratones con la de otros delgados y demostró que faltaba un factor sanguíneo; y en 1994 Jeffrey Friedman, en la Universidad Rockefeller, clonó el gen. En 1999, Sadaf Farooqi y Stephen O'Rahilly, en Cambridge, dieron leptina a una niña de nueve años nacida sin capacidad de producirla, y su hambre implacable remitió. Hormonas intestinales como el GLP-1 y el PYY añaden saciedad a corto plazo, y los fármacos que imitan al GLP-1, como la semaglutida aprobada contra la obesidad en 2021, actúan en parte en el cerebro.

¿Sabías que el nombre leptina viene del griego leptós, delgado, y se eligió porque inyectarla hacía adelgazar de forma espectacular a los ratones que carecían de ella?

El mito habitual dice que la obesidad es simplemente falta de leptina. La mayoría de las personas con obesidad tienen de sobra; su cerebro responde menos, un estado llamado resistencia a la leptina, y el cuerpo defiende su peso aumentando el hambre tras una dieta. El apetito tampoco va solo de combustible. El circuito de recompensa, movido por la dopamina, puede imponerse a la saciedad ante algo delicioso, y la saciedad sensorial específica explica el famoso hueco para el postre: nos cansamos de un sabor mucho antes que de comer.

Todo esto cambia cómo podríamos comer. Comer despacio da tiempo a que las hormonas intestinales lleguen al cerebro, las proteínas y la fibra disparan señales de saciedad más fuertes, y dormir poco sube la grelina y baja la leptina, por eso la gente cansada picotea. El apetito es una señal del cuerpo, no un defecto de carácter, y colaborar con él funciona mejor que combatirlo.

El hambre: señales que entran, dos equipos, un pequeño núcleo el núcleo arcuato del hipotálamo lee la energía del cuerpo Núcleo arcuato hipotálamo lee señales de energía Voluntad contra cableado: el apetito es una señal del cuerpo, no un defecto. Grelina estómago vacío Kojima, 1999 + comer 1 Leptina adipocitos Friedman, 1994 Insulina páncreas tras comer 2 Saciedad intestinal GLP-1, PYY, CCK fármaco: semaglutida - parar 3 Células del hambre AgRP / NPY come ya Células de saciedad POMC deja de comer 4 Circuito de recompensa dopamina, ATV comida deseada puede anular la saciedad 5
Fig. 38 · Hambre y apetito. Las señales hormonales llegan al núcleo arqueado, que impulsa el hambre o la saciedad.
Capítulo 39 · Parte IV

Las neuronas espejo

A principios de los años noventa, el equipo de Giacomo Rizzolatti en la Universidad de Parma registraba neuronas individuales en el área F5, una región de la corteza premotora del macaco que interviene en la prensión. Algunas células se activaban cuando el mono cogía un trozo de comida. Para sorpresa del equipo, algunas también se activaban cuando el mono solo miraba a un investigador coger comida. En 1992, Giuseppe di Pellegrino y sus colegas publicaron el hallazgo, y en 1996 Vittorio Gallese, Rizzolatti y otros ya tenían un nombre para estas células: neuronas espejo.

El resultado básico es sólido y se ha repetido muchas veces. También se han encontrado células de tipo espejo en la corteza parietal del mono, y en 2005 Leonardo Fogassi demostró que algunas se activan de forma distinta según que el agarre termine en comer o en colocar un objeto, como si codificaran la meta de la acción. Una historia popular dice que el descubrimiento llegó cuando una neurona se disparó mientras un investigador lamía un helado; la anécdota es buena, pero los trabajos publicados describen a investigadores que cogían comida.

Después llegó el gran salto. En 2000, el neurocientífico V. S. Ramachandran predijo que las neuronas espejo harían por la psicología lo que el ADN había hecho por la biología. Se las propuso como base de la empatía, la imitación, el lenguaje y la cultura, y la teoría del espejo roto sugirió que el autismo se debía a neuronas espejo defectuosas. Libros y artículos divulgativos repitieron estas ideas como hechos probados.

¿Sabías que los primeros registros directos de neuronas de tipo espejo en humanos no llegaron hasta 2010, a partir de 21 pacientes con epilepsia de la UCLA que llevaban electrodos para planificar su cirugía?

Ese estudio de 2010, de Roy Mukamel, Itzhak Fried y sus colegas, halló células que se activaban tanto al hacer como al ver acciones, algunas en lugares inesperados como el lóbulo temporal medial. Las imágenes cerebrales llevaban tiempo mostrando actividad compartida entre acción y observación, pero miden el flujo sanguíneo en zonas con millones de células, así que no pueden demostrar que la misma neurona haga las dos cosas. Los críticos, con Gregory Hickok a la cabeza en su libro de 2014 The Myth of Mirror Neurons, señalaron que entender una acción no exige poder realizarla: las personas que no pueden hablar entienden igualmente el habla. Revisiones posteriores encontraron poco apoyo para la teoría del espejo roto en el autismo.

La visión que se impone es modesta pero interesante. Las neuronas espejo existen y probablemente ayudan al sistema motor a reconocer y anticipar acciones, lo que puede facilitar la imitación y aprender un movimiento observándolo. No son, por sí solas, la sede de la empatía ni la llave de otras mentes. Eso las convierte en una lección útil sobre cómo un descubrimiento auténtico puede estirarse por entusiasmo: estas células cartografían acciones, y el resto aún está por aclarar.

Las neuronas espejo: de un laboratorio de Parma a un mito popular células que disparan al actuar y al mirar 1990 2000 2010 Células reales, tarea modesta: mapean acciones, no otras mentes. 1992 Lab. Rizzolatti dispara al agarrar y al mirar 1 área F5 del mono, Parma 1996 Nombre neuronas espejo Gallese et al. 2 2000 Grandes tesis empatía, lenguaje teorías del autismo 3 2010 Células humanas Mukamel et al. 21 pacientes, UCLA 4 2014 Réplica Hickok: The Myth of Mirror Neurons 5 Lo que son células afines a acciones, vistas o hechas Lo que no son prueba de empatía ni causa del autismo
Fig. 39 · Las neuronas espejo. De un hallazgo en Parma en 1992 a grandes promesas y una corrección prudente.
Capítulo 40 · Parte IV

El cerebro y el sistema inmunitario

Cuando tienes gripe te sientes febril, somnoliento, dolorido, sin apetito y un poco desdichado. Durante mucho tiempo se culpó de estos síntomas a los propios gérmenes. En 1988, el veterinario Benjamin Hart, de la Universidad de California en Davis, defendió en cambio que la conducta de enfermedad es una estrategia que organiza el cerebro: el descanso ahorra energía para la lucha inmunitaria, la fiebre vuelve el cuerpo hostil a los microbios y el aislamiento aleja al animal contagioso de su grupo. Dicho de otro modo, el cerebro recibe órdenes del sistema inmunitario.

Los mensajeros son las citocinas, proteínas como la interleucina-1 beta, el TNF y la IL-6, que liberan las células inmunitarias en el foco de la infección. Llegan al cerebro por dos vías principales. Una es nerviosa: las citocinas activan el nervio vago, que avisa al tronco encefálico en minutos, y en los años noventa Linda Watkins, Steven Maier y sus colegas, en Colorado, demostraron que cortar el vago por debajo del diafragma bloqueaba varias respuestas de enfermedad en ratas. La otra va por la sangre. Las citocinas actúan sobre las paredes de los vasos cerebrales, que liberan prostaglandina E2 en el hipotálamo y suben el termostato del cuerpo. La aspirina y el ibuprofeno bajan la fiebre bloqueando la enzima que la fabrica.

Dentro del cerebro, las células inmunitarias residentes son la microglía, bautizada en 1919 por Pío del Río Hortega en Madrid, que supone alrededor de una décima parte de las células cerebrales. Patrulla sin descanso, barriendo el tejido con sus finas prolongaciones y rozando las sinapsis, y cuando hay infección o lesión se hincha y libera sus propias citocinas. También hace de jardinera. En 2007, Beth Stevens y sus colegas demostraron que unas proteínas del complemento inmunitario marcan las sinapsis débiles del cerebro en desarrollo para eliminarlas, y que la microglía se las traga. En 2016, variantes de un gen del complemento, el C4, se asociaron al riesgo de esquizofrenia, lo que abre la posibilidad de que una poda excesiva influya.

¿Sabías que en 2015 dos equipos, en Virginia y en Helsinki, descubrieron por separado vasos linfáticos en las meninges que rodean el cerebro, unos canales de drenaje que los libros de anatomía habían pasado por alto durante siglos?

Aquel hallazgo enterró un viejo mito. En 1948, Peter Medawar demostró que los injertos sobreviven extraordinariamente bien en el cerebro, y desde entonces se le describió como un órgano con privilegio inmunitario, aislado del resto. La barrera existe, pero el tráfico es constante. Los ataques inmunitarios contra el cerebro causan la esclerosis múltiple, y entre las personas tratadas con interferón alfa por una hepatitis C, alrededor de un tercio desarrolló depresión, señal clara de que la inflamación puede alterar el ánimo.

Este vínculo de doble sentido importa para la salud diaria. La inflamación prolongada por obesidad, tabaco o falta de sueño se asocia a un ánimo bajo y a un deterioro cognitivo más rápido en la vejez, y el ejercicio regular, que reduce la inflamación, beneficia a ambos. La próxima vez que un resfriado te tumbe, recuerda que parte del malestar es tu cerebro obedeciendo a tu sistema inmunitario, y que el descanso es justo lo que te está pidiendo.

Sentirse enfermo: cómo una infección habla con el cerebro citocinas, nervios y microglía · conducta de enfermedad Tejido corporal macrófagos Nervio vago vía rápida Vaso sanguíneo pared BHE Microglía inmunidad cerebral Hipotálamo fiebre, hambre El cerebro no está aislado: escucha al sistema inmunitario y responde. infección: salen citocinas 1 IL-1 beta vía nerviosa, por el tronco 2 citocinas en sangre PGE2: fiebre 3 se activan Conducta de enfermedad fiebre, sueño, desánimo, sin apetito 4 podan sinapsis, limpian restos Microglía: también jardinera vasos linfáticos cerebrales, 2015 5
Fig. 40 · El cerebro y el sistema inmunitario. Cómo la infección llega al cerebro por nervios y sangre, y qué hace allí la microglía.
Parte V

Memoria y aprendizaje

Cómo el cerebro registra, reescribe y olvida.

Capítulo 41 · Parte V

El paciente H.M. y el hipocampo

El 1 de septiembre de 1953, en el hospital de Hartford, en Connecticut, el neurocirujano William Beecher Scoville intentó curar a un hombre de 27 años de una epilepsia incapacitante aspirando la parte interna de ambos lóbulos temporales. Las crisis remitieron. Pero algo más se torció gravemente. Henry Molaison, conocido por la ciencia durante 55 años solo como H.M., ya no podía formar recuerdos nuevos. Leía la misma revista con renovado interés, lloraba de nuevo cada vez que le decían que su tío había muerto y saludaba como a amables desconocidos a investigadores que llevaban décadas trabajando con él.

Sabemos qué falló sobre todo gracias a Brenda Milner, psicóloga de origen británico del Instituto Neurológico de Montreal. En 1957 publicó el caso junto con Scoville, y sus minuciosas pruebas mostraron que la inteligencia, el lenguaje y la personalidad de Henry estaban intactos, igual que la mayoría de sus recuerdos de infancia. Lo que había perdido era la capacidad de convertir la experiencia nueva en memoria duradera: una amnesia anterógrada. El tejido extirpado incluía la mayor parte del hipocampo, un pliegue curvo de corteza cuyo nombre viene del griego «caballito de mar», junto con la amígdala y la corteza entorrinal vecinas. Scoville calculó que había retirado 8 centímetros de cada lado; las resonancias magnéticas de los años noventa mostraron que eran más bien 5.

El mundo de Henry no estaba en blanco. Mantener información en la mente seguía funcionando: en una sesión célebre retuvo el número 584 durante quince minutos repitiendo un elaborado cálculo, y lo perdió en cuanto su atención se desvió. En 1962, Milner le hizo trazar una estrella vista solo en un espejo. En tres días mejoró como cualquiera, aunque cada día insistía en que nunca lo había intentado. La memoria, resultó, no era una sola cosa. Las destrezas podían aprenderse sin hipocampo; los hechos y episodios nuevos, no.

¿Sabías que tras la muerte de Henry en diciembre de 2008 su cerebro se cortó en 2.401 finas láminas en la Universidad de California en San Diego, en una sesión de 53 horas retransmitida en directo por internet?

Suzanne Corkin, del MIT, lo estudió durante 46 años y afinó el retrato. Henry podía absorber despacio algunos datos nuevos a fuerza de repetición, y sabía dibujar el plano de una casa a la que se mudó años después de la operación. También había perdido recuerdos de algunos años anteriores a la cirugía, lo que indica que el hipocampo sigue implicado mientras los recuerdos nuevos se asientan en la corteza, un proceso llamado consolidación. Casos posteriores precisaron la regla. El paciente R.B., en San Diego, quedó amnésico en 1978 cuando una falta de riego destruyó solo un pequeño campo de células, CA1, en cada hipocampo.

La tragedia de Henry acabó además con una práctica: los cirujanos dejaron de extirpar ambos hipocampos, y hoy la cirugía de la epilepsia opera un solo lado tras cartografiar la memoria. Su caso explica también por qué un ictus, un traumatismo craneal o los primeros ovillos del alzhéimer, que atacan primero la región del hipocampo, empiezan tan a menudo por olvidar lo de esta mañana y no lo de 1960. Henry nunca supo que era famoso, pero dio a la ciencia su mapa de la memoria.

H.M.: lo que quitó el cirujano y lo que Henry conservó Henry Molaison, 1926–2008 · Hartford, Connecticut · operado el 1 de septiembre de 1953 lóbulo frontal parietal lóbulo temporal cerebelo delante 1926 nace 1953 cirugía 1957 art. de Milner 1962 test espejo 2008 muere Sin hipocampo el pasado sobrevive, pero el futuro nunca se escribe. Extirpado, ambos lados ~5 cm por lado · Scoville 1 Hipocampo + amígdala 2 Perdido: recuerdos nuevos amnesia anterógrada · 1957 hechos nuevos, olvidados en minutos y algunos años previos a 1953 requiere el hipocampo 3 Conservado: destrezas y presente retuvo 584 15 min repitiéndolo dibujo en espejo: mejora en 3 días recuerdos infantiles, CI, lenguaje sin recuerdo de practicar 4 2.401 cortes · 2009 UC San Diego · Annese 5
Fig. 41 · El paciente H.M. y el hipocampo. Lo que Scoville extirpó a H.M. en 1953, y lo que Henry conservó y perdió.
Capítulo 42 · Parte V

Tipos de memoria

Pregunte a alguien qué es la memoria y casi siempre describirá una sola cosa: un almacén de hechos pasados. La neurociencia ve una familia de sistemas, cada uno con su tarea y su dirección en el cerebro. El mapa moderno nació de pacientes como Henry Molaison, capaz de aprender una destreza motora sin recordar las lecciones, y Larry Squire lo formalizó en San Diego en los años ochenta. Su primera división separa la memoria declarativa, que podemos relatar conscientemente, de la memoria no declarativa, que solo se manifiesta en lo que hacemos.

En 1972, el psicólogo canadiense de origen estonio Endel Tulving dividió la memoria declarativa en dos. La memoria episódica es un viaje mental en el tiempo: tu último cumpleaños, dónde aparcaste, el olor de la cocina de una abuela, cada uno con su cuándo y su dónde. La memoria semántica es conocimiento despojado de su origen, como que París es la capital de Francia, aunque probablemente no recuerdes cuándo lo aprendiste. K.C., paciente de Tulving en Toronto herido en un accidente de moto en 1981, demostró que ambas pueden separarse: conocía datos de su propia vida, como que su familia tenía una casa de verano, pero no podía revivir ni un solo episodio vivido allí. Las personas con demencia semántica muestran el patrón inverso: pierden el significado de palabras y objetos, mientras los episodios recientes resisten más tiempo.

La memoria no declarativa es una coalición más laxa. La memoria procedimental, la de destrezas como montar en bicicleta o teclear, depende de los ganglios basales y del cerebelo. El priming o facilitación hace más fácil procesar una palabra o imagen vista hace poco; en 1968, en Londres, Elizabeth Warrington y Lawrence Weiskrantz mostraron que pacientes amnésicos completaban fragmentos de palabras ya vistas mientras negaban haber visto palabra alguna. El condicionamiento clásico, estudiado por Iván Pávlov en San Petersburgo desde la década de 1890, asocia una señal con un resultado, a través del cerebelo en reflejos como el parpadeo y de la amígdala en el miedo.

¿Sabías que en 1911 el médico suizo Édouard Claparède escondió un alfiler en la mano al saludar a una paciente amnésica, y al día siguiente ella se negó a estrecharle la mano sin saber decir por qué?

La demostración más conmovedora es Clive Wearing, músico y director de coro británico cuyos hipocampos destruyó una encefalitis herpética en 1985. Su memoria de los hechos dura segundos, y su diario repite una y otra vez que acaba de despertar por primera vez. Sin embargo, todavía toca el piano, lee partituras a primera vista y dirige, y recibe con alegría a su mujer, Deborah, cada vez que entra en la habitación.

La conocida distinción entre memoria a corto y a largo plazo es real pero incompleta: el mapa de Squire habla de tipos, no solo de duraciones. Y significa que perder un tipo rara vez supone perderlos todos. En la vida diaria, las lecciones son prácticas: los datos se fijan mejor ligados a un episodio vívido, las destrezas se practican en vez de leerse, y una rutina aprendida por el cuerpo puede sobrevivir a cualquier recuerdo de cómo se aprendió. La memoria se parece menos a una biblioteca que a una casa llena de especialistas.

Tipos de memoria: una casa, cinco especialistas sistemas de memoria a largo plazo · según Squire, años 80, y Tulving, 1972 Memoria a largo plazo dirige cinco sistemas Declarativa · se puede decir No declarativa · se demuestra pruebas: K.C. · demencia semántica · Clive Wearing · Warrington y Weiskrantz · Claparède Si se pierde un tipo de memoria, los demás siguen funcionando. Episódica hipocampo Cumpleaños tiempo + lugar K.C., Toronto perdió episodios 1 Semántica lóbulos temporales París, Francia sin origen Significados se borran antes 2 Procedimental ganglios basales Ir en bici automática Clive Wearing aún toca 3 Priming neocorteza Raíces léxicas más veloz la 2.ª Y amnésicos Warrington 1968 4 Condicionam. amígdala perros de Pávlov campana, y comida Alfiler oculto Claparède 1911 5
Fig. 42 · Tipos de memoria. La familia de la memoria a largo plazo: cinco sistemas, cinco direcciones en el cerebro.
Capítulo 43 · Parte V

La memoria de trabajo

Lea un número de teléfono, gírese para marcarlo y estará usando la memoria de trabajo, el pequeño taller mental que guarda información unos segundos mientras hacemos algo con ella. En 1956, el psicólogo estadounidense George Miller publicó un célebre artículo sobre «el número mágico siete, más o menos dos», la cantidad de elementos que la gente suele poder repetir. Lo abría con una queja famosa: se sentía perseguido por un número entero. Trabajos posteriores, resumidos por Nelson Cowan en 2001, sostienen que, sin repetición ni agrupamiento, el límite real ronda los cuatro bloques. En cualquier caso, el taller es diminuto.

En 1974, los británicos Alan Baddeley y Graham Hitch propusieron que no es una caja única, sino un equipo. Un ejecutivo central dirige la atención. Un bucle fonológico retiene unos dos segundos de habla, refrescados por una voz interior, y por eso una lista de palabras largas cuesta más que una de palabras cortas. Una agenda visoespacial guarda imágenes y posiciones, y en 2000 Baddeley añadió un búfer episódico que une las piezas en escenas y las conecta con la memoria a largo plazo. El idioma moldea el bucle: los números en galés tardan más en pronunciarse que en inglés, y en 1980 Nick Ellis y Richard Hennelly comprobaron que niños bilingües tenían una amplitud de dígitos menor en galés que en inglés.

Los pacientes demuestran que este taller es distinto de la memoria a largo plazo. Henry Molaison tenía una amplitud normal, pero no podía almacenar nada. En 1970, Tim Shallice y Elizabeth Warrington describieron el caso inverso, K.F., un hombre con una lesión en el hemisferio izquierdo cuya amplitud para dígitos oídos era de unos dos elementos y que, sin embargo, aprendía con normalidad. Registrando en monos, Joaquín Fuster en 1971 y Patricia Goldman-Rakic en los años ochenta hallaron en la corteza prefrontal neuronas que siguen disparando durante una demora, manteniendo un lugar o un objeto en mente hasta que el animal responde.

¿Sabías que la palabra inglesa «chunk», el bloque, entró en la psicología con el artículo de Miller de 1956, donde observó que recordamos unos siete elementos, ya sean dígitos, letras o palabras enteras?

La capacidad importa. La memoria de trabajo predice notablemente bien la comprensión lectora, el cálculo mental y el razonamiento, y se encoge con el estrés, la falta de sueño y la edad. Eso ha alimentado un mercado de juegos de entrenamiento cerebral. Las pruebas invitan a la cautela: en 2010, Adrian Owen y sus colegas evaluaron a 11.430 espectadores del programa de la BBC Bang Goes the Theory y vieron que seis semanas de entrenamiento en línea mejoraban las tareas practicadas, pero no las capacidades generales. Los jugadores mejoraban en los juegos.

La lección práctica es trabajar con el límite y no contra él. Anote las cosas, divida las tareas en pasos, agrupe los dígitos como ya hacen los números de teléfono y evite acumular exigencias, como conducir mientras discute por teléfono. El taller es pequeño, pero en él se hace cada pensamiento.

La memoria de trabajo: un equipo en un cuarto diminuto Baddeley y Hitch, 1974 · búfer episódico añadido en 2000 Memoria a largo plazo hechos, palabras, destrezas, escenas K.F., 1970: amplitud de dos, aprende bien · H.M.: amplitud normal, no almacena Unas cuatro casillas, y todo pensamiento pasa por ellas. Ejecutivo central atención · prefrontal 1 Bucle fonológico voz + oído internos ~2 s de habla en galés: menos 2 Agenda visoespacial imágenes, rutas una partida de ajedrez 3 Búfer episódico une en escenas añadido en 2000 enlaza con largo plazo 4 Capacidad elementos a la vez 7±2 ~4 Miller 1956 Cowan 2001 5
Fig. 43 · La memoria de trabajo. El modelo de Baddeley y Hitch: el taller de la mente y su límite de cuatro elementos.
Capítulo 44 · Parte V

Cómo se forma un recuerdo

En 1949, el psicólogo canadiense Donald Hebb propuso una regla sencilla: cuando una neurona ayuda repetidamente a disparar a otra, la conexión entre ambas se refuerza. Suele resumirse con el lema «las neuronas que se activan juntas se conectan juntas», acuñado décadas después por la neurocientífica Carla Shatz. Hebb no podía ver cambiar las sinapsis. Veinticuatro años más tarde, dos investigadores de Oslo lo consiguieron.

En 1973, Timothy Bliss y Terje Lømo estimularon una vía que llega al hipocampo de conejos anestesiados con breves ráfagas de alta frecuencia. Después, un solo pulso de prueba producía una respuesta mucho mayor que antes, y el refuerzo duraba horas; experimentos posteriores lo alargaron a días y semanas. Habían descubierto la potenciación a largo plazo, o PLP, que sigue siendo la principal candidata para explicar cómo la experiencia se escribe en el cerebro.

El mecanismo depende del glutamato y de dos tipos de receptores en la espina receptora. Los receptores AMPA se abren siempre que llega glutamato y dejan entrar sodio. Los receptores NMDA están taponados por un ion de magnesio y solo se abren si el glutamato llega cuando la célula ya está muy excitada, lo que los convierte en detectores de coincidencias. Al abrirse, entra calcio y activa enzimas como la CaMKII, que insertan más receptores AMPA en la membrana, de modo que la sinapsis habla más alto la vez siguiente. Los recuerdos duraderos exigen más: genes activados por la proteína CREB fabrican proteínas nuevas e incluso espinas nuevas. Eric Kandel siguió esta secuencia en la babosa marina Aplysia y compartió por ello el Nobel de 2000. En 1986, en Edimburgo, Richard Morris mostró que ratas tratadas con un fármaco que bloquea los receptores NMDA no aprendían dónde estaba una plataforma oculta en una piscina de agua turbia.

¿Dónde vive un recuerdo completo? El zoólogo alemán Richard Semon acuñó la palabra engrama en 1904. El psicólogo estadounidense Karl Lashley pasó décadas extirpando trozos de corteza de ratas sin encontrarlo, y en 1950 concluyó, medio en broma, que el aprendizaje parecía imposible. Las herramientas modernas lo encontraron. En 2012, en el MIT, Xu Liu, Steve Ramirez y Susumu Tonegawa marcaron las neuronas del hipocampo activas mientras unos ratones aprendían a temer una jaula y luego reactivaron solo esas células con luz: los ratones se quedaron paralizados en una jaula completamente distinta. Un engrama parece ser un conjunto disperso y escaso de células, una pequeña fracción de una región, unidas por sinapsis reforzadas.

¿Sabías que en 2013 el mismo equipo del MIT implantó un falso recuerdo en ratones reactivando las células que guardaban el recuerdo de una jaula inofensiva mientras recibían una leve descarga en otro lugar, y después se paralizaban de miedo en la jaula segura?

Aquí caen los mitos. Los recuerdos no se guardan como archivos en neuronas sueltas ni como grabaciones; son patrones de conexión, y evocarlos los vuelve modificables por un tiempo. Como fabricar proteínas lleva horas y la activación repetida refuerza la huella, la biología favorece la práctica espaciada, los descansos entre sesiones y una buena noche de sueño. Cada recuerdo duradero es una pequeña obra de construcción.

Cómo se forma un recuerdo: una sinapsis se refuerza sinapsis de glutamato en el hipocampo · PLP, Bliss y Lømo, Oslo, 1973 impulso nervioso Terminal presináptica neurona emisora Espina postsináptica neurona receptora Un recuerdo es un patrón de sinapsis reforzadas, no una grabación. Liberación de glutamato vesículas abren, ~20 nm 1 Receptor AMPA abre: entra Na+, rápido 2 tapón de Mg²⁺ Ca²⁺ entra Receptor NMDA detector de coincidencias 3 PLP: más AMPA Bliss y Lømo, 1973 ráfaga horas+ 4 El engrama Lab. Tonegawa, MIT, 2012 pocas células, enlazadas 5
Fig. 44 · Cómo se forma un recuerdo. En la sinapsis: glutamato, dos receptores y el AMPA extra que hace durar la PLP.
Capítulo 45 · Parte V

El olvido

Entre 1879 y 1885, el psicólogo alemán Hermann Ebbinghaus memorizó listas sacadas de un repertorio de unas 2.300 sílabas sin sentido, como DAX, BOK o YAT, y luego midió a qué velocidad las olvidaba. Fue su único sujeto. Para medir la memoria con precisión usó el ahorro: cuánto menos tiempo costaba volver a aprender una lista que aprenderla la primera vez. Los resultados, publicados en 1885 en Über das Gedächtnis, dieron a la psicología su primer gran gráfico, la curva del olvido.

La curva cae en picado y luego se aplana. Veinte minutos después de aprender, Ebbinghaus ahorraba alrededor del 58 % del esfuerzo inicial; al cabo de una hora, el 44 %; de un día, el 34 %; de un mes, el 21 %. Casi todo el olvido ocurre de inmediato, y lo que supera el primer día tiende a perdurar. En 2015, en Ámsterdam, Jaap Murre y Joeri Dros repitieron el experimento, con Dros dedicando unas 70 horas a aprender sílabas, y obtuvieron casi la misma forma.

¿Por qué olvidamos? Algunas huellas se desvanecen por falta de uso. Otras quedan desplazadas por la interferencia de material parecido aprendido antes o después. En 1924, en Cornell, John Jenkins y Karl Dallenbach demostraron que dos estudiantes olvidaban mucho menos tras una noche de sueño que tras las mismas horas despiertos, porque la vigilia acumula experiencias nuevas. Muchos recuerdos no se pierden, sino que quedan inaccesibles, como sabe cualquiera que haya tenido un nombre en la punta de la lengua; Roger Brown y David McNeill estudiaron ese estado en el laboratorio en Harvard en 1966. Y el cerebro también olvida a propósito: en 2001, Michael Anderson y Collin Green mostraron que quienes debían suprimir un recuerdo lo evocaban después peor.

Olvidar es una virtud. El periodista ruso Solomón Shereshevski, estudiado durante unos 30 años por el neuropsicólogo Alexandr Luria, recordaba años después largas tablas de números, pero le costaba captar una metáfora o el sentido de un relato porque cada detalle se le quedaba pegado. Jorge Luis Borges imaginó ese destino en su cuento de 1942 «Funes el memorioso», cuyo protagonista recuerda tanto que apenas puede pensar. Una memoria que guarda lo general y descarta lo trivial predice mejor el futuro.

¿Sabías que las personas con memoria autobiográfica altamente superior, descritas en California en 2006, pueden decir qué hicieron casi cualquier día de su vida adulta, pero en las pruebas de memoria corrientes puntúan más o menos como todo el mundo?

Ebbinghaus halló también el remedio: los repasos repartidos en el tiempo aplanan la curva. La investigación moderna lo confirma. La repetición espaciada, principio de aplicaciones de tarjetas como Anki, y el efecto de prueba, demostrado por Henry Roediger y Jeffrey Karpicke en 2006, superan a la relectura. Olvida un poco, recupera con esfuerzo, y el recuerdo vuelve más fuerte.

La curva del olvido y cómo la aplanan los repasos Hermann Ebbinghaus, Über das Gedächtnis, 1885 · ahorro al reaprender 25% 50% 75% 100% 0 20 min 1 h 9 h 1 d 2 d 6 d 31 d tiempo desde el aprendizaje (no a escala) Olvida un poco, recupera con esfuerzo y volverá más fuerte. Curva del olvido sílabas sin sentido, 1 sujeto 1 58% 44% 1.ª hora 2 34% 21% cola lenta 3 repaso repaso ilustrativo 4 Por qué olvidamos Desgaste huellas sin uso se borran Interferencia lo parecido choca Fallo de recuperación en la punta de la lengua El sueño protege Jenkins, Dallenbach 1924, Cornell 5
Fig. 45 · El olvido. La curva del olvido de Ebbinghaus, y cómo los repasos espaciados la aplanan.
Capítulo 46 · Parte V

Falsos recuerdos

Un recuerdo parece una grabación que volvemos a reproducir. Se parece más a una historia que volvemos a contar. En 1932, el psicólogo de Cambridge Frederic Bartlett pidió a estudiantes ingleses que leyeran y más tarde recordaran un cuento nativo americano, «La guerra de los fantasmas». Con cada nueva versión, los detalles extraños desaparecían o se volvían familiares: las canoas se convertían en barcas y el giro sobrenatural se explicaba de forma racional. Recordar, concluyó Bartlett, es reconstruir, y los huecos se rellenan con lo que esperamos.

