La enciclopedia visual · octubre de 2026

El Saber

La enciclopedia visual de todo: 100 capítulos, 10 materias
por Mat Siems
Parte I

El espacio

El universo, del primer segundo a los planetas lejanos.

Capítulo 1 · Parte I

El Big Bang

Hace unos 13.800 millones de años, todo lo que contiene el universo observable estaba comprimido en un estado más caliente y denso que cualquier cosa que exista hoy. El Big Bang no fue una explosión en el espacio, como un petardo que estalla en una habitación a oscuras. Fue la expansión del propio espacio, y ocurrió en todas partes a la vez. ¿Dónde tuvo lugar? La respuesta honesta es: aquí mismo, y en todos los demás sitios también.

En la primera fracción de segundo, la mayoría de los cosmólogos cree que el universo atravesó la inflación, un estallido de expansión desbocada que estiró una región muchísimo más pequeña que un átomo hasta un tamaño astronómico. Al seguir expandiéndose y enfriándose, la energía se condensó en partículas. Al cabo de un segundo ya se habían formado protones y neutrones. Entre los tres y los veinte minutos, estos se fusionaron en los núcleos de los elementos más ligeros: aproximadamente tres cuartas partes de hidrógeno y una de helio en masa, con una pizca de litio. Todo lo más pesado, desde el carbono de tus células hasta el hierro de tu sangre, tendría que esperar a las estrellas.

Durante los 380.000 años siguientes, el universo fue una niebla incandescente de partículas cargadas que dispersaban la luz como una nube dispersa la del sol. Cuando la temperatura bajó a unos 3.000 kelvin, los electrones se unieron a los núcleos para formar átomos y la niebla se disipó. La luz liberada en ese instante sigue viajando. Estirada en microondas por la expansión del espacio, nos llega desde todas direcciones como el fondo cósmico de microondas, a solo 2,7 grados por encima del cero absoluto. Arno Penzias y Robert Wilson lo descubrieron por casualidad en 1965, mientras intentaban eliminar un zumbido persistente de una antena de radio en Nueva Jersey.

¿Sabías que…? Una pequeña parte de la «nieve» de un viejo televisor analógico sintonizado entre dos canales era el resplandor residual del Big Bang.

Otras dos pistas sostienen la teoría. En 1929, Edwin Hubble demostró que las galaxias lejanas se alejan de nosotros, y que cuanto más lejos están, más deprisa lo hacen, como puntos en un globo que se infla. El sacerdote y físico belga Georges Lemaître lo había predicho dos años antes. Y las cantidades de hidrógeno y helio medidas en las estrellas más antiguas encajan notablemente con lo previsto para aquellos primeros minutos.

El nombre se lo dio el astrónomo Fred Hoyle en la radio de la BBC en 1949. Defendía un universo «estacionario», sin principio, y a menudo se dice que fue una burla, aunque Hoyle aseguró que solo buscaba una imagen vívida. Qué hubo antes sigue siendo una pregunta abierta, y quizá ni tenga sentido si el tiempo empezó entonces. Desde 1998 sabemos que la expansión se acelera, impulsada por una misteriosa energía oscura. El universo nació con un estallido, y desde entonces no ha dejado de crecer.

De un instante ardiente a 13.800 M años tiempo, no a escala 1 Inflación 10⁻³² s H 75 % He 25 % 2 Nucleosíntesis de 3 a 20 min niebla opaca CMB 3 Primera luz 380.000 años fin de la edad oscura 4 Primeras estrellas c. 200 M años galaxias 5 Hoy 13.800 M años El espacio no estalló hacia nada. Se estiró, y aún lo hace.
Fig. 1 · El Big Bang. Cómo empezó todo hace 13.800 millones de años
Capítulo 2 · Parte I

Las galaxias

Una galaxia es un sistema inmenso de estrellas, gas, polvo e invisible materia oscura, unidos por la gravedad. La nuestra, la Vía Láctea, contiene entre 100.000 y 400.000 millones de estrellas dispuestas en un disco aplanado de unos 100.000 años luz de diámetro. En una noche oscura, lejos de las farolas, su pálida franja cruza el cielo. Los antiguos griegos veían en ella leche derramada; por eso la palabra galaxia viene de gala, «leche» en griego.

El Sol se encuentra en un tranquilo suburbio, a unos 26.000 años luz del centro, y tarda unos 230 millones de años en completar una órbita. La última vez que la Tierra ocupó su posición actual, los primeros dinosaurios apenas estaban apareciendo. En el corazón de la galaxia se halla Sagitario A*, un agujero negro de unos cuatro millones de masas solares, fotografiado por primera vez por el Event Horizon Telescope en 2022.

En 1926 Edwin Hubble clasificó las galaxias por su forma, y su esquema aún se usa. Las elípticas son enjambres lisos con forma de balón de rugby, poblados sobre todo por estrellas viejas y rojizas. Las espirales tienen brazos brillantes donde nacen estrellas nuevas, y muchas, incluida la Vía Láctea, tienen una barra de estrellas que cruza el centro. Las irregulares, como las dos Nubes de Magallanes, visibles desde el hemisferio sur, no tienen forma definida.

¿Sabías que…? La galaxia de Andrómeda se ve a simple vista, y la luz que te llega de ella partió hace unos 2,5 millones de años, mucho antes de que existieran los humanos modernos.

Las galaxias no están repartidas al azar. La Vía Láctea, Andrómeda y decenas de galaxias menores forman el Grupo Local, que pertenece a cúmulos y supercúmulos mayores, ensartados en enormes filamentos alrededor de vacíos casi desiertos. El universo observable alberga como mínimo cientos de miles de millones de galaxias, y algunas estimaciones van mucho más allá.

Las galaxias aportan además la prueba más sólida de la materia oscura. En los años setenta, la astrónoma estadounidense Vera Rubin midió la velocidad de las estrellas en galaxias espirales y descubrió que las exteriores giran demasiado deprisa para que la materia visible las retenga. Algo invisible, unas cinco veces más abundante que la materia ordinaria, debe aportar la gravedad que falta. Qué es sigue siendo un misterio.

Las galaxias también chocan. Como son casi todo espacio vacío, sus estrellas casi nunca se tocan; la gravedad remodela ambas en una galaxia mayor. Andrómeda se acerca a unos 110 kilómetros por segundo, y las dos podrían fusionarse dentro de unos cinco mil millones de años, aunque las mediciones recientes hacen el desenlace menos seguro. Hasta las islas de estrellas van a la deriva.

Diapasón de Hubble: galaxias por forma E0 E3 E7 Elípticas estrellas viejas, rojizas 1 Lenticular S0: disco sin brazos 2 Sa Sb Sc Espirales brazos de estrellas jóvenes 3 gran bulbo brazos abiertos SBa SBb SBc Vía Láctea tipo SBbc Espirales barradas una barra cruza el bulbo 4 Irregulares 5 GNM PNM Una clasificación, no un árbol: las galaxias no envejecen por el diapasón.
Fig. 2 · Las galaxias. Islas de estrellas en un océano oscuro
Capítulo 3 · Parte I

Las estrellas

Una estrella es una gigantesca bola de gas caliente que produce su propia luz mediante fusión nuclear. Todas nacen en una nube fría y oscura de gas y polvo llamada nebulosa. Cuando una parte de la nube se comprime, quizá por la onda de choque de una estrella cercana que estalla, la gravedad toma el mando: el grumo se desploma y se calienta al encogerse. La nebulosa de Orión, a unos 1.300 años luz y apenas visible a simple vista, es una guardería estelar haciendo justo eso.

Cuando el núcleo alcanza unos 10 millones de grados, los núcleos de hidrógeno empiezan a fusionarse en helio y liberan energía. Ha nacido una estrella. Durante la mayor parte de su vida mantiene un delicado equilibrio: la gravedad intenta aplastarla y la presión del gas caliente y de la luz la empuja hacia fuera. Los astrónomos llaman a esta larga etapa estable la secuencia principal.

La masa lo decide todo. Las pequeñas enanas rojas gastan su combustible tan despacio que podrían brillar billones de años, mucho más de lo que ha existido el universo. El Sol durará unos 10.000 millones de años en total. Una estrella veinte veces más pesada consume su combustible en solo unos millones. El color revela la temperatura: las estrellas rojas tienen superficies cercanas a 3.000 °C, y las gigantes blanco-azuladas superan los 20.000 °C.

Cuando escasea el hidrógeno del núcleo, una estrella como el Sol se hincha hasta convertirse en gigante roja y empieza a fusionar helio en carbono y oxígeno. Al final expulsa sus capas externas como una envoltura luminosa, llamada engañosamente nebulosa planetaria, y deja una enana blanca del tamaño de la Tierra. Las estrellas de más de unas ocho masas solares van más allá: fusionan elementos cada vez más pesados en capas de cebolla hasta que el núcleo es de hierro. Fusionar hierro absorbe energía en lugar de liberarla, así que el núcleo se desploma en menos de un segundo y la estrella estalla como supernova, dejando una estrella de neutrones o un agujero negro.

¿Sabías que…? Las estrellas no titilan en realidad. El parpadeo se debe a la turbulencia de la atmósfera terrestre; vistas desde la órbita, son puntos fijos.

Así adquiere el universo su química. El carbono de tus células y el oxígeno de cada respiración se forjaron en estrellas que murieron antes de que naciera el Sol. Las supernovas y los choques de estrellas de neutrones, uno de los cuales se observó en 2017, esparcen elementos más pesados como el oro y el uranio, listos para la siguiente generación de estrellas y planetas. Estamos hechos, literalmente, de luz estelar reciclada.

La masa al nacer decide su destino CICLO DE VIDA DE UNA ESTRELLA Nebulosa gas frío, polvo Protoestrella colapsa, caliente 1 Sec. principal H a He, 10 M °C 2 enana roja: billones de años el Sol: c. 10.000 M años 20 soles: pocos M años menos de c. 8 masas solares Gigante roja He a C, O Nebulosa planetaria capa expulsada Enana blanca núcleo como la Tierra 3 más de c. 8 masas solares Supergigante roja fusiona hasta hierro Supernova el núcleo colapsa 4 E. neutrones como una ciudad Agujero negro núcleos más pesados 5 elementos dispersos Suave o violento, todo final devuelve al espacio átomos forjados en estrellas.
Fig. 3 · Las estrellas. Hornos nucleares que fabrican los elementos
Capítulo 4 · Parte I

El Sol

El Sol es una estrella corriente que, sencillamente, está muy cerca. Se encuentra a unos 150 millones de kilómetros, así que su luz tarda unos ocho minutos y veinte segundos en llegarnos. Es 109 veces más ancho que la Tierra y reúne alrededor del 99,8 % de toda la masa del Sistema Solar. Se formó hace unos 4.600 millones de años y va más o menos por la mitad de su vida.

Su energía nace en el núcleo, donde la temperatura ronda los 15 millones de grados y la presión es inmensa. Allí, cada segundo, el Sol fusiona unos 600 millones de toneladas de hidrógeno en helio. Unos pocos millones de toneladas de esa masa desaparecen cada segundo, convertidas en energía tal como describe la ecuación de Einstein, E = mc².

Esa energía escapa después con una lentitud asombrosa. En la zona radiativa, la luz se absorbe y se reemite incontables veces, zigzagueando tanto que el viaje puede durar miles de años. Más arriba, en la zona convectiva, el gas hierve como gachas en una olla: penachos calientes suben, se enfrían y vuelven a hundirse. Sus cimas aparecen en la superficie visible, la fotosfera, como un mosaico de gránulos, muchos tan anchos como un país pequeño, a unos 5.500 °C.

¿Sabías que…? El Sol es blanco, no amarillo. La atmósfera terrestre dispersa parte de la luz azul y por eso, desde el suelo, parece amarillento; los astronautas lo ven de un blanco deslumbrante.

La superficie está salpicada de manchas solares, zonas más frías y oscuras donde campos magnéticos enmarañados frenan el calor. Su número sube y baja en un ciclo de unos 11 años; el ciclo actual alcanzó su máximo hacia finales de 2024. Sobre la fotosfera se extiende la fina cromosfera y luego la corona, una tenue atmósfera exterior visible durante los eclipses totales. Curiosamente, la corona supera el millón de grados, mucho más que la superficie, y el porqué todavía se discute.

De la corona brota el viento solar, un flujo de partículas cargadas que barre todos los planetas. Las grandes erupciones alteran el campo magnético terrestre, provocan auroras y amenazan satélites y redes eléctricas. El evento Carrington de 1859 hizo saltar chispas de los cables del telégrafo. En diciembre de 2024, la sonda Parker Solar Probe de la NASA pasó a unos 6,1 millones de kilómetros de la superficie, más cerca que ninguna nave antes.

Dentro de unos cinco mil millones de años, al Sol se le acabará el hidrógeno del núcleo y se hinchará como gigante roja, engullendo probablemente a Mercurio y Venus. Hasta entonces seguirá haciendo lo que hace desde antes de que existiera la Tierra: alimentar casi toda la vida del planeta.

Dentro de nuestra estrella, del núcleo a la corona H a He 1 Núcleo c. 15 millones °C 2 Zona radiativa la luz sale en zigzag durante milenios 3 Zona convectiva columnas calientes suben y bajan 4 Fotosfera superficie c. 5.500 °C con manchas solares 5 Corona, viento solar más de 1 millón °C La Tierra, a escala La luz solar tarda ocho minutos en llegar, pero su energía salió del núcleo mucho antes.
Fig. 4 · El Sol. Nuestra estrella, de cerca
Capítulo 5 · Parte I

Los planetas

Hace unos 4.600 millones de años, un disco giratorio de gas y polvo rodeaba al Sol recién nacido. Los granos se pegaron formando guijarros, los guijarros formaron rocas y las rocas, planetesimales que chocaron y se fusionaron. Cerca del Sol hacía demasiado calor para el hielo, así que solo la roca y el metal podían reunirse, dando mundos pequeños. Más allá de un límite llamado línea de hielo, el hielo abundaba y los núcleos crecieron lo bastante como para atrapar enormes envolturas de gas.

El resultado son dos familias. Los cuatro planetas rocosos interiores son Mercurio, Venus, la Tierra y Marte. Mercurio, el más pequeño y rápido, da la vuelta al Sol en 88 días. Venus es el planeta más caliente, con unos 465 °C, aunque Mercurio esté más cerca: su densa atmósfera de dióxido de carbono atrapa el calor en un efecto invernadero desbocado. Marte, de la mitad de ancho que la Tierra, tiene el volcán más alto conocido, el Olympus Mons, más del doble de alto que el Everest.

¿Sabías que…? En Venus un día dura más que un año: gira sobre sí mismo en 243 días terrestres, pero da la vuelta al Sol en unos 225.

Tras el cinturón de asteroides llegan los planetas gigantes. Júpiter tiene más del doble de masa que todos los demás planetas juntos, y su Gran Mancha Roja es una tormenta más ancha que la Tierra que lleva activa al menos dos siglos. Saturno, famoso por sus anillos de hielo de agua, es el planeta menos denso, más ligero que el mismo volumen de agua, y ostenta el récord de lunas conocidas, bastante más de doscientas. Ambos son gigantes gaseosos, compuestos sobre todo de hidrógeno y helio.

La pareja exterior, Urano y Neptuno, son gigantes helados, porque gran parte de su interior es agua, amoníaco y metano. Urano está tumbado de lado, quizá por una colisión antigua, de modo que cada polo recibe unos 42 años de luz continua seguidos de 42 de oscuridad. Neptuno se descubrió en 1846 con las matemáticas antes que con el telescopio: Urbain Le Verrier predijo su posición a partir de las irregularidades de la órbita de Urano, y Johann Galle lo encontró a menos de un grado de lo previsto.

Plutón se consideró el noveno planeta desde 1930 hasta 2006, cuando la Unión Astronómica Internacional decidió que un planeta debe además haber limpiado su órbita de otros cuerpos. Plutón comparte la suya con el cinturón de Kuiper, así que pasó a ser un planeta enano.

Las distancias cuesta imaginarlas. Si el Sol fuera del tamaño de una puerta, la Tierra sería un guisante a 200 metros, y Neptuno giraría a unos seis kilómetros. El Sistema Solar es abrumadoramente espacio vacío, con ocho brillantes excepciones.

Ocho planetas, medidos entre sí 0 50,000 100,000 150,000 diámetro, km UA = distancia al Sol 1 Planetas rocosos Mercurio 0.39 4.879 km Venus 0.72 12.104 km Tierra 1.00 12.756 km Marte 1.52 6.792 km 2 cinturón de asteroides y línea de hielo: más allá, el hielo dura 3 Gigantes gaseosos Júpiter 5.20 142.984 km Saturno 9.54 120.536 km 4 Gigantes helados Urano 19.2 51.118 km Neptuno 30.1 49.528 km Júpiter mide once Tierras de ancho y pesa más que todos los demás planetas juntos. Plutón, de 2.377 km, es planeta enano desde 2006
Fig. 5 · Los planetas. Ocho mundos alrededor de una estrella
Capítulo 6 · Parte I

La Luna

La Luna mide 3.474 kilómetros de diámetro, algo más de la cuarta parte que la Tierra, lo que la convierte en un satélite inusualmente grande para su planeta. Orbita a una distancia media de unos 384.400 kilómetros: cabrían unas treinta Tierras en fila en ese hueco. La mayoría de los científicos cree que se formó hace unos 4.500 millones de años en un gran impacto, cuando un cuerpo del tamaño de Marte, a menudo llamado Tea, chocó con la joven Tierra y lanzó un anillo de escombros fundidos que se reunió en una luna.

La Luna nos muestra siempre la misma cara porque gira exactamente una vez por cada órbita, un estado llamado acoplamiento de marea. A la cara oculta se la llama a menudo «cara oscura», pero es un mito: recibe la misma luz solar, solo que nunca mira hacia nosotros. Las fases se deben a que vemos distintas porciones de su mitad iluminada a medida que nos rodea, de luna nueva a llena y vuelta en unos 29,5 días.

Las manchas oscuras que forman la «cara» de la Luna son los mares, maria en latín. Galileo las vio con su telescopio en 1609, pero no contienen agua: son llanuras de lava endurecida de erupciones de hace más de tres mil millones de años. Las tierras altas, más claras, son aún más antiguas y están acribilladas de cráteres, conservados porque en la Luna no hay clima que los borre.

¿Sabías que…? El Sol es unas 400 veces más ancho que la Luna y está también unas 400 veces más lejos; por eso la Luna puede taparlo con tanta exactitud en un eclipse total.

La gravedad de la Luna levanta las mareas. Tira con más fuerza del lado de la Tierra que mira hacia ella y con menos del lado opuesto, estirando los océanos en dos abultamientos. Al girar la Tierra a través de ellos, la mayoría de las costas tienen dos pleamares cada 24 horas y 50 minutos, aproximadamente. Cuando el Sol y la Luna se alinean, en luna nueva y llena, sus fuerzas se suman en las mareas vivas.

Ese tirón actúa en ambos sentidos. Frena poco a poco la rotación de la Tierra, alargando el día, y aleja la Luna unos 3,8 centímetros al año, según se mide con láseres reflejados en espejos que dejaron los astronautas del Apolo. Doce hombres caminaron por la Luna entre 1969 y 1972 y trajeron 382 kilos de roca. En 2024, la sonda china Chang'e 6 trajo las primeras muestras de la cara oculta, y el hielo de agua de los cráteres polares en sombra perpetua ha convertido el polo sur en el objetivo de los próximos alunizajes tripulados. La Luna se aleja, pero muy despacio.

Cómo causa la Luna fases y mareas Tierra Luz solar desde c. 150 M km 1 Nueva Creciente Cuarto creciente Gibosa creciente Llena Gibosa menguante Cuarto menguante Menguante 2 un ciclo c. 29,5 días alta alta baja 3 +3,8 cm al año 4 384.400 km La Luna siempre nos muestra una cara, y se aleja muy despacio.
Fig. 6 · La Luna. Compañera de la Tierra y creadora de mareas
Capítulo 7 · Parte I

Los agujeros negros

Un agujero negro es una región del espacio donde la materia está tan concentrada que su gravedad no deja escapar nada, ni siquiera la luz. La frontera sin retorno es el horizonte de sucesos. Fuera de él, un objeto aún puede liberarse si va lo bastante rápido; dentro, todos los caminos llevan hacia el interior. En 1916, meses después de que Einstein publicara la relatividad general, el físico alemán Karl Schwarzschild calculó el tamaño de ese horizonte para cualquier masa.

Las cifras impresionan. Para convertir el Sol en un agujero negro habría que aplastarlo hasta una bola de unos seis kilómetros de diámetro. La Tierra tendría que reducirse al tamaño de una canica. La naturaleza lo consigue cuando muere una estrella muy masiva: agotado su combustible nuclear, nada sostiene su núcleo, que se desploma en un agujero negro estelar de unas pocas a unas decenas de masas solares. El primer candidato firme, Cygnus X-1, se identificó a principios de los años setenta por los rayos X del gas que cae en él.

En el centro de la mayoría de las grandes galaxias hay agujeros negros supermasivos, de millones a miles de millones de masas solares. El de la Vía Láctea, Sagitario A*, tiene unos cuatro millones. En 2019, el Event Horizon Telescope, una red de radiotelescopios repartidos por todo el planeta, publicó la primera imagen de la sombra de un agujero negro: el gigante de la galaxia M87, de unos 6.500 millones de masas solares.

¿Sabías que…? Si el Sol se sustituyera por un agujero negro de exactamente la misma masa, la Tierra seguiría orbitando igual que antes. Los agujeros negros no lo absorben todo como aspiradoras cósmicas.

El agujero negro en sí es invisible, pero su entorno no. El gas que cae en espiral forma un disco de acreción, calentado por fricción a millones de grados, y algunos agujeros negros disparan estrechos chorros de partículas casi a la velocidad de la luz. Los más brillantes, los cuásares, pueden eclipsar galaxias enteras. El 14 de septiembre de 2015, los detectores LIGO de Estados Unidos captaron ondas gravitacionales, ondulaciones del propio espacio, procedentes del choque de dos agujeros negros de unas 36 y 29 masas solares a unos 1.300 millones de años luz.

Caer en un agujero negro pequeño sería un mal trago: la atracción sobre los pies superaría tanto a la de la cabeza que quedarías estirado como un fideo, lo que los físicos llaman, sin inmutarse, espaguetificación. En 1974, Stephen Hawking demostró que los agujeros negros deberían perder energía lentamente, la llamada radiación de Hawking, aunque es demasiado débil para haberse detectado nunca. Ni siquiera la mayor victoria de la gravedad es quizá para siempre.

Anatomía de un agujero negro el Sol como agujero negro: c. 6 km la Tierra: una canica 1 Singularidad donde la teoría falla 2 Horizonte de sucesos punto sin retorno 3 Esfera de fotones 1,5 × horizonte: la luz orbita 4 Disco de acreción millones de grados, rayos X 5 Chorros casi a la velocidad de la luz El agujero es oscuro; lo que cae hacia él puede eclipsar a una galaxia.
Fig. 7 · Los agujeros negros. Donde gana la gravedad
Capítulo 8 · Parte I

Cometas y asteroides

Cuando se formaron los planetas, hace 4.600 millones de años, no se aprovechó todo el material. Los restos siguen girando alrededor del Sol como asteroides y cometas, y como muchos apenas han cambiado desde entonces, son cápsulas del tiempo del nacimiento del Sistema Solar.

Los asteroides son cuerpos rocosos o metálicos, la mayoría en el cinturón principal, entre Marte y Júpiter, donde la gravedad de Júpiter les impidió reunirse en un planeta. El primero y mayor, Ceres, de unos 940 kilómetros, lo descubrió Giuseppe Piazzi en 1801 y hoy se clasifica como planeta enano. La ciencia ficción suele mostrar el cinturón como un campo atestado de rocas, pero es un mito. Sus objetos suelen estar a cientos de miles de kilómetros unos de otros, y las naves lo cruzan sin tener que esquivar nada.

Los cometas son cuerpos helados del Sistema Solar exterior, que el astrónomo Fred Whipple describió en 1950 como «bolas de nieve sucias». Su núcleo suele medir unos pocos kilómetros. Los cometas de periodo corto proceden sobre todo del cinturón de Kuiper, más allá de Neptuno; los de periodo largo caerían desde la nube de Oort, una enorme envoltura de cuerpos helados nunca observada directamente, quizá a un año luz del Sol o más. Al acercarse al Sol, el hielo se convierte en gas y forma una coma brillante y dos colas: una curva, de polvo, y otra recta y azulada, de gas ionizado. El cometa Halley vuelve cada 75 o 76 años; su próximo paso será en 2061.

¿Sabías que…? Las colas de un cometa apuntan siempre en dirección contraria al Sol, empujadas por la luz y el viento solar, así que un cometa que se aleja viaja con la cola por delante.

Un meteoro, o estrella fugaz, es un grano de polvo que arde en la atmósfera; si un fragmento llega al suelo, es un meteorito. Las Perseidas de cada agosto se producen cuando la Tierra atraviesa el polvo del cometa Swift-Tuttle. Los grandes impactos son raros pero decisivos. Hace unos 66 millones de años, un asteroide de unos 10 kilómetros golpeó Chicxulub, en la actual península de Yucatán, en México, y contribuyó al fin de la era de los dinosaurios.

Hoy los astrónomos vigilan decenas de miles de objetos cercanos a la Tierra. En 2022, la nave DART de la NASA embistió a propósito el pequeño asteroide Dimorfo y acortó su órbita unos 32 minutos: la primera prueba de defensa planetaria. Varias misiones se han posado en el cometa 67P (Rosetta, 2014) y han traído muestras de los asteroides Ryugu y Bennu, que contienen moléculas orgánicas, incluidos aminoácidos. Los escombros del Sistema Solar quizá también trajeron algunos ingredientes de la vida.

Dónde guarda el Sistema Solar sus restos Sol 0.1 1 10 100 1,000 10,000 100.000 UA Me V T Ma J S U N distancia al Sol, escala log.: cada marca, diez veces más lejos 1 Cinturón principal 2 a 3,3 UA, Ceres 2 Cinturón de Kuiper 30 a 50 UA, Plutón 3 Nube de Oort nunca vista directamente hasta c. 100.000 UA 4 Anatomía de un cometa el Sol a la izquierda núcleo, pocos km coma cola iónica, recta cola de polvo, curva Casi todos los restos del Sol orbitan mucho más allá del último planeta.
Fig. 8 · Cometas y asteroides. Restos del nacimiento del Sistema Solar
Capítulo 9 · Parte I

Los exoplanetas

Durante siglos nos preguntamos si otras estrellas tenían planetas. La respuesta no llegó hasta los años noventa. En 1992, Aleksander Wolszczan y Dale Frail hallaron planetas alrededor de un púlsar, el núcleo muerto de una estrella que estalló. En 1995, Michel Mayor y Didier Queloz descubrieron 51 Pegasi b, el primer planeta en torno a una estrella parecida al Sol, un trabajo que les valió el Nobel en 2019. Hoy los exoplanetas confirmados superan los 6.000, y los estudios estadísticos indican que la Vía Láctea tiene más planetas que estrellas.

Los exoplanetas son casi imposibles de ver directamente, porque sus estrellas los superan en brillo millones o miles de millones de veces. Casi siempre se detectan de forma indirecta. El método de tránsito busca la diminuta caída de brillo de una estrella cuando un planeta pasa por delante; el telescopio Kepler de la NASA (2009 a 2018) y su sucesor TESS han encontrado miles así. El método de la velocidad radial mide el bamboleo de una estrella cuando un planeta tira de ella, detectado como un leve cambio en el color de su luz. Más raros son la microlente gravitacional, en la que la gravedad de una estrella amplifica brevemente otra más lejana, y la imagen directa, que tapa la luz de la estrella para revelar el planeta junto a ella.

Los primeros hallazgos fueron una sorpresa. 51 Pegasi b es un júpiter caliente, un gigante gaseoso tan pegado a su estrella que su año dura poco más de cuatro días. No hay nada parecido en nuestro Sistema Solar, y su existencia demostró que los planetas pueden migrar lejos de donde se formaron.

¿Sabías que…? Los planetas más comunes encontrados hasta ahora, de tamaño intermedio entre la Tierra y Neptuno, no tienen ningún equivalente en nuestro propio Sistema Solar.

A los astrónomos les interesan sobre todo los planetas rocosos situados en la zona habitable de su estrella, la franja de órbitas donde el agua podría seguir líquida en la superficie. El exoplaneta conocido más cercano, Próxima Centauri b, descubierto en 2016, orbita en la zona habitable de la estrella más próxima al Sol, a unos 4,2 años luz. En 2017 se descubrió que el sistema TRAPPIST-1, a unos 40 años luz, tiene siete planetas del tamaño de la Tierra, varios de ellos quizá templados.

El siguiente paso es leer atmósferas. Durante un tránsito, un poco de luz estelar atraviesa el aire del planeta y los gases dejan sus huellas en el espectro. En 2022, el telescopio espacial James Webb detectó por primera vez con claridad dióxido de carbono en la atmósfera de un exoplaneta, el gigante gaseoso WASP-39b. Los anuncios de posibles indicios de vida han resultado, hasta ahora, discutidos. La pregunta de si estamos solos ha pasado de la filosofía al observatorio.

Cómo se hallaron 6.000 mundos ocultos más de 6.000 exoplanetas confirmados el archivo de la NASA superó 6.000 en 2025 Tránsito c. 74 % Kepler, TESS 1 la luz estelar baja Velocidad radial c. 19 % 51 Peg b, 1995 2 bamboleo Microlente c. 4 % mundos lejanos 3 lente Imagen directa c. 1-2 % gigantes jóvenes 4 brillo tapado Casi todo exoplaneta conocido se halló por su sombra o su bamboleo.
Fig. 9 · Los exoplanetas. Mundos alrededor de otros soles
Capítulo 10 · Parte I

La exploración espacial

El espacio está sorprendentemente cerca. Según una convención muy extendida, empieza en la línea de Kármán, a 100 kilómetros de altura, una distancia que se recorrería en coche en una hora. Lo difícil no es la altura, sino la velocidad. Para mantenerse en órbita, una nave debe avanzar en horizontal a unos 7,8 kilómetros por segundo, tan deprisa que, mientras cae hacia la Tierra, el suelo curvo se aparta bajo ella. Escapar del todo de la gravedad terrestre exige 11,2 kilómetros por segundo.

Alcanzar esas velocidades requiere el cohete, que lanza masa hacia atrás a gran velocidad para impulsarse hacia delante, como describe la tercera ley de Newton. Como debe llevar todo su combustible, la mayor parte de su peso al despegar es propulsante, y va soltando etapas vacías mientras asciende. El maestro ruso Konstantín Tsiolkovski formuló sus matemáticas en 1903; Robert Goddard lanzó el primer cohete de combustible líquido en Massachusetts en 1926.

La era espacial comenzó el 4 de octubre de 1957, cuando la Unión Soviética lanzó el Sputnik 1, una esfera metálica del tamaño de una pelota de playa que emitía pitidos. El 12 de abril de 1961, Yuri Gagarin se convirtió en la primera persona en el espacio al dar una vuelta a la Tierra en 108 minutos, y en 1963 Valentina Tereshkova fue la primera mujer. La carrera culminó el 20 de julio de 1969, cuando Neil Armstrong y Buzz Aldrin, del Apolo 11, pisaron la Luna; en 1972 ya lo habían hecho doce astronautas.

¿Sabías que…? La Voyager 1, lanzada en 1977, es el objeto humano más lejano, a más de 24.000 millones de kilómetros, y aún envía señales débiles con más o menos la potencia de la bombilla de un frigorífico.

Desde entonces, sondas robóticas han visitado todos los planetas. Las Voyager recorrieron los planetas gigantes, y la Voyager 1 entró en el espacio interestelar en 2012. Los róveres Curiosity y Perseverance exploran Marte, y en 2015 New Horizons ofreció la primera visión cercana de Plutón. Los telescopios espaciales ven lo que la atmósfera oculta: el Hubble, lanzado en 1990, y el telescopio espacial James Webb, lanzado el día de Navidad de 2021, que observa desde 1,5 millones de kilómetros.

Hoy hay personas viviendo en órbita de forma permanente. La Estación Espacial Internacional, construida por Estados Unidos, Rusia, Europa, Japón y Canadá, está ocupada sin interrupción desde noviembre de 2000. Gira a unos 400 kilómetros de altura a unos 28.000 kilómetros por hora, así que su tripulación ve unos dieciséis amaneceres al día. China opera su propia estación, Tiangong.

Los costes han caído en picado desde 2015, cuando SpaceX hizo aterrizar por primera vez una primera etapa orbital para volver a usarla. Los cohetes reutilizables, miles de pequeños satélites y el programa Artemis de la NASA, que pretende devolver astronautas a la Luna, han abierto una nueva era. Aun así, la exploración sigue empezando igual: con una explosión controlada que apunta al cielo.

Setenta años más allá del cielo 1960 1970 1980 1990 2000 2010 2020 Carrera espacial Sputnik 1 primer satélite 1957 1 Yuri Gagarin 108 min en órbita 1961 2 Apolo 11 primer alunizaje 1969 3 Voyager 1 hoy a más de 24.000 M km 1977 4 ISS tripulada sin pausa desde ya 2000 Cohete aterriza cohetes reutilizados 2015 5 Webb a 1,5 M km 2021 En doce años se pasó del primer satélite a pisar la Luna. el espacio empieza a c. 100 km; orbitar exige c. 7,8 km/s
Fig. 10 · La exploración espacial. Cohetes, sondas y personas más allá del cielo
Parte II

La Tierra

El planeta inquieto bajo nuestros pies.

Capítulo 11 · Parte II

El interior de la Tierra

Si se cavara en línea recta hacia abajo, tras 6.371 kilómetros se llegaría al centro de la Tierra. Nadie se ha acercado siquiera. El agujero más profundo jamás perforado, el pozo superprofundo de Kola, en el Ártico ruso, se detuvo en 1989 a 12.262 metros, donde la roca, a unos 180 °C, se había vuelto demasiado caliente y blanda para la broca. Casi todo lo que se sabe del interior profundo procede de pruebas indirectas, sobre todo de los terremotos.

Cuando se produce un gran terremoto, sus ondas atraviesan todo el planeta y se curvan y rebotan allí donde cambia el material. En 1909, el sismólogo croata Andrija Mohorovičić advirtió que las ondas se aceleraban de golpe a unas decenas de kilómetros de profundidad: era la base de la corteza, un límite que hoy se llama Moho. Los sismólogos descubrieron también que un tipo de onda, la onda S, no atraviesa los líquidos y desaparece en el lado opuesto del planeta. La conclusión: parte del núcleo está fundida. En 1936, la sismóloga danesa Inge Lehmann detectó ecos débiles que revelaban una esfera sólida dentro del líquido.

El resultado es un planeta en capas, ordenadas más o menos por densidad, como un tarro con arena, agua y aceite que se deja reposar. La corteza es una piel fina y quebradiza: unos 7 kilómetros de grosor bajo los océanos y entre 30 y 70 kilómetros bajo los continentes. A escala de una manzana, sería más delgada que la piel. Debajo está el manto, que llega hasta unos 2.900 kilómetros de profundidad y ocupa cerca del 84 % del volumen de la Tierra. Es un mito muy extendido que el manto sea un mar de roca fundida. Es casi totalmente sólido, pero tan caliente que, a lo largo de millones de años, fluye como un caramelo muy duro y transporta lentamente el calor hacia arriba.

A 2.900 kilómetros, la roca da paso al núcleo externo, un océano agitado de hierro y níquel líquidos de unos 2.200 kilómetros de espesor. Al arremolinarse, este metal actúa como una dinamo gigante y genera el campo magnético que orienta las brújulas y protege al planeta del viento solar. En el centro mismo se encuentra el núcleo interno, una esfera de unos 1.220 kilómetros de radio, aproximadamente el 70 % del tamaño de la Luna. Se calcula que está a entre 5.000 y 6.000 °C, una temperatura comparable a la de la superficie del Sol, y aun así sigue sólido porque la presión allí supera en más de tres millones de veces la del nivel del mar.

¿Sabías que…? El pozo de Kola, que sigue siendo el agujero más profundo perforado por el ser humano, apenas recorrió el 0,2 % del camino hasta el centro de la Tierra.

El calor que mueve todo esto procede en parte de la formación del planeta, hace 4.500 millones de años, y en parte de la desintegración de elementos radiactivos como el uranio y el torio presentes en las rocas. Esa lenta fuga de calor interno impulsa a la vez la deriva de los continentes, los volcanes y el escudo magnético. El suelo parece quieto, pero descansa sobre un planeta muy vivo.

Cuatro capas en torno a un corazón de metal corteza no a escala 1 Corteza 7 km bajo los océanos 30–70 km bajo tierra firme 660 km 2 Manto hasta ~2.900 km · roca sólida que fluye lento 3 Núcleo externo 2.900–5.150 km hierro + níquel líquidos 4 Núcleo interno 1.220 km de radio ~5.000–6.000 °C, sólido hierro terremoto 5 sombra de ondas S ondas S frenadas por el núcleo líquido Cada capa se descubrió escuchando terremotos.
Fig. 11 · El interior de la Tierra. Corteza, manto y un corazón de metal
Capítulo 12 · Parte II

La tectónica de placas

Basta mirar un mapa del Atlántico para ver que las costas de Sudamérica y África encajan como los trozos de una hoja rota. En 1912, el meteorólogo alemán Alfred Wegener sostuvo que no era casualidad: los continentes habían estado unidos en un supercontinente al que llamó Pangea, y después se habían separado a la deriva. Señaló fósiles y capas de roca idénticos a ambos lados del océano. La mayoría de los geólogos lo rechazó, porque no podía explicar qué fuerza empujaría continentes enteros por el globo. Murió en el hielo de Groenlandia en 1930, décadas antes de que se le diera la razón.

La respuesta llegó del fondo del mar. Tras la Segunda Guerra Mundial, los barcos que cartografiaban el lecho oceánico descubrieron una cordillera que recorría el centro del Atlántico: la dorsal mesoatlántica. A principios de la década de 1960, el geólogo estadounidense Harry Hess propuso que en esas dorsales se forma nuevo fondo marino, y poco después se hallaron, a cada lado, franjas de roca magnetizadas en direcciones alternas, al ritmo de las inversiones del campo magnético terrestre. Las franjas eran simétricas a ambos lados de la dorsal: la prueba de que el fondo marino se expandía como dos cintas transportadoras.

La teoría moderna, la tectónica de placas, tomó forma a finales de la década de 1960. La capa exterior rígida de la Tierra, la corteza junto con la parte superior del manto, está fragmentada en una docena de grandes placas y muchas más pequeñas. Se desplazan sobre la roca más caliente y blanda del manto a entre 2 y 10 centímetros al año, más o menos lo que crecen las uñas. La acción ocurre en los bordes. En los límites divergentes, como la dorsal que parte Islandia, las placas se separan y el magma asciende para llenar el hueco. En los límites convergentes chocan. Cuando una placa oceánica densa se encuentra con otra, se hunde bajo ella mediante la subducción, excava fosas profundas como la de las Marianas y alimenta cadenas de volcanes. Cuando chocan dos continentes, ninguno se hunde con facilidad y la corteza se pliega hacia arriba. La colisión de la India con Asia, iniciada hace unos 50 millones de años, levantó el Himalaya y todavía lo sigue elevando. En los límites transformantes, como la falla de San Andrés en California, las placas se rozan de lado y acumulan tensiones que se liberan en terremotos.

¿Sabías que…? La cima del Everest está formada por caliza que se depositó en el fondo de un mar antiguo, y contiene fósiles de animales marinos.

Pangea no fue más que el último de varios supercontinentes. Se formó hace más de 300 millones de años y empezó a fragmentarse hace unos 200 millones, abriendo el Atlántico. El proceso no se ha detenido. El Atlántico sigue ensanchándose unos centímetros al año, mientras el Pacífico se encoge poco a poco. Los geólogos prevén que los continentes vuelvan a reunirse dentro de unos cientos de millones de años. El mapa colgado en la pared del aula es solo un fotograma de una película muy larga.

Dónde nace y muere el fondo marino astenosfera manto blando océano placa oceánica continente Dorsal oceánica nuevo fondo marino 1 el manto se agita La placa avanza 2–10 cm al año 2 3 Subducción la placa se hunde · fosa Fosa de las Marianas, 11 km Arco volcánico Andes, Japón 4 Falla transformante placas se rozan · San Andrés 5 El fondo marino nace en las dorsales y se hunde en las fosas.
Fig. 12 · La tectónica de placas. La lenta danza de los continentes
Capítulo 13 · Parte II

Los volcanes

Un volcán es una abertura en la corteza terrestre por la que escapan roca fundida, gases y ceniza desde el interior. La roca fundida, llamada magma bajo tierra y lava cuando llega a la superficie, se forma donde el manto se funde en parte. Como es más ligera que la roca sólida que la rodea, asciende y se acumula en una cámara magmática, a pocos kilómetros bajo la superficie. Cuando la presión es suficiente, se abre paso por un conducto central, la chimenea, y sale por una boca.

El estilo de una erupción depende sobre todo de lo viscoso que sea el magma y de cuánto gas contenga. El basalto, caliente y fluido, deja escapar el gas suavemente, de modo que los volcanes de Hawái vierten ríos de lava a unos 1.150 °C que construyen amplios volcanes en escudo de laderas suaves. El Mauna Loa es el mayor volcán activo de la Tierra por volumen. El magma espeso y rico en sílice atrapa el gas, como una botella de refresco agitada con el tapón puesto, hasta que estalla. Estas erupciones levantan conos empinados de capas de ceniza y lava llamados estratovolcanes, como el monte Fuji, el Vesubio o el monte Santa Helena. Los pequeños conos de ceniza, hechos de fragmentos sueltos, pueden crecer en cuestión de semanas.

Los peligros más mortíferos no suelen ser las coladas de lava, que en general avanzan lo bastante despacio como para alejarse a pie. Los flujos piroclásticos, avalanchas de gas ardiente, ceniza y roca, pueden bajar por las laderas a mucho más de 100 kilómetros por hora. Flujos así sepultaron Pompeya y Herculano en la erupción del Vesubio del año 79. Los lahares, o coladas de barro volcánico, las nubes de ceniza que dejan en tierra a los aviones y los gases tóxicos completan la lista. Las grandes erupciones pueden incluso enfriar todo el planeta al inyectar gases de azufre en lo alto de la estratosfera. Tras la erupción del Tambora, en Indonesia, en 1815, la más potente de la historia registrada, Europa y Norteamérica vivieron 1816 como «el año sin verano». El Pinatubo, en Filipinas, redujo la temperatura mundial en alrededor de medio grado después de 1991.

La mayoría de los volcanes se sitúa a lo largo de los límites de placas. Cerca de tres cuartas partes de los volcanes activos del mundo bordean el Cinturón de Fuego del Pacífico, donde las placas oceánicas se hunden y se funden. Otros, como los de Islandia, se alzan sobre dorsales. Unos pocos, como Hawái, surgen sobre puntos calientes, penachos de manto caliente que perforan el centro de una placa y forman una cadena de islas a medida que la placa se desliza sobre ellos. Unos 1.350 volcanes terrestres se consideran potencialmente activos, y muchos más se esconden bajo el mar.

¿Sabías que…? Medido desde su base en el fondo marino, el Mauna Kea de Hawái supera los 10.000 metros: es más alto que el Everest.

