La enciclopedia visual · octubre de 2026

Los dinosaurios

100 descubrimientos de la era de los dinosaurios
por Mat Siems
Parte I

Leer las rocas

Cómo se forman los fósiles, cómo se datan y quiénes desenterraron los primeros dragones.

Capítulo 1 · Parte I

¿Qué es un dinosaurio?

Un dinosaurio no es cualquier reptil grande y extinto. Para un paleontólogo, la palabra designa un único árbol genealógico: el último antepasado común de Triceratops y del gorrión común, junto con todos sus descendientes. Ese árbol echó raíces en las llanuras triásicas de Pangea hace unos 233 millones de años, y una de sus ramas sigue cantando en tu jardín.

Los dinosaurios pertenecen a los arcosaurios, los «reptiles dominantes», que hacia hace 250 millones de años se dividieron en dos linajes. Uno condujo a los cocodrilos y a sus numerosos primos extintos; el otro, a los pterosaurios y los dinosaurios. Lo que distingue a los dinosaurios está sobre todo en las caderas y las patas. El fémur encajaba en una cavidad de la cadera perforada por un orificio central, y las patas se mantenían rectas bajo el cuerpo, como columnas, en lugar de abrirse hacia los lados. Esa postura liberaba el tórax para respirar mientras corrían, una ventaja mecánica que quizá explique su largo éxito.

En 1887, el paleontólogo británico Harry Govier Seeley dividió a los dinosaurios en dos grandes grupos según la forma de la pelvis. Los saurisquios, con cadera de lagarto, incluyen a los sauropodomorfos de cuello largo como Diplodocus y a los terópodos carnívoros como Allosaurus. Los ornitisquios, con cadera de ave, incluyen a Stegosaurus, Triceratops y los dinosaurios de pico de pato. Lo irónico es que las aves descienden de los terópodos saurisquios. En 2017, Matthew Baron, David Norman y Paul Barrett propusieron agrupar a los terópodos con los ornitisquios, una idea que sigue en debate.

La definición también resuelve algunos casos célebres de identidad equivocada. Los pterosaurios volaban y eran primos cercanos, pero no dinosaurios. Plesiosaurios, ictiosaurios y mosasaurios eran reptiles marinos de ramas muy distintas. Y Dimetrodon, la estrella con vela dorsal de tantas cajas de juguetes, está más emparentado con los mamíferos que con cualquier dinosaurio.

¿Sabías que Dimetrodon se extinguió unos 40 millones de años antes de que aparecieran los primeros dinosaurios, de modo que nunca vio uno?

Los dinosaurios más antiguos seguros proceden de rocas de entre 233 y 231 millones de años de la formación Ischigualasto, en Argentina, y de la formación Santa Maria, en Brasil. De aquellos comienzos del tamaño de un perro surgieron animales de más de 30 m y otros tan pequeños como para posarse en una ramita. Hoy el zunzuncito de Cuba, de 5 a 6 cm, es el dinosaurio vivo más pequeño, y el mundo alberga unas 11 000 especies de aves.

Ver a los dinosaurios como un linaje y no como un estilo de monstruo lo cambió todo. Explica por qué aparecen fósiles con plumas y fúrculas, y por qué la historia no terminó hace 66 millones de años. Los dinosaurios no desaparecieron: desapareció la mayoría, y los supervivientes aprendieron a volar.

Dónde están los dinosaurios en el árbol de la vida Toda paloma es un dinosaurio; ningún pterosaurio lo fue. Cocodriloslínea cocodrilo, Pseudosuchia Pterosauriosprimos voladores, no dinos línea cocodrilo línea aves nodos = ancestros comunes; longitudes no a escala Archosauriac. 250 Ma1 Dinosauriacadera perforadapatas rectas bajo el cuerpoprimeros c. 233 Maacetábulo2 OrnithischiaTriceratops, Stegosaurus3 Saurischiacadera de lagartoSauropodomorphaPlateosaurus, DiplodocusOtros terópodosAllosaurus, T. rexTheropoda4 Avesc. 11 000 especies vivas5
Fig. 1 · ¿Qué es un dinosaurio?. Un cladograma sitúa a los dinosaurios entre los arcosaurios, con las aves como rama viva.
Capítulo 2 · Parte I

Cómo se forma un fósil

Casi todos los animales que han vivido no dejaron rastro alguno. Los carroñeros despedazan el cuerpo, las bacterias y la intemperie rematan la tarea, y en pocos años hasta los huesos grandes se deshacen en polvo. Un fósil es la rara excepción, y la ciencia que estudia cómo un ser vivo llega a serlo, la tafonomía, recibió su nombre en 1940 del paleontólogo soviético Iván Yefrémov.

El primer requisito es la rapidez. Un dinosaurio que moría en un río, un lago o un mar poco profundo, o en sus orillas, tenía las mejores opciones, porque el agua podía cubrirlo de arena y barro antes de que los carroñeros dispersaran sus huesos. Por eso tantos esqueletos proceden de antiguos sistemas fluviales, como la formación Morrison, del Jurásico superior, en el oeste de Estados Unidos. En el Dinosaur National Monument de Utah, la cantera Carnegie que Earl Douglass empezó a excavar en 1909 conserva una maraña de huesos de saurópodos, estegosaurios y terópodos arrastrados por un río hasta un banco de arena; unos 1500 siguen a la vista en la pared rocosa.

Una vez enterrado, el hueso queda aislado del oxígeno y se hunde a medida que se acumulan sedimentos encima. Durante miles y luego millones de años, la arena y el barro se endurecen en arenisca y lutita. El agua subterránea se filtra cargada de sílice, calcita y compuestos de hierro. En la permineralización, esos minerales cristalizan en los poros y canales del hueso, que se vuelve pesado y pétreo. A menudo sobrevive buena parte del mineral óseo original, por lo que aún se pueden cortar fósiles y estudiar sus anillos de crecimiento. A veces el hueso se disuelve por completo y deja un molde hueco que, al rellenarse, forma un vaciado natural.

¿Sabías que en Lightning Ridge, Nueva Gales del Sur, aguas ricas en sílice convirtieron huesos de dinosaurio en ópalo precioso, entre ellos los del pequeño herbívoro Weewarrasaurus, nombrado en 2018?

Los yacimientos excepcionales, llamados Lagerstätten, van más allá. La ceniza volcánica fina o el agua quieta y pobre en oxígeno pueden conservar piel, plumas y contenido estomacal, como en la biota de Jehol, en China, o en la caliza de Solnhofen, en Baviera. Por esas ventanas raras aparecieron los primeros dinosaurios con plumas.

Por último, la roca debe volver a la superficie. La tectónica eleva antiguas cuencas, y la lluvia, la helada y los ríos desgastan las capas que las cubren. Durante un breve tiempo, quizá unos pocos años, el hueso queda expuesto antes de que la erosión lo destruya. Alguien debe verlo en ese intervalo: un agricultor, un cantero, un niño en la playa o un equipo de campo.

La tafonomía moldea toda nuestra imagen del pasado. Los animales que vivían junto al agua, de huesos robustos, están sobrerrepresentados; los pequeños habitantes de bosques y tierras altas son casi invisibles. Cada sala de museo es una muestra sesgada por la muerte, el barro y el azar, y un buen paleontólogo lee las lagunas con tanta atención como los huesos.

Cómo un hueso se vuelve piedra Fosilizarse es la excepción: casi todo se pudre. días a años miles de años millones de años hoy casi todo se come, dispersa o pudre antes del paso dos río arena, lodo Muerte y enterramientoel cadáver se hunde olo arrastra el agua 1 nuevas capas Enterrado a fondoel sedimento se acumulay se vuelve roca 2 agua subterránea Permineralizaciónminerales en los poros:sílice, calcita 3 elevación, erosión Expuesto y halladoel hueso aflora;un ojo atento lo ve 4
Fig. 2 · Cómo se forma un fósil. Cuatro etapas convierten un cadáver en piedra, del enterramiento al afloramiento.
Capítulo 3 · Parte I

El tiempo profundo y el reloj geológico

Los dinosaurios vivieron durante un lapso tan largo que las palabras corrientes se quedan cortas. Unos 165 millones de años separan a los primeros dinosaurios del último Tyrannosaurus. Stegosaurus llevaba extinto unos 80 millones de años cuando apareció T. rex, de modo que T. rex vivió más cerca de nosotros en el tiempo que de Stegosaurus. Para dar sentido a semejantes cifras, los geólogos construyeron un calendario de roca.

La idea del tiempo profundo debe mucho al naturalista escocés James Hutton. En 1788, en Siccar Point (Berwickshire), mostró a unos amigos rocas grises inclinadas cubiertas por arenisca roja horizontal: la prueba de ciclos de sedimentación, elevación y erosión que debieron de durar eras inmensas. Concluyó que la Tierra no mostraba «ningún vestigio de un comienzo, ninguna perspectiva de un final». En 1815, el agrimensor William Smith publicó el primer mapa geológico de un país entero, siguiendo los estratos ingleses por sus fósiles, y en 1841 John Phillips bautizó el Mesozoico, la era de la «vida media».

El Mesozoico tiene tres periodos. El Triásico, de hace 252 a 201 millones de años, comenzó tras la peor extinción de la historia de la Tierra y vio surgir los primeros dinosaurios hacia hace 233 millones de años. El Jurásico, de 201 a 145 millones de años, fue la era de los saurópodos gigantes y de las primeras aves. El Cretácico, de 145 a 66 millones de años, trajo las plantas con flores, Triceratops y T. rex, y terminó en el límite K-Pg, una fina capa de arcilla rica en iridio que aparece desde Italia hasta Montana.

Esas fechas no son conjeturas. En 1913, Arthur Holmes publicó The Age of the Earth y fue pionero en datar rocas mediante la desintegración radiactiva. Hoy el método estrella es la datación uranio-plomo de diminutos cristales de circón de cenizas volcánicas. El uranio se desintegra en plomo a un ritmo conocido y constante, así que la proporción entre ambos funciona como un cronómetro que arrancó al formarse el cristal. Los fósiles situados entre dos capas de ceniza datadas quedan acotados, a menudo con un margen de pocos cientos de miles de años. La datación con argón de cenizas de Montana sitúa el final del Cretácico hacia hace 66,0 millones de años.

¿Sabías que si los 4540 millones de años de historia de la Tierra cupieran en un solo día, los dinosaurios aparecerían hacia las 22:46, los grandes desaparecerían hacia las 23:39 y los humanos modernos llegarían en los últimos seis segundos?

El tiempo profundo es también una lección de humildad. El Mesozoico no fue un solo mundo, sino una larga sucesión de mundos, con continentes a la deriva, climas cambiantes y faunas que nunca coincidieron. Leerlo bien obliga a preguntar no solo «¿qué vivía?», sino «¿cuándo, y junto a quién?». La columna de rocas convierte un revoltijo de monstruos en historia.

El Mesozoico en capas, casi a escala Por ahora, los dinosaurios nos superan en unos 165 millones de años. 252 Ma Pérmico Cenozoico: 66 Ma a hoy 299 Ma 201 MaTriásico252 a 201 Maprimeros dinosaurios c. 2331 145 MaJurásico201 a 145 Masaurópodos, Allosaurus2 Cretácico145 a 66 Maflores, T. rex, Triceratops3 66 MaLímite K-Pg66,0 Maarcilla rica en iridio4 Datar las capasedades U-Pb de circonesen cenizas volcánicas5 fósiles entre cenizas datadas circón
Fig. 3 · El tiempo profundo y el reloj geológico. El Mesozoico dibujado como roca apilada, cada periodo a escala de su duración.
Capítulo 4 · Parte I

Megalosaurus: el primer dinosaurio con nombre

El 20 de febrero de 1824, el reverendo William Buckland, primer profesor de geología de Oxford, presentó ante la Sociedad Geológica de Londres los huesos de un «gran lagarto fósil». Lo llamó Megalosaurus. Fue el primer dinosaurio nombrado científicamente, dieciocho años antes de que existiera la palabra «dinosaurio».

Los huesos procedían de las pizarras de Stonesfield, finos lechos calizos que se explotaban cerca de Woodstock, en Oxfordshire, para hacer tejas. Son del Jurásico medio, de hace unos 166 millones de años. El material de Buckland incluía vértebras, parte de la pelvis, huesos de las extremidades y, sobre todo, un fragmento de la mandíbula inferior derecha, que hoy guarda el Museo de Historia Natural de la Universidad de Oxford. El gran anatomista francés Georges Cuvier había examinado las piezas en una visita a Oxford en 1818 y coincidió en que eran de un reptil gigante.

La mandíbula le contó mucho a Buckland. Los dientes eran hojas curvas y aplanadas con bordes finamente aserrados, como cuchillos de carne. Dentro del hueso se ven coronas nuevas creciendo bajo las viejas, prueba de que el animal perdía y reponía los dientes toda la vida, como los cocodrilos. Era sin duda un depredador, y grande. Buckland, extrapolando a partir de los lagartos, le calculó unos 12 m. Los estudios modernos, basados en parientes más completos, indican que Megalosaurus bucklandii (el nombre de especie llegó en 1827) fue un terópodo de unos 6 m y quizá 0,7 toneladas, que caminaba sobre dos patas y no sobre cuatro.

¿Sabías que el extremo de un hueso fósil de Oxfordshire, probablemente un fémur de Megalosaurus, fue ilustrado por Robert Plot en 1677 y más tarde rotulado Scrotum humanum por su forma?

Megalosaurus se hizo famoso. Charles Dickens abrió Casa desolada en 1852 con un barro londinense tan espeso que no sería raro toparse con un Megalosaurus de unos cuarenta pies, anadeando como un lagarto elefantino cuesta arriba por Holborn Hill. Durante décadas, casi cualquier diente grande de dinosaurio carnívoro hallado en el mundo fue a parar a Megalosaurus, hasta que el nombre se convirtió en lo que los paleontólogos llaman un taxón cajón de sastre. Solo en los últimos años se ha reducido el género al material de Oxfordshire y sus parientes cercanos.

Los huesos de Stonesfield muestran también cómo debe funcionar la ciencia. Buckland razonó desde los fragmentos hasta el animal completo comparándolos con reptiles vivos, hizo una estimación audaz y los hallazgos posteriores la corrigieron. El legado es el método, no la primera conjetura. Una sola mandíbula, leída con cuidado, situó a un gran depredador en la campiña inglesa y abrió la puerta a un mundo perdido.

Megalosaurus: la mandíbula que lo empezó todo Una sola mandíbula, bien leída, puso un gran depredador en Oxfordshire. dentario derecho, vista lingual; según OUMNH J13505 1Mandíbula de Stonesfieldvista por Cuvier, 1818con cadera y huesos de patas 2Dientes en hojaaserrados, curvadoscuchillos de carnívoro 3Diente de reemplazocorona nueva creciendomudaba dientes de por vida Pizarra de Stonesfield, Fm. Taynton4Jurásico Medioc. 166 Ma, Oxfordshire Buckland supuso: 12 mhoy: c. 6 m, 0,7 t1,8 m5Nombrado en 1824por William Bucklandprimer dinosaurio publicado
Fig. 4 · Megalosaurus: el primer dinosaurio con nombre. La mandíbula de Stonesfield: dientes en cuchilla, diente de recambio y talla exagerada.
Capítulo 5 · Parte I

Mary Anning y la Costa Jurásica

La cazadora de fósiles más importante de principios del siglo XIX nunca encontró un dinosaurio. Mary Anning, nacida en Lyme Regis (Dorset) en 1799, pasó la vida rastreando los acantilados que se desmoronan entre Lyme y Charmouth en busca de reptiles marinos jurásicos, que vendía para ganarse el pan. Sus hallazgos obligaron al mundo científico a aceptar que grupos enteros de animales habían existido y luego desaparecido.

Los acantilados son del Lías azul, capas alternas de caliza y lutita depositadas en un mar cálido hace unos 200 a 190 millones de años, al comienzo del Jurásico. Los temporales de invierno y los desprendimientos, como en Black Ven, sacan a la luz nuevos fósiles cada año y también los destruyen, así que los recolectores deben trabajar deprisa y en condiciones peligrosas. Su padre, ebanista, vendía «curiosidades» a los turistas; tras su muerte en 1810, la familia dependió de lo que encontraran Mary y su hermano Joseph.

En 1811 Joseph extrajo un cráneo de hocico largo, y alrededor de un año después Mary, con unos 12 años, desenterró buena parte del esqueleto. Era un ictiosaurio, un reptil marino con forma de delfín. En 1823 encontró el primer esqueleto casi completo de plesiosaurio, con un cuello tan absurdo que Georges Cuvier sospechó al principio un fraude, hasta que vio las pruebas. En 1828 llegó un reptil volador, más tarde llamado Dimorphodon, el primer pterosaurio hallado fuera de Alemania. También observó que ciertas «piedras bezoar» contenían escamas y huesos de peces, una intuición que ayudó a William Buckland a identificarlas como excrementos fósiles, que en 1829 llamó coprolitos.

¿Sabías que en 1800, siendo un bebé, Mary sobrevivió a un rayo que mató a tres mujeres que estaban junto a ella bajo un árbol?

Ninguno de esos animales era un dinosaurio, confusión frecuente. Pero importaron para la historia de los dinosaurios porque demostraban que la extinción era real y que el mundo antiguo albergaba reptiles inimaginables. La acuarela Duria Antiquior de Henry De la Beche, de 1830, primera escena de la vida prehistórica, se basó en gran parte en sus hallazgos.

Por ser mujer, Anning tenía vetada la entrada en la Sociedad Geológica de Londres, y muchos de sus fósiles ingresaron en los museos con el nombre de los caballeros que los compraron. Murió de cáncer de mama en 1847. La idea popular de que inspiró el trabalenguas inglés «She sells seashells» no está demostrada.

Desde 2001 su costa forma parte de la Costa Jurásica, Patrimonio de la Humanidad: 155 km de acantilados entre Exmouth y Studland que registran unos 185 millones de años de historia terrestre. En 2022 se inauguró en Lyme Regis una estatua de bronce de Mary con su martillo y su perro Tray. Los acantilados siguen entregando fósiles; su reputación, por fin, los ha alcanzado.