Elizabeth Loftus convirtió la idea en experimentos. En 1974, en Seattle, ella y John Palmer mostraron a estudiantes la película de un choque de coches y les preguntaron a qué velocidad iban cuando «se estrellaron» o «se golpearon». «Se estrellaron» producía estimaciones de unas 41 millas por hora frente a 34 con «se golpearon», y una semana después más del doble de personas del primer grupo recordaban cristales rotos que nunca existieron. En 1995, Loftus y Jacqueline Pickrell fueron más allá y convencieron a cerca de una cuarta parte de sus voluntarios de que de niños se habían perdido en un centro comercial. El equipo de Kimberley Wade, en Nueva Zelanda, usó después una foto trucada para dar a la mitad de sus voluntarios algún recuerdo de un paseo en globo que nunca hicieron.

El cerebro ayuda a entender por qué. Evocar un recuerdo reactiva la red que lo sostiene, y en 2000, en Nueva York, Karim Nader, Glenn Schafe y Joseph LeDoux mostraron que un recuerdo de miedo reactivado en ratas volvía a ser frágil: un fármaco que bloquea la síntesis de proteínas, administrado justo después de la evocación, lo borraba. Esta reconsolidación significa que cada acto de recordar es también un acto de reescribir, abierto a nuevas sugerencias, estados de ánimo y conocimientos.

¿Sabías que el psicólogo Jean Piaget recordaba vívidamente a su niñera rechazando a un secuestrador cuando él era un bebé en París, hasta que años después ella confesó que se había inventado toda la historia?

Lo que está en juego es real. En 1984, Jennifer Thompson, estudiante en Carolina del Norte, observó con atención la cara de su agresor e identificó con total seguridad a Ronald Cotton. Él pasó más de diez años en prisión hasta que en 1995 una prueba de ADN lo liberó e identificó al verdadero agresor, Bobby Poole. La identificación errónea por testigos aparece en cerca de siete de cada diez condenas anuladas por ADN en Estados Unidos. La seguridad tampoco garantiza nada. La mañana siguiente a la explosión del transbordador Challenger, en 1986, Ulric Neisser preguntó a unos estudiantes cómo se habían enterado de la noticia; preguntados de nuevo unos dos años y medio después, muchos dieron versiones muy distintas, y con gran certeza.

Nada de esto vuelve inútil la memoria. Lo esencial suele ser correcto, y la reconstrucción es el precio de un sistema hecho para la flexibilidad y no para el archivo. Pero invita a la humildad. Hoy se aconseja a la policía registrar de inmediato el primer relato de un testigo y su grado de seguridad, y a los terapeutas evitar preguntas sugestivas tras los escándalos de los recuerdos recuperados de los años noventa. Anote pronto lo importante. Cada recuerdo es un borrador.

Falsos recuerdos: setenta años reconstruyendo el pasado estudios y casos clave, 1932–2002 · espaciado no a escala no a escala Cada evocación reescribe: la memoria guarda lo esencial y edita detalles. 1932 Bartlett, Cambridge La guerra de los fantasmas canoas pasan a barcos relato familiarizado 1 1974 ¿Choque o golpe? Loftus y Palmer chocaron: ~66 km/h golpearon: ~55 km/h 2 1984 Thompson, Cotton segura, pero errada Cotton, 10+ años preso libre por ADN, 1995 3 1995 Perdido de compras Loftus y Pickrell ~1 de 4 'recordó' 2002: foto del globo 4 2000 Reconsolidación Nader, Schafe, LeDoux evocar lo fragiliza ratas, Nueva York 5 Codificar Almacenar Evocar Reescribir cada evocación
Fig. 46 · Falsos recuerdos. Un siglo de experimentos que muestran que recordar es reconstruir.
Capítulo 47 · Parte V

Los hábitos

Cerca de cuatro de cada diez cosas que hacemos al día las hacemos por hábito, en el mismo lugar y sin pensar mucho, según estudios con diarios publicados en 2002 por Wendy Wood y sus colegas de la Universidad Texas A&M. Un hábito es una conducta que ha pasado de la elección deliberada a una rutina automática disparada por el contexto, y su sede son los ganglios basales, el conjunto de núcleos enterrado bajo la corteza.

Ese traspaso se captó en directo en el MIT. A finales de los años noventa, el equipo de Ann Graybiel registró neuronas del estriado de ratas que aprendían a recorrer un laberinto en forma de T en busca de chocolate al oír un tono. Al principio, las células disparaban durante todo el recorrido. Cuando la ruta se volvió automática, la actividad se concentró al principio y al final, como si toda la secuencia se hubiera empaquetado en un solo bloque, un patrón que Graybiel llamó «acotación de la tarea». El resumen popular, que hizo famoso en 2012 el libro de Charles Duhigg El poder de los hábitos, es un bucle: una señal desencadena una rutina que termina en una recompensa, mientras las señales de dopamina enseñan al estriado qué señales anuncian un buen resultado.

Dos sistemas cerebrales compiten por el control. En 1996, Mark Packard y James McGaugh entrenaron ratas en un laberinto en cruz. Al principio se orientaban por el lugar, con el hipocampo; tras más entrenamiento, simplemente repetían el mismo giro, con el núcleo caudado, y adormecer esa región las devolvía a la estrategia anterior. En personas, Barbara Knowlton, Jennifer Mangels y Larry Squire hallaron en 1996 que los pacientes con párkinson, cuyo estriado carece de dopamina, aprendían con dificultad una tarea probabilística de predicción del tiempo, mientras que los pacientes amnésicos la aprendían con normalidad aunque no recordaban las sesiones. Estudios posteriores siguieron un desplazamiento dentro del propio estriado, desde una parte dorsomedial dirigida a metas hasta una parte dorsolateral regida por el hábito.

¿Sabías que los psicólogos detectan un hábito estropeando la recompensa, y que en los experimentos de Anthony Dickinson en Cambridge en los años ochenta las ratas sobreentrenadas seguían pulsando una palanca por una comida que se les había enseñado a aborrecer?

¿Cuánto tarda en formarse un hábito? Los manidos 21 días proceden de un libro de autoayuda de 1960 del cirujano plástico Maxwell Maltz, que observó cuánto tardaban sus pacientes en acostumbrarse a una cara nueva. Cuando Phillippa Lally y sus colegas del University College de Londres siguieron a 96 voluntarios que adoptaban una conducta diaria nueva, en un estudio publicado en 2010, la mediana para volverse automática fue de 66 días, con un rango de 18 a 254. Saltarse un día apenas importaba.

La misma maquinaria subyace a las adicciones y a las compulsiones del trastorno obsesivo-compulsivo, en el que las rutinas se desligan de toda recompensa. En la vida diaria, la lección es diseñar señales en lugar de confiar en la fuerza de voluntad: las zapatillas junto a la puerta, las galletas fuera de la vista y la nueva rutina enganchada a una antigua. Los hábitos liberan la atención para todo lo demás, y por eso mismo cuesta tanto desaprenderlos.

Los hábitos: un bucle cedido a los ganglios basales señal, rutina, recompensa · circuitos estriatales, MIT y UCL, 1996–2010 bucle del hábito se repite a diario Corteza capta señales, planea Dorsomedial dirigido a metas GPi / SNr compuerta de salida Tálamo relevo a la corteza estriado Cambia la señal y dale a la nueva rutina unos dos meses. Señal lugar, hora, ánimo 1 Rutina un bloque compacto Estriado en un laberinto inicio fin al inicio vs al final 2 Recompensa la dopamina enseña SNc fuente de dopamina 3 Dorsolateral habitual 4 66 días mediana, UCL rango 18–254 96 voluntarios no los 21 de Maltz 5
Fig. 47 · Los hábitos. El bucle de señal, rutina y recompensa, y el circuito de ganglios basales que lo mueve.
Capítulo 48 · Parte V

Neuroplasticidad

Para obtener la licencia de taxista de los taxis negros de Londres, los aspirantes deben dominar el Knowledge: unas 25.000 calles y miles de puntos de referencia en un radio de seis millas, casi diez kilómetros, alrededor de Charing Cross, una hazaña que suele llevar de tres a cuatro años. En 2000, Eleanor Maguire y sus colegas del University College de Londres examinaron con resonancia el cerebro de 16 taxistas con licencia. La parte posterior de su hipocampo, región ligada a la memoria espacial, era mayor que la de hombres que no conducían taxis, y tanto mayor cuantos más años llevaban al volante. La parte anterior, en cambio, era algo menor.

Una diferencia en el escáner podía significar simplemente que quienes tienen un hipocampo grande se hacen taxistas. Por eso Katherine Woollett y Maguire siguieron a 79 aspirantes durante sus años de estudio y en 2011 informaron de que los 39 que aprobaron mostraban un crecimiento del hipocampo posterior, mientras que quienes suspendieron o abandonaron no. La experiencia había remodelado un cerebro adulto. Esa capacidad se llama neuroplasticidad, y desmontó la vieja idea de que el cerebro queda fijo tras la infancia.

Otros estudios apuntan en la misma dirección. En 2004, en Ratisbona, Bogdan Draganski y sus colegas enseñaron a voluntarios a hacer malabares con tres bolas durante tres meses; la sustancia gris creció en áreas que siguen el movimiento visual y volvió a reducirse al dejar de practicar. En 1995, en Constanza, el grupo de Thomas Elbert halló que los intérpretes de cuerda dedicaban más corteza a los dedos de la mano izquierda, la que pisa las cuerdas, sobre todo quienes habían empezado de pequeños. Y a principios de los años ochenta, Michael Merzenich y Jon Kaas mostraron en monos que, al cortar el nervio de una parte de la mano, los dedos vecinos ocupaban su parcela de corteza en pocas semanas.

¿Sabías que el equipo de Maguire comprobó que los taxistas londinenses jubilados tenían menos sustancia gris en el hipocampo posterior que los que seguían en activo, como si la ventaja se perdiera por falta de uso?

Hay límites y ventanas. En los años sesenta, David Hubel y Torsten Wiesel, un canadiense y un sueco que trabajaban en Harvard, cerraron un ojo a gatitos durante sus primeros meses: la corteza visual se reorganizó a favor del ojo abierto, y el cambio fue permanente, mientras que el mismo cierre en gatos adultos apenas tuvo efecto. Su trabajo compartió el Nobel de 1981 y explica por qué el ojo vago de un niño se trata pronto. La plasticidad es máxima en la infancia, como muestran niños a los que se extirpó un hemisferio entero por una epilepsia grave y que volvieron a andar y a hablar, pero nunca se detiene.

La plasticidad tiene doble filo. La misma reorganización contribuye al dolor crónico, los acúfenos y los miembros fantasma. Pero también sostiene la rehabilitación tras un ictus: la terapia por restricción del lado sano de Edward Taub inmoviliza el brazo bueno para que el débil tenga que trabajar, y ayuda al cerebro a recuperar el movimiento. Para todos, el mensaje es que la práctica deja una huella física a cualquier edad, y que lo que no se usa se apaga. El cerebro es menos una máquina terminada que un sendero hecho al andar.

Neuroplasticidad: el cerebro que aprendió Londres el Knowledge · seis millas en torno a Charing Cross · Maguire y colegas, UCL Támesis Paddington King's Cross St Paul's Hampstead Hammersmith Greenwich Brixton Lo que usas crece; lo que descuidas cede. Charing Cross El Knowledge ~25.000 calles 6 mi · 3–4 años 1 Hipocampo posterior Maguire 2000, 16 taxistas crece con los años 2011: aprueban 39 de 79 2 Malabaristas, 2004 3 meses: áreas de mov. ganan sust. gris al parar, decrece 3 Músicos de cuerda, 1995 mapa de dedos izq. mayor de lo normal más si empezaron de niños 4 Periodos críticos Hubel y Wiesel, gatitos un ojo cerrado al nacer ojo vago: tratar pronto 5
Fig. 48 · Neuroplasticidad. El «Knowledge» de Londres y los cerebros que crecieron para aprenderlo.
Capítulo 49 · Parte V

Sueño y memoria

En 1924, en la Universidad Cornell, John Jenkins y Karl Dallenbach pidieron a dos estudiantes que aprendieran listas de sílabas sin sentido y los evaluaron tras unas horas dormidos o despiertos. Después de dormir recordaban bastante más. Jenkins y Dallenbach pensaron que el sueño simplemente protegía los recuerdos de la interferencia. Un siglo de investigación apunta a algo más activo: durante el sueño, el cerebro repasa el día y traslada lo importante al almacén a largo plazo.

La noche se compone de ciclos de unos 90 minutos que descienden desde el sueño no REM ligero hasta el sueño de ondas lentas profundo y luego ascienden al sueño REM, cuando los sueños son más vívidos. Cada fase parece aportar algo. En la fase N2, el tálamo genera husos de sueño, ráfagas rítmicas de 11 a 16 ciclos por segundo, y quienes tienen más husos tienden a mostrar mayores avances nocturnos en lo aprendido. En el sueño profundo, la corteza alterna actividad y silencio aproximadamente una vez por segundo, y esas oscilaciones lentas marcan el compás de todo lo demás.

La prueba clave llegó de las ratas. En 1994, en Tucson, Matthew Wilson y Bruce McNaughton registraron células de lugar, neuronas del hipocampo que disparan en puntos concretos de un laberinto, y descubrieron que las células activas juntas durante el día volvían a disparar juntas en el sueño posterior, como si ensayaran la ruta. Esta reactivación viaja sobre las ondas agudas con rizos, breves ráfagas de alta frecuencia del hipocampo que tienden a coincidir con los husos y las oscilaciones lentas, un apretón de manos sincronizado al milímetro que transmitiría los recuerdos a la corteza. En 2009, un equipo dirigido por Gabrielle Girardeau y Michaël Zugaro en París perturbó eléctricamente esos rizos mientras las ratas dormían, y su aprendizaje se resintió.

¿Sabías que la reactivación durante el sueño va a cámara rápida, de modo que una ruta que una rata tardó segundos en recorrer puede reproducirse en su hipocampo en una fracción de segundo?

Se puede echar una mano. En 2006, en Lübeck, Lisa Marshall y Jan Born potenciaron las oscilaciones lentas con una suave estimulación eléctrica y mejoraron el recuerdo de pares de palabras. En 2007, Björn Rasch, Born y sus colegas difundieron olor a rosas mientras unos voluntarios aprendían la posición de unas cartas, y de nuevo durante su sueño profundo: a la mañana siguiente recordaban mejor. El sueño también parece recombinar el conocimiento: en 2004, el equipo de Ullrich Wagner observó que una noche de sueño más que duplicaba la probabilidad de descubrir un atajo oculto en una tarea numérica. El papel del sueño REM, quizá en los recuerdos emocionales y algunas destrezas, sigue en debate.

Dormir antes de aprender también cuenta. En 2007, Seung-Schik Yoo, Matthew Walker y sus colegas de Harvard vieron que tras una noche en vela el hipocampo respondía débilmente durante el aprendizaje y la memoria posterior era peor. Pasar la noche en blanco antes de un examen falla, pues, dos veces: debilita lo que entra y elimina la noche que lo habría guardado. Aprende y luego consúltalo con la almohada: de noche se escribe el día.

Sueño y memoria: la escalera de la noche un ciclo de 90 minutos de fases de sueño · se repite de 4 a 6 veces por noche Vigilia N1 N2 N3 REM despierto ligero ligero profundo sueños Aprende y luego duerme: la noche escribe el día en la memoria. Una noche, 4–6 ciclos sueño profundo antes, REM después 1 Husos de sueño N2 · tálamo · 11–16 Hz 2 Ondas lentas + rizos N3 · reactivación · Wilson 1994 3 Sueño REM sueños; cuerpo inmóvil función aún debatida 4 Del hipocampo a la corteza hipoc. corteza reactivación, noche a noche el recuerdo nuevo se vuelve saber a largo plazo 5
Fig. 49 · Sueño y memoria. La escalera de las fases del sueño, y lo que cada peldaño hace por la memoria.
Capítulo 50 · Parte V

La pericia

En 1946, el psicólogo y maestro de ajedrez neerlandés Adriaan de Groot mostró a varios jugadores durante unos segundos una posición de una partida real y luego les pidió que la reconstruyeran en un tablero vacío. Los grandes maestros colocaban casi todas las piezas bien; los jugadores de club más flojos, muchas menos. Sin embargo, cuando les pidió que pensaran en voz alta al elegir jugada, los grandes maestros no calculaban más lejos que los de club. Simplemente veían antes las buenas jugadas.

En 1973, William Chase y Herbert Simon, de la Universidad Carnegie Mellon de Pittsburgh, descubrieron por qué. Tras ver cinco segundos una posición real de medio juego, un maestro recordaba unas 16 piezas al primer intento, un buen aficionado unas 8 y un principiante unas 4. Pero cuando las mismas piezas se colocaban al azar, la ventaja del maestro casi desaparecía. El experto no tenía mejor memoria. Había construido una enorme biblioteca de patrones familiares, o bloques, que se calculan en unos 50.000, cada uno reconocido de un vistazo. Su memoria de trabajo seguía guardando solo un puñado de elementos, pero cada uno se había vuelto enorme.

Agrupar en bloques se puede entrenar. A finales de los años setenta, Anders Ericsson, William Chase y Steve Faloon trabajaron con un estudiante de Carnegie Mellon conocido como S.F., corredor aficionado. Tras más de 200 horas de práctica, su amplitud para dígitos leídos en voz alta pasó de 7 a 79, porque recodificaba series de dígitos como tiempos de carrera: 3492 se convertía en tres minutos y 49,2 segundos, una milla cercana al récord mundial. Su amplitud para letras se quedó en unas seis. La pericia, resultó, es estrecha.

¿Sabías que Judit Polgár, educada en ajedrez en casa, en Budapest, por un padre convencido de que los genios se hacen, se convirtió en gran maestra en 1991 con 15 años, más joven de lo que lo había sido Bobby Fischer?

¿Cómo se llega a experto? En 1993, Ericsson, Ralf Krampe y Clemens Tesch-Römer estudiaron a alumnos de violín de una academia de música de Berlín y estimaron que los mejores habían acumulado unas 10.000 horas de práctica deliberada en solitario a los 20 años, muchas más que sus compañeros menos destacados. El libro de Malcolm Gladwell Fueras de serie, de 2008, lo convirtió en una «regla de las 10.000 horas» que el propio Ericsson discutió: no hay un número mágico, y la calidad de la práctica importa tanto como la cantidad. Un metaanálisis de 2014 dirigido por Brooke Macnamara halló que la práctica explicaba alrededor de una cuarta parte de las diferencias de rendimiento en juegos, una quinta parte en música y mucho menos en las profesiones. La edad de inicio, la enseñanza, el temperamento y la memoria de trabajo también cuentan.

En el cerebro, la pericia suele parecer eficiencia: el experto reconoce en lugar de razonar paso a paso, y así un radiólogo detecta una sombra de un vistazo y un bombero veterano intuye que un suelo está a punto de ceder. Para los demás, la receta es poco glamurosa: práctica concentrada justo por encima del nivel propio, información rápida sobre los errores y tiempo para que miles de patrones se asienten. La pericia es memoria bien ordenada.

La pericia: bloques más grandes, no más memoria recuerdo de ajedrez tras mirar 5 segundos · Chase y Simon, Pittsburgh, 1973 0 8 16 piezas recordadas Maestro Clase A Novato real azar El experto retiene tan pocos elementos como cualquiera; cada uno es enorme. De Groot, 1946 unos segundos los maestros rehacen casi todo 1 ~16 ~8 ~4 2 ~3 ~3 ~3 al azar: sin patrones, sin ventaja 3 Amplitud de S.F. antes 7 79 200+ horas · tiempos 4 Lo que explica la práctica juegos ~26 % música ~21 % deporte ~18 % trabajo <1 % Macnamara 2014 5
Fig. 50 · La pericia. Posiciones de ajedrez reales y aleatorias, y cómo la práctica agranda los bloques.
Parte VI

Emoción y yo

El miedo, la recompensa, el amor y la extraña sensación de ser alguien.

Capítulo 51 · Parte VI

El miedo y la amígdala

Bajas de la acera justo cuando pasa un autobús y tu cuerpo ya ha dado un salto atrás antes de que sepas por qué. Esa reacción la organiza la amígdala, un par de cúmulos de núcleos del tamaño de una almendra ocultos en cada lóbulo temporal, bautizados con la palabra griega para «almendra» por el anatomista alemán Karl Burdach a comienzos del siglo XIX. Es el detector de humo del cerebro: barato, rápido y dispuesto a dar una falsa alarma antes que pasar por alto un incendio real.

La primera pista llegó de Chicago en 1937, cuando Heinrich Klüver y Paul Bucy extirparon los lóbulos temporales a monos rhesus. Los animales se volvieron extrañamente mansos: cogían serpientes y se acercaban a personas de las que antes huían. En las décadas de 1980 y 1990, Joseph LeDoux trazó en Nueva York el cableado en ratas. Un sonido llega a la amígdala por dos caminos: una vía baja directa desde el tálamo, tosca pero veloz, y una vía alta que pasa por la corteza auditiva, más lenta pero detallada. La vía baja te hace saltar ante un palo que podría ser una serpiente; la alta te avisa, un instante después, de que solo es un palo.

El miedo también se aprende, y la lección se escribe en el núcleo lateral de la amígdala. En 1920, John Watson y Rosalie Rayner enseñaron a un bebé, el «pequeño Albert», a temer una rata blanca golpeando una barra de acero a su espalda cada vez que la tocaba. Las ratas muestran lo mismo: basta emparejar unas cuantas veces un tono con una leve descarga para que el tono solo las paralice. Una vez disparada, la alarma sale del núcleo central: al hipotálamo, para las hormonas del estrés y el corazón desbocado; a la sustancia gris periacueductal, para la paralización; y al tronco encefálico, para un sobresalto mayor.

¿Sabías que la paciente S.M., cuyas amígdalas destruyó una enfermedad rara, no temía a las serpientes, las arañas ni una casa encantada, pero sintió pánico al respirar aire con dióxido de carbono en un estudio de 2013?

Estudiada en Iowa por Antonio Damasio, Ralph Adolphs y Justin Feinstein, S.M. también tenía dificultades para reconocer el miedo en rostros ajenos, como mostró un artículo de 1994. Su caso corrige un mito popular. La amígdala no es solo un «centro del miedo»: señala todo lo que importa, recompensas incluidas, y el miedo que nace del interior del cuerpo, como la asfixia, puede prescindir de ella. El propio LeDoux sostiene que dirige reacciones defensivas de supervivencia, mientras que la sensación consciente de tener miedo se construye en otras partes de la corteza.

Desaprender el miedo es un acto distinto. Cuando el tono sigue sonando sin descargas, la corteza prefrontal ventromedial aprende a frenar la amígdala, un proceso llamado extinción. El recuerdo antiguo sobrevive, por eso los miedos vuelven con el estrés, y por eso la terapia de exposición para fobias y estrés postraumático avanza paso a paso, en muchas sesiones. Enfrentarse a un miedo una y otra vez no lo borra; enseña a la parte delantera del cerebro a ganarle la votación.

Las dos vías del miedo: de los sentidos a la amígdala según LeDoux, miedo condicionado al sonido en ratas · 1980–1990 Klüver + Bucy 1937 · el pequeño Albert 1920 · paciente S.M. 1994 La vía baja te mantiene vivo; la alta te evita hacer el ridículo. Amenaza sonido, forma, olor Tálamo relevo sensorial 1 Vía baja directa · rápida · tosca 2 Corteza sensorial vía alta · lenta, detallada «solo es un palo» 3 Amígdala una por hemisferio Núcleo lateral aprende: tono = descarga Núcleo central dispara la alarma 4 Hipotálamo hormonas, corazón Sustancia gris SGPA: paralización Tronco encefálico más sobresalto Freno de la CPFvm aprendizaje de extinción inhibe 5
Fig. 51 · El miedo y la amígdala. La vía baja y la vía alta: cómo una amenaza llega a la amígdala y alerta al cuerpo.
Capítulo 52 · Parte VI

La recompensa y la dopamina

En 1954, en la Universidad McGill de Montreal, James Olds y Peter Milner colocaron un electrodo algo desviado de su objetivo en el cerebro de una rata y notaron que el animal volvía una y otra vez al rincón de la jaula donde lo habían estimulado. Con una palanca a su alcance, las ratas con electrodos bien situados la pulsaban miles de veces por hora, sin hacer caso a la comida. Habían descubierto un sistema de recompensa, cuya sustancia central resultó ser la dopamina, fabricada por unos pocos cientos de miles de neuronas en dos núcleos del mesencéfalo: el área tegmental ventral y la sustancia negra.

Durante décadas se llamó a la dopamina la molécula del placer. La verdad es más sutil. En las décadas de 1980 y 1990, Wolfram Schultz registró en Friburgo, Suiza, neuronas dopaminérgicas de monos que aprendían que una luz anunciaba un chorrito de zumo. Al principio, las neuronas se disparaban al llegar el zumo. Cuando la luz se convirtió en una señal fiable, se disparaban con la luz y pasaban por alto el zumo. Si la luz se encendía y el zumo no llegaba, su actividad caía por debajo de lo normal justo cuando debía llegar el premio. En 1997, Schultz, Peter Dayan y Read Montague mostraron que el patrón coincidía con un error de predicción de la recompensa del aprendizaje automático: mejor de lo esperado, peor de lo esperado o tal como se esperaba.

La dopamina es, pues, más una señal de aprendizaje que un sentimiento. Actualiza las expectativas e impulsa al estriado a repetir lo que dio fruto. Kent Berridge, de la Universidad de Míchigan, hizo una segunda distinción, entre desear y gustar. Ratas privadas de casi toda su dopamina seguían poniendo la misma cara satisfecha, relamiéndose, ante el azúcar, pero ya no se esforzaban por conseguirlo. El gusto depende de diminutos puntos calientes opioides del núcleo accumbens, de alrededor de un milímetro cúbico en la rata; el deseo es cosa de la dopamina.

¿Sabías que algunas personas que toman fármacos dopaminérgicos para el párkinson desarrollan ludopatía o compras compulsivas, que suelen remitir al reducir la dosis?

La idea explica mucho de la vida corriente. Las recompensas que llegan de forma impredecible, un patrón que B. F. Skinner estudió con palomas, generan errores de predicción sin cesar; por eso cuesta tanto dejar las tragaperras, los rasca y gana o el gesto de refrescar las redes. Drogas como la cocaína y las anfetaminas disparan la dopamina directamente, de modo que la señal sigue gritando mucho después de que el placer se haya apagado. La brecha entre desear y gustar explica que alguien ansíe lo que ya no disfruta.

También explica por qué el segundo trozo de tarta nunca emociona como el primer bocado, y por qué un aumento de sueldo alegra unas semanas y luego parece normal. La dopamina deja de dispararse ante lo que ha aprendido a esperar. Mantener algo de sorpresa en la vida, una ruta nueva, una habilidad nueva, un capricho imprevisto, es la manera de mantener interesada a la señal.

La dopamina como maestra: se dispara ante la sorpresa según Schultz, Dayan + Montague, Science 1997 · mesencéfalo de mono Error de predicción = lo obtenido − lo esperado mejor: ráfaga · lo esperado: nada · peor: caída La dopamina deja de aplaudir lo que ya aprendió a esperar. Antes de aprender zumo por sorpresa sin señal zumo se dispara con el zumo 1 Tras aprender la luz predice zumo luz zumo pasa a la señal 2 Sin zumo luz, y luego nada luz sin zumo cae bajo la línea base 3 Desear frente a gustar Berridge, Míchigan Desear dopamina del ATV al accumbens impulso de buscar Gustar puntos opioides ~1 mm³ en la rata el placer 4
Fig. 52 · La recompensa y la dopamina. Schultz: la dopamina se dispara por sorpresa, pasa a la señal y cae ante la decepción.
Capítulo 53 · Parte VI

El amor y el apego

En las praderas del Medio Oeste estadounidense vive un pequeño roedor de costumbres poco comunes. El topillo de las praderas forma pareja de por vida: macho y hembra comparten nido, crían juntos a las crías y desprecian a los extraños. Su primo cercano, el topillo de montaña, se aparea y se marcha. En la década de 1990, Sue Carter, Thomas Insel y Larry Young vincularon la diferencia con receptores cerebrales. Los topillos de las praderas tienen muchos más receptores de oxitocina en el núcleo accumbens y de vasopresina en el pálido ventral, ambos parte del sistema de recompensa. En 2004, el equipo de Young en la Universidad Emory añadió con un virus receptores de vasopresina al pálido ventral de machos de otra especie promiscua, y estos empezaron a preferir a una sola pareja.

La oxitocina es una molécula antigua, una breve cadena de nueve aminoácidos. La fabrica el hipotálamo y la libera la neurohipófisis, y Henry Dale descubrió en Londres en 1906 que contraía el útero. Vincent du Vigneaud la sintetizó en 1953, lo que le valió un Nobel. Sus primeras tareas fueron el parto y la subida de la leche; la evolución parece haber tomado prestada esa señal para atar a la madre con su cría, y en algunas especies a un miembro de la pareja con el otro, haciendo que ese individuo concreto resulte especialmente gratificante.

El apego empieza en la infancia. En 1958, Harry Harlow, de la Universidad de Wisconsin, crió a monos rhesus bebés con dos madres de imitación: una de alambre con un biberón y otra de tela suave sin leche. Las crías comían en la de alambre y pasaban casi todo el tiempo abrazadas a la de tela, un golpe a la idea de que el bebé quiere a quien lo alimenta. John Bowlby en Londres y Mary Ainsworth, que observó a madres y bebés en Uganda y Baltimore, convirtieron el hallazgo en la teoría del apego. Los niños de los orfanatos rumanos de la época de Ceaușescu, estudiados tras 1989, mostraron lo profunda que es esa necesidad: los que pasaron a familias de acogida antes de los dos años, más o menos, se recuperaron notablemente mejor.

¿Sabías que cuando Helen Fisher, Arthur Aron y Lucy Brown escanearon en 2005 a personas intensamente enamoradas, la foto del ser amado activó el área tegmental ventral y el núcleo caudado, los mismos circuitos dopaminérgicos que excita la cocaína?

La divulgación llama a la oxitocina «hormona de los mimos», lo que la exagera. Un estudio de Zúrich de 2005 sugirió que un espray nasal hacía a la gente más confiada con el dinero, pero intentos posteriores a menudo no lograron repetirlo, y puede que el espray apenas llegue al cerebro. La oxitocina también refuerza la lealtad al propio grupo y el recelo ante los de fuera, como informó Carsten De Dreu en Ámsterdam en 2010. Agudiza la atención a las señales sociales más que repartir buena voluntad.

Una vez formados, los vínculos actúan sobre el cuerpo. Coger de la mano a la pareja redujo las respuestas cerebrales ante una amenaza en un estudio dirigido por James Coan en 2006, y la soledad se asocia a peor sueño y peor salud. El amor no es una sola sustancia, sino un circuito entrenado por el tacto, el tiempo y la recompensa, que se mantiene cuidándolo.