Los volcanes destruyen, pero también crean. Sus gases ayudaron a formar la atmósfera y los océanos primitivos, y su ceniza se convierte en algunos de los suelos más fértiles de la Tierra. El gas que más expulsan no es humo, sino vapor de agua. El planeta, literalmente, suelta vapor.

Anatomía de un volcán explosivo corteza magma 1 Cámara magmática roca fundida, a km 2 Conducto y chimenea tubo al cráter 3 Cono estratificado ceniza + lava, capa a capa Fuji, Vesubio 4 Columna de ceniza sube decenas de km 5 Flujo piroclástico 100+ km/h El magma viscoso atrapa su gas, y el gas decide la violencia.
Fig. 13 · Los volcanes. Donde el planeta se desahoga
Capítulo 14 · Parte II

Los terremotos

Las rocas parecen rígidas, pero bajo una fuerza suficiente se doblan un poco, como un palo flexionado entre dos manos. A lo largo de una falla, una fractura donde se encuentran dos bloques de corteza, el movimiento de las placas tira de la roca, pero la fricción mantiene bloqueados ambos lados. La tensión se acumula durante décadas o siglos. Al final se supera la resistencia de la roca, la falla se desliza en segundos y la energía almacenada se libera en forma de vibraciones. Esta idea, llamada rebote elástico, la propuso el geólogo estadounidense Harry Fielding Reid tras estudiar el terremoto de San Francisco de 1906, cuando el terreno a ambos lados de la falla de San Andrés se desplazó hasta unos 6 metros.

El punto subterráneo donde comienza la ruptura es el foco, o hipocentro; el punto de la superficie situado justo encima es el epicentro. Desde el foco, la energía se propaga en ondas sísmicas. Las ondas P (primarias) comprimen y estiran la roca como un muelle y son las más rápidas, unos 6 kilómetros por segundo en la corteza. Las ondas S (secundarias) la sacuden de lado a lado y llegan después. Por último llegan las ondas superficiales, que ruedan por el suelo y suelen causar más daños. Midiendo el intervalo entre las ondas P y S en tres o más sismómetros, los científicos localizan dónde empezó un terremoto.

Hoy el tamaño de un terremoto se mide con la escala de magnitud de momento, que ha sustituido para los grandes sismos a la escala de Richter, creada en 1935. La escala es logarítmica: cada grado entero supone unas diez veces más movimiento del suelo y aproximadamente 32 veces más energía. Un terremoto de magnitud 7 libera unas mil veces la energía de uno de magnitud 5. Los pequeños temblores son constantes, con muchos miles detectados cada año, mientras que uno de magnitud 8 o superior ocurre de media una vez al año. El mayor registrado, de magnitud 9,5, sacudió Valdivia, en Chile, en 1960.

El temblor en sí rara vez mata; matan los edificios que se derrumban. Por eso las normas de construcción estrictas, las estructuras flexibles y los cimientos que aíslan el edificio del suelo salvan tantas vidas en países como Japón y Chile. Los terremotos submarinos traen otro peligro. Cuando una falla levanta el fondo marino, empuja el océano que tiene encima y provoca un tsunami. El terremoto de magnitud 9,1 del océano Índico de 2004 envió olas a través de todo un océano y mató a unas 230.000 personas en más de una docena de países.

¿Sabías que…? El terremoto de Tōhoku de 2011, de magnitud 9, desplazó parte de la isla principal de Japón unos 2,4 metros hacia el este y acortó el día terrestre en unas 1,8 millonésimas de segundo.

Pese a lo que a veces se afirma, nadie sabe aún predecir el momento y el lugar exactos de un terremoto. Los científicos sí pueden cartografiar las fallas, estimar la probabilidad de un sismo fuerte en las próximas décadas y, en algunos países, avisar unos segundos antes de que llegue la sacudida. Unos segundos bastan para detener un tren o refugiarse bajo una mesa.

Cada peldaño, treinta y dos veces la energía energía ×32 por paso → al año Epicentro foco falla ondas sísmicas 1 Dónde empieza M4 ~13.000 M3 ~130.000 2 M6 L'Aquila 2009 ~130 M5 ~1.300 3 M7 Nepal 2015 ~15 4 M9 Valdivia, Chile 1960 raro M8 Tōhoku, Japón 2011 ~1 (M8+) 5 Un paso en la escala libera unas treinta y dos veces más energía.
Fig. 14 · Los terremotos. Cuando las rocas se rompen
Capítulo 15 · Parte II

Rocas y minerales

Toda roca es una mezcla de minerales, y todo mineral es un sólido natural con una composición química definida y una disposición interna ordenada de átomos, casi siempre un cristal. Se conocen unos 6.000 minerales, pero solo un puñado forma la mayor parte de la corteza. Los feldespatos constituyen aproximadamente la mitad, y el cuarzo, dióxido de silicio puro, está entre los más comunes del resto. El granito es en esencia feldespato, cuarzo y mica trabados entre sí, y las motas de una encimera de granito son esos tres minerales uno junto a otro.

Los minerales se identifican por su color, su brillo, su forma de romperse y, sobre todo, su dureza. En 1812, el mineralogista alemán Friedrich Mohs ordenó diez minerales según cuál rayaba a cuál, desde el blando talco, con un 1, hasta el diamante, con un 10. Una uña tiene una dureza de unos 2,5 y una navaja de acero, de unos 5,5. El diamante y el grafito, la materia gris y blanda de los lápices, son ambos carbono puro; solo cambia la disposición de sus átomos.

Los geólogos clasifican las rocas en tres familias según su origen. Las rocas ígneas cristalizan a partir de roca fundida. Enfriado despacio a gran profundidad, el magma forma cristales grandes y se convierte en granito; expulsado y enfriado de golpe en la superficie, da basalto de grano fino, la roca de los fondos oceánicos. Las rocas sedimentarias se forman a partir de fragmentos depositados en capas, normalmente bajo el agua, que con el tiempo se compactan y se cementan. La arena se convierte en arenisca, el barro en lutita, y las conchas y esqueletos de animales marinos en caliza. Son las rocas que guardan los fósiles. Las rocas metamórficas son rocas más antiguas transformadas por el calor y la presión sin llegar a fundirse. La lutita se convierte en pizarra; la caliza, en mármol, la piedra del Taj Mahal y del David de Miguel Ángel.

Ninguno de estos estados es permanente. El ciclo de las rocas los une en un bucle sin fin impulsado por dos motores: la energía del Sol en la superficie y el calor interno de la Tierra en las profundidades. El viento, la lluvia y el hielo desgastan las montañas hasta convertirlas en granos, los ríos los llevan al mar y el enterramiento los transforma en roca nueva. Los movimientos de las placas arrastran las rocas hacia el interior, donde se transforman en rocas metamórficas o se funden de nuevo en magma, y después las elevan otra vez para que vuelvan a erosionarse. El geólogo escocés James Hutton leyó este ciclo en los estratos inclinados de Siccar Point en 1788 y comprendió lo inmensamente antigua que debía de ser la Tierra.

¿Sabías que…? Los acantilados blancos de Dover son de creta, una caliza formada por los esqueletos de incontables algas microscópicas que vivieron en un mar cálido hace más de 66 millones de años.

El ciclo avanza despacio, a lo largo de millones de años, pero nunca termina. Los fragmentos más antiguos que se conocen de la Tierra, diminutos cristales de circón de las Jack Hills, en Australia Occidental, tienen unos 4.400 millones de años. Cada guijarro de una playa es un instante de una historia que comenzó mucho antes del primer ser vivo.

Ninguna roca es eterna Dureza de Mohs 1 talco 2 yeso 3 calcita 4 fluorita 5 apatito 6 feldespato 7 cuarzo 8 topacio 9 corindón 10 diamante sol: clima, ríos calor interno: fusión, elevación Roca ígnea granito · basalto 1 Sedimento arena · lodo · conchas meteorización, erosión 2 Roca sedimentaria arenisca · creta enterramiento, cementación 3 Roca metamórfica pizarra · mármol calor y presión 4 Magma roca fundida abajo fusión enfriamiento 5 Cada guijarro es una parada en un viaje sin principio ni fin.
Fig. 15 · Rocas y minerales. El ciclo de las rocas y la materia de las montañas
Capítulo 16 · Parte II

El ciclo del agua

La Tierra contiene unos 1.400 millones de kilómetros cúbicos de agua, y casi nada de ella es nueva. La misma agua lleva miles de millones de años circulando, pasando sin cesar del mar al cielo, a la tierra y a los seres vivos. Este bucle es el ciclo del agua, y su motor es el Sol.

El viaje suele empezar en el mar, que alberga cerca del 97 % de toda el agua de la Tierra. La luz del sol calienta la superficie y las moléculas de agua escapan al aire como vapor invisible: es la evaporación. La sal se queda atrás, y por eso la lluvia es dulce aunque la mayor parte proceda del océano. Las plantas añaden más vapor mediante la transpiración: toman agua del suelo y la liberan por diminutos poros de sus hojas. Un roble grande puede desprender cientos de litros en un caluroso día de verano.

El aire cálido y húmedo asciende y, al subir, se expande y se enfría. El aire frío retiene menos vapor, así que el exceso se condensa sobre partículas de polvo, sal o humo y forma las diminutas gotitas y cristales de hielo que componen las nubes. Una gotita de nube típica es tan pequeña que hace falta alrededor de un millón para formar una sola gota de lluvia. Cuando las gotas o los copos pesan lo suficiente para caer, se produce la precipitación: lluvia, nieve, aguanieve o granizo. Por término medio, una molécula de agua pasa solo unos nueve días en la atmósfera antes de volver a caer.

Lo que ocurre después depende de dónde caiga. Gran parte cae directamente en el mar. En tierra, una parte corre por la superficie como escorrentía y se reúne en arroyos y ríos que la devuelven al océano. Otra se filtra en el suelo por infiltración, llena los huecos del suelo y de las rocas y se convierte en agua subterránea, almacenada en capas de roca porosa llamadas acuíferos. Otra queda atrapada en glaciares y casquetes de hielo. El tiempo que pasa en cada depósito varía muchísimo: días o semanas en un río, unos miles de años en el océano profundo y cientos de miles de años en el hielo más antiguo de la Antártida.

¿Sabías que…? Las gotas de lluvia no tienen forma de lágrima. Las pequeñas son casi redondas y las grandes se aplanan hasta parecerse a la parte de arriba de un pan de hamburguesa.

Solo alrededor del 2,5 % del agua de la Tierra es dulce, y la mayor parte está congelada en casquetes y glaciares u oculta bajo tierra. Los lagos y ríos de los que dependemos contienen bastante menos del 1 % del total. El ciclo también reparte el calor por el planeta: la evaporación absorbe energía del mar y la condensación la libera en el aire, alimentando tormentas y huracanes. Como el agua es tan antigua y ha viajado tanto, un vaso de agua contiene casi con certeza moléculas que han pasado por nubes, glaciares y dinosaurios. Cada gota es una veterana.

El viaje de una gota, movido por el Sol océano Agua de la Tierra océanos 96.5% hielo 1.7% acuíferos 1.7% lagos 0.01% 1 Evaporación la sal se queda 2 Condensación vapor → gotitas de nube 3 Precipitación tras ~9 días en el aire 4 Escorrentía ríos hacia el mar 5 Agua subterránea acuíferos, siglos de edad El Sol eleva el agua; la gravedad la devuelve a casa.
Fig. 16 · El ciclo del agua. El viaje sin fin de una gota
Capítulo 17 · Parte II

Los océanos

Vista desde el espacio, la Tierra es un planeta azul. Los océanos cubren cerca del 71 % de su superficie y contienen alrededor del 97 % de su agua, con una profundidad media de unos 3.700 metros. Aunque se habla de cinco océanos, Pacífico, Atlántico, Índico, Austral y Ártico, forman un único océano mundial conectado. Solo el Pacífico es más grande que todas las tierras emergidas juntas.

El océano está dispuesto en pisos, como un edificio alto en el que se apagan las luces planta a planta. En la zona iluminada, los primeros 200 metros, hay luz suficiente para la fotosíntesis. Allí flota un sinfín de organismos del fitoplancton, algas microscópicas que forman la base de casi todas las cadenas alimentarias marinas y producen una gran parte del oxígeno del aire, que a menudo se calcula en torno a la mitad. Más abajo, en la zona de penumbra, hasta unos 1.000 metros, la luz se apaga en un azul tenue. Muchos animales producen allí su propia luz por bioluminiscencia, y cada noche multitudes suben hacia la superficie para alimentarse y vuelven a bajar al amanecer: la mayor migración diaria del planeta. Debajo está la zona oscura, negra y casi helada, después el abismo y, por último, la zona hadal de las fosas profundas.

El punto más hondo de todos es el abismo Challenger, en la fosa de las Marianas, en el Pacífico occidental, a casi 11.000 metros. El Everest podría hundirse en él y aún le sobrarían más de 2 kilómetros de agua por encima. Jacques Piccard y Don Walsh lo alcanzaron por primera vez en el batiscafo Trieste en 1960. Desde 2019, una serie de inmersiones ha llevado al abismo Challenger a más personas de las que han pisado nunca la Luna. Aun así, solo una parte modesta del fondo marino se ha cartografiado con detalle.

El océano es además el gran motor térmico del planeta. El agua almacena mucho más calor que el aire, y las corrientes lo reparten por todo el globo. Las corrientes superficiales como la corriente del Golfo, empujadas por los vientos, llevan agua tropical cálida hacia el nordeste a través del Atlántico y ayudan a que Europa occidental sea templada para su latitud. Más abajo, una circulación más lenta se debe a diferencias de temperatura y salinidad. Cerca de Groenlandia y de la Antártida, el agua fría y salada se vuelve densa y se hunde, y luego avanza por el fondo a través de los océanos del mundo. Esta cinta transportadora oceánica tarda alrededor de mil años en completar una vuelta.

¿Sabías que…? En el fondo del abismo Challenger, el agua ejerce una presión más de 1.000 veces superior a la del aire a nivel del mar.

El océano amortigua también los efectos del calentamiento. Ha absorbido cerca del 90 % del calor adicional retenido por los gases de efecto invernadero y aproximadamente una cuarta parte del dióxido de carbono emitido por la actividad humana. Esa ayuda tiene un precio: el agua más cálida y ácida blanquea los arrecifes de coral y empuja a las especies hacia los polos. El océano modela el tiempo, el aire y la comida de miles de millones de platos. Es el mayor espacio vital del planeta y sigue en gran parte sin explorar.

Cinco pisos hasta el fondo del mar 0 m 200 m 1.000 m 4.000 m 6.000 m 11.000 m fondo marino profundidad 1 Zona fótica 0–200 m · luz para fotosíntesis fitoplancton · arrecifes 2 Zona crepuscular 200–1.000 m · azul tenue peces linterna brillantes 3 Zona de medianoche 1.000–4.000 m · oscura, ~2 °C Titanic, ~3.800 m 4 Abisal 4.000–6.000 m · llanuras de lodo cae la nieve marina 5 Zona hadal 6.000–11.000 m · fosas Challenger Deep ~10.935 m · 1960 El Everest cabría en la fosa más honda y aún sobrarían 2 km.
Fig. 17 · Los océanos. El motor azul del planeta
Capítulo 18 · Parte II

El tiempo atmosférico

El tiempo atmosférico es el estado del aire en un lugar y un momento concretos: su temperatura, su presión, el viento, las nubes y la humedad. Casi todo ocurre en la troposfera, la capa más baja de la atmósfera, que tiene unos 8 kilómetros de espesor sobre los polos y alrededor de 18 sobre el ecuador. Por encima, el aire es demasiado tenue y seco para que se formen la mayoría de las nubes, y por eso los aviones comerciales vuelan cerca de su límite superior, por encima de casi todas las turbulencias.

El motor es el calentamiento desigual del Sol. Las regiones tropicales reciben mucha más energía que los polos, y el aire calentado junto al suelo se dilata, se vuelve más ligero y asciende, dejando debajo una presión más baja. El aire más fresco y denso desciende y crea altas presiones. El aire fluye de las altas a las bajas presiones, y ese flujo es el viento. Como la Tierra gira, el aire en movimiento se desvía por el efecto Coriolis, hacia la derecha en el hemisferio norte y hacia la izquierda en el sur. En lugar de soplar en línea recta de las altas a las bajas presiones, los vientos giran en espiral alrededor de los centros de presión, en sentido contrario a las agujas del reloj en torno a las borrascas del hemisferio norte.

A escala global, esto produce tres grandes bucles de aire en cada hemisferio. En la célula de Hadley, el aire asciende cerca del ecuador, descarga fuertes lluvias sobre los trópicos y vuelve a bajar hacia los 30 grados norte y sur, donde el aire seco y descendente crea los grandes desiertos cálidos del mundo, entre ellos el Sahara. El aire que regresa hacia el ecuador a ras de superficie forma los constantes vientos alisios, que antaño impulsaban a los veleros a través del Atlántico. Entre los 30 y los 60 grados, aproximadamente, dominan los vientos del oeste, que llevan los sistemas meteorológicos de oeste a este; por eso el tiempo en Gran Bretaña suele llegar del Atlántico. Cerca de la parte alta de la troposfera, rápidos ríos de aire llamados corrientes en chorro guían las tormentas por su camino.

Donde se encuentran masas de aire frío y cálido se forman límites llamados frentes, un término acuñado por meteorólogos noruegos justo después de la Primera Guerra Mundial. El aire cálido y húmedo empujado hacia arriba se enfría, su vapor se condensa y llegan las nubes y la lluvia. Las bajas presiones, o borrascas, traen un tiempo variable, húmedo y ventoso; las altas presiones, un tiempo estable y despejado. Sobre los mares tropicales cálidos, la misma física puede formar huracanes, llamados también tifones o ciclones, tormentas de cientos de kilómetros de diámetro.

¿Sabías que…? Un rayo calienta el aire que lo rodea hasta unos 30.000 °C, alrededor de cinco veces más que la superficie del Sol.

La predicción meteorológica empezó en serio en el siglo XIX con el telégrafo, que permitía compartir las mediciones más deprisa de lo que avanzaban las tormentas. Hoy, los superordenadores dividen la atmósfera en millones de celdas y resuelven en cada una las leyes de la física, alimentados por satélites, globos sonda y estaciones en tierra. Un pronóstico a cinco días es ahora más o menos tan fiable como lo era uno a un día hacia 1980. Y el rayo sí cae dos veces en el mismo sitio: el Empire State Building recibe unos veinte impactos al año.

Por qué los vientos soplan donde soplan 30° N 60° N 30° S 60° S 0° 1 Cinturón de lluvias ecuatorial aire que sube, tormentas diarias 2 Alisios soplan del NE y del SE 3 Cinturones desérticos aire seco baja hacia 30° Sahara, Kalahari 4 Vientos del oeste tormentas de oeste a este 5 Corriente en chorro a 9–12 km, guía tormentas El sol desigual y un planeta que gira ponen en marcha los vientos.
Fig. 18 · El tiempo atmosférico. El aire en movimiento
Capítulo 19 · Parte II

El clima

El tiempo es lo que ocurre hoy; el clima es el patrón del tiempo a lo largo de un periodo largo, normalmente un promedio de 30 años. Un día frío en julio dice poco del clima. Una serie de décadas cada vez más cálidas dice muchísimo. Un clima se define por sus medias y sus extremos: lo calurosos que son los veranos, lo lluviosos que son los inviernos, la frecuencia de las sequías o las tormentas.

El clima de la Tierra depende del equilibrio entre la energía que llega del Sol y el calor que se irradia de vuelta al espacio. Algunos gases de la atmósfera, sobre todo el vapor de agua, el dióxido de carbono y el metano, dejan pasar la luz solar pero absorben el calor saliente y devuelven parte hacia abajo. Este efecto invernadero es natural y vital: sin él, la temperatura media de la superficie terrestre sería de unos -18 °C en lugar de unos 15 °C. Los científicos lo entendieron hace mucho. En la década de 1820, el matemático francés Joseph Fourier sugirió que la atmósfera mantiene caliente el planeta. En la década de 1850, la científica estadounidense Eunice Foote y el físico irlandés John Tyndall demostraron que el dióxido de carbono y el vapor de agua absorben calor. En 1896, el químico sueco Svante Arrhenius calculó que quemar carbón podría acabar calentando el mundo.

El clima siempre ha cambiado de forma natural. Las lentas oscilaciones de la órbita terrestre, conocidas como ciclos de Milankovitch, han marcado el ritmo de una serie de glaciaciones durante los últimos millones de años. En el momento álgido de la última, hace unos 20.000 años, las capas de hielo cubrían gran parte de Norteamérica y del norte de Europa, y el nivel del mar estaba unos 120 metros más bajo que hoy. Las erupciones volcánicas, los cambios del Sol y el desplazamiento de los continentes también han influido a escalas de tiempo más largas.

Lo que hoy es distinto es la velocidad y la causa. Desde la Revolución Industrial, la quema de carbón, petróleo y gas y la tala de bosques han elevado la concentración de dióxido de carbono de unas 280 partes por millón a más de 420. El científico estadounidense Charles David Keeling empezó a medirla en el Mauna Loa, en Hawái, en 1958, y obtuvo la curva de Keeling, en ascenso constante. Las burbujas de aire atrapadas en el hielo antártico muestran que los niveles actuales son los más altos en al menos 800.000 años. La temperatura media mundial ha subido alrededor de 1,3 °C desde finales del siglo XIX, y 2024 fue el año más cálido registrado, el primer año natural con más de 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales.

¿Sabías que…? En 1856, Eunice Foote llenó cilindros de vidrio con distintos gases, los puso al sol y descubrió que el que contenía dióxido de carbono era el que más se calentaba.

Los efectos ya se pueden medir: retroceso de los glaciares y del hielo marino ártico, un nivel del mar unos 20 centímetros más alto que en 1900 y olas de calor y lluvias torrenciales más frecuentes. Con el Acuerdo de París de 2015, casi todos los países se comprometieron a mantener el calentamiento muy por debajo de 2 °C y a intentar limitarlo a 1,5 °C. Cuánto más se caliente el mundo dependerá sobre todo de la rapidez con que caigan las emisiones. La física está clara; las decisiones, no.

Dos siglos y medio de carbono 280 320 360 400 440 1750 1800 1850 1900 1950 2000 CO₂ en el aire, partes por millón testigos de hielo, ~280 1 Foote, Tyndall 1850 · el CO₂ atrapa calor 2 Arrhenius, 1896 el carbón podría calentar la Tierra 3 Curva de Keeling desde 1958 · 315 ppm Mauna Loa, Hawái 4 París 2015 muy por debajo de 2 °C 5 2024: el año más cálido +1,55 °C · CO₂ ~425 ppm En 250 años, el dióxido de carbono del aire ha aumentado un 50 %.
Fig. 19 · El clima. El tiempo a largo plazo y un mundo que se calienta
Capítulo 20 · Parte II

Los biomas

Basta viajar del ecuador hacia cualquiera de los polos, o subir una montaña alta, para ver que el paisaje vivo cambia en un orden previsible: la selva húmeda da paso a la sabana, al desierto, al bosque, a las coníferas y, por último, al suelo desnudo y helado. Estas grandes comunidades de plantas y animales, moldeadas por el clima, se llaman biomas. El naturalista alemán Alexander von Humboldt fue uno de los primeros en ver el patrón. Al ascender el volcán Chimborazo, en Ecuador, en 1802, observó que la vegetación cambiaba con la altitud en franjas que reflejaban los cambios con la latitud, y más tarde las dibujó en un célebre corte de la montaña.

Dos factores pesan más que ningún otro: la temperatura y la lluvia. Si se representa una frente a otra, cada bioma ocupa su propia región del gráfico. Calor y humedad dan la selva tropical, que cubre solo alrededor del 6 % de la tierra firme pero se cree que alberga cerca de la mitad de las especies terrestres. La Amazonia es la mayor. Calor con una larga estación seca da la sabana, una pradera abierta salpicada de árboles, hogar de las grandes manadas de herbívoros de África. Donde la lluvia escasea más, bajo el aire descendente cerca de los 30 grados norte y sur, se extienden los desiertos cálidos, como el Sahara y el de Namib, cuyas plantas y animales sobreviven almacenando agua o escondiéndose del sol.

En las latitudes medias, una lluvia moderada sostiene el bosque templado, donde árboles de hoja ancha como el roble, el haya y el arce pierden las hojas en invierno. Los interiores más secos de los continentes se convierten en praderas templadas: las praderas de Norteamérica, las estepas de Eurasia y la pampa de Sudamérica, hoy grandes regiones cerealistas. Las tierras de veranos cálidos y secos e inviernos suaves y húmedos, en torno al Mediterráneo, en California y en partes de Australia, se cubren de un matorral duro y adaptado al fuego.

Más cerca de los polos se extiende la taiga, o bosque boreal, el mayor bioma terrestre. Forma un cinturón de piceas, pinos, abetos y alerces a través de Canadá, Escandinavia y Rusia, y resiste largos inviernos muy por debajo de cero. Más allá del límite de los árboles está la tundra, donde el subsuelo permanece congelado todo el año en forma de permafrost. Allí solo crecen musgos, líquenes, hierbas y arbustos enanos, durante un verano corto de luz casi constante.

¿Sabías que…? El mayor desierto de la Tierra no es el Sahara, sino la Antártida, que recibe tan poca nieve cada año que cuenta como desierto.

Los biomas no son fijos. Las montañas los comprimen en unos pocos kilómetros de altura, porque la temperatura baja unos 6,5 °C por cada 1.000 metros de ascenso. En los últimos milenios, cultivos, ciudades y pastos han sustituido gran parte de las praderas y bosques naturales. Y a medida que el clima se calienta, los biomas empiezan a desplazarse: los arbustos ya avanzan sobre la tundra ártica. El mapa de la vida lo dibuja el clima, y lo está volviendo a dibujar.

El calor y la lluvia dibujan el mapa de la vida -10 °C 0 °C 10 °C 20 °C 30 °C temperatura media → 250 mm 1.000 mm 2.000 mm 3.000 mm lluvia anual ↑ Tundra permafrost líquenes, musgo 1 Taiga bosque de coníferas mayor bioma terrestre 2 Bosque templado roble, haya, arce 3 Pradera pradera · estepa Desierto Sahara, Namib 4 Sabana pasto, pocos árboles Tropical selva Amazonia, Congo ~½ de especies 5 Sube 1 km y hace 6,5 °C menos: las montañas también apilan estas franjas.
Fig. 20 · Los biomas. Las grandes zonas de vida de la Tierra
Parte III

La vida

Los seres vivos, de los microbios a los dinosaurios.

Capítulo 21 · Parte III

¿Qué es la vida?

Los biólogos llevan siglos discutiendo dónde termina lo vivo y dónde empieza lo inerte, y, sin embargo, todo el mundo reconoce la vida cuando la ve. Un gorrión está vivo; un guijarro, no. Los problemas empiezan en los márgenes, y esos márgenes están sorprendentemente concurridos.

Los libros de texto ofrecen una lista práctica de siete señales: movimiento, respiración, sensibilidad, crecimiento, reproducción, excreción y nutrición. Un ser vivo se mueve, aunque solo sea girando sus hojas hacia la luz. Libera la energía de los alimentos mediante la respiración, un proceso químico que tiene lugar en cada una de sus células. Percibe su entorno y responde a él. Crece, tiene descendencia, se deshace de los desechos y toma las materias primas con las que se construye y se alimenta.

La lista funciona bien para robles y nutrias, pero es más una descripción que una definición. El fuego crece, se alimenta, consume oxígeno y se propaga lanzando chispas, y nadie diría que una hoguera está viva. Una mula no puede reproducirse y, sin embargo, es un animal claramente vivo. Hay semillas que permanecen latentes durante siglos, sin hacer casi nada, y aun así germinan cuando las condiciones son favorables; una palmera datilera nacida en 2005 de una semilla de 2000 años hallada en Masada es el ejemplo más famoso.

Los virus son el caso más difícil. Un virus es una hebra de material genético envuelta en una cubierta de proteínas, mucho más pequeña que una bacteria. Fuera de una célula es inerte: no se alimenta, no respira ni crece. Dentro de una célula, secuestra su maquinaria y fabrica miles de copias de sí mismo. Muchos biólogos sitúan a los virus en la frontera de la vida, y la cuestión sigue abierta.

¿Sabías que…? El mimivirus gigante, hallado en 1992 en una torre de refrigeración de Bradford, era tan grande que al principio se confundió con una bacteria; no se reconoció como virus hasta 2003.

Una definición de trabajo que usan los astrobiólogos de la NASA va directa al grano: la vida es un sistema químico autosuficiente capaz de evolucionar. Pone el acento en dos rasgos profundos. Los seres vivos se mantienen aprovechando energía, y llevan instrucciones heredadas, escritas en ADN o ARN, que pueden cambiar de una generación a otra. Todo lo que en la Tierra está claramente vivo comparte el mismo código genético, señal de que todo desciende de un único antepasado común que vivió hace más de 3500 millones de años.

Al final, la vida es menos una cosa que un proceso: química que se copia a sí misma y sigue adelante.

Siete pruebas de estar vivo Ser vivo las 7 señales M R S G R E N : la lista escolar Movimiento girar hacia la luz Sensibilidad percibir, reaccionar 1 Respiración energía del alimento Nutrición tomar materia 2 Crecimiento hacerse mayor Excreción eliminar desechos 3 Reproducción transmitir genes 4 Casos límite ¿cuántas pruebas pasa? Fuego crece, come, se propaga sin genes: no vive Mula no se reproduce pero está viva Virus se copia en células caso dudoso Semilla latente 2.000 años luego brota: viva 5 La vida es química que se copia a sí misma, y sigue.
Fig. 21 · ¿Qué es la vida?. Siete señales de que algo está vivo
Capítulo 22 · Parte III

Las células

En 1665, el científico inglés Robert Hooke observó al microscopio una fina lámina de corcho y vio hileras de diminutas cajitas vacías. Le recordaron las pequeñas habitaciones en las que dormían los monjes, así que las llamó células. Estaba mirando las paredes muertas de células vegetales, pero el nombre se quedó y pasó a designar el ladrillo básico de todo ser vivo.

Hacia 1839, los biólogos alemanes Matthias Schleiden y Theodor Schwann habían concluido que todas las plantas y todos los animales están hechos de células. En 1855, Rudolf Virchow añadió la pieza final: toda célula procede de otra célula. Juntas, estas ideas forman la teoría celular, uno de los cimientos de la biología moderna.

Las células siguen dos grandes diseños. Los procariotas, bacterias y arqueas, son pequeños y sencillos, con el ADN flotando suelto en su interior. Los eucariotas, las células de animales, plantas y hongos, suelen ser diez veces más anchos y están repletos de compartimentos llamados orgánulos. El núcleo guarda el ADN, el manual de instrucciones. Los ribosomas leen esas instrucciones y ensamblan proteínas. El retículo endoplasmático y el aparato de Golgi las pliegan, empaquetan y envían. Las mitocondrias, auténticas centrales eléctricas, liberan la energía del azúcar. Una fina membrana aceitosa envuelve el conjunto y controla lo que entra y lo que sale.

Las células vegetales añaden tres elementos propios: una pared rígida de celulosa, una gran vacuola llena de agua que las mantiene firmes y unos cloroplastos verdes que captan la luz del sol. Mitocondrias y cloroplastos tienen sus propios bucles de ADN, porque en otro tiempo fueron bacterias de vida libre. Hace entre 1500 y 2000 millones de años, una célula mayor se las tragó y ya nunca salieron, una idea defendida por la bióloga estadounidense Lynn Margulis en la década de 1960 y hoy ampliamente aceptada.

¿Sabías que…? Un glóbulo rojo humano no tiene núcleo: lo expulsa al madurar, lo que deja más espacio a la hemoglobina que transporta el oxígeno.

Algunos seres vivos son una sola célula; otros, inmensas cooperativas. Un cuerpo humano contiene unos 30 billones de células de unos 200 tipos, desde largas células nerviosas que recorren toda una pierna hasta las células planas de la piel, que se desprenden por millones cada día. Todas surgieron de un único óvulo fecundado que se dividió una y otra vez.

La mayoría de las células son demasiado pequeñas para verlas. Decenas de células humanas típicas cabrían en el punto final de esta frase.

Dentro de una célula, la ciudad más ajetreada célula animal, c. 0,02 mm célula vegetal Membrana celular guardiana 1 Núcleo guarda el ADN 2 Ribosomas y RE fabrican proteínas Aparato de Golgi empaqueta y envía 3 Mitocondrias centrales de energía 4 vacuola Pared, vacuola y cloroplastos sostén, agua, luz 5 Cada célula es una ciudad, demasiado pequeña para verla.
Fig. 22 · Las células. La unidad más pequeña de la vida
Capítulo 23 · Parte III

La evolución

En 1831, un Charles Darwin de 22 años zarpó a bordo del HMS Beagle en un viaje alrededor del mundo que duraría casi cinco años. Recogió fósiles en Argentina, vivió terremotos en Chile y, en 1835, pasó cinco semanas en las islas Galápagos, donde los sinsontes y las tortugas variaban sutilmente de una isla a otra. De vuelta en Inglaterra, dedicó más de dos décadas a averiguar por qué.

Su respuesta fue la selección natural, y su lógica es sencilla. Los seres vivos producen más crías de las que pueden sobrevivir. Esas crías varían: unas son más rápidas, más oscuras, más altas o digieren mejor un alimento concreto. Gran parte de esa variación se hereda. Los individuos cuyos rasgos se ajustan a su entorno tienen más probabilidades de sobrevivir y reproducirse, de modo que esos rasgos se vuelven más comunes en la siguiente generación. Si esto se repite durante miles o millones de generaciones, las poblaciones cambian, a veces hasta formar especies totalmente nuevas.

Darwin no estaba solo. En 1858, el naturalista Alfred Russel Wallace, enfermo de fiebre en las islas de la actual Indonesia, llegó a la misma idea y se la envió a Darwin. Sus trabajos se presentaron juntos ese mismo año, y el libro de Darwin El origen de las especies apareció en 1859. Ninguno de los dos sabía cómo funcionaba la herencia. La respuesta se escondía en los experimentos con guisantes del monje Gregor Mendel, publicados en 1866 y casi ignorados hasta 1900. Hoy sabemos que los rasgos los portan los genes, y que la nueva variación surge de cambios aleatorios en el ADN llamados mutaciones.

La evolución puede observarse en directo. En la diminuta isla de Daphne Major, en las Galápagos, los biólogos Peter y Rosemary Grant midieron cada pinzón durante décadas. Durante una grave sequía en 1977, se agotaron las semillas pequeñas y blandas, y la mayoría de los pinzones terrestres medianos murieron. Los supervivientes solían tener picos más gruesos, lo bastante fuertes para partir las semillas duras que quedaban, y sus crías los heredaron. Las bacterias que se vuelven resistentes a los antibióticos son un ejemplo más rápido y más preocupante.

¿Sabías que…? La expresión «supervivencia del más apto» no la acuñó Darwin, sino el filósofo Herbert Spencer en 1864; Darwin la adoptó más tarde.

Un mito muy extendido dice que los humanos descienden de los chimpancés. En realidad, ambas especies descienden de un antepasado común que vivió hace unos seis o siete millones de años, y las dos han seguido evolucionando desde entonces. La evolución no tiene meta ni escalera de progreso; «más apto» significa simplemente mejor adaptado a las condiciones del momento.

Cada ser vivo actual es la punta de una línea ininterrumpida de supervivientes que se remonta miles de millones de años atrás.

Una sequía, una isla, picos más gruesos Pinzón terrestre mediano, Daphne Major, Galápagos Variación el pico varía casi toda heredada fino alto 1 Sequía, 1977 sin semillas blandas solo abrojo duro blanda abrojo: espinoso, duro 2 Selección mueren casi todos sobreviven picos altos murió sobrevive 3 Herencia las crías heredan picos más altos progenitor siguiente generación 4 Tiempo profundo se repite millones de generaciones pinzones terrestres pinzones arbóreos pinzones de cactus pinzones cantores Más de una docena de especies de un pinzón ancestral 5 La naturaleza eligió, sin plan alguno, en una sola generación.
Fig. 23 · La evolución. Cómo cambia la vida con el tiempo
Capítulo 24 · Parte III

El árbol de la vida

Los científicos han nombrado y descrito unos dos millones de especies, y cada año se suman entre 15 000 y 20 000 más. Las estimaciones del total real varían enormemente, pero un estudio muy citado de 2011 cifró solo las especies de plantas, animales y hongos en unos 8,7 millones. Para no perderse hace falta un sistema de archivo, y la biología tiene uno desde el siglo XVIII.

Su arquitecto fue el botánico sueco Carlos Linneo. En 1753 para las plantas y en 1758 para los animales, dio a cada especie un nombre latino de dos partes, un sistema llamado nomenclatura binomial. La primera parte es el género y la segunda la especie, de modo que el león es Panthera leo y su primo el tigre, Panthera tigris. Un nombre científico funciona en cualquier idioma, y por eso un biólogo en Japón y otro en Brasil pueden estar seguros de que hablan de la misma rana.

Linneo encajó sus nombres en una escalera de grupos cada vez mayores. En su forma moderna va así: dominio, reino, filo, clase, orden, familia, género y especie. El león pertenece al reino animal, al filo de los cordados, a la clase de los mamíferos, al orden de los carnívoros y a la familia de los félidos. Generaciones de estudiantes han memorizado la secuencia con trucos mnemotécnicos.

Linneo ordenaba los seres vivos por su aspecto. Desde Darwin, los biólogos intentan ordenarlos por su ascendencia, de modo que cada rama, o clado, contenga un antepasado y todos sus descendientes. La secuenciación del ADN ha transformado el panorama. En 1977, el microbiólogo estadounidense Carl Woese comparó secuencias genéticas de microbios y descubrió que algunos organismos unicelulares que parecían bacterias eran tan distintos de ellas como las bacterias lo son de los humanos. Los llamó arqueas y, en 1990, propuso que toda la vida se divide en tres grandes dominios: Bacteria, Archaea y Eukarya, este último con todos los animales, plantas y hongos.

¿Sabías que…? El espécimen de referencia oficial de nuestra propia especie, Homo sapiens, es el propio Linneo, elegido formalmente en 1959 porque él nunca designó uno.

El resultado no es una escalera, sino un árbol de la vida ramificado, con su raíz en un último antepasado común universal y sus ramitas en las especies que viven hoy. El ADN no deja de redibujar las ramas: los hongos resultan ser parientes más cercanos de los animales que de las plantas, y las ballenas pertenecen al mismo grupo que los hipopótamos.

Cada nombre del sistema es una hipótesis sobre una historia familiar, y puede cambiar cuando llegan nuevas pruebas.

Cada especie tiene una dirección árbol de la vida (izq.) y escala de rangos (der.) LUCA hace 3.500+ M años 1 Bacterias sin núcleo Arqueas nombradas en 1977 Eucariotas con núcleo 2 Animales comen a otros Hongos primos animales Plantas se nutren solas Protistas unicelulares 3 Dominio Reino Filo Clase Orden Familia Género Especie 4 Eucariotas Animalia Chordata Mammalia Carnivora Felidae Panthera leo 5 el león, Panthera leo Linneo ordenó la vida por su aspecto; el ADN, por parentesco.
Fig. 24 · El árbol de la vida. Ordenar millones de especies
Capítulo 25 · Parte III

Los microbios

En la década de 1670, un comerciante de paños neerlandés llamado Antonie van Leeuwenhoek, que tallaba diminutas lentes de vidrio en sus ratos libres en Delft, observó gotas de agua de lago y de lluvia y las encontró rebosantes de lo que llamó «animálculos». Había descubierto los microbios, seres vivos demasiado pequeños para verse a simple vista, y con ellos un mundo oculto que supera al visible en número y en peso.

Los microbios no son un grupo único, sino una categoría de tamaño. Las bacterias y las arqueas son células sueltas sin núcleo, de unas pocas milésimas de milímetro de largo. Los protistas, como las amebas y los paramecios, son células más grandes con núcleo. Muchos hongos, entre ellos las levaduras, también son microscópicos. Los virus son aún más pequeños, a menudo de alrededor de una diezmilésima de milímetro, y no son células en absoluto: solo se multiplican dentro de un huésped.

Durante casi toda la historia nadie relacionó a estas criaturas con las enfermedades. En la década de 1860, Louis Pasteur demostró que los microbios estropean los alimentos y el vino, y que calentarlos, lo que después se llamó pasteurización, los mata. En 1882, Robert Koch identificó la bacteria de la tuberculosis. En 1928, Alexander Fleming observó que un moho, Penicillium, había matado las bacterias que crecían en una placa de su laboratorio de Londres, una observación casual que condujo a la penicilina, el primer antibiótico de uso generalizado.

Pero la enfermedad es una parte mínima de la historia. Los microbios hicieron respirable el aire: las cianobacterias empezaron a liberar oxígeno a la atmósfera hace más de 2400 millones de años, y el plancton microscópico de los océanos sigue produciendo cerca de la mitad del oxígeno que se genera cada año en la Tierra. Las bacterias del suelo y de las raíces convierten el nitrógeno del aire en formas que las plantas pueden usar. Los microbios descomponen hojas y cuerpos muertos y devuelven sus nutrientes al suelo. También hacen subir el pan, convierten la leche en yogur y queso, y elaboran la cerveza y el vino.

¿Sabías que…? Las bacterias contienen unas 35 veces más carbono que todos los animales del mundo juntos, incluidos todos los humanos, ballenas y hormigas.

Un cuerpo humano alberga billones de microbios, sobre todo en el intestino, más o menos tantos como células propias. Esta comunidad, la microbiota, ayuda a digerir, entrena al sistema inmunitario y desplaza a los invasores dañinos. La idea popular de que hay diez células bacterianas por cada célula humana se ha revisado; la proporción se acerca más a una por una.

El mundo pertenece a los microbios. Los seres más grandes somos, en cierto sentido, visitantes.

Más pequeño que el grosor de un pelo 10 nm 100 nm 0,001 mm 0,01 mm 0,1 mm 1 mm cada paso es diez veces mayor (escala log.) Virus de la gripe c. 0,0001 mm 1 Bacteria E. coli c. 0,002 mm de largo 2 Levadura, glóbulo 0,005-0,008 mm glóbulo rojo 3 Paramecio hasta 0,25 mm 4 Visible a simple vista pelo humano, c. 0,1 mm 5 Casi todo a la izquierda de la línea es invisible, como casi toda la vida.
Fig. 25 · Los microbios. La mayoría invisible
Capítulo 26 · Parte III

Las plantas

Una hoja verde es una fábrica alimentada por el sol. Sin más ingredientes que la luz, el agua y un gas que supone menos de una vigésima parte del uno por ciento del aire, fabrica azúcar, y con él casi todas las comidas que se han hecho jamás en la Tierra. El proceso es la fotosíntesis, y lleva funcionando mucho más de dos mil millones de años.

Su química cabe en una línea: dióxido de carbono más agua, con la energía de la luz, se convierten en glucosa más oxígeno. El agua sube desde las raíces por unos conductos llamados xilema. El dióxido de carbono entra en la hoja por unos poros diminutos del envés, los estomas, que se abren y se cierran gracias a dos células oclusivas. Dentro de la hoja, las apretadas células en empalizada están repletas de cloroplastos con el pigmento verde, la clorofila. La clorofila absorbe con fuerza la luz roja y azul pero refleja la verde, y por eso las hojas se ven verdes. La energía captada rompe moléculas de agua, liberando oxígeno como subproducto, y se usa para fijar el carbono en azúcar. Otra red de conductos, el floema, lleva ese azúcar allí donde la planta lo necesita.