Lyme Regis: el tramo de Mary Anning en la Costa Jurásica Eran reptiles marinos; la lección fue la extinción. Canal de la Mancha Lyme Regis Tienda de Anning Charmouth Golden Cap Church Cliffs Black Ven Bancos de Blue Lias en bajamar 1 km 1Ictiosaurio, 1811-12cráneo: su hermano Josephcuerpo: Mary, con unos 121 2Plesiosaurus, 1823primer esqueleto casi enteroCuvier dudó del cuello2 3Dimorphodon, 1828pterosaurio, no dinosaurioprimero fuera de Alemania3 4Coprolitossus «bezoares» tenían huesoBuckland los nombró, 18294 5Costa Jurásica, 2001Patrimonio Mundial, 155 kmExmouth a Studland, 185 Ma de rocaExmouthStudlandLyme
Fig. 5 · Mary Anning y la Costa Jurásica. Los hallazgos de Mary Anning en el Lías azul, entre Lyme Regis y Charmouth.
Capítulo 6 · Parte I

Gideon Mantell y el Iguanodon

Gideon Mantell era un atareado médico rural de Lewes, en Sussex, que dedicaba las noches a los fósiles. Hacia 1822 consiguió varios dientes grandes y gastados de una cantera del bosque de Tilgate, cerca de Cuckfield. Según la tradición familiar, su esposa Mary Ann vio el primero mientras él atendía a un paciente; los historiadores discuten la anécdota, pero los dientes cambiaron la paleontología.

Eran extraños: muelas estriadas en forma de cincel, desgastadas al masticar plantas, muy distintas de las del carnívoro Megalosaurus. Los expertos no se impresionaron. Georges Cuvier pensó primero en un rinoceronte, y otros en un pez. Entonces, en el Museo Hunteriano de Londres, el ayudante del conservador, Samuel Stutchbury, le mostró a Mantell el cráneo de una iguana actual. Sus pequeños dientes tenían la misma forma, solo que muchas veces más pequeños. En 1825 Mantell publicó su herbívoro gigante como Iguanodon, «diente de iguana», el segundo dinosaurio con nombre y el primer herbívoro conocido.

Extrapolando desde la iguana, Mantell imaginó un reptil colosal, al que llegó a calcular entre 12 y 18 m. En 1834 se extrajo con explosivos un esqueleto parcial de una cantera de Maidstone, en Kent. Unos amigos se lo compraron, y se convirtió en su ejemplar clave. Incluía una púa cónica que Mantell colocó en la nariz del animal, como el cuerno de un rinoceronte. Su boceto de un gigante cornudo y reptante a cuatro patas sirvió de modelo a la estatua de tamaño real construida después en el Crystal Palace.

¿Sabías que el escudo de Maidstone incluye un Iguanodon desde 1949, en honor al hallazgo de 1834?

La verdadera forma de Iguanodon llegó de Bélgica. En 1878, unos mineros de Bernissart, a unos 322 m bajo tierra, toparon con una grieta rellena de arcilla repleta de esqueletos: al menos 38 individuos, muchos completos. Bajo la dirección de Louis Dollo, del Real Instituto Belga de Ciencias Naturales de Bruselas, el primero se montó en 1882. Los esqueletos revelaron que el «cuerno» era un espolón del pulgar, una garra cónica en cada mano, y que el animal podía erguirse sobre las patas traseras. Hoy se calcula que Iguanodon bernissartensis medía unos 10 m y pesaba de 3 a 4 toneladas: un herbívoro con pico que probablemente a veces caminaba a cuatro patas, pero podía moverse sobre dos. También se corrigió la pose de canguro de Dollo, con la cola arrastrando, y hoy se representa con la espalda horizontal.

El final de Mantell fue doloroso y algo amargo. Un accidente de carruaje en 1841 le dañó la columna, y se sintió eclipsado por el poderoso Richard Owen. Aun así, su razonamiento a partir de un puñado de dientes era correcto: un gran reptil que masticaba plantas había recorrido el sur de Inglaterra. Mejores esqueletos corrigieron los detalles, como siguen haciéndolo.

Iguanodon, antes y ahora Unos dientes crearon un gigante; mejores esqueletos afinaron detalles. Iguanodon de Mantell iguana gigante a cuatro patas Iguanodon hoy según esqueletos de Bernissart vs Dientes, 1822Cuckfield, Sussexcomo de iguana: 18251 Losa de Maidstone, 1834: púa nasaltamaño inicial: 12 a 18 m2 38 esqueletos, mina a 322 mBernissart, Bélgica, 18783 Púa del pulgarno es cuerno nasal4 c. 10 m, 3 a 4 tbípedo o cuadrúpedomontado erguido por Dollo5
Fig. 6 · Gideon Mantell y el Iguanodon. La iguana gigante con cuerno de Mantell frente al Iguanodon actual, basado en Bernissart.
Capítulo 7 · Parte I

Richard Owen y los monstruos del Crystal Palace

Hacia 1840, Gran Bretaña tenía tres grandes reptiles fósiles que no encajaban en ningún grupo conocido: Megalosaurus, Iguanodon y el acorazado Hylaeosaurus, descrito por Gideon Mantell en 1833. El anatomista Richard Owen, entonces en el Museo Hunteriano del Real Colegio de Cirujanos, estudió sus huesos y advirtió rasgos comunes, sobre todo un sacro de cinco vértebras fusionadas que anclaba las caderas, y unas patas colocadas bajo el cuerpo como las de un mamífero. En un informe publicado en 1842, tras una conferencia en Plymouth en 1841, los agrupó como Dinosauria, del griego «lagartos terriblemente grandes».

Owen tenía motivos que iban más allá de la anatomía. Imaginaba a los dinosaurios como reptiles avanzados, casi mamiferoides, erguidos y poderosos, y los usaba contra las ideas evolucionistas que circulaban entonces, pues los reptiles posteriores le parecían menos perfectos. Los fósiles acabarían sirviendo muy bien al argumento contrario.

El público conoció a los dinosaurios de Owen en 1854. Tras la Gran Exposición de 1851, el Crystal Palace se trasladó de Hyde Park a Sydenham, al sur de Londres, y su nuevo parque necesitaba atracciones. El escultor Benjamin Waterhouse Hawkins, asesorado por Owen, construyó unos 30 modelos de tamaño real de animales extintos en las islas del lago, ordenados más o menos según la secuencia geológica. Los dinosaurios eran cuadrúpedos rechonchos y escamosos: Megalosaurus a cuatro patas, Iguanodon con un cuerno en la nariz, Hylaeosaurus erizado de púas. Se levantaron sobre armazones de ladrillo y hierro recubiertos de cemento.

El 31 de diciembre de 1853, Hawkins ofreció una célebre cena a científicos y mecenas dentro del molde de uno de los Iguanodon, con Owen en la cabecera. Cuando el parque abrió el 10 de junio de 1854, las multitudes acudieron a ver a los monstruos, y las guías baratas y las figuritas de recuerdo desataron la primera «dinomanía».

¿Sabías que Hawkins empezó después una serie parecida para el Central Park de Nueva York, pero en 1871 unos obreros vinculados a la maquinaria política de Tammany Hall destrozaron los modelos y enterraron los restos?

Las estatuas fallan en muchos detalles, como demostraron fósiles posteriores: no hay cuerno nasal, y Megalosaurus caminaba sobre dos patas. Pero son un registro exacto de lo que pensaba la mejor ciencia en 1854. El Crystal Palace ardió en 1936; las esculturas sobrevivieron, recibieron en 2007 la máxima protección patrimonial británica, el Grado I, y han sido restauradas. El otro monumento de Owen es el Museo de Historia Natural de South Kensington, por el que luchó y que abrió en 1881. Entre una palabra y una isla, dio a los dinosaurios su nombre y su público.

Owen nombra a los dinosaurios; Sydenham los construye Erradas en detalles, las estatuas vendieron una idea nueva al público. lago, Crystal Palace Park no a escala Megalosaurus 1824 Iguanodon 1825 Hylaeosaurus 1833 Dinosauria18421842DinosauriaOwen, 1842charla de 18411 Iguanodon1852El escultorB. W. Hawkinshierro y ladrillo2 cena dentro1853La cena31 dic. 1853en el Iguanodon3 MegalosaurusHylaeosaurus1854Abre el parque10 jun. 1854Sydenham, Londres4 1936-2007Supervivientesincendio de 1936Grado I, 20075Otro monumento de Owen: el Museo de Historia Natural, 1881
Fig. 7 · Richard Owen y los monstruos del Crystal Palace. De la nueva palabra de Owen, Dinosauria, a estatuas de tamaño real en una isla londinense.
Capítulo 8 · Parte I

La guerra de los huesos

En la década de 1870, el Oeste estadounidense fue escenario de la disputa más enconada de la historia de la ciencia. Edward Drinker Cope, de Filadelfia, y Othniel Charles Marsh, de Yale, empezaron como amigos: se conocieron en Berlín en 1864 e incluso se dedicaron especies. Pocos años después eran enemigos, y su rivalidad, llamada más tarde la guerra de los huesos, llenó los museos de dinosaurios y empañó la reputación de ambos.

Una de las primeras chispas fue Elasmosaurus, un plesiosaurio que Cope describió en 1868 con la cabeza en la punta de la cola. El error se señaló en público, y Marsh disfrutaba recordándolo. Siguieron disputas por yacimientos en Kansas y Wyoming, y en 1877 la guerra se convirtió en una carrera.

Ese año se hicieron tres grandes descubrimientos en las rocas de la formación Morrison, del Jurásico superior. El maestro y artista Arthur Lakes halló huesos enormes cerca de Morrison (Colorado) y escribió a Marsh. En Garden Park, cerca de Cañon City, O. W. Lucas enviaba sus hallazgos a Cope. Y dos empleados del ferrocarril Union Pacific, William Reed y William Carlin, avisaron a Marsh de huesos que afloraban en Como Bluff (Wyoming), uno de los yacimientos más ricos jamás encontrados. Marsh los contrató, y entre sus recolectores estuvo el joven Samuel Williston. Cope contó, entre otros, con Charles H. Sternberg, que trabajó con él en Montana en 1876.

Las tácticas se volvieron sucias. Cada bando robaba trabajadores al otro, espiaba sus canteras y sobornaba a agentes del ferrocarril, y ambos fueron acusados de romper huesos para que no cayeran en manos del rival. Los artículos salían con prisas, a veces describiendo un animal a partir de fragmentos y un telegrama. En 1890 la disputa saltó al New York Herald, donde cada uno acusó al otro de incompetencia y plagio.

¿Sabías que Marsh nombró Apatosaurus en 1877 y Brontosaurus en 1879, y durante más de un siglo el segundo se consideró el mismo animal que el primero?

La cosecha fue asombrosa. Marsh nombró unas 80 especies nuevas de dinosaurios y Cope unas 56. La lista de Marsh incluye Stegosaurus, Allosaurus, Diplodocus y Triceratops; la de Cope, Camarasaurus, Coelophysis y Monoclonius. Muchas son válidas y muy conocidas. Otras eran duplicados o fragmentos, y los paleontólogos han pasado más de un siglo desenredando los sinónimos que creó la prisa de ambos.

Cope murió en 1897, sin dinero tras malas inversiones; Marsh en 1899, con su fortuna casi agotada. Su guerra convirtió el Oeste estadounidense en el centro de la ciencia de los dinosaurios y dio al mundo sus primeros esqueletos de gigantes realmente completos. También es una advertencia: la rivalidad impulsa el descubrimiento, pero la prisa y el rencor dejan un desorden que otros deben limpiar.

La Guerra de los Huesos: dos rivales y sus equipos El rencor a escala industrial llenó los museos de EE. UU. Guerra de los Huesos Cope vs Marsh, 1877-1892 Marsh: Stegosaurus, Allosaurus, Diplodocus, Triceratops Cope: Camarasaurus, Coelophysis, Monoclonius O. C. Marsh Yale, Peabody Arthur Lakes Morrison, 1877 Reed y Carlin Como Bluff, WY S. W. Williston recolector de campo 1 E. D. Cope Filadelfia O. W. Lucas Garden Park, CO C. H. Sternberg Montana, 1876 Elasmosaurus cabeza en la cola 2 Las canteras Fm. Morrison Como Bluff Wyoming Garden Park Colorado Tácticas espías y sobornos 3 Secuelas pelea en prensa, 1890 Marsh: c. 80 especies nuevas Cope: c. 56 especies nuevas Brontosaurus Marsh, 1879 4
Fig. 8 · La guerra de los huesos. Dos naturalistas rivales, sus equipos y las canteras que vaciaban a toda prisa.
Capítulo 9 · Parte I

Icnofósiles: huellas, huevos y excrementos

Los huesos dicen qué era un animal. Los icnofósiles, o fósiles traza, dicen qué hacía: por dónde caminaba, a qué velocidad, dónde ponía los huevos y qué comía. Huellas, nidos, madrigueras, marcas de dientes y excrementos son instantes congelados de la vida de los dinosaurios, y a menudo son mucho más abundantes que los esqueletos.

Las huellas se forman cuando un animal cruza barro o arena blandos que luego se secan y quedan enterrados. Se estudiaron mucho antes de entenderse. En 1836, Edward Hitchcock describió huellas de tres dedos del valle del río Connecticut como pisadas de aves gigantes, un error entonces que resultó curiosamente profético. Las huellas reciben sus propios nombres de género, como Eubrontes o Grallator, porque rara vez puede saberse qué especie las dejó. En 1976, el zoólogo R. McNeill Alexander demostró que la longitud de la zancada y la altura de la cadera permiten calcular la velocidad, de modo que un rastro funciona como un velocímetro fósil. La mayoría de los rastros registran un paso tranquilo. Lugares como Cal Orck'o, en Bolivia, donde una pared de cantera conserva miles de huellas, muestran manadas, cazadores solitarios y cambios de ritmo.

En Lark Quarry, en el oeste de Queensland, rocas de unos 95 millones de años conservan más de 3300 huellas pequeñas. En los años ochenta se interpretaron como la estampida de pequeños dinosaurios que huían de un gran depredador. Un estudio de 2013 sostuvo que muchas las dejaron animales que nadaban o vadeaban aguas someras, y el debate sigue abierto.

Los huevos de dinosaurio se reconocieron a gran escala en 1923, cuando la expedición del Museo Americano de Historia Natural dirigida por Roy Chapman Andrews llegó a los Acantilados Llameantes, en el desierto de Gobi (Mongolia). Los nidos hallados desde entonces en todos los continentes salvo la Antártida muestran puestas en círculos o en parejas, algunas todavía con embriones.

¿Sabías que en 1998 Karen Chin describió un coprolito de T. rex de Saskatchewan de 44 cm de largo, repleto de hueso triturado de un herbívoro joven?

Los coprolitos, excrementos fósiles, revelan la dieta de forma directa. William Buckland los bautizó en 1829 después de que Mary Anning advirtiera huesos en su interior. Otras trazas son los gastrolitos, piedras pulidas tragadas para moler el alimento en el tubo digestivo, y las marcas de dientes en los huesos, que muestran quién mordió a quién.

Los icnofósiles han cambiado la imagen del comportamiento de los dinosaurios más que ninguna otra prueba. Revelan animales sociales que viajaban juntos, padres atentos a sus nidos y depredadores que comían carne y hueso. Además mantienen honestos a los paleontólogos, porque una huella no se puede mover, reordenar ni montar en una postura equivocada. Es el registro directo de un instante en el día de un animal vivo.

Lo que recuerda una llanura de lodo: huellas, no huesos Los huesos dicen qué era un animal; las huellas, qué hacía. llanura compuesta; huellas no a escala con el nido c. 1 m zancada Rastro de terópodozancada y tamaño del piedan la velocidad1 Lark Quarry, Qld3300 huellas pequeñasc. 95 Ma: ¿estampida?2 Huevos y nidosFlaming Cliffs, 1923expedición Andrews, Gobi3 Coprolitoheces de T. rex, 44 cmSaskatchewan, 19984
Fig. 9 · Icnofósiles: huellas, huevos y excrementos. Una llanura de barro con huellas, un nido y un coprolito: el registro de la conducta.
Capítulo 10 · Parte I

Nuevos ojos para viejos huesos

Durante la mayor parte de su historia, la paleontología consistió en martillo, pincel y buen ojo anatómico. Todo eso sigue importando, pero desde los años noventa un nuevo instrumental ha transformado lo que puede revelar un fósil. El mismo hueso que antes daba un nombre y una longitud ofrece hoy ritmos de crecimiento, formas cerebrales, colores, temperaturas corporales y un lugar en un árbol genealógico puesto a prueba por ordenador.

La tomografía computarizada, tomada de los hospitales, permite mirar dentro de los fósiles sin romperlos. El equipo de Lawrence Witmer, en la Universidad de Ohio, ha escaneado decenas de cráneos de dinosaurio para reconstruir cerebros, senos y oídos internos. En 2004, un estudio del Archaeopteryx de Londres mostró que su cerebro y su oído interno ya eran de ave. Los rayos X, más potentes, de un sincrotrón, como el europeo de Grenoble, pueden obtener imágenes de embriones aún enroscados dentro de huevos sin eclosionar.

La histología ósea sigue el camino contrario: una lámina fina de hueso, pulida hasta dejar pasar la luz, observada al microscopio. Como los anillos de un árbol, las líneas de crecimiento detenido marcan cada año. En 2004, Gregory Erickson y sus colegas mostraron así que Tyrannosaurus crecía de forma explosiva en la adolescencia, ganando hasta unos 2 kg al día, y alcanzaba el tamaño adulto hacia los 20 años. La misma técnica detecta el hueso medular, la reserva de calcio de las aves ponedoras, que permitió identificar algunos ejemplares como hembras.

Los melanosomas son diminutos orgánulos de pigmento. En 2010, un equipo dirigido por Fucheng Zhang y Mike Benton los halló con microscopio electrónico de barrido en las plumas de Sinosauropteryx, revelando una cola anillada de color rojizo. La química de los isótopos lee dietas y climas en dientes y huesos. Estudios de isótopos agrupados publicados en 2011 sugieren que los saurópodos tenían unos 36 a 38 °C de temperatura corporal, y los isótopos de oxígeno de los dientes de Camarasaurus apuntan a migraciones estacionales hacia tierras altas.

¿Sabías que en 2005 Mary Schweitzer describió estructuras flexibles parecidas a vasos sanguíneos dentro de un fémur de T. rex de Montana, un hallazgo que aún divide a los paleontólogos?