El reparto de un vínculo: hormonas, recompensa y cerebro social El vínculo director · pareja, padre, amigo El bucle contacto, oxitocina, recompensa: busca de nuevo a esa persona El amor no es una sustancia, sino un circuito entrenado por el tacto y el tiempo. Oxitocina Hipotálamo produce oxitocina 9 aminoácidos Hipófisis a la sangre parto, leche 1 Vasopresina Pálido receptores V1a vínculo del macho Topillo pareja de por vida Young, 2004 2 Recompensa ATV núcleo dopamina amor nuevo, 2005 Accumbens receptores de OT recompensa: pareja 3 Cerebro social Amígdala lee caras sesgo endogrupal Ínsula + CPF tacto, sentir darse la mano 4 Apego Madre de trapo Harlow, 1958 consuelo > leche Acogida antes de ~2 años estudio de Rumanía 5
Fig. 53 · El amor y el apego. El reparto de un vínculo: hormonas, circuitos de recompensa y cerebro social.
Capítulo 54 · Parte VI

La empatía

Ves a alguien pillarse un dedo con la puerta del coche y haces una mueca. Ese respingo es el comienzo de la empatía, una palabra que el inglés no acuñó hasta 1909, a partir del alemán Einfühlung, «sentir dentro». Los neurocientíficos la dividen hoy en tres habilidades que se solapan: compartir lo que siente otro, entender lo que piensa y preocuparse lo bastante para ayudar. Cada una se apoya en circuitos distintos y cada una puede fallar por separado.

La parte de compartir se captó en un escáner en 2004. Tania Singer y sus colegas del University College de Londres escanearon a mujeres mientras ellas, o sus parejas sentadas al lado, recibían leves descargas en la mano. Cuando sufría la pareja, se activaban la ínsula anterior y la corteza cingulada anterior de la mujer, regiones que también respondían a su propio dolor. Las zonas que registran dónde y con qué fuerza se toca el cuerpo permanecían en calma. Compartimos lo desagradable del dolor ajeno, no la sensación.

Leer mentes es otra habilidad, la teoría de la mente. En 1983, Heinz Wimmer y Josef Perner mostraron en Salzburgo que la mayoría de los niños menores de cuatro años no entienden que otra persona pueda tener una creencia falsa. Simon Baron-Cohen, Alan Leslie y Uta Frith, en Londres, lo convirtieron en 1985 en la prueba de Sally y Anne: Sally esconde una canica en una cesta, Anne la cambia a una caja mientras Sally no está, y se pregunta al niño dónde buscará Sally. La neuroimagen, sobre todo la de Rebecca Saxe en el MIT, vincula este razonamiento a la unión temporoparietal, detrás y encima de la oreja.

¿Sabías que en un estudio realizado en Chicago en 2011 unas ratas aprendieron a abrir una puertecita para liberar a una compañera atrapada, incluso con un montón de trocitos de chocolate al lado, y a menudo compartían luego el chocolate?

La empatía tiene límites, y no son halagüeños. En un estudio del equipo de Singer de 2006, la respuesta de dolor compartido de los hombres menguaba, y se activaban zonas de recompensa, al ver recibir una descarga a alguien que les había hecho trampas en un juego. Damos con generosidad a un solo niño con nombre y mucho menos a miles de víctimas anónimas: cuando la pequeña Jessica McClure cayó a un pozo en Texas en 1987, llovieron los donativos. El psicólogo Paul Bloom compara la empatía con un foco, intenso pero estrecho y sesgado hacia lo familiar. Las personas con psicopatía pueden leer bien las mentes, pero su amígdala responde poco al sufrimiento ajeno.

Preocuparse, en cambio, se puede entrenar. Singer y Olga Klimecki comprobaron que entrenar a la gente solo para sentir el sufrimiento ajeno aumentaba su propia angustia, mientras que el entrenamiento en compasión, que cultiva la calidez y el interés por el otro, aumentaba las emociones positivas y la ayuda. Enfermeras, médicos y cuidadores se queman con lo primero y sacan fuerzas de lo segundo. Sentir con alguien es un reflejo; actuar con bondad por él es una habilidad.

La empatía son tres habilidades, no una compartir un sentir · leer una mente · importarte lo bastante para actuar palabra de 1909, del alemán Einfühlung · ratas liberan a una amiga, 2011 Sentir con alguien es un reflejo; ayudarle es una habilidad. Compartir ínsula + CCA Singer, 2004 1 Entender teoría de la mente UTP · Sally–Anne 2 Cuidar compasión · entrenable Empatía 3 Límites un foco estrecho Tramposos Singer, 2006 Multitudes 1 niño > muchos Psicopatía lee, en frío 4
Fig. 54 · La empatía. Tres habilidades que se solapan: compartir un sentimiento, leer una mente e importarnos.
Capítulo 55 · Parte VI

Tomar decisiones

A un empresario conocido como Elliot le extirparon un tumor situado justo encima de las órbitas. Después obtenía resultados normales en pruebas de inteligencia y memoria, y aun así su vida se vino abajo. Podía pasar una tarde decidiendo cómo ordenar documentos, perdió el empleo y los ahorros y, cuando se le pidió elegir entre dos fechas para una cita, sopesó cada una durante media hora. Su neurólogo, Antonio Damasio, en Iowa, observó que Elliot describía sus desgracias sin la menor emoción. La lesión estaba en la corteza prefrontal ventromedial, una región que une el conocimiento con el sentimiento.

El equipo de Damasio ideó un juego para captar el problema. En la tarea de juego de Iowa, publicada por Antoine Bechara y sus colegas en 1994, los jugadores sacan cartas de cuatro mazos con dinero ficticio. Los mazos A y B dan grandes ganancias pero esconden pérdidas mayores; C y D pagan poco y quitan poco, de modo que a la larga ganan. Los jugadores sanos se desplazan hacia C y D en unas pocas decenas de cartas. En un estudio de 1997, sus palmas empezaban a sudar ligeramente, lo que mide la conductancia de la piel, antes de alcanzar un mazo arriesgado, y cambiaban de estrategia antes de poder explicar por qué. Los pacientes con lesión ventromedial no mostraban ese sudor de aviso y seguían eligiendo los mazos malos.

Damasio llamó a estas señales marcadores somáticos: sensaciones corporales que etiquetan las opciones como buenas o malas y podan la elección antes de que empiece el razonamiento. La idea tiene detractores, pero el núcleo del hallazgo se mantiene: la emoción no es enemiga del buen juicio, sino parte de su maquinaria. La corteza orbitofrontal lleva la cuenta de los valores, la prefrontal dorsolateral mantiene las opciones en mente y la cingulada anterior avisa de los conflictos.

¿Sabías que en un experimento clásico de 1981, Amos Tversky y Daniel Kahneman vieron que la mayoría prefería un plan que salvaba a 200 de 600 personas, pero rechazaba ese mismo plan descrito como dejar morir a 400?

Ese efecto de encuadre es uno de los sesgos sistemáticos que Kahneman y Tversky catalogaron desde Jerusalén en los años setenta. Su teoría prospectiva de 1979 mostró que las pérdidas pesan aproximadamente el doble que las ganancias equivalentes y que juzgamos los resultados respecto a un punto de referencia, no en términos absolutos. Kahneman recibió el Nobel de Economía en 2002, y su libro de 2011, Pensar rápido, pensar despacio, popularizó un sistema rápido e intuitivo y otro lento y esforzado. El mito de que las buenas decisiones son puramente racionales no da en el clavo: el sistema rápido suele acertar, pero es fácil de empujar.

La vida diaria pone a prueba esta maquinaria constantemente. Dormir poco lleva a correr más riesgos, y el estrés empuja hacia los hábitos. Las opciones por defecto, como la inscripción automática en un plan de pensiones, cambian enormemente la conducta porque la mayoría se queda con lo que viene marcado. Las buenas decisiones escuchan primero a la intuición y luego la contrastan con los números.

La tarea de juego de Iowa: cuatro mazos y una corazonada Bechara, Damasio y cols., Iowa · 1994 y 1997 · dinero ficticio El cuerpo detecta el mazo arriesgado antes de que la mente sepa la regla. A B Mazos malos A + B +100 por carta grandes pérdidas ocultas neto −250 / 10 cartas 1 C D Mazos buenos C + D +50 por carta pérdidas pequeñas neto +250 / 10 cartas 2 Conductancia cutánea jugador sano · Bechara 1997 A B A sudor antes de elegir 3 Lesión en CPFvm sin sudor de aviso · como Elliot sigue sacando de A + B 4
Fig. 55 · Tomar decisiones. La tarea de juego de Iowa: cuatro mazos, una corazonada del cuerpo y quienes no la tienen.
Capítulo 56 · Parte VI

Phineas Gage

La tarde del 13 de septiembre de 1848, cerca de Cavendish, en Vermont, un capataz ferroviario de 25 años llamado Phineas Gage preparaba una carga explosiva para la compañía Rutland and Burlington. Estaba apisonando pólvora en un agujero de la roca cuando el hierro hizo saltar una chispa y la carga estalló. La barra de apisonar, de 109 centímetros de largo, unos 3 de grosor y seis kilos de peso, le atravesó la mejilla izquierda, pasó por detrás del ojo izquierdo y salió por la parte superior del cráneo, para caer a unos 25 metros.

Gage perdió el conocimiento poco tiempo, si es que llegó a perderlo. Lo llevaron al pueblo en un carro de bueyes, se sentó en el porche de un hotel y, según el doctor Edward Williams, lo recibió con estas palabras: «Aquí tiene trabajo de sobra». El médico local, John Martyn Harlow, limpió la herida, combatió durante semanas una grave infección y para Año Nuevo lo había mandado a casa. Gage andaba, hablaba, recordaba y razonaba.

Sin embargo, algo había cambiado. En 1868 Harlow escribió que el capataz antes eficiente y apreciado se había vuelto caprichoso, grosero, reacio a cualquier freno e incapaz de cumplir sus planes, de modo que sus amigos decían que «ya no era Gage». La compañía no lo readmitió. Se exhibió con su barra por Nueva Inglaterra, quizá en el museo de Barnum en Nueva York, trabajó con caballos y luego pasó unos siete años conduciendo diligencias entre Valparaíso y Santiago, en Chile. Murió en San Francisco el 21 de mayo de 1860 tras una serie de crisis epilépticas. Harlow consiguió más tarde su cráneo y la barra, que hoy están en el Warren Anatomical Museum de Harvard.

¿Sabías que no se conocía ningún retrato de Gage hasta 2009, cuando dos coleccionistas, Jack y Beverly Wilgus, se dieron cuenta de que su daguerrotipo de un «ballenero con arpón» mostraba en realidad a un Gage tuerto sosteniendo con orgullo su barra?

Gage se convirtió en el caso fundacional de la idea de que los lóbulos frontales moldean la personalidad y el juicio social. En 1994, Hanna Damasio y sus colegas reconstruyeron a partir de su cráneo la trayectoria de la barra y concluyeron que había dañado la corteza prefrontal ventromedial de ambos lados. Un nuevo análisis de 2012, dirigido por John Darrell Van Horn en la UCLA, sugirió que el daño se limitó al lóbulo frontal izquierdo, aunque cortó muchas de sus largas conexiones de sustancia blanca.

La leyenda ha superado al hombre. El psicólogo australiano Malcolm Macmillan, que dedicó décadas a las fuentes, mostró que muchos manuales exageran el declive de Gage y le inventan borracheras y brutalidad que ningún testigo mencionó. Mantener un exigente trabajo de cochero en un país extranjero sugiere que se recuperó en buena medida, quizá ayudado por la estructura de ese oficio. Eso hace su historia más esperanzadora, no menos: incluso tras una terrible lesión frontal, la rutina, un propósito y el tiempo pueden ayudar a un cerebro a reconstruir una vida.

Phineas Gage: la barra, la herida y la vida después Cavendish, Vermont · ferrocarril Rutland-Burlington · 13 de septiembre de 1848 1830 1840 1850 1860 2000 2010 Nace, 1823 Nuevo Hampshire Accidente a los 25 años Los lóbulos frontales nos hacen quienes somos, y el cerebro puede rehacer una vida. La barra de atacar 109 cm · 3 ft 7 in 3,2 cm de grosor · 6 kg · cayó a ~25 m 1 lóbulo frontal izquierdo salida: coronilla entrada: mejilla izq. 2 «ya no es Gage» veredicto de sus amigos, informe de Harlow, 1868 Informe Harlow 1868 3 Diligencias en Chile 1852–59 Muere, SF 21 mayo 1860 4 H. Damasio 1994 Hallan foto 2009 Van Horn 2012 cráneo + barra: Harvard 5
Fig. 56 · Phineas Gage. Cavendish, Vermont, 1848: el recorrido de la barra y una vida que siguió doce años más.
Capítulo 57 · Parte VI

La atención

En cada momento tus sentidos entregan mucho más de lo que puedes usar: el zumbido de la nevera, la presión de la silla, las palabras de esta página. La atención es el proceso que escoge un poco y deja ir el resto. William James escribió en 1890 que todo el mundo sabe lo que es la atención: la toma de posesión por la mente de uno entre varios hilos de pensamiento posibles. Explicar cómo funciona ha llevado algo más de tiempo.

En 1953, el ingeniero británico Colin Cherry bautizó el efecto cóctel: cómo seguimos una voz en una sala ruidosa. Reproducía mensajes distintos en cada oído con auriculares y pedía repetir uno en voz alta. Los participantes apenas podían decir nada del otro, ni siquiera si pasaba al alemán o sonaba al revés. En 1958, Donald Broadbent propuso en Cambridge un filtro que bloquea pronto lo que no atendemos. Luego Neville Moray halló en 1959 que la gente a menudo detectaba su propio nombre en el oído ignorado, y Anne Treisman sugirió que el filtro solo baja el volumen de los canales ignorados en lugar de apagarlos.

La atención también se mueve por el espacio como un foco. En 1980, Michael Posner mostró que respondemos más deprisa a un objetivo que aparece donde una pista ha llevado la atención, incluso sin mover los ojos. En el cerebro, una red que une los campos oculares frontales con la corteza parietal dirige el haz a voluntad, mientras otra, centrada en la unión temporoparietal derecha, lo arrastra hacia las sorpresas. En 1985, Robert Desimone y Jeff Moran registraron en un mono neuronas del área visual V4 que respondían a una forma solo cuando el animal le prestaba atención.

¿Sabías que en 1978 Edoardo Bisiach y Claudio Luzzatti pidieron a pacientes de ictus en Milán que imaginaran la plaza del Duomo desde las escaleras de la catedral y solo describieron el lado derecho, y luego solo el otro al imaginarla desde el extremo opuesto?

Aquellos pacientes sufrían heminegligencia, por lo general tras una lesión del lóbulo parietal derecho, y pueden comer solo de la mitad derecha del plato. Las personas sanas tienen una versión más leve. En 1999, Daniel Simons y Christopher Chabris, de Harvard, pidieron a unos espectadores que contaran los pases de un breve vídeo de baloncesto; cerca de la mitad no vio a una persona disfrazada de gorila que cruzaba el juego golpeándose el pecho. Esta ceguera por falta de atención explica que los conductores no vean motoristas que estaban a la vista.

Dos ideas populares no superan la prueba. La multitarea consiste sobre todo en cambiar deprisa de una cosa a otra, y cada cambio cuesta tiempo y precisión: un estudio de 2006 de David Strayer en Utah halló a los conductores que hablaban por teléfono, incluso con manos libres, casi tan mermados como los conductores ebrios. Y la afirmación tan repetida de que la atención humana ha bajado a ocho segundos, menos que la de un pez de colores, no se apoya en ningún estudio real. La atención no es una duración fija, sino un recurso que se gasta; para ver más, basta con mirar menos cosas a la vez.

La atención: de la riada al hilo filtro, foco y lo que pasa sin ser visto La atención es un presupuesto: para ver más, mira menos cosas. Riada sensorial vista · oído · tacto · olfato ~ mucho más de lo procesable 1 Filtro Broadbent 1958 · Treisman Efecto cóctel Cherry 1953 nombre propio: Moray 1959 2 Foco Posner 1980 Dirección campos oculares frontales parietal + UTP derecha 3 Conciencia un hilo Gorila Simons + Chabris 1999 ~50 % no lo ve 4 Negligencia ictus parietal derecho · Milán 1978 Multitarea coste de cambio · móvil al volante mito del pez: ningún estudio prueba una atención de 8 s 5
Fig. 57 · La atención. Del torrente al hilillo: el filtro, el foco y lo que pasa inadvertido.
Capítulo 58 · Parte VI

La consciencia

Cada noche la pierdes y cada mañana vuelve. La consciencia, el hecho de que ser tú se sienta de algún modo desde dentro, es lo más familiar del mundo y lo más difícil de explicar. En 1974, el filósofo Thomas Nagel se preguntó qué se siente al ser un murciélago, y en 1994 y 1995 el filósofo australiano David Chalmers bautizó el problema difícil: incluso una explicación completa de lo que hacen las neuronas podría no aclarar por qué algo de ello se siente desde dentro.

Los científicos dividen la pregunta en dos. El nivel de consciencia va del coma a la plena alerta y depende de sistemas de activación del tronco encefálico, estudiados ya en 1949 por Giuseppe Moruzzi y Horace Magoun, que actúan sobre la corteza a través del tálamo. El contenido de la consciencia, aquello de lo que nos damos cuenta en un momento dado, es otro enigma. En los años setenta, Lawrence Weiskrantz estudió en Oxford a un paciente, D.B., que había perdido parte de la corteza visual. Insistía en que no veía nada en una parte de su campo visual, pero señalaba objetos allí mucho mejor que al azar. Esta visión ciega demostró que el cerebro procesa lo que la mente nunca ve.

En 1990, Francis Crick y Christof Koch animaron a sus colegas a buscar los correlatos neuronales de la consciencia, la actividad cerebral mínima que acompaña a cada experiencia. Hoy compiten dos grandes teorías. La del espacio de trabajo global, propuesta por Bernard Baars y desarrollada por Stanislas Dehaene en París, sostiene que un contenido se vuelve consciente cuando se difunde ampliamente por la corteza en una súbita «ignición». La teoría de la información integrada, de Giulio Tononi en Wisconsin, afirma que la consciencia es el grado en que las partes de un sistema funcionan como un todo inseparable. Una prueba cara a cara publicada en Nature en 2025 puso en duda predicciones clave de ambas.

¿Sabías que el cerebelo alberga cerca de cuatro quintas partes de las neuronas del encéfalo y, aun así, las personas nacidas sin él, como una mujer china descrita en 2014, son plenamente conscientes?

Medir la consciencia ha salvado vidas. En 2006, el equipo de Adrian Owen en Cambridge pidió a una joven diagnosticada en estado vegetativo tras un accidente de tráfico que imaginara que jugaba al tenis y luego que recorría su casa mientras estaba en el escáner. Su cerebro se activó con los mismos patrones nítidos que el de voluntarios sanos. En Milán, el equipo de Marcello Massimini estimula la corteza con un pulso magnético y mide la complejidad del eco: una puntuación alta indica que alguien está consciente, aunque sueñe o esté paralizado, y una baja corresponde al sueño profundo, la anestesia o el coma.

Estas herramientas importan junto a la cama del enfermo, donde algunos pacientes considerados ausentes en realidad están presentes. La imagen popular de una consciencia alojada en un único lugar del cerebro, como la glándula pineal de Descartes, es errónea; parece depender de lo ampliamente que conversan las regiones. Cada noche, en el sueño profundo, esa conversación se apaga, y cada mañana vuelve, quizá la mirada más cercana al misterio que podamos tener.

Los dos diales de la conciencia: vigilia y consciencia según Laureys, 2005 · nivel: tronco + tálamo; contenido: corteza vigilia (activación) consciente nula baja La conciencia es una conversación entre regiones, no un lugar. Despierto contenido pleno 1 Coma lesión, sin activación Anestesia general reversible Sueño profundo ondas lentas 2 Estado vegetativo ojos abiertos, sin señal Mínima conciencia destellos de respuesta 1 paciente imaginó tenis, 2006 3 Sueño REM aún consciente 4 Zap y zip pulso magnético + eco EEG eco complejo: consciente eco simple: no Massimini, Milán 5
Fig. 58 · La consciencia. Vigilia y percepción consciente: dónde quedan el coma, la anestesia y el sueño REM.
Capítulo 59 · Parte VI

El sentido del yo

Siéntate a una mesa con la mano izquierda oculta tras una pantalla. Delante tienes una mano izquierda de goma. Alguien acaricia ambas manos con pinceles exactamente al mismo tiempo y, en uno o dos minutos, a la mayoría de la gente la mano de goma empieza a parecerle propia. Es la ilusión de la mano de goma, publicada por Matthew Botvinick y Jonathan Cohen en Pittsburgh en 1998, y muestra que la sensación de poseer un cuerpo no viene dada, sino que se infiere sin cesar.

Cuando se les pide señalar la mano oculta con los ojos cerrados, apuntan hacia la de goma, un desplazamiento llamado deriva propioceptiva. Si se amenaza la mano falsa con un martillo o una aguja, su conductancia de la piel se dispara. Henrik Ehrsson, del Instituto Karolinska de Estocolmo, halló en 2004 que la ilusión sigue la actividad de la corteza premotora, donde se combinan la vista, el tacto y la posición de los miembros. El cerebro se queda con la historia más plausible: si veo acariciar una mano justo cuando siento la caricia, esa mano debe de ser mía.

La misma lógica puede mover el yo entero. En 2002, Olaf Blanke y sus colegas estimularon en Ginebra el giro angular derecho de una mujer con epilepsia, que dijo verse desde arriba, tumbada en la cama. El laboratorio de Ehrsson usó después cámaras y gafas de realidad virtual para que la gente sintiera que estaba de pie detrás de su propio cuerpo y, en 2008, que intercambiaba el cuerpo con un maniquí. Una lesión también puede romper la pertenencia: tras algunos ictus del hemisferio derecho, los pacientes insisten en que su brazo paralizado es de otra persona, la somatoparafrenia.

¿Sabías que en 1880 el neurólogo parisino Jules Cotard describió a una mujer convencida de no tener cerebro, nervios ni entrañas y de no poder morir, un delirio que hoy lleva su nombre?

Por encima del cuerpo está el narrador, la voz que explica lo que hacemos. Trabajando desde los años sesenta con pacientes de cerebro dividido, Michael Gazzaniga mostró al hemisferio izquierdo de un paciente una pata de gallina y al derecho una escena nevada. La mano izquierda, guiada por el hemisferio derecho, eligió una pala. Al preguntarle por qué, el hemisferio izquierdo, el que habla y nada sabía de la nieve, explicó al instante que hace falta una pala para limpiar el gallinero. Gazzaniga llamó a este sistema el intérprete: hila relatos verosímiles y se los cree.

Los espejos abren otra ventana. Gordon Gallup mostró en 1970 que los chimpancés usan un espejo para examinar una marca en la frente, y los niños pequeños superan pruebas parecidas hacia los 18 o 24 meses. La imagen popular de un pequeño yo sentado en la cabeza mirando una pantalla no sobrevive a estas pruebas: el yo se ensambla momento a momento a partir de señales del cuerpo, memoria y relato. Inquieta, pero es útil, porque las prótesis que se sienten propias y las terapias del dolor fantasma dependen de la disposición del cerebro a adoptar una pieza nueva.

La ilusión de la mano de goma: un miembro prestado en dos minutos Botvinick + Cohen, Pittsburgh, Nature 1998 El yo no es un vigía en la cabeza; es una conjetura que el cerebro actualiza. Mano izquierda real oculta tras una pantalla 1 pantalla Mano de goma a plena vista 2 Pinceles sincronizados a la vez, en ambas manos 3 Deriva propioceptiva la mano sentida va a la falsa 4 Prueba de amenaza martillo a la falsa conductancia cutánea 5
Fig. 59 · El sentido del yo. La mano de goma: mano oculta, mano falsa, dos pinceles y un miembro prestado.
Capítulo 60 · Parte VI

El libre albedrío

Dobla la muñeca cuando te apetezca. Eso es todo lo que Benjamin Libet pedía a sus voluntarios en su laboratorio de San Francisco, en un estudio publicado en 1983. Unos electrodos en el cuero cabelludo registraban el potencial de preparación, una lenta subida de actividad sobre las áreas motoras descrita en 1965 por Hans Kornhuber y Lüder Deecke en Friburgo de Brisgovia. Los voluntarios miraban un punto que recorría la esfera de un reloj cada 2,56 segundos e indicaban dónde estaba cuando sintieron por primera vez el impulso de moverse.

El resultado se discute desde entonces. En los movimientos espontáneos, el potencial empezaba unos 550 milisegundos antes de que se moviera la muñeca, pero el impulso declarado llegaba solo unos 200 milisegundos antes. El cerebro parecía empezar a prepararse alrededor de un tercio de segundo antes de que la persona sintiera haber decidido. El propio Libet no concluyó que el libre albedrío fuera una ilusión. Sostenía que la consciencia conserva un veto, una última fracción de segundo en la que puede detenerse un movimiento ya iniciado.

Estudios posteriores agudizaron el desafío. En 2008, John-Dylan Haynes y sus colegas predijeron en Berlín, a partir de escáneres cerebrales, si alguien pulsaría un botón con la mano izquierda o la derecha hasta unos siete segundos antes de que lo supiera, aunque con solo un 60 por ciento de acierto aproximadamente. En 2011, el equipo de Itzhak Fried en la UCLA registró neuronas individuales en pacientes con epilepsia y predijo la decisión de moverse unos 700 milisegundos antes. Muchos titulares declararon muerto el libre albedrío.

¿Sabías que en un nuevo análisis de 2012 Aaron Schurger, Jacobo Sitt y Stanislas Dehaene mostraron que un potencial de preparación puede surgir simplemente de ruido neuronal aleatorio que deriva hacia un umbral, sin ninguna decisión detrás?

Ese análisis es el corazón de la respuesta moderna. Si las fluctuaciones de fondo empujan el momento de un gesto de muñeca sin importancia, la señal temprana refleja cuándo, no si, y menos aún por qué. La tarea de Libet era además extraña: una elección sin nada en juego, cronometrada con un reloj y basada en una sensación de impulso difícil de precisar. En 2019, un equipo dirigido por Uri Maoz encontró el potencial de preparación en elecciones arbitrarias, pero no en decisiones meditadas sobre donativos reales a organizaciones benéficas.

Los filósofos siguen divididos. Unos sostienen, con Daniel Dennett, que el libre albedrío que merece la pena consiste en actuar según las propias razones, algo que un cerebro hace perfectamente. Otros, como Sam Harris, lo consideran una ilusión. El derecho ya convive con la pregunta: después de que Charles Whitman disparara contra la gente desde una torre de Austin, Texas, en 1966, la autopsia reveló un tumor cerebral, y los expertos aún discuten cuánto influyó. La idea popular de que la neurociencia ha demostrado que no elegimos va más allá de los datos. Los experimentos muestran que las decisiones las toman los cerebros, en parte antes de que nos demos cuenta, y que las elecciones lentas y razonadas que dan forma a una vida son aquellas en las que más voz tenemos.

El reloj de Libet: el cerebro se prepara antes de sentir el impulso Libet y cols., San Francisco, Brain 1983 · flexión espontánea de muñeca -1000 -800 -600 -400 -200 0 +200 milisegundos Reloj de Libet 2,56 s por vuelta Los cerebros eligen, en parte antes de que lo notemos. Potencial de preparación empieza ~550 ms antes EEG sobre áreas motoras 1 W: se siente el impulso ~200 ms antes 2 ¿veto? 3 Movimiento EMG: 0 ms 4 ¿Ruido hasta el umbral? Schurger, Sitt + Dehaene 2012 umbral Las decisiones reales difieren Maoz 2019: sin PP en donaciones Haynes 2008: ~60 % a -7 s Fried 2011: neuronas, ~700 ms los filósofos siguen divididos 5
Fig. 60 · El libre albedrío. La cronología de Libet, 1983: el potencial de preparación sube antes de sentir el impulso.
Parte VII

Lenguaje y pensamiento

Palabras, números, música y la maquinaria del pensamiento.

Capítulo 61 · Parte VII

Broca y Wernicke

En abril de 1861, un hombre de 51 años llamado Louis Victor Leborgne fue trasladado a la sala de cirugía del hospital de Bicêtre, a las afueras de París. Había perdido el habla unos veinte años antes y solo podía pronunciar una sílaba, «tan», casi siempre repetida dos veces, por lo que el personal lo llamaba Tan. Entendía las preguntas, respondía con gestos y se enfadaba cuando no lo comprendían. Murió pocos días después de que lo examinara el cirujano Paul Broca. En la autopsia, Broca halló una zona dañada en el lado izquierdo del lóbulo frontal, en la parte posterior de la tercera circunvolución frontal.

Pocos meses después llegó un segundo paciente, Lazare Lelong, un obrero de 84 años con un vocabulario de cinco palabras, entre ellas «oui», «non» y una versión deformada de su propio nombre. Su lesión estaba casi en el mismo lugar. En 1865 Broca había reunido casos suficientes para una afirmación audaz: hablamos con el hemisferio izquierdo. Esa región, aproximadamente las áreas 44 y 45 de Brodmann, se llama hoy área de Broca, y su lesión deja un habla entrecortada y trabajosa, sin las pequeñas palabras gramaticales, mientras la comprensión se conserva bastante bien.

En 1874, un neurólogo alemán de 26 años, Carl Wernicke, que trabajaba en Breslau, describió el problema opuesto. Sus pacientes hablaban con fluidez, con ritmo y gramática normales, pero las palabras eran erróneas o inventadas, y no entendían lo que se les decía. La lesión estaba más atrás, en la parte superior del lóbulo temporal izquierdo, junto a la corteza auditiva. Wernicke dibujó un esquema de conexiones: las imágenes sonoras de las palabras atrás, los planes motores delante y, entre ambos, un haz de fibras, el fascículo arqueado. Predijo que su sección produciría a alguien capaz de entender y hablar, pero no de repetir una frase. Esa afasia de conducción se encontró después.

¿Sabías que el cerebro de Leborgne aún se conserva en París y que en 2007 se estudió con resonancia magnética, casi 150 años después de que Broca lo sostuviera por primera vez?

Aquel estudio, de Nina Dronkers y sus colegas, reveló que la lesión de Tan llegaba mucho más hondo que la zona superficial que describió Broca. En la década de 1960, el neurólogo estadounidense Norman Geschwind recuperó el esquema de Wernicke, que se convirtió en el modelo de los manuales. La neuroimagen moderna lo ha complicado: el lenguaje depende de dos grandes vías, una que vincula sonidos y significado a lo largo del lóbulo temporal y otra que vincula sonidos y movimientos del habla a través de la corteza parietal y frontal. Las personas sordas signantes con ictus en el hemisferio izquierdo, estudiadas por Ursula Bellugi en el Instituto Salk en los años ochenta, pierden la lengua de signos con los mismos patrones: estas áreas sirven al lenguaje, no solo al oído y la boca.

Para los cientos de miles de personas que cada año sufren afasia tras un ictus, estos mapas siguen guiando el diagnóstico y la logopedia. Dos pacientes parisinos, uno de los cuales solo sabía decir «tan», fundaron la ciencia de dónde viven las palabras.