¿Sabías que…? En la década de 1640, Jan Baptist van Helmont cultivó un sauce en una maceta durante cinco años: el árbol ganó unos 74 kilos, mientras que la tierra solo perdió unos 57 gramos.

Van Helmont creyó que la masa adicional procedía del agua. En realidad, procedía sobre todo del aire. Un árbol es, en gran parte, dióxido de carbono solidificado por la luz del sol.

Se conocen unas 390 000 especies de plantas, y dominan el mundo vivo por su peso: acumulan aproximadamente cuatro quintas partes del carbono de todos los seres vivos de la Tierra. Los musgos y las hepáticas, las primeras plantas terrestres, carecen de conductos internos y se mantienen pequeños y húmedos. Los helechos y sus parientes desarrollaron xilema y floema y formaron bosques hace más de 300 millones de años, bosques cuyos restos enterrados se convirtieron en buena parte del carbón que se quemó en la Revolución Industrial. Después, las coníferas envolvieron sus semillas en cubiertas protectoras, y las plantas con flores, aparecidas hace unos 140 millones de años, reclutaron insectos, aves y murciélagos como mensajeros de su polen. Hoy son la inmensa mayoría de las especies vegetales.

Los récords son asombrosos. Una secuoya roja de California llamada Hyperion mide unos 116 metros, el árbol vivo más alto que se conoce. Un pino de conos erizados apodado Matusalén lleva creciendo más de 4800 años. La flor individual más grande, Rafflesia arnoldii, puede alcanzar un metro de diámetro y huele a carne podrida.

Cada respiración que se toma en tierra firme le debe algo a una hoja.

Una hoja, abierta en corte sección, c. 0,3 mm de grosor dióxido de carbono + agua → glucosa + oxígeno con energía lumínica y clorofila: luz solar Cutícula retiene el agua 1 Empalizada cloroplastos verdes 2 Nervio xilema: agua arriba floema: azúcar fuera 3 Esponjosa huecos para gases 4 entra CO2 sale O2 y agua Estomas poros, 2 oclusivas 5 Casi todo un árbol es dióxido de carbono solidificado por la luz.
Fig. 26 · Las plantas. Vivir de la luz
Capítulo 27 · Parte III

Los invertebrados

Si se elige una especie animal al azar, lo más probable con diferencia es que no tenga columna vertebral. Los invertebrados son alrededor del 97 % de todas las especies animales conocidas, desde esponjas y medusas hasta caracoles, arañas, cangrejos, gusanos y estrellas de mar. Los animales con columna, los vertebrados, son solo una rama, y bastante reciente, de esta multitud enorme.

El grupo se define por lo que le falta, así que reúne planes corporales asombrosamente distintos. Las esponjas, entre los linajes animales más antiguos, no tienen músculos, nervios ni órganos: el agua simplemente fluye por sus poros y sus células atrapan el alimento. Los cnidarios, medusas, anémonas y corales, tienen células urticantes y una sola abertura por la que entra la comida y salen los desechos. Diminutos pólipos de coral, construyendo esqueletos de caliza generación tras generación, han creado la Gran Barrera de Coral, que se extiende unos 2300 kilómetros frente al noreste de Australia.

Los moluscos incluyen caracoles, almejas y cefalópodos, el pulpo, el calamar y la sepia, que están entre los invertebrados más inteligentes. Un pulpo puede abrir tarros de rosca, colarse por cualquier hueco mayor que su pico y cambiar de color en una fracción de segundo. Los anélidos, los gusanos segmentados, incluyen la lombriz de tierra, que Charles Darwin admiraba tanto que su último libro, de 1881, trató sobre ella. Los equinodermos, estrellas y erizos de mar, tienen el cuerpo organizado de cinco en cinco.

Los que más éxito han tenido son los artrópodos: insectos, arañas, escorpiones, cangrejos, langostas, ciempiés y sus parientes. Llevan el esqueleto por fuera, un duro exoesqueleto articulado de quitina, y deben mudarlo para crecer. Solo los insectos suman alrededor de un millón de especies descritas, más que todos los demás animales juntos, y los escarabajos, unas 400 000 de ellas. El vuelo, que los insectos dominaron hace más de 300 millones de años, y la metamorfosis, de oruga a mariposa o de larva a escarabajo, ayudan a explicar su éxito.

¿Sabías que…? Un pulpo tiene tres corazones y sangre azul, teñida por una molécula a base de cobre, la hemocianina, que transporta bien el oxígeno en agua fría.

Hay invertebrados de todos los tamaños. Algunos ácaros son más pequeños que un punto. El calamar colosal, el invertebrado más pesado que se conoce, puede pesar unos 500 kilos y tiene los ojos más grandes del reino animal, del tamaño de un plato llano. Las patas del cangrejo araña japonés abarcan más de tres metros.

Las abejas polinizan los cultivos, las lombrices airean el suelo y el kril alimenta a las ballenas. Resulta que, sin columna vertebral, la vida hace funcionar el planeta.

Un millón de insectos, y todos los demás especies descritas, columnas a escala Insectos c. 1.000.000 1 escarabajos 400,000 moscas, avispas, polillas, hormigas, chinches y más Arácnidos c. 110.000 2 Moluscos c. 85.000 3 Crustáceos c. 70.000 4 Vertebrados c. 72.000 5 97 de cada 100 especies animales no tienen columna Todos los animales con columna caben en una columna corta.
Fig. 27 · Los invertebrados. La vida sin columna vertebral
Capítulo 28 · Parte III

Los vertebrados

Una ballena azul, un colibrí, una rana y un ser humano comparten un rasgo decisivo: la columna vertebral. Los vertebrados tienen un cráneo que protege el cerebro y una columna de huesos articulados, las vértebras, que resguarda la médula espinal. Ese esqueleto interno crece con el animal, a diferencia del exoesqueleto de un insecto, y ha permitido a los vertebrados convertirse en los animales más grandes que han existido.

Los primeros vertebrados eran pequeñas criaturas con aspecto de pez y sin mandíbulas que nadaban hace más de 500 millones de años; fósiles de Chengjiang, en China, como Haikouichthys, están entre los más antiguos. Las lampreas y los mixinos son hoy sus descendientes sin mandíbulas. Después llegaron las mandíbulas, articuladas a partir de los huesos que antes sostenían las branquias, y una explosión de peces depredadores. Los peces siguen siendo, con diferencia, el mayor grupo de vertebrados, con más de 35 000 especies, desde tiburones con esqueleto de cartílago hasta peces óseos como el bacalao, el salmón y el caballito de mar.

Hace unos 375 millones de años, algunos peces de aletas lobuladas empezaron a arrastrarse hacia aguas someras y tierra firme. Tiktaalik, descubierto en el Ártico canadiense en 2004, tenía las escamas y las branquias de un pez, pero también cuello y unas aletas robustas parecidas a muñecas. Sus parientes se convirtieron en los primeros animales de cuatro patas, los tetrápodos. Los anfibios, las ranas, tritones y salamandras actuales, aún ponen huevos blandos en el agua, y muchos respiran en parte a través de su piel húmeda.

El siguiente salto fue el huevo amniótico, con sus propias membranas impermeables y su reserva de alimento, que liberó a los animales de la orilla del agua hace más de 300 millones de años. Sus dueños se dividieron en dos grandes linajes. Uno dio lugar a los reptiles, lagartos, serpientes, tortugas y cocodrilos, y a los dinosaurios, cuya rama superviviente son las aves, unas 11 000 especies voladoras, emplumadas y de sangre caliente. El otro condujo a los mamíferos, que tienen pelo, alimentan a sus crías con leche y suman unas 6500 especies, desde la diminuta musarañita etrusca hasta la ballena azul, que con hasta 30 metros de largo es el animal más pesado que se conoce.

¿Sabías que…? El vertebrado más pequeño conocido es una rana de Papúa Nueva Guinea, Paedophryne amauensis, descrita en 2012: los adultos miden unos 7,7 milímetros.

La sangre caliente evolucionó dos veces, por separado, en las aves y en los mamíferos. Ambos queman alimento para mantener el cuerpo a una temperatura constante, lo que cuesta mucha energía pero les permite seguir activos de noche y con frío.

Los vertebrados son solo una pequeña parte de la vida animal y, sin embargo, en esa parte están los animales más rápidos, más grandes y más inteligentes de la Tierra.

Cómo la columna vertebral conquistó el planeta cada marca, un rasgo nuevo; grupos vivos arriba Sin mandíbula lampreas Columna c. 520 M años 1 Con mandíbula más de 35.000 Mandíbulas más de 400 M años 2 Anfibios c. 8.700 Cuatro patas Tiktaalik, 375 M 3 Reptiles y aves Huevo amniótico más de 300 M años 4 Mamíferos c. 6.500 plumas pelo, leche sangre cálida, dos veces 5 Cinco grandes grupos, un plan de esqueleto, más de 500 millones de años.
Fig. 28 · Los vertebrados. Peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos
Capítulo 29 · Parte III

Los dinosaurios

Durante unos 165 millones de años, los dinosaurios fueron los animales terrestres dominantes. Aparecieron hace unos 230 millones de años en el Triásico, prosperaron durante el Jurásico y el Cretácico y desaparecieron, en su mayoría, hace 66 millones de años. Juntos, estos tres periodos forman la era mesozoica, la edad de los reptiles.

Los primeros dinosaurios, como Eoraptor y Herrerasaurus, de Argentina, eran ágiles bípedos no mayores que un perro grande. Lo que los distinguía de otros reptiles era su postura: tenían las patas justo debajo del cuerpo, como pilares, en lugar de abiertas hacia los lados como las de un lagarto. Esa postura erguida los convertía en caminantes y corredores eficaces. Tras una extinción masiva a finales del Triásico, hace unos 201 millones de años, tomaron el relevo.

El Jurásico fue la era de los gigantes. Saurópodos de cuello largo como Brachiosaurus y Diplodocus ramoneaban coníferas y podían pesar tanto como varios elefantes. El posterior Argentinosaurus, del Cretácico, quizá alcanzó 35 metros y 70 toneladas o más. El Stegosaurus, con sus placas, y el depredador Allosaurus recorrían el actual oeste de Estados Unidos hace unos 150 millones de años. Por la misma época, en la actual Alemania, Archaeopteryx planeaba entre los árboles: mitad reptil, mitad ave.

Varias ideas populares necesitan corrección. Los pterosaurios, reptiles voladores, y los ictiosaurios y plesiosaurios, reptiles marinos, no eran dinosaurios, aunque vivieron junto a ellos. Velociraptor era del tamaño de un pavo y estaba cubierto de plumas. Y ningún ser humano vio jamás un dinosaurio no aviano vivo; nuestra especie apareció más de 65 millones de años después de su desaparición.

¿Sabías que…? Tyrannosaurus rex vivió más cerca en el tiempo de nosotros que del Stegosaurus: unos 82 millones de años separan a ambos dinosaurios, pero solo 66 millones separan al T. rex de hoy.

El final fue repentino. Hace unos 66 millones de años, un asteroide de unos 10 kilómetros de ancho impactó en lo que hoy es la península de Yucatán, en México, y dejó el cráter de Chicxulub, de unos 180 kilómetros de diámetro. Siguieron incendios, una lluvia de escombros y años de cielos oscurecidos, y desaparecieron cerca de tres cuartas partes de todas las especies. El anatomista inglés Richard Owen había acuñado el nombre Dinosauria, «lagartos terribles», en 1842, mucho antes de que nadie supiera cómo murieron.

Pero no se fueron todos. Las aves descienden de pequeños terópodos con plumas, el mismo grupo que el T. rex, y los científicos las consideran dinosaurios vivos. Con unas 11 000 especies, los dinosaurios siguen muy presentes entre nosotros.

165 millones de años de dinosaurios 250 M 200 m 100 M Triásico 252-201 M Eoraptor c. 231 M años Argentina, 1 m 1 Jurásico 201-145 M Braquiosaurio y estegosaurio c. 155-150 M años 2 Archaeopteryx c. 150 M años plumas y dientes 3 Cretácico 145-66 M Argentinosaurus c. 95 M años hasta c. 35 m 4 T. rex c. 68-66 M años Norteamérica 4 Impacto de Chicxulub hace 66 M años Del estegosaurio al T. rex: c. 82 M años Del T. rex a nosotros: 66 M años 5 Las aves siguieron volando: los dinosaurios nunca se fueron del todo.
Fig. 29 · Los dinosaurios. Señores del Mesozoico
Capítulo 30 · Parte III

Los ecosistemas

Un estanque, un bosque, un arrecife de coral y un tronco podrido son ecosistemas: comunidades de seres vivos unidas al suelo, el agua, el aire y la luz que las rodean. El botánico inglés Arthur Tansley acuñó la palabra en 1935 para expresar la idea de que los organismos y su entorno funcionan como un solo sistema, atravesado por un flujo de energía y por ciclos de materia.

Casi todos los ecosistemas funcionan con luz solar. Los productores, las plantas en tierra y las algas microscópicas en el agua, captan esa luz y la convierten en azúcar. Los consumidores primarios, los herbívoros, desde las orugas hasta las cebras, se comen a los productores. Los consumidores secundarios se comen a los herbívoros, y los superdepredadores, como águilas, tiburones y lobos, se comen a su vez a estos. Cada uno de estos niveles de alimentación es un nivel trófico, y una línea simple que los une, hierba, conejo, zorro, es una cadena alimentaria. En realidad, las líneas se cruzan y se ramifican en una enmarañada red trófica, porque la mayoría de los animales comen varias cosas y son comidos por varios otros.

En cada paso se pierde energía. Un animal quema casi todo lo que come en moverse, mantenerse caliente y seguir vivo, y buena parte de su alimento sale sin digerir. Como regla aproximada, solo alrededor de una décima parte de la energía de un nivel se convierte en masa corporal en el siguiente. Por eso las cadenas alimentarias rara vez tienen más de cuatro o cinco eslabones, por eso los grandes depredadores feroces siempre escasean y por eso un campo de trigo alimenta a muchas más personas que el mismo campo dedicado al ganado.

La materia, a diferencia de la energía, se recicla. Los descomponedores, hongos, bacterias, lombrices y escarabajos, degradan cuerpos muertos y desechos y devuelven el carbono, el nitrógeno y el fósforo al suelo y al aire, listos para volver a usarse.

¿Sabías que…? Cuando el ecólogo Robert Paine retiró las estrellas de mar de un tramo de costa rocosa del estado de Washington en la década de 1960, los mejillones se apoderaron de él y el número de especies se redujo más o menos a la mitad.

Paine llamó a estos animales especies clave: como la piedra central de un arco, si se retiran, la estructura se derrumba. Las nutrias marinas son otro ejemplo. Comen erizos de mar, que pastan las algas gigantes; donde las nutrias fueron exterminadas a lo largo de la costa del Pacífico, los erizos se multiplicaron y arrasaron bosques enteros de algas. Cuando se reintrodujeron los lobos grises en el Parque Nacional de Yellowstone en 1995, cambiaron la forma de pastar de los uapitíes, un efecto que los científicos siguen midiendo.

El equilibrio de la naturaleza es menos un equilibrio fijo que una negociación constante. Si se quita un solo hilo, toda la red se desplaza.

Solo una décima sube cada peldaño energía que llega a cada nivel, por 10.000 kJ captados por plantas Luz solar las plantas captan c. 1 % o menos 1 Productores 10.000 kJ: hierba, árboles, algas 2 Herbívoros 1.000 kJ: conejos, cebras 3 Depredadores 100 kJ: zorros, serpientes 4 Superdepredadores 10 kJ: águilas, lobos Descomponedores hongos, bacterias, gusanos lo devuelven al suelo 5 La energía sube y se pierde; la materia da vueltas y vueltas.
Fig. 30 · Los ecosistemas. Redes tróficas y el equilibrio de la naturaleza
Parte IV

El cuerpo humano

La máquina más compleja que tendrás jamás.

Capítulo 31 · Parte IV

Construir un cuerpo

Todo cuerpo humano empieza siendo una sola célula, un óvulo fecundado de una décima de milímetro, apenas visible a simple vista. En la edad adulta, esa célula se ha convertido en unos 37 billones de células. Nada de ese crecimiento es casual. El cuerpo se construye por niveles, cada uno hecho a partir del anterior, igual que las letras forman palabras, las palabras frases y las frases un libro.

La célula es la unidad básica de la vida. Cada una tiene una membrana, un interior acuoso llamado citoplasma y, casi siempre, un núcleo que guarda una copia completa del ADN del cuerpo. Dentro trabajan diminutas piezas llamadas orgánulos: las mitocondrias liberan la energía de los alimentos y los ribosomas ensamblan proteínas. Los biólogos reconocen unos 200 tipos de células, y su forma se ajusta a su función. Un glóbulo rojo es un disco flexible de unos 8 micrómetros, pensado para colarse por los vasos más estrechos. Una neurona motora que va de la base de la columna al dedo gordo del pie puede medir un metro.

Las células del mismo tipo se agrupan en tejidos, y solo existen cuatro clases básicas. El tejido epitelial recubre superficies y tapiza conductos. El tejido conjuntivo, que incluye el hueso, la grasa, el cartílago e incluso la sangre, sostiene y une. El tejido muscular se contrae. El tejido nervioso transmite señales. Dos o más tejidos que trabajan juntos forman un órgano. El estómago, por ejemplo, tiene un revestimiento epitelial, paredes musculares que baten la comida, tejido conjuntivo que lo mantiene todo en su sitio y nervios que marcan el ritmo.

Los órganos colaboran en sistemas de órganos. Los anatomistas suelen contar once: esquelético, muscular, nervioso, endocrino, cardiovascular, linfático, respiratorio, digestivo, urinario, reproductor y tegumentario, este último formado por la piel, el pelo y las uñas. La piel es el órgano más grande de todos: unos dos metros cuadrados en un adulto. Ningún sistema trabaja solo. Respirar no sirve de nada sin sangre que transporte el oxígeno, y la sangre no sirve de nada sin un corazón que la impulse.

¿Cómo puede una sola célula producir tanta variedad? Todas heredan los mismos genes, pero cada una activa solo una selección. En el embrión temprano, las células madre aún pueden convertirse en muchas cosas; a medida que avanza el desarrollo, las señales químicas de las células vecinas las encaminan por sendas cada vez más estrechas, hasta que una célula queda destinada a ser piel, hígado o nervio. Se dice a menudo que el cuerpo renueva todas sus células cada siete años. Es un mito: el revestimiento del intestino se renueva en días, pero la mayoría de las neuronas de la corteza cerebral y las células del centro del cristalino duran toda la vida.

¿Sabías que…? La vieja idea de que las bacterias superan a las células humanas en una proporción de diez a uno es falsa; una estimación de 2016 situó la proporción en torno a uno a uno.

Treinta y siete billones de piezas, un solo dueño.

Cinco niveles, de una célula a una persona ancho de cada peldaño ≈ cuántos hay 1 Célula c. 37 billones · ~200 tipos ~0,01 mm 2 Tejido 4 tipos básicos mm 3 Órgano piel: el mayor, ~2 m² cm 4 Sistema de órganos 11 sistemas decenas de cm 5 Organismo un cuerpo humano c. 1,7 m Cada nivel se construye con el de abajo.
Fig. 31 · Construir un cuerpo. De las células a los sistemas de órganos
Capítulo 32 · Parte IV

El esqueleto

El esqueleto adulto tiene 206 huesos, pero nadie nace con esa cifra. Un recién nacido tiene entre 270 y 300 piezas óseas, muchas todavía en parte cartilaginosas. Durante la infancia varias se fusionan: las placas del cráneo se sueldan, cinco vértebras forman el sacro y cada hueso de la cadera surge de tres. El crecimiento continúa en las placas de crecimiento, discos de cartílago cercanos a los extremos de los huesos largos, hasta que se osifican al final de la adolescencia o a principios de la veintena.

El esqueleto hace mucho más que mantener el cuerpo erguido. Protege: el cráneo envuelve el cerebro y las costillas resguardan el corazón y los pulmones. Sirve de anclaje a los músculos y les ofrece palancas. Almacena cerca del 99 % del calcio del organismo y lo libera a la sangre cuando hace falta. Y dentro de muchos huesos se encuentra la médula roja, un tejido blando que fabrica células sanguíneas, cientos de miles de millones al día.

Un corte de un hueso largo como el fémur, el hueso del muslo, revela una ingeniería ingeniosa. Lo envuelve una piel viva y resistente llamada periostio. Debajo está el hueso compacto, denso, formado por cilindros microscópicos llamados osteonas, cada una con un canal central para vasos sanguíneos y nervios. Hacia los extremos el hueso se vuelve esponjoso: un panal de trabéculas alineadas con las líneas de tensión, fuerte pero ligero. La caña hueca contiene médula, roja en los niños pequeños y sobre todo amarilla y grasa en los adultos.

El hueso está vivo y se reconstruye sin cesar. Los osteoblastos fabrican hueso nuevo, los osteoclastos disuelven el viejo y los osteocitos, atrapados en el mineral, detectan la tensión y dirigen la obra. Cada año se sustituye aproximadamente una décima parte del esqueleto adulto, así que el armazón entero se renueva en unos diez años. La carga es lo que dirige el proceso. Los astronautas en órbita pierden masa ósea porque su esqueleto deja de soportar peso, mientras que los tenistas profesionales tienen huesos claramente más gruesos en el brazo de la raqueta.

Los tamaños varían muchísimo. El fémur es el hueso más largo y más fuerte, alrededor de una cuarta parte de la estatura de una persona. El más pequeño es el estribo, en el oído medio, de unos tres milímetros. Más de la mitad de todos los huesos están en las manos y los pies: 54 en las dos manos y 52 en los dos pies, lo que ayuda a explicar su notable destreza.

¿Sabías que…? El hueso hioides, en la garganta, que sirve de anclaje a la lengua, es el único hueso del cuerpo que no forma articulación con ningún otro.

En un museo, un esqueleto parece seco e inmóvil; el de un cuerpo vivo es todo lo contrario.

Dentro de un hueso vivo Fémur el más largo, ≈ ¼ de la altura 1 Periostio piel viva y dura 2 Hueso compacto pared exterior densa Osteona anillos en torno a un canal c. 0,2 mm de ancho Placa epifisaria cierra c. 20 años 3 Hueso esponjoso celdillas de panal 4 Cavidad medular médula amarilla en adultos la médula roja hace sangre 5 Dónde están los 206 huesos Manos 54 Pies 52 Resto del cuerpo 100 Un armazón vivo que se renueva cada decenio.
Fig. 32 · El esqueleto. 206 huesos y un armazón vivo
Capítulo 33 · Parte IV

Los músculos

Cada movimiento, desde un esprint hasta un parpadeo o un latido, lo produce un músculo. El cuerpo tiene más de 600 músculos esqueléticos con nombre, que juntos suelen suponer entre un tercio y dos quintos del peso corporal. Sin embargo, el músculo solo sabe hacer una cosa: contraerse. Puede tirar, pero nunca empujar, y por eso los músculos esqueléticos trabajan en parejas antagonistas. El bíceps dobla el codo; para estirarlo, el tríceps, en la parte posterior del brazo, tira en sentido contrario.

Hay tres tipos de tejido muscular. El músculo esquelético, unido a los huesos mediante cordones resistentes llamados tendones, obedece a la voluntad y se ve estriado al microscopio. El músculo cardiaco, que solo existe en el corazón, también es estriado, pero sus células ramificadas se contraen con ritmo sin ninguna orden consciente y resisten la fatiga de forma notable. El músculo liso recubre las paredes del intestino, los vasos sanguíneos, la vejiga y las vías respiratorias, y se contrae de forma lenta y automática.

El secreto de la contracción está en las estrías. Un músculo esquelético es un haz de células largas, las fibras, repletas de hilos llamados miofibrillas, que se dividen en unidades repetidas llamadas sarcómeros. Dentro de cada sarcómero, gruesos filamentos de la proteína miosina se intercalan con finos filamentos de actina. Cuando llega una señal nerviosa, se libera calcio dentro de la fibra y las cabezas de miosina agarran la actina, giran, la sueltan y vuelven a agarrarla, haciendo deslizar unos filamentos sobre otros. Es el modelo de los filamentos deslizantes, publicado en 1954 por dos equipos independientes en los que figuraban Andrew Huxley y Hugh Huxley, que no eran parientes. Cada tirón consume una molécula de ATP, la moneda energética de la célula.

No todas las fibras son iguales. Las fibras lentas se contraen de forma constante y resisten la fatiga, ideales para la postura y el maratón. Las rápidas se contraen con fuerza pero se cansan pronto, ideales para el esprint y el salto. La proporción es en parte heredada y en parte moldeada por el entrenamiento. El músculo también calienta el cuerpo: tiritar no es más que una contracción rápida cuyo único fin es producir calor.

El músculo más grande es el glúteo mayor, que mantiene el cuerpo erguido e impulsa la subida de escaleras. El más pequeño es el músculo del estribo, en el oído medio, de alrededor de un milímetro, que se tensa para proteger el oído de los ruidos fuertes. El dicho de que fruncir el ceño requiere más músculos que sonreír no tiene una base sólida; depende por completo del gesto.

¿Sabías que…? El rigor mortis, la rigidez tras la muerte, se produce porque el músculo necesita ATP para soltar su agarre; sin ATP nuevo, la miosina queda trabada a la actina.

Todo el repertorio del movimiento humano descansa en un diminuto tirón, repetido sin fin.

Tres músculos, un truco: tirar 1 Esquelético voluntario · estriado mueve huesos células ramificadas 2 Cardíaco automático · estriado solo el corazón 3 Liso automático · sin estrías intestino, vasos, vías Músculo haces de fibras Fibra una célula larga Miofibrilla cadena de sarcómeros 4 5 Sarcómero deslizante Ca²⁺ + ATP relajado contraído línea Z actina (fina) miosina (gruesa) Cada movimiento son millones de tironcitos.
Fig. 33 · Los músculos. Cada uno de nuestros movimientos
Capítulo 34 · Parte IV

El corazón y la sangre

El corazón es una bomba muscular del tamaño de un puño cerrado, y nunca descansa. A unos 70 latidos por minuto, late alrededor de 100 000 veces al día y unos dos mil quinientos millones de veces a lo largo de una vida larga. En reposo mueve unos cinco litros de sangre por minuto, casi toda la sangre del cuerpo. Durante un ejercicio intenso, esa cifra puede multiplicarse por cuatro o por cinco.

En realidad, el corazón son dos bombas, una junto a otra, y la sangre recorre un circuito en forma de ocho. El lado derecho recibe la sangre usada del cuerpo y la envía a corta distancia, a los pulmones, donde suelta el dióxido de carbono y recoge oxígeno. El lado izquierdo recibe esa sangre recién oxigenada y la impulsa por la aorta hacia todos los demás tejidos. Cada lado tiene dos cavidades: una aurícula de pared fina que recoge la sangre y un potente ventrículo que la expulsa. Cuatro válvulas funcionan como puertas de un solo sentido, y su cierre produce el conocido «pum-pum». El médico inglés William Harvey demostró en 1628 que la sangre circula en un circuito cerrado, y derribó ideas vigentes desde la Antigüedad.

El latido arranca solo. Un grupo de células de la aurícula derecha, el nódulo sinusal, dispara un impulso eléctrico que recorre ambas aurículas, hace una breve pausa en una segunda estación de relevo y luego barre los ventrículos. Este marcapasos incorporado explica que un corazón pueda seguir latiendo un rato incluso fuera del cuerpo.

La red que alimenta es inmensa. Las arterias llevan la sangre a presión, las venas la devuelven con ayuda de válvulas y entre ambas están los capilares, tan estrechos que los glóbulos rojos pasan en fila india. La longitud total de los vasos de un adulto suele estimarse en unos 100 000 kilómetros, suficiente para dar más de dos vueltas a la Tierra.

Un adulto tiene unos cinco litros de sangre. Algo más de la mitad es plasma, un líquido de color pajizo que transporta sales, nutrientes, hormonas y desechos. Casi todo lo demás son glóbulos rojos, cargados de una proteína rica en hierro, la hemoglobina, que se une al oxígeno. Los glóbulos blancos y las plaquetas, que taponan las fugas, son solo una fracción mínima. Un glóbulo rojo vive unos 120 días, y la médula ósea los repone a un ritmo de unos dos millones por segundo. Las venas suelen dibujarse en azul, pero la sangre nunca es azul: siempre es roja, solo que más oscura cuando le falta oxígeno.

¿Sabías que…? En reposo, un glóbulo rojo tarda solo alrededor de un minuto en dar una vuelta completa al cuerpo.

Cada latido es una entrega, y el reparto nunca termina.

Dos bombas, un ocho rica en oxígeno pobre en O₂, aún roja Pulmones toman O₂, sueltan CO₂ Tejidos del cuerpo capilares llevan O₂ corazón · como un puño Derecho aurícula Derecho ventrículo vena cava 1 arteria pulmonar 2 Izquierdo aurícula Izquierdo ventrículo venas pulmonares 3 aorta 4 nodo SA 5 En reposo c. 70 latidos/min 5 litros/min 100.000 latidos/d Cada latido es una entrega, y la ronda nunca acaba.
Fig. 34 · El corazón y la sangre. La red de reparto del cuerpo
Capítulo 35 · Parte IV

Los pulmones y la respiración

Un adulto en reposo respira entre 12 y 20 veces por minuto, lo que suma más de veinte mil respiraciones al día. Cada respiración tranquila mueve alrededor de medio litro de aire. El objetivo es un intercambio: entra oxígeno y sale dióxido de carbono. Todas las células necesitan oxígeno para liberar la energía de los alimentos, y todas producen dióxido de carbono como desecho, que acidifica la sangre si se acumula.

La respiración la impulsa sobre todo el diafragma, una lámina muscular en forma de cúpula situada bajo los pulmones. Al contraerse, se aplana y desciende, mientras los músculos intercostales elevan la caja torácica hacia arriba y hacia fuera. El tórax se expande, la presión interior baja y el aire entra a raudales. Espirar en reposo no exige ningún esfuerzo: los músculos se relajan y los pulmones, elásticos, se retraen como un globo que se suelta.

El aire baja por un árbol ramificado. Entra por la nariz, donde los pelos y el moco pegajoso atrapan el polvo y el aire se calienta y se humedece. Pasa por la laringe, donde nace la voz, y llega a la tráquea, un tubo mantenido abierto por anillos de cartílago en forma de C. La tráquea se divide en dos bronquios, uno para cada pulmón, que se ramifican una y otra vez, unas 23 veces en total, en bronquiolos cada vez más finos. Los dos pulmones no son iguales: el derecho tiene tres lóbulos y el izquierdo solo dos, para dejar sitio al corazón.

El árbol termina en racimos de diminutos sacos de aire llamados alvéolos, unos 480 millones en un adulto. Cada uno está envuelto en una malla de capilares. La barrera entre el aire y la sangre mide menos de una milésima de milímetro de grosor, así que el oxígeno simplemente se difunde hacia la sangre, donde lo atrapa la hemoglobina, mientras el dióxido de carbono se difunde en sentido contrario. Extendidos, los alvéolos cubrirían unos 70 metros cuadrados, muchas veces la superficie de la piel.

Mantener limpias superficies tan delicadas es un trabajo constante. Las células que recubren las vías respiratorias tienen pelillos microscópicos, los cilios, que baten en oleadas coordinadas y empujan una alfombra de moco y partículas atrapadas hacia la garganta, donde se traga. El humo del tabaco daña estos cilios, y esa es una de las razones de la tos del fumador: el cuerpo recurre a la tos para expulsar lo que los cilios ya no pueden.

¿Sabías que…? Las ganas de respirar las desencadena sobre todo el aumento del dióxido de carbono en la sangre, no la falta de oxígeno; por eso aguantar la respiración se vuelve insoportable mucho antes de que se agote el oxígeno.

Más de veinte mil respiraciones al día, y casi ninguna pensada.

Setenta metros cuadrados plegados en el pecho Pulmón derecho 3 lóbulos Pulmón izquierdo 2 lóbulos · hueco cardíaco 1 Tráquea anillos de cartílago en C 2 bronquios ~23 ramas 3 Diafragma se contrae y aplana: entra aire 4 Alvéolos c. 480 millones O₂ → sangre CO₂ → aire barrera < 1 µm Un alvéolo 5 capilar Aire a un lado, sangre al otro, a un pelo de distancia.
Fig. 35 · Los pulmones y la respiración. Veinte mil intercambios de gases al día
Capítulo 36 · Parte IV

La digestión

La digestión convierte una comida en algo que el cuerpo puede aprovechar de verdad: moléculas lo bastante pequeñas como para atravesar la pared del intestino y pasar a la sangre. Lo hace de dos maneras a la vez. La digestión mecánica desgarra y mezcla los alimentos en trozos más pequeños. La digestión química se basa en enzimas, catalizadores proteicos que cortan las moléculas grandes en pequeñas: las proteínas en aminoácidos, el almidón en azúcares y las grasas en ácidos grasos.

El trabajo empieza en la boca. Los dientes trituran, y la saliva, por lo general un litro o más al día, humedece los alimentos y empieza a descomponer el almidón con una enzima, la amilasa. Al tragar, una bola blanda de comida pasa al esófago, donde unas ondas de contracción muscular, el peristaltismo, la llevan al estómago en cuestión de segundos. El peristaltismo funciona incluso cabeza abajo, y por eso los astronautas pueden comer en órbita.

El estómago es una bolsa muscular que bate la comida con ácido clorhídrico, a un pH de entre 1,5 y 3,5, tan ácido como el zumo de limón o más. El ácido mata la mayoría de los microbios y ayuda a una enzima, la pepsina, a deshacer las proteínas. El estómago se protege con una gruesa capa de moco y renovando constantemente su revestimiento. Al cabo de unas horas, la comida se ha convertido en un líquido espeso llamado quimo, que pasa en pequeños chorros al intestino delgado.

El intestino delgado es donde ocurren la mayor parte de la digestión y casi toda la absorción. Mide unos seis o siete metros. La bilis del hígado rompe la grasa en gotitas y el jugo del páncreas aporta enzimas que terminan el trabajo. La pared interior está plegada y cubierta de vellosidades en forma de dedo, a su vez cubiertas de microvellosidades. Durante años se dijo que esto equivalía a la superficie de una pista de tenis; un estudio minucioso de 2014 halló más bien unos 30 metros cuadrados, más o menos media pista de bádminton. Aun así, impresiona.

Lo que queda pasa al intestino grueso, de alrededor de 1,5 metros, que recupera agua y sales. En él viven billones de bacterias, la microbiota intestinal, que fermentan la fibra que el cuerpo no puede digerir y producen algunas vitaminas, entre ellas la vitamina K. El viaje completo, de la boca a la salida, suele durar entre uno y tres días, y la mayor parte de ese tiempo transcurre en el intestino grueso.

¿Sabías que…? Buena parte de lo que se supo al principio sobre el estómago se debe a Alexis St Martin, un trampero herido de bala en 1822 cuya herida cicatrizó dejando una abertura al estómago, que el cirujano William Beaumont estudió durante años.

El tubo digestivo atraviesa el cuerpo, y solo lo que cruza su pared está de verdad dentro.

El camino largo: dónde pasa su tiempo la comida 0 h 12 h 24 h 36 h 48 h órgano · longitud · acción tiempo típico 1 Boca dientes, saliva cerca de un minuto 2 Esófago c. 25 cm · peristalsis unos 10 segundos 3 Estómago ácido, pH 1,5–3,5 2–4 h 4 Intestino delgado 6–7 m · vellosidades 3–5 h 5 Intestino grueso c. 1,5 m · agua, microbios 10–40 h: casi todo el viaje De la boca a la salida: de uno a tres días.
Fig. 36 · La digestión. Del plato a la energía
Capítulo 37 · Parte IV

El cerebro

El cerebro humano pesa alrededor de 1,4 kilos, más o menos el 2 % del peso corporal, pero en reposo consume cerca de una quinta parte de la energía del organismo. Un cerebro vivo es blando, más parecido a una gelatina firme que a los especímenes gomosos de los frascos, endurecidos por los conservantes. Contiene unos 86 000 millones de neuronas, una cifra establecida en 2009 por la neurocientífica brasileña Suzana Herculano-Houzel, que disolvía cerebros hasta obtener una sopa de núcleos celulares que se podía contar. Sustituyó a la cifra redonda, repetida hasta la saciedad, de 100 000 millones.

Una neurona es una célula hecha para transmitir señales. Sus dendritas ramificadas reciben mensajes, el cuerpo celular los suma y, si el total supera un umbral, la neurona dispara un impulso eléctrico a lo largo de su axón. En los axones envueltos en mielina, una sustancia grasa, el impulso puede superar los 100 metros por segundo. Al final, la señal cruza un hueco diminuto, la sinapsis, en forma de una descarga de mensajeros químicos llamados neurotransmisores. Cada neurona puede conectarse con miles de otras, lo que da, según las estimaciones, unos cien billones de sinapsis.

El gran cerebro arrugado, o telencéfalo, se divide en dos hemisferios, izquierdo y derecho, unidos por un grueso puente de fibras, el cuerpo calloso. Cada hemisferio tiene cuatro lóbulos. El lóbulo frontal se encarga de planificar, decidir y mover el cuerpo; el lóbulo parietal procesa el tacto y el sentido del espacio; el lóbulo temporal se ocupa del oído, el lenguaje y la memoria; y el lóbulo occipital, en la parte posterior, está dedicado a la visión. Cada hemisferio controla sobre todo el lado opuesto del cuerpo.

Bajo la parte trasera del cerebro se encuentra el cerebelo, que afina el movimiento y el equilibrio. Ocupa solo una décima parte del volumen del encéfalo, pero alberga aproximadamente cuatro de cada cinco neuronas. El tronco del encéfalo conecta el encéfalo con la médula espinal y dirige lo esencial automático: la respiración, el ritmo cardiaco, el sueño y la vigilia.

Gran parte de este mapa se trazó primero a partir de lesiones. En 1848, un capataz del ferrocarril, Phineas Gage, sobrevivió a una barra de hierro que le atravesó el lóbulo frontal, y su cambio de conducta insinuó el papel de esa región. En 1861, el médico francés Paul Broca relacionó una zona del lóbulo frontal izquierdo con la producción del habla. Hoy los escáneres muestran directamente la actividad cerebral y confirman que la idea de que solo usamos el 10 % del cerebro es un mito: a lo largo del día, prácticamente todas las regiones están activas.

¿Sabías que…? El cerebro en sí no tiene receptores del dolor, y por eso algunas operaciones cerebrales se realizan con el paciente despierto y hablando.

El cerebro nunca deja de recablearse. Cada habilidad aprendida refuerza unas conexiones y poda otras, una propiedad llamada neuroplasticidad. El órgano que lee esta frase ya es un poco distinto por haberlo hecho.

Un mapa de la superficie arrugada El cerebro entero c. 86.000 M de neuronas c. 1,4 kg, 2 % de la masa ~20 % de la energía en reposo delante detrás 1 Lóbulo frontal planificar, mover 2 Lóbulo parietal tacto, espacio 3 Lóbulo temporal oído, memoria 4 Lóbulo occipital visión 5 Cerebelo equilibrio; 4 de 5 neuronas Tronco encefálico respiración, latido Cada región tiene su especialidad; ninguna trabaja sola.
Fig. 37 · El cerebro. Ochenta y seis mil millones de neuronas
Capítulo 38 · Parte IV

Los sentidos

En la escuela se aprende que hay cinco sentidos: la vista, el oído, el tacto, el gusto y el olfato. La lista se remonta a Aristóteles y se queda muy corta. El cuerpo también percibe el equilibrio, la temperatura, el dolor, la posición de sus propias extremidades y el estado de sus órganos, desde una vejiga llena hasta un corazón desbocado. Muchos científicos cuentan al menos nueve sentidos, y algunos más de veinte, según cómo los dividan.

En el fondo, todos los sentidos funcionan igual. Unas células receptoras especializadas convierten una forma de energía, ya sea luz, ondas sonoras, presión o sustancias químicas, en señales nerviosas eléctricas, un proceso llamado transducción. El cerebro nunca recibe directamente la luz ni el sonido, solo impulsos codificados, y a partir de ellos construye la experiencia del mundo.

En el ojo, la córnea y el cristalino enfocan la luz sobre la retina, que alberga unos 120 millones de bastones, sensibles a la luz tenue, y unos 6 millones de conos, que captan el color. Tres tipos de conos, sintonizados con longitudes de onda largas, medias y cortas, se combinan para producir todos los colores que vemos. Donde el nervio óptico sale del ojo no hay ningún receptor: es el punto ciego, que el cerebro rellena con discreción.

En el oído, las ondas sonoras hacen vibrar el tímpano, y tres huesecillos diminutos, el martillo, el yunque y el estribo, transmiten la vibración al líquido de la cóclea. Allí, unas 15 000 células ciliadas responden a distintos tonos, desde unos 20 hasta unos 20 000 hercios en un adulto joven. Justo al lado, los canales semicirculares del oído interno detectan los giros y ayudan a mantener el equilibrio.

El olfato y el gusto son sentidos químicos. La nariz tiene unos 400 tipos de receptores olfativos, cuyas combinaciones permiten distinguir una cantidad enorme de olores. La lengua detecta cinco sabores básicos: dulce, ácido, salado, amargo y umami, el sabor sabroso identificado por el químico japonés Kikunae Ikeda en 1908. Gran parte de lo que llamamos sabor procede en realidad del olfato, y por eso la comida sabe insípida con la nariz tapada. El tacto depende de varios tipos de receptores de la piel, más densos en las yemas de los dedos y en los labios.

¿Sabías que…? El famoso «mapa de la lengua», con el dulce en la punta y el amargo al fondo, es un mito nacido de una mala lectura de un estudio alemán de 1901; cualquier zona con papilas gustativas detecta los cinco sabores.

El mundo nos llega en forma de electricidad, y el cerebro hace el resto.

De la energía a la electricidad y a la experiencia Sentido Estímulo Receptor Área cerebral 1 Vista Luz 380–700 nm Bastones y conos 120 M + 6 M en la retina Lóbulo occipital corteza visual 2 Oído Sonido 20–20.000 Hz Células ciliadas c. 15.000 en la cóclea Lóbulo temporal corteza auditiva 3 Tacto Presión calor, dolor Receptores de piel más en las yemas Lóbulo parietal corteza somatosensorial 4 Gusto Sustancias en la saliva Papilas gustativas 5 sabores básicos Ínsula corteza gustativa 5 Olfato Olores en el aire Receptores olfativos c. 400 tipos Bulbo olfatorio luego corteza olfativa También: equilibrio, temperatura, dolor, posición de miembros, hambre… El cerebro nunca toca el mundo, solo sus señales.
Fig. 38 · Los sentidos. Cómo percibimos el mundo
Capítulo 39 · Parte IV

El sistema inmunitario

Cada día, bacterias, virus, hongos y parásitos se acercan al cuerpo, y casi todos son rechazados sin que nadie se dé cuenta. El sistema inmunitario no es un órgano único, sino una fuerza de defensa repartida, hecha de células, proteínas y tejidos distribuidos por la sangre, la linfa, la médula ósea, el timo, el bazo y cientos de ganglios linfáticos. Actúa por capas, cada una más lenta pero más precisa que la anterior.