Por último, la filogenética convierte la anatomía en datos. Los investigadores codifican cientos de rasgos en muchas especies y dejan que el software encuentre el árbol más probable. Así el origen terópodo de las aves obtuvo un respaldo abrumador, y así se puso a prueba la propuesta de 2017 de reagrupar las grandes ramas de los dinosaurios.

Estos métodos no sustituyen al trabajo de campo: multiplican su valor. Un ejemplar recogido en 1900 puede responder preguntas que entonces nadie se planteaba, y esa es una de las razones por las que los museos conservan hasta los fragmentos más anodinos. Los viejos huesos siguen dando respuestas nuevas a medida que mejoran las herramientas.

Un hueso, cinco maneras de leerlo Los huesos viejos dan respuestas nuevas al mejorar las técnicas. Un hueso fósil un ejemplar menos invasivo arriba TC y sincrotróncortes de rayos X, sin taladrarcerebros, oídos, embriones1 escanear Histología ósealámina fina: anillosT. rex adulto a los c. 202 cortar Melanosomaspigmento al MEBSinosauropteryx, 20103 ampliar Isótoposoxígeno, carbono, calciodieta, calor, migración4 medir Filogenéticacientos de rasgos codificadosárboles probados por ordenador5 comparar
Fig. 10 · Nuevos ojos para viejos huesos. Cinco métodos modernos para leer un mismo hueso fósil, del escáner a los árboles.
Parte II

El amanecer del Triásico

Tras la Gran Mortandad, un mundo de un solo supercontinente y los primeros dinosaurios.

Capítulo 11 · Parte II

La Gran Mortandad

Hace unos 251,9 millones de años, en el límite entre el Pérmico y el Triásico, la vida estuvo más cerca de ser aniquilada que en ningún otro momento anterior o posterior. La extinción del final del Pérmico, apodada la Gran Mortandad, eliminó en torno a cuatro de cada cinco especies marinas, quizá más, y una gran parte de la vida terrestre. Los arrecifes se desvanecieron. Los últimos trilobites, un grupo que había durado unos 270 millones de años, desaparecieron para siempre.

El registro más claro está en una cantera de Meishan, en la provincia china de Zhejiang. Allí la caliza clara de Changhsing, repleta de corales, braquiópodos y foraminíferos, termina de golpe bajo una fina arcilla llamada capa 25. Esa arcilla es ceniza volcánica alterada, y sus cristales de circón pueden datarse por el método de uranio-plomo. En 2014, Seth Burgess, Samuel Bowring y Shen Shuzhong demostraron que la matanza principal duró como mucho unos 60 000 años, un instante geológico. En 2001 se fijó justo encima el marcador oficial del límite, el «clavo de oro», en la base de la capa 27c, donde aparece por primera vez el diminuto conodonto Hindeodus parvus.

El principal sospechoso son los traps siberianos, una enorme acumulación de basaltos en la actual Rusia. El magma se abrió paso entre vetas de carbón y capas de sal, las coció y liberó a impulsos dióxido de carbono, metano y gases de azufre. Las huellas están por todas partes: una caída brusca de la proporción de carbono 13 en rocas de todo el mundo, isótopos de oxígeno en dientes de conodontos que sugieren mares tropicales a unos 40 °C y señales químicas de océanos sin oxígeno y más ácidos. Las dataciones de Siberia coinciden con las de China.

En tierra firme, los supervivientes formaban un grupo curioso. En la cuenca del Karoo, en Sudáfrica, las rocas inmediatamente posteriores a la crisis están dominadas por Lystrosaurus, un herbívoro rechoncho con pico de alrededor de 1 m. Era un sinápsido, primo lejano de los antepasados de los mamíferos y no un dinosaurio, y se extendió por buena parte de Pangea como clásico «taxón del desastre» que prosperaba en un mundo vacío. La recuperación fue lenta: los arrecifes complejos y los bosques tardaron millones de años en volver.

¿Sabías que durante millones de años tras la Gran Mortandad no se formó carbón en ninguna parte de la Tierra, un hueco que los geólogos llaman la «brecha del carbón»?

El desastre repartió las cartas de nuevo. En los nichos vacíos del Triásico Inferior surgieron nuevos tipos de reptiles, entre ellos los arcosaurios, cuyos descendientes incluirían a cocodrilos, pterosaurios, dinosaurios y aves. La Gran Mortandad es también el análogo antiguo más cercano a una liberación rápida de carbono a la atmósfera, por eso los climatólogos estudian Meishan con tanto detalle como los paleontólogos. Toda la historia de los dinosaurios empieza en esa fina arcilla gris.

La Gran Mortandad en las rocas de Meishan, 251,9 Ma Meishan, Zhejiang, Chinasección de cantera Changhsing En pocos centímetros de roca desaparece casi toda la vida. Caliza de Changhsingfondo marino del Pérmico finalcorales, braquiópodos, foram.1 Capa 25: la cenizacircones de c. 251,9 MaGSSP en la capa 27c, 20012 Traps siberianosbasaltos, Rusiacocieron carbón y salCO2 y SO2 en pulsoscampo de lava3 -2+2δ13C ‰4 Superviviente: LystrosaurusCuenca del Karoo, Sudáfricasinápsido con pico, c. 1 m5
Fig. 11 · La Gran Mortandad. Meishan, China: la extinción del final del Pérmico en unos centímetros de roca.
Capítulo 12 · Parte II

Pangea

Durante todo el Triásico, casi toda la tierra emergida estaba reunida en un único supercontinente, Pangea, «toda la tierra». Se había formado por colisiones continentales a finales del Paleozoico y, cuando aparecieron los primeros dinosaurios, se extendía de polo a polo con forma de C gigante. Su mitad norte, Laurasia, contenía los núcleos de Norteamérica, Europa y Asia; su mitad sur, Gondwana, Sudamérica, África, la India, la Antártida y Australia. A su alrededor se extendía Panthalassa, un solo océano mundial, y en su costado oriental penetraba el cálido mar de Tetis.

La idea fue de Alfred Wegener, un meteorólogo alemán cuyo libro El origen de los continentes y océanos apareció en 1915. Wegener señaló costas que encajan como piezas de rompecabezas, cinturones de rocas equivalentes a ambos lados del Atlántico y fósiles idénticos en continentes hoy separados por océanos: el pequeño reptil pérmico Mesosaurus en Brasil y Sudáfrica, y la flora de Glossopteris en todo el sur. La mayoría de los geólogos lo rechazó porque no tenía un motor convincente. Este llegó en la década de 1960, cuando las bandas magnéticas del fondo oceánico y el magnetismo fósil de las rocas demostraron que las placas se mueven de verdad.

La era de los dinosaurios aportó una prueba decisiva. En 1969, una expedición de la que formaba parte el paleontólogo estadounidense Edwin Colbert halló huesos de Lystrosaurus en Coalsack Bluff, en los montes Transantárticos. El mismo herbívoro con pico se conocía ya en Sudáfrica y la India. Un animal terrestre de un metro no podía haber nadado entre ellos: los continentes habían estado unidos.

Una sola masa de tierra suponía un clima extraño. Gran parte del interior quedaba a miles de kilómetros del mar, y el contraste entre la tierra caliente y el océano más fresco alimentaba un megamonzón: lluvias estacionales torrenciales en las costas y una aridez abrasadora tierra adentro. Las rocas lo muestran en capas rojas, depósitos de sal y dunas fósiles, desde el Keuper alemán hasta la formación Chinle del suroeste estadounidense. Un estudio de 2015 sobre la Chinle de Ghost Ranch sostuvo que las bruscas oscilaciones de sequías e incendios mantuvieron a los grandes dinosaurios herbívoros fuera de los trópicos durante decenas de millones de años.

¿Sabías que Wegener nunca vio aceptada su idea, pues murió en el casquete de hielo de Groenlandia en 1930, tres décadas antes de que la tectónica de placas le diera en gran parte la razón?

Pangea explica por qué las faunas de dinosaurios del Triásico y del Jurásico Inferior se parecen tanto en todos los continentes: sin océanos de por medio, se podía caminar de Argentina a Alemania. La fragmentación empezó hace unos 200 millones de años, cuando un rift entre Norteamérica y África comenzó a abrir el Atlántico. A medida que los pedazos se separaron, sus dinosaurios siguieron caminos distintos. El mapa del Mesozoico es la clave de su árbol genealógico.

Pangea, hace c. 230 millones de años ecuadorLAURASIAGONDWANANorteaméricaEuropaAsiaSudaméricaÁfricaIndiaAntártidaAustralia Una sola tierra, un solo mundo: los dinosaurios podían ir a todas partes. Panthalassaocéano mundialPanthalassaun océano casi globalfondo ya reciclado1 TetisMar de Tetisgolfo cálido al estearrecifes, reptiles marinos2 Fósiles compartidosLystrosaurus: África,India, Antártida3 interior secoMegamonzóncostas húmedas, centro secocapas rojas y dunas4 riftFuturo Atlánticose abre desde c. 200 MaWegener, 19155
Fig. 12 · Pangea. Pangea hacia 230 Ma: un supercontinente, un océano mundial y el cálido Tetis.
Capítulo 13 · Parte II

Los arcosaurios

Los arcosaurios, o «reptiles dominantes», son uno de los grandes éxitos de los vertebrados. Edward Drinker Cope acuñó el nombre en 1869. Hoy el grupo conserva solo dos ramas, los cocodrilos y las aves, pero en el Triásico reunía una variedad mucho mayor de formas y modos de vida. Los arcosaurios comparten rasgos reveladores: dientes insertos en alvéolos, una abertura adicional del cráneo delante de cada ojo llamada fenestra anteorbitaria y otra en la mandíbula.

Su historia empieza entre las ruinas de la Gran Mortandad. Parientes tempranos como Proterosuchus, un depredador de patas abiertas de la cuenca del Karoo, aparecen en las primerísimas rocas del Triásico, y hace unos 245 millones de años Erythrosuchus, de cabeza enorme, figuraba entre los mayores cazadores terrestres. Poco después, los arcosaurios propiamente dichos se dividieron en dos linajes, una separación establecida primero a partir del tobillo. La línea de los cocodrilos (Pseudosuchia) mantuvo una articulación giratoria de tipo «cocodriliano»; la línea de las aves (Avemetatarsalia) desarrolló una simple bisagra, con las patas rectas bajo el cuerpo. Los árboles actuales se basan en análisis informáticos de cientos de rasgos del esqueleto, sobre todo la revisión de Sterling Nesbitt de 2011.

Algunas de las pruebas más sorprendentes proceden de los Manda Beds de Tanzania. A los huesos recogidos allí en 1933 por el paleontólogo británico Rex Parrington se sumaron hallazgos nuevos en 2015, y en 2017 Nesbitt y sus colegas nombraron a Teleocrater rhadinus. Con unos 245 millones de años, es el miembro más antiguo conocido de la línea de las aves, y sin embargo era un animal de cuello largo, de 2 a 3 m, que caminaba a cuatro patas y tenía un tobillo de tipo cocodriliano. Los antepasados de los dinosaurios no empezaron siendo ágiles bípedos.

La línea de las aves produjo también a los pterosaurios, los primeros vertebrados capaces de volar activamente. Son primos cercanos de los dinosaurios, pero no dinosaurios, una distinción que la cultura popular aún confunde. En 2020, Martín Ezcurra y sus colegas usaron tomografías de cráneos y oídos internos para mostrar que sus parientes más próximos eran los lagerpétidos, pequeños corredores ágiles conocidos sobre todo en América. Al otro lado de esa rama estaban los silesáuridos, como Silesaurus de Krasiejów, en Polonia, y los propios dinosaurios.

¿Sabías que un cocodrilo es pariente más cercano de un gorrión que de cualquier lagarto o serpiente?

Los miembros vivos hacen un trabajo discreto pero vital. Como cocodrilos y aves flanquean a los dinosaurios en el árbol, lo que comparten probablemente estaba presente en su antepasado común y en sus descendientes. Ambos tienen corazones de cuatro cavidades, construyen nidos y cuidan de sus crías, y se ha descubierto que los caimanes tienen el mismo flujo de aire unidireccional en los pulmones que las aves. Este «horquillado filogenético» permite deducir anatomía blanda y conductas que nunca fosilizan. El cocodrilo que se calienta en la orilla es un retrato de familia del Triásico.

El árbol de los arcosaurios se divide en dos Proterosuchusgrupo externo, c. 251 Ma Los cocodrilos son más parientes de los gorriones que de los lagartos. Archosauriareptiles dominantes, 1869dientes en alvéolos1 PseudosuchiaAetosauriosherbívoros acorazadosRauisuquioscazadores cuadrúpedosCrocodilomorfos→ cocodrilos actualesLínea cocodrilotobillo «crocodiliano»reptante a semierguido2 AvemetatarsaliaTeleocraterTanzania, c. 245 MaLínea avestobillo bisagra, patas erguidasTeleocrater: Nesbitt 20173 Lagerpétidoscorredores ágilesPterosauriosvoladores, no dinos4 SilesáuridosAsilisaurus, SilesaurusDinosaurios→ aves actualeshorquilla viva: c. 28 + 11 000 sp.5
Fig. 13 · Los arcosaurios. Los arcosaurios se dividen en la línea de los cocodrilos y la de las aves y dinosaurios.
Capítulo 14 · Parte II

Los señores de la línea cocodriliana

Durante la mayor parte del Triásico Superior, los grandes animales terrestres no eran dinosaurios, sino sus primos de la línea de los cocodrilos, los pseudosuquios. En la formación Chinle de Arizona y Nuevo México, igual que en Ischigualasto, en Argentina, o en la formación Santa Maria de Brasil, sus huesos superan con mucho a los de los primeros dinosaurios, y ocupaban casi todos los papeles posibles para un gran animal terrestre.

En la cima estaban los rauisuquios, depredadores de cráneo alto con dientes aserrados como cuchillas. Postosuchus kirkpatricki, nombrado por Sankar Chatterjee en 1985 a partir de la Post Quarry de Texas, alcanzaba unos 4 o 5 m; Saurosuchus, de Ischigualasto, era aún mayor, 6 m o más, y Prestosuchus acechaba en el sur de Brasil. Muchos mantenían las patas bajo el cuerpo como columnas, una postura que evolucionó con independencia de la marcha erguida de los dinosaurios.

Comer plantas era cosa de los aetosaurios, acorazados con hileras de placas óseas llamadas osteodermos y provistos de hocicos en forma de pala. Stagonolepis procede de las areniscas de Elgin, en Escocia; Desmatosuchus, de Texas y Arizona, llevaba largas púas sobre los hombros, y Typothorax era ancho y plano como una mesa baja. En los ríos acechaban los fitosaurios, emboscadores de hocico largo como Smilosuchus, de unos 7 m, que parecían cocodrilos pero tenían las narinas junto a los ojos y no en la punta del hocico. Si pertenecen a la línea de los cocodrilos o quedan justo fuera sigue en debate.

Los más extraños eran los shuvosáuridos. A principios de los años 2000, Sterling Nesbitt, entonces estudiante, abrió un bloque escayolado recogido en Ghost Ranch, Nuevo México, en 1947, y encontró un animal bípedo, sin dientes y con pico. Bautizado Effigia okeeffeae por Nesbitt y Mark Norell en 2006, se parecía asombrosamente a los dinosaurios «imitadores de avestruz» que evolucionaron decenas de millones de años después. Su pariente texano Shuvosaurus se había confundido al principio con un dinosaurio. Midiendo la variedad de formas corporales, un estudio de 2008 dirigido por Stephen Brusatte halló que la línea de los cocodrilos fue más diversa que los dinosaurios durante todo el Triásico Superior.

¿Sabías que Effigia okeeffeae debe su nombre a la pintora Georgia O'Keeffe, que vivió en Ghost Ranch y pintó los mismos acantilados de donde salió su fósil?

Casi toda esta diversidad desapareció al final del Triásico. Solo los pequeños y esbeltos crocodilomorfos, como Hesperosuchus de la Chinle y Terrestrisuchus, de patas largas, de Gales, lograron sobrevivir, y de ellos descienden los cocodrilos, caimanes y gaviales actuales. Su historia ha reescrito la vieja imagen de unos dinosaurios ganadores natos que superaron a todos sus rivales. Durante treinta millones de años reinó la línea de los cocodrilos, y la oportunidad de los dinosaurios solo llegó cuando ese reinado se quebró.

Los de la línea cocodrilo, 237–201 millones de años Pseudosuchia Durante 30 millones de años, la línea cocodrilo dominó la tierra. SuperdepredadoresrauisuquiosPostosuchusTexas, 4–5 mSaurosuchusArgentina, 6+ mPrestosuchussur de Brasil1 AcorazadosaetosauriosDesmatosuchuspúas en hombrosStagonolepisElgin, EscociaTypothoraxancho, plano2 Acechan en ríosfitosauriosSmilosuchusArizona, c. 7 mMystriosuchusAlemania, ItaliaRedondasaurusNuevo México3 Picudos velocesshuvosáuridosEffigiaGhost RanchShuvosaurusTexas, sin dientesPoposaurusUtah, Wyoming4 SupervivientescrocodilomorfosHesperosuchusChinle, esbeltoTerrestrisuchusGales, patilargoSaltoposuchusAlemania, pequeño5
Fig. 14 · Los señores de la línea cocodriliana. Triásico Superior: cazadores, herbívoros acorazados y corredores con pico.
Capítulo 15 · Parte II

Eoraptor y Herrerasaurus

En el árido noroeste de Argentina, en la provincia de San Juan, se encuentra Ischigualasto, el «Valle de la Luna»: un paisaje de lutitas grises, verdes y rojas depositadas por ríos y llanuras de inundación en el Triásico Superior. Una ceniza volcánica cerca de la base de la formación Ischigualasto se ha datado con métodos de argón en unos 231,4 millones de años, y el parque, junto con el vecino Talampaya, es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Sus rocas guardan algunos de los dinosaurios bien conservados más antiguos de la Tierra.

El primero en reconocerse fue Herrerasaurus ischigualastensis. Sus huesos los vio en 1959 Victorino Herrera, un campesino de la zona, y Osvaldo Reig nombró al animal en su honor en 1963. Durante décadas solo se conocieron esqueletos parciales, hasta que una expedición de 1988 dirigida por Paul Sereno con colegas argentinos halló un esqueleto casi completo con su cráneo. Era un depredador bípedo y veloz de hasta unos 6 m, quizá de 350 kg, con dientes aserrados y curvados hacia atrás, manos prensiles con tres dedos largos y garras, y una articulación deslizante en la mandíbula que le ayudaba a sujetar presas que forcejeaban.