Dónde viven las palabras: el mapa clásico del lenguaje hemisferio izquierdo, vista lateral · Broca, París 1861 · Wernicke, Breslavia 1874 cerebelo Frontal Parietal Temporal franja motora ← delante cisura de Silvio audición Dos cerebros dañados en París iniciaron la ciencia de dónde viven las palabras. 44/45 Área de Broca lóbulo frontal izq. habla lenta, entrecortada 1 AB 22 Área de Wernicke lóbulo temporal izq. habla fluida, vacía 2 Fascículo arqueado haz de fibras, de atrás adelante si se corta: no repite 3 Leborgne, «Tan» Bicêtre, París · 1861 solo decía «tan, tan» mudo ~21 años Lazare Lelong 84 años · cinco palabras «oui», «non», «lelo» 4 ventral Visión actual ventral: sonido → significado dorsal: sonido → habla signantes: mismas áreas RM del cerebro de Tan, 2007 5
Fig. 61 · Broca y Wernicke. El mapa clásico del lenguaje: área de Broca, área de Wernicke y fascículo arqueado.
Capítulo 62 · Parte VII

El cerebro lector

La escritura tiene unos 5.000 años: apareció en Mesopotamia y Egipto poco antes del 3000 a. C., y la alfabetización masiva es mucho más reciente. Es demasiado poco tiempo para que la evolución construya un órgano de la lectura. Sin embargo, cualquier lector experto reconoce una palabra impresa en una fracción de segundo, sea cual sea su tamaño, tipografía o mayúsculas. El neurocientífico francés Stanislas Dehaene lo llama reciclaje neuronal: la lectura toma prestados circuitos que evolucionaron para otra cosa y los adapta a una tarea nueva.

La primera pista llegó en 1892, cuando el neurólogo francés Joseph Jules Dejerine describió a un comerciante parisino, conocido en la literatura como el señor C, que un día despertó sin poder leer. Seguía escribiendo con soltura, pero no podía leer lo que acababa de escribir, y aún reconocía números y caras. A su muerte, Dejerine encontró una lesión en la parte posterior del hemisferio izquierdo que desconectaba el sistema visual de las áreas del lenguaje. Es la alexia pura, o alexia sin agrafia.

En 2000, Laurent Cohen y Dehaene, en París, localizaron el punto mediante neuroimagen. Una pequeña zona de la corteza occipitotemporal izquierda, en la cara inferior del cerebro, responde más a las palabras escritas que a caras, casas u objetos. La llamaron área de la forma visual de las palabras. Ocupa aproximadamente el mismo lugar en lectores de inglés, hebreo, chino y japonés, encajada entre las regiones de caras y objetos, esa detección fina de formas que nuestros antepasados primates usaban para identificar cosas.

¿Sabías que aprender a leer exige desaprender algo? El sistema visual trata una imagen y su reflejo como el mismo objeto, y por eso los niños pequeños escriben a menudo «b» en lugar de «d».

La lectura remodela literalmente la corteza. En un estudio de 2010, Dehaene y sus colegas escanearon a adultos de Portugal y Brasil que habían aprendido a leer en la infancia, de adultos o nunca. Cuanto más alfabetizada la persona, más respondía el área de las palabras a la letra impresa, y más se desplazaba la respuesta a las caras hacia el hemisferio derecho. Los ojos, por su parte, no recorren la línea con suavidad: dan saltos, llamados sacadas, de unas siete a nueve letras, con pausas de un cuarto de segundo.

Cuando este sistema falla, suele aparecer la dislexia, que afecta a uno de cada diez a veinte niños según la definición. No consiste en ver las letras al revés, un mito popular, sino sobre todo en la dificultad para asociar letras y sonidos. En 2001, Eraldo Paulesu y sus colegas mostraron que lectores disléxicos de Italia, Francia y Gran Bretaña compartían la misma menor actividad en el lóbulo temporal izquierdo, aunque la ortografía italiana es mucho más regular.

Los niños a quienes se les lee, se les enseña con claridad la relación entre letras y sonidos y se les da tiempo para practicar construyen antes este circuito. Un cerebro que aprendió a leer es un cerebro recableado por la cultura.

Del texto al significado: el circuito de la lectura reciclaje neuronal, según Dehaene · la escritura solo tiene ~5000 años Dehaene y cols. 2010: leer en Portugal + Brasil refuerza el área de las palabras Leer enseña a un antiguo detector de objetos a ver palabras. La escritura es demasiado joven para haber creado un órgano lector. sacada ≈ 7–9 letras · fijación ≈ 0,25 s Ojo fóvea: nítida solo ~2° de ancho 1 Corteza visual V1: bordes como un objeto 2 Área de palabras fusiforme izquierda Cohen + Dehaene 2000 RATA · rata · rAtA una palabra, otra letra 3 Sonidos letras → fonemas Significado lóbulo temporal 4 Alexia pura Monsieur C, de Dejerine · 1892 escribe, pero no puede releerlo la lesión separa visión y palabras ✕ corte en el área de las palabras ✕ Dislexia ~1 de cada 10–20 niños vínculo letra–sonido débil no es ver letras al revés Paulesu 2001: Italia, Francia, RU ✕ 5
Fig. 62 · El cerebro lector. Del ojo al significado: cómo la letra impresa llega al área de la forma visual.
Capítulo 63 · Parte VII

El sentido numérico

Basta mirar un plato con tres galletas para saber que hay tres sin contarlas. Con diecisiete solo tenemos una idea aproximada. Esa diferencia revela dos sistemas. El primero, bautizado como subitización por el psicólogo E. L. Kaufman y sus colegas en 1949, capta hasta unos cuatro elementos al instante y sin errores. El segundo, el sistema numérico aproximado, estima cantidades mayores, y su precisión depende de las proporciones más que de las diferencias, como predice la ley de Weber para el brillo o el peso.

Este sentido numérico es antiguo y compartido. En 1992, Karen Wynn mostró a bebés de cinco meses un muñeco y luego otro que se colocaba tras una pantalla. Cuando la pantalla caía y solo había uno, los bebés miraban más tiempo, como sorprendidos por una aritmética equivocada. En 2000, Fei Xu y Elizabeth Spelke vieron que bebés de seis meses distinguían 8 puntos de 16, pero no 8 de 12. Monos, cuervos, peces e incluso abejas discriminan cantidades, y en 2002 Andreas Nieder y Earl Miller registraron en monos neuronas sintonizadas con números concretos.

¿Sabías que Hans el Listo, un caballo que hacia 1904 asombraba al público de Berlín dando golpes con el casco para resolver sumas, no sabía contar? Oskar Pfungst demostró que leía diminutas señales involuntarias en la cara de quien le preguntaba.

En los humanos, la región clave es el surco intraparietal, que se activa siempre que comparamos o estimamos cantidades, ya sea con puntos, cifras o palabras. El lenguaje y la cultura añaden después el conteo exacto. Los mundurukú de la Amazonia brasileña, estudiados por Pierre Pica y Stanislas Dehaene en 2004, solo tienen palabras numéricas hasta cinco aproximadamente. Comparaban y sumaban grandes cantidades aproximadas tan bien como adultos franceses, pero tenían problemas con las cuentas exactas. La aritmética exacta más allá de los conjuntos pequeños parece necesitar símbolos.

Las lesiones muestran las piezas. En 1924, el neurólogo austriaco Josef Gerstmann describió pacientes con lesiones cerca del giro angular izquierdo que no podían calcular, nombrar sus dedos, distinguir izquierda y derecha ni escribir. Dedos y números están unidos desde la infancia, de ahí tantos sistemas de base diez. La discalculia, una dificultad duradera y específica con los números, afecta a entre un tres y un siete por ciento de los niños, tantos como la dislexia, aunque recibe mucha menos atención.

Una intuición sin palabras de la cantidad es el cimiento sobre el que se construyen las matemáticas escolares. Los juegos numéricos, los juegos de mesa con fichas y contar con los dedos refuerzan el puente entre símbolos y cantidades. El cerebro contaba mucho antes de que alguien escribiera la primera cifra.

Dos sistemas numéricos: ver conjuntos pequeños, estimar grandes subitización (Kaufman 1949) · sistema numérico aproximado (ley de Weber) Bebés, cuervos y abejas captan cantidades; las sumas exactas exigen símbolos. 1 2 3 4 Subitización 1–4 objetos de un vistazo rápida, casi sin errores Kaufman y cols. 1 8 16 Estimar por proporción 8 frente a 16 (1:2): se distinguen 8 frente a 12 (2:3): aún no bebés de 6 meses · Xu + Spelke 2000 Wynn 1992: 1 + 1 = 1 sorprende a los bebés 2 Surco intraparietal compara cualquier cantidad neuronas numéricas, 2002 puntos · cifras · palabras 3 Símbolos encima Mundurukú, Amazonia números hasta ~5 Pica + Dehaene 2004 4 Discalculia ~3–7 % de los niños Gerstmann 1924: pierde el cálculo lesión del giro angular: dedos, izq.-der., escritura 5
Fig. 63 · El sentido numérico. Los conjuntos pequeños de un vistazo, los grandes por proporción: dos sistemas.
Capítulo 64 · Parte VII

La música y el cerebro

No existe un centro de la música en el cerebro. Una canción lo pone en marcha casi entero a la vez: la corteza auditiva para el tono y el timbre, las áreas motoras y los ganglios basales para el ritmo, el hipocampo para la memoria y los circuitos profundos de recompensa para el escalofrío que recorre la espalda. Es una de las razones por las que la música sobrevive de forma sorprendente al daño cerebral, y por las que se ha convertido en herramienta de investigación y de terapia.

La altura tonal se analiza en la corteza auditiva, en torno al giro de Heschl de cada lóbulo temporal, y el lado derecho es especialmente sensible a las diferencias finas. En músicos profesionales esta zona puede ser bastante mayor, como informaron Peter Schneider y sus colegas en Heidelberg en 2002. El ritmo recluta el sistema motor incluso cuando estamos sentados: el área motora suplementaria, el cerebelo y los ganglios basales predicen cuándo llegará el siguiente pulso. En 2009, Aniruddh Patel mostró que Snowball, una cacatúa galerita, ajustaba su cabeceo cuando se cambiaba el tempo de una canción de los Backstreet Boys.

El placer es química real. En 2001, Anne Blood y Robert Zatorre, del Instituto Neurológico de Montreal, escanearon a personas que escuchaban piezas que les ponían la piel de gallina y hallaron actividad en las mismas regiones de recompensa que responden a la comida y al sexo. Una década después, Valorie Salimpoor, Zatorre y sus colegas mostraron con PET que la dopamina se libera dos veces: en el núcleo caudado durante la subida, cuando el cerebro anticipa el clímax, y en el núcleo accumbens en el momento cumbre. La música juega con la predicción.

¿Sabías que alrededor de una persona de cada cien tiene amusia congénita, una incapacidad de por vida para distinguir melodías o notar una nota desafinada, pese a oír con normalidad?

Isabelle Peretz, en Montreal, lleva décadas estudiando la amusia. También ocurre lo contrario: el compositor ruso Vissarión Shebalín siguió componiendo, incluida una sinfonía, tras los ictus que en 1953 lo dejaron con una afasia grave. El oído absoluto es raro en Europa y Norteamérica, pero mucho más frecuente entre músicos que empezaron pronto y hablantes de lenguas tonales como el mandarín.

La música llega además a lugares que otras señales no alcanzan. Las personas con alzhéimer recuerdan a menudo las canciones de su juventud cuando ya han olvidado nombres y caras. Los ritmos ayudan a quienes tienen párkinson a caminar con más regularidad, y la terapia de entonación melódica usa el canto para recuperar palabras tras un ictus. Una canción favorita no es un lujo para el cerebro, sino un entrenamiento completo de oído, movimiento, memoria y recompensa.

Sin centro musical: el reparto que toca una canción Una canción director · toca todo el cerebro Cuando falla amusia ~1,5 % · Shebalin compuso tras su afasia, 1953 Una canción favorita es un entrenamiento completo para el cerebro. Tono Giro de Heschl corteza auditiva der.: tono fino Músicos giro mayor Schneider 2002 1 Ritmo AMS + GB medir el pulso más cerebelo Snowball cacatúa, 2009 sigue el ritmo 2 Memoria Hipocampo canción + episodio reminiscencia Demencia lo antiguo queda dañadas al final 3 Emoción Amígdala disonancia tensión, alarma Ínsula sensación corporal pulso, escalofrío 4 Recompensa Caudado la anticipación dopamina, 2011 Accumbens el clímax escalofríos 5
Fig. 64 · La música y el cerebro. No hay centro de la música: una canción recluta oído, ritmo, memoria y recompensa.
Capítulo 65 · Parte VII

El cerebro bilingüe

Según muchas estimaciones, alrededor de la mitad de la población mundial usa dos o más lenguas a diario, de Bombay a Montreal o Lagos. Durante buena parte del siglo XX, sin embargo, los psicólogos advertían de que el bilingüismo confundía a los niños y reducía su inteligencia. En 1962, Elizabeth Peal y Wallace Lambert, en Montreal, dieron la vuelta a esa idea: al comparar niños de diez años bilingües en francés e inglés con monolingües del mismo nivel social, comprobaron que los bilingües puntuaban igual o mejor. Los estudios anteriores habían comparado sobre todo a niños inmigrantes pobres con nativos más acomodados.

¿Cómo caben dos lenguas en una cabeza? En 1997, Karl Kim, Joy Hirsch y sus colegas, en Nueva York, pidieron a bilingües que describieran mentalmente su día en cada lengua dentro de un escáner. En quienes habían aprendido ambas lenguas en la primera infancia, las dos activaban tejido superpuesto en el área de Broca. En quienes aprendieron la segunda más tarde, las activaciones quedaban una junto a otra, a pocos milímetros. En el área de Wernicke ambos grupos mostraban superposición. El hallazgo se discute, y el dominio de la lengua importa tanto como la edad.

Las dos lenguas están siempre encendidas. Un bilingüe que lee en una lengua se ralentiza ante palabras que se parecen a las de la otra, así que el cerebro debe elegir una e inhibir la otra constantemente. De ello se encarga una red de control, que incluye la corteza cingulada anterior, la corteza prefrontal dorsolateral y el núcleo caudado izquierdo. En 2006, Jenny Crinion y sus colegas mostraron que el caudado seguía qué lengua se estaba usando en hablantes de alemán, inglés y japonés. Aprender otra lengua deja además huellas: en 2004, Andrea Mechelli halló sustancia gris más densa en la corteza parietal inferior izquierda de los bilingües.

¿Sabías que los recién nacidos cuyas madres hablaron inglés y tagalo durante el embarazo mostraban el mismo interés por ambas lenguas, mientras que los bebés de madres que solo hablaban inglés preferían el inglés?

Ellen Bialystok, en Toronto, sostuvo que este malabarismo constante afina el control ejecutivo, y un estudio de 2007 sugirió que los bilingües desarrollaban síntomas de demencia unos cuatro años más tarde. Un estudio de 2013 con más de 600 pacientes en Hyderabad halló un retraso similar. Pero la famosa ventaja bilingüe es hoy una de las polémicas más vivas de la psicología: grandes estudios realizados desde 2013, como los de Kenneth Paap, a menudo no encuentran beneficio alguno. Lo que está claro es que el bilingüismo no hace daño.

Un ictus puede revelar las capas. Algunos pacientes bilingües recuperan sus lenguas de forma desigual, y el neurólogo francés Albert Pitres observó en 1895 que la lengua más usada justo antes de la lesión suele volver primero. Para las familias, el mensaje es sencillo: criar a un niño con dos lenguas es seguro y le da dos mundos en lugar de un solo lío.

Dos lenguas, una cabeza según Kim, Relkin, Lee + Hirsch, Nature 1997 · habla silenciosa en escáner Dos lenguas comparten tejido; una red de control las mantiene separadas. Bilingües tempranos ambas lenguas desde la cuna Área de Broca frontal Área de Wernicke temporal Bilingües tardíos segunda lengua aprendida después Área de Broca frontal Área de Wernicke temporal L1 = lengua materna · L2 = segunda L1 L2 solapadas 1 L1 L2 contiguas 2 compartida compartida 3 Red de control elige una lengua, suprime la otra CCA conflicto CPFDL meta: hablar L2 Caudado izquierdo Crinion 2006 4 A favor de una ventaja Bialystok 2007: demencia ~4 años después Hyderabad 2013: más de 600 pacientes En contra Paap y otros, desde 2013 a menudo sin ventaja general vs. 5
Fig. 65 · El cerebro bilingüe. Bilingües tempranos y tardíos: áreas compartidas y una red de control que alterna.
Capítulo 66 · Parte VII

La inteligencia

En 1904, el psicólogo inglés Charles Spearman notó algo curioso en las notas escolares. Los alumnos que destacaban en latín solían destacar también en matemáticas, en música e incluso al juzgar la altura de un sonido. Propuso un único factor subyacente, al que llamó g, de inteligencia general. Más de un siglo de pruebas ha confirmado el patrón: las puntuaciones en tareas mentales muy distintas se correlacionan de forma positiva.

Los tests nacieron de un problema práctico. En 1905, Alfred Binet y Théodore Simon diseñaron en París tareas para detectar a los niños que necesitaban ayuda adicional en la escuela. En 1912, el psicólogo alemán William Stern propuso dividir la edad mental entre la edad real, el cociente intelectual, y en 1916 Lewis Terman, en Stanford, lo multiplicó por 100. Los tests modernos, como los que David Wechsler introdujo en 1939, comparan a cada persona con las de su edad, con una media de 100. La historia tiene capítulos oscuros: en Estados Unidos, los primeros tests se usaron para justificar límites a la inmigración y esterilizaciones forzosas.

¿Qué predicen los tests? Estadísticamente, bastante: el CI se correlaciona con los resultados escolares, el rendimiento laboral e incluso la salud y la longevidad, aunque cuentan muchas otras cosas. La heredabilidad pasa de alrededor del 20 % en la infancia temprana a quizá un 60 % o más en la edad adulta. Pero el entorno muestra su fuerza en el efecto Flynn: las puntuaciones medias subieron unos tres puntos por década durante buena parte del siglo XX, como documentó el investigador neozelandés James Flynn en los años ochenta, demasiado deprisa para los genes.

¿Sabías que el cerebro de Albert Einstein, extraído en 1955 por el patólogo Thomas Harvey, pesaba unos 1.230 gramos, algo menos que la media para un hombre de su edad?

La base cerebral es una red, no un punto. En 2007, Rex Jung y Richard Haier propusieron la teoría de la integración parietofrontal: la inteligencia se apoya en regiones de los lóbulos frontales y parietales y en la sustancia blanca que las une. Los pacientes con lesiones en esas regiones, estudiados por Jan Gläscher en Iowa, pierden puntos en g. El tamaño del cerebro solo se relaciona modestamente con las puntuaciones.

Las ideas populares estiran la ciencia. La teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner, de 1983, encanta en las escuelas, pero tiene poco respaldo en los datos. Los juegos de entrenamiento cerebral mejoran el rendimiento en los propios juegos, no la inteligencia general. Lo que ayuda de verdad es la educación: cada año adicional de escolarización parece sumar unos cuantos puntos de CI. La inteligencia es real y medible, pero no está fijada al nacer y nunca es toda una mente.

Medir mentes: un siglo de tests de inteligencia de un factor general a una red frontoparietal Cerebro de Einstein, 1955: ~1230 g, algo bajo la media · el vínculo tamaño–CI es modesto La inteligencia se puede medir, pero nunca queda fijada al nacer. 1904 Spearman el factor g notas covarían 1 1905 Binet + Simon primer test escuelas de París 1912 Stern acuña el CI edad mental 1916 Terman Stanford-Binet × 100 1939 Wechsler baremo por edad media = 100 2 1917 Tests militares 1,7 M de reclutas ley de inmigración 1927 Buck contra Bell esterilización Tribunal Supremo 3 1984 Flynn +3 pts por década no genético 4 2007 Jung + Haier red P-FIT delante + detrás 5
Fig. 66 · La inteligencia. Del factor g de Spearman a la red parietofrontal: un siglo midiendo mentes.
Capítulo 67 · Parte VII

La creatividad

Pida a alguien que enumere en dos minutos todos los usos posibles de un ladrillo y obtendrá una medida rápida del pensamiento divergente: la capacidad de producir ideas numerosas, variadas e insólitas. El psicólogo estadounidense J. P. Guilford puso la creatividad en la agenda de la investigación con un célebre discurso ante la Asociación Estadounidense de Psicología en 1950. Casi todo trabajo creativo exige además pensamiento convergente, que estrecha el abanico hasta la idea que de verdad funciona.

El relato más conocido de cómo llegan las ideas es anterior. En 1926, el psicólogo social inglés Graham Wallas describió en The Art of Thought cuatro etapas: preparación, trabajo consciente y duro; incubación, cuando se aparta el problema; iluminación, el destello repentino; y verificación. Se inspiró en el matemático francés Henri Poincaré, quien contó que la solución de un problema sobre ciertas funciones le llegó al subir a un ómnibus, tras días de esfuerzo inútil.

La neurociencia ha sorprendido el destello en plena acción. En 2004, Mark Jung-Beeman, John Kounios y sus colegas plantearon acertijos de palabras: encontrar la palabra que une pine, crab y sauce. Justo antes de las soluciones por intuición, el EEG registraba una ráfaga de actividad gamma sobre el lóbulo temporal anterior derecho, alrededor de un tercio de segundo antes de que la respuesta llegara a la conciencia. Un instante antes aumentaban las ondas alfa en la parte posterior del hemisferio derecho, como si el cerebro cerrara un momento los ojos para oír una señal interior débil. La respuesta, por cierto, es apple, manzana.

¿Sabías que en un estudio realizado en Lübeck en 2004, quienes durmieron tras practicar una tarea numérica tuvieron más del doble de probabilidades de descubrir su atajo oculto que quienes permanecieron despiertos?

Ese experimento de Ullrich Wagner, Jan Born y sus colegas da un mecanismo a la incubación: el sueño reorganiza los recuerdos y deja que se formen conexiones sueltas. En 2018, Roger Beaty y sus colegas hallaron que las personas más originales tenían conexiones más fuertes entre la red neuronal por defecto, que genera pensamientos espontáneos, la red de control ejecutivo, que los evalúa, y la red de prominencia, que alterna entre ambas.

Esto socava un mito tenaz: la creatividad no es un don del hemisferio derecho reservado a unos pocos. Recurre a ambos hemisferios y a la memoria, el conocimiento y la atención corrientes. Los destellos famosos, como Arquímedes en el baño o August Kekulé soñando con una serpiente que se muerde la cola, sirven más como leyendas que como pruebas, y los historiadores debaten el relato de Kekulé. La lección práctica de Wallas sigue en pie: trabaje a fondo en el problema y luego camine, dúchese o consúltelo con la almohada, con una libreta a mano.

Cuatro fases de la intuición y la señal «¡ajá!» del cerebro Graham Wallas, The Art of Thought, 1926 · EEG según Jung-Beeman + Kounios 2004 Wallas, 1926 el ciclo de la intuición La intuición favorece a la mente preparada que ha dejado de mirar fijamente. Preparación trabajo duro y fracaso 1 Incubación dejarlo a un lado dormir ayuda 2 Iluminación ¡ajá! ¿cangrejo, pino? EEG antes de una intuición acertijo → «manzana» alfa, occipital der. gamma, temporal der. ajá −0,3 s 3 Verificación ¿funciona? convergente 4 Tres redes Beaty y cols. 2018 RND RCE saliencia generar · juzgar · alternar 5
Fig. 67 · La creatividad. Las cuatro etapas de la intuición de Wallas y la señal cerebral justo antes del eureka.
Capítulo 68 · Parte VII

La red neuronal por defecto

Durante buena parte del siglo XX, los neurocientíficos consideraron inactivo al cerebro en reposo. Se restaba la imagen tomada en reposo de la tomada durante una tarea y se estudiaba la diferencia. Pero en 1997 Gordon Shulman y sus colegas, al reunir estudios de PET en la Universidad Washington de San Luis, observaron algo extraño: un conjunto constante de regiones se volvía menos activo en cuanto la gente empezaba casi cualquier tarea concentrada. En 2001, Marcus Raichle y sus colegas lo llamaron modo por defecto de la función cerebral.

La red neuronal por defecto enlaza unos pocos nodos: la corteza prefrontal medial delante, la corteza cingulada posterior y el precúneo en el centro, el giro angular a cada lado y partes del lóbulo temporal medial, incluido el hipocampo. Se activa cuando la atención se vuelve hacia dentro: al soñar despiertos, recordar el pasado, imaginar el futuro, pensar en uno mismo y deducir qué piensan los demás. En 2003, Michael Greicius mostró en Stanford que estas regiones suben y bajan juntas incluso en reposo, y en 2005 Michael Fox comprobó que se elevan cuando bajan las redes de atención, como niños en un balancín.

El cerebro en reposo nunca estuvo ocioso. Consume alrededor del 20 % de la energía del cuerpo con solo un 2 % de su peso, y una tarea exigente apenas aumenta ese gasto unos pocos puntos. El psiquiatra alemán Hans Berger, que registró el primer EEG humano en 1929, ya lo sospechaba.

¿Sabías que un estudio de 2010 con teléfonos inteligentes y 2.250 personas halló que su mente divagaba en cerca del 47 % de los momentos muestreados, y que entonces se sentían menos felices?

Ese estudio de Matthew Killingsworth y Daniel Gilbert, en Harvard, puso cifra a algo que todos conocemos. La divagación mental tiene costes: errores en el trabajo, leer tres veces el mismo párrafo y, en la depresión, una tendencia a rumiar vinculada a una actividad y unas conexiones alteradas en esta red. También tiene beneficios: ayuda a consolidar recuerdos, planificar, ensayar situaciones sociales e incubar ideas creativas.

La red importa asimismo en la enfermedad. Randy Buckner mostró en 2005 que las placas amiloides del alzhéimer se acumulan de preferencia en las regiones de esta red, quizá por su intensa actividad metabólica a lo largo de la vida. Los estudios con meditadores experimentados, y con psilocibina en contextos de investigación, describen una menor actividad de la red, que algunos relacionan con un aflojamiento temporal del sentido del yo, aunque estos hallazgos aún se están comprobando.

La lección práctica es el equilibrio. El trabajo concentrado apaga la red; el aburrimiento, los paseos y el tiempo libre la dejan funcionar. Soñar despierto no es tiempo perdido: es el cerebro haciendo otro trabajo.

La red neuronal por defecto: activa cuando paras vista medial del hemisferio derecho, frente a la izq. · nombrada por Raichle 2001 cuerpo calloso tálamo Nunca ociosa ≈2 % del peso, ≈20 % de la energía Shulman 1997 · Raichle 2001 Buckner 2005: amiloide aquí Soñar despierto no es tiempo perdido; es el cerebro haciendo otro trabajo. CPFm yo, valores otras mentes 1 CCP + precúneo nodo central 2 angular lateral Nodos de memoria hipocampo giro angular pasado + futuro 3 El balancín Fox y cols. 2005 tarea modo por defecto atención 4 Divagación mental 2250 personas · 2010 47% de los momentos · menos felices 5
Fig. 68 · La red neuronal por defecto. La red que se enciende cuando dejas de prestar atención y se apaga cuando empiezas.
Capítulo 69 · Parte VII

El autocontrol

A finales de los años sesenta y principios de los setenta, en la guardería Bing del campus de la Universidad de Stanford, el psicólogo Walter Mischel y sus colegas sentaban a niños de cuatro y cinco años ante una golosina, a menudo una nube o un pretzel, y una campanilla. El niño podía tocar la campanilla y comerse una golosina enseguida, o esperar a que volviera el investigador, hasta 15 o 20 minutos después, y recibir dos. Algunos comían al instante; otros se tapaban los ojos, cantaban, daban patadas a la mesa o convertían la nube en una imagen imaginaria, y aguantaban.

La prueba se hizo famosa por lo que vino después. Seguimientos publicados en 1988 y 1990 hallaron que los niños que habían esperado más eran valorados por sus padres como adolescentes más competentes y obtenían mejores notas en el SAT, el examen de acceso a la universidad estadounidense. En 2011, B. J. Casey escaneó a algunos participantes ya cuarentones y halló diferencias en la corteza frontal inferior y el estriado ventral. Un estudio mucho mayor de Dunedin, en Nueva Zelanda, que siguió a unos 1.000 niños desde el nacimiento, mostró que el autocontrol infantil predecía la salud, la riqueza y las condenas a los 32 años.

La neurociencia ve aquí un tira y afloja. El estriado ventral y sus señales de dopamina empujan hacia la recompensa inmediata. La corteza prefrontal, sobre todo sus regiones laterales, mantiene el objetivo y puede imponerse. Es de las últimas partes del cerebro en madurar, hasta mediados de la veintena, lo que ayuda a explicar la impulsividad de los adolescentes delante de sus amigos.

¿Sabías que en un estudio de Rochester de 2013 los niños que acababan de ser decepcionados por un experimentador poco fiable esperaban unos tres minutos por una segunda nube, y los que habían tratado con un adulto fiable, unos doce?

Ese estudio de Celeste Kidd cambió la lectura de la prueba: esperar es en parte una apuesta racional sobre si se cumplirá la promesa. En 2018, Tyler Watts, Greg Duncan y Haonan Quan repitieron la prueba con unos 900 niños de orígenes más diversos. El vínculo con los logros posteriores era aproximadamente la mitad de fuerte que en Stanford, y casi desaparecía al tener en cuenta el entorno familiar y las habilidades tempranas. Otra idea popular, que la fuerza de voluntad es un músculo que se agota, el llamado agotamiento del ego, fracasó en buena medida en una réplica en 23 laboratorios publicada en 2016.

Lo que ayuda de verdad es la estrategia, no apretar los dientes. Los mejores en esperar de Mischel apartaban la vista, se distraían o imaginaban la nube como una nube del cielo. Los adultos hacen lo mismo al guardar las galletas, automatizar el ahorro o dejar el móvil en otra habitación. El autocontrol es menos un rasgo fijo que el arte de ordenar el mundo para que la tentación no tenga voto.

El test de la golosina, revisado Escuela infantil Bing, Stanford · desde finales de los 60 · 4–5 años El autocontrol consiste en organizar el entorno, no en apretar los dientes. +1 si esperas campana: comer ya 15–20 min La elección una ahora, o dos después 1 Estrategias de espera taparse los ojos · cantar · moverse «solo es una foto» distraerse, no mirarla 2 Tira y afloja cerebral Estriado cómetela ya CPF lateral fijar la meta la CPF madura hacia los 25 3 La confianza importa Kidd y cols., Rochester 2013 adulto poco fiable ~3 min adulto fiable esperar es apostar a que se cumpla la promesa ~12 min 4 Réplica de 2018 Watts y cols. · ~900 Stanford fuerte 2018 bruto la mitad ajustado casi nulo 5
Fig. 69 · El autocontrol. El test de la golosina, sus famosos seguimientos y lo que halló la réplica de 2018.
Capítulo 70 · Parte VII

Mitos sobre el cerebro

Pocos órganos atraen tantos disparates como el cerebro. En 2012, Sanne Dekker, Paul Howard-Jones y sus colegas encuestaron a docentes de Gran Bretaña y los Países Bajos y descubrieron que, de media, creían en cerca de la mitad de los neuromitos habituales que se les presentaban, y que quienes sabían más sobre el cerebro en general no eran menos propensos a creerlos. Vale la pena desmontar estos errores, porque cada uno esconde un hecho real y más interesante.