La primera capa es un conjunto de barreras. La piel es una muralla seca y resistente de células muertas. El moco de la nariz y de las vías respiratorias atrapa a los intrusos, las lágrimas y la saliva contienen lisozima, una enzima que revienta las bacterias, y el ácido del estómago destruye casi todo lo que se traga.

Lo que logra pasar se encuentra con la inmunidad innata, que responde en minutos u horas a las señales generales de infección. Los neutrófilos, los glóbulos blancos más abundantes, acuden al lugar y engullen bacterias. Los macrófagos, cuyo nombre significa «grandes comedores», devoran microbios y restos y dan la alarma con señales químicas llamadas citocinas. Las células asesinas naturales destruyen las células infectadas por virus. El calor, el enrojecimiento y la hinchazón de la inflamación son señales de esta respuesta, igual que la fiebre, que hace el cuerpo menos acogedor para muchos gérmenes.

La tercera capa, la inmunidad adaptativa, tarda días en ponerse en marcha, pero es muy específica. Las células dendríticas llevan fragmentos del invasor a los ganglios linfáticos y se los muestran a los linfocitos. Los linfocitos B producen anticuerpos, proteínas en forma de Y que se fijan a un objetivo concreto y lo marcan para su destrucción. Los linfocitos T colaboradores coordinan la campaña y los linfocitos T citotóxicos matan directamente las células infectadas. Después quedan células de memoria de larga vida, listas para responder mucho más rápido si el mismo invasor regresa.

Esa memoria es lo que aprovecha la vacunación. En 1796, el médico inglés Edward Jenner inoculó a un niño material de una pústula de viruela bovina y demostró que lo protegía de la viruela. En 1980, la Organización Mundial de la Salud declaró erradicada la viruela, la primera enfermedad humana eliminada así. El sistema también puede fallar. En las alergias ataca sustancias inofensivas como el polen, y en las enfermedades autoinmunes, como la diabetes de tipo 1, se vuelve contra los propios tejidos del cuerpo.

¿Sabías que…? Los linfocitos B deben su nombre a la bolsa de Fabricio, un órgano de las aves donde se identificaron por primera vez, y no a la médula ósea (bone marrow), aunque en los humanos sí maduran en la médula.

Un ejército sin cuartel general que, aun así, recuerda las batallas que ha ganado.

Un ejército de defensa sin cuartel general Sistema inmunitario INNATO · minutos a horas ADAPTATIVO · días, dirigido Barreras 1 Piel células muertas Moco nariz, vías Ácido, lágrimas estómago, ojos Células innatas 2 Neutrófilo primer en acudir Macrófago «gran comedor» Célula NK mata infectadas Mensajeros 3 Célula dendrítica muestra al enemigo Ganglio linfático punto de encuentro Citocinas señales de alarma Células B 4 Célula plasmática fabrica anticuerpos Anticuerpos marcas en Y B de memoria recuerda Células T 5 T colaboradora coordina T citotóxica mata infectadas T de memoria recuerda Las vacunas entrenan a las células de memoria.
Fig. 39 · El sistema inmunitario. La fuerza de defensa del cuerpo
Capítulo 40 · Parte IV

El ADN y los genes

Casi todas las células del cuerpo llevan un juego completo de instrucciones para construir y hacer funcionar a un ser humano. Esas instrucciones están escritas en el ADN, el ácido desoxirribonucleico, una molécula larga con forma de escalera retorcida: la famosa doble hélice. Su estructura la publicaron en 1953 James Watson y Francis Crick, en Cambridge, apoyándose en gran medida en imágenes de rayos X obtenidas en el laboratorio de Rosalind Franklin en el King's College de Londres, sobre todo la célebre Fotografía 51.

Los peldaños de la escalera llevan el código. Cada peldaño es un par de bases químicas, y solo hay cuatro: adenina, timina, citosina y guanina, que se escriben A, T, C y G. La A siempre se une a la T, y la C a la G. Como cada hebra dicta a su pareja, la célula puede abrir la hélice como una cremallera y construir dos copias idénticas; así se copia el ADN cada vez que una célula se divide.

El genoma humano, un juego completo de ADN, tiene unos 3100 millones de pares de bases. Estirado, el ADN de una sola célula mediría unos dos metros; sin embargo, enrollado en torno a proteínas y empaquetado en 46 cromosomas, 23 heredados de cada progenitor, cabe en un núcleo de unas pocas milésimas de milímetro. El Proyecto Genoma Humano publicó una secuencia prácticamente completa en 2003, y los últimos huecos, los más rebeldes, se cerraron en 2022.

Un gen es un tramo de ADN que contiene la receta de un producto, casi siempre una proteína. Los humanos tenemos unos 20 000 genes que codifican proteínas, muchos menos de lo que esperaban los biólogos, y juntos solo suponen entre el 1 y el 2 % del genoma. Para usar un gen, la célula primero lo copia en una molécula mensajera, el ARN, que viaja hasta un ribosoma. Allí el código se lee de tres en tres letras; cada triplete, o codón, indica uno de los 20 aminoácidos, que se encadenan para formar una proteína. Casi toda la vida en la Tierra usa el mismo código, desde las bacterias hasta las ballenas azules.

El resto del genoma se despachó en su día como «ADN basura». La etiqueta resultó demasiado simple: una parte regula cuándo se encienden y se apagan los genes y otra produce ARN útil, aunque buena parte quizá no tenga ninguna función conocida. Dos personas cualesquiera comparten cerca del 99,9 % de su secuencia de ADN. Las diferencias restantes, junto con el entorno, ayudan a moldear la estatura, el color de los ojos y el riesgo de muchas enfermedades. Los cambios en el código, las mutaciones, suelen ser inocuos, a veces dañinos y, a lo largo de periodos inmensos, la materia prima de la evolución.

¿Sabías que…? Impresa en letras, una sola copia del genoma humano llenaría unos mil libros de mil páginas cada uno.

Cuatro letras, tres mil millones de veces, y aparece una persona.

Zoom al manual de instrucciones 3.100 M pares de bases · c. 20.000 genes 1 Núcleo 46 cromosomas 2 Cromosoma 23 pares, uno de cada progenitor 3 Doble hélice Pares de bases A─T adenina, timina C─G citosina, guanina c. 2 m/célula, enrollado 4 Gen una receta copiada en ARN (transcripción) ATG AUG GCC GCC TTA UUA GGA GGA ARNm ADN Met Ala Leu Gly 5 Codones → aminoácidos 3 letras = 1 de 20 aminoácidos Cuatro letras, leídas de tres en tres, forman toda proteína.
Fig. 40 · El ADN y los genes. El manual de instrucciones de la vida
Parte V

Materia y energía

De qué está hecho el mundo y qué lo pone en movimiento.

Capítulo 41 · Parte V

Los átomos

Todo sólido, todo líquido y todo gas, desde un grano de arena hasta el Sol, está hecho de átomos. Son de una pequeñez casi absurda. Un átomo típico mide alrededor de una diezmilmillonésima de metro, de modo que el punto final de esta frase tiene aproximadamente un millón de átomos de ancho. Un cuerpo humano contiene unos siete mil cuatrillones de ellos, y la mayoría de sus átomos más pesados se forjaron en el interior de estrellas mucho antes de que existiera la Tierra.

La idea es antigua. Hacia el año 400 a. C., los pensadores griegos Leucipo y Demócrito sostuvieron que la materia no puede dividirse indefinidamente y que debe acabar en diminutos granos indivisibles, a los que llamaron atomos, «indivisible». Fue una intuición filosófica hasta 1808, cuando el químico inglés John Dalton demostró que los elementos se combinan en proporciones fijas de números enteros, exactamente como si cada elemento estuviera formado por átomos idénticos con un peso característico.

Después, el átomo resultó divisible. En 1897, J. J. Thomson descubrió el electrón, una partícula casi dos mil veces más ligera que el átomo más ligero. En 1909, Hans Geiger y Ernest Marsden, que trabajaban para Ernest Rutherford en Mánchester, dispararon partículas alfa contra una lámina de oro más fina que una hoja de papel. La mayoría la atravesó, pero una fracción minúscula, aproximadamente una de cada ocho mil, rebotó con fuerza. En 1911 Rutherford concluyó que casi toda la masa del átomo se concentra en un núcleo diminuto, denso y con carga positiva. Su compañero sin carga, el neutrón, lo descubrió James Chadwick en 1932.

La imagen resultante es extraña. El núcleo, formado por protones y neutrones, es unas 100 000 veces más pequeño que el propio átomo. Si un átomo tuviera el tamaño de un estadio de fútbol, su núcleo sería un guisante en el punto central, y aun así contendría más del 99,9 % de la masa. Los electrones no giran alrededor del núcleo como planetas en miniatura, diga lo que diga el famoso logotipo. Ocupan orbitales difusos, nubes de probabilidad que indican dónde es probable encontrar cada electrón. Y los protones y neutrones tampoco son el final: cada uno está formado por tres partículas más pequeñas llamadas quarks.

¿Sabías que…? Los átomos son casi todo espacio vacío, pero una mano nunca se hunde en una mesa: los electrones de ambas se repelen, y esa repulsión eléctrica es lo que percibe el sentido del tacto.

El número de protones, el número atómico, determina el elemento: uno para el hidrógeno, seis para el carbono, setenta y nueve para el oro. El número de neutrones puede variar, lo que da distintos isótopos de un mismo elemento, mientras que los electrones exteriores se ocupan de toda la química. Noventa y tantos tipos de átomos, reordenados sin fin, forman cada roca, cada río y cada ser vivo.

Dentro de un átomo, casi nada 1 Nube de electrones orbitales, no órbitas c. 0,1 nm de ancho 2 Núcleo 1/100.000 del ancho del átomo más del 99,9 % de su masa protón neutrón carbono-12: 6p + 6n 3 Protón quarks: 2 u + 1 d unidos por gluones: la fuerza fuerte u u d 4 5 El átomo como un estadio núcleo: un guisante Casi toda la masa, casi nada del tamaño.
Fig. 41 · Los átomos. Los ladrillos de todo lo que existe
Capítulo 42 · Parte V

La tabla periódica

En 1869, el químico ruso Dmitri Mendeléiev anotó los 63 elementos conocidos entonces, con sus pesos atómicos y propiedades, y los fue reordenando hasta que apareció un patrón. Los elementos parecidos se repetían a intervalos regulares, como notas que vuelven una octava más arriba. El resultado fue la tabla periódica, la página más útil de la química y probablemente el gráfico más reconocible de toda la ciencia.

La audacia de Mendeléiev estaba en los huecos. Donde no encajaba ningún elemento conocido, dejaba un espacio vacío y predecía qué lo ocuparía algún día. Describió con detalle un «eka-aluminio», incluida su densidad; el galio, descubierto en Francia en 1875, coincidía casi por completo. El escandio llegó en 1879 y el germanio en 1886. Una tabla capaz de anunciar sustancias que nadie había visto no era un simple archivador. Era una teoría, y había superado la prueba.

La tabla moderna ordena los elementos por número atómico, la cantidad de protones del núcleo, un principio que el joven físico británico Henry Moseley estableció en 1913 con ayuda de los rayos X. Sus siete filas son los periodos; sus dieciocho columnas, los grupos. Los elementos de un mismo grupo tienen electrones exteriores dispuestos de forma similar y por eso se comportan de manera parecida. El grupo 1, los metales alcalinos, es tan reactivo que el sodio corre chisporroteando sobre el agua y el cesio estalla en ella. El grupo 18, los gases nobles, apenas reacciona, y por eso el helio es seguro en un globo y el argón protege el metal caliente al soldar.

La tabla se divide también en cuatro bloques, llamados s, p, d y f según el tipo de orbital que se está llenando. El bloque f, el de los lantánidos y actínidos, suele imprimirse aparte, debajo, solo para que la tabla quepa en una página; colocada en su sitio, la tabla tendría 32 columnas. Los metales ocupan la izquierda y el centro, los no metales la esquina superior derecha, y entre ellos se extiende una escalera de metaloides como el silicio y el germanio.

Hoy la tabla reúne 118 elementos confirmados. Unos noventa existen de forma natural en la Tierra; el resto se ha fabricado en reactores y aceleradores de partículas, a menudo unos pocos átomos cada vez, y algunos duran solo fracciones de segundo. Los cuatro nombres más recientes, nihonio, moscovio, teneso y oganesón, se aprobaron en 2016 y completaron la séptima fila.

¿Sabías que…? El galio, el elemento que predijo Mendeléiev, se funde a unos 30 °C: un trozo se derrite en una mano caliente, y una cucharilla fundida con él se ablanda y se dobla en una taza de té caliente.

Toda sustancia que alguien haya tocado jamás, de la sal al acero, está construida a partir de esta única hoja de casillas.

Una página, 118 elementos H He 57–71 89–103 1 2 3 4 5 6 7 1 Periodos: 7 filas una capa de electrones más por fila 1 18 2 Grupos: 18 columnas 1 alcalinos, 18 gases nobles H He bloque s bloque d bloque p bloque f 3 Sc Ga Ge 4 Huecos de Mendeléiev, 1869 hallados: Ga 1875, Sc 1879, Ge 1886 Nh Mc Ts Og 5 Los cuatro últimos, 2016 elementos 113, 115, 117, 118 Los huecos de Mendeléiev eran predicciones, y los elementos llegaron.
Fig. 42 · La tabla periódica. Cada elemento en su lugar
Capítulo 43 · Parte V

Los estados de la materia

El hielo, el agua y el vapor son la misma sustancia, H₂O, en tres estados de la materia distintos. Lo que los separa no son las moléculas en sí, sino la rapidez con que se mueven y la fuerza con que se sujetan unas a otras. El calor es, en el fondo, el temblor de las partículas, y añadirlo o quitarlo cambia el carácter de la multitud.

En un sólido, las partículas están fijas y vibran en torno a posiciones estables, como espectadores en asientos numerados. Muchos sólidos, como la sal, los metales y el hielo, forman redes cristalinas ordenadas; otros, como el vidrio, quedan congelados en un revoltijo desordenado. En contra de una leyenda muy extendida, las vidrieras antiguas no son más gruesas por abajo porque el vidrio haya fluido durante siglos. A temperatura ambiente el vidrio es prácticamente rígido, y los cristales desiguales se deben a la forma en que se fabricaban.

Al calentar un sólido hasta su punto de fusión, sus partículas ganan energía suficiente para deslizarse unas sobre otras. Un líquido conserva su volumen pero adopta la forma del recipiente. Si se calienta más, hasta su punto de ebullición, las partículas escapan por completo y forman un gas, que vuela libre y ocupa todo el espacio disponible. El vapor a 100 °C ocupa unas 1700 veces el volumen del agua de la que procede, y por eso pudo mover las máquinas de la Revolución Industrial.

Estos cambios absorben o liberan energía sin cambiar la temperatura, una cantidad oculta llamada calor latente. Una olla de agua hirviendo se mantiene a 100 °C por fuerte que sea el fuego, porque la energía extra se emplea en separar las moléculas. La presión también importa. En la cima del Everest, donde el aire es tenue, el agua hierve a solo unos 70 °C, demasiado poco para un buen té. Algunas sustancias se saltan una etapa: el dióxido de carbono sólido, el hielo seco, pasa directamente a gas a −78,5 °C, un proceso llamado sublimación.

Si se calienta un gas a muchos miles de grados, los electrones se separan de sus átomos y se forma plasma, una sopa luminosa de partículas cargadas. Es raro en la Tierra, presente en los rayos, los letreros de neón y las auroras, pero es el estado más común de la materia visible del universo, porque las estrellas están hechas de él. En el extremo opuesto, en 1995 unos físicos enfriaron una nube de átomos de rubidio hasta rozar el cero absoluto y crearon un condensado de Bose-Einstein, en el que miles de átomos se comportan como un solo objeto cuántico.

¿Sabías que…? El agua es poco común porque se dilata al congelarse. El hielo es alrededor de un 9 % menos denso que el agua líquida, así que flota, y los lagos se congelan de arriba abajo, protegiendo a los peces que viven debajo.

Las mismas moléculas, con más o menos energía, pueden ser un glaciar, un río o una nube.

Una sustancia, cuatro formas de ser menos energía más energía y calor Sólido red fija 1 Líquido fluye, volumen fijo 2 fusión · solidificación 0 °C El hielo flota c. 9 % menos denso Gas llena cualquier espacio 3 ebullición · condensación 100 °C Hervir en el Everest el agua hierve a c. 70 °C Plasma cargado, brillante 4 ionización miles de °C 5 Sublimación hielo seco: sólido → gas a −78,5 °C Mismas moléculas; solo cambia la energía.
Fig. 43 · Los estados de la materia. Sólido, líquido, gas y plasma
Capítulo 44 · Parte V

Las reacciones químicas

Una reacción química es una reorganización. Los enlaces entre átomos se rompen, los átomos se reagrupan y se forman enlaces nuevos, que dan lugar a sustancias con propiedades totalmente distintas. El sodio, un metal blando que arde al tocar el agua, y el cloro, un gas verde venenoso, se combinan para formar la sal de mesa. Por el camino no se crea ni se destruye ningún átomo. Simplemente se redistribuyen, como letras que forman palabras nuevas.

Ese principio, la conservación de la masa, lo dejó asentado el químico francés Antoine Lavoisier, que lo pesaba todo antes y después de las reacciones en recipientes cerrados y expuso sus conclusiones en 1789. Demostró que la combustión es una combinación con el oxígeno, y no la huida de una misteriosa sustancia llamada flogisto, y ayudó a crear el sistema de nombres químicos que todavía se usa.

Quemar gas natural es un ejemplo de manual. Una molécula de metano, CH₄, se encuentra con dos moléculas de oxígeno, O₂. Sus enlaces se rompen y los átomos se reordenan en una molécula de dióxido de carbono y dos de agua. Si se cuentan los átomos a cada lado, coinciden exactamente: un carbono, cuatro hidrógenos, cuatro oxígenos. Lo que cambia es la energía. Los enlaces nuevos son más estables que los viejos, así que el excedente escapa como calor y luz. Las reacciones que desprenden energía son exotérmicas; las que la absorben, como la fotosíntesis que almacena la luz en azúcar, son endotérmicas.

Incluso una reacción que libera energía suele necesitar un empujón para empezar. Un fogón de gas no se enciende sin chispa, porque antes hay que tensar los enlaces existentes hasta el punto de ruptura. Ese obstáculo es la energía de activación. La temperatura ayuda: las moléculas más calientes chocan con más fuerza y más a menudo, y por eso la comida dura más en la nevera. Un catalizador rebaja el obstáculo ofreciendo un camino más fácil, y sale intacto al final. El catalizador de un coche usa metales del grupo del platino para limpiar los gases de escape, y el cuerpo humano funciona gracias a miles de catalizadores naturales llamados enzimas, algunas de las cuales aceleran las reacciones millones de veces o más.

Algunas reacciones han cambiado la historia. El proceso Haber-Bosch, desarrollado en Alemania entre 1909 y 1913, combina el nitrógeno del aire con hidrógeno para fabricar amoníaco para fertilizantes. Se calcula que los alimentos cultivados gracias a él sostienen a cerca de la mitad de la población mundial. La oxidación, la digestión, el horneado y el amarillear del papel viejo también son reacciones, solo que a velocidades muy distintas.

¿Sabías que…? Antoine Lavoisier, a menudo llamado padre de la química moderna, fue guillotinado en 1794 durante la Revolución francesa, condenado no por su ciencia sino por su carrera como recaudador de impuestos.

La química nunca crea materia nueva; solo enseña a los viejos átomos a formar nuevas parejas.

Cuesta arriba y luego a la estabilidad energía avance de la reacción 1 CH₄ + 2O₂ reactivos 2 energía de activación una chispa para empezar sale calor exotérmica CO₂ + 2H₂O productos 3 con un catalizador joroba menor 4 Átomos entran = salen 5 antes después C 1 1 H 4 4 O 4 4 Lavoisier, 1789 CH₄ CO₂ Los enlaces cambian y la energía fluye; los átomos solo cambian de pareja.
Fig. 44 · Las reacciones químicas. Romper y formar enlaces
Capítulo 45 · Parte V

Las fuerzas y el movimiento

Durante unos dos mil años, los europeos cultos siguieron a Aristóteles en la creencia de que un objeto en movimiento necesita un empuje constante para seguir avanzando y se detiene por naturaleza cuando el empuje cesa. La vida diaria parece darle la razón: el carro se para cuando se para el caballo. El fallo era invisible. El rozamiento y la resistencia del aire también son fuerzas, que frenan todo en silencio.

Galileo Galilei lo vio claro a principios del siglo XVII, haciendo rodar bolas de bronce por rampas suaves e imaginando un suelo perfectamente liso e infinito por el que una bola rodaría para siempre. Isaac Newton convirtió esa intuición en un sistema. En 1687 publicó los Principia Mathematica, y en su centro están tres leyes del movimiento que aún guían el diseño de puentes, coches y naves espaciales.

La primera ley dice que un objeto permanece en reposo, o sigue en línea recta a velocidad constante, mientras ninguna fuerza actúe sobre él. Esa terquedad se llama inercia. Explica por qué los pasajeros se van hacia delante cuando un autobús frena en seco: sus cuerpos simplemente siguen avanzando. El cinturón de seguridad aporta la fuerza que los detiene sin peligro. En el espacio profundo, donde casi nada la frena, la sonda Voyager 1, lanzada en 1977, lleva décadas avanzando sin necesitar sus motores para moverse.

La segunda ley relaciona fuerza, masa y aceleración: la fuerza es igual a la masa por la aceleración, F = ma. Si se empuja un carro de supermercado vacío, sale disparado; si se empuja con la misma fuerza uno lleno, apenas se mueve. La unidad de fuerza se llama newton en su honor. Un newton equivale aproximadamente al peso de una manzana pequeña, curiosa coincidencia dada la famosa anécdota.

La tercera ley establece que las fuerzas siempre van por parejas: a toda acción le corresponde una reacción igual y opuesta. Cuando un nadador se impulsa en la pared de la piscina, la pared lo empuja a él y lo lanza deslizándose. Un cohete no necesita aire en el que apoyarse. Expulsa gas caliente hacia atrás, y el gas empuja el cohete hacia delante, por eso los cohetes funcionan perfectamente en el vacío del espacio. Hasta estar de pie implica la tercera ley: el suelo empuja los pies hacia arriba exactamente con la misma fuerza con que el cuerpo lo presiona.

¿Sabías que…? Las leyes de Newton fueron lo bastante precisas para llevar a los astronautas del Apolo a la Luna y traerlos de vuelta en 1969. A esas velocidades, las correcciones de la relatividad de Einstein eran demasiado pequeñas para importar.

Cada viaje, de un simple paso a un alunizaje, son tres reglas breves aplicadas una y otra vez.

Tres reglas para todo empujón Primera ley inercia 1 hielo liso misma velocidad, misma dirección hasta que actúa una fuerza Segunda ley F = m × a 2 gran aceleración pequeña mismo empujón, más carga Tercera ley acción, reacción 3 gas hacia abajo cohete hacia arriba Un newton el peso de una manzana de c. 102 g 1 N = 1 kg × 1 m/s² en honor a Newton 4 Tres reglas, de un paso a un alunizaje.
Fig. 45 · Las fuerzas y el movimiento. Las tres leyes de Newton
Capítulo 46 · Parte V

La gravedad

La gravedad es, con diferencia, la más débil de las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza, y sin embargo es la que construye el universo. Un pequeño imán de nevera sujeta una hoja de papel contra la atracción de un planeta entero. Pero la gravedad tiene dos grandes ventajas: alcanza cualquier distancia y solo atrae. Si se acumula suficiente masa, siempre gana, y reúne gas en estrellas, estrellas en galaxias y galaxias en enormes cúmulos.

Isaac Newton la describió en 1687 con su ley de la gravitación universal: toda masa atrae a toda otra masa con una fuerza que crece con las masas y disminuye con el cuadrado de la distancia que las separa. Si se duplica la distancia, la atracción baja a una cuarta parte. Una manzana que caía sí le hizo pensar, según contó él mismo al final de su vida, pero nada indica que le diera en la cabeza. Su verdadero salto fue ver que la fuerza que tira de la manzana también mantiene a la Luna en su órbita. La Luna cae sin cesar hacia la Tierra; simplemente se mueve de lado lo bastante deprisa como para no alcanzarla nunca.

La intensidad de la gravedad, la constante G, es tan pequeña que no se midió hasta 1798, cuando Henry Cavendish usó una delicada balanza de torsión y pesadas esferas de plomo en un anexo de su casa de Londres. Su experimento equivalió a pesar la Tierra: unos seis cuatrillones de kilogramos.

Un error común es creer que los astronautas flotan porque en el espacio no hay gravedad. En la Estación Espacial Internacional, a unos 400 kilómetros de altura, la gravedad conserva todavía cerca del 90 % de su intensidad en superficie. Los astronautas no pesan porque ellos y su estación caen juntos alrededor del planeta, sin fin, igual que la Luna de Newton.

En 1915, Albert Einstein ofreció una visión más profunda. En su relatividad general, la masa y la energía curvan el tejido del espacio-tiempo, y los objetos siguen los caminos más rectos posibles a través de esa geometría curvada. La teoría explicó una lenta deriva de la órbita de Mercurio que desconcertaba a los astrónomos, y predijo que la luz de las estrellas se desviaría al pasar junto al Sol, algo confirmado durante el eclipse total de 1919. También implicaba agujeros negros y ondulaciones del espacio-tiempo llamadas ondas gravitacionales.

¿Sabías que…? Las ondas gravitacionales se detectaron por primera vez el 14 de septiembre de 2015, procedentes de dos agujeros negros que se fusionaron hace más de mil millones de años. Al pasar, la onda cambió la longitud de los brazos de cuatro kilómetros de LIGO en unas milésimas del ancho de un protón.

La gravedad también levanta las mareas y mantiene la atmósfera pegada a la Tierra. Es la más débil de las fuerzas, y aquella de la que nada escapa.

Cuánto atrae cada mundo 0 5 10 15 20 25 m/s² Plutón planeta enano 0.62 Luna 1/6 de la Tierra 1.62 1 Marte 38 % de la Tierra 3.71 2 Tierra la referencia 9.81 3 Júpiter 2,5 × la Tierra 24.79 4 planeta 1 1/4 1/9 atracción a 1×, 2×, 3× distancia Ley de la inversa del cuadrado doble de distancia: un cuarto de atracción ISS, a 400 km: c. 90 % 5 Ingravidez en órbita es caer, no ausencia de gravedad.
Fig. 46 · La gravedad. La fuerza que da forma al cosmos
Capítulo 47 · Parte V

La energía

La energía es la capacidad de hacer que ocurran cosas: mover, calentar, iluminar o cambiar algo. Adopta muchas formas, desde el movimiento de un ciclista, la energía cinética, hasta la altura de un martillo levantado, la energía potencial, pasando por los enlaces químicos de una tostada y los núcleos del interior de los átomos. Su propiedad más importante es una sencilla regla contable: el total nunca cambia.

Es la ley de conservación de la energía, también llamada primer principio de la termodinámica. La energía no puede crearse ni destruirse, solo trasladarse o transformarse. El cervecero y físico inglés James Prescott Joule lo demostró en la década de 1840 con una pesa que, al caer, hacía girar unas paletas dentro de un depósito de agua y la calentaba una fracción de grado cuidadosamente medida. El trabajo mecánico se había convertido en calor, con un tipo de cambio fijo. La unidad de energía, el julio, lo honra: es más o menos la energía necesaria para levantar una manzana un metro.

Si se sigue la energía a lo largo de un día, la cadena es larga. La fusión nuclear del Sol convierte masa en energía, unos cuatro millones de toneladas por segundo, tal como describe el E = mc² de Einstein. La luz llega a un campo de trigo, donde la fotosíntesis la guarda en enlaces químicos. Una rebanada de pan la entrega a los músculos, que la convierten en movimiento, y en cada paso parte se escapa como calor. Las etiquetas de los alimentos la cuentan en kilocalorías; una kilocaloría son 4184 julios.

Si la energía nunca se pierde, ¿por qué se agotan las pilas y los motores necesitan combustible? Porque cada transformación deja la energía más dispersa y menos útil, casi siempre en forma de un calor tibio. Es el segundo principio de la termodinámica: en un sistema aislado, el desorden, o entropía, tiende a aumentar. Por eso ninguna máquina de movimiento perpetuo ha funcionado nunca, y por eso una taza que cae se rompe pero jamás se recompone sola.

Lo concentrada que esté la energía importa muchísimo. La gasolina almacena unos 46 megajulios por kilogramo, diez veces más que el TNT. Una buena batería de iones de litio guarda solo alrededor de un megajulio por kilogramo, y por eso los coches eléctricos necesitan baterías pesadas. El combustible nuclear juega en otra liga: la fisión de un kilogramo de uranio-235 libera millones de veces más energía que quemar un kilogramo de carbón.

¿Sabías que…? A igualdad de peso, una tableta de chocolate contiene unas cinco veces más energía que el TNT. El explosivo es peligroso no porque almacene más, sino porque la libera toda en unas millonésimas de segundo.

En 1918, la matemática Emmy Noether demostró que la conservación de la energía se deriva de una verdad más profunda: las leyes de la física no cambian con el tiempo. El universo lleva cuentas honradas porque sus reglas nunca varían.

Energía en un kilogramo megajulios por kilogramo 0.9 Batería de litio recargable 1 4.6 TNT todo en microsegundos 2 22 Chocolate digestión lenta 3 46 Gasolina densa, portátil 4 Solo cambia primera ley 5 Química carbón, comida Movimiento cinética Calor disperso 1 kcal = 4.184 J el total es constante El total nunca cambia; solo su forma, y su utilidad.
Fig. 47 · La energía. No se crea ni se destruye, solo se transforma
Capítulo 48 · Parte V

Electricidad y magnetismo

Durante la mayor parte de la historia, la electricidad y el magnetismo parecieron curiosidades sin relación. El ámbar frotado atraía plumas; la magnetita atraía el hierro. En 1600, el médico inglés William Gilbert publicó De Magnete, donde sostenía que la propia Tierra se comporta como un imán gigante, y que por eso las agujas de las brújulas señalan el norte. Aun así, nadie sospechaba que la chispa y la brújula estuvieran emparentadas.

La electricidad es el comportamiento de la carga eléctrica. Los electrones tienen carga negativa y los protones positiva; las cargas iguales se repelen y las opuestas se atraen. Un flujo de carga es una corriente eléctrica, que se mide en amperios y la impulsa un voltaje, que se mide en voltios. En 1800, el físico italiano Alessandro Volta construyó la primera pila, un montón de discos de cinc y cobre separados por tela empapada en salmuera, y dio a los científicos por primera vez una corriente constante.

En 1820, el físico danés Hans Christian Ørsted observó que un cable por el que pasaba corriente desviaba una brújula cercana. La carga en movimiento crea un campo magnético. En 1831, Michael Faraday mostró lo contrario: mover un imán cerca de una bobina de cable hace circular una corriente. Es la inducción electromagnética, y alimenta el mundo moderno. Casi todas las centrales, ya quemen gas, dividan átomos o las mueva el viento o el agua, hacen girar bobinas junto a imanes para generar electricidad. Los motores eléctricos hacen el mismo truco al revés y convierten la corriente en movimiento.

El físico escocés James Clerk Maxwell reunió todo esto en unas pocas ecuaciones, publicadas en la década de 1860. Mostraban que un campo eléctrico variable crea un campo magnético y viceversa, de modo que ambos pueden sostenerse mutuamente como una onda viajera. Maxwell calculó la velocidad de esa onda y vio que coincidía con la velocidad medida de la luz. La luz, concluyó, es una onda electromagnética. Heinrich Hertz produjo ondas de radio en su laboratorio en 1887, le dio la razón y abrió el camino a la radio, la televisión y las redes inalámbricas.

Los efectos eléctricos y magnéticos son dos aspectos de una sola fuerza electromagnética, que además mantiene unidos los átomos y gobierna toda la química. El campo magnético de la Tierra nace del hierro fundido que se arremolina en su núcleo externo, y protege al planeta de buena parte del viento solar. Ese campo ha invertido sus polos norte y sur muchas veces; la última inversión completa ocurrió hace unos 780 000 años.

¿Sabías que…? En un cable doméstico, los electrones avanzan a la deriva a solo una fracción de milímetro por segundo. La luz se enciende al instante porque la señal eléctrica recorre el cable a una buena parte de la velocidad de la luz.

Cada bombilla encendida, cada llamada telefónica y cada brújula de barco descansan sobre una sola fuerza con dos caras.

De la magnetita a la luz 1800 1820 1840 1860 1600 Gilbert, 1600 De Magnete: la Tierra es un imán 1 Volta, 1800 primera pila: de cinc y cobre 2 Ørsted, 1820 un cable con corriente mueve una brújula 3 Faraday, 1831 inducción: imán en movimiento → corriente 4 N S bobina + imán Maxwell, 1865 la luz es una onda EM: 299.792 km/s 5 Chispa y brújula siempre fueron una sola fuerza.
Fig. 48 · Electricidad y magnetismo. Dos caras de una misma fuerza
Capítulo 49 · Parte V

La luz y el sonido

Casi todo lo que sabemos del mundo nos llega como uno de dos tipos de onda. La luz es una onda electromagnética, una ondulación de campos eléctricos y magnéticos que no necesita ningún medio y cruza el espacio vacío a 299 792 kilómetros por segundo. El sonido es una onda mecánica, una sucesión viajera de compresiones y expansiones en el aire, el agua o la roca. Sin materia que lo transporte no hay sonido en absoluto, y por eso las explosiones reales en el espacio son silenciosas, digan lo que digan las películas.

La luz visible es una franja estrecha del espectro electromagnético, con longitudes de onda que van de unos 380 nanómetros para el violeta a unos 700 para el rojo. Más allá del rojo están el infrarrojo, las microondas y las ondas de radio, algunas más largas que un campo de fútbol; más allá del violeta vienen el ultravioleta, los rayos X y los rayos gamma, mucho más cortos que el ancho de un átomo. En la década de 1660, Isaac Newton hizo pasar la luz del Sol por un prisma de vidrio y mostró que la luz blanca es una mezcla de todos los colores del arcoíris. Hacia 1801, Thomas Young hizo pasar luz por dos rendijas estrechas y vio bandas claras y oscuras, una prueba sólida de que la luz se comporta como una onda.

La luz es tan rápida que podría dar unas siete vueltas y media a la Tierra en un segundo, y aun así la luz del Sol tarda unos ocho minutos y veinte segundos en llegarnos. Al pasar del aire al agua o al vidrio, se frena y cambia de dirección, una desviación llamada refracción que hace posibles las lentes, las gafas y los arcoíris.

El sonido es casi un millón de veces más lento. En el aire a 20 °C viaja a unos 343 metros por segundo; en el agua, a unos 1480; en el acero, a unos 5900. Esa diferencia explica la conocida regla de las tormentas: si se cuentan los segundos entre el relámpago y el trueno, cada tres segundos equivalen a un kilómetro más o menos. El tono de un sonido depende de su frecuencia. Un oído humano joven percibe entre unas 20 y 20 000 vibraciones por segundo, o hercios, un margen que se estrecha con la edad. Murciélagos y delfines usan ultrasonidos más agudos para orientarse por el eco, y los médicos los emplean para observar a los bebés antes de nacer.

La intensidad se mide en decibelios, una escala logarítmica en la que cada aumento de diez significa diez veces más intensidad sonora. Una biblioteca tranquila ronda los 40 decibelios, un martillo neumático los 100, y la exposición prolongada a más de unos 85 puede dañar el oído.

¿Sabías que…? La luz que sale de la superficie del Sol tarda solo minutos en llegar, pero la energía que transporta se liberó en el núcleo muchos miles de años antes, y pasó casi todo ese tiempo abriéndose paso lentamente hacia fuera.

La luz y el sonido son los mensajeros de los sentidos: una cruza el cosmos en silencio; el otro necesita el aire para hablar.

Dos tipos de onda, dos velocidades LUZ: el espectro electromagnético ondas más largas → más cortas SONIDO: frecuencia audible SONIDO: velocidad en cada medio Radio Microondas Infrarrojo UV Rayos X Gamma 1 m 1 mm 10 nm 0,01 nm todas a 299.792 km/s 1 luz visible rojo, 700 nm violeta, 380 nm 2 infrasonido oído humano ultrasonido 20 Hz 20.000 Hz elefantes murciélagos, delfines 3 aire 343 m/s agua 1.480 m/s acero c. 5.900 m/s 4 Destello, luego estruendo el trueno tarda c. 3 s por km destello: 0 s trueno: 3 s 1 km 5 La luz cruza el cosmos en silencio; el sonido necesita aire para hablar.
Fig. 49 · La luz y el sonido. Las ondas que nos traen el mundo
Capítulo 50 · Parte V

Relatividad y cuántica

Hacia 1900, la física parecía casi terminada. La mecánica de Newton describía el movimiento, las ecuaciones de Maxwell describían la luz y solo quedaban unos cuantos cabos sueltos. En menos de treinta años, esos cabos se deshicieron en dos revoluciones, la relatividad y la mecánica cuántica, que gobiernan lo muy rápido y lo muy pequeño y siguen siendo los dos cimientos de la física moderna.

En 1905, Albert Einstein, entonces un empleado de 26 años de la oficina de patentes de Berna, publicó su relatividad especial. Se basa en dos ideas: las leyes de la física son las mismas para todo el que se mueve a velocidad constante, y la velocidad de la luz es la misma para todos los observadores, vayan a la velocidad que vayan. Las consecuencias son asombrosas. Los relojes en movimiento atrasan, los objetos en movimiento se acortan en la dirección del desplazamiento y nada que tenga masa puede alcanzar la velocidad de la luz. La masa y la energía resultan intercambiables, según E = mc². Estos efectos son reales: unas partículas llamadas muones, creadas por los rayos cósmicos en lo alto de la atmósfera, sobreviven lo suficiente para llegar al suelo solo porque sus relojes van más despacio. La relatividad general de 1915 incorporó la gravedad, y con ella el descubrimiento de que los relojes marchan algo más deprisa a gran altura que en la superficie de la Tierra.

La teoría cuántica nació en 1900, cuando Max Planck vio que solo podía explicar el resplandor de los cuerpos calientes si suponía que la energía viene en paquetes diminutos, los cuantos. En 1905, Einstein propuso que la propia luz está hecha de esos paquetes, llamados después fotones, trabajo por el que recibió el Premio Nobel. A finales de la década de 1920, Werner Heisenberg, Erwin Schrödinger, Niels Bohr y otros habían construido la mecánica cuántica, en la que las partículas se comportan como ondas, pueden existir en una superposición de estados y tienen propiedades realmente indefinidas hasta que se miden. El principio de incertidumbre de Heisenberg, de 1927, afirma que nunca pueden conocerse con exactitud a la vez la posición y el momento de una partícula.

Por extraña que sea, la mecánica cuántica es una de las teorías mejor comprobadas de la ciencia, y está en todas partes. Los transistores de cada chip, los láseres, las luces LED y los escáneres de resonancia magnética dependen de ella. También la luz del Sol: los protones de su núcleo rara vez tienen energía suficiente para fusionarse, y solo lo logran mediante el efecto túnel cuántico, atravesando la barrera que debería mantenerlos separados.

¿Sabías que…? La navegación por satélite necesita las dos teorías de Einstein. Los relojes de los satélites GPS adelantan unas 38 millonésimas de segundo al día respecto a los del suelo, y sin corrección el error de posición crecería unos diez kilómetros diarios.

La gran tarea pendiente es unir ambas. La relatividad general describe lo grande y lo liso, la teoría cuántica lo pequeño y lo granulado, y en el interior de los agujeros negros o en el Big Bang se contradicen. Una teoría de la gravedad cuántica sigue siendo el premio más codiciado de la física, un siglo después de que empezaran las dos revoluciones.

Cuatro rincones de la física, un hueco grande pequeña TAMAÑO lento casi a la velocidad de la luz VELOCIDAD El mundo de Newton clásica, 1687 pelotas, planetas 1 Relatividad especial Einstein, 1905 relojes lentos, reglas cortas 2 GPS, muones cósmicos Mecánica cuántica Planck 1900, años 20 ondas, superposición 3 chips, láseres Teoría cuántica de campos el Modelo Estándar energía en partículas 4 cascadas Relatividad general, 1915 gravedad: espaciotiempo curvo Gravedad cuántica: sin resolver agujeros negros, Big Bang 5 FUERTE GRAVEDAD Dos teorías que funcionan; un lugar donde chocan.
Fig. 50 · Relatividad y cuántica. Las extrañas reglas de lo muy rápido y lo muy pequeño
Parte VI

Los inventos

Ideas que cambiaron nuestra forma de vivir.

Capítulo 51 · Parte VI

Las máquinas simples

Mucho antes de los motores, la gente movía lo inamovible solo con geometría ingeniosa. Los antiguos griegos conocían varios dispositivos que cambian la intensidad o la dirección de una fuerza, y los sabios del Renacimiento fijaron una lista de seis máquinas simples: la palanca, la rueda y el eje, la polea, el plano inclinado, la cuña y el tornillo. Casi cualquier mecanismo, del abrelatas a la grúa, es una combinación de ellas.

El secreto es un intercambio. Una máquina simple nunca crea energía: cambia fuerza por distancia. Si se baja 50 centímetros el mango largo de una palanqueta, su punta corta sube solo 5, pero empuja con unas diez veces más fuerza. Los ingenieros llaman a esta proporción ventaja mecánica. El trabajo, fuerza por distancia, es el mismo en ambos extremos, menos lo que roba el rozamiento.

La palanca es el ejemplo más puro: basta una barra rígida y un pivote, el punto de apoyo. Los físicos distinguen tres clases según lo que queda en medio. El balancín o los alicates tienen el apoyo entre el esfuerzo y la carga. La carretilla pone la carga en medio, de modo que un jardinero levanta un buen peso. Las pinzas y la caña de pescar ponen el esfuerzo en medio, sacrificando fuerza para ganar velocidad y alcance. Arquímedes, que formuló la ley de la palanca en el siglo III a. C., habría presumido de que, con una palanca lo bastante larga y un lugar donde apoyarse, movería la Tierra.

¿Sabías que…? Tu antebrazo es una palanca de tercera clase. El bíceps se une a pocos centímetros del codo, así que debe tirar con varias veces el peso de lo que sostiene la mano.

Las demás máquinas son palancas y rampas disfrazadas. La rueda y el eje forman una palanca que gira sin fin: un volante grande permite a unas manos pequeñas girar un eje duro. La polea cambia la dirección del tirón, y un aparejo de varias poleas reparte la carga entre varios tramos de cuerda. El plano inclinado hace subir una carga poco a poco, y así se elevaban las piedras de los monumentos antiguos. La cuña son dos rampas espalda con espalda; cada hacha y cada cuchillo es una. El tornillo es una rampa enrollada en un cilindro, que convierte un giro en un empuje poderoso.

A Arquímedes se le atribuye un tornillo que eleva el agua, y sus descendientes aún drenan campos y mueven grano. Las máquinas simples son el alfabeto de la ingeniería, y nunca han pasado de moda.