Eoraptor lunensis, el «saqueador del amanecer», lo encontró en 1991 Ricardo Martínez en un equipo dirigido por Sereno y se nombró en 1993. Era diminuto en comparación: alrededor de 1 m y 10 kg, tan ligero que podía llevarse bajo el brazo. Sus dientes son mixtos, ganchudos delante y en forma de hoja más atrás, lo que sugiere un generalista que comía pequeños animales y plantas por igual. Presentado primero como uno de los primeros terópodos, en 2011, cuando Martínez y sus colegas describieron a su pariente Eodromaeus, pasó a la base de la línea de los sauropodomorfos de cuello largo.

No estaban solos. Las mismas rocas han dado Eodromaeus, un terópodo primitivo, el sauropodomorfo Panphagia y Sanjuansaurus, pariente de Herrerasaurus. Ya entonces, por tanto, los dinosaurios se habían dividido en ramas reconocibles. La posición exacta de Herrerasaurus sigue en disputa: muchos análisis lo consideran un terópodo primitivo y otros lo sitúan justo fuera de los grandes grupos de saurisquios.

¿Sabías que en las capas inferiores de Ischigualasto el animal grande más común no es un dinosaurio, sino Hyperodapedon, un rincosaurio herbívoro con pico del tamaño de un cerdo?

Ischigualasto cambió nuestro sentido de la proporción. Los primeros dinosaurios no eran gigantes ni dueños de nada. Eran miembros escasos y casi siempre pequeños de una comunidad dominada por rincosaurios, cinodontos emparentados con los mamíferos y la línea de los cocodrilos. Aun así, el diseño básico ya estaba en su sitio: patas erguidas, cuerpo ligero y ágil y una variedad de dietas que más tarde se llevaría al extremo. El amanecer de los dinosaurios fue discreto, y ocurrió en Argentina.

Eoraptor y Herrerasaurus, hace 231 millones de años Fm. Ischigualasto, San Juan, Argentina Los primeros dinosaurios eran raros y pequeños en un mundo lleno. ceniza datada 231,4 Ma«Valle de la Luna»1 Eoraptor lunensishallado 1991, nombrado 1993 (Sereno)c. 1 m, c. 10 kgdientes mixtos:hojas detrás,ganchos delante2 Herrerasaurushallado 1959 (Herrera); Reig 19633–6 m, hasta c. 350 kgarticulaciónmóvil, aserradosdientescráneo hallado en 19883 0 m1 m2 m3 m4 m5 m6 mEoraptorhumano 1,8 mHerrerasaurus, 6 m4 Su lugarEoraptor → sauropodomorfo basal (visión 2011)Herrerasaurus → terópodo basal o saurisquio troncal: en debate5
Fig. 15 · Eoraptor y Herrerasaurus. Eoraptor y Herrerasaurus, de Ischigualasto, entre los primeros dinosaurios.
Capítulo 16 · Parte II

En busca del primer dinosaurio

Nadie ha encontrado el primer dinosaurio, y nadie espera reconocerlo si lo encuentra. Los dinosaurios se definen por un conjunto de rasgos, entre ellos una cavidad de la cadera abierta, una larga cresta en el húmero para músculos potentes y patas rectas bajo el cuerpo. Sus parientes más próximos, los dinosauromorfos, adquirieron esos rasgos poco a poco, así que la frontera entre «casi dinosaurio» y «dinosaurio» es borrosa. La búsqueda trata en realidad de hallar el momento, y el lugar, en que el conjunto se completó.

Algunas de las primeras pistas son huellas. En 2011, Stephen Brusatte, Grzegorz Niedźwiedzki y Richard Butler describieron unas huellas diminutas llamadas Prorotodactylus en los montes de la Santa Cruz, en Polonia, de unos 250 millones de años. Los rastros estrechos y los dedos juntos revelan a un pequeño pariente de los dinosaurios que caminaba con las patas erguidas pocos millones de años después de la Gran Mortandad.

Los huesos hacen avanzar la historia en el sur de Pangea. Los Manda Beds de Tanzania han dado Asilisaurus, nombrado en 2010, un silesáurido cercano a la línea de los dinosaurios cuya existencia implica que estos ya se habían separado. De las mismas rocas procede Nyasasaurus parringtoni, de unos 243 millones de años: un húmero y unas vértebras recogidos por Rex Parrington en los años treinta, estudiados por Alan Charig en los cincuenta y nombrados formalmente en 2013 por Sterling Nesbitt y sus colegas. Su tejido óseo muestra un crecimiento rápido, de tipo dinosaurio. Es o bien el dinosaurio más antiguo conocido o bien su primo más cercano.

En Argentina, la formación Chañares, en La Rioja, proporcionó pequeños parientes de patas largas como Lagerpeton y Marasuchus durante las expediciones de Harvard de Alfred Romer en los años sesenta. Dataciones con circones publicadas en 2016 dieron a estas rocas unos 236 millones de años, menos de lo que se creía. Los dinosaurios indiscutibles más antiguos llegan poco después: de la formación Santa Maria, en Brasil, datada en unos 233 millones de años, proceden Staurikosaurus, nombrado por Edwin Colbert en 1970, Saturnalia y Buriolestes; de Ischigualasto, algo más joven, Eoraptor y Herrerasaurus.

¿Sabías que Nyasasaurus esperó más de 75 años a tener nombre oficial, pues sus huesos se recogieron en los años treinta y no se describieron hasta 2013?

África entró en el registro en 2022, cuando Christopher Griffin y sus colegas describieron Mbiresaurus raathi, un sauropodomorfo de Zimbabue de unos 230 millones de años. Su edad y su entorno apoyan la idea de que los primeros dinosaurios se extendieron por un cinturón húmedo del sur de Pangea antes de llegar a los trópicos, más secos. El propio árbol genealógico está en cuestión: en 2017, Matthew Baron, David Norman y Paul Barrett propusieron reagrupar terópodos y ornitisquios como Ornithoscelida, un desafío a una división de 130 años que aún se está poniendo a prueba. El primer dinosaurio probablemente aguarda en rocas inexploradas del Triásico Medio de Gondwana.

Tras el primer dinosaurio, 250–230 Ma CPE252248244240236232Ma¿Qué hace a un dinosaurio?cadera abierta, cresta en el húmero, patas erguidasárbol en debate: hipótesis Ornithoscelida, 2017 La pista cruza Gondwana, pero el primer dinosaurio sigue oculto. Huellas, Poloniahuellas de Prorotodactylusc. 250 Ma, Santa Cruz1 Capas de Manda, TanzaniaNyasasaurus: ¿dinosaurio?Asilisaurus, Teleocrater2 Chañares, ArgentinaLagerpeton, MarasuchusRomer, años 603 Dinosaurios seguros más antiguosBrasil 233 Ma: BuriolestesArgentina 231 Ma: Eoraptor4 ZimbabueMbiresaurus, 2022c. 230 Ma, Gondwana5
Fig. 16 · En busca del primer dinosaurio. Huellas y huesos de Polonia, Tanzania, Argentina, Brasil y Zimbabue acotan la búsqueda.
Capítulo 17 · Parte II

Coelophysis en Ghost Ranch

Coelophysis bauri era un depredador esbelto y ligero de unos 3 m, casi todo cuello y cola, que pesaba quizá 20 kg. Su nombre significa «forma hueca», por sus huesos de paredes finas. Vivió en el Triásico Superior, hace unos 210 millones de años, en las tierras fluviales del actual Nuevo México, entonces parte de la Pangea tropical. Es uno de los terópodos antiguos mejor conocidos, el grupo que más tarde incluiría a Tyrannosaurus y a las aves.

El nombre es más antiguo que los fósiles famosos. Unos fragmentos recogidos por David Baldwin en 1881 llegaron a Edward Drinker Cope, que nombró al animal en 1889. El gran avance llegó en junio de 1947, cuando un equipo del Museo Americano de Historia Natural dirigido por Edwin Colbert visitó Ghost Ranch, en el norte de Nuevo México. El ayudante de campo George Whitaker vio huesos aflorando en la formación Chinle, y la cantera resultó contener cientos de esqueletos apiñados en una sola capa, de juveniles a adultos, muchos completos y articulados. Sigue siendo uno de los yacimientos de dinosaurios más ricos que se conocen.

Tantos esqueletos no podían extraerse uno a uno. El yacimiento se cortó en grandes bloques, se envolvió en escayola y se envió a museos como el Carnegie de Pittsburgh, el Museo de Historia Natural de Nuevo México en Albuquerque y el Ruth Hall Museum of Paleontology del propio Ghost Ranch, donde los visitantes aún pueden ver a los preparadores trabajar. Cómo murieron los animales es objeto de debate. La mayoría de los investigadores cree que una sequía los atrajo a charcas cada vez más pequeñas y que luego las crecidas arrastraron los cadáveres hasta un cauce.

La cantera también dio lugar a un mito famoso. Dos esqueletos parecían tener en el vientre huesos de crías de Coelophysis, y durante décadas el dinosaurio se citó como caníbal. En 2006, Sterling Nesbitt y sus colegas los reexaminaron: una de las «comidas» estaba debajo del esqueleto y no dentro, y la otra pertenecía a un pequeño reptil de la línea de los cocodrilos, probablemente emparentado con Hesperosuchus. El estudio de los numerosos individuos ha mostrado además que animales del mismo tamaño podían estar en fases de crecimiento muy distintas.

¿Sabías que en 1998 un cráneo de Coelophysis del Museo Carnegie viajó a bordo del transbordador Endeavour hasta la estación Mir, lo que lo convierte en uno de los primeros dinosaurios en el espacio?

Ghost Ranch importa porque ofrece algo que la paleontología rara vez consigue: una población en lugar de un solo ejemplar. Cientos de individuos permiten medir el crecimiento, las diferencias entre sexos o morfotipos y la gama de tamaños de una misma especie. Nuevo México hizo de Coelophysis su fósil oficial en 1981. Una sola mala temporada, hace 210 millones de años, se convirtió en una de las mejores ventanas a un dinosaurio.

La cantera de Coelophysis en Ghost Ranch Una mala temporada dejó toda una población en una losa de roca. capas rojas de Chinlelimolita, c. 210 MaGhost Ranch, Nuevo México1 Cuadrícula, junio de 1947hallazgo de George WhitakerAMNH, Edwin Colbert2 Lecho óseo de Coelophysiscientos de esqueletosde crías a adultos, 3 m3 Bloques enyesadosenviados a Pittsburgh, GhostRanch, Albuquerque y más4 El mito caníbal«cría» en el vientre: unHesperosuchus (estudio 2006)5Coelophysis bauri: Cope, 1889fósil oficial de Nuevo México
Fig. 17 · Coelophysis en Ghost Ranch. Ghost Ranch, 1947: cientos de esqueletos de Coelophysis enredados en una sola capa.
Capítulo 18 · Parte II

Plateosaurus y los primeros cuellilargos

Plateosaurus engelhardti es el más conocido de los primeros dinosaurios de cuello largo, un miembro de los sauropodomorfos, el linaje que más tarde daría lugar a los saurópodos gigantes. Lo nombró en 1837 el paleontólogo alemán Hermann von Meyer a partir de huesos hallados cerca de Núremberg. Vivió hace unos 214 a 204 millones de años, en el Noriense, en lo que hoy son Alemania, Suiza y Francia, y los adultos medían entre unos 5 y 10 m.

Su fama se debe a la cantidad. En Trossingen, en el suroeste de Alemania, las excavaciones de 1911 a 1932, dirigidas primero por Eberhard Fraas y después por Friedrich von Huene, sacaron a la luz decenas de esqueletos. Halberstadt, en Alemania, y Frick, en Suiza, han aportado muchos más. Los primeros investigadores imaginaron manadas muertas en travesías por el desierto, pero en los años noventa Martin Sander defendió que aquellos animales pesados quedaron atrapados en barro blando y murieron donde se hundieron.

La anatomía es un boceto de lo que vendría. Un cráneo pequeño llevaba dientes aserrados en forma de hoja, aptos para triturar plantas, quizá con algún animal pequeño de vez en cuando. Un cuello largo de diez vértebras le permitía ramonear en altura sin mover el cuerpo. Las manos tenían una gran garra en el pulgar. Durante un siglo los artistas dibujaron a Plateosaurus a cuatro patas, pero en 2010 Heinrich Mallison construyó un modelo digital del esqueleto y mostró que el antebrazo no podía girar para poner la palma hacia abajo. Caminaba sobre dos patas, con las manos libres para agarrar y las palmas mirando hacia dentro.

La histología ósea añadió un giro. En 2005, Martin Sander y Nicole Klein cortaron láminas finas de huesos de Plateosaurus y contaron sus líneas de crecimiento. Individuos de la misma edad diferían mucho de tamaño, y los adultos plenamente desarrollados iban de unos 4,8 a 10 m. Su crecimiento parece haber dependido del alimento y de las condiciones, una flexibilidad llamada plasticidad del desarrollo, más propia de los reptiles actuales que de aves o mamíferos.

¿Sabías que Plateosaurus recibió su nombre cinco años antes de que Richard Owen acuñara la palabra «dinosaurio» en 1842?

Sus parientes aparecen por toda Pangea: Thecodontosaurus, de Bristol, nombrado en 1836; Massospondylus, de Sudáfrica, cuyos huevos con diminutos embriones se describieron en 2005; Lufengosaurus, de Yunnan, nombrado por Yang Zhongjian en 1941; e Ingentia prima, de Argentina, descrito en 2018, que ya alcanzaba unos 10 m en el Triásico Superior. Juntos muestran que el plan corporal de cuello largo, y el impulso hacia el gran tamaño, comenzaron antes de lo que se pensaba. En la pequeña cabeza y el largo cuello de Plateosaurus está el plano de los mayores animales que han pisado la Tierra.

Plateosaurus: anatomía de un cuellilargo temprano 04 m8 m1,8 mPlateosaurus engelhardti Cabeza pequeña, cuello largo: el plan que heredaron los saurópodos. Cráneo pequeñodientes en hojacortaban plantas, ¿y más?1 Cuello largo10 vértebras cervicalesalcanzar ramas altas2 Mano prensilgarra del pulgarpalmas hacia dentro3 Anillos de crecimientohistología del fémurvariaba según el añoadultos: 5–10 mSander, 20054 Cuellilargos tempranos del mundoThecodontosaurusBristol, 1836Plateosaurusfosas de TrossingenMassospondylusSudáfrica, huevosLufengosaurusYunnan, 1941IngentiaArgentina, 20185
Fig. 18 · Plateosaurus y los primeros cuellilargos. Plateosaurus: cabeza pequeña, cuello largo, manos prensiles y dos patas, hasta 10 m.
Capítulo 19 · Parte II

El episodio pluvial del Carniense

Hace unos 234 millones de años, en el Carniense, una edad del Triásico Superior, el clima de Pangea dio un vuelco. Durante un millón de años o más, impulsos de lluvias intensas barrieron un supercontinente más conocido por sus desiertos rojos. Los geólogos lo llaman episodio pluvial del Carniense, de «pluvial», lluvioso, y en pocas décadas ha pasado de ser una rareza de las rocas británicas a uno de los puntos de inflexión del Triásico.

Lo describieron por primera vez en 1989 dos geólogos británicos, Michael Simms y Alastair Ruffell. En la Mercia Mudstone del sur de Inglaterra, una sucesión de sedimentos rojos y secos se ve interrumpida por arcillas y areniscas grises y verdes depositadas por el agua. Simms y Ruffell lo relacionaron con cambios parecidos en los Alpes, como las areniscas de Lunz en Austria y las oscuras pizarras de Reingraben, y sostuvieron que el mundo entero se había vuelto húmedo. Muchos colegas se mostraron escépticos. Desde entonces la señal se ha encontrado desde los Dolomitas italianos hasta China, y una revisión de 2020 dirigida por Jacopo Dal Corso reunió las pruebas.

El desencadenante probable fue Wrangellia, una gran provincia ígnea de basaltos que se derramaron sobre una meseta oceánica cuyos restos están hoy en Alaska y la Columbia Británica. Bruscas caídas de la proporción de carbono 13 en las rocas del Carniense registran inyecciones repetidas de carbono ligero en la atmósfera, en sintonía con las erupciones. El mundo se calentó varios grados, el ciclo del agua se intensificó y los océanos sufrieron. La construcción de arrecifes se frenó, y ammonoideos, crinoideos y otros grupos marinos perdieron muchas especies.

En tierra, los efectos se notan en las plantas y en la resina. Los bosques de coníferas se extendieron y los árboles produjeron resina en cantidades inusuales: los Dolomitas guardan uno de los ámbares abundantes más antiguos del mundo, de unos 230 millones de años. En 2012, Alexander Schmidt y sus colegas hallaron en él dos ácaros diminutos y una mosca, entre los animales más antiguos encontrados jamás en ámbar. Algunos investigadores vinculan el episodio al declive de los rincosaurios y de los grandes dicinodontos, aunque cuánto se debió a las lluvias sigue en debate.

¿Sabías que los dos ácaros del ámbar de los Dolomitas eran ácaros de las agallas, un grupo que aún vive sobre plantas, aunque aquellos vivían sobre coníferas?

A los dinosaurios les fue bien. En 2018, Massimo Bernardi y sus colegas mostraron que en los Dolomitas las huellas de dinosaurios pasaron de raras a comunes a lo largo del episodio, y los dinosaurios se volvieron mucho más abundantes y extendidos después. Las lluvias coinciden además con la aparición o expansión de familias modernas de coníferas y de otros grupos que darían forma al Mesozoico. El episodio pluvial del Carniense se ve hoy como uno de los momentos en que se puso en marcha el mundo moderno, y en que los dinosaurios tuvieron su primera oportunidad.