La afirmación más famosa dice que solo usamos el diez por ciento del cerebro. Su origen es turbio; a menudo se atribuye a una mala lectura del psicólogo estadounidense William James, que hacia 1907 escribió que las personas solo usan una pequeña parte de sus recursos mentales, y se repitió en un prólogo de 1936 al superventas de Dale Carnegie. Sobrevive en películas como Lucy, de 2014. Los escáneres muestran que a lo largo del día todas las regiones se activan, y una lesión en casi cualquier zona causa alguna pérdida. Un órgano que pesa alrededor del 2 % del cuerpo pero consume en torno al 20 % de su energía no se conservaría en la evolución si estuviera casi siempre ocioso.

Segundo mito: hay personas de cerebro izquierdo, lógicas, y de cerebro derecho, creativas. Nació de los auténticos estudios de cerebro dividido de Roger Sperry y Michael Gazzaniga en los años sesenta, que mostraron la especialización hemisférica. Pero en 2013 Jared Nielsen y sus colegas de la Universidad de Utah analizaron imágenes de más de 1.000 personas y no hallaron indicio de que nadie dependa más de un hemisferio entero. El lenguaje se inclina a la izquierda y ciertos aspectos de la atención a la derecha, pero todos usamos ambos.

¿Sabías que en la encuesta de Dekker más de nueve de cada diez docentes británicos creían que los alumnos aprenden mejor cuando se les enseña según su estilo de aprendizaje preferido, una idea para la que una revisión científica de 2008 no halló buenas pruebas?

Esa revisión, de Harold Pashler y sus colegas, concluyó que adaptar las clases a estilos visuales, auditivos o cinestésicos no mejora el aprendizaje. El efecto Mozart es parecido. Un estudio de Frances Rauscher publicado en Nature en 1993 halló una mejora pequeña y breve en una tarea espacial en universitarios tras escuchar una sonata de Mozart. Se convirtió en la idea de que la música hace más listos a los bebés, y en 1998 el gobernador de Georgia propuso regalar a cada recién nacido un disco de música clásica. Análisis posteriores vieron un efecto pequeño, fugaz y probablemente debido al estado de ánimo.

Otros mitos han caído más despacio. Durante décadas los manuales afirmaron que los adultos no generan neuronas nuevas; en 1998, Peter Eriksson, Fred Gage y sus colegas encontraron células nuevas en el hipocampo humano adulto, aunque aún se discute cuántas persisten en la vejez. Las aplicaciones de entrenamiento cerebral prometían mentes más ágiles, pero una revisión de 2016 dirigida por Daniel Simons halló que sobre todo mejoran los propios juegos. La verdad supera a cualquier mito: un cerebro entero, siempre activo, moldeado por el aprendizaje toda la vida.

Cinco neuromitos y lo que muestran las pruebas mito a la izquierda, hallazgo a la derecha Dekker y cols. 2012: docentes británicos y neerlandeses creían la mitad de los mitos El cerebro real es más raro que los mitos: todo activo, todo cambiando. MITO Solo usamos el 10 % Toda región trabaja a lo largo del día 2 % del peso, ~20 % de la energía 1 MITO Cerebro izquierdo o derecho Los lados se especializan; usamos ambos Nielsen, Utah 2013 · más de 1000 escáneres 2 MITO Estilos de aprendizaje Adaptarse al estilo no ayuda Pashler 2008 · 93 % de docentes del RU de acuerdo 3 MITO Mozart te hace más listo Una mejora pequeña y breve en una tarea Rauscher 1993 · CD para bebés de 1998 4 MITO Sin neuronas nuevas en adultos Células nuevas en el hipocampo adulto Eriksson + Gage 1998 · aún en debate 5
Fig. 70 · Mitos sobre el cerebro. Seis neuromitos populares, lo que se cree y lo que muestran de verdad las pruebas.
Parte VIII

Sueño y estados alterados

El sueño, los sueños, las drogas y el regulador de la consciencia.

Capítulo 71 · Parte VIII

Por qué dormimos

Todos los animales con sistema nervioso que se han estudiado a fondo duermen, de la mosca de la fruta a la ballena, y los seres humanos pasan cerca de un tercio de su vida durmiendo. Durante siglos se dio por hecho que el sueño era el cerebro desconectándose. La primera grieta en esa idea llegó en 1937, cuando Alfred Loomis, un financiero de Wall Street con laboratorio privado en Tuxedo Park, Nueva York, registró toda la noche los ritmos eléctricos de personas dormidas con el electroencefalograma y los vio cambiar en fases bien definidas.

La gran sorpresa llegó en Chicago en 1953. Eugene Aserinsky, estudiante de doctorado de Nathaniel Kleitman, observó que los ojos de los durmientes se movían a ráfagas bajo los párpados mientras sus ondas cerebrales parecían casi de vigilia. Era el sueño REM. Hoy los laboratorios dividen la noche en las fases ligeras N1 y N2, la fase profunda de ondas lentas N3 y el REM, encadenadas en ciclos de unos 90 minutos, entre cuatro y seis veces por noche. El sueño profundo domina las primeras horas; los periodos REM se alargan hacia el amanecer, y por eso el despertador interrumpe tan a menudo un sueño.

¿Qué crea la necesidad de dormir? En 1982 el investigador suizo Alexander Borbély propuso un modelo de dos procesos que sigue vigente. Una presión de sueño crece cuanto más tiempo pasamos despiertos, medida en parte por una sustancia llamada adenosina, mientras un reloj interno abre y cierra la puerta del sueño a lo largo de las 24 horas. Cuando ambos coinciden, nos dormimos.

¿Para qué sirve dormir? No hay una sola respuesta. En la fase N3, grandes ondas lentas recorren la corteza, y en 2013 el equipo de Maiken Nedergaard en la Universidad de Rochester mostró que en ratones dormidos los espacios entre las células cerebrales se ensanchaban cerca de un 60 %, lo que permitía al líquido arrastrar desechos como la beta-amiloide. El sueño también repasa y ordena los recuerdos del día, ajusta las sinapsis y restablece el equilibrio hormonal e inmunitario. La privación demuestra lo esencial que es: en 1964 Randy Gardner, un estudiante de San Diego, pasó unas 264 horas sin dormir y se volvió irritable, olvidadizo y, por momentos, paranoico; las ratas mantenidas despiertas en los experimentos de Allan Rechtschaffen en Chicago murieron en pocas semanas.

¿Sabías que los delfines mulares pueden dormir con una sola mitad del cerebro, con un ojo abierto y subiendo a respirar mientras el otro hemisferio descansa?

Un mito popular sostiene que algunas personas rinden de maravilla con cinco horas. Unas pocas lo consiguen, portadoras de variantes genéticas como una del gen DEC2 descrita en 2009, pero la mayoría de los adultos necesita entre siete y nueve horas, y quienes duermen poco suelen subestimar su deterioro. Horarios regulares, un dormitorio oscuro y fresco, y proteger tanto el sueño profundo del principio como el REM del final importan. Dormir no es tiempo robado a la vida: es el turno de mantenimiento que mantiene en marcha el cerebro despierto.

Una noche de sueño como escalera de fases fases EEG según Loomis 1937 · REM según Aserinsky + Kleitman 1953 despierto más profundo No es un apagado: es un programa que el cerebro ejecuta cada noche. Vigilia N1 1 Vigilia → N1 ondas alfa → theta unos minutos a la deriva 1 N2 2 N2 husos + complejos K c. media noche 2 N3 3 N3 sueño profundo ondas delta lentas limpia residuos · 2013 3 REM 4 REM EEG como en vigilia ojos rápidos · músculos laxos 4 Una noche 4–6 ciclos · c. 90 min cada uno 23 h 7 h 5
Fig. 71 · Por qué dormimos. Una noche como una escalera: cuatro fases repetidas en ciclos de unos 90 minutos.
Capítulo 72 · Parte VIII

El reloj biológico

En 1729 el astrónomo francés Jean-Jacques d'Ortous de Mairan encerró una mimosa en un armario oscuro y vio que sus hojas seguían abriéndose de día y cerrándose de noche. El ritmo venía de dentro. Los seres humanos llevamos el mismo tipo de reloj circadiano, del latín circa diem, «alrededor de un día», que marca el sueño, la temperatura corporal, las hormonas y el estado de alerta.

El reloj maestro está en el núcleo supraquiasmático, un par de diminutos grupos con unas 20.000 neuronas en total, en el hipotálamo, justo encima del punto donde se cruzan los nervios ópticos. En 1972 dos equipos estadounidenses, Robert Moore y Victor Eichler, y Friedrich Stephan e Irving Zucker, lo destruyeron en ratas y abolieron sus ritmos diarios. En 1990 Martin Ralph, Michael Menaker y sus colegas cerraron el caso trasplantando el núcleo entre hámsteres: los receptores adoptaron el ritmo del donante, incluido el de un reloj mutante que se adelantaba unas cuatro horas.

El tictac es molecular. En la mosca de la fruta, Jeffrey Hall, Michael Rosbash y Michael Young mostraron que genes reloj como period fabrican proteínas que se acumulan durante el día y luego frenan su propia producción, un bucle de unas 24 horas; compartieron el Premio Nobel de 2017. Abandonado a sí mismo, el reloj humano va algo lento, unas 24 horas y 10 minutos de media, así que debe ajustarse a diario. Lo hace la luz, a través de células especiales de la retina con el pigmento melanopsina, descritas en 1998 y 2002, que miden la luminosidad en lugar de formar imágenes.

¿Sabías que en 1962 el espeleólogo francés Michel Siffre pasó dos meses solo y sin reloj en la sima de Scarasson, en los Alpes, y al salir creía que era 20 de agosto cuando ya era 14 de septiembre?

Desde el reloj, una larga cadena de neuronas baja a la médula espinal y vuelve a subir hasta la glándula pineal, que libera melatonina en la oscuridad. La melatonina es una señal de que ha llegado la noche, no un somnífero, y la luz intensa, incluida la iluminación interior de la tarde, la frena. Cuando el reloj y el mundo no coinciden aparece el desfase horario, el jet lag. Volar hacia el este, de Madrid a Tokio, obliga a adelantar el reloj, algo que a casi todos les cuesta más que retrasarlo a la vuelta, y se tarda varios días en recuperar el paso.

El reloj también moldea la vida lejos de los aeropuertos. El de los adolescentes se retrasa en la pubertad, de modo que las clases tempranas chocan con su biología, y el trabajo nocturno fue clasificado como probable cancerígeno por la agencia de la Organización Mundial de la Salud dedicada al cáncer en 2007. Luz natural por la mañana, tardes con poca luz y horarios regulares de comidas y sueño son la forma más sencilla de mantener el reloj en hora.

El reloj biológico: de la luz del día a la melatonina núcleo supraquiasmático · hipotálamo · lesiones 1972 · trasplantes 1990 La luz ajusta el reloj cada mañana; la oscuridad deja que la melatonina anuncie la noche. luz del día Retina células con melanopsina brillo, no imagen 1 THR NSQ, reloj maestro c. 20 000 neuronas bucle génico · 24 h 10 min 2 Genes reloj period · 2017 Premio Nobel NPV hipotálamo Médula espinal parte alta del tórax Ganglio cervical simpático Glándula pineal produce melatonina 3 Melatonina en sangre sube al oscurecer · la luz la frena 12 h 18 h medianoche 6 h 12 h oscuridad inicio 4 Jet lag: Londres → Tokio el reloj debe adelantar 8–9 h cuerpo local se ajusta c. 1 h al día 5
Fig. 72 · El reloj biológico. Luz, retina, reloj y glándula pineal: el circuito que marca la melatonina y el sueño.
Capítulo 73 · Parte VIII

Los sueños

Los sueños se han leído como mensajes de los dioses, de los muertos y, tras La interpretación de los sueños de Sigmund Freud, publicada en Viena a finales de 1899, como deseos ocultos del inconsciente. La ciencia de los sueños empezó de forma más prosaica en Chicago en 1953, cuando Eugene Aserinsky y Nathaniel Kleitman comprobaron que quienes despertaban durante las ráfagas de movimientos oculares rápidos solían contar sueños vívidos. William Dement, entonces estudiante en el mismo laboratorio, cartografió después el sueño REM a lo largo de la noche.

Durante el REM, un interruptor en la protuberancia, en el tronco del encéfalo, pone la corteza en un estado activo, casi de vigilia, mientras bloquea las motoneuronas de la médula. El resultado es la atonía: se puede correr en sueños sin mover una pierna. En Lyon, en la década de 1960, Michel Jouvet lesionó una pequeña zona de la protuberancia en gatos; en fase REM los animales se levantaban, acechaban y saltaban sobre nada, como si representaran sus sueños. Los escáneres de voluntarios dormidos de los años noventa, de Pierre Maquet en Lieja y Allen Braun en Estados Unidos, mostraron muy activas la amígdala emocional y las áreas visuales, mientras partes de la corteza prefrontal quedaban relativamente en calma, lo que encaja con las emociones intensas, las escenas vívidas y el alegre desprecio por la lógica.

Por qué soñamos sigue en debate. En 1977 Allan Hobson y Robert McCarley, en Harvard, propusieron que los sueños son el intento del prosencéfalo de dar sentido a señales aleatorias del tronco del encéfalo. Mark Solms, que estudió pacientes en Londres y Johannesburgo en los noventa, halló que lesiones en regiones frontales ligadas a la motivación podían suprimir los sueños aunque el REM continuara, así que soñar y REM no son lo mismo. De hecho, también se sueña en el sueño no REM, de forma más breve y sencilla.

¿Sabías que las personas ciegas de nacimiento sueñan sin imágenes, pero con sueños llenos de sonidos, tacto, olores y sabores, como muestran sus relatos?

En un sueño lúcido, el durmiente sabe que está soñando. En 1975 Keith Hearne, en la Universidad de Hull, registró a un voluntario, Alan Worsley, que enviaba desde el sueño movimientos oculares pactados, y Stephen LaBerge repitió la hazaña en Stanford a principios de los ochenta. Su trabajo desmontó además el mito de que los sueños duran uno o dos segundos: contar hasta diez en un sueño lúcido llevaba más o menos lo mismo que despierto.

Los sueños son vívidos porque el REM combina un cerebro cargado de emoción con un crítico adormecido. La falta de sueño, el alcohol y algunos antidepresivos recortan el REM, y las pesadillas se disparan con el estrés y el trauma. Cada noche, según las mediciones de laboratorio, alucinamos durante unas dos horas, paralizados y a salvo.

El cerebro que sueña en fase REM PET: Maquet, Lieja 1996 · Braun, EE. UU. 1997 · gatos: Jouvet, Lyon Un cerebro lleno de emoción, con el crítico apagado y el cuerpo inmóvil. cerebelo delante protuberancia Interruptor pontino neuronas REM-on corteza activa, ojos saltan 1 médula espinal Cuerpo inmóvil motoneuronas bloqueadas gatos de Jouvet, años 60 2 amígdala visual Emoción + visión activas amígdala activa áreas visuales activas 3 prefrontal en calma Crítico apagado corteza prefrontal dorsolateral el tiempo salta, lo raro parece normal 4 Sueños lúcidos señal ocular desde el sueño Hull 1975 · Stanford 1981 I-D-I-D 5
Fig. 73 · Los sueños. El cerebro que sueña: emoción y visión encendidas, lógica atenuada, músculos quietos.
Capítulo 74 · Parte VIII

Trastornos del sueño

El sueño puede fallar de muchas maneras, y la polisomnografía nocturna, que registra a la vez ondas cerebrales, ojos, músculos, respiración y oxígeno, permite saber cuál. La queja más frecuente es el insomnio: dificultad para conciliar o mantener el sueño al menos tres noches por semana durante tres meses, con repercusión diurna. Alrededor de uno de cada diez adultos padece la forma crónica. Su motor suele ser la hiperactivación, una mente y un cuerpo demasiado alerta a la hora de acostarse, alimentada por hábitos como pasar horas despierto en la cama. El mejor tratamiento no es una pastilla sino la terapia cognitivo-conductual para el insomnio, que reeduca la asociación entre cama y sueño y es hoy el tratamiento de primera línea.

En la apnea obstructiva del sueño, los músculos de la garganta se relajan y la vía aérea se colapsa, a veces cientos de veces por noche. Cada pausa hace caer el oxígeno hasta que el cerebro despierta brevemente al durmiente para que respire, normalmente sin que lo recuerde. El resultado son ronquidos fuertes, una somnolencia diurna aplastante y más riesgo de hipertensión, ictus y accidentes de tráfico. En Sídney, en 1981, Colin Sullivan describió un remedio construido en parte con el motor de una aspiradora: la CPAP, una mascarilla que mantiene abierta la vía aérea con una suave presión de aire.

La narcolepsia recibió su nombre en París en 1880 de manos de Jean-Baptiste Gélineau. Quienes la sufren se duermen sin aviso, entran directamente en REM, y muchos tienen cataplejía, una pérdida súbita del tono muscular que desencadenan la risa o la sorpresa. Su causa salió a la luz en 1998 y 1999 en laboratorios de California y Texas: la orexina, o hipocretina, que estabiliza la vigilia. Los dóberman narcolépticos de Emmanuel Mignot, en Stanford, tenían un receptor de orexina defectuoso, y en 2000 se descubrió que los pacientes humanos habían perdido la mayoría de sus neuronas de orexina, probablemente por un ataque autoinmune.

Por último están las parasomnias, conductas que irrumpen desde el sueño. El sonambulismo surge del sueño profundo N3, sobre todo en niños, cuando parte del cerebro despierta y el resto sigue dormido. En Toronto, en 1987, Kenneth Parks condujo unos 23 kilómetros aparentemente dormido y mató a su suegra; el Tribunal Supremo de Canadá confirmó su absolución en 1992. En el trastorno de conducta del sueño REM, descrito en Minnesota en 1986 por Carlos Schenck y Mark Mahowald, falla la parálisis del REM y el durmiente da puñetazos y patadas mientras sueña.

¿Sabías que la mayoría de las personas con trastorno de conducta del sueño REM desarrolla años después párkinson o una enfermedad afín, lo que lo convierte en una de las señales de alarma más tempranas que se conocen?

Muchos problemas de sueño tienen tratamiento cuando se les pone nombre. Unos ronquidos fuertes con somnolencia, los ataques de sueño repentinos o representar los sueños con violencia merecen consulta. Una mala noche es normal; una mala temporada es un problema médico.

La clínica del sueño: un laboratorio, cuatro casuísticas Cuándo derivar ronquidos + somnolencia · ataques de sueño · actuar los sueños Una noche en vela es normal; una temporada en vela es un problema médico. Clínica del sueño director · polisomnografía nocturna EEG · ojos · músculos · respiración · O2 1 Insomnio 1 de cada 10 adultos Hiperactivación alerta al acostarse 3 noches · 3 meses TCC-I terapia de 1.ª línea supera a las pastillas 2 Apnea vía aérea Vía aérea cerrada caídas de oxígeno cientos de pausas Mascarilla CPAP Sullivan, Sídney 1981 · férula de aire 3 Narcolepsia orexina Células de orexina perdidas · autoinmune descubiertas 1998–2000 Cataplejía risa → desplome Gélineau, 1880 4 Parasomnias actuar dormido Sonambulismo despertar desde N3 Toronto, 1987 TCSR falla la parálisis REM signo de párkinson 5
Fig. 74 · Trastornos del sueño. El trabajo de una unidad del sueño: insomnio, apnea, narcolepsia y parasomnias.
Capítulo 75 · Parte VIII

La anestesia

El 16 de octubre de 1846, en el quirófano con cúpula del Massachusetts General Hospital de Boston, el dentista William Morton acercó un inhalador de éter a la cara de un joven impresor, Edward Gilbert Abbott, mientras el cirujano John Collins Warren le extirpaba un bulto del cuello. Abbott no gritó. Se cuenta que Warren dijo al público: «Caballeros, esto no es ninguna farsa». La noticia cruzó el Atlántico en semanas. Crawford Long, en Georgia, había usado éter en 1842 sin publicarlo, y la demostración pública del óxido nitroso de Horace Wells había fracasado en 1845.

Al año siguiente, el obstetra de Edimburgo James Young Simpson encontró un rival, el cloroformo, inhalándolo con unos amigos en su comedor hasta que acabaron en el suelo. El médico londinense John Snow convirtió la dosificación en ciencia y en 1853 administró cloroformo a la reina Victoria en el parto del príncipe Leopoldo, lo que zanjó buena parte del debate moral sobre aliviar el dolor del parto. El siglo XX añadió el curare, introducido en cirugía por Harold Griffith en Montreal en 1942, el halotano en Mánchester en 1956 y el propofol, el fármaco lechoso de casi todas las inducciones modernas, probado por primera vez en 1977.

La anestesia general no es un sueño profundo. Emery Brown y sus colegas, en Boston, la han llamado un coma reversible inducido por fármacos, que combina inconsciencia, amnesia e inmovilidad con el control de la respuesta del cuerpo al dolor. Hacia 1900, Hans Meyer y Charles Overton observaron que cuanto más se disuelve un anestésico en aceite, más potente es, lo que sugería que actuaba sobre las membranas grasas de las células. En 1984 Nicholas Franks y William Lieb, en Londres, demostraron que actúa sobre proteínas. Muchos, como el propofol y el sevoflurano, refuerzan el principal freno del cerebro, el receptor GABA-A; la ketamina, en cambio, bloquea los receptores NMDA del glutamato.

¿Sabías que el Día del Éter, el 16 de octubre, aún se conmemora en el Massachusetts General Hospital, donde se conserva el quirófano original, conocido como Ether Dome?

El resultado es una ruptura de la comunicación. Con propofol, el diálogo entre el tálamo y la corteza, y entre la parte anterior y posterior de la corteza, enmudece, y el EEG se llena de ondas lentas y de un fuerte ritmo alfa frontal, que los anestesistas vigilan para juzgar la profundidad. Despertar sin aviso es raro: una gran auditoría británica de 2014 halló casos comunicados de consciencia accidental en aproximadamente una de cada 19.000 anestesias generales, sobre todo cuando los relajantes musculares ocultan las señales.

La anestesia hizo posible la cirugía moderna, de la cesárea al trasplante, y sigue siendo un experimento cotidiano sobre la consciencia. Cada día, millones de personas se apagan y se encienden con precisión, aunque nadie entiende del todo por qué se va la luz.

La anestesia: del Día del Éter al propofol Boston · Edimburgo · Londres · Montreal · Mánchester No es sueño, sino un coma reversible, inducido y retirado con precisión. 1842 Crawford Long éter, Georgia sin publicar 1845 Horace Wells óxido nitroso demostración fallida 1846 Día del Éter Morton + Warren 16 oct. · MGH 1 1847 Cloroformo Simpson, Edimburgo probado en la cena 1853 Reina Victoria John Snow Príncipe Leopoldo 2 1942 Curare Griffith, Montreal relaja músculos 1956 Halotano Mánchester gas más seguro 1977 Propofol primer ensayo casi toda inducción 3 El freno propofol · sevoflurano Fármaco GABA-A potenciado ketamina: NMDA 4 Los bucles callan tálamo ⇄ corteza cortado ondas lentas + alfa frontal consciencia c. 1 de cada 19 000 5
Fig. 75 · La anestesia. Del éter en Boston al propofol: cómo los fármacos apagan los circuitos conscientes.
Capítulo 76 · Parte VIII

Coma y muerte encefálica

La consciencia tiene dos ingredientes que pueden fallar por separado: la vigilia, estar despierto, y la conciencia de uno mismo y del entorno, tener experiencias. La vigilia depende de una red de neuronas que asciende del tronco del encéfalo al tálamo, el sistema reticular activador ascendente, identificado en gatos por Giuseppe Moruzzi y Horace Magoun en 1949. Si se daña, o si una lesión, un veneno o una inflamación invaden la corteza de ambos lados, llega el coma: ojos cerrados y ningún despertar, ni siquiera con dolor.

Para comparar pacientes, Graham Teasdale y Bryan Jennett publicaron en Glasgow, en 1974, la escala de coma de Glasgow. Puntúa la apertura ocular de 1 a 4, la respuesta verbal de 1 a 5 y la motora de 1 a 6, con totales de 3 a 15; 8 o menos suele indicar coma. Usada en todo el mundo, permite que un equipo de ambulancia y un neurocirujano hablen el mismo idioma. El coma rara vez dura más de unas semanas: el paciente se recupera, muere o pasa a otros estados.

En el estado vegetativo, bautizado en 1972 por Jennett y el neurólogo estadounidense Fred Plum y hoy llamado a menudo síndrome de vigilia sin respuesta, los ojos se abren y se cierran con el ciclo de sueño, pero no hay signos de conciencia. En el estado de mínima conciencia, definido en 2002, aparecen destellos: seguir un objeto con la mirada u obedecer a veces una orden. Distinguirlos a pie de cama es difícil, y varios estudios han hallado que muchos pacientes diagnosticados como vegetativos resultan, con pruebas cuidadosas, mínimamente conscientes.

Los escáneres revelaron algo aún más extraño. En 2006 el equipo de Adrian Owen, en Cambridge, pidió a una joven considerada en estado vegetativo tras un accidente de tráfico que imaginara jugar al tenis o recorrer su casa. Su cerebro se activó en las mismas áreas motoras y espaciales que el de voluntarios sanos. Distinto es el síndrome de enclaustramiento, en el que una lesión en la protuberancia deja a la persona plenamente consciente pero casi totalmente paralizada.

¿Sabías que el periodista francés Jean-Dominique Bauby, enclaustrado tras un ictus en 1995, dictó sus memorias La escafandra y la mariposa letra a letra, parpadeando con el ojo izquierdo?

La muerte encefálica no es un coma profundo: es la muerte. Los neurólogos franceses Pierre Mollaret y Maurice Goulon describieron en 1959 el «coma sobrepasado», y un comité de Harvard fijó criterios en 1968. Los médicos confirman que el tronco del encéfalo se ha detenido para siempre: pupilas fijas, ningún parpadeo al tocar la córnea, ningún movimiento ocular al llenar el oído de agua helada, sin reflejo nauseoso ni tos, y sin respiración cuando sube el dióxido de carbono en la prueba de apnea. El corazón puede mantenerse latiendo para un trasplante, por eso las pruebas son estrictas. La consciencia no es un interruptor sino una escalera, y la medicina aún aprende a leer cada peldaño.

Una escalera de la conciencia y cómo se evalúa cada peldaño alerta = estar despierto · consciencia = tener experiencia La conciencia no es un interruptor, sino una escalera. Plenamente despierto alerta + consciencia GCS 15 Escala de coma de Glasgow Teasdale + Jennett, 1974 Ojos Palabras Movimiento total de 3 a 15 1 Coma ojos cerrados · no despierta GCS ≤ 8 2 Mínima conciencia destellos · definido en 2002 Vegetativo / SVSR ojos abiertos, sin señal nombrado en 1972 3 Consciencia oculta imaginar tenis · 2006 Owen, Cambridge Enclaustramiento consciente, paralizado · puente 4 Muerte encefálica tronco perdido · muerte 1959 · 1968 Pruebas del tronco Pupilas fijas a la luz Córnea sin parpadeo Agua helada ojos quietos Náusea + tos ausentes Apnea sin respiración 5
Fig. 76 · Coma y muerte encefálica. Una escalera de la consciencia, del pleno despertar a la muerte encefálica, y sus pruebas.
Capítulo 77 · Parte VIII

La meditación

Sin el incienso, la mayor parte de la meditación es entrenamiento de la atención. En la práctica centrada en la respiración, la atención descansa en el aliento, la mente divaga, uno se da cuenta y la devuelve. En 2012 Wendy Hasenkamp y sus colegas de la Universidad Emory, en Atlanta, escanearon a meditadores expertos que pulsaban un botón cada vez que pillaban a su mente divagando, y encontraron un ciclo. Durante la divagación mental dominaba la red neuronal por defecto, un conjunto de regiones de la línea media que se activa cuando soñamos despiertos o pensamos en nosotros mismos. En el momento de darse cuenta se encendía la red de saliencia, con la ínsula y la corteza cingulada anterior, seguida de regiones frontales y parietales que devolvían la atención a la respiración.

Ese ciclo importa porque divagar es nuestro estado por defecto. En 2010 Matthew Killingsworth y Daniel Gilbert, en Harvard, usaron una aplicación de iPhone para sondear los pensamientos de miles de personas en momentos al azar y vieron que su mente estaba en otra parte cerca del 47 % del tiempo, y que en esos momentos solían sentirse menos felices. Meditar es practicar el instante de darse cuenta.

Los laboratorios empezaron a tomarla en serio en 1979, cuando Jon Kabat-Zinn creó el programa de reducción del estrés basado en la atención plena en la Facultad de Medicina de la Universidad de Massachusetts. En 2004 Richard Davidson y Antoine Lutz, en Madison, registraron a practicantes budistas tibetanos veteranos, entre ellos el monje de origen francés Matthieu Ricard, y hallaron ondas gamma inusualmente intensas y sincronizadas durante la meditación de compasión. En 2011 Judson Brewer, en Yale, describió una red por defecto más tranquila en meditadores experimentados, y en 2005 Sara Lazar halló una corteza algo más gruesa en partes de la ínsula y la corteza prefrontal.

¿Sabías que un gran ensayo aleatorizado publicado en 2022 por investigadores de Wisconsin no encontró cambios medibles en la estructura cerebral tras un curso de atención plena de ocho semanas, pese a lo que sugerían estudios anteriores más pequeños?

El panorama honesto es más modesto que la moda. Una revisión de 47 ensayos dirigida en 2014 por Madhav Goyal, en Johns Hopkins, encontró pruebas moderadas de que los programas de atención plena alivian la ansiedad, la depresión y el dolor, más o menos como otros tratamientos activos. La terapia cognitiva basada en la atención plena, desarrollada por John Teasdale, Zindel Segal y Mark Williams, reduce las recaídas en la depresión recurrente y está recomendada por las guías clínicas británicas. No es una panacea, y una minoría lo pasa mal en los retiros intensivos.

El mito más común es que meditar consiste en dejar la mente en blanco. Los practicantes no detienen los pensamientos; aprenden a detectarlos antes y a dejarlos pasar. Diez minutos al día bastan para empezar, y cada distracción es una repetición, no un fracaso. La habilidad que se entrena es corriente y útil: atrapar la mente cuando se escapa y elegir adónde llevarla.