Seis formas de mover lo inamovible suelo carga 1.000 N esfuerzo 100 N 1 brazo 10 × más largo Palanca fulcro: el punto de apoyo 1 Rueda y eje llanta grande, eje fino 2 carga tirar Polipasto 4 cuerdas: 1/4 de fuerza 3 Plano inclinado altura por longitud Cuña dos rampas Tornillo rampa en torno a una barra 4 esfuerzo × gran distancia = carga × poca distancia 5 Ninguna máquina crea energía: cambia fuerza por distancia.
Fig. 51 · Las máquinas simples. Palancas, ruedas y poleas
Capítulo 52 · Parte VI

La rueda

La rueda parece tan evidente que sorprende lo tarde que llegó. La humanidad cultivaba, tejía, navegaba y fundía cobre desde hacía milenios antes de que alguien pusiera una carga sobre discos rodantes. Las primeras ruedas aparecen hacia el 3500 a. C., y no servían para viajar: en Mesopotamia, los alfareros modelaban el barro sobre una pesada plataforma giratoria, el torno de alfarero.

Lo difícil nunca fue el círculo, sino el eje. Una rueda solo funciona si un eje liso y redondo encaja en un agujero redondo, lo bastante ajustado para no bailar y lo bastante holgado para girar. Hacía falta una talla precisa y, a ser posible, herramientas de metal. La recompensa fue enorme, porque el rozamiento de rodadura es mucho menor que el de deslizamiento. Un trineo cargado arrastra toda su base por el suelo; una rueda solo toca el camino en una franja estrecha y se despega de ella al girar.

Los vehículos con ruedas se extendieron con notable rapidez entre el 3500 y el 3000 a. C., y los arqueólogos aún discuten dónde nacieron: hay rastros tempranos en Mesopotamia, en las estepas al norte del mar Negro y en Europa central. Las primeras eran discos macizos de tablones unidos con clavijas, pesados y lentos, tirados por bueyes. Hacia el 2000 a. C., los constructores de carros de las estepas al este de los Urales dieron con la rueda de radios: más ligera, más elástica y lo bastante rápida para cambiar la guerra en toda Eurasia.

¿Sabías que…? La rueda de madera más antigua hallada, sacada de los pantanos de Liubliana, en Eslovenia, tiene unos 5150 años, y su eje se conservó junto a ella.

La rueda no era inevitable. En América, los artesanos mesoamericanos hacían figurillas con ruedas, pero nunca las usaron para el transporte. Sin caballos ni bueyes que tiraran de carros, y con terrenos escarpados o boscosos, los rodillos, las canoas y los porteadores resultaban más útiles. Inventar depende tanto de las circunstancias como del ingenio.

Los siglos siguientes perfeccionaron la idea. Las llantas de hierro encajadas en caliente sobre la madera hicieron duraderas las ruedas de carro. Los rodamientos de bolas, esbozados por Leonardo da Vinci y perfeccionados en el siglo XIX, dejan girar los ejes casi sin rozamiento. En 1888, John Boyd Dunlop, veterinario de Belfast, puso neumáticos de goma llenos de aire en el triciclo de su hijo, y el neumático pronto llevó bicicletas y luego coches. Mientras tanto, la rueda se había convertido en engranaje, noria, turbina, mecanismo de reloj y disco duro.

Hoy el mundo rueda sobre más de mil millones de coches, y todos dependen de aquella antigua alianza entre cubo y eje. El círculo era fácil. Lo que cambió la historia fue el agujero del centro.

Cinco mil años girando no a escala c. 3500 a. C. Torno de alfarero Mesopotamia gira la arcilla 1 c. 3150 a. C. Rueda de tablones Pantanos de Liubliana se conserva el eje 2 c. 2000 a. C. Rueda de radios carros de la estepa ligera, rápida 3 c. 1500-1800 Rodamientos boceto de Leonardo casi sin fricción 4 1888 Neumático J. B. Dunlop caucho lleno de aire 5 El círculo era fácil. El agujero del eje fue el verdadero invento.
Fig. 52 · La rueda. Un círculo que movió la civilización
Capítulo 53 · Parte VI

La imprenta

Antes de la imprenta, cada libro de Europa se copiaba a mano. Un escriba podía pasar muchos meses con una sola Biblia, así que los libros eran escasos, caros y en su mayoría estaban guardados en monasterios, universidades y bibliotecas de los ricos. Hacia 1440, en la ciudad alemana de Maguncia, un orfebre llamado Johannes Gutenberg empezó a trabajar en un sistema que cambiaría todo eso en una sola vida.

Gutenberg no inventó la impresión. Los impresores chinos tallaban páginas enteras en bloques de madera hace más de mil años, y hacia 1040 un artesano llamado Bi Sheng creó tipos móviles de arcilla cocida. En el siglo XIII los coreanos ya fundían tipos de metal. Pero la escritura china necesita miles de caracteres, lo que hacía muy laboriosos los tipos móviles. El alfabeto latino, con un par de docenas de letras y algunos signos, era ideal.

¿Sabías que…? El libro más antiguo conservado impreso con tipos móviles de metal es el texto budista coreano Jikji, de 1377, unos 78 años anterior a la Biblia de Gutenberg.

El genio de Gutenberg fue unir varias piezas en un sistema que funcionaba. Un molde manual permitía fundir rápido letras idénticas con una aleación de plomo, estaño y antimonio, que se fundía con facilidad y quedaba dura. Una tinta grasa, más parecida al barniz que a las tintas acuosas de los escribas, se adhería al metal. Y una prensa de husillo, adaptada de las prensas de uva y aceituna, apretaba el papel de manera uniforme sobre los tipos entintados. El cajista componía las líneas, las sujetaba en un marco, entintaba, prensaba y repetía; después, los tipos se separaban para volver a usarlos.

Su gran obra, la Biblia de Gutenberg, se terminó hacia 1455. Se imprimieron unos 180 ejemplares y sobreviven unos 49, algunos en vitela y otros en papel. Luego la técnica se propagó como la pólvora. En 1500 había imprentas en más de 200 ciudades europeas, que ya habían producido millones de libros.

Las consecuencias fueron enormes. Los textos se unificaron, y los eruditos de toda Europa podían citar la misma página de la misma edición. Cuando Martín Lutero desafió a la Iglesia en 1517, sus argumentos impresos recorrieron Alemania en semanas e impulsaron la Reforma. Mapas, diagramas y tablas impresos alimentaron la Revolución científica, y los libros más baratos hicieron que aprender a leer valiera la pena para la gente común. Después llegaron los periódicos, los panfletos y, con el tiempo, las novelas.

Muchos historiadores sitúan la imprenta junto a la escritura entre los grandes giros de la comunicación humana. Hizo que las ideas fueran baratas de copiar y difíciles de destruir. Cuando el saber pudo multiplicarse, ya no pudo contenerse.

Dentro de la prensa de Gutenberg, Maguncia c. 1450 raíles R A T Tipos de metal plomo, estaño, antimonio fundidos en molde letras al revés 1 Forma y tinta tipos fijos en un marco bala de tinta 2 Tímpano y papel hoja húmeda, marco abatible 3 Tornillo y platina de prensas de vino y aceite 4 La barra un tirón por impresión 5 Fundir una vez, entintar, prensar, repetir: la página se volvió copiable.
Fig. 53 · La imprenta. El saber para todos
Capítulo 54 · Parte VI

La máquina de vapor

El vapor es más antiguo de lo que parece. En el siglo I, Herón de Alejandría describió la eolípila, una esfera hueca que giraba al escapar chorros de vapor por boquillas curvas. Era una curiosidad, no una máquina. La verdadera fuerza del vapor esperó a un problema acuciante: en Gran Bretaña, el agua que inundaba las minas de carbón y estaño.

En 1712, el ferretero Thomas Newcomen instaló cerca de Dudley, en las Midlands inglesas, una máquina para bombear agua de una mina. Usaba vapor apenas por encima de la presión normal. El vapor llenaba un gran cilindro bajo un pistón; un chorro de agua fría lo condensaba, dejando un vacío parcial, y el peso de la atmósfera empujaba el pistón hacia abajo. Un gran balancín de madera oscilaba como un columpio y accionaba una bomba en el fondo del pozo. Era lenta y devoraba carbón, pero funcionaba, y se construyeron cientos.

El gran avance llegó de un fabricante de instrumentos de Glasgow que reparaba una maqueta de máquina de Newcomen en 1765. James Watt vio que calentar y enfriar el mismo cilindro en cada carrera desperdiciaba casi todo el combustible. Su respuesta fue un condensador separado: el vapor pasaba a una segunda cámara siempre fría, y el cilindro podía seguir caliente. Las máquinas de Watt gastaban alrededor de una cuarta parte del carbón. Con su socio Matthew Boulton añadió después el movimiento rotatorio, el doble efecto y un regulador de bolas que controlaba la velocidad automáticamente.

¿Sabías que…? Watt popularizó el término caballo de vapor para vender sus máquinas comparándolas con los caballos que sustituían, y la unidad de potencia, el vatio, lleva su nombre.

El movimiento rotatorio sacó el vapor de las minas. Las máquinas movían ahora la maquinaria de las fábricas de algodón, que ya no tenían que estar junto a ríos rápidos. Richard Trevithick construyó máquinas de alta presión tan compactas que podían moverse solas, y en 1804 su locomotora arrastró hierro por una vía en Gales del Sur. La Rocket de George y Robert Stephenson ganó las pruebas de Rainhill en 1829, y los ferrocarriles pronto cruzaron Gran Bretaña y luego el mundo. Los barcos de vapor atravesaron océanos sin depender del viento.

Juntas, estas máquinas impulsaron la Revolución industrial: las ciudades crecieron, los productos se abarataron y el humo del carbón oscureció el cielo. Quemar carbón a esa escala inició también el largo aumento del dióxido de carbono atmosférico que hoy impulsa el cambio climático.

El vapor no ha desaparecido. La turbina de vapor de Charles Parsons, de 1884, sustituyó los pistones por álabes giratorios, y las turbinas de vapor aún generan una gran parte de la electricidad mundial en centrales de carbón, gas y nucleares. El aliento de la tetera sigue moviendo el mundo.

La máquina de Watt: un ciclo de vapor y agua pivote del balancín Caldera agua a vapor hogar de carbón 1 vapor Cilindro siempre caliente 2 Condensador baño de agua fría 3 vuelve el agua tibia Bomba de aire y pozo caliente 4 Volante engranaje sol y planeta 5 Cilindro caliente y condensador frío.
Fig. 54 · La máquina de vapor. La fuerza de la Revolución industrial
Capítulo 55 · Parte VI

La energía eléctrica

Durante casi toda la historia, la electricidad fue un truco de salón: una chispa del ámbar frotado, una descarga de una botella de Leyden. Convertirla en un suministro fiable exigió una cadena de descubrimientos. En 1800, Alessandro Volta apiló discos de zinc y cobre separados por cartón empapado en salmuera y construyó la primera pila, que dio a los científicos una corriente constante.

La clave de la producción a gran escala llegó en 1831, cuando Michael Faraday descubrió que mover un imán cerca de una bobina de hilo hace circular corriente por ella. Es la inducción electromagnética, y casi toda la electricidad se genera todavía así. Basta hacer girar un imán dentro de unas bobinas, o bobinas dentro de un imán. El giro puede venir del vapor, de un salto de agua, del viento o de un motor diésel; una central es, en el fondo, una máquina para hacer girar algo.

La luz dio a la electricidad su primer mercado de masas. Joseph Swan en Inglaterra y Thomas Edison en Estados Unidos desarrollaron bombillas incandescentes prácticas hacia 1879 y 1880, y el genio de Edison estuvo tanto en el sistema como en la bombilla: generadores, cables, contadores e interruptores. Su central de Pearl Street abrió en Nueva York en 1882 y suministraba corriente continua al sur de Manhattan. La creencia de que Edison inventó la bombilla de la nada es un mito: decenas de inventores lo habían intentado antes.

¿Sabías que…? Uno de los primeros suministros públicos de electricidad del mundo iluminó en 1881 las calles de Godalming, en Surrey, gracias a una rueda hidráulica en el río Wey.

La corriente continua tenía un defecto: no podía viajar lejos sin grandes pérdidas. La corriente alterna, defendida por Nikola Tesla y George Westinghouse, podía pasar por un transformador hasta alcanzar una tensión muy alta. A alta tensión, la misma potencia circula con una corriente menor, que desperdicia mucha menos energía calentando los cables. Tras la dura «guerra de las corrientes» de finales de la década de 1880 y la de 1890, ganó la alterna. La red nacional británica se construyó a finales de los años veinte y principios de los treinta.

La red moderna es un ejercicio de equilibrio a escala continental. Los generadores giran sincronizados, a 50 ciclos por segundo en Europa y 60 en Norteamérica. Las torres de alta tensión llevan la corriente a cientos de miles de voltios; las subestaciones la reducen; un último transformador entrega 230 voltios a los hogares. La oferta debe igualar a la demanda cada segundo, por eso los operadores vigilan los picos cuando millones de hervidores se encienden a la vez.

La electricidad cambió la forma del día. Las fábricas pudieron trabajar de noche, las neveras conservaron los alimentos y los ascensores hicieron posibles los rascacielos. Ahora los parques eólicos y solares se suman a la red, y el reto es almacenar su energía. Tras un simple interruptor se esconde una de las máquinas más grandes jamás construidas.

Del imán que gira al hervidor tensión en el camino 25 kV Generador Faraday, 1831 imán giratorio 1 400 kV Transformador elevador sube la tensión 2 Transporte torres, red nacional 400.000 voltios 3 33-11 kV Subestación baja la tensión por etapas 4 230 V Hogar 230 V, 50 Hz en el enchufe 5 Sube la tensión para viajar lejos; bájala para usarla segura.
Fig. 55 · La energía eléctrica. El mundo se ilumina
Capítulo 56 · Parte VI

El vuelo

Durante milenios, volar fue cosa de pájaros y mitos. Los primeros humanos que dejaron el suelo no lo hicieron con alas, sino bajo una bolsa de aire caliente. El 21 de noviembre de 1783, en París, Jean-François Pilâtre de Rozier y el marqués de Arlandes sobrevolaron los tejados en un globo construido por los hermanos Montgolfier, papeleros de Annonay. El aire caliente es menos denso que el frío, así que la envoltura flotaba como un corcho en el agua.

Los globos van adonde los lleva el viento. El vuelo controlado con alas necesitaba una teoría, y el baronet inglés sir George Cayley la aportó hacia 1799. Dividió el problema en cuatro fuerzas: sustentación y peso, empuje y resistencia. Un ala fija daría la sustentación y un motor aparte, el empuje. En 1853, uno de sus planeadores llevó a un cochero reacio sobre un valle de Yorkshire. En la década de 1890, Otto Lilienthal realizó unos 2000 vuelos planeados en Alemania y publicó datos que inspiraron a dos fabricantes de bicicletas de Ohio.

El 17 de diciembre de 1903, en Kill Devil Hills, cerca de Kitty Hawk, en Carolina del Norte, Orville Wright voló el Flyer durante 12 segundos y unos 37 metros. El verdadero avance de los hermanos Wright fue el control. Construyeron un túnel de viento, tallaron hélices eficientes e inventaron el alabeo de las alas, una torsión para inclinarse y girar, antepasada de los alerones de todos los aviones actuales.

¿Sabías que…? El primer vuelo de los Wright recorrió unos 37 metros, menos que la envergadura de un Boeing 747.

Un ala genera sustentación desviando el aire hacia abajo. Su forma curvada y su ligera inclinación, el ángulo de ataque, aceleran el aire por encima y bajan allí la presión; al empujar el aire hacia abajo, el ala es empujada hacia arriba. La explicación escolar de que el aire de arriba debe «alcanzar» al de abajo es un mito: en realidad llega al borde de salida mucho antes.

El progreso posterior fue asombroso. En una docena de años, los aviones combatían en la Primera Guerra Mundial. En 1919, John Alcock y Arthur Brown cruzaron el Atlántico sin escalas. Frank Whittle en Gran Bretaña y Hans von Ohain en Alemania desarrollaron por separado el motor a reacción, y un reactor alemán voló por primera vez en 1939. En 1952, el de Havilland Comet inauguró el primer servicio comercial a reacción, y en 1970 el Boeing 747 puso los viajes en avión de fuselaje ancho al alcance de millones.

Hoy despegan unos 100 000 vuelos comerciales al día, y los aviones de pasajeros están entre los medios de transporte más seguros. Solo sesenta y seis años separan el Flyer de los Wright del primer vuelo del jumbo. Pocas tecnologías han subido tan alto, tan deprisa.

Cuatro fuerzas en todo vuelo 1783 Globo 1903 Flyer 1939 Primer reactor 1970 Boeing 747 Sustentación las alas desvían el aire abajo 1 Peso 747 cargado: más de 300 t 2 Empuje motores a reacción 3 Resistencia el aire se opone 4 Perfil del ala el aire sale hacia abajo perfil alar 5 Sustentación vence al peso, empuje a la resistencia: el avión vuela.
Fig. 56 · El vuelo. De los globos a los grandes reactores
Capítulo 57 · Parte VI

La medicina

Durante casi toda la historia, los médicos lucharon contra enfermedades que no podían ver. Se culpaba al aire viciado, los miasmas, o a desequilibrios de los humores del cuerpo. La cirugía era una apuesta desesperada, y la infección mataba a menudo a pacientes cuya operación había salido bien. En poco más de un siglo, un puñado de descubrimientos transformó la medicina más que los dos mil años anteriores.

El primero llegó del campo. Las ordeñadoras que contraían la leve viruela bovina parecían librarse de la viruela, una de las enfermedades más mortíferas de la historia. En 1796, el médico de Gloucestershire Edward Jenner introdujo material de una pústula de viruela bovina en el brazo de James Phipps, de ocho años, y demostró después que el niño resistía la viruela. La palabra vacuna viene del latín vacca, vaca. Una vacuna entrena al sistema inmunitario con un doble inofensivo, para que reconozca deprisa al invasor real.

Después llegó la teoría de los gérmenes: la idea de que muchas enfermedades las causan organismos microscópicos. En la década de 1840, Ignaz Semmelweis redujo las muertes en una maternidad de Viena obligando a los médicos a lavarse las manos. En 1854, John Snow vinculó un brote de cólera en Londres a una sola fuente de agua en Broad Street. En la década de 1860, Louis Pasteur demostró que los microbios causan la fermentación y la putrefacción, y Joseph Lister usó ácido fénico para mantener limpias las heridas quirúrgicas, con un fuerte descenso de las muertes. Robert Koch identificó luego las bacterias del carbunco, la tuberculosis y el cólera.

Los antibióticos llegaron casi por accidente. En 1928, Alexander Fleming volvió de vacaciones y vio que un moho, Penicillium, había matado las bacterias de una de sus placas. Convertir la observación en un fármaco llevó más de una década, hasta que Howard Florey, Ernst Chain y su equipo de Oxford purificaron la penicilina a principios de los años cuarenta, a tiempo de salvar incontables vidas en la Segunda Guerra Mundial. Los antibióticos atacan estructuras que tienen las bacterias y no las células humanas, como su resistente pared celular.

¿Sabías que…? La viruela es la única enfermedad humana erradicada. La Organización Mundial de la Salud la declaró desaparecida en 1980, tras una campaña mundial de vacunación.

Junto con el agua limpia, el saneamiento y una mejor alimentación, estos avances ayudaron a más que duplicar la esperanza de vida media en poco más de un siglo. Las enfermedades infantiles que llenaban los cementerios se volvieron raras allí donde se vacunaba. Las vacunas modernas se diseñan a velocidad récord: durante la pandemia de covid-19, las vacunas de ARN mensajero pasaron de la secuencia genética a la aprobación en menos de un año.

La batalla no ha terminado. Las bacterias evolucionan, y el abuso de antibióticos ha creado cepas resistentes que ignoran fármacos antes fiables. La gran lección de la medicina es que los enemigos más pequeños exigen la ciencia más paciente.

Dos siglos contra lo invisible 1796 Edward Jenner: vacuna de la viruela bovina James Phipps, de 8 años, Gloucestershire 1 Años 1840 Lavado de manos y agua limpia Semmelweis, Viena; Snow, Broad Street 2 Años 1860 Teoría germinal y antisepsia Pasteur, Lister, Koch 3 1928 Penicilina Fleming; Florey y Chain, años 40 4 1980 Viruela erradicada OMS, tras una campaña mundial 5 Los enemigos más pequeños exigieron la ciencia más paciente.
Fig. 57 · La medicina. Gérmenes, vacunas y antibióticos
Capítulo 58 · Parte VI

Los ordenadores

Un ordenador es una máquina que sigue instrucciones, y lo asombroso es que esas instrucciones se pueden cambiar. Un telar o una calculadora hacen un único trabajo; un ordenador puede convertirse en procesador de textos, simulador de vuelo o modelo meteorológico con solo cargar otro programa.

La idea es más antigua que la electrónica. En la década de 1830, el matemático inglés Charles Babbage diseñó la máquina analítica, un ordenador de engranajes de latón con un almacén de memoria, un «molino» de cálculo e instrucciones en tarjetas perforadas tomadas del telar de Jacquard. Nunca se terminó. Aun así, en 1843 Ada Lovelace publicó unas notas sobre ella que incluían un método para calcular los números de Bernoulli, a menudo considerado el primer programa informático, y previó que una máquina así podría manejar algún día música y símbolos además de números.

En 1936, Alan Turing describió una máquina imaginaria que lee y escribe símbolos en una cinta, y demostró que una sola de ellas podía, en principio, imitar a cualquier otra. Esta máquina universal es el corazón teórico de todo ordenador. La Segunda Guerra Mundial hizo urgente la teoría. En Bletchley Park, el Colossus de los descifradores, en servicio desde 1944, fue el primer ordenador digital electrónico programable. En Estados Unidos, el ENIAC, terminado en 1945, llenaba una gran sala, pesaba unas 30 toneladas y usaba unas 18 000 válvulas de vacío.

Por dentro, todo ordenador digital funciona en binario: todo se reduce a unos y ceros, encendido y apagado. Diminutos interruptores forman puertas lógicas que realizan operaciones como Y, O y NO; las puertas forman circuitos que suman números y los guardan; y miles de millones de circuitos forman un procesador. El transistor, inventado en los Laboratorios Bell en 1947, sustituyó las válvulas frágiles y calientes por una lámina de semiconductor. El circuito integrado, hacia 1958, reunió muchos transistores en un chip, y en 1971 el microprocesador Intel 4004 tenía unos 2300.

¿Sabías que…? Los ingenieros ya llamaban «bugs» a los fallos mucho antes de 1947, cuando se encontró una polilla en el ordenador Harvard Mark II y se pegó en su cuaderno de registro.

Gordon Moore observó en 1965 que el número de transistores de un chip se duplicaba a un ritmo constante, cada dos años aproximadamente según su estimación revisada de 1975. La tendencia se mantuvo durante décadas. Los chips más avanzados llevan hoy decenas de miles de millones de transistores, demasiado pequeños para verlos con un microscopio corriente, y un teléfono supera a los superordenadores de principios de los noventa.

Los ordenadores están en coches, lavadoras y bolsillos, y gestionan casi todo el dinero, el correo y los mapas del mundo. Por debajo de todo, una multitud inmensa de interruptores sigue saltando entre el cero y el uno.

Un ordenador, capa a capa hardware software encendido = 1, apagado = 0 Transistor un interruptor sin piezas móviles 1 AND OR NOT Puertas lógicas comparan unos y ceros 2 1 + 1 = 10 Circuitos sumadores y celdas de memoria 3 Procesador leer, calcular, guardar 4 Intel 4004, 1971 unos 2.300 Chips, años 2020 decenas de miles de M programa Software cámbialo y cambia la máquina 5 Mismos interruptores, nuevas órdenes: una nueva máquina.
Fig. 58 · Los ordenadores. Máquinas que siguen instrucciones
Capítulo 59 · Parte VI

Internet

Internet no es una sola cosa, sino una red de redes: decenas de miles de sistemas independientes, de universidades, empresas y gobiernos, que han acordado hablar el mismo idioma. Nadie la enciende y nadie la controla en solitario.

Sus raíces están en la Guerra Fría. En los años sesenta, Paul Baran en Estados Unidos y Donald Davies en Gran Bretaña propusieron por separado la conmutación de paquetes. En lugar de mantener abierta una línea, como en una llamada telefónica, el mensaje se trocea en pequeños fragmentos, que Davies llamó paquetes, cada uno con su destino. Los paquetes pueden viajar por rutas distintas y se reensamblan al final, así que la red sobrevive si falla un enlace. El 29 de octubre de 1969, ARPANET, financiada por Estados Unidos, envió su primer mensaje, de la Universidad de California en Los Ángeles a Stanford. El operador quería escribir LOGIN; el sistema se colgó tras dos letras.

¿Sabías que…? El primer mensaje enviado por ARPANET fue «LO», porque el ordenador receptor se colgó antes de que llegara el resto de LOGIN.

Redes distintas necesitaban una lengua común. En 1974, Vint Cerf y Bob Kahn describieron lo que sería TCP/IP, las reglas para dirigir los paquetes y asegurar que lleguen todos. ARPANET lo adoptó el 1 de enero de 1983, fecha que a menudo se considera el cumpleaños de internet. Cada dispositivo conectado tiene una dirección IP, un número que funciona como una dirección postal, y el sistema de nombres de dominio traduce nombres fáciles a esos números.

Internet y la World Wide Web no son lo mismo. En 1989, en el CERN, cerca de Ginebra, el científico británico Tim Berners-Lee propuso un sistema de páginas enlazadas, y en 1991 ya funcionaba el primer sitio web. La web funciona sobre internet, igual que el correo electrónico, las videollamadas y los juegos en línea. El CERN liberó gratis el software de la web, lo que ayudó a su expansión explosiva.

Físicamente, internet es sorprendentemente sólida. Los datos viajan como pulsos de luz por fibras de vidrio, y la inmensa mayoría del tráfico intercontinental cruza el fondo del mar en cables más o menos tan gruesos como una manguera de jardín. Los routers se pasan cada paquete de red en red, a menudo con una docena de saltos o más en una fracción de segundo. Enormes centros de datos almacenan y sirven páginas, vídeos y mensajes.

A mediados de la década de 2020, unas dos terceras partes de la humanidad estaban conectadas, unos cinco mil quinientos millones de personas. Internet ha transformado las compras, las noticias, la amistad, el trabajo y la política, y ha traído nuevos problemas, de la desinformación al cibercrimen. Empezó con un ordenador colgado y dos letras. Hoy transporta buena parte de todo lo que las personas se dicen.

Cómo cruza un mensaje el mundo 1969 ARPANET 1983 TCP/IP 1991 primera web ¡Hola! Paquetes numerados, con dirección 1 2 3 4 1 Router Proveedor ISP 2 enlace caído 2 4 Muchas rutas los routers pasan paquetes 3 Cable submarino luz en fibra de vidrio 4 Centro de datos 5 TCP lo rehace 1 2 3 4 Troceado, enviado por partes, rehecho al otro lado.
Fig. 59 · Internet. Una red de redes
Capítulo 60 · Parte VI

La inteligencia artificial

La mayor parte del software sigue reglas escritas por un programador. La inteligencia artificial intenta que las máquinas hagan cosas que parecen requerir inteligencia: reconocer caras, traducir idiomas, jugar, responder preguntas. Su forma moderna más potente, el aprendizaje automático, no le da las reglas al ordenador. Le muestra ejemplos y deja que descubra las reglas por sí mismo.

La pregunta es antigua. En 1950, Alan Turing se preguntó si las máquinas podían pensar y propuso un «juego de imitación», hoy llamado test de Turing, en el que un juez conversa por escrito con un humano y una máquina ocultos. El término inteligencia artificial lo acuñó John McCarthy para un taller en el Dartmouth College en 1956, cuyos organizadores esperaban resolver problemas clave en un verano. No fue así. A los primeros éxitos siguieron largas y decepcionantes pausas conocidas como inviernos de la IA.

La idea que acabó imponiéndose se inspira, de lejos, en el cerebro. Una red neuronal artificial son capas de unidades simples conectadas por números ajustables llamados pesos. Los datos entran por un extremo, cada unidad suma sus entradas y transmite una señal, y por el otro sale una respuesta. Durante el entrenamiento, la respuesta de la red se compara con la correcta, y un método llamado retropropagación ajusta ligeramente cada peso para reducir el error. Al repetirlo con millones de ejemplos, la red se afina sola.

Durante décadas, las redes eran demasiado pequeñas y los datos, escasos. Después, los chips gráficos baratos, creados para los videojuegos, y la enorme reserva de imágenes y textos de internet lo cambiaron todo. En 2012, una red profunda llamada AlexNet ganó un concurso de reconocimiento de imágenes por amplio margen. En 2016, AlphaGo, de DeepMind, venció al campeón Lee Sedol al go, un juego que se creía demasiado sutil para las máquinas. En 2017, investigadores de Google publicaron la arquitectura transformer, que impulsa los grandes modelos de lenguaje actuales, entrenados para predecir la palabra siguiente en inmensas bibliotecas de texto. ChatGPT, lanzado a finales de 2022, los llevó a cientos de millones de personas.

¿Sabías que…? En 2024, los premios Nobel de Física y de Química reconocieron trabajos de IA, entre ellos a pioneros de las redes neuronales y la predicción de estructuras de proteínas de AlphaFold.

Estos sistemas son impresionantes, pero extraños. Un modelo de lenguaje puede escribir un soneto o arreglar un programa y, sin embargo, afirmar falsedades con total aplomo, porque predice texto verosímil en lugar de comprobar hechos. Los sesgos, el empleo, los derechos de autor, el consumo de energía y la seguridad se debaten hoy en gobiernos de todo el mundo.

Todos los inventos anteriores de esta parte ampliaban los músculos o los sentidos humanos. La IA es el primero que aspira a ampliar el propio pensamiento. Cómo se use lo decidirán las personas, no las máquinas.

Cómo aprende una red a decir «gato» entrada oculta oculta salida foto píxeles como números 1 w = 0,8 w = -0,3 2 bordes formas 3 gato 0.94 perro 0.05 4 Etiqueta: gato comparar Retropropagación ajusta cada peso para reducir el error 5 Con ejemplos suficientes, la red escribe sus propias reglas.
Fig. 60 · La inteligencia artificial. Máquinas que aprenden
Parte VII

El mundo antiguo

Las primeras civilizaciones.

Capítulo 61 · Parte VII

Los orígenes humanos

Toda persona viva hoy pertenece a un árbol genealógico cuyas raíces están en África. Hace entre seis y siete millones de años, el linaje que daría lugar a los humanos se separó del que llevó a los chimpancés y, durante casi todo el tiempo transcurrido desde entonces, nuestros antepasados y sus numerosos primos vivieron solo en ese continente. Fósiles como Sahelanthropus, hallado en Chad y de unos siete millones de años de antigüedad, marcan los primeros pasos inciertos.

Caminar erguidos llegó mucho antes que los cerebros grandes. En 1974, en la región de Afar, en Etiopía, un equipo dirigido por Donald Johanson encontró a Lucy, una Australopithecus afarensis de 3,2 millones de años que medía alrededor de 1,1 metros, con un cerebro no mayor que el de un chimpancé y una pelvis hecha para andar. En Laetoli, Tanzania, unas huellas impresas en ceniza volcánica húmeda hace unos 3,6 millones de años muestran la misma zancada.

El género Homo apareció hace unos 2,8 millones de años y con él llegaron las herramientas de piedra, cerebros mayores y viajes más largos. Homo erectus, alto y de piernas largas, fue el primer viajero conocido: hace unos 1,8 millones de años ya había alcanzado Dmanisi, en Georgia, y más tarde Java y China. Le siguieron otras especies humanas, entre ellas los neandertales, robustos y adaptados al frío, de Europa y Asia occidental, y los misteriosos denisovanos, conocidos sobre todo por su ADN.

Nuestra propia especie, Homo sapiens, surgió en África. Los fósiles más antiguos hallados hasta ahora, en Jebel Irhoud (Marruecos), tienen unos 300 000 años. Pequeños grupos se aventuraron en Oriente Próximo más de una vez, pero la gran dispersión que pobló el resto del planeta comenzó hace unos 60 000 a 50 000 años. Los humanos modernos llegaron a Australia hace al menos 50 000 años, lo que exigía cruzar mar abierto; a Europa, hace unos 45 000 años; y a América, por un puente de tierra situado donde hoy está el estrecho de Bering, hace al menos 15 000 años y quizá antes.

¿Sabías que…? La mayoría de las personas cuyos antepasados vivieron fuera de África llevan entre un 1 y un 2 % de ADN neandertal, un recuerdo genético de encuentros ocurridos hace unos 50 000 años.

Esos encuentros muestran que la historia no es una escalera ordenada, sino un arbusto enmarañado. Varias especies humanas compartieron la Tierra a la vez, se encontraron y a veces tuvieron hijos en común. Hace unos 40 000 años los neandertales habían desaparecido, y también los denisovanos se desvanecieron, dejando a Homo sapiens como el último humano en pie. Como nuestra especie pasó la mayor parte de su historia en África, las poblaciones africanas actuales tienen más variedad genética que el resto del mundo junto.

Cada mapa, cada ciudad y cada lengua de este libro son obra de los descendientes de aquellos pocos miles de caminantes.

De un continente a todos los demás Europa Asia Australia Norteamérica Sudamérica ruta de H. sapiens yacimiento fósil clave fechas: años antes del presente África Jebel Irhoud c. 300.000 años Lucy, Hadar 3,2 millones Laetoli 3,6 millones 1 salida de África c. 60.000 años 2 Denisovanos hacia Australia 50.000+ años 3 Neandertales hacia Europa c. 45.000 años 4 Beringia América 15.000+ años 5 Monte Verde c. 14.500 años Una especie nacida en África llegó a todos los continentes salvo la Antártida.
Fig. 61 · Los orígenes humanos. Fuera de África
Capítulo 62 · Parte VII

Los primeros agricultores

Durante cerca del 95 % de su historia, Homo sapiens vivió de la caza, la pesca y la recolección. Después, hace unos 12 000 años, en varias partes del mundo la gente empezó a hacer algo radical: en lugar de buscar el alimento, comenzó a cultivarlo. Este cambio, llamado revolución neolítica o agrícola, se desarrolló a lo largo de miles de años, pero transformó la vida humana más que nada de lo anterior.

Empezó en el Creciente Fértil, un arco de colinas y valles fluviales que va del Levante al sureste de Turquía y hasta los montes Zagros, en Irán. Allí, hacia el 9500 a. C., se empezó a cultivar trigo y cebada silvestres, junto con lentejas, guisantes, garbanzos y lino. Al resembrar las semillas de las plantas cuyas espigas no se desgranaban solas, los agricultores criaron sin saberlo cultivos que esperaban a la cosecha. En un milenio aproximadamente se domesticaron ovejas y cabras, y el ganado vacuno se crió a partir del enorme uro salvaje.

El Creciente Fértil no fue el único. La agricultura se inventó de forma independiente en al menos media docena de lugares: el arroz en el Yangtsé y el mijo en el norte de China, el taro y el plátano en las tierras altas de Nueva Guinea, la calabaza y luego el maíz en México, la papa en los Andes y el sorgo en el Sahel africano. El maíz es una proeza de selección: su antepasado silvestre, el teosinte, tiene mazorcas más pequeñas que un dedo meñique y granos encerrados en cápsulas duras como la piedra.

¿Sabías que…? Göbekli Tepe, en Turquía, un conjunto de pilares de piedra tallados de hasta unos 5 metros de altura, fue levantado hacia el 9500 a. C. por gente que todavía no practicaba la agricultura.

Un alimento que se podía almacenar permitía quedarse en un sitio. Las aldeas se convirtieron en poblados. Jericó tenía una muralla y una torre de piedra hacia el 8000 a. C., y Çatalhöyük, en Anatolia, desde alrededor del 7100 a. C., apiñaba a varios miles de personas en casas de adobe tan juntas que se entraba por agujeros en el techo. Llegaron la cerámica, el tejido, los graneros y la propiedad privada, y con los excedentes, los especialistas, los jefes y, con el tiempo, los reyes.

El trato tenía un lado oscuro. Los primeros agricultores solían trabajar más horas que los recolectores, comían una dieta menos variada y eran más bajos; sus esqueletos muestran más caries y más señales de hambre. Vivir cerca de los animales y unos de otros generó enfermedades nuevas, y la riqueza almacenada atraía a los saqueadores. Aun así, la agricultura alimentaba a muchas más personas por kilómetro cuadrado, y la población no dejó de crecer. Un mundo de quizá unos pocos millones de recolectores se convirtió, en diez mil años, en un mundo de cientos de millones.

Cada hogaza, cada cuenco de arroz y cada tortilla que se comen hoy son herencia de aquellos primeros campos.

La agricultura se inventó más de una vez Creciente Fértil del Levante a los Zagros Asia oriental Río Amarillo, Yangtsé Nueva Guinea valles de montaña América México, Andes África el Sahel 10.000 a. C. 8000 a. C. 6000 a. C. 4000 a. C. 2000 a. C. trigo, cebada, lentejas Göbekli Tepe obra de recolectores 1 ovejas, cabras, vacas del uro salvaje 2 Jericó Çatalhöyük 1.as urbes 3 arroz (Yangtsé), mijo (norte) taro, plátanos en el pantano de Kuk 4 zapallo maíz papa Andes sorgo 5 Trigo, arroz, maíz: lugares distintos, la misma revolución.
Fig. 62 · Los primeros agricultores. La revolución agrícola
Capítulo 63 · Parte VII

Mesopotamia

El nombre Mesopotamia significa en griego «entre ríos», y esos ríos eran el Tigris y el Éufrates, que atraviesan el actual Irak. En la llanura del sur apenas llovía, pero los ríos traían el deshielo de las montañas de Turquía, y los campesinos que excavaban canales para repartir esa agua obtenían cosechas asombrosas de cebada. El grano sobrante alimentaba a gente que no cultivaba, y a partir del 4000 a. C., aproximadamente, crecieron aquí las primeras ciudades verdaderas del mundo.

La mayor era Uruk. Hacia el 3000 a. C. pudo albergar 40 000 personas o más tras unas murallas de unos 9 kilómetros, lo que la convertía probablemente en la mayor ciudad de la Tierra. Sus templos administraban tierras, trabajadores, rebaños y almacenes, y llevar la cuenta de todo ello produjo el invento más importante de la región. Hacia el 3300-3200 a. C., los escribas empezaron a imprimir marcas en tablillas de arcilla húmeda con una caña cortada. Al principio eran dibujos de ovejas, grano y jarras, pero con los siglos los signos se convirtieron en trazos en forma de cuña: la escritura cuneiforme, del latín «cuña». La escritura nació como contabilidad y creció hasta abarcar cartas, leyes, himnos y el Poema de Gilgamesh.

Sumer era un mosaico de ciudades-estado rivales, entre ellas Ur, Lagash y Kish, cada una con su dios protector. Hacia el 2334 a. C., Sargón de Acad las conquistó y creó lo que a menudo se llama el primer imperio. Más tarde, el rey Ur-Nammu levantó el gran zigurat de Ur, una montaña escalonada de adobe coronada por un santuario al dios lunar Nanna. Hacia el 1754 a. C., Hammurabi de Babilonia hizo grabar 282 leyes en una estela de basalto de más de dos metros, hoy en el Louvre. Las penas dependían del rango social: el «ojo por ojo» regía entre iguales, pero herir a un hombre común solía costar solo una multa.

¿Sabías que…? Los 60 minutos de una hora y los 360 grados de un círculo proceden de la costumbre mesopotámica de contar en base 60.

Los mesopotámicos dieron al mundo mucho más. Estuvieron entre los primeros en usar la rueda, hacia el 3500 a. C., observaron las estrellas, resolvieron problemas que hoy llamaríamos algebraicos y redactaron contratos, recibos y préstamos. Su éxito tuvo un coste oculto: siglos de riego dejaron sal en el suelo, y en el sur el trigo cedió paso a la cebada, más resistente, a medida que caían los rendimientos.

Los imperios se sucedieron, asirios, babilonios y persas entre ellos, hasta que Alejandro Magno tomó Babilonia en el 331 a. C. La escritura cuneiforme cayó en desuso hacia el siglo I d. C. y permaneció ilegible durante casi 1800 años, hasta que los estudiosos la descifraron en la década de 1850.

La historia, en el sentido más literal, empieza aquí: con los primeros registros escritos.

Una montaña artificial para el dios lunar Ur, sur de Irak alzado c. 2100 a. C. por el rey Ur-Nammu Terraza base 64 × 46 m núcleo de adobe, piel de ladrillo cocido 1 Terrazas superiores cada una retranqueada 2 Santuario de Nanna el dios lunar 3 Escalera triple 3 tramos hasta una puerta 4 Logros mesopotámicos Cuneiforme c. 3200 a. C., caña/arcilla La rueda en uso c. 3500 a. C. Base 60 60 minutos, 360° Código de Hammurabi c. 1754 a. C., 282 leyes tablilla cuneiforme 5 Un templo en una montaña de adobe, en la tierra que primero escribió.
Fig. 63 · Mesopotamia. Ciudades, reyes y escritura
Capítulo 64 · Parte VII

El antiguo Egipto

El antiguo Egipto fue, como dijo el historiador griego Heródoto, un don del río. El Nilo, de unos 6650 kilómetros, corre hacia el norte a través de un desierto donde casi nunca llueve. Cada verano, las lluvias monzónicas de las tierras altas de Etiopía hinchaban el Nilo Azul y, a partir de julio aproximadamente, el río se desbordaba en Egipto y dejaba una capa de rico limo negro. Los egipcios llamaban a su país Kemet, la tierra negra, y al desierto que lo rodeaba Deshret, la tierra roja. La frontera entre la vida y la esterilidad podía ser un solo paso.

La crecida marcaba el calendario. El año tenía tres estaciones de cuatro meses: Ajet, la inundación; Peret, cuando bajaban las aguas y se sembraba; y Shemu, la cosecha y las aguas bajas. La reaparición de la estrella Sirio al amanecer, justo antes de la crecida, señalaba el año nuevo. Los funcionarios medían la altura del río en nilómetros, escaleras y pozos de piedra con marcas, porque la altura de la crecida anunciaba la cosecha, y la cosecha fijaba los impuestos.

Hacia el 3100 a. C., el Alto y el Bajo Egipto se unieron bajo un solo rey, llamado tradicionalmente Narmer. Durante casi 3000 años, a lo largo de unas 30 dinastías agrupadas en los Imperios Antiguo, Medio y Nuevo, el faraón gobernó como un rey-dios que mantenía maat, el orden del universo. El Imperio Antiguo construyó las pirámides. La Gran Pirámide de Keops en Guiza, terminada hacia el 2560 a. C., alcanzaba unos 146 metros y fue la construcción humana más alta de la Tierra durante casi 4000 años. Contra la imagen popular, no la levantaron esclavos, sino cuadrillas organizadas de trabajadores, que recibían alojamiento, pan y cerveza, y eran enterrados en tumbas junto a la obra.

¿Sabías que…? Cleopatra VII vivió más cerca en el tiempo de la llegada del ser humano a la Luna que de la construcción de la Gran Pirámide.