El Episodio Pluvial Carniense, un millón de años húmedos Episodio PluvialCarniensec. 234–232 Ma Tras las lluvias, el mundo de los dinosaurios había empezado. Erupción de Wrangelliabasaltos, hoy enAlaska y Canadá1 CO2 y calentamientocaídas isotópicas del Cmares varios °C más cálidos2 1 Ma de lluviasSimms y Ruffell, 1989ríos, lagos, aluviones3 Sacudidaarrecifes en crisis, ámbarDolomitas, Lunz, Somerset4 Vuelve la sequíamás huellas despuésy se extienden coníferas5
Fig. 19 · El episodio pluvial del Carniense. Un millón de años húmedos hacia 233 Ma sacudió arrecifes, bosques y dinosaurios.
Capítulo 20 · Parte II

La extinción del final del Triásico

Hace unos 201,5 millones de años, el Triásico terminó con una de las cinco grandes extinciones masivas del último medio millar de millones de años. Desaparecieron cerca de tres de cada cuatro especies. En el mar, los conodontos, diminutos animales parecidos a anguilas cuyos dientes sirven para datar rocas de todo el mundo, se extinguieron para siempre, y arrecifes y ammonoideos sufrieron un duro golpe. En tierra, casi todo el elenco de la línea de los cocodrilos que había dominado el Triásico Superior, aetosaurios, fitosaurios y rauisuquios, fue barrido, junto con la mayoría de los grandes anfibios. Los dinosaurios salieron adelante.

La causa está en el nacimiento del Atlántico. Cuando Pangea empezó a romperse, enormes volúmenes de magma brotaron formando la Provincia Magmática del Atlántico Central, o CAMP, cuyos restos cubren hoy partes de cuatro continentes: los acantilados de las Palisades a orillas del Hudson, en Nueva Jersey, el basalto de North Mountain en Nueva Escocia, el Alto Atlas de Marruecos y amplias zonas de Brasil. En 2013, Terrence Blackburn, Paul Olsen y sus colegas dataron circones de esas rocas y demostraron que la CAMP entró en erupción a impulsos durante unos 600 000 años, y que el primero coincide con el nivel de la extinción. Los sedimentos lacustres rítmicos de la cuenca de Newark, en el este de Estados Unidos, ajustados a los ciclos orbitales de la Tierra, aportaron la escala temporal.

La matanza actuó a través de la atmósfera. Hojas fósiles del este de Groenlandia estudiadas por Jennifer McElwain y sus colegas en 1999 tienen menos poros respiratorios a uno y otro lado del límite, señal de que el dióxido de carbono subió con fuerza. El calentamiento y unos mares más ácidos golpearon a los constructores de arrecifes y a los animales con concha, mientras que los gases de azufre provocaron probablemente inviernos volcánicos breves y duros. En tierra, el polen de coníferas cae en picado y las esporas de helechos se disparan, el «pico de helechos» registrado desde la cuenca de Newark hasta St Audrie's Bay, en Somerset. La base del Jurásico se fijó oficialmente en 2010 en Kuhjoch, Austria, con la primera aparición del ammonites Psiloceras spelae.

Por qué sobrevivieron los dinosaurios no está resuelto. Una idea propuesta por Olsen y sus colegas en 2022 procede de la cuenca de Junggar, en el noroeste de China, donde depósitos lacustres con cantos transportados por el hielo aparecen junto a huellas de dinosaurios. En latitudes altas, sostienen, los dinosaurios ya se habían adaptado a inviernos helados, quizá con una pelusa aislante, y estaban preparados para las olas de frío volcánico que mataron a sus rivales. Otros destacan su crecimiento rápido y su respiración eficiente, de tipo aviano.

¿Sabías que los acantilados de las Palisades, frente a Manhattan al otro lado del Hudson, están hechos del magma de las mismas erupciones que probablemente desencadenaron la extinción del final del Triásico?

Las consecuencias fueron espectaculares. En el registro de huellas de la cuenca de Newark aparecen, justo después del límite, rastros tridáctilos más grandes de Eubrontes, como informaron Olsen y sus colegas en 2002, señal de que terópodos mayores ocuparon enseguida el paisaje vacío. En pocos millones de años, el Jurásico Inferior tenía cazadores con cresta, los primeros dinosaurios acorazados y cuellilargos cada vez mayores. La línea de los cocodrilos había tropezado. Los dinosaurios cruzaron la puerta que dejó abierta.

La extinción del Triásico final, hace 201,5 millones de años 201,5 Ma: los pulsos de lava de la CAMP duran c. 600 000 años; extinción cerca del primero La línea cocodrilo tropezó; los dinosaurios cruzaron la puerta. Erupciones de la CAMPProvincia Magmática delAtlántico Central, lavasN. Am.ÁfricaPalisadesMarruecos1 GasesCO2 de la lavaSO2, rocas cocidasCalor y mares ácidosCO2 doble o másfallan arrecifes y conchasInviernos volcánicosbruma de sulfatos, fríochoques breves y repetidos2 Pérdidasconodontos, para siempreaetosaurios, fitosauriosrauisuquioscasi todos los anfibios grandesc. 3 de cada 4 especiespico de helechos en tierra3 Supervivientesdinosaurioscrocodilomorfospterosauriosparientes de mamíferostortugas, lepidosaurios¿plumón contra el frío?4 Hacia el Jurásicohuellas de Newark:Eubrontes, pies mayoresOlsen, 2002Kuhjoch, Austria:base del JurásicoSt Audrie's Bay, R. U.5
Fig. 20 · La extinción del final del Triásico. Las lavas de la CAMP rompen Pangea hacia 201,5 Ma y abren paso a los dinosaurios.
Parte III

Los gigantes de cuello largo

Los saurópodos: los animales más grandes que jamás caminaron sobre la tierra, y cómo lo consiguieron.

Capítulo 21 · Parte III

Saurópodos: la vida a lo largo y a lo alto

Los saurópodos fueron los herbívoros de cuello y cola largos que se convirtieron en los animales más grandes que jamás hayan caminado sobre tierra firme. Su plan corporal es uno de los diseños más exitosos de la historia de la vida: una cabeza pequeña, un cuello que en algunas especies alcanzaba los 15 m, un barril de vísceras suspendido entre cuatro patas como columnas y una larga cola para equilibrarlo todo. El grupo apareció a finales del Triásico, hace unos 210 Ma, y duró hasta el impacto del asteroide hace 66 Ma: unos 140 millones de años de fósiles en todos los continentes.

Los primeros capítulos llegan de Argentina y del sur de África. Ingentia prima, descrita en 2018 por Cecilia Apaldetti y sus colegas en la formación Quebrada del Barro, en la provincia de San Juan, demuestra que el gigantismo ya había empezado antes del Jurásico. En el Jurásico Inferior, Vulcanodon, de Zimbabue, nombrado por Michael Raath en 1972, se sostenía ya sobre extremidades rectas en columna, la postura que conservaron todos los saurópodos posteriores.

Durante buena parte del siglo XX se imaginó a los saurópodos revolcándose en pantanos, supuestamente demasiado pesados para sostenerse en tierra firme. Las pruebas enterraron esa idea. En 1938, Roland T. Bird, del American Museum of Natural History, siguió rastros de saurópodos a lo largo del río Paluxy, cerca de Glen Rose, en Texas: animales que caminaban sobre barro firme hace unos 113 Ma. Huesos de las patas construidos como columnas, pies compactos y una caja torácica alta y estrecha son propios de animales terrestres; a principios de los años setenta, Robert Bakker los comparó con elefantes, no con hipopótamos. Las manos también hablan: los huesos de la palma se alzaban en herradura, y por eso sus huellas de mano tienen forma de media luna.

Los saurópodos no masticaban. Dientes en forma de clavija o de cuchara arrancaban el follaje, y la digestión ocurría en un intestino enorme donde la materia vegetal fermentaba probablemente durante días. Las piedras estomacales que supuestamente la trituraban son escasas, y en 2007 Oliver Wings demostró que eran demasiado pocas para funcionar como la molleja de un ave. El crecimiento era rápido: las láminas delgadas de hueso estudiadas por Martin Sander y sus colegas en Bonn revelan hueso fibrolamelar depositado a ritmos como los de los grandes mamíferos. Una cría que cabía en dos manos podía alcanzar el tamaño adulto en quizá dos o tres décadas.

¿Sabías que algunos titanosaurios tardíos habían perdido por completo las falanges de las manos y caminaban sobre una herradura de huesos de la palma desnudos, sin ningún dedo?

El equipo de Sander sostuvo que el tamaño de los saurópodos surgió de una cascada de rasgos. No masticar permitía una cabeza pequeña; una cabeza pequeña hacía posible un cuello largo; un sistema respiratorio como el de las aves aligeraba el esqueleto; y poner muchos huevos pequeños dejaba que las poblaciones se recuperaran deprisa. Cada rasgo, por sí solo, es corriente. Juntos convirtieron a los saurópodos en la vara de medir que todavía debe superar cualquier afirmación sobre gigantes terrestres.

El plan corporal saurópodo, c. 210–66 Ma cola: c. 80 vértebrascaderastipo Diplodocus, c. 25 m Piezas corrientes construyeron los mayores animales terrestres. Cabeza pequeñadientes en clavijacráneo < 1 m1 Cuello neumático12–19 vértebras cervicaleshasta c. 15 m2 intestinoIntestino fermentadorsin molleja: pocas piedrascomida retenida días3 huellas del Paluxy, TexasPatas en columnaerguidas, como de elefantehuellas de mano en media luna4 Crecimiento rápidohistología óseade huevo a adulto enc. 20–30 años5
Fig. 21 · Saurópodos: la vida a lo largo y a lo alto. El saurópodo: cabeza pequeña, cuello largo, intestino fermentador y patas de columna.
Capítulo 22 · Parte III

Diplodocus

Diplodocus es el saurópodo clásico: unos 25 m de cuello, cuerpo y cola en látigo, con una masa de quizá 12 a 15 toneladas, ligera para su longitud. Vivió en las llanuras aluviales del oeste de Norteamérica hace unos 154 a 152 Ma, en las rocas que hoy llamamos formación Morrison, junto a Allosaurus, Stegosaurus y otros herbívoros gigantes.

Los primeros huesos se excavaron en 1877 cerca de Cañon City, en Colorado, a cargo de Benjamin Mudge y Samuel Williston, que recolectaban para Othniel Charles Marsh, de Yale. Marsh nombró Diplodocus longus en 1878. El nombre significa «doble viga» y alude a los huesos en chevrón bajo la cola, con dos patines, que quizá protegían los vasos sanguíneos cuando la cola rozaba el suelo. El mejor esqueleto llegó después: en julio de 1899, un equipo financiado por el magnate del acero Andrew Carnegie halló un esqueleto parcial en Sheep Creek, Wyoming, y en 1901 John Bell Hatcher lo bautizó Diplodocus carnegii.

El esqueleto es una lección de ingeniería. Unas 15 vértebras del cuello y unas 80 de la cola se equilibraban sobre las caderas como los dos brazos de un puente colgante. En 1997, Nathan Myhrvold y Philip Currie sugirieron con modelos informáticos que la punta de la cola podía restallar como un látigo, más rápido que el sonido. En 2022, Simone Conti y sus colegas repitieron el cálculo y hallaron que la punta se movería a unos 30 m por segundo, muy lejos de un estampido sónico.

El cráneo, largo y bajo, solo tenía dientes en forma de lápiz en la parte delantera de las mandíbulas, ideales para arrancar hojas de las ramas. A qué altura llevaba la cabeza sigue discutiéndose. En 1999, Kent Stevens y Michael Parrish construyeron modelos digitales con el cuello casi horizontal, barriendo la vegetación baja; en 2009, Mike Taylor, Mathew Wedel y Darren Naish recordaron que los animales vivos mantienen el cuello erguido, y que los saurópodos probablemente también. La familia tuvo gigantes: Diplodocus hallorum, de Nuevo México, bautizado primero Seismosaurus por David Gillette en 1991, quizá superó los 30 m.

¿Sabías que contando las líneas de crecimiento diarias de los dientes, Michael D'Emic y sus colegas descubrieron en 2013 que cada diente de Diplodocus se reponía más o menos cada 35 días?

Gracias a los vaciados de yeso de Carnegie, enviados a museos de todo el mundo, Diplodocus fue el primer dinosaurio que vio mucha gente. Para los científicos sigue siendo el animal de referencia de toda la familia de los diplodócidos, el esqueleto con el que se compara cada nuevo hallazgo. Siglo y medio después de Cañon City, todavía da que hablar.

Diplodocus, de la cantera al modelo digital no a escalaD. carnegii: c. 25 m, 12–15 tFormación Morrisonc. 154–152 Ma Siglo y medio después, Diplodocus aún da que hablar. 1877–78Cañon City, COMarsh: D. longus1 1899–1901Sheep Creek, WYHatcher: D. carnegii2 1991Seismosaurus, NMhoy D. hallorum3 1997 → 2022cola látigo: ¿supersónica?revisado: c. 30 m/s4 2013reloj dentaldiente nuevo/c. 35 d5
Fig. 22 · Diplodocus. Diplodocus, de una cantera de Colorado al superordenador: 150 años de estudio.
Capítulo 23 · Parte III

Brachiosaurus y Giraffatitan

Los braquiosáuridos estaban construidos como jirafas: patas delanteras más largas que las traseras, hombros altos y cuello hacia arriba. Brachiosaurus altithorax, el «lagarto brazo de pecho profundo», fue nombrado en 1903 por Elmer Riggs, del Field Columbian Museum de Chicago, a partir de un esqueleto parcial excavado en 1900 en el valle del Grand River, cerca de Fruita, en el oeste de Colorado. Procedía de la formación Morrison, de hace unos 154 a 150 Ma.

El mejor material llegó de África. Entre 1909 y 1913, una expedición alemana dirigida por Werner Janensch y Edwin Hennig excavó la colina de Tendaguru, en el entonces África Oriental Alemana, hoy Tanzania. Cientos de trabajadores locales, con capataces como Boheti bin Amrani, cavaron, enyesaron y llevaron los huesos a pie hasta el puerto de Lindi, a varios días de marcha. Más de 200 toneladas de fósiles llegaron a Berlín. En 1914, Janensch bautizó al mayor saurópodo como Brachiosaurus brancai.

Su esqueleto, montado en el Museum für Naturkunde de Berlín en 1937 y remontado en 2007, se convirtió en el dinosaurio montado más alto del mundo. Las estimaciones de masa muestran cuánto importa el método: en 1962, Edwin Colbert le calculó unas 78 toneladas; en 2009, Mike Taylor, con un cuidadoso modelo volumétrico, llegó a unas 23. El cráneo también tiene su historia. Su alto arco óseo hizo pensar en unas fosas nasales en lo alto de la cabeza, usadas como tubo de buceo, pero en 1951 Kenneth Kermack demostró que la presión del agua habría impedido respirar, y en 2001 Lawrence Witmer mostró que las narinas carnosas estaban muy adelante, cerca de la punta del hocico.

¿Sabías que el esqueleto de Berlín mide 13,27 m de alto y Guinness World Records lo reconoce como el esqueleto de dinosaurio montado más alto del mundo?

¿Eran de verdad un solo género el animal americano y el africano? Gregory Paul creía que no y en 1988 situó la especie tanzana en un subgénero al que llamó Giraffatitan. En 2009, Taylor comparó los huesos uno a uno y encontró muchas diferencias: Brachiosaurus tenía un tronco más largo y vértebras dorsales y huesos de la cadera de forma distinta. La mayoría de los paleontólogos acepta hoy Giraffatitan brancai como género propio, aunque algunos aún los agrupan.

La silueta de jirafa importaba en los bosques de Morrison y Tendaguru. Mientras los diplodócidos ramoneaban a alturas bajas y medias, los braquiosáuridos alcanzaban las copas, a 9 m o más, un reparto del alimento que permitía convivir a muchos gigantes. Brachiosaurus tuvo además una segunda carrera: en 1993 fue el primer dinosaurio que se vio de cuerpo entero en Parque Jurásico. Su historia recuerda que un nombre famoso puede esconder dos animales, y que hizo falta una comparación hueso a hueso para distinguirlos.

Brachiosaurus y Giraffatitan, c. 154–145 Ma Un nombre famoso ocultaba dos gigantes con forma de jirafa. Brachiosaurus altithoraxFruita, Colorado, 1900Riggs, 1903tronco largo1 Giraffatitan brancaiTendaguru, TanzaniaJanensch, 1914tronco más corto2 Dos géneros, no unoPaul 1988: subgénero GiraffatitanTaylor 2009: hueso a huesodifieren tronco, dorsales, caderashoy casi todos aceptan la división3 13,27 mmontaje de Berlín4 Narinas delantearco óseocarnosanarinaWitmer 2001; sin snorkel5
Fig. 23 · Brachiosaurus y Giraffatitan. Dos gigantes con forma de jirafa, de Colorado y Tanzania, tomados por uno solo.
Capítulo 24 · Parte III

El regreso de Brontosaurus

Durante casi todo el siglo XX, el nombre de dinosaurio más famoso del mundo era oficialmente incorrecto. En 1877, Othniel Charles Marsh nombró Apatosaurus ajax a partir de un esqueleto parcial hallado en la formación Morrison de Colorado. Dos años después, en 1879, nombró Brontosaurus excelsus, el «lagarto trueno», con un esqueleto mayor recogido en Como Bluff, Wyoming, por su recolector William Reed. Eran los años de la guerra de los huesos con Edward Drinker Cope, y Marsh creaba géneros a toda prisa.

En 1903, Elmer Riggs, del Field Columbian Museum, volvió a examinar los fósiles y concluyó que ambos eran demasiado parecidos para separarlos. Según las reglas de la nomenclatura zoológica, prevalece el nombre más antiguo, así que Brontosaurus pasó a ser Apatosaurus. El público nunca lo aceptó del todo. El Museo Peabody de Yale montó su esqueleto en 1931 con el nombre de Brontosaurus, un saurópodo se convirtió en el logotipo de una petrolera y, cuando el servicio postal de Estados Unidos emitió en 1989 un sello «Brontosaurus», los paleontólogos protestaron por el nombre «no válido».

También la cabeza era errónea. La reconstrucción de Marsh de 1883 usaba un cráneo corto y macizo como el de Camarasaurus. En el Carnegie Museum de Pittsburgh, William Holland sospechaba que el verdadero era un cráneo esbelto, parecido al de Diplodocus, hallado junto al esqueleto de Apatosaurus louisae en el actual Dinosaur National Monument, pero nunca publicó sus argumentos; tras su muerte se colocó en el montaje una cabeza de tipo Camarasaurus. En 1975, John McIntosh y David Berman demostraron que Holland tenía razón, y en 1979 el esqueleto de Pittsburgh recibió por fin la cabeza correcta.

¿Sabías que la serie de sellos estadounidenses de 1989 recibió una doble crítica, por usar el nombre Brontosaurus y por incluir a Pteranodon, que no es un dinosaurio?