El bucle de la meditación: enfocar, divagar, notar, volver según Hasenkamp y cols., Emory, Atlanta · 2012 Respiración el ancla Cada divagación es una repetición, no un fracaso. Enfoque redes atencionales frontal + parietal 1 La mente divaga red por defecto c. 47 % del día 2 Darse cuenta red de saliencia ínsula + CCA 3 Regresar CPFdl + parietal guía de vuelta 4 Qué cambia la práctica las pruebas hasta hoy Ansiedad, dolor alivio modesto 47 ensayos · 2014 Depresión menos recaídas MBCT · guía del RU Ondas gamma monjes veteranos Madison · 2004 Estructura cerebral aún incierta ensayo nulo · 2022 5
Fig. 77 · La meditación. Enfocar, divagar, darse cuenta, volver: el bucle que la meditación entrena.
Capítulo 78 · Parte VIII

Los psicodélicos

En 1938 el químico suizo Albert Hofmann, en los laboratorios Sandoz de Basilea, sintetizó el vigésimo quinto compuesto de una serie derivada del cornezuelo del centeno: la dietilamida del ácido lisérgico, o LSD. Quedó en el estante hasta el 16 de abril de 1943, cuando absorbió una pizca por accidente y se sintió extrañamente inquieto y soñador. Tres días después tomó a propósito 250 microgramos, una dosis muy alta, y volvió a casa en bicicleta por un paisaje cambiante y amenazador. Sus seguidores aún celebran el 19 de abril como el Día de la Bicicleta. En 1958 Hofmann aisló también la psilocibina de hongos mexicanos que el banquero y micólogo aficionado R. Gordon Wasson había ayudado a dar a conocer.

Los psicodélicos clásicos, LSD, psilocibina, mescalina y DMT, comparten una diana clave: el receptor 5-HT2A, un receptor de serotonina abundante en las grandes neuronas piramidales de la corteza. En 1998 Franz Vollenweider, en Zúrich, mostró que un fármaco que bloquea el 5-HT2A, la ketanserina, casi anulaba la experiencia de la psilocibina. Las imágenes cerebrales del Imperial College de Londres, dirigidas por Robin Carhart-Harris, revelaron bajo psilocibina y, en 2016, bajo LSD que la red neuronal por defecto, ligada al sentido del yo, se aflojaba, mientras redes normalmente separadas se comunicaban más. La magnitud del cambio seguía los relatos de disolución del yo, la sensación de que se funde la frontera entre uno mismo y el mundo.

La primera oleada de investigación fue enorme. A comienzos de los sesenta miles de pacientes habían tomado LSD en estudios sobre alcoholismo y depresión, y el psiquiatra Humphry Osmond acuñó en 1957 la palabra «psicodélico», que manifiesta la mente. Muchos estudios estaban mal controlados, y el LSD saltó a la contracultura. Estados Unidos lo incluyó en su categoría más estricta en 1970 y el Convenio de las Naciones Unidas sobre Sustancias Sicotrópicas llegó en 1971. La investigación casi se detuvo.

¿Sabías que Albert Hofmann, que llamaba al LSD su «niño problemático», vivió hasta los 102 años y murió en 2008, poco después de que se reanudara la investigación con psilocibina?

El renacimiento empezó en 2006, cuando Roland Griffiths, en Johns Hopkins, informó de que una sola dosis guiada de psilocibina producía experiencias que los voluntarios situaban entre las más significativas de su vida. Siguieron ensayos en depresión, adicción y angustia de pacientes con cáncer. En 2022 un estudio con 233 personas con depresión resistente halló que una dosis única de 25 miligramos aliviaba los síntomas durante semanas, aunque en muchos el efecto se desvanecía; un ensayo londinense de 2021 la encontró más o menos comparable a un antidepresivo habitual. En 2023 Australia fue el primer país en permitir que psiquiatras autorizados recetaran psilocibina y MDMA.

El mito corre en ambas direcciones: no son curas milagrosas ni la locura instantánea de las campañas de los sesenta. No crean adicción en el sentido habitual, pero pueden provocar experiencias aterradoras y, rara vez, psicosis en personas vulnerables, y es difícil hacer ensayos a ciegas cuando todos adivinan quién tomó la sustancia. La predisposición, el entorno y la supervisión importan tanto como la molécula.

Psicodélicos: descubrimiento, prohibición y regreso psicodélicos clásicos: LSD · psilocibina · mescalina · DMT Ni milagro ni locura: la mentalidad y el entorno cuentan tanto como la molécula. 1938 Se sintetiza el LSD-25 Hofmann, Sandoz, Basilea 1943 Día de la Bicicleta 19 abril · 250 µg 1 1957 Se acuña «psicodélico» Humphry Osmond 1958 Se aísla la psilocibina hongos mexicanos 2 1970 Prohibición en EE. UU. lista más estricta 1971 Convenio de la ONU la investigación se frena 3 Cómo actúan Vollenweider, Zúrich 1998 5-HT2A célula piramidal capa 5 fármaco normal: separadas con dosis: diafonía la red del yo se afloja: disolución del ego 4 2006 Ensayo Hopkins Griffiths · sentido 2016 Escáneres con LSD Imperial, Londres 2022 Ensayo de depresión 233 personas · 25 mg 2023 Australia se permite recetar 5
Fig. 78 · Los psicodélicos. De Basilea en 1943 a los ensayos actuales: el receptor 5-HT2A y las redes que se aflojan.
Capítulo 79 · Parte VIII

Cafeína, alcohol y nicotina

Las drogas psicoactivas más consumidas del mundo se venden en cafeterías, bares y estancos. La leyenda atribuye a Kaldi, un cabrero etíope, el descubrimiento de que los frutos del café ponían juguetonas a sus cabras, pero las primeras pruebas sólidas de su consumo proceden de monasterios sufíes de Yemen en el siglo XV. El vino y la cerveza son miles de años más antiguos, y en América se fumaba tabaco mucho antes de la llegada de los europeos. Cada una actúa sobre una cerradura distinta del cerebro.

La cafeína bloquea los receptores de adenosina. La adenosina se acumula en el cerebro durante la vigilia y presiona receptores que frenan las neuronas y dan sueño; la cafeína ocupa esos receptores sin activarlos, de modo que la señal de cansancio queda amortiguada, no eliminada. Su vida media en adultos ronda las cinco horas, así que la mitad del café de la tarde sigue circulando a la hora de acostarse. En un estudio de 2013 en Detroit, 400 miligramos de cafeína tomados seis horas antes de dormir recortaron el sueño en más de una hora. Los consumidores habituales se adaptan, y buena parte del empujón matutino es solo alivio de la abstinencia nocturna.

El alcohol es una droga más desordenada. Refuerza los receptores GABA-A, el principal freno del cerebro, apaga los receptores NMDA del glutamato y libera dopamina y endorfinas que hacen agradable la primera copa. Sus efectos siguen el mapa cerebral: el cerebelo falla y el habla se traba, el hipocampo deja de grabar y una noche de excesos acaba en laguna, y a dosis altas el tronco del encéfalo deja de controlar la respiración. Ayuda a conciliar el sueño, pero suprime el REM y fragmenta la segunda mitad de la noche. El consumo intenso y prolongado puede causar déficit de tiamina y el síndrome de Wernicke-Korsakoff, una amnesia devastadora.

La nicotina imita a la acetilcolina en los receptores nicotínicos, sobre todo los de tipo α4β2. Inhalada, llega al cerebro en segundos, agudiza la atención y libera dopamina en el circuito de recompensa. Esa rapidez es la que hace tan adictivo el cigarrillo. La planta debe su nombre a Jean Nicot, embajador francés en Lisboa que envió tabaco a la corte de Catalina de Médici hacia 1560, y la nicotina se aisló en Heidelberg en 1828.

¿Sabías que la cafeína fue aislada en 1819 por el joven químico alemán Friedlieb Ferdinand Runge a sugerencia del poeta Goethe, que le regaló una caja de granos de café?

Varios mitos merecen jubilarse. El café no quita la borrachera: produce un borracho bien despierto. El alcohol no es un estimulante, aunque el primer subidón de dopamina lo parezca. Y no es la nicotina la que mata a los fumadores: el alquitrán y los gases del humo causan la mayoría de los cánceres y las cardiopatías, y por eso se usan parches de nicotina para dejar de fumar. Según la Organización Mundial de la Salud, el tabaco mata a unos 8 millones de personas al año y el alcohol a unos 2,6 millones. La cafeína es la más suave de las tres, pero conviene reservarla para la mañana.

Tres drogas cotidianas, tres cerraduras distintas dianas según farmacología estándar · datos OMS 2024 Sabe qué cerradura abre cada droga antes de girar la llave. Cerradura Efecto Tiempos Mito Sueño Cafeína café · té · cola Adenosina receptor bloqueado Menos cansancio presión de sueño atenuada Vida media c. 5 h persiste al acostarse ¿Quita la borrachera? no: borracho despierto 1 Alcohol cerveza · vino · licores GABA-A + NMDA más freno, menos glutamato Relajado, torpe cerebelo, memoria c. 1 unidad RU / hora lo elimina el hígado ¿Estimulante? no: depresor 2 Nicotina tabaco · parches Nicotínico α4β2 · imita la ACh Foco + recompensa libera dopamina Segundos al cerebro humo inhalado ¿Causa cáncer? sobre todo el humo 3 Retrasa + aligera dejarla a primera tarde Reduce el REM despertares de madrugada Abstinencia despierta al fumador tabaco c. 8 millones de muertes al año · alcohol c. 2,6 millones 4
Fig. 79 · Cafeína, alcohol y nicotina. Tres drogas cotidianas, tres receptores diana y lo que cada una hace al sueño.
Capítulo 80 · Parte VIII

La adicción

Casi todas las drogas adictivas, de la heroína a la cocaína y el alcohol, comparten una acción: elevan la dopamina en el núcleo accumbens, el centro de recompensa del cerebro. En 1988 Gaetano Di Chiara y Assunta Imperato, en Cagliari (Cerdeña), lo midieron directamente en ratas: las drogas de abuso inundan el accumbens con mucha más dopamina que la comida o el sexo. Esa oleada enseña al cerebro que lo que acaba de ocurrir es importantísimo y debe repetirse.

La repetición cambia el circuito. En los años noventa, Nora Volkow y sus colegas del Laboratorio Nacional de Brookhaven, en Nueva York, mostraron con tomografía por emisión de positrones que las personas adictas a la cocaína, el alcohol y otras drogas tenían menos receptores D2 de dopamina en el estriado y menor actividad en la corteza frontal. Los placeres corrientes cuentan menos, mientras la droga y todo lo asociado a ella gritan más. Kent Berridge y Terry Robinson, en Míchigan, lo llamaron sensibilización al incentivo: el deseo crece aunque el placer se apague. George Koob y Volkow describen la adicción como un ciclo de tres fases: atracón e intoxicación en los ganglios basales, abstinencia y malestar en la amígdala extendida, donde suben las sustancias del estrés, y preocupación y ansia impulsadas por una corteza prefrontal debilitada.

Ese cuadro explica por qué la adicción no es simple falta de voluntad. El freno de los impulsos se desgasta justo cuando el acelerador está atascado, y señales como una esquina, un amigo o el día de cobro pueden desatar el ansia años después. También explica el peso del entorno. Lee Robins estudió a soldados estadounidenses que volvían de Vietnam, donde la heroína era barata y muchos la consumían. De los que se habían vuelto adictos allí, solo un 5 % recayó en el año siguiente al regreso, muchos menos que los adictos civiles, porque sus antiguas señales se habían quedado atrás.

¿Sabías que en 2007 un equipo de la Universidad de Iowa informó de que fumadores que sufrían un ictus con daño en la ínsula a menudo dejaban de fumar de golpe, diciendo que su cuerpo había olvidado sin más las ganas?

La adicción no se limita a las drogas. El trastorno por juego se situó junto a las adicciones a sustancias en el manual psiquiátrico estadounidense en 2013, porque implica circuitos de recompensa parecidos. Los genes explican aproximadamente la mitad del riesgo, y la exposición temprana, el trauma y el estrés aportan buena parte del resto. Los experimentos del «Parque de las Ratas» de Bruce Alexander, cerca de Vancouver hacia 1980, sugirieron que las ratas de colonias ricas bebían menos morfina, pero los intentos de repetirlos dieron resultados dispares.

El tratamiento funciona mejor de lo que dice su fama. La metadona, introducida por Vincent Dole y Marie Nyswander en Nueva York en 1965, y la buprenorfina reducen las muertes por opioides, la naloxona revierte las sobredosis y las terapias enseñan a reconocer las señales y a resistirlas. Las recaídas son frecuentes, como en el asma o la diabetes, y piden ajustar el tratamiento, no abandonarlo. La adicción es un aprendizaje torcido, y un aprendizaje, despacio, puede reescribirse.

El ciclo de la adicción en tres fases, apilado en el cerebro según George Koob + Nora Volkow · NIDA y Scripps Aprendizaje torcido, y el aprendizaje puede reescribirse. ganglios basales Atracón · fase 1 la dopamina inunda el accumbens Di Chiara, Cagliari 1988 1 amígdala extendida Abstinencia · fase 2 suben las sustancias del estrés consumir para huir del malestar 2 corteza prefrontal Ansia · fase 3 el freno se desgasta las señales tientan años 3 El ciclo se estrecha menos receptores D2 PET, Brookhaven · años 90 más deseo, menos gusto recaída 4 Metadona NY, 1965 Naloxona sobredosis Terapia vencer señales Nuevo entorno veter. Vietnam la salida 5
Fig. 80 · La adicción. El ciclo de tres fases de Koob y Volkow, apilado de la recompensa al control.
Parte IX

Cuando el cerebro falla

Lesiones, enfermedades y mentes que funcionan de otra manera.

Capítulo 81 · Parte IX

El ictus

Un ictus se produce cuando una parte del cerebro se queda sin riego sanguíneo. La mayoría son isquémicos: un coágulo o una arteria estrechada bloquea el flujo; en el Reino Unido, alrededor del 85 % son de este tipo. El resto son hemorrágicos, cuando un vaso se rompe y la sangre se derrama dentro del cerebro o a su alrededor. En ambos casos, las neuronas privadas de oxígeno y glucosa empiezan a morir en pocos minutos. En 2006, el neurólogo estadounidense Jeffrey Saver calculó que un ictus extenso sin tratar destruye unos 1,9 millones de neuronas por minuto, de ahí el lema de los médicos: el tiempo es cerebro.

Durante dos mil años se habló de apoplejía, de quedar fulminado. En 1658, el médico suizo Johann Jakob Wepfer, de Schaffhausen, hizo autopsias a fallecidos y encontró hemorragias en el cerebro o arterias obstruidas. Los síntomas dependen de la zona dañada. Un coágulo en la arteria cerebral media izquierda puede paralizar el brazo derecho y robar el lenguaje; uno en el tronco del encéfalo puede hacer algo más extraño. En 1995, Jean-Dominique Bauby, director de la revista francesa Elle, despertó pudiendo mover solo el párpado izquierdo y dictó La escafandra y la mariposa letra a letra, parpadeando.

Durante mucho tiempo, tratar consistía sobre todo en esperar. Eso cambió en 1995, cuando un ensayo estadounidense demostró que la alteplasa, un fármaco que disuelve coágulos, administrada en las tres primeras horas, dejaba a más pacientes independientes. En 2015, una serie de ensayos encabezada por el estudio neerlandés MR CLEAN probó que la trombectomía, que consiste en subir un catéter desde la ingle para extraer el coágulo, transforma el pronóstico de las grandes oclusiones. Ambas exigen antes una prueba de imagen, porque un trombolítico ante una hemorragia sería desastroso.

¿Sabías que en la década de 2000 se probó en pacientes con ictus un fármaco disolvente de coágulos derivado de la saliva del murciélago vampiro, la desmoteplasa? Los murciélagos necesitan que la sangre de sus presas siga fluyendo.

La carrera empieza, pues, fuera del hospital. La prueba FAST comprueba si la cara se ha caído, si se pueden levantar ambos brazos y si el habla es torpe, y recuerda que hay que llamar a emergencias sin demora. Tras la urgencia llega la recuperación, donde cuenta la plasticidad cerebral: en las unidades de ictus, fisioterapeutas y logopedas reentrenan los circuitos supervivientes para asumir el trabajo perdido.

Cada año sufren un ictus unos 12 millones de personas en el mundo. El estudio internacional INTERSTROKE, realizado en 32 países, halló que alrededor del 90 % del riesgo se debe a factores modificables, con la hipertensión a la cabeza, seguida del tabaco, el sedentarismo, la dieta y las arritmias. Tomarse la tensión es una de las protecciones cerebrales más baratas que existen.

Código ictus: el equipo que corre contra el reloj Código ictus director · tiempo es cerebro Prevención c. 90 % del riesgo es modificable · ante todo la tensión · INTERSTROKE, 32 países Sin tratar, un ictus grande cuesta c. 1,9 millones de neuronas por minuto. Reconocer primeros minutos Testigo prueba FAST llama al 112 Sanitario avisa a la unidad hora de inicio 1 Imagen a la llegada Téc. de rayos TC simple ¿sangre o trombo? Radiólogo angio-TC ¿coágulo grande? 2 Coágulo isquémico Médico alteplasa antes de 4,5 h Hemodinámica trombectomía desde 2015 3 Sangrado hemorrágico Cirujano clip o espiral aneurisma Equipo de UCI bajar la TA revertir anticoag. 4 Recuperar semanas, meses Enfermería test de deglución unidad de ictus Terapeutas fisio, logopedia reeducar circuitos 5
Fig. 81 · El ictus. Código ictus: el equipo que corre para reconocer, escanear, desatascar y reconstruir.
Capítulo 82 · Parte IX

La epilepsia

Una crisis epiléptica es una tormenta eléctrica. Normalmente, las neuronas equilibran excitación y freno; en una crisis, toda una población empieza a disparar a la vez, desbocada, y lo que controla esa zona del cerebro queda secuestrado. Una crisis en la corteza motora sacude un miembro; en el lóbulo temporal trae déjà vu, olores extraños o la mirada perdida; y cuando la tormenta se extiende a ambos hemisferios, todo el cuerpo puede ponerse rígido y convulsionar. La epilepsia es la tendencia a sufrir crisis repetidas y no provocadas. Afecta a unos 50 millones de personas en el mundo.

Los griegos la llamaban la enfermedad sagrada, pero hacia el 400 a. C. un autor hipocrático sostuvo que no era más divina que cualquier otra y que su causa estaba en el cerebro. La comprensión moderna nació en Londres con John Hughlings Jackson, que en la década de 1870 vio crisis avanzar en orden de los dedos a la mano, el brazo y la cara, y dedujo que empezaban en una pequeña zona de corteza organizada como un mapa del cuerpo. En 1929, el psiquiatra alemán Hans Berger publicó el primer electroencefalograma humano, y pocos años después investigadores estadounidenses registraron el patrón regular de punta-onda de las ausencias.

La epilepsia se convirtió entonces en la gran maestra de la neurociencia. En el Instituto Neurológico de Montreal, fundado en 1934, Wilder Penfield operaba a pacientes con anestesia local y estimulaba su corteza expuesta para hallar el foco antes de extirparlo; sus respuestas dieron los famosos mapas del movimiento y el tacto. En 1953, el cirujano William Scoville extirpó ambos hipocampos a un joven de Connecticut para frenar sus crisis, y Henry Molaison, conocido como H.M., ya no pudo formar recuerdos nuevos. En 1962, Philip Vogel y Joseph Bogen, en Los Ángeles, seccionaron el cuerpo calloso en casos graves y dieron a Roger Sperry los pacientes con cerebro dividido cuyo estudio le valió el Nobel en 1981.

¿Sabías que en diciembre de 1997 una secuencia de destellos rojos y azules de unos dibujos de Pokémon llevó al hospital a cientos de niños japoneses, muchos con crisis provocadas por el parpadeo?

El tratamiento funciona en la mayoría. El fenobarbital llegó en 1912 y la fenitoína en 1938, y unos dos tercios de los pacientes quedan libres de crisis con medicación. La dieta cetogénica, muy rica en grasas, ideada en la Clínica Mayo en 1921, aún ayuda a algunos niños, y un ensayo canadiense de 2001 mostró que extirpar un foco temporal liberaba de crisis a muchos más pacientes que los fármacos solos. En 2018 se aprobó un extracto purificado de cannabis, el cannabidiol, para dos epilepsias infantiles graves.

Los viejos mitos perduran. Nadie puede tragarse la lengua durante una crisis, y no hay que meter nada en la boca. La ayuda correcta es sencilla: proteger la cabeza, cronometrar, poner a la persona de lado después y llamar a emergencias si dura más de cinco minutos. Cada mapa de la corteza de un manual debe algo a las personas con epilepsia.

Epilepsia: las tormentas que cartografiaron el cerebro crisis = neuronas que disparan a la vez · c. 50 millones de personas sin escala La cirugía de la epilepsia permitió cartografiar el cerebro vivo, paciente a paciente. Hipócrates «no más sagrada» causa en el cerebro 400 a. C. Hughlings Jackson las crisis avanzan nacen en la corteza 1870 1 Hans Berger primer EEG humano Jena, Alemania 1929 EEG a través del cuero cabelludo ritmo normal punta-onda 2 Wilder Penfield Instituto de Montreal mapea la corteza 1934 3 Paciente H.M. hipocampos extirpados memoria perdida 1953 Cerebro dividido Vogel y Bogen Sperry, Nobel 1981 1962 4 Ensayo quirúrgico Canadá: vence fármacos en foco temporal 2001 Cannabidiol epilep. graves infantiles 2018 Tratamiento actual fármacos desde 1912 · c. 2/3 sin crisis dieta cetogénica · Clínica Mayo, 1921 primeros auxilios: cronometrar, poner de lado 5
Fig. 82 · La epilepsia. De la enfermedad sagrada a la cirugía: cómo las crisis enseñaron a mapear el cerebro.
Capítulo 83 · Parte IX

La conmoción cerebral

El cerebro tiene la consistencia de una gelatina firme y flota en una fina capa de líquido dentro de un cráneo duro. Si se golpea la cabeza o se frena de golpe, el cerebro sigue moviéndose. Choca contra el interior del cráneo donde cae el golpe y puede rebotar contra el lado opuesto, el contragolpe. La rotación es peor aún: cuando la cabeza gira, las capas profundas se quedan atrás respecto a la superficie y los axones largos se estiran. La conmoción cerebral es el extremo leve de esta lesión cerebral traumática, y leve describe la fuerza, no siempre las consecuencias.

La mayoría de las conmociones no implican pérdida de conocimiento, y un TAC o una resonancia convencionales suelen parecer normales, porque el daño es sobre todo químico y microscópico. Estudios en animales, resumidos en 2001 por Christopher Giza y David Hovda en la Universidad de California en Los Ángeles, describieron una cascada: las membranas estiradas dejan escapar iones, las neuronas liberan glutamato y el cerebro quema energía para recuperar el equilibrio justo cuando cae su riego. Esta crisis energética explica el dolor de cabeza, la niebla mental, el mareo y la lentitud que duran días o semanas, y por qué un segundo golpe antes de recuperarse es tan peligroso.

El deporte hizo imposible ignorar el problema. En 1928, el patólogo estadounidense Harrison Martland describió a los boxeadores sonados. En 2005, el patólogo de origen nigeriano Bennet Omalu publicó el caso de Mike Webster, jugador de los Pittsburgh Steelers fallecido en 2002, cuyo cerebro mostraba acumulación de la proteína tau, lo que hoy llamamos encefalopatía traumática crónica. En Inglaterra, el exdelantero del West Bromwich Albion Jeff Astle murió en 2002, y un forense culpó a años de cabezazos a balones pesados; al reexaminar su cerebro en 2014 apareció la misma enfermedad. Un estudio de Glasgow de 2019 halló que los exfutbolistas profesionales tenían unas tres veces y media más probabilidades de morir con una enfermedad neurodegenerativa.

¿Sabías que durante mucho tiempo se creyó que el cráneo de los pájaros carpinteros amortiguaba los golpes, pero un estudio de 2022 con vídeo de alta velocidad demostró que no? Su cerebro es simplemente tan pequeño y ligero que soporta el martilleo.

Las carreteras también causan conmociones, por caídas en bicicleta o el latigazo cervical de los choques, y la escala de Glasgow, creada por Graham Teasdale y Bryan Jennett en 1974, sigue usándose para valorar al herido. Los mitos han cambiado con las pruebas. No hace falta mantener despierto toda la noche a quien ha sufrido una conmoción, aunque hay que vigilarlo, y ya no se aconsejan semanas a oscuras: una actividad suave tras uno o dos días de reposo ayuda a recuperarse.

La regla moderna, adoptada por el deporte aficionado británico en 2023, cabe en un cartel: ante la duda, fuera del campo. El casco previene mejor las fracturas de cráneo que las conmociones, así que la protección más eficaz es cambiar el propio juego, con menos cabezazos en los entrenamientos infantiles y reglas de placaje más estrictas. Un cerebro no se puede atar; se le puede dar tiempo.

Conmoción cerebral: lo que un golpe hace dentro del cráneo el cerebro flota en líquido · los escáneres suelen salir normales cráneo · líquido · cerebro Ningún escáner la muestra: es una crisis química; descansa y vuelve poco a poco. golpe Golpe zona de impacto 1 Contragolpe lado opuesto 2 Rotación axones estirados, con fuga capas profundas, rezagadas 3 Fuga de iones sale K+, entra Ca2+ Oleada de glutamato neuronas hiperactivas Más demanda de energía las bombas reequilibran Menos flujo sanguíneo cae el aporte Crisis energética cefalea, niebla: días o semanas 4 Ante la duda, fuera del juego Reposo Ligero Entrenar Contacto Jugar 5
Fig. 83 · La conmoción cerebral. Golpe y contragolpe: un impacto mueve el cerebro dentro del cráneo y estira los axones.
Capítulo 84 · Parte IX

La enfermedad de Alzheimer

En noviembre de 1901, una mujer de 51 años llamada Auguste Deter ingresó en el manicomio de Fráncfort. Estaba confusa, desconfiada y perdía la memoria, y cuando el psiquiatra Alois Alzheimer le pidió que escribiera su nombre, le dijo: «Me he perdido a mí misma». Tras su muerte en 1906, examinó su cerebro al microscopio y halló dos anomalías que aún definen la enfermedad: grumos fuera de las neuronas, hoy llamados placas amiloides, y fibras retorcidas dentro de ellas, los ovillos neurofibrilares. Su colega Emil Kraepelin le dio su nombre a la enfermedad en 1910.

Hoy, la enfermedad de Alzheimer causa entre el 60 y el 70 % de los aproximadamente 55 millones de casos de demencia del mundo. Las placas están hechas de un fragmento de proteína, el beta-amiloide, identificado en 1984, y los ovillos de una proteína llamada tau, que normalmente estabiliza el esqueleto interno de los axones. El daño comienza en la corteza entorrinal y el hipocampo, la puerta de entrada de los recuerdos nuevos, por eso lo reciente se borra primero mientras los recuerdos de infancia resisten. En 1991, Heiko y Eva Braak, en Fráncfort, describieron cómo los ovillos se extienden luego por la corteza en un orden predecible, y la imagen cerebral muestra hoy el amiloide acumulándose entre 15 y 20 años antes de los primeros síntomas.

Los genes revelan el mecanismo. En 1993, el equipo de Allen Roses en la Universidad Duke descubrió que una variante común, APOE4, multiplica el riesgo, y las personas con síndrome de Down, que tienen una copia extra del gen del amiloide en el cromosoma 21, desarrollan la enfermedad pronto. En Antioquia, Colombia, el neurólogo Francisco Lopera estudió durante décadas una enorme familia portadora de una mutación que provoca demencia a mediana edad; en 2019 se descubrió que una de sus integrantes, Aliria Rosa Piedrahita de Villegas, se había mantenido lúcida hasta pasados los setenta, al parecer protegida por una segunda variante rara.

¿Sabías que el historial médico de Auguste Deter, con las notas manuscritas de Alzheimer sobre sus conversaciones, estuvo perdido durante décadas hasta que se encontró en un archivo de Fráncfort en 1995?

El tratamiento sigue siendo modesto. Fármacos como el donepezilo, aprobado en 1996, refuerzan la acetilcolina y alivian los síntomas por un tiempo. Los anticuerpos que eliminan el amiloide, el lecanemab en 2023 y el donanemab en 2024, frenaron el deterioro entre un cuarto y un tercio en 18 meses en los ensayos, a costa de inflamación cerebral o pequeños sangrados en algunos pacientes. Solo funcionan pronto, lo que hace de repente crucial el diagnóstico mediante análisis de sangre y escáner.

Dos mitos merecen enterrarse: la pérdida grave de memoria no es normal en la vejez, y las cacerolas de aluminio no causan la enfermedad. Lo que sí ayuda es la reserva: la comisión de The Lancet de 2024 estimó que actuar sobre 14 factores de riesgo, entre ellos la pérdida auditiva, la hipertensión, el sedentarismo, el tabaco y la soledad, podría prevenir o retrasar casi la mitad de las demencias. Un audífono y un paseo a buen ritmo son, a su manera discreta, medicina para el cerebro.

Alzhéimer: la lenta cascada antes del olvido curvas de biomarcadores según Jack y cols., 2010 · esquema -20 -15 -10 -5 0 +5 +10 diagnóstico anómalo normal años desde el diagnóstico Preclínico DCL Demencia El amiloide empieza 15–20 años antes de que falle la memoria: la batalla es temprana. 1 Placas de amiloide primero, en silencio 2 Ovillos de tau del hipocampo hacia fuera 3 Atrofia RM: atrofia función diaria 4 Memoria, y luego más de DCL a demencia ventana Ventana de anticuerpos lecanemab 2023 donanemab 2024 5
Fig. 84 · La enfermedad de Alzheimer. Una cascada lenta: amiloide, luego tau, luego atrofia, antes de que falle la memoria.
Capítulo 85 · Parte IX

La enfermedad de Parkinson

En 1817, el cirujano londinense James Parkinson publicó An Essay on the Shaking Palsy, un ensayo sobre la parálisis agitante en el que describía a seis personas, algunas simplemente observadas en la calle: una mano que tiembla en reposo, una postura encorvada y una marcha apresurada a pasitos. Décadas después, el neurólogo francés Jean-Martin Charcot insistió en que la enfermedad llevara su nombre. La enfermedad de Parkinson es hoy el trastorno neurológico que más rápido crece en el mundo y afecta a más de 8 millones de personas.

Su núcleo es la pérdida de un pequeño grupo de neuronas del mesencéfalo, la sustancia negra, llamada así por su pigmento oscuro. Estas células envían dopamina al estriado, parte de los ganglios basales, un circuito que ayuda a elegir y lanzar los movimientos. Sin dopamina, el circuito actúa como un freno echado: los movimientos se vuelven lentos y pequeños, los músculos se ponen rígidos y aparece el temblor. Cuando surgen los síntomas, la mayoría de las neuronas dopaminérgicas, quizá entre el 60 y el 80 %, ya han desaparecido, y muchas supervivientes contienen grumos de alfa-sinucleína, los cuerpos de Lewy, descritos por Friedrich Lewy en 1912.

El gran avance llegó de Suecia y Austria. En 1957, en Lund, Arvid Carlsson demostró que conejos vaciados de dopamina con reserpina quedaban inmóviles y que la levodopa, que el cerebro convierte en dopamina, los volvía a poner en marcha; compartió el Nobel en 2000. En 1960, Oleh Hornykiewicz, en Viena, comprobó que el estriado de personas fallecidas con párkinson había perdido casi toda su dopamina. En 1967, George Cotzias, en Nueva York, mostró que dosis altas de levodopa oral transformaban a los pacientes. Despertares, de Oliver Sacks, relata los efectos extraordinarios, y frágiles, del fármaco en 1969 en supervivientes de la encefalitis letárgica que llevaban décadas inmóviles.