La vida cotidiana era más rica de lo que sugieren las tumbas. Los campesinos cultivaban trigo almidonero, cebada y lino; los escribas escribían con cálamos de junco sobre papiro, un papel hecho con la planta que crecía en las orillas; y los jeroglíficos, con unos 700 signos de uso común, cubrían los muros de los templos. Mucho después de que la escritura cayera en el olvido, la piedra de Rosetta, grabada en el 196 a. C. con un mismo decreto en jeroglíficos, en demótico y en griego, permitió a Jean-François Champollion descifrarla en 1822.

Gobernantes del Imperio Nuevo como Hatshepsut, Akenatón, Tutankamón y Ramsés II construyeron templos en Karnak y Luxor y tumbas en el Valle de los Reyes. Más tarde gobernaron Egipto nubios, persas y griegos, y cuando Cleopatra murió en el 30 a. C. se convirtió en provincia de Roma.

Durante tres mil años, un solo río sostuvo una de las civilizaciones más longevas de la historia.

El río marcaba el calendario El año del Nilo 3 estaciones × 4 meses Ajet la crecida jul–oct sale Sirio año nuevo 1 Peret siembra, crecimiento nov–feb 2 Shemu cosecha mar–jun 3 Deshret tierra roja, desierto Kemet tierra negra Nilo Kemet campos inundados Deshret tumbas, canteras el valle en sección, de oeste a este 4 El nilómetro p. ej. Elefantina, Asuán crecida altura muy alta: ruina muy baja: hambruna escalera hasta el río 5 Medir la crecida era saber la cosecha, y los impuestos.
Fig. 64 · El antiguo Egipto. La vida a orillas del Nilo
Capítulo 65 · Parte VII

La antigua Grecia

La antigua Grecia nunca fue un solo país. Era un mosaico de más de mil ciudades-estado, cada una llamada polis, repartidas por valles rocosos del continente, islas del Egeo y colonias desde Hispania hasta el mar Negro. Compartían lengua, dioses y poemas épicos como la Ilíada de Homero, pero luchaban constantemente entre sí. De ese mundo pendenciero salieron ideas que todavía moldean nuestra forma de gobernar, de pensar y de jugar.

El experimento más famoso tuvo lugar en Atenas. Hacia el 508 a. C., el reformador Clístenes reorganizó a los ciudadanos en diez tribus y dio el poder al demos, el pueblo: de ahí democracia, «poder del pueblo». Todo ciudadano varón adulto podía hablar y votar en la Asamblea, que se reunía en una colina llamada Pnyx unas cuarenta veces al año para decidir sobre la guerra, la paz y las leyes. Un Consejo de 500, cincuenta hombres por tribu, preparaba sus asuntos. La mayoría de los cargos, y los grandes jurados de los tribunales, se elegían por sorteo, porque los atenienses creían que las elecciones favorecían a los ricos y famosos. Solo se elegía por votación a los diez estrategos. Cada año, los ciudadanos podían además votar el destierro por diez años de un político demasiado poderoso, escribiendo su nombre en un trozo de cerámica, un ostrakon: de ahí la palabra ostracismo.

Era una democracia con un electorado reducido. Las mujeres, los esclavos y los extranjeros residentes no votaban, de modo que solo participaba una minoría de quienes vivían en Atenas. Aun así, era notablemente directa: los ciudadanos no elegían representantes para que decidieran por ellos, sino que decidían ellos mismos.

¿Sabías que…? Los atenienses sorteaban a los jurados con un kleroterion, una losa de piedra con ranuras para las fichas con los nombres, en la que bolas blancas y negras que caían por un tubo elegían al azar filas enteras.

La Atenas del siglo V a. C. fue también escenario de una explosión del pensamiento. Sócrates lo cuestionó todo hasta ser condenado a muerte en el 399 a. C.; su discípulo Platón fundó la Academia; y el discípulo de Platón, Aristóteles, escribió sobre lógica, biología, política y poesía, y después fue preceptor del joven Alejandro Magno. Otros pensadores griegos, de Tales a Demócrito, que imaginó la materia hecha de diminutos átomos, intentaron explicar la naturaleza sin los dioses. Historiadores, dramaturgos y arquitectos nos dejaron el Partenón, la tragedia, la comedia y la propia palabra «historia».

Los Juegos Olímpicos, celebrados por primera vez según la tradición en el 776 a. C. en Olimpia en honor de Zeus, reunían cada cuatro años a ciudades rivales bajo una tregua sagrada. La prueba más antigua era una carrera de un estadio, unos 192 metros, y los atletas competían desnudos. Los Juegos duraron más de mil años antes de desaparecer hacia el 393 d. C., y se recuperaron en Atenas en 1896.

Pequeñas, discutidoras y a menudo en guerra, las ciudades griegas lograron inventar buena parte de la caja de herramientas de la civilización occidental.

¿Quién gobernaba Atenas? Los propios ciudadanos Atenas, c. 450 a. C. El demos varones adultos ciudadanos en 10 tribus Sin voto mujeres, esclavos, metecos 1 Asamblea Ekklesía, en la Pnyx todos pueden hablar c. 40 sesiones/año leyes, guerra, paz 2 tribuna de oradores Consejo de los 500 Bulé, por sorteo 50 por tribu mandato de un año fija el orden del día 3 10 tribus × 50 = 500 Tribunales Dikasteria jurados de 201–501 6.000 posibles jurados veredicto por mayoría 4 Kleroterion sortea jurados Magistrados casi todos por sorteo 10 generales electos voto de ostracismo destierro: 10 años 5 Óstracon voto de cerámica Sin representantes: decidían los propios ciudadanos.
Fig. 65 · La antigua Grecia. Democracia, filosofía y Juegos Olímpicos
Capítulo 66 · Parte VII

La antigua Roma

Según la leyenda, Roma fue fundada en el 753 a. C. por Rómulo, un gemelo amamantado por una loba. En realidad nació como un grupo de aldeas en las colinas junto al río Tíber, gobernadas por reyes hasta el 509 a. C., cuando los romanos expulsaron al último y fundaron una república. El poder se repartió para que nadie pudiera retenerlo mucho tiempo: dos cónsules elegidos cada año, un Senado de aristócratas y asambleas de ciudadanos. La expresión latina res publica, «la cosa pública», dio al mundo una palabra.

La República creció mediante guerras y alianzas. En el 264 a. C. dominaba la mayor parte de Italia, y en tres guerras púnicas contra Cartago, la gran potencia naval del norte de África, sobrevivió a la invasión de Aníbal, que cruzó los Alpes con elefantes en el 218 a. C., y acabó destruyendo Cartago en el 146 a. C. La conquista trajo esclavos, botín y provincias, pero también generales ambiciosos con ejércitos más leales a ellos que a Roma. En el 49 a. C., Julio César cruzó el Rubicón con sus legiones, ganó una guerra civil y fue nombrado dictador; unos senadores lo apuñalaron en los idus de marzo del 44 a. C.

César nunca fue emperador. Ese título corresponde a su sobrino nieto y heredero Octavio, que derrotó a Marco Antonio y Cleopatra y en el 27 a. C. adoptó el nombre de Augusto. Mantuvo las formas de la República mientras ejercía el poder real, e inauguró dos siglos de relativa calma conocidos como Pax Romana. Bajo Trajano, en el 117 d. C., el imperio alcanzó su máxima extensión, unos 5 millones de kilómetros cuadrados desde el norte de Britania hasta el golfo Pérsico, con quizá 60 millones de habitantes. La propia ciudad de Roma tenía alrededor de un millón.

¿Sabías que…? La cúpula del Panteón de Roma, terminada hacia el 125 d. C., sigue siendo la mayor cúpula de hormigón sin armar del mundo.

Lo que mantenía unido el imperio era la ingeniería, el derecho y el latín. Unos 80 000 kilómetros de calzadas pavimentadas llevaban ejércitos, funcionarios y mercaderes; los acueductos abastecían fuentes y termas públicas; y el hormigón romano, hecho con ceniza volcánica, podía fraguar incluso bajo el mar. El derecho romano moldeó los códigos de buena parte de Europa, y el latín fue la lengua madre del francés, el español, el italiano, el portugués y el rumano.

El imperio resultó demasiado grande para gobernarlo desde un solo lugar. Diocleciano repartió su gobierno entre Oriente y Occidente en la década de 280, y Constantino, el primer emperador cristiano, fundó una nueva capital en Constantinopla en el 330. En el 476, un general germánico depuso al último emperador de Occidente, un adolescente llamado Rómulo Augústulo. La mitad oriental, que los historiadores llaman Imperio bizantino, duró hasta que los turcos otomanos tomaron Constantinopla en 1453.

Roma cayó, pero sus calzadas, sus leyes, su alfabeto y su calendario nunca han dejado del todo de funcionar.

De chozas junto al Tíber a tres continentes 800 a. C. 600 400 200 200 400 d. C. a. C. | d. C. Reino Fundación de Roma 753 a. C., según la leyenda 1 República Nace la República 509 a. C., 2 cónsules Guerras púnicas 264–146 a. C. Cartago destruida 2 Imperio Asesinato de César 44 a. C., idus Augusto, 1.er emperador 27 a. C. 3 Pax Romana, c. 27 a. C.–180 d. C. Máxima extensión 117 d. C., Trajano c. 5 millones de km² 4 Cae Occidente 476 d. C. Constantinopla 330 d. C. Oriente (Bizancio) dura hasta 1453 5 Unos 870 años de aldea en una colina a su máxima extensión.
Fig. 66 · La antigua Roma. De ciudad a imperio
Capítulo 67 · Parte VII

La antigua China

La civilización china creció a orillas de dos grandes ríos, el río Amarillo en el norte y el Yangtsé en el sur, y es una de las pocas del mundo cuya lengua y escritura forman un hilo ininterrumpido de más de 3000 años. Su historia se cuenta tradicionalmente como una procesión de dinastías, familias gobernantes que ascendían, reinaban y caían.

La primera dinastía confirmada por la arqueología es la Shang, hacia el 1600-1046 a. C. Sus reyes consultaban a los antepasados: los adivinos calentaban omóplatos de buey y caparazones de tortuga hasta que se agrietaban, y luego grababan en el hueso la pregunta y la respuesta. Estos huesos oraculares, de alrededor del 1250 a. C. en adelante, contienen la escritura china más antigua conocida, y muchos de sus caracteres son antepasados reconocibles de los actuales. Los Zhou, que derrocaron a los Shang, justificaron su conquista con el Mandato del Cielo: el Cielo concedía el derecho a gobernar a una dinastía justa y se lo retiraba a una malvada. Inundaciones, hambrunas y rebeliones podían interpretarse como señales de que el mandato se había perdido.

Cuando el poder de los Zhou se desmoronó, China se dividió en estados rivales. En esa época convulsa, Confucio (551-479 a. C.) enseñó que el orden nace de la virtud, del respeto dentro de la familia y de gobernantes que dan buen ejemplo. Luego, en el 221 a. C., el rey de Qin venció a sus rivales y se proclamó Qin Shi Huang, el Primer Emperador. Unificó la escritura, la moneda, los pesos e incluso la anchura de los ejes de los carros, y fue enterrado junto a un ejército de unos 8000 soldados de terracota de tamaño natural, descubierto por unos campesinos que cavaban un pozo en 1974.

La dinastía Han (206 a. C.-220 d. C.) dio nombre al principal grupo étnico de China. Gobernó mediante funcionarios instruidos, abrió el comercio con Asia central por lo que llegarían a ser las rutas de la seda y vio cómo el funcionario de la corte Cai Lun perfeccionaba el papel hacia el 105 d. C. Dinastías posteriores, como los Tang, los Song y los Ming, trajeron la imprenta xilográfica, la pólvora y la brújula magnética.

¿Sabías que…? La Gran Muralla no se ve a simple vista desde la Luna: es muy larga, pero solo mide unos pocos metros de ancho y tiene casi el mismo color que el terreno que la rodea.

La Gran Muralla son en realidad muchas murallas. Qin Shi Huang unió antiguas defensas de tierra apisonada, los Han las prolongaron hacia el oeste, y la muralla de ladrillo y piedra que ve hoy la mayoría de los visitantes la construyeron los Ming entre los siglos XIV y XVII. Un estudio chino publicado en 2012 midió el conjunto de murallas conocidas y sus ramales en unos 21 000 kilómetros. Las torres de vigilancia se veían unas a otras, de modo que el humo de día y el fuego de noche llevaban la alarma a lo largo de la frontera mucho más rápido que un caballo.

Las dinastías iban y venían, pero la idea de una sola China, escrita en una sola escritura, las sobrevivió a todas.

Dentro de un tramo Ming de la Gran Muralla sección alzado a lo largo de una cresta Cimientos de piedra sillares, roca madre 1 Tierra apisonada y núcleo de cascajo piel de ladrillo con mortero de cal 2 adarve c. 4–6 m Almenas troneras para arqueros c. 7–8 m 3 Atalaya almacén abajo, vigía arriba 4 Almenara humo de día, fuego de noche 5 Qin 221 a. C. Han 206 a.C.–220 d.C. Ming 1368–1644 todas las murallas: c. 21.000 km No una muralla, sino muchas, y ninguna visible desde la Luna.
Fig. 67 · La antigua China. Dinastías y la Gran Muralla
Capítulo 68 · Parte VII

La antigua India

En la década de 1920, unos arqueólogos que excavaban en el valle del Indo, en el actual Pakistán, sacaron a la luz algo que nadie esperaba: ciudades enteras, planificadas y construidas con ladrillo cocido, más antiguas que todo lo conocido entonces en el sur de Asia. La civilización del Indo, o harappa, floreció aproximadamente entre el 2600 y el 1900 a. C., y sus más de mil yacimientos conocidos abarcan una superficie mayor que el antiguo Egipto y Mesopotamia juntos.

Sus dos ciudades más conocidas, Harappa y Mohenjo-Daro, se trazaron con una disciplina notable. Las calles principales iban más o menos de norte a sur y de este a oeste, dividiendo la ciudad baja en manzanas. Las casas se construían con ladrillos de las mismas proporciones, 1:2:4, de un extremo a otro de la civilización. Muchas viviendas tenían pozo propio, zona de baño y letrinas, y las aguas residuales iban a desagües de ladrillo cubiertos bajo las calles, con aberturas para limpiarlos. Sobre la ciudadela elevada de Mohenjo-Daro estaba el Gran Baño, un estanque de unos 12 metros de largo, impermeabilizado con ladrillo ajustado y betún, que probablemente se usaba para baños rituales.

Los mercaderes del Indo usaban pesas de piedra normalizadas y comerciaban hasta Mesopotamia, adonde sus productos llegaban por mar. Marcaban sus mercancías con pequeños sellos cuadrados tallados con animales, entre ellos una bestia mítica de un solo cuerno, y breves líneas de signos. Esa escritura del Indo sigue sin descifrarse, en parte porque nunca se han hallado textos largos ni una inscripción bilingüe. Llama la atención que los arqueólogos no hayan encontrado grandes tumbas reales y apenas rastros de guerra. Hacia el 1900 a. C., al cambiar el curso de los ríos y debilitarse el monzón, las grandes ciudades se fueron abandonando.

¿Sabías que…? Mohenjo-Daro, una ciudad de quizá 40 000 habitantes, tenía desagües bajo sus calles más de cuatro mil años antes de que muchas ciudades europeas construyeran alcantarillas.

Siglos después, la llanura del Ganges se convirtió en el nuevo corazón de la India. Allí se compusieron los Vedas, las escrituras hindúes más antiguas, y hacia el siglo V a. C. enseñó Siddhartha Gautama, el Buda. Hacia el 321 a. C., Chandragupta Maurya tomó el poder y fundó el Imperio maurya, que en su apogeo abarcaba la mayor parte del subcontinente y se gobernaba desde la gran ciudad de Pataliputra, cerca de la actual Patna.

Su nieto Ashoka conquistó Kalinga, en la costa oriental, hacia el 261 a. C., en una guerra que, según su propio relato, mató o desarraigó a cientos de miles de personas. Horrorizado, se volvió hacia el budismo y hacia un gobierno basado en el dhamma, la ley moral. Sus edictos, grabados en rocas y en columnas de piedra pulida por todo el imperio, pedían tolerancia, bondad con los animales y respeto a todas las creencias. El capitel de los leones de su columna de Sarnath es hoy el emblema nacional de la India, y su rueda de 24 radios ocupa el centro de la bandera india.

De los desagües cubiertos a los edictos grabados, la antigua India dejó pruebas tempranas de ciudades pensadas para la salud pública y de un gobernante que se sometió a un código moral.

Mohenjo-daro: una ciudad trazada en cuadrícula plano, c. 2500 a. C. N Ciudadela sobre las crecidas sala del «granero» 1 Gran Baño 2 estanque de c. 12 × 7 m Ciudad baja calles principales N–S calle principal E–O círculos: pozos privados 3 Desagües cubiertos cuadrados: registros 4 4 1 2 Ladrillo estándar proporción 1:2:4 Sello escritura aún sin descifrar 5 Calles rectas y desagües cubiertos, hace 4.500 años.
Fig. 68 · La antigua India. Las ciudades del Indo y el Imperio maurya
Capítulo 69 · Parte VII

Las antiguas Américas

Cuando los europeos llegaron en 1492, América albergaba decenas de millones de personas y civilizaciones surgidas con total independencia de las de África, Europa y Asia. Habían domesticado el maíz, el frijol, la calabaza y la papa, construido ciudades y pirámides, y desarrollado escritura, matemáticas y astronomía, todo ello sin herramientas de hierro ni carros con ruedas, y sin grandes animales que montar o que tiraran de un arado.

Los mayas del sur de México y Centroamérica construyeron ciudades-estado en la selva tropical durante unos dos mil años. En su apogeo clásico, hacia el 250-900 d. C., ciudades como Tikal, Calakmul, Palenque y Copán levantaron pirámides y palacios de piedra caliza, y los reyes registraban sus reinados en monumentos de piedra tallada llamados estelas. La escritura maya, que combina signos de palabra y sílabas, es el sistema de escritura más completo de la América antigua, y hoy se puede leer en su mayor parte. Los astrónomos mayas seguían a Venus y predecían eclipses, y su calendario de Cuenta Larga utilizaba un signo para el cero. En 2018, un escaneo láser aéreo reveló decenas de miles de estructuras desconocidas ocultas bajo la selva del norte de Guatemala.

¿Sabías que…? Los mayas nunca desaparecieron: hoy unos seis millones de personas hablan lenguas mayas, y el cambio de ciclo de la Cuenta Larga en 2012 marcaba un nuevo ciclo, no el fin del mundo.

Los aztecas, o mexicas, fundaron Tenochtitlan en 1325 en una isla del lago de Texcoco. Alimentaban la ciudad con chinampas, campos elevados hechos con lodo del lago, y la unían a la orilla mediante calzadas. En 1519 pudo albergar unas 200 000 personas, más que casi cualquier ciudad de Europa, y el Templo Mayor, en su centro, tenía dos santuarios gemelos dedicados al dios de la guerra Huitzilopochtli y al dios de la lluvia Tláloc. Los aztecas gobernaban mediante el tributo y el miedo, y cuando llegó Hernán Cortés, decenas de miles de pueblos sometidos y resentidos se unieron a él. Tenochtitlan cayó en 1521, devastada sobre todo por la viruela.

En los Andes, los incas construyeron el mayor imperio de América, al que llamaban Tawantinsuyu, «las cuatro partes juntas». Desde alrededor de 1438, bajo Pachacútec, se expandieron desde su capital, Cuzco, a lo largo de unos 4000 kilómetros de montañas, gobernando quizá a 10 millones de personas. Una red de caminos de unos 40 000 kilómetros, con puentes colgantes de cuerda y corredores de relevos, mantenía unido el imperio. Sin escritura tal como la entendemos, los funcionarios incas llevaban las cuentas en el quipu, haces de cuerdas de colores anudadas. Machu Picchu, construido hacia 1450 como finca real, pasó del todo inadvertido para los españoles. Debilitado por la guerra civil y las epidemias, el imperio se derrumbó después de que Francisco Pizarro capturara al emperador Atahualpa en Cajamarca en 1532.

La conquista acabó con estos imperios, pero no con sus pueblos, cuyas lenguas, alimentos y saberes están entretejidos en el mundo moderno.

Tres civilizaciones, vidas muy distintas 1500 a. C. 1000 500 1 d. C. 500 1000 1500 Olmeca costa del Golfo, cabezas de piedra c. 1200–400 a. C. 1 Maya Tikal, Copán, el cero Clásico 250–900 c. 1000 a. C. 2 Azteca Tenochtitlan, tributo 1325–1521 3 Inca Cuzco, 40.000 km de caminos c. 1438–1533 4 1300 1600 Azteca 1325–1521 Inca 1438–1533 1492 llega Colón 1521 cae Tenochtitlan 1532 cae Atahualpa zoom: 1300–1600 sombreado: tras llegan los europeos 5 Los mayas duraron milenios; los imperios azteca e inca, apenas un siglo.
Fig. 69 · Las antiguas Américas. Mayas, aztecas e incas
Capítulo 70 · Parte VII

Las rutas de la seda

Las rutas de la seda nunca fueron un solo camino, y la seda era solo una de las muchas cosas que viajaban por ellas. Hasta el nombre es moderno: el geógrafo alemán Ferdinand von Richthofen acuñó el término Seidenstraße en 1877. Describe una red cambiante de pistas de caravanas, vados y rutas marítimas que, durante unos 1500 años, unió China con la India, Persia, Arabia, África y Europa.

Las rutas terrestres tomaron forma en el siglo II a. C. En el 138 a. C., el emperador Han Wudi envió hacia el oeste a un emisario, Zhang Qian, en busca de aliados contra los nómadas xiongnu. Fue capturado y retenido unos diez años, pero volvió con noticias de reinos ricos y de los magníficos caballos del valle de Ferganá. Los Han extendieron su poder hacia el oeste por el corredor de Hexi hasta el oasis de Dunhuang, donde las rutas se dividían para rodear por el norte y por el sur el temible desierto de Taklamakán, se reunían en Kashgar y luego cruzaban las montañas del Pamir.

Más allá estaba Asia central, donde Samarcanda y Bujará se enriquecieron. Durante siglos, los grandes intermediarios fueron los sogdianos, mercaderes cuya lengua se convirtió en idioma común de las rutas. Caravanas de camellos bactrianos de dos jorobas, capaces de cargar unos 200 kilos y de pasar días sin beber, iban de oasis en oasis y descansaban en posadas amuralladas llamadas caravasares. Muy pocas personas recorrían los más de 6000 kilómetros que separan Chang'an del Mediterráneo; las mercancías pasaban de mano en mano y su precio subía con cada intercambio.

¿Sabías que…? A comienzos del siglo I d. C., el Senado romano prohibió a los hombres vestir seda, que los moralistas condenaban como decadente y como una sangría del oro del imperio.

Hacia el oeste iban la seda, la laca, el papel y, más tarde, la porcelana. Hacia el este llegaban caballos, vidrio, plata, lana, uvas y vino. Más importante aún era lo que no se podía pesar. El budismo pasó de la India a China por estas rutas, dejando templos excavados en la roca como las cuevas de Mogao, en Dunhuang. También viajaron el islam, el cristianismo y el maniqueísmo, así como las matemáticas, la música, la medicina y el arte de fabricar papel, que llegó al mundo islámico en el siglo VIII. Y los gérmenes: la peste negra, que mató quizá a un tercio de los europeos a finales de la década de 1340, probablemente avanzó hacia el oeste por las rutas comerciales.

Las rutas florecieron sobre todo bajo imperios fuertes: los Han y Roma, la China Tang y el califato abasí y, en el siglo XIII, los mongoles, cuyo vasto dominio permitió a Marco Polo viajar a China y volver. Cuando los barcos aprendieron a cruzar los océanos, las rutas marítimas fueron asumiendo buena parte del comercio.

Mucho antes de que nadie hablara de globalización, las rutas de la seda ya habían cosido entre sí el Viejo Mundo.

Una red de rutas de caravanas por Asia PERSIA ASIA CENTRAL CHINA De Antioquía a Chang’an: más de 6.000 km en caravana N Chang’an capital Han Corredor de Hexi Zhang Qian, 138 a. C. 1 Taklamakán Dunhuang Cuevas de Mogao Turfán Jotán 2 Kashgar Pamir pasos de 4.000+ m 3 Samarcanda centro sogdiano Merv 4 Mediterráneo Antioquía Constantinopla Ctesifonte 5 hacia el oeste seda, papel, laca, porcelana hacia el este caballos, vidrio, plata, vino en ambos sentidos budismo, islam, papel, peste Pocos viajeros hacían todo el camino; la seda, la fe y la peste sí.
Fig. 70 · Las rutas de la seda. Rutas comerciales que unieron el mundo
Parte VIII

El nacimiento del mundo moderno

De los castillos a la aldea global.

Capítulo 71 · Parte VIII

El mundo medieval

La Edad Media se extiende aproximadamente desde la caída del Imperio romano de Occidente, en 476, hasta alrededor de 1500. Autores posteriores la llamaron época oscura, un lúgubre paréntesis entre la gloria de Roma y el Renacimiento. Quienes la vivieron la veían de otro modo. En esos mil años, Europa levantó sus catedrales, fundó sus primeras universidades en Bolonia, París y Oxford, e inventó el reloj mecánico.

La sociedad descansaba sobre la tierra. Con el feudalismo, el rey concedía fincas a los grandes señores a cambio de lealtad y soldados. Los señores cedían a su vez tierras a caballeros obligados a prestar servicio militar, y abajo del todo trabajaban los campesinos. Muchos eran siervos, atados al señorío de su amo: cultivaban sus campos además de sus propias parcelas y no podían marcharse sin permiso. Más que una pirámide ordenada era una maraña de promesas, pero el principio se mantenía: la tierra bajaba y el servicio subía.

El poder necesitaba murallas. Tras la conquista normanda de Inglaterra en 1066, los seguidores de Guillermo el Conquistador levantaron a toda prisa castillos de mota, una torre de madera sobre un montículo de tierra que dominaba un patio cercado. En un siglo, muchos se convirtieron en torres del homenaje de piedra. A finales del siglo XIII, los castillos de Eduardo I en Gales, como Beaumaris y Harlech, tenían anillos concéntricos de murallas: el atacante que superaba uno se topaba con otro.

La Iglesia era el otro gran poder. Los monasterios que seguían la Regla de san Benito, escrita hacia 530, repartían el día entre oración, trabajo y estudio. En sus escritorios, los monjes copiaban textos a mano sobre pergamino y preservaban el saber latino; una Biblia grande podía requerir las pieles de cientos de animales. Los monasterios también gestionaban hospitales, escuelas, granjas y cervecerías.

¿Sabías que…? Las personas cultas de la Edad Media sabían que la Tierra es redonda. La idea de que creían en una Tierra plana es un mito difundido en el siglo XIX.

Después llegó la catástrofe. La peste negra alcanzó Europa en 1347, probablemente a bordo de barcos procedentes del mar Negro. La bacteria Yersinia pestis, transmitida por pulgas, mató a entre un tercio y la mitad de los europeos en unos cuatro años. Los campos quedaron sin cultivar y escaseó la mano de obra, así que los supervivientes exigieron mejores salarios. Cuando los gobernantes intentaron congelarlos, estalló la ira, como en la revuelta campesina inglesa de 1381. Los viejos lazos de la servidumbre se fueron aflojando. La peste que vació las aldeas ayudó también a acabar con el mundo feudal.

La tierra bajaba, el servicio subía EUROPA FEUDAL · c. 900–1350 1 Campesinos y siervos mayoría · cultivan 2 Caballeros feudo · deben servicio 3 Señores y barones fincas, castillos 4 El rey da tierras · va a la guerra concede tierras servicio 5 La Iglesia diezmo: una décima parte monasterios · escuelas Casi todos estaban en la base; cada nivel debía algo al de arriba.
Fig. 71 · El mundo medieval. Castillos, monasterios y peste
Capítulo 72 · Parte VIII

La Edad de Oro islámica

En 762, el califa abasí al-Mansur fundó una nueva capital a orillas del Tigris. Bagdad se trazó como un gran círculo y en pocas décadas fue una de las mayores ciudades del mundo, cruce comercial entre China, la India, Persia y el Mediterráneo. Aproximadamente entre los siglos VIII y XIII, sabios de todo el mundo islámico la convirtieron en un centro del saber sin igual.

Su símbolo era la Casa de la Sabiduría, la Bayt al-Hikma, una biblioteca real que floreció con los califas Harún al-Rashid y su hijo al-Mamún, que reinó de 813 a 833. Impulsó un enorme movimiento de traducción. Las obras de Aristóteles, Euclides, Ptolomeo y el médico Galeno se vertieron al árabe, a menudo a través del siríaco, junto con historias persas y matemáticas indias. El mejor traductor, Hunayn ibn Ishaq, era cristiano: estudiosos de varias religiones trabajaban codo con codo.

Un material nuevo lo hizo posible. La fabricación de papel llegó de China al mundo islámico en el siglo VIII, y Bagdad tenía un molino papelero en la década de 790. El papel era mucho más barato que el pergamino, de modo que los libros se multiplicaron y los mercados de libreros llenaron las calles.

La traducción pronto se transformó en invención. Hacia 820, al-Juarismi escribió un libro sobre la resolución de ecuaciones cuyo título nos dio la palabra álgebra, de al-yabr, «restauración». Su propio nombre, latinizado, se convirtió en la palabra algoritmo. También ayudó a difundir los números decimales indios, con su cero, que Europa llamó después números arábigos. En El Cairo, Ibn al-Haytham (h. 965-1040) puso a prueba sus ideas sobre la luz con experimentos minuciosos y demostró que vemos porque la luz entra en el ojo, no porque el ojo emita rayos. En Persia, Ibn Sina, el Avicena de los europeos, terminó su Canon de medicina en 1025; se enseñó en las universidades europeas durante unos quinientos años.

¿Sabías que…? Muchas estrellas brillantes aún llevan nombres árabes, entre ellas Aldebarán, Altair, Deneb y Betelgeuse.

El saber viajó hacia el oeste a través de la España musulmana. La biblioteca de Córdoba era famosa en toda Europa, y después de que los cristianos tomaran Toledo en 1085, los estudiosos de la ciudad tradujeron libros árabes al latín, alimentando las universidades medievales y, más tarde, el Renacimiento.

La Edad de Oro no terminó de golpe, pero una fecha destaca. En 1258, los ejércitos mongoles saquearon Bagdad y destruyeron sus bibliotecas; los cronistas escribieron que el Tigris bajó negro de tinta. Para entonces, sus ideas ya habían recorrido el mundo.

Todos los caminos del saber llevaban a Bagdad Mediterráneo c. 750–1258 · EL MUNDO ABASÍ Y MÁS ALLÁ Textos griegos Aristóteles · Euclides · Galeno vía el siríaco 1 Samarcanda papel de China Persia astronomía India numerales · cero 2 Bagdad Casa de la Sabiduría fundada en 762 al-Mamún r. 813–833 3 al-Juarismi álgebra · c. 820 Ibn al-Haytham óptica · El Cairo Avicena Canon · 1025 4 Toledo traducciones al latín Córdoba gran biblioteca Europa latina universidades 5 Traducido en Bagdad, mejorado en el islam, transmitido a Europa.
Fig. 72 · La Edad de Oro islámica. La Casa de la Sabiduría de Bagdad
Capítulo 73 · Parte VIII

El Renacimiento

Renacimiento significa «volver a nacer». La idea surgió entre eruditos italianos de los siglos XIV y XV convencidos de que el saber de la antigua Grecia y Roma se había perdido y debía revivirse. El poeta Petrarca rebuscaba en las bibliotecas de los monasterios textos latinos olvidados, y sus seguidores, los humanistas, estudiaban gramática, historia, poesía y ética: materias sobre la vida humana y no solo sobre Dios.

El movimiento arraigó en Florencia, rica ciudad de banqueros y comerciantes de lana. La familia Médici, banqueros del papa, gastaba a manos llenas en arte y erudición, y los gremios rivales competían por decorar las iglesias. Hacia 1415, el arquitecto Filippo Brunelleschi demostró la perspectiva lineal, un método geométrico para dar profundidad a una imagen plana, con líneas que convergen en un punto de fuga. Después coronó la catedral de Florencia con una cúpula construida sin el habitual andamiaje de madera por debajo, terminada en 1436. Sigue siendo la mayor cúpula de ladrillo del mundo.

Los artistas se volvieron célebres. Leonardo da Vinci (1452-1519) pintó la Mona Lisa, comenzada hacia 1503, y llenó cuadernos de estudios sobre anatomía, el vuelo y el agua, escritos en escritura especular. Miguel Ángel esculpió su David de mármol, de más de cinco metros de altura, entre 1501 y 1504, y luego pintó el techo de la Capilla Sixtina de 1508 a 1512. La leyenda dice que lo hizo tumbado boca arriba; en realidad pintaba de pie sobre un andamio, mirando hacia arriba con el cuello torcido. La escuela de Atenas de Rafael reunió a los grandes filósofos de la Antigüedad en una sala imaginaria.

¿Sabías que…? El David de Miguel Ángel se talló en un alto bloque de mármol que otros escultores habían empezado y abandonado décadas antes.

Una máquina difundió estas ideas más deprisa que cualquier artista. Hacia 1450, en Maguncia, Johannes Gutenberg desarrolló la imprenta de tipos móviles metálicos, y su Biblia apareció hacia 1455. En 1500 ya funcionaban imprentas en más de doscientas ciudades europeas y se habían impreso millones de libros. Los estudiosos podían comparar ejemplares idénticos, y las ideas nuevas ya no se dejaban contener con facilidad.

El Renacimiento llegó también al norte. Jan van Eyck perfeccionó en Flandes la pintura al óleo, Alberto Durero convirtió en Alemania el grabado en un arte mayor y el erudito Erasmo editó textos clásicos y cristianos para un público lector cada vez mayor. La palabra Renacimiento para toda la época no se popularizó hasta el siglo XIX, pero sus contemporáneos intuían algo nuevo. Aquella época enseñó a Europa a mirar el mundo con ojos nuevos y a dibujarlo en profundidad.

Dos siglos que redibujaron el mundo, en perspectiva ITALIA Y NORTE DE EUROPA · 1340–1560 1350 1400 1450 1500 1550 PRIMER RENACIMIENTO ALTO RENACIMIENTO Humanismo Petrarca busca textos c. 1350, Italia 1 Perspectiva Brunelleschi c. 1415 cúpula 1420–1436 2 Imprenta Gutenberg, Maguncia Biblia c. 1455 3 Alto Renacimiento Mona Lisa c. 1503 Sixtina 1508–1512 4 Leonardo 1452–1519 Miguel Ángel 1475–1564 Rafael 1483–1520 Ponerle nombre Vasari: rinascita Vidas, 1550 5 Un pasado redescubierto, una nueva mirada y una máquina para difundir ambos.
Fig. 73 · El Renacimiento. El renacer del arte y el saber
Capítulo 74 · Parte VIII

La era de los descubrimientos

En el siglo XV, las especias, las sedas y el oro llegaban a Europa a través de largas cadenas de intermediarios. La toma de Constantinopla por los otomanos en 1453 reforzó su control de las rutas comerciales de Oriente. Portugal y España, asomados al borde atlántico de Europa, empezaron a buscar un modo de rodearlas por mar.

Portugal tomó la delantera. El príncipe Enrique, llamado después «el Navegante» aunque rara vez se embarcó, financió desde la década de 1420 viajes a lo largo de la costa africana. Sus capitanes usaban la carabela, un barco pequeño y ágil cuyas velas latinas triangulares le permitían ceñir el viento. Se orientaban con la brújula y calculaban la latitud midiendo la altura del Sol o de la estrella Polar con un cuadrante o un astrolabio. En 1488, Bartolomeu Dias dobló el extremo sur de África, que pasó a llamarse cabo de Buena Esperanza. Diez años después, Vasco da Gama llegaba a Calicut, en la India.

Mientras tanto, Cristóbal Colón, un marino genovés respaldado por Castilla, propuso llegar a Asia navegando hacia el oeste. Pese a la leyenda, los europeos cultos ya sabían que la Tierra es redonda; la discusión era sobre su tamaño, y Colón se equivocaba de lleno. En octubre de 1492 desembarcó en las Bahamas, convencido de estar cerca de Asia. En 1494, el Tratado de Tordesillas repartió las tierras recién halladas entre Castilla y Portugal según una línea trazada en el Atlántico.

El viaje más audaz zarpó en 1519. Fernando de Magallanes dirigió cinco naves españolas hacia el oeste, por el tormentoso estrecho del extremo de Sudamérica que hoy lleva su nombre, y a través de un Pacífico mucho más ancho de lo previsto. Magallanes murió en Filipinas en 1521. Al mando de Juan Sebastián Elcano, la última nave, la Victoria, regresó a duras penas en 1522: fue la primera vuelta al mundo.

¿Sabías que…? La flota de Magallanes salió de España con cinco barcos y unos 250 hombres. Solo un barco y 18 hombres completaron la primera vuelta al mundo.

Las consecuencias fueron inmensas. En el intercambio colombino, la patata, el maíz, el tomate y el chocolate llegaron a Europa y Asia, mientras que caballos, trigo y ganado viajaron al oeste. También la viruela, el sarampión y la gripe, que mataron a una gran parte de los pueblos indígenas de América, sin inmunidad frente a ellas. Los conquistadores españoles derribaron los imperios azteca e inca, y las potencias europeas trasladaron a través del Atlántico a unos 12 millones de africanos esclavizados en los siglos siguientes.

Los mapas se llenaron y los océanos se volvieron autopistas. Para bien y, sobre todo, para mal, los continentes quedaron unidos para siempre.

Treinta y cuatro años que unieron los océanos NORTEAMÉRICA SUDAM. EUROPA ÁFRICA ASIA ATLÁNTICO OCÉANO ÍNDICO PACÍFICO PACÍFICO Lisboa 1 Lisboa zarpan carabelas 2 Dias Cabo 1488 3 Colón Bahamas 1492 4 da Gama India 1498 regreso 1522 5 Magallanes 1519–1522 Las rutas oceánicas se volvieron autopistas, y los continentes quedaron unidos.
Fig. 74 · La era de los descubrimientos. Barcos, mapas y nuevos mundos
Capítulo 75 · Parte VIII

La Revolución Científica

Durante dos mil años, los europeos cultos confiaron sobre todo en las autoridades antiguas. Aristóteles explicaba el movimiento, Ptolomeo situaba la Tierra en el centro de los cielos y Galeno describía el cuerpo. Entre 1543 y 1687, aproximadamente, se impuso una idea nueva: el conocimiento debía surgir de la observación atenta, la medición y el experimento, escritos en el lenguaje de las matemáticas.

El primer disparo sonó en 1543, cuando Nicolás Copérnico publicó Sobre las revoluciones de las esferas celestes, que colocaba en el centro al Sol y no a la Tierra. Ese mismo año, Andrés Vesalio publicó una anatomía ricamente ilustrada, basada en sus propias disecciones, que corregía muchos errores de Galeno. El astrónomo danés Tycho Brahe midió después la posición de los planetas con más precisión que nadie antes, sin telescopio. Su ayudante Johannes Kepler usó esos registros para demostrar, en 1609, que los planetas describen elipses y no círculos perfectos.

Ese mismo año, Galileo Galilei apuntó al cielo un telescopio mejorado. Vio montañas en la Luna, las fases de Venus y, en enero de 1610, cuatro lunas girando alrededor de Júpiter: la prueba de que no todo giraba en torno a la Tierra. Galileo estudió también la caída de los cuerpos y el rodar de las bolas, y mostró que el movimiento podía describirse con números. La famosa historia de los pesos arrojados desde la torre inclinada de Pisa quizá nunca ocurrió. Su defensa de Copérnico le valió un juicio ante la Inquisición en 1633, y pasó sus últimos años bajo arresto domiciliario.

Otros trabajaron en el método. Francis Bacon instó a los científicos a construir el conocimiento con experimentos pacientes. En Inglaterra, William Harvey demostró en 1628 que el corazón bombea la sangre por el cuerpo en un circuito, y el libro de Robert Hooke sobre el microscopio, Micrographia (1665), bautizó la célula. Las sociedades científicas, como la Royal Society de Londres, fundada en 1660, permitieron a los investigadores compartir y comprobar sus resultados.

¿Sabías que…? El lema de la Royal Society, Nullius in verba, significa más o menos «no te fíes de la palabra de nadie».

La gran síntesis llegó con Isaac Newton. Sus Principia, publicados en 1687, enunciaban tres leyes del movimiento y una ley de la gravitación universal. La misma fuerza que hace caer una manzana, demostró Newton, mantiene a la Luna en órbita y a los planetas en las elipses de Kepler. El cielo y la Tierra obedecían las mismas reglas, y esas reglas podían calcularse.

El legado más profundo no fue un descubrimiento concreto, sino el método en sí: preguntar, medir, comprobar y compartir. La ciencia había aprendido a revisar su propio trabajo.

Muchos hilos, un nudo: el camino a los Principia Copérnico el Sol en el centro 1543 Vesalio anatomía por disección 1543 1 Tycho Brahe datos estelares precisos sin telescopio Kepler órbitas elípticas 1609 2 Galileo lunas de Júpiter 1610 · cinemática 3 Bacon primero, el experimento Novum Organum 1620 Harvey la sangre circula 1628 Royal Society Londres, 1660 Nullius in verba 4 Newton, Principia 3 leyes del movimiento gravedad · 1687 5 manzana y Luna, una ley Cielo y Tierra obedecían las mismas reglas calculables.
Fig. 75 · La Revolución Científica. Una nueva forma de conocer
Capítulo 76 · Parte VIII

La Revolución Industrial

Durante casi toda la historia, casi todo se fabricó a mano y se movió con músculos, viento o agua. A partir de 1760, aproximadamente, y primero en Gran Bretaña, eso empezó a cambiar. La Revolución Industrial trasladó el trabajo de las casas y los talleres a las máquinas y las fábricas, alimentadas con carbón.

Gran Bretaña reunía una feliz combinación de ingredientes: carbón y mineral de hierro abundantes, ríos y canales para el transporte, comerciantes con dinero para invertir, un imperio creciente que suministraba algodón en bruto y un sistema de patentes que premiaba a los inventores. El textil fue el primero. La spinning jenny de James Hargreaves (h. 1764) permitía a una sola persona hilar muchos hilos a la vez. La water frame de Richard Arkwright movía los husos con una rueda hidráulica, y en 1771 abrió una hilandería en Cromford, en Derbyshire, considerada a menudo la primera fábrica moderna. Ahora eran los obreros quienes acudían a la máquina y seguían su horario, marcado por una campana.

El gran motor del cambio fue el vapor. La máquina de Thomas Newcomen, de 1712, achicaba agua de las minas pero desperdiciaba casi todo su combustible, porque su único cilindro se calentaba y enfriaba en cada embolada. En 1769, James Watt patentó un condensador separado, donde el vapor se enfriaba en su propia cámara mientras el cilindro seguía caliente. Sus máquinas gastaban mucho menos carbón y, con engranajes, podían hacer girar ruedas además de bombear. En el siglo XIX, el vapor movía hilanderías, fundiciones y barcos.

¿Sabías que…? James Watt acuñó la unidad caballo de potencia para mostrar a sus clientes cuántos caballos podía sustituir una de sus máquinas.