En 2015, el lagarto trueno volvió. Emanuel Tschopp, Octávio Mateus y Roger Benson publicaron un análisis espécimen por espécimen de la familia de los diplodócidos: 81 ejemplares evaluados en 477 rasgos anatómicos. Su árbol dividía a los apatosaurinos en dos grupos tan distintos entre sí como otros géneros aceptados. Apatosaurus, con un cuello extraordinariamente ancho y macizo, ocupaba una rama; Brontosaurus, con tres especies, B. excelsus, B. parvus y B. yahnahpin, ocupaba la otra. Eran animales de unos 20 m y 15 toneladas o más, que vivieron hace unos 155 a 152 Ma.

No todos están de acuerdo. Dónde termina un género y empieza otro es en parte cuestión de criterio, y algunos especialistas prefieren mantenerlo todo en Apatosaurus. Pero la verdadera lección es el método: la decisión se apoya ahora en rasgos medibles y en un árbol publicado que cualquiera puede poner a prueba. Un nombre hundido en 1903 salió a flote 112 años después gracias a los datos, y el lagarto trueno ha vuelto a los libros de texto.

Brontosaurus en el árbol de los diplodócidos DiplodocidaeFm. Morrison, c. 155–150 MaApatosaurinaeDiplodocinae1877Apatosaurus1879Brontosaurus Un nombre es una hipótesis; los datos trajeron de vuelta al lagarto trueno. ApatosaurusA. ajax, A. louisaecuello ancho y pesadoColorado, Utah1 BrontosaurusB. excelsusB. parvusB. yahnahpin2 Primos diplodocinosDiplodocus · BarosaurusGaleamopus · Supersauruscuellos finos, colas látigo3 1903Riggs: lo fusionócon Apatosaurus1979el montaje Carnegierecibe su cráneo4 2015Tschopp, Mateus y Benson, 201581 ejemplares · 477 rasgos5
Fig. 24 · El regreso de Brontosaurus. Cómo el «lagarto trueno», hundido en 1903, resucitó gracias a los datos en 2015.
Capítulo 25 · Parte III

Argentinosaurus y los titanosaurios

En 1987, el ganadero Guillermo Heredia encontró en su campo, cerca de Plaza Huincul, en la provincia argentina de Neuquén, lo que tomó por un tronco petrificado. Era un hueso de la pata de un saurópodo. Siguieron las excavaciones y, en 1993, José Bonaparte y Rodolfo Coria nombraron Argentinosaurus huinculensis. Vivió hace unos 95 Ma, en las rocas de la formación Huincul, y es uno de los mejores candidatos al título de animal terrestre más pesado de todos los tiempos.

El problema es lo poco que se conserva: unas cuantas vértebras dorsales, parte de la región de la cadera, costillas y huesos de las patas. Una vértebra mide cerca de 1,6 m de alto. A partir de esos fragmentos y de comparaciones con parientes mejor conocidos, la mayoría de las estimaciones le dan entre 30 y 35 m de largo y unas 65 a 80 toneladas. La incertidumbre es honesta: con tan pocos huesos, cada cifra depende de supuestos sobre los que faltan.

Argentinosaurus pertenece a los titanosaurios, la última gran radiación de los saurópodos. Se extendieron durante el Cretácico, sobre todo por los continentes del sur, y muchos caminaban con las extremidades separadas, dejando rastros de «vía ancha». En 1980, José Bonaparte y Jaime Powell describieron Saltasaurus loricatus, de la provincia de Salta, que demostró que algunos saurópodos llevaban placas óseas en la piel. En 2017, José Luis Carballido, Diego Pol y sus colegas nombraron Patagotitan mayorum a partir de al menos seis individuos hallados en la estancia La Flecha, cerca de Trelew, Chubut, de hace unos 101 Ma; una estimación revisada lo sitúa cerca de las 57 toneladas. En 2014, el equipo de Kenneth Lacovara describió Dreadnoughtus, de la provincia de Santa Cruz, uno de los titanosaurios gigantes más completos que se conocen.

No eran solo sudamericanos. Rapetosaurus, descrito por Kristina Curry Rogers y Catherine Forster en 2001, procede de Madagascar, y Alamosaurus recorrió Nuevo México y Texas hasta el mismo final del Cretácico. En la India, heces fósiles de la formación Lameta, atribuidas a titanosaurios como Isisaurus, contenían diminutos cuerpos de sílice procedentes de gramíneas.

¿Sabías que esos coprolitos indios, publicados por Vandana Prasad y sus colegas en 2005, demostraron que las gramíneas ya existían en la era de los dinosaurios, millones de años antes de lo que suponían muchos botánicos?

Los titanosaurios derribaron dos viejas ideas. Los continentes del sur, vistos antes como un rincón secundario del registro fósil, guardaban los mayores dinosaurios de todos, y por eso Argentina es hoy un centro mundial de investigación sobre saurópodos. Y los saurópodos no se apagaron tras el Jurásico: los titanosaurios eran prósperos, variados y enormes cuando cayó el asteroide hace 66 Ma. Los animales más grandes que jamás caminaron por la Tierra seguían caminando al final.

Dónde vivieron los titanosaurios, c. 101–66 Ma costas actualesDreadnoughtus Los mayores dinosaurios vinieron de los continentes del sur. 1ArgentinosaurusPlaza Huincul, Neuquénc. 95 Ma · 65–80 t1 2PatagotitanLa Flecha, Chubutc. 101 Ma · c. 57 t2 3SaltasaurusProvincia de Salta, 1980coraza ósea en la piel3 44India, Madagascarheces de Isisaurus: hierbaRapetosaurus, 20014 5AlamosaurusNuevo México, Texasvivió hasta hace 66 Ma5
Fig. 25 · Argentinosaurus y los titanosaurios. Los titanosaurios, los últimos y mayores saurópodos, de la Patagonia a la India.
Capítulo 26 · Parte III

¿Hasta dónde podían crecer?

Pesar un animal que murió hace 95 millones de años es más difícil de lo que parece. Los paleontólogos tienen huesos, a menudo pocos, y dos métodos principales para convertirlos en toneladas. El primero es el escalado: en 2012, Nicolás Campione y David Evans demostraron que la suma de las circunferencias del húmero y el fémur predice bien la masa corporal de los cuadrúpedos actuales, de modo que la misma ecuación sirve para los dinosaurios. El segundo es volumétrico: se construye un modelo tridimensional del cuerpo, se mide su volumen y se multiplica por una densidad supuesta, más baja en los saurópodos por sus huesos llenos de aire. En 2012, Bill Sellers y sus colegas escanearon con láser esqueletos montados, los envolvieron en la «envolvente convexa» más ajustada posible y añadieron una corrección aprendida de animales vivos.

Los resultados pueden variar hasta el triple para un mismo animal. A Giraffatitan Edwin Colbert le asignó unas 78 toneladas en 1962 y Mike Taylor unas 23 en 2009. Para los verdaderos pesos pesados, Argentinosaurus y Patagotitan, las estimaciones cuidadosas suelen quedar entre 55 y 80 toneladas. En longitud, el largo y esbelto Supersaurus, de la cantera Dry Mesa en Colorado, nombrado por Jim Jensen en 1985, pudo alcanzar de 33 a 35 m.

Más allá rondan los fantasmas. En 1878, Edward Drinker Cope describió Amphicoelias fragillimus a partir de una única vértebra enorme hallada en Garden Park, Colorado. En 2006, Kenneth Carpenter calculó para el animal 58 m y más de 120 toneladas. Pero el hueso se perdió y, en 2018, el propio Carpenter revisó las medidas de Cope, lo rebautizó Maraapunisaurus y lo situó entre los rebaquisáuridos, con quizá 30 a 32 m. El indio Bruhathkayosaurus despierta dudas parecidas: sus huesos, dados a conocer en 1989, también se han perdido. La regla es sencilla: cuanto más extrema la afirmación, menos hueso suele haber.

¿Sabías que de la vértebra gigante de Cope solo quedan su descripción publicada y su dibujo, porque el hueso desapareció, quizá desmoronado en un almacén?

¿Por qué no más grandes? El peso crece con el cubo de la longitud, pero la resistencia de un hueso solo con el cuadrado de su sección, así que las patas deben engrosarse más deprisa de lo que crece el cuerpo. Un animal enorme produce calor más rápido de lo que lo pierde por la piel, y una cabeza alzada 10 m sobre el corazón exige una presión arterial muy alta, un problema que los fisiólogos aún discuten. Los saurópodos suavizaron esos límites con sacos aéreos, que aligeraban el cuerpo y disipaban calor, y poniendo muchos huevos pequeños. La ballena azul, con 150 toneladas o más, pesa aún más, pero el agua la sostiene.

En tierra, las pruebas se agotan en torno a las 70 u 80 toneladas. Ese techo puede reflejar límites reales o simplemente la rareza de los esqueletos gigantes. En cualquier caso, la pregunta del tamaño convirtió la paleontología en una ciencia del método, donde la respuesta honesta siempre llega con un intervalo.

¿Cuánto pesaban los gigantes? Masa como volumen volumen del cubo ∝ masa(misma densidad) En tierra, los fósiles se agotan hacia las 80 toneladas. Elefante africanoc. 6 t1 Giraffatitanc. 23 t2 Argentinosaurusc. 70 t3 Ballena azul150 t+4sostenida por el agua Caso Amphicoelias122 t (2006), hueso perdido2018: Maraapunisaurusc. 30 m de largo5
Fig. 26 · ¿Hasta dónde podían crecer?. La masa como volumen: un elefante, Giraffatitan, Argentinosaurus y una ballena azul.
Capítulo 27 · Parte III

Sacos aéreos y huesos huecos

Las aves respiran de una forma muy distinta a la de los mamíferos. Sus pulmones son pequeños y rígidos, y el aire los atraviesa en un solo sentido, impulsado por unos sacos aéreos de paredes finas situados delante y detrás de ellos. Los sacos envían además tubos ramificados al esqueleto, que vacían vértebras y otros huesos. Esta neumaticidad esquelética deja orificios reveladores, los forámenes neumáticos, visibles en los fósiles. Los saurópodos los tienen por todas partes.

El primero en notarlo fue el paleontólogo de Cambridge Harry Seeley, que en 1870 describió vértebras de saurópodo de la isla de Wight y señaló sus cavidades parecidas a las de las aves. Othniel Marsh observó las mismas vértebras huecas y ligeras en sus saurópodos de Morrison y, en 1947, Werner Janensch defendió que las cavidades de los gigantes de Tendaguru habían estado llenas de aire. Aun así, durante décadas la idea quedó como una nota a pie de página.

Los escáneres médicos lo cambiaron todo. Desde finales de los años noventa, Mathew Wedel y sus colegas pasaron vértebras de saurópodos por tomógrafos y hallaron interiores divididos en un panal de celdas de aire, separadas por láminas óseas a veces de pocos milímetros. Las vértebras del cuello de Sauroposeidon, un braquiosáurido de Oklahoma descrito por Wedel, Richard Cifelli y Kent Sanders en 2000, miden más de 1,2 m y se parecen más a huesos de ave que de lagarto. Por fuera, finas crestas óseas llamadas láminas reforzaban cada vértebra como los tirantes de una viga. Wedel calculó que los espacios de aire pudieron reducir la densidad total de un saurópodo en torno a una décima parte.

El sistema no era exclusivo de los saurópodos. En 2005, Patrick O'Connor y Leon Claessens demostraron que el depredador Majungasaurus, de Madagascar, también tenía un sistema de sacos aéreos como el de las aves, y hay orificios parecidos en Tyrannosaurus y sus parientes. Los sacos aéreos parecen haber surgido pronto en el árbol de los dinosaurios, mucho antes de la primera ave.

¿Sabías que un dinosaurio depredador de Argentina recibió en 2008 el nombre de Aerosteon, «hueso de aire», porque su esqueleto, fúrcula y cadera incluidas, estaba lleno de espacios aéreos?

Para los saurópodos, las ventajas eran enormes. Los huesos neumáticos hacían mucho más ligero un cuello de 10 m. El flujo en un solo sentido resolvía el problema del «espacio muerto»: una tráquea de varios metros contiene mucho aire viciado, que un mamífero tendría que volver a inhalar, mientras que un pulmón de flujo continuo mantiene aire fresco sobre las superficies de intercambio de gases. Y un cuerpo lleno de sacos aéreos podía disipar calor, algo vital en un animal de 50 toneladas. Hoy los sacos aéreos se consideran una de las claves del gigantismo de los saurópodos y la señal más clara de que aquellos colosos respiraban más como un gorrión que como un elefante.

Sacos aéreos: cómo respiraba un saurópodo respiración de ave, como en los saurópodosDos formas de respirarmamífero: entra y saleaire viciado mezcladoave, saurópodo: un sentidosiempre frescoespacio muerto: tráquea largaimporta menos con flujo único Los gigantes respiraban más como un gorrión que como un elefante. cabezaTráqueavarios metrosretiene aire viciado1 Sacos posterioresabdominales, posterioresse llenan al inspirarinspiración: aire fresco2 Pulmónrígido, pequeño3 Sacos ant.cervicales,clavicularesespiración4 divertículoláminasceldas de aire,paredes de mmTC: Wedel,desde los 90vértebra cervical, en corte5
Fig. 27 · Sacos aéreos y huesos huecos. Un pulmón de ave: flujo de aire en un solo sentido, sacos aéreos y aire dentro del hueso.
Capítulo 28 · Parte III

Mamenchisaurus y los cuellos más largos

En 1952, unos obreros que construían una carretera en Sichuan, China, dejaron al descubierto el esqueleto de un saurópodo. Dos años después, el pionero de la paleontología Yang Zhongjian, conocido en Occidente como C. C. Young, lo bautizó Mamenchisaurus constructus, por el embarcadero de Mamingxi, cercano al yacimiento. Se cuenta que el fuerte acento de Young convirtió «Mamingxi» en «Mamenxi», y el error se quedó.

El género se hizo famoso con una segunda especie. Mamenchisaurus hochuanensis, nombrado por Young y Zhao Xijin en 1972 a partir de un esqueleto casi completo hallado en Hechuan, Sichuan, tenía 19 vértebras cervicales, y su cuello ocupaba cerca de la mitad de sus 22 m. La mayoría de los mamíferos, del ratón a la jirafa, están limitados a siete vértebras cervicales. Los saurópodos escaparon de ese límite añadiendo vértebras y alargando cada una, y los mamenquisáuridos del Jurásico Superior chino llevaron ambos trucos más lejos que casi nadie.

El plusmarquista es Mamenchisaurus sinocanadorum. Sus huesos se descubrieron en 1987 durante el proyecto chino-canadiense de dinosaurios, dirigido por Dong Zhiming y Philip Currie, en la formación Shishugou de la cuenca de Junggar, en Xinjiang, de hace unos 162 Ma. Dale Russell y Zheng Zhong lo nombraron en 1993. En 2023, Andrew Moore y sus colegas, con tomografías de sus vértebras y comparaciones con parientes mejor conocidos, estimaron su cuello en unos 15,1 m: el más largo conocido en cualquier animal, más de siete veces el de una jirafa, con quizá Supersaurus como único rival.

¿Cómo funcionaba un cuello así? Las vértebras eran ligerísimas, llenas de celdas de aire procedentes del sistema de sacos aéreos. Por debajo corrían costillas cervicales largas y finas que se solapaban en haces a lo largo de varias vértebras y probablemente actuaban como varillas tensadas que daban rigidez al cuello. Las tomografías sugieren huesos en gran parte llenos de aire, con paredes de pocos milímetros.

¿Sabías que el nombre Mamenchisaurus rinde homenaje a un embarcadero cuya grafía no respeta, porque procede de una mala pronunciación de Mamingxi?

¿Para qué un cuello tan largo? En 2013, Mike Taylor y Mathew Wedel argumentaron que permitía a un saurópodo quedarse quieto y barrer una enorme zona de alimentación, ahorrando la energía de mover un cuerpo de muchas toneladas. Phil Senter sugirió en 2007 que la competencia por la pareja también pudo moldear los cuellos, una idea que la mayoría de los investigadores considera menos convincente. Otros gigantes de cuello largo, como Sauroposeidon de Oklahoma, con un cuello de quizá 11,5 m, muestran que la tendencia surgió más de una vez.

Los mamenquisáuridos muestran lo que ocurre cuando la evolución encuentra un plan corporal con margen para estirarse. Sin necesidad de masticar, con aire en los huesos y vértebras que añadir, los saurópodos construyeron cuellos que ningún mamífero podría igualar. Un cuello de 15 m sigue siendo el más largo que se sepa que haya llevado animal alguno.

Los cuellos más largos jamás medidos 0 m5 m10 m15 mautobús, c. 11 m Ningún mamífero tendría un cuello así: 15 metros de aire y hueso. Jirafa7 vértebrasc. 2 m1 M. hochuanensis19 vértebras, 1972c. 10 m2 SauroposeidonOklahoma, 2000c. 11,5 m3 M. sinocanadorumXinjiang, est. 2023c. 15,1 m4 Cómo se sostenía el cuellovértebras ligeras, costillas en hazcostillas cervicales solapan 2–3 vértebras, como varillasparedes de pocos mmMoore y otros, 20235
Fig. 28 · Mamenchisaurus y los cuellos más largos. Cuellos comparados: los 2 m de una jirafa frente a unos 15 m en Mamenchisaurus.
Capítulo 29 · Parte III

Auca Mahuevo: un nidal de saurópodos

En noviembre de 1997, una expedición dirigida por Luis Chiappe, Lowell Dingus y Rodolfo Coria recorría las tierras baldías de la provincia de Neuquén, en la Patagonia, cuando dio con una ladera sembrada de fragmentos de cáscara fósil. Había miles de huevos, repartidos por varios kilómetros cuadrados. Llamaron al lugar Auca Mahuevo, un juego de palabras con el cercano volcán Auca Mahuida y la expresión «más huevos». Las rocas pertenecen a la formación Anacleto, depositada por ríos hace unos 80 Ma.

Los huevos son casi esféricos, de 13 a 15 cm de diámetro, más o menos como un pomelo, y forman puestas de unas pocas decenas. Dentro de algunos, el equipo encontró algo nunca visto: embriones de saurópodo indiscutibles, publicados en Nature en 1998. Los diminutos cráneos tenían dientes, y fragmentos de piel fosilizada mostraban hileras de pequeñas escamas como cuentas. La anatomía señalaba como progenitores a titanosaurios, el grupo de gigantes como Argentinosaurus.