¿Sabías que Joy Milne, enfermera jubilada de Perth, en Escocia, notó que el olor de su marido cambiaba años antes de su diagnóstico, y que los científicos confirmaron después que podía detectar el párkinson oliendo camisetas usadas?

La levodopa sigue siendo lo más eficaz, pero con los años su efecto se agota entre dosis y provoca movimientos involuntarios. En 1987, en Grenoble, Alim-Louis Benabid empezó a implantar electrodos de estimulación cerebral profunda, que hoy calman los síntomas de decenas de miles de pacientes, normalmente a través del núcleo subtalámico. Michael J. Fox, diagnosticado a los 29 años en 1991, convirtió su enfermedad en una fundación que se ha vuelto una de las mayores financiadoras de la investigación.

La enfermedad es más que un trastorno del movimiento. La pérdida del olfato, los sueños en los que uno se agita, el estreñimiento y el ánimo bajo pueden preceder al temblor en una década, lo que sugiere que quizá empiece en el intestino o la nariz. La lección cotidiana es alentadora: el ejercicio regular e intenso mejora los síntomas y podría frenar el deterioro. Para una enfermedad del movimiento, el movimiento es medicina.

Párkinson: el bucle del movimiento sin dopamina bucle de los ganglios basales · simplificado Corteza motora planea y lanza el movimiento Estriado caudado + putamen Núcleos de salida GPi · el freno Tálamo relevo a la corteza Núcleo subtalámico vía indirecta glutamato Repón la dopamina o reajusta el bucle, y vuelve el movimiento. Sustancia negra neuronas dopaminérgicas −60–80 % dopamina 1 sí no 2 freno impulso débil Síntomas movimientos lentos rigidez · temblor 3 L-dopa pastilla se vuelve dopamina 4 Generador tórax · c. 130 Hz ECP: Benabid, Grenoble, 1987 5
Fig. 85 · La enfermedad de Parkinson. Sin la dopamina de la sustancia negra, el circuito del movimiento se atasca.
Capítulo 86 · Parte IX

La esclerosis múltiple

Pensar deprisa exige buen aislamiento. Los axones largos del cerebro y la médula están envueltos en mielina, vainas grasas fabricadas por los oligodendrocitos, con diminutos huecos desnudos entre ellas. Las señales saltan de hueco en hueco en lugar de arrastrarse por toda la fibra, como demostró el fisiólogo japonés Ichiji Tasaki en 1939. En la esclerosis múltiple, el propio sistema inmunitario ataca ese aislamiento. Las zonas inflamadas pierden la mielina, las señales se ralentizan o fallan, y al cicatrizar dejan placas duras, las múltiples escleras que dan nombre a la enfermedad.

El primer relato detallado quizá sea el diario de Augustus d'Este, nieto del rey Jorge III, que desde 1822 y durante 26 años describió episodios de visión borrosa y piernas débiles que iban y venían. En 1868, en la Salpêtrière de París, Jean-Martin Charcot relacionó esos síntomas con las placas endurecidas que halló en el cerebro de sus pacientes y llamó a la enfermedad sclérose en plaques. Como las placas pueden aparecer casi en cualquier lugar, los síntomas varían: visión borrosa o dolorosa, entumecimiento, debilidad, falta de equilibrio, fatiga y problemas de vejiga.

¿Cómo sabemos que es el sistema inmunitario? Las imágenes y biopsias muestran linfocitos T y B cruzando la barrera hematoencefálica hacia las lesiones, y las primeras resonancias de placas, tomadas en el hospital Hammersmith de Londres en 1981, hicieron visibles los brotes en pacientes vivos. Unos 2,8 millones de personas la padecen, las mujeres dos o tres veces más que los hombres, y es más frecuente lejos del ecuador. Un enorme estudio con reclutas del ejército estadounidense, publicado en 2022 por el equipo de Alberto Ascherio en Harvard, halló que la infección por el virus de Epstein-Barr, causante de la mononucleosis, multiplicaba el riesgo unas 32 veces, lo que lo convierte en el principal desencadenante sospechoso.

¿Sabías que antes de los escáneres los médicos usaban la prueba del baño caliente? El calor frena la conducción en los nervios dañados, así que los síntomas empeoraban brevemente, algo que describió por primera vez Wilhelm Uhthoff en 1890.

La mayoría empieza con brotes seguidos de recuperación, cuando la inflamación cede y parte de la mielina se repara. Con el tiempo, el daño en los propios axones puede causar una progresión continua. La violonchelista Jacqueline du Pré, diagnosticada en 1973 a los 28 años, tuvo que dejar de tocar y murió en 1987, antes de que existiera tratamiento alguno. Desde el primer fármaco aprobado, el interferón beta, en 1993, han llegado más de una docena de terapias, y los anticuerpos que eliminan linfocitos B, como el ocrelizumab en 2017, redujeron mucho los brotes y frenaron la progresión.

El viejo mito de que el diagnóstico significa silla de ruedas está superado; hoy muchas personas viven décadas con poca discapacidad. Se ensayan fármacos que animan a los oligodendrocitos a reconstruir la mielina, y una vacuna contra el virus de Epstein-Barr podría algún día prevenir la enfermedad. Dejar de fumar, mantener buenos niveles de vitamina D y seguir activo ayudan a proteger el cableado.

Esclerosis múltiple: se pierde el aislante un axón mielinizado · sistema nervioso central Sin mielina, las señales se atascan: hoy el tratamiento frena casi todos los brotes. soma a otra neurona Oligodendrocito envuelve vainas de mielina 1 La señal salta de nodo en nodo Tasaki, 1939 2 barrera Ataque inmunitario linfocitos T y B cruzan la barrera 3 la señal se atasca aquí Lesión, luego cicatriz placa · señal lenta 4 RM, 1981 manchas claras = lesiones Tratar y reparar calmar el sistema inmune ¿reconstruir mielina? 5 fármacos desde 1993 · anti-B 2017
Fig. 86 · La esclerosis múltiple. Las células inmunitarias arrancan la mielina de un axón y las señales se detienen.
Capítulo 87 · Parte IX

La depresión

Todo el mundo se pone triste. La depresión es otra cosa: un ánimo bajo o una pérdida de placer persistentes, durante al menos dos semanas, con alteraciones del sueño y el apetito, agotamiento, falta de concentración y, a menudo, sentimientos de inutilidad o pensamientos de muerte. La Organización Mundial de la Salud calcula que la padecen unos 280 millones de personas, y es una de las principales causas de discapacidad del planeta. Samuel Johnson la llamaba su perro negro en el siglo XVIII, y Winston Churchill hizo famosa la expresión.

Las ideas modernas sobre su biología nacieron por casualidad. En 1952, unos médicos observaron que la iproniazida, un fármaco contra la tuberculosis, levantaba el ánimo de los pacientes del hospital Sea View de Staten Island, y en 1957 el psiquiatra suizo Roland Kuhn, en Münsterlingen, descubrió que la imipramina aliviaba la depresión grave. Ambos aumentaban monoaminas como la serotonina y la noradrenalina, lo que dio pie a la idea popular de un desequilibrio químico y, en 1987, a la fluoxetina, vendida como Prozac. El eslogan era demasiado simple. Una revisión de 2022 no halló pruebas consistentes de que las personas deprimidas tengan poca serotonina; sin embargo, un análisis de 522 ensayos dirigido en 2018 por el equipo de Andrea Cipriani mostró que los 21 antidepresivos estudiados superaban al placebo, de forma modesta en promedio y más en algunas personas.

La imagen actual es de circuitos y resiliencia. Las imágenes muestran una corteza cingulada subgenual hiperactiva, una pequeña región bajo la parte delantera del cuerpo calloso ligada a la tristeza, y conexiones debilitadas con la corteza prefrontal. El estrés prolongado eleva el cortisol, y la depresión recurrente se asocia a un hipocampo más pequeño. En 2005, el equipo de Helen Mayberg en Toronto implantó electrodos en esa región a seis personas resistentes a todo tratamiento, y cuatro mejoraron notablemente. Los antidepresivos podrían actuar en parte devolviendo al cerebro su capacidad de reorganizarse, y por eso tardan semanas.

¿Sabías que la terapia electroconvulsiva, aplicada por primera vez en Roma en 1938 por Ugo Cerletti y Lucio Bini, se realiza hoy con anestesia y sigue siendo el tratamiento más eficaz para las depresiones más graves?

Hay varios caminos de salida. En los años sesenta, Aaron Beck desarrolló en Filadelfia la terapia cognitivo-conductual, que enseña a detectar y poner a prueba los pensamientos negativos automáticos; en la depresión leve o moderada funciona más o menos como la medicación y reduce las recaídas. La ketamina, un anestésico, puede levantar el ánimo en horas al actuar sobre el glutamato, y una versión en espray nasal se aprobó en Estados Unidos en 2019. El ejercicio regular, el contacto social y el buen sueño también cuentan con pruebas sólidas.

La depresión no es debilidad, pereza ni un defecto de carácter, ni algo de lo que uno salga sin más con fuerza de voluntad. Es un trastorno del cerebro y de la vida a la vez, y tiene tratamiento. Pedir ayuda pronto es una fortaleza, y hablar con un médico es donde empieza el camino de salida.

Depresión: cuatro salidas, cuatro dianas cerebrales resumen de pruebas · el efecto varía entre personas Rutas distintas, una meta: que los circuitos atascados vuelvan a cambiar. Más que tristeza dos semanas o más · c. 280 millones de personas ánimo bajo sin placer sueño apetito energía foco 1 Psicoterapia TCC · Beck, años 60 actúa sobre pensar, prefrontal rapidez semanas a meses ideal para leve a moderada 2 Antidepresivos ISRS · desde 1987 actúa sobre serotonina, recableo rapidez cuatro a seis semanas ideal para moderada, grave 3 Estimulación TEC 1938 · ECP 2005 actúa sobre cerebro, área 25 rapidez días a semanas ideal para grave, resistente 4 Ketamina espray nasal · 2019 actúa sobre glutamato rapidez horas ideal para casos resistentes 5
Fig. 87 · La depresión. Más que tristeza: cuatro formas de tratar la depresión y sus dianas cerebrales.
Capítulo 88 · Parte IX

La esquizofrenia

La esquizofrenia afecta a unos 24 millones de personas en el mundo, aproximadamente una de cada 300, y suele empezar al final de la adolescencia o al comienzo de la edad adulta. Sus rasgos más conocidos son los de la psicosis: alucinaciones, sobre todo voces, y delirios, creencias falsas e inamovibles como sentirse vigilado o controlado. Menos visibles, pero a menudo más incapacitantes, son los síntomas negativos, afecto aplanado, falta de motivación y aislamiento, además de problemas de memoria y atención.

El psiquiatra alemán Emil Kraepelin agrupó estos rasgos en la década de 1890 como dementia praecox, demencia precoz, y auguró un declive inevitable. En 1908, el psiquiatra suizo Eugen Bleuler, en la clínica Burghölzli de Zúrich, acuñó la palabra esquizofrenia, del griego mente escindida, para referirse a una ruptura entre pensamiento, emoción y conducta. El mito popular de la personalidad doble o múltiple es falso, igual que la idea de que estas personas suelen ser peligrosas: son mucho más a menudo víctimas de la violencia que autoras.

El tratamiento cambió en 1952, cuando Jean Delay y Pierre Deniker, en el hospital Sainte-Anne de París, dieron clorpromazina, un fármaco creado para la anestesia, a pacientes psicóticos agitados y los vieron calmarse. Los manicomios empezaron a vaciarse. En 1963, Arvid Carlsson demostró en Suecia que estos fármacos bloqueaban la señal de la dopamina, y a mediados de los años setenta Philip Seeman en Toronto y el equipo de Solomon Snyder en Baltimore vieron que su potencia coincidía con la fuerza con que se unían al receptor D2 de la dopamina. La anfetamina, que libera dopamina, puede causar psicosis en personas sanas, y las imágenes mostraron después un exceso de liberación de dopamina en el estriado de los pacientes. La clozapina, eficaz en pacientes resistentes según se demostró en 1988, sigue siendo el fármaco más potente.

¿Sabías que las cuatrillizas Genain, hermanas idénticas nacidas en Estados Unidos en 1930, desarrollaron todas esquizofrenia y fueron estudiadas durante décadas por el Instituto Nacional de Salud Mental estadounidense?

Los genes pesan mucho, con una heredabilidad de alrededor del 80 %, pero actúan a través de muchas pequeñas variantes. En 2016, el equipo de Steven McCarroll en Harvard descubrió que una variante de riesgo aumenta la actividad de un gen llamado C4, que marca sinapsis para eliminarlas, lo que sugiere que una poda excesiva en la adolescencia podría explicar la edad de inicio. El entorno también cuenta: un estudio de reclutas suecos publicado en 1987 vinculó el consumo intenso de cannabis con la esquizofrenia posterior, y un estudio europeo de 2019 halló que el consumo diario de cannabis muy potente multiplicaba por cinco aproximadamente el riesgo de psicosis. El matemático John Nash, enfermo desde 1959, se recuperó lo bastante para compartir el Nobel de Economía en 1994.

El gran cambio práctico es la atención temprana. En 1992, Patrick McGorry abrió en Melbourne un servicio para primeros episodios psicóticos, y equipos similares se extendieron por el mundo: evaluación rápida, dosis bajas, apoyo a las familias y ayuda para seguir estudiando o trabajando. El primer episodio es una encrucijada, y detectarlo pronto cambia el rumbo de muchas vidas.

Esquizofrenia: un siglo del miedo a la ayuda temprana c. 24 millones de personas · cerca de 1 de cada 300 Detecta pronto el primer episodio y el camino cambia. Kraepelin dementia praecox declive previsto 1893 Bleuler acuña la palabra no «yo dividido» 1908 Tres grupos de síntomas positivos: voces, delirios negativos: apatía, aislamiento cognitivos: memoria, atención 1 Clorpromazina Delay y Deniker París · asilos vacíos 1952 2 Carlsson fármacos bloquean dopamina 1963 el receptor D2 Seeman, Snyder potencia coincide 1976 Clozapina para casos resistentes 1988 3 Gen C4 poda sináptica inicio adolescente 2016 Riesgo heredabilidad c. 80 % muchas variantes pequeñas cannabis potente: c. ×5 4 Psicosis precoz McGorry, Melbourne servicio, 1992 1992 Equipos de atención temprana atención rápida, dosis baja apoyo familiar seguir en clase o trabajo 5
Fig. 88 · La esquizofrenia. De la demencia precoz a la atención temprana: un siglo para entender la psicosis.
Capítulo 89 · Parte IX

La neurodiversidad

A finales de los años noventa, la socióloga australiana Judy Singer, ella misma autista, acuñó la palabra neurodiversidad para defender que los cerebros varían con la misma naturalidad que las huellas dactilares, y que algunas diferencias piden comprensión y adaptación más que una cura. La idea abarca varias condiciones presentes desde la infancia, muy hereditarias, que cambian la forma en que el cerebro percibe el mundo. Tres de las más comunes son el autismo, el TDAH y la dislexia.

El autismo lo describió en 1943 Leo Kanner en Baltimore, a partir de 11 niños con una atención intensa, necesidad de rutina y dificultades de contacto social, y en 1944 Hans Asperger en Viena, cuya colaboración con la eutanasia infantil nazi documentó el historiador Herwig Czech en 2018. En los años setenta y ochenta, la psiquiatra británica Lorna Wing, madre de una hija autista, lo replanteó como un espectro. Las personas autistas suelen procesar los detalles sensoriales con intensidad y les cuesta leer las normas sociales no escritas. Un mito debe enterrarse: las vacunas no causan autismo. El artículo de Andrew Wakefield de 1998 fue retractado, y un estudio danés con más de 650.000 niños, de 2019, no encontró ningún vínculo. El aumento de diagnósticos, hasta cerca de uno de cada 36 niños estadounidenses en 2023, refleja sobre todo definiciones más amplias y mejor detección.

El TDAH, trastorno por déficit de atención e hiperactividad, afecta a alrededor del 5 % de los niños del mundo. El pediatra londinense George Still describió a niños inquietos e impulsivos en unas conferencias de 1902. En 2007, las imágenes de Philip Shaw en el Instituto Nacional de Salud Mental estadounidense mostraron que la corteza de los niños con TDAH alcanza su grosor máximo unos tres años más tarde que la de los demás, aunque sigue el mismo patrón. Los estimulantes como el metilfenidato refuerzan la dopamina y la noradrenalina en los circuitos prefrontales y ayudan a muchas personas a concentrarse.

¿Sabías que el metilfenidato lo sintetizó en 1944 el químico suizo Leandro Panizzon, que bautizó la marca Ritalin en honor de su esposa Marguerite, a la que llamaban Rita?

La dislexia la describió por primera vez en 1896 W. Pringle Morgan, médico de Seaford, en Sussex, al hablar de Percy, un chico brillante de 14 años incapaz de aprender a leer. Afecta quizá al 5 a 10 % de las personas y consiste sobre todo en una dificultad para unir letras y sonidos. En 2001, Eraldo Paulesu y sus colegas hallaron la misma menor actividad en las áreas lectoras del hemisferio izquierdo en lectores disléxicos de Italia, Francia y el Reino Unido, pese a sus ortografías tan distintas.

Las tres coinciden mucho más a menudo de lo que dictaría el azar, y cada una es muy hereditaria. La visión de la neurodiversidad no niega las dificultades reales; muchas personas autistas y sus familias necesitan un apoyo considerable. Pide cosas prácticas: aulas más tranquilas, tiempo extra en los exámenes, instrucciones claras, trabajo flexible y reconocer fortalezas como la concentración o la detección de patrones. Un cableado distinto no es un cableado defectuoso.

Neurodiversidad: tres cableados que se solapan presentes desde la infancia · muy hereditarios Un cableado distinto no es defectuoso: adapta el entorno, apoya a la persona. Autismo detalle sensor. Autismo Kanner 1943 Asperger 1944 Wing: espectro 1 TDAH atención TDAH Still 1902 c. 5 % de los niños corteza c. 3 años después 2 Dislexia de letras a sonidos Dislexia Morgan 1896 c. 5–10 % áreas de lectura 3 coexisten genes compartidos Solapamientos a menudo juntos vienen de familia no hay una causa 4 La visión de la neurodiversidad Judy Singer, finales de los 90 · salas tranquilas, más tiempo, instrucciones claras 5
Fig. 89 · La neurodiversidad. Autismo, TDAH y dislexia: tres formas de cableado que a menudo se solapan.
Capítulo 90 · Parte IX

La migraña

La migraña no es un simple dolor de cabeza fuerte. Es una crisis de todo el cerebro que puede desarrollarse durante días: una fase de aviso con bostezos, antojos y rigidez, a veces un aura visual, un dolor pulsátil en un lado de la cabeza que dura de 4 a 72 horas con náuseas y molestia ante la luz y el ruido, y después una especie de resaca. Más de mil millones de personas tienen migraña, las mujeres unas tres veces más que los hombres, y el estudio Global Burden of Disease la sitúa como segunda causa de años vividos con discapacidad.

El aura, que afecta a cerca de un tercio de quienes padecen migraña, dio la primera pista. En 1941, el psicólogo estadounidense Karl Lashley dibujó sus propios zigzags centelleantes mientras cruzaban su campo visual y calculó que su causa debía avanzar por la corteza visual a unos 3 milímetros por minuto. Tres años después, el investigador brasileño Aristides Leão, en Harvard, descubrió en conejos una onda de actividad intensa seguida de silencio que avanzaba por la corteza justo a esa velocidad. Esta depresión cortical propagada se observó después en humanos: en 2001 un equipo de Boston la captó con resonancia funcional durante auras visuales.

El dolor procede de otro sistema. Las meninges y sus vasos están inervados por el nervio trigémino, que al activarse libera un mensajero llamado CGRP. En 1990, Peter Goadsby y Lars Edvinsson midieron cómo subía el CGRP en la sangre que drena la cabeza durante las crisis. Ese hallazgo condujo directamente a nuevos tratamientos. Los triptanes, empezando por el sumatriptán en 1991, calman el sistema trigeminal, y desde 2018 los anticuerpos contra el CGRP o su receptor, inyectados cada mes, reducen las crisis a la mitad o más en muchas personas a las que nada más les funcionaba.

¿Sabías que en 2016 unos neurólogos de Hamburgo escanearon cada día durante un mes el cerebro de una paciente con migraña y vieron que el hipotálamo se activaba más el día anterior a cada crisis?

Ese hallazgo ayuda a explicar la fase de aviso y por qué la migraña está tan ligada al sueño, el hambre y las hormonas; muchas mujeres tienen crisis en torno a la menstruación. La migraña tiene también una larga sombra cultural. Los historiadores debaten si las visiones de la abadesa Hildegarda de Bingen, en el siglo XII, con sus estrellas y luces centelleantes, eran auras migrañosas, como sugirió Charles Singer en 1917. El mito de que la migraña es solo estrés o debilidad de carácter ha hecho más daño que cualquier teoría.

Los consejos prácticos se derivan de la biología. Ayudan el sueño y las comidas regulares, beber suficiente agua y llevar un diario de cefaleas para detectar los desencadenantes propios, así como tratar la crisis pronto. Tomar analgésicos más de diez a quince días al mes puede causar cefalea por abuso de medicación, así que la migraña frecuente merece tratamiento preventivo y no estoicismo. La migraña es una tormenta en el cerebro, y hoy se puede predecir y domar.

Migraña: una onda por la corteza y luego el dolor aura según Lashley 1941 y Leão 1944 · CGRP 1990 Una tormenta con pronóstico: hipotálamo, onda, nervio, dolor. corteza meninges delante atrás: visual Hipotálamo se agita hasta un día antes bostezos, antojos 1 Pródromo horas a 1 día c. 3 mm por minuto silencio Onda propagada descarga y luego silencio aura visual 2 Aura 5 a 60 min vaso + CGRP Ganglio trigémino Nervio trigémino libera CGRP Goadsby, 1990 3 tronco → tálamo La cefalea pulsátil, unilateral náuseas, la luz molesta 4 Cefalea 4 a 72 horas Posdromo agotado Fármacos dirigidos triptanes 1991 anti-CGRP 2018 5
Fig. 90 · La migraña. Una onda lenta cruza la corteza; luego el nervio trigémino y el CGRP traen el dolor.
Parte X

Leer y construir el cerebro

Cómo vemos el interior del cerebro, cómo lo reparamos y cómo lo imitamos.

Capítulo 91 · Parte X

Cajal y la doctrina neuronal

En 1873, en la cocina de un hospicio para enfermos incurables de Abbiategrasso, cerca de Milán, el médico italiano Camillo Golgi sumergió un bloque de cerebro en dicromato potásico y después en nitrato de plata. Unas pocas células nerviosas se volvieron negras como el azabache sobre un fondo amarillo pálido, con cada rama dibujada como un árbol en invierno. La llamó la reazione nera, la reacción negra. Su gran virtud era una selectividad misteriosa: por razones que aún no se entienden del todo, solo tiñe alrededor de una célula de cada cien, de modo que las neuronas aisladas destacan sobre la maraña.

Golgi, sin embargo, veía en sus preparaciones una red continua. Como casi todos los anatomistas de su tiempo, defendía la teoría reticular: las fibras nerviosas se fundirían en un tejido sin costuras, igual que se unen los vasos sanguíneos. En 1887, un anatomista español que entonces enseñaba en Valencia, Santiago Ramón y Cajal, conoció el método en Madrid y se propuso mejorarlo: impregnaba dos veces y elegía tejido joven o embrionario, cuyas fibras aún no estaban envueltas en mielina. En 1888, observando el cerebelo de aves, vio que las terminaciones nerviosas se detenían antes de la célula siguiente. Las neuronas se tocaban; no se fundían.

De ahí nació la doctrina neuronal: el sistema nervioso está hecho de células separadas, cada una con su cuerpo, sus dendritas y su axón. Cajal añadió que la señal circula en un solo sentido, entra por las dendritas y sale por el axón, y describió el cono de crecimiento y las diminutas espinas dendríticas. En 1891 el anatomista alemán Wilhelm Waldeyer llamó neurona a esa unidad, y en 1897 el británico Charles Sherrington bautizó como sinapsis el punto de encuentro. Cajal lo dibujó todo a mano: en el Instituto Cajal de Madrid se conservan cerca de 3000 dibujos suyos, que los manuales siguen reproduciendo por su claridad.

¿Sabías que de niño rebelde Cajal quería ser pintor, y su padre, profesor de anatomía, lo puso de aprendiz con un barbero y luego con un zapatero para enderezarlo?

En 1906 Golgi y Cajal compartieron en Estocolmo el Premio Nobel, el primero de medicina repartido entre dos, y Golgi dedicó su discurso a atacar la doctrina neuronal. La prueba tuvo que esperar al microscopio electrónico. En los años cincuenta, Sanford Palay, George Palade y otros fotografiaron sinapsis y hallaron un espacio de unos 20 nanómetros entre las células. Golgi no se equivocaba del todo: algunas células se acoplan directamente mediante sinapsis eléctricas, uniones comunicantes demostradas en el cangrejo de río en 1959.

Toda idea moderna sobre el cerebro descansa en la imagen de Cajal, de los neurotransmisores a los mapas del conectoma. El aprendizaje, la memoria y la acción de los fármacos ocurren en esos huecos, y por eso pueden ajustarse, entrenarse y repararse. El cerebro es una sociedad de células separadas que conversan a través de espacios diminutos.

¿Una red o células separadas? Golgi contra Cajal reacción negra 1873 · cerebelo de ave 1888 · microscopio electrónico, años 50 Las neuronas se tocan pero no se funden: aprendizaje y fármacos actúan en los huecos. La reacción negra dicromato y luego nitrato de plata tiñe c. 1 de cada 100 células célula entera, negro azabache 1873 Tinción de Golgi 1 Golgi: teoría reticular una red continua las fibras se unen como tubos 2 Cajal: doctrina de la neurona células separadas, flujo en un sentido dendritas axón soma las terminales no llegan 1888 cerebelo de ave 3 1891 «neurona» 1897 «sinapsis» 1906 Nobel compartido 4 hendidura c. 20 nm 1955 el ME muestra el hueco 5
Fig. 91 · Cajal y la doctrina neuronal. La red de Golgi o las células separadas de Cajal: la tinción, la disputa y la prueba.
Capítulo 92 · Parte X

Las ondas cerebrales

En 1875 Richard Caton, médico de Liverpool, colocó electrodos sobre el cerebro expuesto de conejos y monos y detectó corrientes eléctricas débiles y cambiantes. Medio siglo después, un psiquiatra de Jena, en Alemania, probó lo mismo en personas, a través del cráneo. Hans Berger hizo sus primeros registros humanos en 1924, empezando por pacientes con orificios en el cráneo tras una operación, y pasó cinco años dudando antes de publicar en 1929. Llamó al trazado electroencefalograma, o EEG.

¿Qué capta realmente el EEG? No los potenciales de acción de neuronas sueltas, demasiado pequeños y breves para llegar al cuero cabelludo. Registra la suma de las corrientes que circulan dentro y alrededor de millones de células piramidales de la corteza, alineadas como los árboles de una plantación. Cuando muchas de ellas se activan al unísono, sus diminutas corrientes se suman en una onda de unas decenas de millonésimas de voltio. Los circuitos entre el tálamo y la corteza actúan como marcapasos y fijan buena parte del compás.

El hallazgo más famoso de Berger fue el ritmo alfa, una onda suave de unos 8 a 12 ciclos por segundo que aparece en la parte posterior de la cabeza cuando una persona relajada cierra los ojos y desaparece al abrirlos o al ponerse a hacer cuentas mentalmente. Las ondas beta, más rápidas y pequeñas, acompañan al pensamiento alerta; las gamma, más rápidas aún, al procesamiento concentrado. Las theta, más lentas, llegan con la somnolencia, y las grandes ondas delta dominan el sueño profundo. Berger fue casi ignorado hasta 1934, cuando Edgar Adrian y Bryan Matthews, en Cambridge, confirmaron el ritmo alfa registrándolo en sí mismos.

¿Sabías que Berger se interesó por el cerebro tras caerse de un caballo durante el servicio militar, cuando su hermana, lejos de allí, presintió el peligro e hizo que su padre enviara un telegrama, y él esperaba que el EEG explicara la telepatía?

El EEG demostró pronto su valor en el hospital. En 1935 Frederic Gibbs, Hallowell Davis y William Lennox, en Boston, mostraron que las crisis de ausencia infantiles se acompañan de un llamativo patrón de punta-onda a tres ciclos por segundo, y desde entonces el diagnóstico de la epilepsia se apoya en el EEG. Las unidades de sueño lo usan para dividir la noche en fases, los anestesistas para juzgar la profundidad de la anestesia, las unidades de cuidados intensivos para detectar crisis silenciosas, y algunas interfaces cerebro-máquina lo leen con gorros de electrodos secos.

Un mito popular dice que una diadema o una banda sonora especial nos llevará a un plácido «estado alfa». El alfa indica un sistema visual en reposo, no una fuente secreta de creatividad, y las pruebas a favor de esos aparatos son débiles. La verdadera lección de las ondas cerebrales es que el cerebro vivo nunca calla. Incluso en reposo, miles de millones de células marcan el compás juntas.

Los cinco ritmos del electroencefalograma Caton 1875 (animales) · Berger 1924, Jena (humanos) · Adrian + Matthews 1934 ritmo un segundo de EEG estado típico 1 segundo Ni en reposo calla el cerebro: miles de millones de células marcan el compás. electrodo cuero cabelludo cráneo corteza Células piramidales alineadas, disparan a la vez corrientes sumadas c. 10–100 µV en el cuero cab. 1 Alfa 8–12 Hz ojos cerrados, calma 2 ritmo de Berger Gamma > 30 Hz trabajo concentrado 3 Beta 13–30 Hz pensamiento alerta Theta 4–7 Hz somnolencia 4 Delta < 4 Hz sueño profundo Crisis de ausencia Boston, 1935 punta-onda a 3 Hz 5
Fig. 92 · Las ondas cerebrales. Cinco ritmos del electroencefalograma, del gamma rápido al delta lento.
Capítulo 93 · Parte X

Escanear el cerebro

Durante casi toda la historia, la única forma de ver un cerebro era esperar a que muriera su dueño. Los rayos X, descubiertos en 1895, atraviesan los tejidos blandos, así que las primeras imágenes cerebrales exigían trucos crueles. En 1919 el cirujano estadounidense Walter Dandy extrajo líquido de las cavidades del cerebro y lo sustituyó por aire para crear sombras, una prueba dolorosa que se usó durante décadas. En 1927 el neurólogo portugués Egas Moniz inyectó contraste en las arterias del cuello para cartografiar los vasos cerebrales.

La revolución empezó el 1 de octubre de 1971 en el hospital Atkinson Morley de Wimbledon, al sur de Londres. Una mujer con sospecha de tumor en el lóbulo frontal fue examinada con una máquina construida por Godfrey Hounsfield, ingeniero de EMI. Tomaba radiografías desde muchos ángulos y un ordenador reconstruía un corte de la cabeza. El tumor apareció con claridad. La tomografía computarizada, o TAC, valió el Premio Nobel de 1979 a Hounsfield y al físico de origen sudafricano Allan Cormack, y sigue siendo la primera prueba ante un posible ictus, porque muestra una hemorragia en minutos.