Después llegó el ferrocarril. La línea Stockton-Darlington se abrió en 1825, y la locomotora Rocket de George y Robert Stephenson ganó las pruebas de Rainhill en 1829, antes de inaugurarse la línea Liverpool-Mánchester en 1830. Un viaje que en diligencia duraba días pasó a durar horas. Carbón, algodón, pescado y periódicos llegaban rápidamente a todo el país, y Gran Bretaña adoptó incluso una «hora del ferrocarril» única.

La gente siguió al empleo. Mánchester, apodada Cottonopolis, pasó de villa con mercado a ciudad humeante de hilanderías. En 1851, más de la mitad de la población británica vivía en ciudades, el primer país grande en alcanzar ese umbral. Las condiciones solían ser terribles: jornadas larguísimas, trabajo infantil, viviendas abarrotadas y agua contaminada que propagaba el cólera. Los reformistas reaccionaron, y leyes como la Factory Act de 1833 empezaron a limitar las horas de trabajo de los niños.

La industria se extendió a Bélgica, Alemania, Estados Unidos y Japón. La riqueza y la producción crecieron como nunca, junto con nuevos problemas de contaminación y desigualdad. Desde entonces, el mundo funciona a base de motores.

Dentro de la máquina de Watt: entra carbón, sale movimiento MÁQUINA DE BALANCÍN BOULTON & WATT · c. 1785 · CORTE vapor agua 1 Caldera fuego de carbón 2 Cilindro pistón y vástago agua fría Condensador separado patente de Watt, 1769 3 4 Balancín pivota sobre un pilar 5 Volante mueve los ejes del molino Enfría el vapor aparte, mantén el cilindro caliente y ahorra casi todo el carbón.
Fig. 76 · La Revolución Industrial. Fábricas, carbón y ciudades
Capítulo 77 · Parte VIII

Revoluciones y derechos

A finales del siglo XVIII, una idea poderosa saltó de los libros a las calles: las personas tienen derechos naturales, y los gobiernos existen para protegerlos. Filósofos como John Locke sostenían que los gobernantes mandan con el consentimiento de los gobernados. En pocas décadas, ese argumento derribó a un rey y creó naciones nuevas.

El primer golpe llegó en Norteamérica. Trece colonias británicas, indignadas por los impuestos de un Parlamento en el que no tenían escaños, declararon la independencia el 4 de julio de 1776. La Declaración de Independencia de Thomas Jefferson proclamaba que «todos los hombres son creados iguales». Tras una guerra que duró hasta 1783, los nuevos Estados Unidos redactaron una Constitución en 1787 y añadieron en 1791 una Carta de Derechos que protegía la libertad de expresión y de religión. Sin embargo, las bellas palabras no valían para todos: el propio Jefferson esclavizó a cientos de personas, y la esclavitud duró en Estados Unidos hasta 1865.

Francia fue la siguiente. Arruinados y hambrientos, los parisinos asaltaron la fortaleza de la Bastilla el 14 de julio de 1789. En agosto, la Asamblea Nacional aprobó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, que afirmaba que los hombres nacen libres e iguales en derechos. La monarquía fue abolida en 1792 y el rey Luis XVI fue guillotinado en enero de 1793. La Revolución devoró luego a sus propios hijos durante el Terror de 1793-1794, hasta que Napoleón Bonaparte tomó el poder en 1799.

¿Sabías que…? Cuando la multitud asaltó la Bastilla en 1789, solo encontró siete presos en su interior.

La revolución más radical tuvo lugar en la colonia francesa de Saint-Domingue. Los africanos esclavizados se sublevaron en 1791, dirigidos con el tiempo por Toussaint Louverture, y en 1804 fundaron Haití, la primera nación creada por personas que se habían liberado a sí mismas de la esclavitud. Gran Bretaña abolió su trata de esclavos en 1807 y la esclavitud en la mayor parte de su imperio en 1833.

Aún había que ampliar los derechos, grupo a grupo. La Reform Act británica de 1832 dio el voto a más hombres, pero la mayoría seguía sin tenerlo. Las defensoras del sufragio femenino marcharon, recogieron firmas y, en el caso de las sufragistas británicas, rompieron escaparates y fueron a la cárcel. En 1893, Nueva Zelanda se convirtió en el primer país autónomo que permitió votar a las mujeres en elecciones nacionales. Las británicas mayores de 30 años lo lograron en 1918, y en igualdad con los hombres en 1928; las estadounidenses, en 1920.

Tras los horrores de la Segunda Guerra Mundial, las Naciones Unidas aprobaron la Declaración Universal de los Derechos Humanos el 10 de diciembre de 1948. Las ideas de 1776 y 1789 se habían convertido en una promesa para todos, que aún se sigue cumpliendo.

Una escalera de derechos, peldaño a peldaño 1776–1948 · QUIÉN GANÓ DERECHOS, Y CUÁNDO Independencia EE. UU. · 1776 Bill of Rights 1791 + colonos 1 D. del Hombre Francia · 1789 cae la Bastilla + ciudadanos 2 República 1792 Abolición Haití · 1804 R. Unido, 1833 + esclavizados 3 EE. UU., 1865 guía Louverture Voto femenino N. Zelanda · 1893 R. Unido 1918, 1928 + mujeres 4 EE. UU. 1920 Francia 1944 DD. HH. ONU · 1948 todas las personas + todos 5 10 dic 1948 30 artículos París, Chaillot más derechos Cada paso se ganó luchando; la promesa de 1776 es hoy de todos.
Fig. 77 · Revoluciones y derechos. América, Francia y el voto
Capítulo 78 · Parte VIII

Las guerras mundiales

En la primera mitad del siglo XX, dos guerras envolvieron buena parte del planeta. Juntas mataron quizá a 90 millones de personas o más, volvieron a dibujar el mapa del mundo y cambiaron la forma en que las naciones combaten, gobiernan y recuerdan.

La Primera Guerra Mundial empezó con un asesinato. El 28 de junio de 1914, un joven serbobosnio mató a tiros en Sarajevo al archiduque Francisco Fernando, heredero del trono austrohúngaro. En pocas semanas, una red de alianzas arrastró a las grandes potencias: Alemania y Austria-Hungría contra Francia, Rusia y Gran Bretaña, a las que se unieron después Italia y, en 1917, Estados Unidos. En el frente occidental, desde el canal de la Mancha hasta Suiza, los ejércitos se atrincheraron. Ametralladoras, alambre de espino y artillería hacían de cada ataque un suicidio. El primer día de la batalla del Somme, el 1 de julio de 1916, el ejército británico sufrió unas 57 000 bajas, el día más sangriento de su historia. Tanques, gases tóxicos y aviones debutaron en el campo de batalla. Los cañones callaron a las 11 en punto del 11 de noviembre de 1918.

¿Sabías que…? En la Navidad de 1914, soldados de algunos tramos del frente occidental pactaron treguas no oficiales e intercambiaron comida y recuerdos en tierra de nadie.

La paz no duró. El Tratado de Versalles de 1919 culpó a Alemania, le exigió reparaciones y la despojó de territorios. La crisis económica posterior a 1929 ayudó al partido nazi de Adolf Hitler a llegar al poder en 1933. Alemania se rearmó y se expandió, y el 1 de septiembre de 1939 invadió Polonia. Gran Bretaña y Francia le declararon la guerra dos días después.

La Segunda Guerra Mundial fue aún más amplia. En 1941, las fuerzas alemanas dominaban gran parte de Europa, pero Gran Bretaña resistió en la batalla de Inglaterra. En junio de 1941, Alemania invadió la Unión Soviética y, en diciembre, Japón atacó la base estadounidense de Pearl Harbor, lo que metió a Estados Unidos en la guerra. El rumbo cambió en Stalingrado, donde un ejército alemán se rindió en febrero de 1943, y en el Día D, el 6 de junio de 1944, cuando las tropas aliadas desembarcaron en Normandía. Tras las líneas, los nazis asesinaron a unos seis millones de judíos en el Holocausto, además de gitanos, personas con discapacidad y muchos otros. Alemania se rindió en mayo de 1945. Después de que las bombas atómicas estadounidenses destruyeran Hiroshima y Nagasaki en agosto, Japón también se rindió.

En la Segunda Guerra Mundial murieron entre 70 y 85 millones de personas, en su mayoría civiles. De las ruinas surgieron las Naciones Unidas, fundadas en octubre de 1945, nuevas fronteras y un mundo dominado por dos superpotencias. Las guerras dejaron monumentos en casi todos los pueblos y la determinación de no repetirlas jamás.

Dos guerras, a una generación de distancia 1910 1925 1930 1935 1950 IGM IIGM 1914–1945 · CRONOLOGÍA Y COSTE HUMANO Sarajevo 28 de junio de 1914 1 Frente occidental Somme, 1 jul 1916 Armisticio 11.11.1918 2 Versalles 1919 Crac de 1929 Hitler 1933 Polonia 1 sept 1939 3 Del Día D a la rendición Normandía 6 jun 1944 Europa may · Japón ago 1945 4 MUERTOS, MILLONES (EST.) Primera Guerra Mundial c. 15–20 M Segunda Guerra Mundial c. 70–85 M 0 20 40 60 80 5 La segunda guerra mató varias veces más, sobre todo a civiles.
Fig. 78 · Las guerras mundiales. Dos conflictos globales
Capítulo 79 · Parte VIII

La Guerra Fría

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, dos vencedores quedaron frente a frente sobre una Europa en ruinas. Estados Unidos, capitalista y democrático, y la Unión Soviética, comunista y gobernada por un partido único, se convirtieron en superpotencias. Aproximadamente de 1947 a 1991 compitieron por la influencia en todos los rincones del planeta. Se llamó Guerra Fría porque los dos bandos nunca lucharon directamente entre sí; el peligro era que llegaran a hacerlo.

En 1946, Winston Churchill advirtió que había caído un «telón de acero» sobre Europa. Alemania quedó dividida y, cuando los soviéticos bloquearon Berlín Occidental en 1948, aviones estadounidenses y británicos llevaron alimentos y carbón durante casi un año. En 1949, los aliados occidentales crearon la OTAN y la Unión Soviética probó su primera bomba atómica. El Pacto de Varsovia llegó en 1955. Ambos bandos fabricaron miles de armas nucleares. Su frágil equilibrio recibió el nombre de MAD, destrucción mutua asegurada: nadie se atrevía a atacar primero porque ambos serían aniquilados.

¿Sabías que…? El Muro de Berlín se abrió en parte por error. El 9 de noviembre de 1989, un funcionario de Alemania Oriental anunció nuevas normas de viaje con efecto «inmediato», y las multitudes corrieron a los pasos fronterizos.

La rivalidad llegó al espacio. El 4 de octubre de 1957, la Unión Soviética lanzó el Sputnik 1, una esfera metálica del tamaño de un balón de playa que emitía pitidos: el primer satélite artificial. El 12 de abril de 1961, Yuri Gagarin fue el primer ser humano en el espacio y dio una vuelta a la Tierra en 108 minutos. El presidente John F. Kennedy respondió prometiendo llevar a un hombre a la Luna antes del fin de la década. El 20 de julio de 1969, Neil Armstrong y Buzz Aldrin, del Apolo 11, caminaron sobre la superficie lunar mientras cientos de millones de personas lo veían por televisión.

En la Tierra, el peligro alcanzó su punto álgido en octubre de 1962. Aviones espía estadounidenses descubrieron misiles nucleares soviéticos en Cuba, a solo 150 kilómetros de Florida. Durante trece días, el mundo estuvo al borde de la guerra nuclear, hasta que Jruschov aceptó retirar los misiles y Estados Unidos retiró discretamente los suyos de Turquía. En otros lugares, la Guerra Fría fue muy caliente, con guerras subsidiarias en Corea, Vietnam y Afganistán, donde murieron millones de personas.

El final llegó antes de lo que nadie esperaba. Las reformas de Mijaíl Gorbachov a partir de 1985 aflojaron el control, y en 1989 revoluciones pacíficas recorrieron Europa del Este. El 9 de noviembre se abrió el Muro de Berlín, levantado en 1961. Alemania se reunificó en 1990 y, el 26 de diciembre de 1991, la Unión Soviética se disolvió. Las superpotencias habían competido hasta la Luna y acumulado armas durante décadas, y la guerra terminó sin que llegaran a dispararse ni una sola vez.

Dos superpotencias, dos carriles, casi un choque EE. UU. y la OTAN URSS P. de Varsovia 1945 1955 1965 1975 1985 1991 OTAN abril 1949 bomba A soviética 1949 P. de Varsovia mayo 1955 1 Sputnik 1 4 oct 1957 2 Muro de Berlín 1961–1989 Gagarin 12 abr 1961 3 Crisis de los misiles 13 días · oct 1962 4 Apolo 11 20 jul 1969 Se disuelve la URSS 26 dic 1991 Cae el Muro 9.11.1989 5 Cuarenta años al borde, y nunca se dispararon el uno al otro.
Fig. 79 · La Guerra Fría. Superpotencias y carrera espacial
Capítulo 80 · Parte VIII

La era global

En 1950 había en la Tierra unos 2500 millones de personas. En noviembre de 2022, las Naciones Unidas celebraron la llegada de la persona número ocho mil millones. Nunca tanta gente había vivido tan estrechamente conectada por el comercio, los viajes y la información. Es la era global, y sus raíces están en las decisiones tomadas después de 1945.

Los vencedores de la Segunda Guerra Mundial crearon instituciones para evitar otra catástrofe. Las Naciones Unidas se fundaron en 1945, y los acuerdos de Bretton Woods de 1944 crearon el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. En las décadas siguientes bajaron los aranceles y el comercio se disparó. En Europa, antiguos enemigos pusieron en común su carbón y su acero en 1951, el primer paso hacia la actual Unión Europea.

Algunos de los mayores cambios cupieron en una caja. En 1956, el empresario estadounidense del transporte por carretera Malcom McLean envió un antiguo petrolero, el Ideal X, de Nueva Jersey a Texas con 58 contenedores metálicos. El contenedor permitía pasar las mercancías directamente del barco al camión y al tren sin desembalarlas, lo que abarató enormemente el transporte. Hoy los barcos llevan la mayor parte de los bienes que se comercian en el mundo, y unas zapatillas pueden diseñarse en un país, fabricarse en otro y venderse en otros cien.

¿Sabías que…? El Ideal X transportó 58 contenedores en 1956. Los mayores portacontenedores actuales cargan más de 24 000.

La gente también empezó a moverse más deprisa. Los aviones de pasajeros a reacción, como el Boeing 707, que entró en servicio en 1958, hicieron rutinarios los viajes intercontinentales. Los satélites retransmitían la televisión a todo el mundo y, en 1969, ARPANET conectó sus primeros ordenadores en Estados Unidos. En 1989, el científico británico Tim Berners-Lee, que trabajaba en el CERN, propuso la World Wide Web, abierta al público a principios de los años noventa. El teléfono inteligente, popularizado a partir de 2007, metió la web en miles de millones de bolsillos, y hoy más de cinco mil millones de personas usan internet.

El pensador canadiense Marshall McLuhan ya había predicho una aldea global en los años sesenta. La conexión ha traído enormes beneficios: cientos de millones de personas han salido de la pobreza extrema, sobre todo en China y la India, y la esperanza de vida ha aumentado en todo el mundo. Pero también propaga deprisa los problemas. La crisis financiera de 2008 y la pandemia de COVID-19 en 2020 recorrieron el planeta en cuestión de semanas, y el dióxido de carbono de la industria y el transporte está calentando todo el clima, algo que los países se comprometieron a combatir con el Acuerdo de París de 2015.

Cada producto, cada idea y cada germen tienen ya pasaporte. La historia del mundo moderno termina, por ahora, en un único planeta abarrotado y conectado.

Más gente, cada vez más conectada POBLACIÓN MUNDIAL, MILLONES (ONU) 2.500 M 1950 Naciones Unidas fundada 1945 1 4.100 M 1975 contenedores 1956 era del reactor 1958 2 6.100 M 2000 se abre la web inicios de los 90 3 conectados c. 5.500 M 8.000 M 2022 smartphones más de 5.000 M en línea 4 En una vida el mundo se triplicó con creces, y casi todo se conectó.
Fig. 80 · La era global. Un planeta conectado
Parte IX

Artes y cultura

Cómo los seres humanos dan sentido al mundo.

Capítulo 81 · Parte IX

Las lenguas

Ahora mismo, en algún lugar del mundo, se hablan, se signan o se susurran unas siete mil lenguas distintas. Ethnologue, el catálogo de referencia, enumera algo más de 7100. No están repartidas por igual. Cerca de la mitad de la humanidad habla alguna de apenas un par de docenas de grandes lenguas, mientras que miles de otras tienen menos de 10 000 hablantes cada una. Solo Papúa Nueva Guinea, un país de unos diez millones de habitantes, alberga unas 840.

Todas las lenguas se construyen con la misma maquinaria por capas. En la base están los sonidos, o fonemas: el rotokas, hablado en la isla de Bougainville, se las arregla con unos once, mientras que algunas lenguas del sur de África usan más de cien, muchos de ellos chasquidos. Los sonidos forman palabras, las palabras forman frases según las reglas de la gramática, y toda la estructura transmite significado. Las lenguas de signos, que son unas 300, hacen exactamente lo mismo con las manos, el rostro y el espacio. Son lenguas completas, no versiones mímicas de las orales.

Como las especies, las lenguas tienen árboles genealógicos. En 1786, el juez británico sir William Jones, que estudiaba sánscrito en Calcuta, advirtió que se parecía demasiado al griego y al latín como para ser casualidad. Las tres, sugirió, procedían de una fuente común. Esa fuente se llama hoy protoindoeuropeo, hablado quizá hace seis mil años, probablemente en las estepas al norte del mar Negro. Entre sus descendientes están el inglés, el hindi, el ruso, el persa y el español, y sus hablantes suman casi la mitad de la población mundial. El parecido familiar aún se oye: el inglés father, el latín pater, el sánscrito pitar, el español padre.

Otras grandes familias son la sinotibetana, a la que pertenece el mandarín, la lengua con más hablantes nativos; la nígero-congoleña, con unas 1500 lenguas, la mayor familia por número; y la austronesia, que se extendió en canoa desde Taiwán hasta Madagascar y la isla de Pascua. Unas pocas lenguas, como el euskera, no tienen parientes conocidos.

¿Sabías que…? El inglés tiene más hablantes en total que ninguna otra lengua, unos 1500 millones, pero la mayoría lo aprendió como segunda lengua.

Los niños adquieren todo esto con una facilidad asombrosa: hacia los cinco años dominan la gramática básica de su lengua materna sin una sola lección. Sin embargo, las lenguas también son frágiles. Aproximadamente el 40 % se considera en peligro, casi siempre porque los niños dejan de aprenderlas cuando una lengua más poderosa se impone en la escuela y en el trabajo. Cuando muere el último hablante fluido, desaparece toda una manera de ordenar el mundo: palabras para las plantas y los vientos de un lugar, reglas de parentesco, canciones y chistes. Una lengua no es solo un código para los pensamientos. Es una biblioteca que existe únicamente mientras alguien siga hablando.

Un antepasado perdido, media humanidad hablando Familia indoeuropea Protoindoeuropeo c. 4000 a. C. · estepa póntica 1 Germánicas N. y O. de Europa Inglés Alemán Sueco 2 Itálicas latín, romances Español Francés Italiano Indoiranias Asia del S., Irán Hindi Bengalí Persa 3 Baltoeslavas E. de Europa Ruso Polaco Lituano 4 Helénicas Grecia Griego antiguo Griego moderno Una palabra, cinco ramas cambios fonéticos regulares, no azar father Inglés Vater Alemán pater Latín patēr Griego pitar Sánscrito 5 Otros gigantes: nígero-congolesas c. 1.500 lenguas · austronesias c. 1.250 · sinotibetanas c. 450 Latín, sánscrito e inglés: primos, no extraños.
Fig. 81 · Las lenguas. Siete mil maneras de hablar
Capítulo 82 · Parte IX

La escritura

El habla se desvanece en el instante en que se pronuncia. La escritura es el truco de congelarla en marcas duraderas, y solo se ha inventado desde cero un puñado de veces: en Mesopotamia y Egipto hacia el 3200 a. C., en China hacia el 1200 a. C. y en Mesoamérica durante el primer milenio a. C. Casi todas las demás escrituras, del árabe a las letras de esta página, descienden de esas pocas chispas o se inspiraron en ellas.

La primera escritura no fue poesía, sino contabilidad. En la ciudad sumeria de Uruk, los funcionarios del templo imprimían fichas y luego dibujos en arcilla húmeda para registrar raciones de cebada, ovejas y cerveza. Con los siglos, los dibujos se convirtieron en trazos en forma de cuña hechos con una caña cortada: la escritura cuneiforme, del latín cuneus, «cuña». El gran avance fue el principio del rebus: usar un dibujo por su sonido y no por su significado, como quien dibujara un sol y un dado para escribir «soldado». En cuanto los signos representaron sonidos, la escritura pudo registrar nombres, verbos y, con el tiempo, todo lo que se pudiera decir.

Los jeroglíficos egipcios combinaban ambos métodos: signos fonéticos junto a signos-imagen que aclaraban el sentido. El chino siguió un camino parecido. Sus caracteres, vistos por primera vez en los «huesos oraculares» de la dinastía Shang usados para la adivinación, siguen en uso más de 3000 años después, lo que convierte al chino en el sistema de escritura más antiguo en uso continuo.

La idea que lo cambió todo llegó del Levante. Hacia el 1050 a. C., los fenicios, un pueblo de navegantes y comerciantes, usaban una escritura de solo 22 letras, cada una para una consonante. Con tan pocos signos, casi cualquiera podía aprender a leer. Los griegos la tomaron prestada hacia el 800 a. C. y añadieron letras para las vocales; los romanos adaptaron la versión griega, y hoy el alfabeto latino sirve a cientos de lenguas. El hebreo y el árabe descienden del mismo linaje fenicio, a través del arameo.

¿Sabías que…? La letra A empezó siendo el dibujo de una cabeza de buey. En fenicio se llamaba aleph, «buey», y una A mayúscula puesta del revés todavía deja ver los cuernos.

Algunas escrituras se diseñaron en lugar de evolucionar. En 1443, el rey Sejong de Corea creó el hangul, cuyas letras imitan la posición de la boca y la lengua al producir cada sonido. Otras se perdieron y se recuperaron más tarde. La piedra de Rosetta, hallada en 1799, contenía el mismo decreto en jeroglíficos, en demótico y en griego, y Jean-François Champollion la utilizó para descifrar los jeroglíficos en 1822.

La escritura permitió que las leyes sobrevivieran a los reyes, que la ciencia se acumulara y que los muertos hablaran a los vivos. Cada mensaje que se teclea hoy sigue funcionando con aquel trato de la Edad del Bronce: unas pocas marcas acordadas que ocupan el lugar de una voz.

Cinco chispas, y el buey que se volvió A a. C. d. C. Cuneiforme Uruk · c. 3200 a. C. Jeroglíficos Egipto · c. 3200 a. C. 1 Huesos oraculares Shang · c. 1200 a. C. 2 Fenicio 22 letras · 1050 a. C. 3 Cómo la A tomó su forma cabeza de buey alef · buey Alfabeto griego vocales · c. 800 a. C. 4 alfa arcaica A latina Veintidós letras lograron lo que miles de signos no pudieron. Hangul Corea · 1443 d. C. 5
Fig. 82 · La escritura. Convertir el habla en signos
Capítulo 83 · Parte IX

La literatura

Mucho antes de que nadie escribiera una novela, la gente se sentaba alrededor del fuego a contar historias que había que recordar para sobrevivir. La literatura empieza ahí, en la tradición oral, con poemas construidos sobre el ritmo, la repetición y fórmulas fijas que los hacían más fáciles de memorizar. Cuando llegó la escritura, esas historias estuvieron entre lo primero que los escribas decidieron conservar.

La gran obra literaria más antigua es la Epopeya de Gilgamesh, de Mesopotamia. Hacia el 2100 a. C. ya circulaban poemas sumerios sobre el rey de Uruk, y una versión babilónica posterior, en doce tablillas de arcilla, narra su amistad con el hombre salvaje Enkidu, su dolor por la muerte de este y su búsqueda fallida de la inmortalidad. Incluso contiene un relato del diluvio asombrosamente parecido al de Noé. Las tablillas permanecieron enterradas más de dos mil años, hasta que fueron desenterradas en Nínive en el siglo XIX.

El primer autor cuyo nombre conocemos fue Enheduanna, suma sacerdotisa del dios lunar en Ur hacia el 2300 a. C., que compuso himnos a la diosa Inanna. En Grecia, la Ilíada y la Odisea, atribuidas a Homero, se pusieron por escrito probablemente en el siglo VIII o VII a. C., tras generaciones de recitación oral. La India produjo el inmenso Mahabharata, unas diez veces más largo que las dos epopeyas homéricas juntas. En Japón, hacia el año 1010, Murasaki Shikibu, dama de la corte imperial, escribió La historia de Genji, a menudo considerada la primera novela del mundo. El candidato europeo es Don Quijote, de Miguel de Cervantes, publicado en dos partes en 1605 y 1615.

¿Sabías que…? El primer autor con nombre conocido fue una mujer: Enheduanna, hija del rey Sargón de Acad, compuso sus himnos hace más de 4300 años.

¿Por qué nos atrapan las historias? La mayoría comparte un esqueleto. Un personaje desea algo, un obstáculo se interpone, y la tensión crece hasta que algo tiene que ceder. En 1863, el escritor alemán Gustav Freytag dibujó esa forma como una pirámide para el drama en cinco actos: exposición, acción ascendente, clímax, acción descendente y desenlace. Macbeth, de Shakespeare, encaja a la perfección, desde la profecía de las brujas hasta la muerte del tirano a manos de Macduff. Los psicólogos llaman transporte narrativo a la sensación de ser arrastrado por un relato: durante un rato, el lector ve a través de los ojos de otro.

La imprenta transformó el alcance de la literatura. Tras la aparición de la prensa de Johannes Gutenberg en la década de 1450, los libros se abarataron y la lectura se extendió. Hoy la literatura abarca poesía, teatro, novela, cuento, cómic y guion, en miles de lenguas. Las formas cambian; el núcleo no. Una historia es una manera de ensayar la vida sin riesgo, y de vivir mil vidas dentro de una sola.

Cinco actos, una curva ascendente tensión Acto I Acto II Acto III Acto IV Acto V Gustav Freytag, Die Technik des Dramas, 1863 · ejemplo: Macbeth de Shakespeare Exposición profecía de las brujas 1 Acción ascendente asesinato de Duncan 2 Clímax el fantasma de Banquo 3 Acción descendente escena del sonambulismo 4 Desenlace muere Macbeth 5 Alguien quiere algo, y el precio no deja de subir.
Fig. 83 · La literatura. El poder de las historias
Capítulo 84 · Parte IX

La pintura

Las pinturas más antiguas que se conocen no están sobre lienzo, sino sobre roca. En la isla indonesia de Célebes (Sulawesi), la imagen a tamaño natural de un cerdo verrugoso se ha datado en al menos 45 500 años, y en cuevas desde España hasta Australia aparecen manos en negativo, hechas soplando pigmento alrededor de una mano apoyada en la pared. En Chauvet, Francia, unos pintores dibujaron hace unos 36 000 años leones y rinocerontes, aprovechando los relieves de la roca para sugerir los músculos. En Lascaux, hace unos 17 000 años, cientos de caballos, toros y ciervos echaron a correr por paredes y techos.

Toda pintura, antigua o moderna, es en el fondo lo mismo: un polvo de color, el pigmento, sujeto por un aglutinante pegajoso y extendido sobre una superficie. Los pintores de las cavernas usaban ocre rojo y amarillo, carbón vegetal y manganeso. Los egipcios pintaban con colores minerales sobre yeso. Los artistas medievales molían los pigmentos con yema de huevo para hacer temple, que secaba rápido y conservaba el brillo. Los fresquistas, entre ellos Miguel Ángel en el techo de la Capilla Sixtina, aplicaban el color sobre el enlucido de cal aún húmedo, de modo que pasaba a formar parte del propio muro.

En el Flandes del siglo XV, pintores como Jan van Eyck perfeccionaron la pintura al óleo, pigmento aglutinado con aceite de linaza. Secaba despacio, permitía fundidos perfectos y podía aplicarse en finas veladuras transparentes que hacen brillar los colores como iluminados desde dentro. Un óleo tradicional es un emparedado cuidadosamente construido: un soporte de madera o de lienzo tensado, sellado con cola, cubierto con una imprimación blanca, y encima un dibujo subyacente, una pintura de base y muchas capas de color, según la regla de «graso sobre magro», para que las capas superiores sigan flexibles y no se agrieten. El barniz va al final.

Por la misma época, los artistas italianos dominaron la perspectiva lineal. Filippo Brunelleschi la demostró en Florencia hacia 1415, y Leon Battista Alberti la explicó en 1435: las líneas paralelas se encuentran en un punto de fuga, y una pared plana se convierte en una ventana.

¿Sabías que…? La Mona Lisa no está pintada sobre lienzo. Leonardo la pintó sobre una tabla de madera de álamo.

Algunos colores marcaron por sí solos la historia del arte. El azul ultramar, obtenido del lapislázuli extraído en Afganistán, podía costar más que el oro, así que los pintores lo reservaban para el manto de la Virgen. Las versiones sintéticas baratas llegaron en el siglo XIX, junto con el tubo de pintura plegable de metal, patentado en 1841, que permitió a los impresionistas llevar sus colores al aire libre y pintar la luz cambiante en el momento.

Desde entonces la pintura no ha dejado de romper sus propias reglas, del cubismo a la abstracción y más allá. Pero el gesto básico no ha cambiado desde Célebes: una mano, un color y una superficie, para mostrar cómo es algo, o lo que hace sentir.

Dentro de una pintura al óleo corte en sección lo que ve el espectador capas no a escala 1 Lienzo y cola lino · cola animal 2 Imprimación blanca yeso o blanco de plomo 3 Dibujo subyacente carboncillo · infrarrojo magro graso 4 Capas de pintura pigmento en aceite de linaza graso sobre magro: cada capa superior lleva más aceite y se flexiona sin agrietarse Siete capas, y el espectador solo ve la última. 5 Veladura y barniz transparente · retirable
Fig. 84 · La pintura. De las paredes de las cuevas al lienzo
Capítulo 85 · Parte IX

La arquitectura

Todo edificio responde a tres preguntas, planteadas por el ingeniero romano Vitruvio hace más de 2000 años: ¿se mantendrá en pie?, ¿servirá?, ¿deleitará? Sus términos latinos, firmitas, utilitas y venustas, siguen resumiendo la arquitectura, el arte de crear refugios sólidos, útiles y bellos.

Durante la mayor parte de la historia, la pregunta más difícil fue la primera. La piedra resiste de maravilla el aplastamiento, así que los primeros monumentos se limitaban a apilarla. La Gran Pirámide de Guiza, terminada hacia el 2560 a. C. para el faraón Keops, medía unos 146 metros de altura y contiene unos 2,3 millones de bloques. Los templos griegos como el Partenón, terminado en el 432 a. C., usaban el sistema de poste y dintel: columnas que sostienen vigas horizontales. Las vigas de piedra se parten si salvan demasiada distancia, y por eso los templos griegos son bosques de columnas.

Los romanos superaron ese límite con el arco, que convierte el peso de un muro en un empuje que se transmite a lo largo de una curva, y con el hormigón. El Panteón de Roma, reconstruido hacia el año 125 d. C., tiene una cúpula de 43 metros de diámetro con un orificio de 9 metros en lo alto, el óculo. Casi 1900 años después, sigue siendo la mayor cúpula de hormigón sin armar del mundo.

Los constructores góticos medievales llevaron la piedra al límite para mayor gloria de Dios. Arcos apuntados, bóvedas de crucería y arbotantes exteriores bajaban el peso del tejado por fuera de los muros, de modo que los propios muros podían convertirse en pantallas de vidrieras, como en Chartres y en la Sainte-Chapelle de París. Mezquitas, templos y palacios, de Isfahán a Angkor Wat, resolvieron los mismos problemas a su manera, con cúpulas, torres, patios y montañas de piedra tallada.

¿Sabías que…? La Gran Pirámide fue la estructura más alta construida por el ser humano durante unos 3800 años, hasta que la aguja de la catedral de Lincoln la superó hacia 1311.

La Revolución Industrial cambió las reglas. El hierro barato, y después el acero, permitieron que un edificio colgara de un esqueleto en lugar de apoyarse en muros gruesos, y el ascensor de seguridad, presentado por Elisha Otis en 1854, hizo viables los edificios altos. El Home Insurance Building de Chicago, de diez plantas y terminado en 1885, suele considerarse el primer rascacielos. Después llegó el hormigón armado, y modernos como Le Corbusier y Mies van der Rohe eliminaron el ornamento en favor del vidrio, el acero y las plantas abiertas. En 2010, el Burj Khalifa de Dubái se alzó hasta los 828 metros, más que cinco Grandes Pirámides apiladas.

Sin embargo, la arquitectura más importante suele ser la menos famosa: casas, escuelas y mercados, los lugares donde transcurre la vida cotidiana. Hoy los arquitectos se enfrentan a una cuarta pregunta que Vitruvio nunca se hizo: ¿cuánto le costará este edificio al planeta? Las mejores respuestas combinan viejas lecciones, como los muros gruesos, la sombra y la ventilación natural, con materiales nuevos.

Hacia el cielo, a escala 250 M 500 m 750 m 1000 m alturas a escala · 1 px = 3,3 m 146 m 1 Gran Pirámide c. 2560 a. C. 160 m 2 aguja de Lincoln c. 1311 300 m 3 Torre Eiffel 1889 381 m 4 Empire State 1931 828 m 5 Burj Khalifa 2010 La piedra solo se apila; el acero deja al edificio sostenerse en un esqueleto.
Fig. 85 · La arquitectura. Construir para dioses, reyes y pueblos
Capítulo 86 · Parte IX

La música

Todas las culturas humanas conocidas hacen música. No se ha encontrado ninguna sociedad sin canciones para el trabajo, el culto, el duelo o la celebración, y los instrumentos más antiguos que se conservan son asombrosamente remotos: flautas talladas en hueso de ave y marfil de mamut, halladas en cuevas del sur de Alemania, tienen unos 40 000 años.

Físicamente, la música es vibración organizada. Una cuerda pulsada, el parche golpeado de un tambor o una columna de aire en un tubo oscilan y empujan ondas de presión a través del aire hasta el oído. La rapidez de la vibración, o frecuencia, se percibe como altura. El la situado por encima del do central, la nota con la que afinan las orquestas, vibra 440 veces por segundo, es decir, a 440 hercios. El oído humano abarca aproximadamente de 20 a 20 000 hercios.

La relación más importante de la música es la octava. Si se duplica la frecuencia de una nota, el resultado suena como la misma nota, pero más aguda. En parte se debe a que una cuerda que vibra no se mueve de una sola pieza: también vibra por mitades, tercios y cuartos al mismo tiempo, y produce una escalera de armónicos más débiles por encima de la nota principal. Los primeros peldaños de esa escalera dan la octava, con una razón de 2:1, la quinta justa, con 3:2, y la cuarta justa, con 4:3. La tradición atribuye al pensador griego Pitágoras el descubrimiento de estas razones sencillas en una cuerda tensa, y sustentan las escalas de buena parte del mundo. La música occidental divide la octava en 12 semitonos iguales; las tradiciones india y árabe usan otras divisiones, con intervalos más finos.

Sobre esa física se levantan tres capas. El ritmo es la organización de los sonidos en el tiempo en torno a un pulso regular; probablemente es la capa más antigua y aquella a la que el cuerpo responde de forma más directa. La melodía es una sucesión de alturas percibida como una sola línea, una tonada. La armonía surge cuando varias alturas suenan a la vez, desde los acordes sencillos de una canción popular hasta las densas texturas de una sinfonía. Si se añaden el timbre, que distingue un violín de una trompeta tocando la misma nota, y la dinámica, del susurro al rugido, se puede describir cualquier estilo, del gamelán al grime.

¿Sabías que…? La melodía escrita casi completa más antigua es un himno de la antigua ciudad de Ugarit, en la actual Siria, grabado en una tablilla de arcilla hacia el 1400 a. C.

Escribir la música costó mucho más que hacerla. Guido de Arezzo, un monje italiano, popularizó a comienzos del siglo XI un pentagrama de líneas para anotar la altura, y las grabaciones que podían volver a escucharse no llegaron hasta 1877, con el fonógrafo de Thomas Edison. Hasta entonces, cada interpretación existía una sola vez y se esfumaba.

La música pone en marcha a la vez los sistemas cerebrales de la audición, el movimiento, la memoria y la emoción, lo que ayuda a explicar por qué unos compases de una canción pueden devolvernos una década entera. Es matemática que se baila, y su regla más antigua sigue siendo la más sencilla: si se duplica la frecuencia, la nota vuelve a casa.

Cinco notas ocultas en una cuerda armónico cuerda que vibra en bucles intervalo Fundamental 110 Hz · La2 1 Nota base 1 : 1 2.º armónico 220 Hz · La3 2 Octava 2 : 1 3.er armónico 330 Hz · Mi4 3 Quinta justa 3 : 2 4.º armónico 440 Hz · La4 4 La de concierto 4 : 3 · cuarta 5.º armónico 550 Hz · Do#5 5 Tercera mayor 5 : 4 · cerca de Do# Los armónicos 3, 4 y 5 suenan Mi, La y Do#: juntos, un acorde de La mayor Dobla la frecuencia y la nota vuelve a casa, una octava más alta.
Fig. 86 · La música. Ritmo, melodía y armonía
Capítulo 87 · Parte IX

Teatro y cine

El drama quizá sea la forma más antigua de realidad virtual: personas reales que fingen ante otras que aceptan creerlas durante un rato. El teatro nació del rito, la danza y la narración en muchos lugares, pero la tradición occidental se remonta a la Atenas del siglo VI a. C., donde los coros cantaban y bailaban en fiestas en honor del dios Dioniso. Según la tradición, hacia el 534 a. C. un intérprete llamado Tespis salió del coro para hablar como un personaje y se convirtió en el primer actor. Por eso a los actores aún se les llama a veces «tespianos».

Los teatros griegos eran prodigios de ingeniería. Excavados en laderas, tenían una gradería curva, el theatron o «lugar desde donde se mira», frente a una orquestra circular donde bailaba el coro, y detrás un edificio escénico, la skene. El teatro de Epidauro, construido en el siglo IV a. C., tiene capacidad para unas 14 000 personas, y su acústica es famosa: una voz desde la escena llega a las últimas filas sin ninguna amplificación. Esquilo, Sófocles y Eurípides escribieron tragedias sobre dioses, reyes y decisiones terribles; Aristófanes escribió comedias políticas atrevidas. Los actores llevaban máscaras, y todos eran hombres.

Otras culturas crearon sus propias tradiciones. En la India, el Natyashastra, un tratado sánscrito sobre el espectáculo de quizá 2000 años de antigüedad, codificó el gesto, la música y la emoción. En el Japón del siglo XIV, Kan'ami y su hijo Zeami dieron forma al noh, un drama lento y enmascarado que aún se representa, y el más popular kabuki llegó a principios del siglo XVII. En Londres, el Globe abrió sus puertas en 1599, y las obras de Shakespeare atraían desde aprendices que pagaban un penique por estar de pie en el patio hasta nobles en las galerías.

¿Sabías que…? La palabra «escena» procede del griego skene, que significaba tienda o cabaña: el edificio donde los actores griegos se cambiaban de máscara.

El cine añadió un nuevo truco: la ilusión del movimiento. Una cámara capta una serie rápida de fotografías fijas y, cuando se proyectan lo bastante deprisa, el cerebro interpreta las pequeñas diferencias entre ellas como movimiento. Los libros antiguos lo atribuyen a la «persistencia retiniana», pero hoy esa explicación se considera un mito; el efecto procede de los propios sistemas cerebrales de detección del movimiento. El 28 de diciembre de 1895, los hermanos Lumière celebraron una de las primeras proyecciones públicas de pago, en un café de París. El sonido llegó a finales de los años veinte, popularizado por El cantor de jazz en 1927, y fijó la velocidad estándar en 24 fotogramas por segundo. Después vinieron el color, la pantalla ancha, la televisión y el streaming.

El teatro y el cine comparten los mismos ingredientes: una historia, unos intérpretes y un público a oscuras. El teatro ofrece el directo, cada noche un poco distinto. El cine ofrece el primer plano, el montaje y un alcance de miles de millones. Ambos dependen de un pacto tan antiguo como Tespis. Todos saben que es de mentira, y todos aceptan sentirlo de todos modos.

Una máquina de fingir Teatro de Epidauro Grecia · siglo IV a. C. planta, simplificada Orquestra c. 20 m 1 Theatron 55 filas · 14.000 asientos 2 Skené edificio escénico 3 Párodos entrada lateral Párodos entrada lateral 4 Cine 24 fotogramas por segundo Lumière, París, 1895 5 Hecho para que 14.000 personas compartieran una voz.
Fig. 87 · Teatro y cine. Historias en el escenario y en la pantalla
Capítulo 88 · Parte IX

Las religiones del mundo

La mayoría de las personas que viven hoy se identifica con una religión. Según estimaciones del Pew Research Center para 2020, había unos 2300 millones de cristianos, 2000 millones de musulmanes, 1200 millones de hindúes y unos 320 millones de budistas, mientras que alrededor de 1900 millones no tenían afiliación religiosa. Creencias más pequeñas, del judaísmo, con unos 15 millones de fieles, al sijismo, el jainismo, el sintoísmo e innumerables tradiciones populares, aportan su propia riqueza.

A los especialistas les cuesta definir la religión, pero la mayoría de las creencias combinan algunos elementos recurrentes: ideas sobre lo sagrado o la realidad última, ritos como la oración, el ayuno y las fiestas, textos o relatos sagrados, normas éticas y una comunidad que los comparte. Juntos responden a las preguntas humanas más profundas: de dónde venimos, cómo vivir y qué ocurre tras la muerte.

Tres de las mayores religiones, el judaísmo, el cristianismo y el islam, se llaman abrahámicas porque remontan sus raíces al patriarca Abraham y adoran a un único Dios. Las escrituras judías tomaron forma durante el primer milenio a. C. El cristianismo surgió de la vida y las enseñanzas de Jesús de Nazaret en el siglo I d. C. y se extendió por el Imperio romano. El islam nació en Arabia en el siglo VII, cuando Mahoma recibió las revelaciones recogidas en el Corán; su calendario cuenta desde 622, el año en que se trasladó de La Meca a Medina.

El hinduismo no tiene un fundador único. Sus textos más antiguos, los Vedas, se compusieron en sánscrito hace más de 3000 años, y abarca una enorme variedad de dioses, filosofías y prácticas, unidas por ideas como el dharma, el karma y el renacimiento. El budismo comenzó con Siddhartha Gautama, el Buda, que enseñó en el norte de la India hacia el siglo V a. C. que el sufrimiento nace del deseo y puede terminar. Se difundió por las rutas comerciales hasta Sri Lanka, China, Japón y el Tíbet. En el Punyab, Guru Nanak, nacido en 1469, fundó el sijismo, que hoy cuenta con unos 25 millones de fieles.

¿Sabías que…? El país con más musulmanes no está en Oriente Medio: Indonesia tiene más de 230 millones.