La historia de la nidificación se lee en la propia roca. En 2004, Chiappe y sus colegas describieron los nidos como hoyos poco profundos con reborde, de alrededor de un metro de ancho, excavados al parecer con las patas traseras antes de la puesta. Los ríos desbordados enterraban después puestas enteras bajo el barro, sellando los embriones. Lo más revelador es que los huevos aparecen en varios niveles distintos, unos encima de otros. Generación tras generación, los titanosaurios regresaban a poner a la misma llanura aluvial, como hoy vuelven las tortugas marinas y muchas aves coloniales a sus playas de cría tradicionales.

¿Sabías que en 2020 unas imágenes de radiación sincrotrón de un embrión de titanosaurio de la Patagonia, dirigidas por Martin Kundrát, revelaron un pequeño cuerno en la punta del hocico, probablemente para romper el cascarón?

El yacimiento muestra también lo que los progenitores probablemente no hacían. No hay indicios de adultos que vigilaran los nidos o alimentaran a las crías, y es difícil imaginar a un animal de muchas toneladas incubando una puesta. Lo más probable es que los huevos quedaran al calor del sol y del suelo, y que las diminutas crías se valieran por sí mismas desde el primer día. Otros nidales argentinos, como Sanagasta, en La Rioja, donde los huevos se ponían en suelos calentados por fuentes termales, confirman ese cuadro.

Esa estrategia ayuda a explicar el tamaño de los saurópodos. Un gigante que pone muchos huevos pequeños cada temporada puede permitirse enormes pérdidas entre sus crías, mientras que un mamífero de tamaño parecido, que gesta una sola cría durante un año o más, no puede. Auca Mahuevo convirtió esa idea en una ladera entera de pruebas. Cada gigante de las llanuras empezó siendo un huevo que cabía en la mano.

Auca Mahuevo, Patagonia: nidos de titanosaurios Formación Anacleto, Neuquén, c. 80 Ma Cada gigante de la llanura empezó como un huevo que cabe en la mano. Nido y puestahoyo con borde, c. 1 munas decenas de huevos1 Niveles de huevosvarias capas separadasnidos durante generaciones2 Lodo de crecidalos ríos se desbordabansellaron puestas en lodo3 Embrión, 1998dientes, escamastitanosauriopúa nasal, 20204 Huevo, 13–15 cmcomo un pomeloadulto: muchas t5
Fig. 29 · Auca Mahuevo: un nidal de saurópodos. Auca Mahuevo: capas de huevos superpuestas prueban que los titanosaurios volvían a anidar.
Capítulo 30 · Parte III

Dippy y los gigantes de los museos

En 1898, el magnate del acero Andrew Carnegie leyó en un periódico la noticia de un dinosaurio gigantesco hallado en el Oeste americano y decidió que su nuevo museo de Pittsburgh debía tener uno. Financió expediciones y, en julio de 1899, un equipo dirigido por Jacob Wortman, con el veterano recolector William Reed, encontró un esqueleto parcial en Sheep Creek, Wyoming. En 1901, John Bell Hatcher lo bautizó Diplodocus carnegii. Bajo la dirección del director del museo, William Holland, el preparador Arthur Coggeshall y su equipo montaron el esqueleto, completando los huecos con huesos de otros ejemplares.

La historia cruzó entonces el Atlántico. Se cuenta que el rey Eduardo VII, al ver un dibujo del esqueleto en el castillo de Skibo, en Escocia, pidió uno para sí. Carnegie mandó hacer moldes y un vaciado completo en yeso. El 12 de mayo de 1905 se presentó en el Museo de Historia Natural de Londres: 292 huesos, unos 21,3 m de largo, el primer esqueleto de saurópodo que vio la mayoría de los británicos. Los londinenses pronto lo llamaron Dippy. Los huesos originales se expusieron en Pittsburgh en 1907.

Carnegie, que esperaba que la ciencia ayudara a mantener la paz, regaló después vaciados a jefes de Estado de Europa y de otros lugares. Holland y Coggeshall viajaron para instalarlos: Berlín y París en 1908, Viena y Bolonia en 1909, San Petersburgo en 1910, La Plata en Argentina en 1912, Madrid en 1913 y Ciudad de México en 1930. El historiador Ilja Nieuwland ha reconstruido cómo los vaciados se convirtieron en regalos de Estado. Para mucha gente de dos continentes, Diplodocus pasó a ser, sin más, la imagen de un dinosaurio.

¿Sabías que Dippy no es un fósil, sino que sus 292 huesos son vaciados de yeso, y por eso tiene gemelos idénticos en museos desde Madrid hasta Ciudad de México?

Dippy ha cambiado de postura al compás de la ciencia. Los primeros montajes dejaban la cola arrastrando por el suelo; en 1993, la del vaciado de Londres se levantó y se curvó, de acuerdo con unos rastros que no muestran marcas de cola arrastrada. En 1979 pasó al gran vestíbulo central del museo, hoy Hintze Hall, donde estuvo hasta 2017, cuando lo sustituyó el esqueleto de una ballena azul llamada Hope. Después, entre 2018 y 2020, Dippy recorrió el Reino Unido, de Dorset a Glasgow, atrayendo multitudes en cada parada.

Nuevos gigantes han tomado el relevo. En 2016, el American Museum of Natural History de Nueva York instaló un vaciado de Patagotitan de 37 m, tan largo que la cabeza asoma al pasillo, y el Field Museum de Chicago presentó su propio Patagotitan, Máximo, en 2018. En Berlín, Giraffatitan sigue dominando su sala. Ahí es donde la mayoría de la gente conoce a los saurópodos. El yeso de Carnegie hizo pública la ciencia de los dinosaurios y convirtió un esqueleto de Wyoming en el dinosaurio más visto de la Tierra.

Las personas detrás de Dippy, 1899–1930 Andrew Carnegiemecenas, fortuna del acero El yeso de Carnegie hizo de Diplodocus el dinosaurio más visto del mundo. Equipo de campoWyoming, 1899Jacob Wortmanjefe de equipoWilliam Reedrecolector veteranoSheep Creekhallazgo, julio 18991 CientíficosMuseo CarnegieJohn Bell Hatcherlo nombró, 1901William Hollanddirector del museo2 Moldeadorestaller de yesoArthur CoggeshallpreparadorRéplica de Dippy292 huesos, 21,3 m3 Museos anfitriones9 réplicas, 1905–1930Londres12 mayo 1905Berlín · París1908Viena · Bolonia1909San Petersburgo1910La Plata · Madrid1912 · 1913Ciudad de México19304 Novedades2016 réplica Patagotitan, NY2017 Hope, la ballena2018 Máximo, Chicago5
Fig. 30 · Dippy y los gigantes de los museos. La diplomacia dinosauria de Carnegie: personas y museos tras los vaciados de Dippy.
Parte IV

El mundo jurásico

Placas y púas, los gigantes de Morrison, lagunas insulares y la primera ave.

Capítulo 31 · Parte IV

Un planeta invernadero se parte

El Jurásico comenzó hace 201 millones de años con un supercontinente que se resquebrajaba por todas partes y terminó hace 145 millones de años en un mundo de islas, brazos de mar y océanos jóvenes. Durante todo ese tiempo el planeta estuvo caliente. No había casquetes polares duraderos, el dióxido de carbono multiplicaba varias veces los niveles actuales y los bosques de coníferas, ginkgos, cícadas y helechos crecían hasta muy cerca de ambos polos. En ese invernadero los dinosaurios se convirtieron en los grandes animales dominantes de tierra firme.

La fragmentación de Pangea había comenzado con las efusiones volcánicas que cerraron el Triásico. Entre Norteamérica y el noroeste de África se abrieron valles de rift que se llenaron de lagos y después de agua marina, y hacia 180 Ma el Atlántico central era ya un verdadero océano con fondo de basalto nuevo. Más al sur, hacia 183 Ma, las erupciones de Karoo-Ferrar cubrieron de lava la actual África austral y la Antártida, y las primeras grietas empezaron a dividir Gondwana en dos mitades. Al norte, el mar de Tetis avanzaba hacia el oeste y empezaba a abrirse el golfo de México.

¿Cómo lo sabemos? La corteza más antigua del fondo atlántico, fechada por sus bandas magnéticas y por sondeos, es jurásica, así que el océano no puede ser más viejo. Las costas y los cinturones de rocas siguen encajando a ambos lados, y el paleomagnetismo congelado en las lavas registra a qué distancia del polo estaba cada continente. El clima también deja huellas químicas. Los isótopos de oxígeno de los rostros de belemnites registran la temperatura del mar, y las pizarras negras de Whitby, en Yorkshire, y de Holzmaden, en Alemania, marcan el evento anóxico oceánico del Toarciense, hacia 183 Ma, cuando el calentamiento desatado por Karoo-Ferrar dejó los mares sin oxígeno.

La subida del mar importó tanto como la deriva de las placas. Mares someros inundaron los bordes continentales, convirtieron Europa en un archipiélago de islas bajas y llevaron el mar de Sundance hasta el interior del oeste norteamericano. Esas aguas cálidas y tranquilas depositaron las calizas y margas que hoy dan tantos fósiles jurásicos, desde los ictiosaurios de Holzmaden hasta las lagunas de Baviera y de Skye.

Aun así, los continentes no quedaron aislados de golpe. En el Jurásico superior, los estratos de Tendaguru, en Tanzania, albergaban a Giraffatitan y Kentrosaurus, primos cercanos de animales del oeste estadounidense, y los acantilados de Lourinhã, en Portugal, han dado Allosaurus, Torvosaurus y Stegosaurus casi idénticos a sus parientes americanos.

¿Sabías que el Atlántico sigue ensanchándose hoy unos pocos centímetros al año, más o menos lo que crece una uña?

Esta lenta fragmentación preparó el resto de la historia. Separados, los continentes desarrollaron faunas propias: en el Cretácico, los tiranosaurios dominarían el norte y los titanosaurios y abelisaurios el sur. Esa divergencia empezó en el mapa jurásico, un valle de rift tras otro.

Pangea se rompe, 201–145 Ma Un mundo cálido empezó a romperse en muchos. Panthalassa Tetis Norteamérica Asia Sudamérica África Antártida India esquema, c. 170 Ma LAURASIAGONDWANADos supercontinentesLaurasia al norteGondwana al sur1 Atlántico Centralde lagos de rift a océanofondo marino c. 180 Ma2 lavas Karoo–Ferrarc. 183 Mamares anóxicos toarcienses3 Mares somerosEuropa: archipiélagoMar de Sundance, EE. UU.4 MorrisonLourinhãTendaguruFaunas compartidasAllosaurus: EE. UU. + PortugalTanzania: primos5
Fig. 31 · Un planeta invernadero se parte. Al fracturarse Pangea, nuevos mares inundaron la tierra y el calor llegó a ambos polos.
Capítulo 32 · Parte IV

La formación Morrison

Por el oeste de Estados Unidos, de Nuevo México a Montana, corre una franja de lutitas y areniscas listadas en verdes suaves, grises y morados. Es la formación Morrison, llamada así por la localidad de Morrison, en Colorado, donde el geólogo y profesor Arthur Lakes halló huesos gigantes en 1877. Cubre cerca de 1,5 millones de km² y registra unos diez millones de años del Jurásico superior, de hace unos 157 a 147 Ma. Ninguna otra unidad rocosa ha dado al mundo tantos dinosaurios famosos.

La Morrison se depositó en una amplia llanura estacional al este de una cadena de volcanes. Los ríos serpenteaban, los lagos crecían y menguaban, y una larga estación seca alternaba con las lluvias. Coníferas y helechos arborescentes bordeaban los cauces. La ceniza volcánica se asentó en capas de arcilla cuyos circones ofrecen hoy dataciones de uranio-plomo precisas. El colorido miembro Brushy Basin, en la parte superior, alberga muchas de las canteras más ricas.

Los yacimientos parecen una lista de honor. Como Bluff, en Wyoming, y Garden Park, en Colorado, fueron campos de batalla de la guerra de los huesos. En el actual Dinosaur National Monument, en Utah, Earl Douglass descubrió en 1909 la pared que aún muestra unos 1500 huesos en su sitio. La cantera Cleveland-Lloyd, también en Utah, ha dado más de 12 000 huesos, la mayoría de Allosaurus.

Lo extraordinario es el reparto. Solo entre los saurópodos figuran Camarasaurus, el más común, Diplodocus, Apatosaurus, Brontosaurus, Barosaurus y Brachiosaurus. Los cazaban Allosaurus, Ceratosaurus, con su cuerno nasal, y el robusto Torvosaurus, mientras el pequeño Ornitholestes perseguía lagartos y mamíferos. Stegosaurus, Camptosaurus, Dryosaurus y el anquilosaurio primitivo Gargoyleosaurus ramoneaban más abajo. A sus pies vivían parientes de los cocodrilos como Goniopholis, tortugas, peces pulmonados, ranas, pterosaurios y mamíferos del tamaño de una musaraña como Docodon.

¿Sabías que había tantos herbívoros gigantes que los científicos aún debaten cómo los alimentaba la Morrison, y la respuesta favorita es que cada saurópodo comía a una altura y de plantas distintas?

Los isótopos y el desgaste dental respaldan esa idea de reparto de nichos. Diplodocus, con dientes en forma de clavija, probablemente rastrillaba helechos y vegetación baja, mientras Camarasaurus y Brachiosaurus, con dientes en cuchara, arrancaban hojas más duras a mayor altura. El esmalte sugiere incluso que algunas manadas migraban por temporadas a las tierras altas en busca de agua.

La Morrison dio a los museos sus primeros gigantes montados y a la ciencia su ecosistema de referencia para el Jurásico. Cada nuevo yacimiento, en Portugal, Tanzania o China, se compara con ella: es la vara con la que se mide el Jurásico superior.

La fauna de Morrison, Jurásico Superior del oeste de EE. UU. Muchos gigantes compartían llanura porque cada uno comía a su altura. yacimientos: Como Bluff WY · Garden Park CO · Dinosaur NM UT · Cleveland-Lloyd UT Formación Morrisonc. 157–147 Ma · 1,5 millones de km²1 CuellilargosCamarasaurussaurópodo más comúnDiplodocusramoneo bajo, 25 mApatosauruspeso pesadoBrachiosaurusramoneo en copas2 CazadoresAllosaurussuperdepredadorCeratosauruscuerno nasal, c. 6 mTorvosaurusrobusto, c. 9 mOrnitholestespequeño, c. 2 m3 Corazas, picosStegosaurusplacas + púasCamptosaurusramoneador con picoDryosauruscorredor veloz, 3 mGargoyleosaurusanquilosaurio temprano4 Fauna menorDocodonmamífero tipo musarañaGoniopholisprimo del cocodriloGlyptopstortuga de ríoHarpactognathuspterosaurio5
Fig. 32 · La formación Morrison. Una sola formación, todo un mundo jurásico: gigantes, cazadores, corazas y fauna menuda.
Capítulo 33 · Parte IV

Allosaurus

Durante unos diez millones de años del Jurásico superior, el gran depredador más común del oeste de Norteamérica fue Allosaurus. Othniel Charles Marsh lo nombró en 1877 a partir de unos pocos huesos de Garden Park, en Colorado: el «lagarto diferente», porque sus vértebras eran más ligeras que las de otros reptiles conocidos. Un adulto típico medía unos 8,5 m y pesaba unas 2 toneladas, y algunos se acercaban a los 10 m. Caminaba sobre dos patas fuertes, equilibrado por una larga cola, y sus brazos de tres dedos terminaban en grandes garras curvas.

Su cráneo, largo y estrecho, tenía un par de crestas óseas cortas delante de los ojos y dientes aserrados como cuchillas. En 2001, Emily Rayfield y sus colegas aplicaron el análisis de elementos finitos, una técnica de ingeniería que somete un modelo digital a fuerzas virtuales, y vieron que el cráneo era fuerte pero la mordida sorprendentemente modesta. Su interpretación: Allosaurus abría mucho las fauces y golpeaba hacia abajo como un hacha, cortando carne en vez de triturar hueso al estilo de T. rex.

Pocos dinosaurios se conocen por tantos ejemplares. La cantera Cleveland-Lloyd, en Utah, contiene al menos 46 individuos, de juveniles a adultos. Aún se discute si los reunió una sequía, una trampa para depredadores o crecidas repetidas. La histología ósea muestra que Allosaurus crecía deprisa, alcanzaba el tamaño adulto a mediados de la adolescencia y rara vez superaba los 30 años.

El individuo más famoso es Big Al, hallado en Wyoming en 1991 por un equipo suizo y excavado por el Museum of the Rockies. En 2002, Rebecca Hanna contó 19 huesos con heridas o infecciones: costillas rotas, un omóplato dañado y un pie derecho muy infectado que debía de hacer doloroso cada paso. En 2020, Daniel Chure y Mark Loewen incluyeron a Big Al en una especie nueva, Allosaurus jimmadseni, la más antigua de los dos alosaurios de la Morrison.

¿Sabías que una vértebra de la cola de Allosaurus hallada en Utah tiene un agujero que encaja en tamaño y forma con una púa caudal de Stegosaurus, de modo que al menos un combate entre ambos quedó escrito en el hueso?

Allosaurus no vivía solo en América. La formación Lourinhã, en Portugal, ha dado Allosaurus europaeus, otra prueba de los vínculos entre Iberia y Norteamérica. Las marcas de dientes en huesos de saurópodos y sus heridas sugieren un cazador de saurópodos jóvenes y presas medianas, quizá carroñero de gigantes.

Tan bien muestreado, Allosaurus se ha convertido en el animal de laboratorio de la paleontología: un gran terópodo cuyo crecimiento, variación y lesiones se estudian en decenas de individuos. Mucho antes de los tiranosaurios, mostró de cerca cómo era un superdepredador jurásico.