Después llegó la tomografía por emisión de positrones, o PET. A mediados de los años setenta, Michael Phelps y Edward Hoffman, en San Luis, construyeron escáneres que detectan los rayos gamma emitidos cuando se desintegra un trazador radiactivo. Un trazador derivado de la glucosa, introducido en 1976, revela qué regiones consumen más. Luego vino la resonancia magnética, surgida de las ideas de Paul Lauterbur en Nueva York y Peter Mansfield en Nottingham: un imán potente y ondas de radio hacen que los átomos de hidrógeno del agua revelen los tejidos blandos con un detalle exquisito, sin radiación ionizante. En 1990 Seiji Ogawa, en los Bell Labs, demostró que la resonancia puede detectar el nivel de oxígeno de la sangre, y en 1992 varios equipos ya observaban cerebros humanos trabajando. Es la resonancia magnética funcional.

¿Sabías que en 2009 un equipo dirigido por Craig Bennett metió un salmón atlántico muerto en un escáner de resonancia funcional, le mostró fotos de personas y encontró una aparente «actividad cerebral», como demostración deliberada de lo que ocurre si no se corrigen las estadísticas?

Leer una imagen exige cautela. La resonancia funcional no ve a las neuronas disparar: ve cómo aumenta el flujo sanguíneo unos segundos después, promediado en milímetros. Las manchas de colores de los periódicos son mapas estadísticos, no luces que se encienden, y decir que una región «se ilumina» con el amor o la política suele simplificar en exceso. Aun así, las imágenes han transformado la medicina. Los neurocirujanos localizan las áreas del lenguaje antes de operar, los equipos de ictus deciden en minutos si disolver un coágulo, y en 2024 el escáner Iseult, en Saclay, Francia, obtuvo sus primeras imágenes del cerebro humano a 11,7 teslas.

La ventana al cerebro vivo es ya rutina, pero muestra una sombra de la actividad, no el pensamiento mismo. Usemos las imágenes, sin dejar de preguntar qué miden.

Un siglo de imágenes del cerebro vivo de sombras en película a mapas de oxígeno en sangre · sin escala Los escáneres muestran una sombra de la actividad, no el pensamiento: léelos con cuidado. 1919 Sombras de aire Walter Dandy aire por líquido 1 1927 Angiografía Egas Moniz contraste en arterias 1971 Escáner TC Hounsfield, EMI Wimbledon, 1 oct. 2 1976 PET + glucosa Phelps, Hoffman trazador de consumo 3 1973 RM Lauterbur sin radiación 1990 RMf BOLD Seiji Ogawa oxígeno en sangre 4 2024 11,7 teslas Iseult, Saclay primeras imágenes Leer las manchas los colores son estadística Retraso el flujo culmina 4–6 s tras la descarga Desenfoque cada vóxel agrupa un gentío de neuronas Estadística salmón muerto, 2009 cálculo sin corregir 5
Fig. 93 · Escanear el cerebro. De las sombras de rayos X a la resonancia funcional: un siglo viendo el cerebro vivo.
Capítulo 94 · Parte X

La optogenética

Durante un siglo, los neurocientíficos pudieron registrar neuronas o estimularlas con electrodos, pero no elegir un tipo de célula entre la multitud y controlarlo solo a él. En 1979 Francis Crick sostuvo que lo que más necesitaba la disciplina era un modo de encender y apagar células concretas, y más tarde especuló con que la luz podría lograrlo. La respuesta llegó de la verdina de los estanques.

El alga verde unicelular Chlamydomonas reinhardtii nada hacia la luz gracias a una proteína fotosensible de su mancha ocular. En 2002 y 2003, Georg Nagel, Peter Hegemann y Ernst Bamberg, en Alemania, demostraron que una de ellas, la canalrodopsina-2, es un canal que se abre con luz azul y deja entrar iones positivos. En agosto de 2005, Edward Boyden, Feng Zhang y Karl Deisseroth, en Stanford, introdujeron su gen en neuronas de rata cultivadas. Los destellos de luz azul hacían disparar a las células, impulso a impulso, con precisión de milisegundos. Gero Miesenböck, entonces en Nueva York, ya había hecho sensibles a la luz unas neuronas en 2002 con un sistema más complejo de genes de mosca. El método recibió el nombre de optogenética.

El truco funciona así. El gen se empaqueta en un virus inofensivo junto con un interruptor genético, un promotor, que solo se activa en un tipo de célula, como las neuronas de dopamina. Se inyecta el virus en una pequeña región del cerebro de un ratón y, semanas después, una fibra óptica fina lleva luz azul de unos 470 nanómetros. Solo las células elegidas tienen el canal, así que solo ellas responden. Una segunda proteína, procedente de un microbio amante de la sal, la halorrodopsina, hace lo contrario: con luz amarilla introduce cloruro y silencia la célula. Interruptores de encendido y apagado, dirigidos a las células escogidas.

¿Sabías que en 2021 un hombre ciego con retinosis pigmentaria, tratado en Francia con un gen fotosensible en un ojo y equipado con unas gafas especiales, logró localizar, contar y tocar objetos sobre una mesa?

Los experimentos posteriores fueron asombrosos. En 2012 Xu Liu, Steve Ramirez y Susumu Tonegawa, en el MIT, marcaron las células del hipocampo activas mientras un ratón aprendía a temer una caja y después lo hicieron quedarse inmóvil en otra caja, segura, con solo iluminar esas células. Otros laboratorios aliviaron en ratones problemas de movimiento parecidos al párkinson, provocaron agresividad o ganas de comer y rastrearon los circuitos de la ansiedad y la recompensa. El ensayo de visión, dirigido por José-Alain Sahel y Botond Roska, fue el primer uso en humanos.

La optogenética es sobre todo una herramienta de descubrimiento, aún no un tratamiento, porque no es fácil dotar a un cerebro humano de genes y fibras. Pero ha llevado la neurociencia de observar a experimentar: si encender un circuito provoca una conducta, el vínculo ya no es una mera correlación. Una pequeña alga nos enseñó a hacerle preguntas directas al cerebro.

Optogenética: encender una neurona con luz canalrodopsina-2 · Boyden, Zhang + Deisseroth, Stanford 2005 Detalle de la membrana fuera de la célula dentro de la célula Cerebro de ratón, vista lateral De observar a probar: enciende un circuito y mira qué provoca. Gen de alga ChR2 Chlamydomonas 1 Virus AAV + promotor un tipo celular 2 solo las células elegidas lo expresan Luz azul c. 470 nm fibra óptica 3 fibra luz azul abre ChR2 entra Na+ Potencial en milisegundos Stanford 2005 4 Voltaje de membrana destello → disparo Apagado halorrodopsina luz amarilla 5 amarilla luz entra Cl−: silencio
Fig. 94 · La optogenética. Un gen de alga, un virus y un destello azul: cómo encender una neurona.
Capítulo 95 · Parte X

Interfaces cerebro-máquina

En 1969, en Seattle, Eberhard Fetz premiaba a unos monos con bolitas de plátano cada vez que una sola neurona de su corteza motora se activaba más deprisa, y los monos aprendieron a mover la aguja de un medidor con esa única célula. La idea de interfaz cerebro-máquina, término acuñado por Jacques Vidal en la UCLA en 1973, nació de experimentos así: si el cerebro puede controlar el disparo de una célula, una máquina puede escucharlo.

Todo se basa en un hecho sencillo. Las neuronas de la corteza motora siguen disparando cuando una persona paralizada intenta o imagina moverse, y cada célula prefiere ciertas direcciones. Si se registran suficientes, un algoritmo, el decodificador, convierte su actividad conjunta en la velocidad de un cursor, el movimiento de una mano robótica o una secuencia de sílabas. El sensor de referencia ha sido la matriz de Utah, desarrollada por Richard Normann en la Universidad de Utah: un cuadrado de silicio de 4 milímetros de lado con 100 electrodos en forma de aguja de unos 1,5 milímetros de largo.

En 2004 Matthew Nagle, paralizado del cuello para abajo tras una puñalada, fue el primero en recibir una matriz de Utah en el ensayo estadounidense BrainGate; movía un cursor y abría su correo. En 2012 Cathy Hutchinson, que no podía moverse ni hablar desde un ictus en el tronco encefálico quince años antes, usó un brazo robótico para levantar una botella y beber café por sí misma. En 2016, en Pittsburgh, Nathan Copeland, con implantes también en la corteza sensorial, sintió la presión sobre los dedos del robot. En 2023 dos mujeres que habían perdido el habla, Pat Bennett, con esclerosis lateral amiotrófica, y Ann Johnson, tras un ictus, hablaron mediante decodificadores a unas 60 a 80 palabras por minuto, mucho más rápido que con los sistemas anteriores.

¿Sabías que en 2023 el neerlandés Gert-Jan Oskam, paralizado tras un accidente de bicicleta, volvió a caminar gracias a unos implantes colocados en Lausana que conectan sin cables sus señales cerebrales con un estimulador en la médula espinal?

Las empresas se han sumado. Neuralink implantó su primer dispositivo, con 1024 electrodos en hilos flexibles, a Noland Arbaugh en enero de 2024; Synchron introduce un electrodo con forma de stent por un vaso sanguíneo, sin abrir el cráneo. La interfaz neural de más éxito, sin embargo, es más antigua: el implante coclear, que estimula el nervio auditivo y usan alrededor de un millón de personas.

Estas interfaces no leen la mente. Descodifican movimientos intencionados o intentos de habla a partir de pequeñas zonas de la corteza, requieren entrenamiento y aún afrontan problemas de cicatrización, durabilidad y coste. Las preguntas éticas sobre quién es dueño de los datos neuronales llegan más deprisa que la técnica. Pero para quienes viven encerrados en un cuerpo inmóvil, unos cientos de electrodos ya significan una voz, un cursor y una taza de café.

De la corteza motora al cursor, el brazo y la voz matriz de Utah (Normann) · BrainGate desde 2004 · decodificadores del habla 2023 No es leer la mente: es intención descodificada que devuelve una voz y un café. 100 electrodos c. 1,5 mm de largo cada uno base de 4 × 4 mm agujas hacia arriba 1 Disparos de la corteza motora 2 Decodificador disparos → velocidad o letras se recalibra 3 Cursor Nagle, 2004 Brazo robótico Hutchinson, 2012 Habla c. 60–80 palabras/min 2023 4 Tacto devuelto Copeland, 2016 Enlace cerebro-médula Oskam, 2023 las señales regresan 5
Fig. 95 · Interfaces cerebro-máquina. Una matriz de Utah en la corteza motora, un decodificador y un cursor, un brazo o una voz.
Capítulo 96 · Parte X

La estimulación cerebral profunda

En 1987, en un quirófano de Grenoble, el neurocirujano francés Alim-Louis Benabid se disponía a destruir una pequeña zona del tálamo de un paciente con un temblor grave, la cirugía habitual de la época. Antes de hacer la lesión probó el punto con un electrodo, como era costumbre, y subió la frecuencia por encima de 100 impulsos por segundo. El temblor se detuvo. Al cortar la corriente, volvió. Benabid comprendió que la estimulación rápida lograba lo mismo que quemar, pero de forma reversible. Había nacido la estimulación cerebral profunda.

El sistema es una especie de marcapasos cerebral. Un electrodo fino, de unos 1,3 milímetros de diámetro y con cuatro o más contactos metálicos en la punta, se guía por un pequeño orificio del cráneo hasta una diana profunda, con ayuda de imágenes y un marco rígido, con precisión milimétrica. Un cable discurre bajo la piel del cuero cabelludo y el cuello hasta un generador de impulsos con batería situado bajo la clavícula, que envía unos 130 impulsos por segundo. El paciente suele estar despierto, porque el propio cerebro no siente dolor, y el equipo oye crepitar las neuronas por un altavoz a medida que el electrodo atraviesa distintas estructuras.

La mejor diana para el párkinson salió de la investigación con animales. En 1990 Hagai Bergman, Thomas Wichmann y Mahlon DeLong, en la Universidad Johns Hopkins, demostraron que lesionar el núcleo subtalámico, un grupo de neuronas con forma de lente más pequeño que un guisante, revertía el parkinsonismo en monos. El equipo de Benabid empezó a estimularlo en pacientes en 1993. En muchos casos la rigidez, la lentitud y el temblor mejoran de forma notable y las dosis de fármacos pueden bajar. Otras enfermedades tienen otras dianas: el tálamo para el temblor esencial, el globo pálido para la distonía y regiones cercanas al estriado para el trastorno obsesivo-compulsivo grave. En 2019 más de 160 000 personas en el mundo habían recibido este tratamiento.

¿Sabías que nadie sabe con certeza por qué funciona la estimulación cerebral profunda y que la idea principal es que los impulsos interfieren con ritmos anormales, como las fuertes oscilaciones beta del párkinson, en lugar de simplemente apagar células?

El método tiene límites y sorpresas. En 2005 el equipo de Helen Mayberg, en Toronto, informó de que estimular una región llamada área 25 aliviaba una depresión grave en varios pacientes, pero ensayos mayores dieron resultados dispares, y la depresión sigue siendo una indicación experimental. Algunas personas sufren cambios de humor o impulsividad tras la operación, así que la selección y el seguimiento cuidadosos son esenciales. Los sistemas más nuevos son adaptativos: captan el ritmo beta con el mismo electrodo y ajustan la estimulación minuto a minuto. Un sistema así se aprobó en Europa y en Estados Unidos en 2025.

La estimulación no cura el párkinson; la pérdida de células de dopamina continúa. Lo que ofrece son años de movimientos más estables y una lección que va mucho más allá de una sola enfermedad. A veces, la mejor manera de arreglar un circuito que falla no es extirparlo, sino darle un ritmo nuevo.

Estimulación cerebral profunda: un marcapasos para un circuito corte coronal · Benabid, Grenoble 1987 · c. 130 pulsos por segundo corteza tronco encefálico No se extirpa el circuito: se le da un nuevo ritmo. El electrodo c. 1,3 mm de ancho · 4+ contactos guiado por imagen y marco 1 Núcleo subtalámico menor que un guisante diana del párkinson desde 1993 2 Otras dianas tálamo: temblor esencial globo pálido: distonía 3 tálamo pálido Generador bajo la clavícula Batería y cable c. 130 pulsos por segundo se reprograma sin cirugía 4 ECP adaptativa detecta el ritmo beta y se ajusta 2025 5
Fig. 96 · La estimulación cerebral profunda. Un electrodo al núcleo subtalámico, un cable bajo la piel y un generador en el pecho.
Capítulo 97 · Parte X

Cerebro e inteligencia artificial

En 1943, en Chicago, el neurofisiólogo Warren McCulloch y el joven lógico Walter Pitts describieron la neurona como un simple interruptor: suma entradas ponderadas y dispara si el total supera un umbral. Demostraron que redes de esas unidades podían calcular lógica. Toda red neuronal artificial desciende de esa caricatura. En 1949 el psicólogo canadiense Donald Hebb propuso que aprender consiste en reforzar las conexiones entre células que se activan juntas, y en 1958 el perceptrón de Frank Rosenblatt, una máquina de la Universidad Cornell, aprendió a clasificar formas sencillas ajustando sus pesos. The New York Times contó que la Marina estadounidense esperaba que algún día esas máquinas caminaran, hablaran y vieran.

Los préstamos continuaron. El hallazgo de David Hubel y Torsten Wiesel, a partir de 1959, de que las células de la corteza visual responden a bordes y luego a combinaciones de bordes inspiró el neocognitrón de Kunihiko Fukushima en Tokio en 1980 y las redes convolucionales de Yann LeCun en 1989, que leían códigos postales escritos a mano. En 2012 una red convolucional llamada AlexNet ganó con amplia ventaja un concurso de imágenes y desató el auge del aprendizaje profundo. Las ideas también viajaron en sentido contrario: en 1997 Wolfram Schultz, Peter Dayan y Read Montague mostraron que las neuronas de dopamina de los monos señalan un error de predicción de la recompensa, justo la magnitud que usa un algoritmo de aprendizaje de la informática.

Pero las diferencias son profundas. Las neuronas reales se comunican con impulsos sincronizados al milisegundo, y una sola célula piramidal de la corteza, con sus dendritas ramificadas, se comporta más como una pequeña red que como un interruptor; un estudio de 2021 necesitó de cinco a ocho capas de unidades artificiales para imitarla. El cerebro funciona con unos 20 vatios, como una bombilla tenue, mientras que entrenar un gran modelo de IA consume durante semanas la electricidad de una pequeña ciudad. Las redes modernas aprenden por retropropagación, enviando señales de error precisas hacia atrás por cada capa, y nadie ha encontrado al cerebro haciendo exactamente eso.

¿Sabías que un niño aprende su lengua a partir de unas decenas de millones de palabras oídas en su primera década, mientras que los grandes modelos de lenguaje se entrenan con billones de palabras?

El cerebro aprende además de forma continua sin borrar habilidades antiguas, un problema que los ingenieros llaman olvido catastrófico, y aprende con pocos ejemplos, dentro de un cuerpo que se mueve, siente y necesita. Un mito popular sostiene que la IA «funciona como el cerebro». Funciona como un esbozo muy simplificado de algunos de sus trucos. La relación más fértil va hoy en ambos sentidos: las redes entrenadas para reconocer objetos predicen sorprendentemente bien las respuestas de la corteza visual del mono, como demostró el equipo de James DiCarlo en el MIT en 2014, y los neurocientíficos las usan como modelos comprobables.

Para la vida diaria, la lección es humildad por ambas partes. Las máquinas nos ganan al ajedrez y redactan con soltura, pero el aparato de aprendizaje más barato y flexible del planeta sigue siendo el que llevamos entre las orejas, alimentado con un tazón de gachas.

Lo que tomaron las redes artificiales y lo que les falta dos maneras de aprender de la experiencia Cerebros c. 86 000 M de neuronas Redes de IA unidades artificiales 1943 neurona formal · 1958 perceptrón · 1986 retropropagación · 2012 AlexNet · 2017 transformer La IA es un esbozo de algunos trucos del cerebro, no una copia. Suma ponderada neurona de 1943 1 Visión por capas corteza → CNN 2 Error de premio dopamina 1997 3 disparos, precisión de ms las dendritas calculan c. 20 vatios bastan pocos ejemplos aprende toda la vida 4 retropropagación billones de palabras megavatios para entrenar fija tras entrenar 5
Fig. 97 · Cerebro e inteligencia artificial. Lo que las redes artificiales tomaron del cerebro, y lo que le falta a cada uno.
Capítulo 98 · Parte X

Mentes animales

El último antepasado común de los humanos y los pulpos vivió hace más de 500 millones de años y probablemente era un pequeño animal con aspecto de gusano y un sistema nervioso muy simple. Todo lo demás se construyó por separado, lo que convierte al pulpo en lo más parecido en la Tierra a un extraterrestre inteligente. Tiene unos 500 millones de neuronas, más o menos como un perro, pero cerca de dos tercios están en sus ocho brazos, que saborean, agarran y toman algunas decisiones por su cuenta. En 2016 un pulpo llamado Inky se escabulló de su tanque en el Acuario Nacional de Nueva Zelanda, en Napier, y escapó al mar por una tubería de desagüe. En Indonesia se ha filmado a pulpos venosos cargando mitades de cáscara de coco para montarse un refugio.

Las aves tomaron otro camino. Su cerebro anterior carece de la corteza en capas de los mamíferos, lo que durante mucho tiempo llevó a los científicos a considerarlas autómatas, pero las neuronas de su palio están mucho más apretadas: el cerebro de un cuervo grande alberga unos dos mil millones de neuronas en unos pocos gramos. En 2002, en Oxford, una corneja de Nueva Caledonia llamada Betty dobló un alambre recto en forma de gancho para sacar de un tubo un cubito con comida. En Seattle, el equipo de John Marzluff se ponía una máscara de cavernícola para capturar cuervos; años después, aves que nunca habían sido atrapadas seguían increpando esa máscara, porque lo habían aprendido de otras.

Los insectos muestran cuánto puede hacer un cerebro diminuto. Una abeja melífera tiene menos de un millón de neuronas y, aun así, se orienta a lo largo de kilómetros, aprende colores y aromas y comunica a sus compañeras dónde hay comida con la danza del contoneo, descifrada por el austriaco Karl von Frisch, que compartió el Premio Nobel en 1973. En 2018 unas abejas en Melbourne aprendieron a tratar una tarjeta vacía como «menos que uno», una noción del cero, y en 2022 unos abejorros del laboratorio de Lars Chittka en Londres hicieron rodar bolitas una y otra vez sin recompensa alguna, algo muy parecido al juego.

¿Sabías que en 2019 unos lábridos limpiadores, pequeños peces de arrecife, intentaron raspar una marca de color colocada en su garganta tras verla en un espejo, una versión de la prueba que se creía exclusiva de los grandes simios y los humanos?

La ciencia ha pasado de preguntarse si los animales piensan a preguntarse cómo lo hacen. Las pruebas de conducta, la anatomía cerebral y la lógica de la evolución apuntan en la misma dirección, y la ley ha seguido el paso: la ley británica de bienestar animal y sintiencia de 2022 reconoció como seres sintientes a pulpos, cangrejos y langostas tras un informe dirigido por Jonathan Birch en la London School of Economics, y en 2024 la Declaración de Nueva York sobre la Conciencia Animal, firmada por cientos de científicos, afirmó que existe una posibilidad realista de experiencia consciente en todos los vertebrados y en muchos invertebrados.

La lección es doble. La corteza es solo una de las recetas para construir inteligencia, y el círculo de quienes pueden sufrir es más amplio de lo que solíamos trazar. Las mentes, al parecer, han evolucionado una y otra vez.

Muchas maneras de construir una mente Inteligencia convergente linajes separados · más de 500 Ma La corteza es solo una receta: el círculo de las mentes es más amplio de lo que creíamos. Cefalópodos cerebro distribuido Pulpo c. 500 M de neuronas 2/3 en los brazos Sepia espera mejor comida exhibiciones en la piel 1 Córvidos aves · sin corteza Betty, la cuerva dobla ganchos Oxford, 2002 Cuervo grande c. 2000 M de neuronas palio denso 2 Insectos diminutos, eficientes Abeja melífera < 1 M de neuronas danza del meneo · cero Abejorro rueda bolas · 2022 parece juego 3 Peces primos vertebrados Lábrido limpiador prueba del espejo, 2019 pez de arrecife Pez arquero escupe a sus presas reconoce caras, 2016 4 La ley se pone al día Ley de Sintiencia del RU 2022: pulpo, cangrejo, langosta · Declaración de Nueva York 2024 5
Fig. 98 · Mentes animales. Pulpo, cuervo, abeja y pez: linajes separados que construyeron cerebros listos.
Capítulo 99 · Parte X

El cerebro adolescente y el que envejece

El cerebro nunca está terminado. En 1979 Peter Huttenlocher, en Chicago, contó las sinapsis de la corteza frontal en cerebros donados tras la muerte y comprobó que los niños pequeños tienen muchas más que los adultos; al final de la infancia y en la adolescencia, las conexiones que no se usan se eliminan en un proceso llamado poda sináptica. En 1999 Jay Giedd y sus colegas del Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos, escaneando a los mismos jóvenes cada dos años, vieron cómo la corteza se adelgazaba durante la adolescencia, de la nuca hacia delante, y los lóbulos prefrontales eran los últimos en terminar. En 2022 un equipo internacional dirigido por Richard Bethlehem y Jakob Seidlitz reunió más de 120 000 resonancias en curvas de crecimiento del cerebro: el volumen de sustancia gris alcanza su máximo hacia los seis años, y la sustancia blanca hacia los 29.

El cerebro adolescente no es un cerebro adulto defectuoso. Está afinado para aprender y para dejar el nido. Los circuitos de recompensa responden con fuerza, sobre todo a la recompensa social, mientras los frenos prefrontales todavía se están recubriendo de mielina. En un estudio de 2005 con un videojuego de conducción, Margo Gardner y Laurence Steinberg, en Filadelfia, observaron que los adolescentes asumían muchos más riesgos cuando sus amigos miraban, mientras que los adultos apenas cambiaban. El reloj biológico también se retrasa en la pubertad, y por eso un chico de 15 años arrancado de la cama a las siete lucha contra su biología. Un mito popular dice que el cerebro «se termina» a los 25; en realidad, cada sistema madura a su ritmo y la sustancia blanca sigue creciendo hasta pasados los veintitantos.

El envejecimiento trae un lento intercambio. La velocidad de procesamiento empieza a declinar en la primera edad adulta y los nombres tardan más en venir, pero el vocabulario y la cultura general, la llamada inteligencia cristalizada, suelen seguir creciendo hasta los sesenta o setenta años. El cerebro se encoge poco a poco, sobre todo los lóbulos frontales y el hipocampo, pero lo compensa en gran parte reclutando áreas adicionales. Algunas personas parecen desafiarlo: los «superancianos» estudiados por Emily Rogalski en Chicago, mayores de 80 años con la memoria de alguien de cincuenta, tienen una corteza más gruesa que se encoge más despacio.

¿Sabías que en el Estudio de las Monjas, iniciado en 1986 con 678 religiosas estadounidenses, el cerebro de la hermana Bernadette resultó estar lleno de placas y ovillos de alzhéimer tras su muerte, aunque en vida no había mostrado ningún signo de demencia?

Esa es la idea de la reserva cognitiva: la educación, el desafío mental, la vida social y la buena salud construyen un cerebro capaz de absorber daños. En 2011 el equipo de Kirk Erickson demostró que un año de caminatas a buen paso aumentaba alrededor de un 2 % el hipocampo de personas mayores, deshaciendo uno o dos años de encogimiento normal. En 2024 la comisión de The Lancet estimó que actuar sobre 14 factores de riesgo, de la pérdida de audición y la hipertensión al sedentarismo y la soledad, podría prevenir o retrasar casi la mitad de los casos de demencia.

De la poda a los 12 a la reserva a los 92, el mensaje es el mismo. El cerebro se reconstruye sin cesar según el uso que le damos, y nunca es demasiado pronto, ni demasiado tarde, para darle con qué construir.

El cerebro a lo largo de la vida, de 12 a 92 esquema según curvas de crecimiento cerebral (Bethlehem et al. 2022) y estudios de envejecimiento nivel relativo 0 12 29 50 70 92 edad Nunca terminado: el cerebro se reconstruye según cómo se usa. gris pico c. 6 poda 1 blanca pico de mielina c. 29 2 Ajuste adolescente recompensa ↑ · iguales · reloj tardío 3 rapidez conocimiento 4 Reserva cognitiva 14 factores de riesgo · c. 45 % de la demencia 5
Fig. 99 · El cerebro adolescente y el que envejece. Sustancia gris, sustancia blanca, velocidad y saber a lo largo de una vida.
Capítulo 100 · Parte X

El cerebro del futuro

En 2013, en Viena, Madeline Lancaster y Jürgen Knoblich cultivaron a partir de células madre unas bolitas de tejido cerebral humano del tamaño de un guisante. Estos organoides cerebrales formaban capas y regiones parecidas a las de un cerebro fetal temprano, y el equipo los usó para estudiar la microcefalia, un trastorno en el que el cerebro no crece. Desde entonces los organoides han revelado cómo el virus del Zika daña el cerebro en desarrollo, y en 2022 el equipo de Sergiu Pașca, en Stanford, trasplantó organoides humanos al cerebro de ratas recién nacidas, donde se conectaron y respondieron al estímulo de los bigotes. Ese mismo año, en Cortical Labs, en Melbourne, una placa con unas 800 000 neuronas humanas y de ratón cultivadas sobre una rejilla de electrodos aprendió a jugar a una versión sencilla del videojuego Pong.

La cartografía también se acelera. En 2024 el consorcio FlyWire publicó el diagrama completo de conexiones del cerebro de una mosca de la fruta adulta: 139 255 neuronas y unos 50 millones de sinapsis. En 2025 el proyecto MICrONS cartografió un solo milímetro cúbico de corteza visual de ratón, con unas 200 000 células y más de 500 millones de sinapsis, y vinculó ese cableado con registros de lo que hacían esas células. Un cerebro humano completo, un millón de veces mayor, sigue a décadas de distancia. Grandes programas, como la iniciativa estadounidense BRAIN, lanzada en 2013, han financiado las herramientas.

La reparación pasa de la esperanza al ensayo. En 2019 se aprobó en Estados Unidos una terapia génica para la atrofia muscular espinal que salva las neuronas motoras de los bebés. En 2025 ensayos en Kioto y Nueva York mostraron que células productoras de dopamina obtenidas de células madre podían trasplantarse con seguridad a personas con párkinson. La estimulación cerebral adaptativa y los implantes del habla ya ayudan a pacientes. Más allá empieza la especulación: prótesis de memoria, mejora cognitiva y el clásico de la ciencia ficción, cargar una mente en un ordenador, algo que ninguna ciencia actual sabe hacer.

¿Sabías que en 2021 Chile se convirtió en el primer país en reformar su Constitución para proteger la «integridad psíquica» y la actividad cerebral frente al mal uso de la neurotecnología?

Estos poderes plantean preguntas que nadie había tenido que responder. ¿Podría un organoide llegar a sentir algo? ¿De quién son los datos de una diadema que lee la atención o el estado de ánimo? Algunos especialistas en ética, como Rafael Yuste en Nueva York, defienden los neuroderechos: privacidad mental, libertad de pensamiento y protección frente a la manipulación. El estado de Colorado protegió por ley los datos neuronales en 2024, y en 2025 la UNESCO adoptó la primera recomendación mundial sobre la ética de la neurotecnología.

El cerebro del futuro son, pues, tres proyectos a la vez: reparar cerebros dañados, cartografiar los sanos y decidir qué permitiremos. Mientras tanto, las formas mejor probadas de proteger el propio son antiguas y poco vistosas: dormir, moverse, aprender y estar acompañado. La máquina más avanzada para pensar el cerebro sigue siendo el propio cerebro.

El cerebro del futuro: reparar, cartografiar, decidir las posiciones son un juicio, no datos conocer reparar en uso hoy a décadas vista Reparar, cartografiar y decidir qué permitimos: la mente también necesita reglas. Reparar hoy 1 ECP adaptativa aprobado en 2025 Implantes de habla c. 60–80 ppm Terapia génica AME, 2019 Cartografiar hoy 2 Organoides Viena, 2013 Conectoma mosca 139 255 neuronas Corteza de ratón 1 mm³, 2025 Próximas reparaciones 3 Trasplante celular dopamina, ensayos 25 ICC inalámbricas más usuarios Puentes medulares volver a andar Horizonte lejano 4 Mapa del cerebro conectoma humano Chips de memoria especulativo Volcar la mente ciencia ficción Neuroderechos Chile 2021 · Colorado 2024 · UNESCO 2025 5
Fig. 100 · El cerebro del futuro. Reparar, cartografiar y mirar lejos, con los neuroderechos como barandilla.
El cerebro · Primera edición, octubre de 2026
100 capítulos · 10 partes · cien diagramas
por Mat Siems · The Visual Encyclopaedia, No. 5 · 2026