La religión ha inspirado buena parte del mejor arte, la arquitectura, la música y el derecho del mundo, de catedrales y mezquitas a los Salmos, además de redes benéficas que alimentan a millones de personas. También se ha visto mezclada con conflictos y con el poder. El mapa no deja de cambiar. El centro de gravedad del cristianismo se ha desplazado hacia el sur, y el África subsahariana tiene ya más cristianos que ninguna otra región; la proporción de personas sin religión ha crecido en Europa, Norteamérica y Asia oriental; y el islam fue la gran religión que más creció en la década anterior a 2020, sobre todo porque las poblaciones musulmanas son jóvenes.

Crea lo que crea cada cual, es imposible entender la historia, la política o la cultura sin entender la fe. Para miles de millones de personas, ordena el calendario, la familia, la comida y el sentido de una vida.

Las religiones del mundo, por fieles 0 0.5 1.0 1.5 2.000 M Cristianos s. I d. C. · Judea 2.300 M · 29 % 1 Musulmanes 610 d. C. · La Meca 2.000 M · 26 % 2 crece más rápido, 2010-20 Fuente: Pew Research Center, estimaciones para 2020 · total c. 8.000 M de personas Tres de cada cuatro personas vivas pertenecen a una fe. Hindúes Vedas c. 1500 a. C. 1.200 M · 15 % 3 Budistas c. s. V a. C. · India 320 M · 4 % 4 Judíos Biblia hebrea · Levante 15 M · 0,2 % Sin religión no afiliados 1.900 M · 24 % 5
Fig. 88 · Las religiones del mundo. Creencias que moldean miles de millones de vidas
Capítulo 89 · Parte IX

Mitos y leyendas

Antes de la ciencia y de la escritura, la gente explicaba el mundo con historias. Los mitos son relatos sagrados sobre los dioses, la creación del mundo y el origen de las cosas: por qué el sol cruza el cielo, por qué morimos, cómo llegó el fuego a los humanos. Las leyendas transcurren en el pasado humano y a menudo se vinculan vagamente con personas o lugares reales, como el rey Arturo o la guerra de Troya. Los cuentos populares, como Cenicienta, se narran sobre todo para maravillar y entretener. Las fronteras son difusas, y una misma historia puede ser las tres cosas.

Algunos temas aparecen casi en todas partes. Los mitos de la creación suelen empezar con el caos o con un huevo. En la tradición china, el gigante Pangu sale de un huevo cósmico y su cuerpo se convierte en el mundo; en la mitología nórdica, los dioses construyen la tierra con el cuerpo del gigante de hielo Ymir; en el Enuma Elish babilónico, el dios Marduk parte en dos al monstruo marino Tiamat para hacer el cielo y la tierra. Los mitos del diluvio van de Mesopotamia, donde Utnapishtim construye un barco en la Epopeya de Gilgamesh, a la India, donde un pez advierte a Manu, y a Grecia, donde Deucalión y Pirra sobreviven al diluvio en un arca de madera. Los embaucadores, ingeniosos transgresores como Loki, la araña Anansi de África occidental o Coyote en muchas tradiciones indígenas norteamericanas, causan problemas y a la vez traen regalos.

Los héroes también siguen patrones. En 1949, el estudioso estadounidense Joseph Campbell sostuvo en El héroe de las mil caras que muchos mitos comparten una misma estructura profunda, el monomito: un héroe abandona el mundo ordinario, entra en un reino de peligros, supera pruebas y una prueba suprema, obtiene un premio y regresa transformado. El héroe griego Teseo navega a Creta, entra en el Laberinto guiado por el hilo de Ariadna, mata al Minotauro y vuelve a casa. George Lucas se inspiró en las ideas de Campbell al escribir La guerra de las galaxias.

¿Sabías que…? Comparando versiones en las lenguas indoeuropeas, algunos investigadores han defendido que el cuento «El herrero y el diablo» podría tener unos 6000 años.

¿Cómo duran tanto las historias? Las culturas orales usaban el ritmo, la repetición y el rito para transmitirlas con un cuidado notable. En Australia, algunos investigadores han defendido que ciertos relatos aborígenes que describen costas anegadas por la subida del mar podrían conservar recuerdos de más de 7000 años. A veces la leyenda encierra historia. En la década de 1870, Heinrich Schliemann excavó en Hisarlik, en Turquía, y halló la ciudad que hoy la mayoría de los arqueólogos identifica con Troya, aunque sigue sin saberse si la guerra de Homero ocurrió tal como se cuenta.

Los mitos no son simplemente ciencia equivocada. Transmiten valores, advertencias e identidades: lo que un pueblo respeta, teme y espera. Por eso vuelven una y otra vez, en novelas de fantasía, películas de superhéroes y videojuegos. Los dioses se han cambiado de vestuario, pero las historias siguen siendo reconocibles.

El círculo del héroe, recorrido por Teseo El monomito Joseph Campbell, 1949 mundo conocido reino desconocido Llamada a la aventura zarpa hacia Creta 1 Umbral entra en el Laberinto 2 Pruebas y aliados el hilo de Ariadna 3 La prueba suprema mata al Minotauro 4 El regreso velas equivocadas 5 Deja el hogar, afronta la oscuridad, vuelve cambiado.
Fig. 89 · Mitos y leyendas. Historias más antiguas que la escritura
Capítulo 90 · Parte IX

Deportes y juegos

El juego es más antiguo que la humanidad. Las crías de muchos animales, de los cachorros de perro a los cuervos, se persiguen, luchan y ruedan sin otro motivo aparente que la diversión, y así practican habilidades que necesitarán. Los seres humanos convirtieron ese instinto en juegos, diversión con reglas, y después en deporte, competiciones físicas con reglas acordadas, récords y, con el tiempo, árbitros. El historiador neerlandés Johan Huizinga abrió su libro de 1938 Homo ludens, «el hombre que juega», con la afirmación de que el juego es más antiguo que la cultura.

Los juegos de tablero están entre los más antiguos. El senet se jugaba en Egipto hace más de 5000 años y luego se depositaba en las tumbas, entre ellas la de Tutankamón. El juego real de Ur, una carrera para dos jugadores, se encontró en tumbas reales de Mesopotamia de hacia el 2600 a. C. El go, juego de territorio con piedras blancas y negras, se juega en China desde hace bastante más de 2000 años. El ajedrez desciende del chaturanga, que se jugaba en la India hacia el siglo VI d. C. y llegó a Europa a través de Persia y del mundo islámico. Su pieza más poderosa, la dama, no adquirió sus amplios movimientos hasta la España del siglo XV.

Las competiciones físicas son igual de antiguas. En las pinturas de las tumbas egipcias aparecen luchadores, y los pueblos de Mesoamérica practicaron durante más de 3000 años un juego de pelota con una bola maciza de caucho en canchas de piedra. Los Juegos Olímpicos antiguos de Olimpia, fechados tradicionalmente en el 776 a. C., honraban a Zeus con carreras a pie, lucha, pugilato y carreras de carros, y se celebraron durante más de mil años. El pedagogo francés Pierre de Coubertin los resucitó en Atenas en 1896.

¿Sabías que…? Las reglas del juego real de Ur las reconstruyó Irving Finkel, conservador del Museo Británico, a partir de una tablilla de arcilla escrita por un escriba babilonio en el 177 a. C.

El deporte moderno se codificó en gran parte en la Gran Bretaña del siglo XIX. El tosco fútbol popular, que enfrentaba en días festivos a pueblos o parroquias enteras, se domesticó en los colegios privados y las universidades, y los clubes redactaron reglas para poder jugar entre sí. La Football Association fijó sus reglas en 1863 y creó el fútbol asociación; la Rugby Football Union la siguió en 1871, y el rugby league se escindió en 1895. En otros lugares surgieron códigos afines: el fútbol australiano en Melbourne en 1859, el fútbol americano y el canadiense a partir del rugby, y el fútbol gaélico bajo la Gaelic Athletic Association, fundada en 1884. El ferrocarril, la prensa y más tarde la televisión convirtieron los partidos en acontecimientos nacionales, y el fútbol pasó a ser el deporte más popular del planeta.

El deporte importa mucho más allá del marcador. Enseña cooperación, juego limpio y a saber perder; forja la identidad de pueblos y naciones; es un gran negocio y, a veces, política. La idea de Huizinga sigue en pie. Dentro de las reglas, durante noventa minutos, lo que está en juego es inventado. Y, sin embargo, la alegría y la desolación son completamente reales.

Un antepasado bronco, muchos códigos de fútbol Fútbol popular medieval · aldea contra aldea 1 Reglas escolares Rugby 1845, Cambridge 1848 2 Fútbol asociación reglas de la FA · Londres, 1863 FIFA fundada en París, 1904 3 Rugby union RFU · 1871 Rugby league escisión · 1895 Fútbol americano Walter Camp · c. 1880 4 Fútbol australiano Melbourne · 1859 Fútbol gaélico GAA fundada en 1884 5 Huizinga, Homo Ludens (1938): el juego es más antiguo que la cultura Escribe las reglas y una pelea se vuelve deporte.
Fig. 90 · Deportes y juegos. El serio asunto de jugar
Parte X

Ideas y sociedad

Cómo contamos, gobernamos y sabemos.

Capítulo 91 · Parte X

Los números

Mucho antes de que nadie escribiera una palabra, la gente ya contaba. Un peroné de babuino hallado en los montes Lebombo, en el sur de África, de unos 43 000 años de antigüedad, lleva 29 muescas limpias, y el hueso de Ishango, en el Congo, de quizá 20 000 años, está surcado por grupos de marcas que parecen deliberadas. Son muescas de recuento, el sistema numérico más sencillo de todos: una raya por cada cosa. Funcionan de maravilla para ovejas y días, y fatal para cualquier cantidad grande. Escribir mil exige trazar mil rayas.

El primer gran atajo fue agrupar. Los egipcios tenían signos distintos para 1, 10, 100 y así hasta el millón, representado por una figura arrodillada con los brazos en alto. Los romanos hicieron algo parecido con I, V, X, L, C, D y M, y por eso el año 2026 se convierte en el engorroso MMXXVI. Estos sistemas sirven para anotar números, pero convierten la aritmética en un suplicio. Multiplicar XLVII por LXXXIV sobre el papel es un castigo.

El verdadero avance fue la notación posicional: que el lugar de una cifra decida su valor. Hacia el año 2000 a. C., los babilonios basaron la suya en el 60, una elección que aún late en cada hora de 60 minutos y en los 360 grados del círculo. Pero ¿cómo se indica una columna vacía, la diferencia entre 61 y 3601? Hacia el 300 a. C., los escribas babilonios dejaban una pequeña marca de doble cuña. Los mayas, de forma independiente, usaban en sus calendarios un glifo en forma de concha para el cero.

Tratar el cero como un número de pleno derecho fue obra de la India. En el año 628, el astrónomo Brahmagupta fijó sus reglas: un número menos sí mismo da cero, y cero multiplicado por cualquier cosa da cero. El sistema indio de nueve cifras más el cero pasó a Bagdad, donde al-Juarismi escribió sobre él hacia el 825 (su nombre nos dio la palabra algoritmo), y después a Europa gracias a Leonardo de Pisa, llamado Fibonacci, cuyo Liber Abaci de 1202 mostró a los mercaderes italianos cuánto más fáciles podían ser sus cuentas. Hoy estas cifras indoarábigas son lo más parecido a un idioma universal que tiene la humanidad.

¿Sabías que…? La palabra «cero» procede, a través del italiano zefiro, del árabe sifr, «vacío», que también dio origen a la palabra «cifra».

En el otro extremo de la recta numérica está el infinito. El símbolo ∞ lo introdujo el matemático inglés John Wallis en 1655. En la década de 1870, Georg Cantor demostró algo asombroso: hay infinitos de distintos tamaños. Los números naturales pueden contarse uno a uno, pero los puntos de una recta no, así que estos son estrictamente más numerosos. Muchos matemáticos se escandalizaron al principio. Hoy ese resultado sustenta las matemáticas modernas.

De las muescas en un hueso a los tamaños del infinito, los números son un invento humano que no deja de revelar cosas que nadie puso en él. La idea de la nada resultó ser una de las más útiles de todas.

Cinco formas de escribir el año 2026 tiempo c. 41.000 a. C. Marcas de conteo 2.026 trazos 405 cincos + 1 Hueso de Lebombo 1 . . . c. 2000 a. C. Base 60 33 × 60 + 46 Babilonia, Irak 60 min, 360° 2 33 46 c. 500 a. C. Romano sin cero cuentas lentas Roma 3 MMXXVI M=1000 X=10 V=5 I=1 India, 628 d. C. Cero número pleno Brahmagupta reglas para el 0 4 0 a − a = 0 a × 0 = 0 Pisa, 1202 Diez cifras cualquier número Fibonacci Liber Abaci 5 2026 0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 El cero convirtió el conteo en cálculo.
Fig. 91 · Los números. Contar, el cero y el infinito
Capítulo 92 · Parte X

Medir el tiempo

El tiempo se mide con cualquier cosa que se repita. Los primeros relojes estaban en el cielo: el día, marcado por la rotación de la Tierra; el mes, por las fases de la Luna; el año, por el lento regreso de las estaciones. El problema es que estos ciclos no encajan entre sí. Un mes lunar dura unos 29,5 días y un año solar unos 365,24, así que todo calendario es un arreglo.

Los antiguos egipcios usaban un año civil de 365 días, doce meses de treinta más cinco días extra, y esperaban la salida de la estrella Sirio, que anunciaba la crecida del Nilo. Julio César reformó el caótico calendario de Roma y, desde el 45 a. C., se añadió un día bisiesto cada cuatro años. El calendario juliano se acercaba mucho, pero su año era unos 11 minutos demasiado largo. En el siglo XVI el error ya sumaba diez días y la Pascua se alejaba de la primavera. En 1582, el papa Gregorio XIII decretó que al jueves 4 de octubre le seguiría el viernes 15 de octubre, y que los años de fin de siglo solo serían bisiestos si eran divisibles entre 400. España y los demás países católicos cambiaron de inmediato; Gran Bretaña resistió hasta 1752, cuando al 2 de septiembre le siguió el 14.

¿Sabías que…? La historia de las multitudes que en 1752 se amotinaron gritando «Devolvednos nuestros once días» es casi con seguridad un mito; parece surgir de un cuadro satírico de Hogarth y no de registros de disturbio alguno.

Dividir el día resultó más difícil. Los relojes de sol y de agua, usados en Egipto y Babilonia hace más de 3000 años, daban horas que se estiraban en verano y se encogían en invierno. Los relojes mecánicos aparecieron en los campanarios europeos hacia 1300, movidos por pesas y un escape oscilante, pero podían desviarse un cuarto de hora al día. En 1656, el científico neerlandés Christiaan Huygens construyó el primer reloj de péndulo y redujo el error a segundos. El carpintero inglés John Harrison resolvió después el mortífero problema de hallar la longitud en el mar: en su viaje de prueba a Jamaica en 1761-1762, su reloj H4 perdió solo unos cinco segundos.

El siglo XX entregó la medida del tiempo a la física. El cuarzo, que vibra 32 768 veces por segundo en un reloj de pulsera, abarató la precisión. Desde 1967, el segundo se define mediante el átomo de cesio: exactamente 9 192 631 770 oscilaciones de la radiación que absorbe. Los mejores relojes atómicos actuales se desviarían menos de un segundo en miles de millones de años, y la navegación por satélite depende de ellos, porque un error de una millonésima de segundo desplaza una posición GPS unos 300 metros.

La humanidad ha pasado de observar sombras a contar las vibraciones de los átomos, todo para responder a una sola pregunta. ¿Qué hora es?

De un cuarto de hora a un pelo 1 ns 1 µs 1 ms 1 s 1 h desvío diario, escala log. Reloj de torre c. 1300 ~15 min 1 Reloj de péndulo Huygens, 1656 ~15 s 2 H4 de Harrison prueba en mar, 1761 ~0,06 s 3 Reloj de cuarzo siglo XX ~0,5 s 4 Reloj de cesio segundo fijado en 1967 1 s cada 100 M años 5 Pesas, péndulos, cristales, átomos: latidos más firmes, hora más exacta.
Fig. 92 · Medir el tiempo. Calendarios y relojes
Capítulo 93 · Parte X

Los mapas

Un mapa es un argumento sobre el mundo: una decisión sobre qué mostrar, qué omitir y qué poner en el centro. Uno de los mapas del mundo más antiguos que se conocen, una tablilla babilónica de arcilla de hacia el siglo VI a. C. que se conserva en el Museo Británico, sitúa Babilonia cerca del centro de un disco rodeado por un «río amargo», con regiones misteriosas más allá. Es menos una guía que una declaración de quién importa.

Los griegos convirtieron la cartografía en matemáticas. Eratóstenes calculó la circunferencia de la Tierra hacia el 240 a. C., y en el siglo II d. C. la Geografía de Claudio Ptolomeo situaba unos 8000 lugares por latitud y longitud, la cuadrícula de líneas imaginarias que aún fija cada punto del planeta. En 1154, el sabio al-Idrisi terminó un gran mapa del mundo para el rey Roger II de Sicilia, dibujado con el sur arriba, como era habitual en el mundo islámico. El «arriba» de un mapa es una convención, no un hecho.

El problema más profundo de la cartografía es geométrico. Una esfera no puede aplanarse sin estirarse o rasgarse, así que todo mapa plano miente de algún modo, y el arte consiste en elegir la mentira. En 1569, el cartógrafo flamenco Gerardus Mercator publicó una proyección que conservaba los ángulos: un marino podía trazar una recta entre dos puertos y seguir un único rumbo de brújula. El precio fue el tamaño, pues las tierras se hinchan cada vez más hacia los polos. En un mapa de Mercator, Groenlandia parece tan grande como África, y sin embargo África es unas catorce veces mayor. Las proyecciones equivalentes, como la que defendió Arno Peters en 1973, respetan las superficies pero aplastan las formas.

¿Sabías que…? En 1827 el matemático Carl Friedrich Gauss demostró, en un resultado que llamó Theorema Egregium («teorema notable»), que ningún mapa plano puede representar una superficie curva como el globo sin deformarla.

Cartografiar con precisión países enteros exigió ejércitos de agrimensores. El Ordnance Survey británico, fundado en 1791 cuando crecía el temor a una invasión francesa, midió el territorio por triangulación, encadenando de colina en colina triángulos medidos con exactitud. La Gran Medición Trigonométrica de la India, iniciada en 1802, duró décadas y dio al Everest su primera altura medida.

Hoy el mapa se ha dado la vuelta para mirar a su lector. La navegación por satélite, basada desde los años noventa en el GPS estadounidense junto con el Galileo europeo, el GLONASS ruso y el BeiDou chino, coloca un punto azul en un mapa digital que se redibuja a cada paso. Los cartógrafos antes solo preguntaban dónde están las cosas. Ahora el mapa pregunta también dónde está su usuario, una cuestión mucho más personal.

Desenvolver el globo latitud, longitud Ptolomeo, c. 150 d. C. 1 cilindro de papel desenrollar 1569 2 75° N 60° N 30° N 0° 30° S escala ×2 escala ×1 Mercator: ángulos fieles 3 Groenlandia África 4 África 30,4 M km² Groenlandia 2,2 M km² áreas reales: unas 14 a 1 5 Todo mapa plano miente; el arte es elegir qué mentira.
Fig. 93 · Los mapas. Dibujar el mundo
Capítulo 94 · Parte X

El dinero y el comercio

Los manuales de economía contaron durante mucho tiempo una historia ordenada: primero la gente practicaba el trueque, pescado a cambio de zapatos, y luego, harta de buscar al socio adecuado, inventó el dinero. Los antropólogos apenas han encontrado pruebas de que sociedades enteras vivieran del trueque. Las comunidades pequeñas funcionaban más bien a base de crédito y obligaciones: ayuda ahora, devolución después, y todo el mundo recuerda quién debe qué. El relato del trueque es, en gran parte, un mito.

El dinero cumple tres funciones a la vez: es medio de cambio, unidad de cuenta y depósito de valor. En Mesopotamia, los contables de los templos anotaban deudas en cebada y plata hace más de 4000 años, y el siclo empezó siendo un peso de grano. Muchísimos objetos han servido de dinero, desde las conchas de cauri en África y Asia hasta los enormes discos de piedra de la isla de Yap, en el Pacífico, algunos tan pesados que nunca se movían. Sus dueños simplemente acordaban quién los poseía.

Las monedas aparecieron en Lidia, en la actual Turquía, hacia el 600 a. C.: trozos de electro, una aleación natural de oro y plata, con un sello que garantizaba peso y pureza. La idea se extendió rápidamente por los mundos griego y persa. China fue más allá. Los mercaderes de Sichuan usaban recibos de papel en lugar de pesadas monedas de hierro, y hacia 1024 el gobierno Song emitió el primer papel moneda estatal, el jiaozi. Marco Polo se asombraría más tarde de que el emperador mongol pudiera convertir la corteza de morera en riqueza.

El comercio creció con la confianza. Los banqueros italianos de los siglos XIV y XV difundieron la contabilidad por partida doble y la letra de cambio, y el Banco de Inglaterra, fundado en 1694 para prestar al gobierno, se convirtió en modelo de los bancos centrales. Durante largos periodos de los siglos XIX y XX las monedas estuvieron ligadas al oro, pero en 1971 Estados Unidos puso fin a la conversión de dólares en oro. Desde entonces casi todo el dinero es fiduciario: vale porque los gobiernos lo exigen en los impuestos y la gente confía en él.

¿Sabías que…? La mayor parte del dinero actual no son billetes ni monedas. En el Reino Unido, alrededor del 97 % existe como depósitos bancarios, que se crean cuando los bancos conceden préstamos.

En 2008, un autor anónimo que se hacía llamar Satoshi Nakamoto publicó el diseño de Bitcoin, un dinero digital sin banco ni gobierno detrás, cuyo registro mantienen miles de ordenadores y cuya oferta está limitada a 21 millones de monedas. La red arrancó en enero de 2009. Si las criptomonedas llegarán a ser dinero cotidiano o seguirán siendo activos especulativos sigue siendo objeto de encendido debate.

De las tablillas de arcilla a la cadena de bloques, el material cambia sin cesar y el principio nunca. El dinero es una historia compartida sobre la confianza.

El dinero es cada vez más ligero Registros c. 3000 a. C. cebada, plata Mesopotamia 1 Monedas c. 600 a. C. electro Lidia 2 Papel moneda c. 1024 el jiaozi China Song 3 Bancos centrales 1694 Banco de Inglaterra sin oro desde 1971 4 0101 Digital 2009 ~97 % depósitos Bitcoin, tope 21 M 5 Cada paso pidió confiar en algo menos sólido.
Fig. 94 · El dinero y el comercio. Del trueque al bitcóin
Capítulo 95 · Parte X

El gobierno

Siempre que la gente vive en grupos grandes, alguien tiene que decidir: quién lucha, quién paga, quién resuelve las disputas. El gobierno es el conjunto de respuestas. El filósofo griego Aristóteles, en el siglo IV a. C., clasificaba las constituciones con una pregunta sencilla, gobierno de uno, de pocos o de muchos, y señalaba que cada uno tiene una forma buena y otra corrupta. La monarquía podía degenerar en tiranía, la aristocracia en oligarquía y el gobierno de muchos en el de la turba.

Durante la mayor parte de la historia, lo normal fue el gobierno de uno. Reyes y emperadores reclamaban su autoridad por conquista, herencia o voluntad divina; los emperadores de China hablaban del mandato del Cielo, que podía retirarse a una dinastía que gobernara mal. Atenas probó algo radical. Tras las reformas de Clístenes, hacia el 508 a. C., los ciudadanos varones adultos se reunían en asamblea para votar directamente las leyes y la guerra. Era la democracia, de demos, pueblo, y kratos, poder, aunque las mujeres, los esclavos y los extranjeros, la mayoría de los residentes, no votaban.

¿Sabías que…? Los atenienses elegían a la mayoría de sus magistrados por sorteo, con una máquina de piedra llena de ranuras llamada kleroterion, en parte porque creían que las elecciones favorecían a los ricos y famosos.

Roma ofreció otro modelo, la república, en la que los ciudadanos elegían magistrados y un senado orientaba la política. La Europa medieval añadió los parlamentos y las Cortes, asambleas de nobles, clérigos y burgueses cuyo consentimiento necesitaban los reyes para cobrar impuestos. En 1748, el escritor francés Montesquieu sostuvo que la libertad solo sobrevive cuando el poder se reparte entre un legislativo que hace las leyes, un ejecutivo que las aplica y un judicial que resuelve los litigios. Los redactores de la Constitución de Estados Unidos, escrita en 1787, plasmaron esta separación de poderes en la que a menudo se considera la constitución nacional escrita más antigua aún vigente. El Reino Unido, en cambio, no tiene una única constitución escrita y se apoya en leyes, sentencias y convenciones.

El derecho al voto se amplió despacio. En 1893, Nueva Zelanda fue el primer país autónomo en conceder el voto a las mujeres en elecciones nacionales, y muchas democracias no adoptaron el sufragio universal hasta bien entrado el siglo XX. Hoy casi todos los Estados se declaran democráticos, incluso algunos que celebran elecciones sin verdadera opción. Por eso los politólogos buscan señales más profundas: elecciones libres y limpias, prensa libre, tribunales independientes y traspaso pacífico del poder tras una derrota.

Esa última prueba quizá sea la más reveladora. Un gobierno que se deja derrotar en las urnas ha aceptado que sirve al pueblo en lugar de dominarlo.

El poder, dividido en tres Constitución reglas para los gobernantes 1 Legislativo hace las leyes Parlamento, Congreso Comunes y Lores Senado y Cámara 2 Ejecutivo las aplica Presidente o PM ministros Administración 3 Judicial juzga disputas Tribunal Supremo Tribunales de apelación Jueces independientes 4 El pueblo voto libre, prensa libre elige elige protegido por 5 Cada poder controla a los otros; los votantes, a los tres.
Fig. 95 · El gobierno. Quién manda y cómo
Capítulo 96 · Parte X

La ley y los derechos

Las leyes son las normas de una sociedad hechas públicas, escritas para que todos sepan, en principio, a qué atenerse. Entre los códigos más antiguos que se conservan está el de Ur-Nammu de Ur, de hacia el 2100 a. C. Más conocido es el Código de Hammurabi, rey de Babilonia, grabado hacia el 1754 a. C. en una estela de piedra negra que hoy está en el Louvre. Sus 282 leyes tratan del comercio, los salarios, el matrimonio y el robo, e incluyen el famoso principio del ojo por ojo. Las penas dependían del rango: herir a un noble costaba mucho más que herir a un esclavo. Exponer la ley en público fue una revolución, aunque fuera desigual.

Las Doce Tablas de Roma, expuestas en el Foro hacia el 450 a. C., permitieron a los ciudadanos corrientes leer las leyes que los obligaban. Casi mil años después, el emperador Justiniano mandó reunir el derecho romano en una gran compilación (529-534), base de los sistemas de derecho civil de buena parte de Europa, América Latina y otros lugares. Inglaterra desarrolló otra tradición, el common law, construido a partir de las decisiones de los jueces, en el que cada caso orienta al siguiente como precedente.

La idea de que la ley obliga también a los gobernantes tardó más. En 1215, unos barones rebeldes obligaron al rey Juan a sellar la Carta Magna en Runnymede. Su cláusula 39 prometía que ningún hombre libre sería encarcelado ni despojado de sus derechos salvo por juicio legal de sus pares o por la ley del país. Protegía a los barones mucho más que a los campesinos, pero se convirtió en un símbolo duradero.

¿Sabías que…? La Carta Magna fracasó casi de inmediato: el papa Inocencio III la anuló a las diez semanas más o menos y estalló la guerra civil. Tras la muerte de Juan se volvió a promulgar varias veces en versiones revisadas.

Después, el círculo de protección se amplió. La Declaración de Derechos inglesa de 1689 limitó a la Corona; la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano francesa (1789) y la Carta de Derechos estadounidense (1791) proclamaron la libertad de expresión, de religión y el derecho a un juicio justo. Sin embargo, durante mucho tiempo se negaron esos derechos a los esclavizados, a los pueblos colonizados y, a menudo, a las mujeres. Tras la Segunda Guerra Mundial, un comité presidido por Eleanor Roosevelt redactó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948. Sus 30 artículos reconocen derechos a toda persona por el mero hecho de ser humana, y se ha traducido a más de 500 idiomas.

Los derechos sobre el papel siguen necesitando tribunales, jueces y ciudadanos dispuestos a defenderlos. El Estado de derecho significa que las mismas normas valen para los poderosos y para todos los demás, un principio fácil de escribir y difícil de cumplir.

El círculo de derechos se ensancha antes después Hammurabi c. 1754 a. C. 282 leyes según la clase 1 Derecho romano 450 a. C. a 534 d. C. tablas públicas legibles por todos 2 Carta Magna 1215 el rey queda atado cláusula 39: hombres libres 3 Cartas de derechos 1689 · 1789 · 1791 libertades civiles expresión, fe, juicio 4 Declaración Universal 10 dic 1948 · 30 artículos todo ser humano más de 500 lenguas 5 Reglas para súbditos, luego para reyes, luego derechos para todos.
Fig. 96 · La ley y los derechos. Las normas con que vivimos
Capítulo 97 · Parte X

La filosofía

La filosofía, del griego «amor a la sabiduría», es la costumbre de hacerse preguntas que no desaparecen. ¿Qué es real? ¿Qué se puede saber? ¿Cómo se debe vivir? De ella nacieron la ciencia, las matemáticas y el derecho, y muchos de sus enigmas más antiguos siguen abiertos.

En el siglo VI a. C., en las ciudades griegas de la costa de la actual Turquía, pensadores como Tales empezaron a explicar la naturaleza sin recurrir a los dioses, y propusieron que todo estaba hecho de agua. Por la misma época tomaban forma otras tradiciones lejos de allí. En China, Confucio (551-479 a. C.) enseñaba que una buena sociedad descansa en el deber, el respeto y unas relaciones bien ordenadas, mientras los escritos atribuidos a Laozi describían el Dao, el camino de la naturaleza. En la India, los Upanishads exploraban la naturaleza del yo, y el Buda enseñaba una senda para acabar con el sufrimiento. El filósofo alemán Karl Jaspers llamó más tarde a este periodo extraordinario la era axial.

En Atenas, Sócrates hizo de las preguntas una forma de vida, interrogando a sus conciudadanos hasta que sus certezas se derrumbaban. En el 399 a. C. un jurado lo condenó a beber cicuta por impiedad y por corromper a los jóvenes. Su discípulo Platón fundó la Academia y sostuvo que el mundo visible es sombra de unas Formas perfectas e inmutables. El alumno de Platón, Aristóteles, tomó el camino contrario: estudió cosas reales, de los pulpos a las constituciones, y sentó las bases de la lógica formal.

¿Sabías que…? Sócrates nunca escribió nada. Casi todo lo que se sabe de él procede de sus seguidores, sobre todo Platón y el soldado e historiador Jenofonte.

Con el tiempo, la filosofía se organizó en grandes ramas. La metafísica pregunta qué existe. La epistemología pregunta cómo es posible el conocimiento. La ética pregunta qué es lo correcto, la lógica estudia el razonamiento válido y la estética examina la belleza y el arte. En 1637, René Descartes, dudando de todo lo que podía, encontró algo indudable: «Pienso, luego existo». David Hume se preguntó si la experiencia pasada podía demostrar algo sobre el futuro, e Immanuel Kant intentó mostrar cómo la propia mente da forma a la experiencia. Sabios del islam como Ibn Sina y Averroes conservaron la obra de Aristóteles y discutieron con ella durante siglos.

La filosofía no es un museo. Los especialistas en ética debaten hoy cómo deberían sopesar vidas los coches autónomos, una versión moderna del «dilema del tranvía» planteado por Philippa Foot en 1967, y si una mente artificial podría llegar a ser consciente. Los filósofos rara vez zanjan estas cuestiones para siempre. Su don es afilarlas, y así empieza cualquier otra forma de conocimiento.

Un tronco, muchas ramas Filosofía amor a la sabiduría Grecia Tales, Sócrates China Confucio, Laozi India el Buda la Era Axial, c. 800 a 200 a. C. 1 Metafísica ¿Qué existe? Formas de Platón 2 Epistemología ¿Cómo saber? Descartes 1637 3 Ética ¿Cómo vivir? virtud, deber 4 Lógica ¿Qué se sigue? silogismos 5 Estética ¿Qué es el arte? belleza, gusto las preguntas que no se van Una pregunta más aguda es donde empieza todo saber.
Fig. 97 · La filosofía. El amor a la sabiduría
Capítulo 98 · Parte X

El método científico

La ciencia no es un montón de hechos. Es un método para averiguar qué ideas son falsas. Su núcleo es sencillo: hacer una conjetura sobre cómo funciona el mundo, deducir qué predice y luego contrastar esa predicción con una observación cuidadosa. Si el mundo no está de acuerdo, la conjetura debe cambiar, por famoso que sea su autor.

Algunos elementos del método son antiguos. Hacia el 240 a. C., Eratóstenes midió el tamaño de la Tierra a partir del ángulo de las sombras en dos ciudades egipcias. Entre 1011 y 1021, aproximadamente, el sabio árabe Ibn al-Haytham, que trabajaba en El Cairo, escribió su Libro de óptica, en el que ponía a prueba las teorías de la visión con experimentos controlados en cuartos oscuros y exigía comprobar las afirmaciones en lugar de creerlas. En 1620, el Novum Organum de Francis Bacon instó a construir el saber sobre la observación sistemática, y Galileo hizo rodar bolas por planos inclinados y apuntó un telescopio al cielo, derribando ideas vigentes desde Aristóteles.

El método suele dibujarse como un ciclo. Observar algo desconcertante. Hacer una pregunta. Proponer una hipótesis, una explicación posible. Deducir una predicción que podría resultar falsa. Hacer un experimento o reunir datos, idealmente con un grupo de control para comparar. Analizar los resultados y publicarlos para que otros puedan repetir el trabajo. En 1934, el filósofo Karl Popper sostuvo que lo que distingue a una idea científica es que es falsable: debe arriesgarse a ser refutada. La astrología apenas arriesga nada, pero la relatividad general de Einstein predijo que la luz de las estrellas se curvaría junto al Sol en una cantidad precisa, y la expedición de Arthur Eddington durante el eclipse de 1919 comprobó que así era.

Un ejemplo sombrío muestra lo que está en juego. En 1847, el médico húngaro Ignaz Semmelweis observó que en una sala de maternidad de Viena, atendida por médicos que llegaban directamente de diseccionar cadáveres, las madres morían de fiebre mucho más a menudo que en la sala de las comadronas. Supuso que la culpa era de «partículas cadavéricas» en las manos, ordenó lavarlas con cal clorada y vio caer la mortalidad de alrededor de una de cada diez a alrededor de una de cada cien.

¿Sabías que…? Los colegas de Semmelweis rechazaron en gran parte sus conclusiones. Murió en un manicomio en 1865, justo cuando Louis Pasteur y Joseph Lister demostraban que los gérmenes causan las infecciones.

La ciencia también se equivoca: hay estudios que no se replican, el dinero y el orgullo tuercen resultados y el consenso puede endurecerse en dogma. Su fuerza es que contiene las herramientas de su propia corrección: la revisión por pares, la replicación y el intercambio abierto de datos. Ningún científico concreto tiene que ser de fiar para que el método funcione. Basta con que alguien, en algún lugar, lo compruebe.

Semmelweis recorre el ciclo el método nunca termina del todo VIENA, 1847 Observar un enigma 1 Dos salas, dos destinos sala de médicos: muchas muertes sala de matronas: muchas menos Hipótesis una conjetura 2 Conjetura: manos sucias «partículas cadavéricas» traídas de las autopsias Probar ¿podría fallar? 3 Lavado con cal clorada obligatorio desde mayo de 1847 predicción: bajan las muertes Analizar los datos 4 Las muertes caen diez veces ~1 de 10 ~1 de 100 Compartir verificar, repetir 5 Otros deben verificar fue ignorado en vida teoría germinal: años 1860 Una idea solo gana confianza superando una prueba que podría fallar.
Fig. 98 · El método científico. Poner las ideas a prueba
Capítulo 99 · Parte X

Las ciudades

Durante la mayor parte de la historia humana, la gente vivió en pequeñas bandas y aldeas. Después, hace unos 10 000 años, la agricultura produjo excedentes suficientes para alimentar a quienes no cultivaban. Çatalhöyük, en la actual Turquía, albergaba a varios miles de personas hacia el 7000 a. C. en casas de adobe tan apiñadas que se entraba en ellas por agujeros en el tejado. Hacia el 3200 a. C., Uruk, en el sur de Mesopotamia, era probablemente la primera ciudad verdadera del mundo, con quizá 40 000 habitantes, templos monumentales y, sobre todo, una escritura temprana, inventada en gran parte para llevar cuentas.

Las ciudades concentran a la gente, y la concentración engendra a la vez ideas y problemas. La antigua Roma, en su apogeo hacia el año 100 d. C., tenía probablemente cerca de un millón de habitantes, alimentados con grano traído de Egipto y abastecidos por acueductos que llevaban agua desde colinas situadas a decenas de kilómetros. Tras la decadencia de Roma, ninguna ciudad europea se acercó a ese tamaño hasta que Londres alcanzó el millón hacia 1800, aunque Chang'an, Bagdad y Constantinopla habían sido urbes gigantescas en su apogeo.

La Revolución Industrial arrastró a millones de personas del campo a las fábricas, y las ciudades en expansión se volvieron mortíferas. En Londres, el cólera se propagaba por el agua contaminada, como demostró el médico John Snow en 1854 al cartografiar las muertes alrededor de una fuente de Soho. Tras el «Gran Hedor» de 1858, cuando el olor del Támesis hizo casi irrespirable el Parlamento, el ingeniero Joseph Bazalgette construyó más de 1600 kilómetros de alcantarillas, muchas todavía en uso. Una ciudad moderna es tanto una máquina subterránea de tuberías, cables y túneles como un perfil de rascacielos.

¿Sabías que…? El primer ferrocarril subterráneo del mundo se inauguró en Londres en 1863, con locomotoras de vapor que resoplaban por túneles poco profundos entre Paddington y Farringdon.

Hacia 2007 la humanidad cruzó un umbral: por primera vez, había más personas viviendo en zonas urbanas que en el campo. Hoy la proporción ronda el 57 %, y las Naciones Unidas prevén que se acerque al 70 % en 2050. Las mayores regiones metropolitanas, como las de Tokio, Yakarta, Delhi y Shanghái, albergan cada una decenas de millones de personas. Las ciudades ocupan solo una pequeña fracción de la tierra firme, pero generan la mayor parte de la producción económica y una gran parte de las emisiones de carbono.

La vida urbana hace imposible ignorar los problemas difíciles de la convivencia: vivienda, transporte, agua limpia, aire limpio y el trato con desconocidos. Una ciudad solo funciona cuando millones de personas cooperan, casi siempre sin darse cuenta. Esa cooperación cotidiana es uno de los logros más notables de la humanidad.

Una ciudad es sobre todo subterránea 1 Horizonte c. 57 % de la gente es urbana 2 A pie de calle Uruk c. 3200 a. C., Roma 100 d. C. 3 Servicios agua, gas, luz, fibra 4 Alcantarillas Bazalgette, 1858 a 1875 5 Metro Londres, 1863 Vista desde arriba, una ciudad son edificios; en corte, es cooperación.
Fig. 99 · Las ciudades. Cómo vivimos juntos
Capítulo 100 · Parte X

La historia del saber

Durante casi toda la existencia humana, todo lo que alguien sabía tenía que caber en cabezas vivas. El conocimiento viajaba de palabra: relatos, canciones, genealogías y el saber práctico de cazar, curar y encender fuego, transmitidos de los mayores a los niños. Era rico, pero frágil. Cuando una comunidad desaparecía, buena parte de lo que sabía desaparecía con ella.

La escritura cambió la aritmética de la memoria. La escritura cuneiforme surgió en Mesopotamia hacia el 3200 a. C., primero para contar grano y ganado y después para registrar leyes, cartas y epopeyas. Una vez que las palabras podían sobrevivir a sus autores, podían reunirse. En el siglo VII a. C., el rey asirio Asurbanipal formó una gran biblioteca en Nínive; unas 30 000 de sus tablillas y fragmentos se conservan hoy en el Museo Británico, entre ellas la Epopeya de Gilgamesh. En Egipto, la Biblioteca de Alejandría, fundada en el siglo III a. C., se propuso copiar todos los libros que pudiera encontrar. Contra lo que dice la leyenda, no pereció en un único incendio. Decayó a lo largo de siglos, a medida que se iban el dinero y los sabios, un final más discreto y más instructivo.

Las bibliotecas reúnen; las enciclopedias ordenan. La Historia natural de Plinio el Viejo, terminada hacia el año 77 d. C., intentó reunir el saber sobre la naturaleza en 37 libros. La Enciclopedia Yongle, concluida en China en 1408, ocupaba 11 095 volúmenes. La imprenta, desarrollada por Johannes Gutenberg hacia 1450, hizo los libros baratos e idénticos, de modo que los errores podían detectarse y corregirse en todo un continente. La Encyclopédie de Denis Diderot y Jean le Rond d'Alembert (1751-1772) expuso los oficios, las ciencias y las artes en 28 volúmenes, 11 de ellos de láminas grabadas, con un propósito abiertamente subversivo: cambiar la manera común de pensar. La Encyclopaedia Britannica, lanzada en Edimburgo en 1768, imprimió su última edición en 2010.

¿Sabías que…? La Enciclopedia Yongle era tan enorme que nunca se imprimió. Solo sobreviven unos 400 de sus volúmenes manuscritos, dispersos por bibliotecas de todo el mundo.

Luego el conocimiento se volvió una red. La World Wide Web de Tim Berners-Lee, propuesta en 1989, enlazó documentos de todo el planeta, y Wikipedia, lanzada el 15 de enero de 2001, demostró que unos voluntarios podían escribir una enciclopedia que cualquiera puede editar. Hoy, sistemas de inteligencia artificial entrenados con enormes cantidades de texto responden preguntas con una prosa fluida, a veces brillantemente y a veces con errores dichos con aplomo.

Cada paso abarató el almacenamiento del saber y facilitó el acceso, y cada uno replanteó la misma vieja pregunta: ¿cómo sabemos que es verdad? Las bibliotecas respondieron con catálogos, las enciclopedias con editores y fuentes, la ciencia con experimentos. Este libro, como toda enciclopedia anterior, es una instantánea de lo que se sabía en su momento. El conocimiento no es un montón de datos, sino un relevo, comprobado y transmitido por cada generación. El testigo pasa ahora al lector.

El saber, pasado escalón a escalón Memoria antes de escribir cantos, relatos por los ancianos 1 cómo cada época verificó lo que sabía Escritura c. 3200 a. C. tablillas de arcilla por escribas 2 Bibliotecas s. VII a. C. ~30.000 tablillas por bibliotecarios 3 Imprenta c. 1450 enciclopedias por editores 4 Red 1989, 2001 web, wiki, IA ¿por todos? 5 ¿y después? El saber es un relevo: guardado, compartido y verificado de nuevo.
Fig. 100 · La historia del saber. Bibliotecas, enciclopedias y lo que viene
El Saber · Primera edición, octubre de 2026
100 capítulos · 10 partes · cien diagramas
por Mat Siems · The Visual Encyclopaedia, No. 2 · 2026