Allosaurus, el superdepredador de Morrison Decenas de esqueletos convirtieron un depredador en una población. Allosaurus fragilis + jimmadseni Cráneo hachacrestas sobre los ojoscortar, no triturar1 Manos de tres dedosgrandes garras curvaspara atrapar presas2 Big Al, 199119 huesos lesionadospie derecho infectado3 Cleveland-Lloyd≥ 46 individuos, Utahjuvenil → adulto4 0 m2 m4 m6 m8 madulto típico c. 8,5 m · c. 2 t1,8 m5
Fig. 33 · Allosaurus. El gran depredador del Jurásico superior, leído en los huesos de Big Al y de decenas más.
Capítulo 34 · Parte IV

Stegosaurus

Con su doble hilera de altas placas en el lomo y sus cuatro largas púas en la cola, Stegosaurus es uno de los animales más reconocibles que han existido. Ramoneaba en las llanuras de la Morrison, en el oeste de Norteamérica, hace unos 155 a 150 Ma. Los grandes adultos alcanzaban unos 7 a 9 m y varias toneladas, pero la cabeza era pequeña y estrecha, llevada apenas a un metro del suelo, con un pico sin dientes delante y pequeños dientes en forma de hoja detrás.

Othniel Charles Marsh lo nombró en 1877, «lagarto con techo», porque imaginaba las placas tumbadas sobre el lomo como tejas. Esqueletos mejores mostraron que se alzaban en dos hileras alternas, normalmente 17 en total, la mayor de unos 60 cm de alto. No eran escudos macizos sino finas estructuras óseas formadas en la piel y surcadas por vasos sanguíneos. Su estructura interna sugiere que servían sobre todo para la exhibición y el reconocimiento; la vieja idea de que disipaban calor sigue siendo posible pero secundaria.

La verdadera arma era la cola. Sus cuatro púas, de hasta unos 90 cm, se apodan thagomizer, palabra nacida como broma en una viñeta de The Far Side de Gary Larson en 1982 y adoptada por los paleontólogos. En 2005, Kenneth Carpenter y sus colegas describieron una vértebra de Allosaurus perforada por una herida que encaja con una púa de estegosaurio, y varias púas muestran puntas rotas y curadas.

El mejor esqueleto es Sophie, un adulto joven hallado en 2003 en el rancho Red Canyon, en Wyoming, y expuesto desde 2014 en el Natural History Museum de Londres. Mide unos 5,6 m y Susannah Maidment y sus colegas estimaron su peso en unas 1,6 toneladas. Es el Stegosaurus más completo jamás hallado, lo bastante para escanearlo con láser y modelar cómo se movía y comía. Algunos huesos de Portugal muestran que el género vivió también en Europa.

¿Sabías que el famoso «segundo cerebro» de Stegosaurus en las caderas es en realidad un ensanchamiento del canal vertebral que probablemente alojaba un cuerpo glucogénico como el de las aves actuales?

El cerebro era de verdad pequeño para un animal de su tamaño, y eso hizo del estegosaurio un símbolo de torpeza a principios del siglo XX. Pero el tamaño del cerebro dice poco del comportamiento, y este herbívoro bien defendido prosperó durante millones de años.

Stegosaurus sigue siendo el representante emblemático de los estegosaurios, un grupo surgido en el Jurásico medio de China. Los huesos de Sophie han convertido un icono de dibujos animados en un animal cuya postura, peso y forma de luchar pueden comprobarse. Esa es la revolución silenciosa de la paleontología moderna.

Stegosaurus, tal como lo muestra Sophie Cerebro pequeño, cola letal y millones de años de éxito. Sophie NHMUK, Londres Dos filas de placascasi siempre 17, alternashasta c. 60 cm de alto1 El thagomizer4 púas, hasta c. 90 cmherida en Allosaurus, 20052 Cabeza pequeñapico + dientes en hoja3 Sin segundo cerebrohueco en la cadera: glucógenocomo en aves actuales4 A escalaSophie: Wyoming 2003, expuesta 2014Adulto grandec. 7–9 mSophie5,6 m · c. 1,6 tHumano1,8 m5
Fig. 34 · Stegosaurus. Sophie, el Stegosaurus más completo: placas, púas y un mito célebre corregido.
Capítulo 35 · Parte IV

Scelidosaurus y la primera coraza

Mucho antes de la maza caudal de Ankylosaurus o las placas de Stegosaurus, un animal de unos 4 m recorría las tierras bajas costeras de la Europa del Jurásico inferior con hileras de tachones óseos incrustados en la piel. Es Scelidosaurus, el dinosaurio acorazado bien conocido más antiguo y uno de los primeros dinosaurios hallados casi completos.

Procede de los acantilados desmoronados de Charmouth, en Dorset, en la misma Costa Jurásica donde Mary Anning había trabajado una generación antes. Las rocas son lutitas marinas de unos 193 a 191 Ma, así que el cadáver tuvo que ser arrastrado al mar antes de hundirse. En la década de 1850, James Harrison, propietario de una cantera y cirujano local, recogió huesos en la playa y se los envió a Richard Owen, que nombró Scelidosaurus harrisonii en 1859 y describió un esqueleto casi completo a principios de la década de 1860. Fue el primer esqueleto de dinosaurio casi completo conocido por la ciencia.

Su coraza es lo que lo hace importante. Hileras de placas óseas aquilladas, los osteodermos, recorrían el cuello, el lomo, los flancos y la cola, y una escama característica de tres puntas se situaba a cada lado detrás de la cabeza. Las impresiones de piel muestran escamas pequeñas entre los tachones grandes. Scelidosaurus era un herbívoro bajo, pesado y cuadrúpedo, con dientes en forma de hoja aptos para helechos y cícadas.

Durante más de 150 años el esqueleto de Owen, atrapado en duros nódulos calizos, apenas se estudió. Entre 2020 y 2021, David Norman, de Cambridge, publicó una redescripción detallada, hueso a hueso, de ese ejemplar y de otros hallados desde entonces en Charmouth. Su lugar en el árbol sigue discutiéndose: la mayoría de los análisis lo sitúan cerca de la base de los tireóforos, los «portadores de escudo», junto a la bifurcación entre estegosaurios y anquilosaurios, aunque algunos lo colocan en la rama de los anquilosaurios.

¿Sabías que los huesos del primer Scelidosaurus estaban tan encajados en la caliza que algunos no se liberaron hasta el siglo XX, disolviendo la roca con un ácido débil?

Sus parientes muestran cómo evolucionó la coraza. Scutellosaurus, de la formación Kayenta en Arizona y algo más antiguo, medía solo unos 1,2 m, era ligero y en parte bípedo, cubierto de cientos de pequeñas escamas óseas. Emausaurus, del norte de Alemania, se sitúa cerca en el árbol. En el Jurásico medio, Huayangosaurus, en China, ya era un verdadero estegosaurio.

Scelidosaurus demuestra que la coraza pesada apareció pronto, pocos millones de años después de la extinción de finales del Triásico, y que los posteriores tanques acorazados nacieron de un modesto antepasado tachonado. Un cirujano de Dorset que paseaba por la playa encontró la raíz de toda una rama del árbol de los dinosaurios.

Dónde empezó la coraza de los dinosaurios Placas, púas y mazas caudales surgieron de un ancestro tachonado. Thyreophora portadores de escudo EmausaurusAlemania · c. 183 Ma simplificado; ramas en debate ScutellosaurusArizona · c. 196 Ma · 1,2 m1 ScelidosaurusDorset · c. 193 Ma · 4 m2Charmouth, década de 1850Owen, 1859 Osteodermostachones con quilla en filastricornio3 EurypodaStegosauriaHuayangosaurusChina · c. 165 MaStegosaurusEE. UU. · c. 150 MaAnkylosaurusEE. UU. · 68–66 Ma4
Fig. 35 · Scelidosaurus y la primera coraza. El dinosaurio acorazado de Dorset, cerca de la raíz de estegosaurios y anquilosaurios.
Capítulo 36 · Parte IV

Cryolophosaurus, el cazador con cresta de la Antártida

En la campaña de 1990-1991, el geólogo William Hammer, del Augustana College de Illinois, trabajaba en lo alto del monte Kirkpatrick, en los montes Transantárticos, cerca del glaciar Beardmore. A unos 4000 m de altitud, con aire enrarecido y un frío cortante, su equipo halló los huesos de un gran dinosaurio carnívoro en una franja de rocas del Jurásico inferior. Extraerlos exigió martillos neumáticos y sierras de roca. En 1994, Hammer y William Hickerson llamaron al animal Cryolophosaurus ellioti, el «lagarto de cresta helada».

La cresta es su seña de identidad. En lugar de recorrer el cráneo a lo largo, como en Dilophosaurus, se alza sobre los ojos y cruza la cabeza de lado a lado, curvada y surcada como una peineta. Su parecido con un tupé de los años cincuenta le valió el apodo de «Elvisaurus». Fina y frágil, inútil como arma, servía casi con seguridad para exhibirse. El animal medía unos 6 a 7 m: un cazador bípedo y esbelto, el mayor depredador conocido de su tiempo y lugar.

Los huesos yacen en la formación Hanson, areniscas y lutitas mezcladas con ceniza volcánica. La datación del material volcánico sitúa estas capas hacia 194 a 188 Ma, justo debajo de las lavas oscuras del basalto Kirkpatrick, parte de las efusiones de Karoo-Ferrar. Hammer volvió en 2003 y recuperó más esqueleto, y en 2007 Nathan Smith y sus colegas publicaron una descripción completa. Su posición en el árbol de los terópodos se discute: unos lo emparentan con Dilophosaurus y otros lo acercan al linaje de los grandes terópodos posteriores.

¿Sabías que Cryolophosaurus fue el primer dinosaurio de la Antártida en recibir un nombre científico formal, aunque en la isla James Ross se había hallado un dinosaurio acorazado ya en 1986?

¿Cómo era su mundo? La Antártida estaba en altas latitudes australes, todavía unida a África, la India y Australia dentro de Gondwana, pero sin casquete de hielo. Bosques de coníferas y helechos crecían durante meses de luz estival y resistían la oscuridad invernal. Las rocas de Hanson han dado también el sauropodomorfo Glacialisaurus hammeri, nombrado en 2007, un hueso de pterosaurio y restos de tritilodontos, parientes herbívoros de los mamíferos.

Trabajar allí sigue siendo duro. La campaña dura unas semanas, todo llega en avión y los fósiles deben cortarse en bloques y viajar miles de kilómetros antes de limpiarse. Por eso se conoce tan poco del registro antártico, y por eso cada hallazgo pesa tanto.

Cryolophosaurus demostró que los dinosaurios, incluidos grandes depredadores, vivían cerca de los polos en un mundo de largas noches y temperaturas suaves. Convirtió el continente más frío en un lugar con su propio ecosistema jurásico, y dejó entrever cuánto queda aún bajo el hielo.

Cryolophosaurus en el monte Kirkpatrick, Antártida Un cazador con cresta vivió donde hoy está el casquete de hielo. Basalto Kirkpatrick lavas Ferrar, c. 183 Ma Formación Hanson arenisca + ceniza volcánica c. 194–188 Ma Formación Falla Triásico Superior Formación Fremouw Triásico · Lystrosaurus 4528 m Monte Kirkpatrick, región del glaciar Beardmore 1 c. 4000 mCantera en la cumbreequipo de William Hammer, 1990–91martillos neumáticos, sierras, aire fino2 Cresta transversalapodado Elvisaurusvista lateralvista frontalno longitudinal, como enDilophosaurus3 Glacialisauruscuellilargo, 2007herbívoroUn pterosaurioun reptil voladorhuesoTritilodontosherbívorosparientes de mamíferosGondwana, alta latitud sur: bosques, sin casquete de hielo4
Fig. 36 · Cryolophosaurus, el cazador con cresta de la Antártida. Extraído a 4000 m en una cumbre antártica: un cazador con cresta de un polo con bosques.
Capítulo 37 · Parte IV

Guanlong y los primeros tiranosaurios

La familia de Tyrannosaurus rex no empezó con gigantes. Sus primeros miembros fueron pequeños cazadores de brazos largos que vivieron durante unos 80 millones de años a la sombra de depredadores mayores. El más conocido es Guanlong wucaii, el «dragón coronado de los cinco colores», del Jurásico superior del noroeste de China.

Guanlong procede de la formación Shishugou, en la cuenca de Junggar, en Xinjiang, de hace unos 160 Ma. En 2006, un equipo dirigido por Xu Xing, del Instituto de Paleontología de Vertebrados de Pekín, junto a James Clark, de la Universidad George Washington, describió dos esqueletos: un adulto de unos 3 m y otro más joven, uno encima del otro. Los anillos de crecimiento de sus huesos indican edades de unos 12 y 6 años. El adulto lucía una cresta alta y fina desde el hocico hasta la nuca, hueca y llena de cavidades de aire, demasiado delicada para pelear: una señal, como la cresta de un gallo.

En 2010, David Eberth, Xu y Clark explicaron el apilamiento. Los hoyos, de 1 a 2 m de profundidad, parecen huellas de saurópodos gigantes hundidas en un barro rico en ceniza. Los animales pequeños caían en ellos, se atascaban y quedaban enterrados unos sobre otros. Esos «pozos de la muerte» atraparon también a Limusaurus.

¿Por qué llamar tiranosaurio a Guanlong? Tenía brazos largos con tres dedos, no los dos diminutos de T. rex. Pero su cráneo comparte rasgos reveladores con sus célebres parientes: huesos nasales fusionados y dientes delanteros con sección en forma de D. El análisis filogenético, que compara cientos de caracteres entre muchas especies, lo coloca en la base de los tiranosauroideos. Aún más antiguo es Proceratosaurus, de Gloucestershire, en Inglaterra, de hace unos 167 Ma, un pequeño cazador con cresta descrito en 1910 y reconocido como tiranosauroideo un siglo después.

¿Sabías que en los mismos pozos de la muerte de Shishugou apareció Limusaurus, un pequeño terópodo cuyas crías tenían dientes pero cuyos adultos eran del todo desdentados y con pico?

Parientes posteriores de la formación Yixian, de hace unos 125 Ma, revelaron algo más. Dilong paradoxus, nombrado en 2004 y de menos de 2 m, conservaba plumas sencillas en forma de filamento. Yutyrannus huali, nombrado en 2012, medía unos 9 m y pesaba quizá 1,4 toneladas, y también estaba cubierto de filamentos de hasta unos 20 cm. Las plumas existían en la familia mucho antes que los gigantes.

Solo en los últimos 20 millones de años del Cretácico se convirtieron los tiranosaurios en trituradores de huesos de 12 m y varias toneladas. Guanlong recuerda que la familia de dinosaurios más famosa pasó casi toda su historia en un papel secundario, y que la evolución suele construir gigantes a partir de comienzos modestos.

La familia tiranosaurio, de pequeños a gigantes Los depredadores más famosos fueron pequeños casi toda su historia. 170 150 130 110 90 70 Ma Jurásico Cretácico a la misma escala humano 1,8 m ProceratosaurusGloucestershire, Inglaterrac. 167 Ma · c. 2–3 mdescrito en 19101 Guanlong wucaiiFm. Shishugou, Xinjiangc. 160 Ma · 3 m · crestaXu Xing y colegas, 20062Guanlong 3 m Parientes con plumasFm. Yixian, c. 125 MaDilong, 2004 · 1,6 mYutyrannus, 2012 · 9 m3DilongYutyrannus 9 m Tyrannosaurus rexoeste de Norteamérica68–66 Ma · c. 12 mbrazos de dos dedos4T. rex 12 m
Fig. 37 · Guanlong y los primeros tiranosaurios. La familia de T. rex empezó en pequeño: del Guanlong con cresta a gigantes con plumas.
Capítulo 38 · Parte IV

La laguna de Solnhofen

Hace unos 150 millones de años, gran parte del sur de Alemania yacía bajo un mar cálido y somero salpicado de islas bajas. Tras barreras de esponjas y corales se formaron lagunas tranquilas cerca de las actuales localidades de Solnhofen, Eichstätt y Langenaltheim, en Baviera. Sus fondos acumularon capa tras capa de un lodo calcáreo finísimo, que se endureció en la pálida y laminada caliza de Solnhofen. Es uno de los yacimientos fósiles más célebres del planeta.

El secreto de su conservación está en el agua. Aislados del mar abierto, los fondos de las lagunas se volvieron salados y pobres en oxígeno, tóxicos para casi todo lo que caía en ellos. Ningún gusano removía el lodo y pocos carroñeros sobrevivían. Los animales ahogados, o arrastrados por las tormentas desde las islas y el mar abierto, se posaban intactos y quedaban sellados por la siguiente película de cal. El resultado es un Plattenkalk, en el que perduran medusas, alas de libélula y siluetas de plumas.

La propia piedra hizo historia. Su grano es tan fino y uniforme que en 1796 Alois Senefelder la usó para inventar la litografía, la impresión desde piedra plana. Los canteros parten las losas a mano desde hace siglos, separando los bancos duros, el Flinz, de las capas blandas intercaladas, la Fäule. Casi todos los grandes fósiles los encontraron ellos.

La fauna es asombrosamente variada. Pterodactylus, descrito por Cosimo Collini en 1784 y nombrado por Georges Cuvier, fue el primer pterosaurio conocido por la ciencia, y Rhamphorhynchus, de cola larga, es común. Entre los dinosaurios, Compsognathus, del tamaño de una gallina y nombrado en 1859, conserva en el vientre los huesos de un pequeño lagarto, y Juravenator (2006) y Sciurumimus (2012) guardan restos de piel y filamentos. Y está, claro, Archaeopteryx, el dinosaurio con plumas que hizo famoso a Solnhofen.

¿Sabías que una losa de Solnhofen muestra el rastro de un cangrejo herradura de casi 10 m que termina en el propio animal, una «marcha de la muerte» por el fondo envenenado descrita por Dean Lomax y Christopher Racay en 2012?

Cada losa funciona como una fotografía. Estudiar cómo yacen los cuerpos, qué partes faltan y hacia dónde apuntan informa sobre corrientes, salinidad y el tiempo que flotaron los cadáveres antes de hundirse. La laguna es una lección de tafonomía, la ciencia de cómo los seres vivos se convierten en fósiles.

Solnhofen abrió una ventana a los tejidos blandos y los animales pequeños que las rocas corrientes destruyen. Dio al mundo su primer pterosaurio y su primer dinosaurio con plumas, y sigue siendo el modelo de todos los yacimientos excepcionales hallados después, del Liaoning chino al Crato brasileño. Una laguna envenenada se convirtió en una de las salas mejor iluminadas de la historia de la vida.

Dentro de la laguna de Solnhofen, Baviera Una laguna que lo mataba casi todo lo conservó casi todo. Solnhofen, Eichstätt, Baviera c. 150 Ma Barrera arrecifalesponjas y coralesaislaban del mar abierto1 Fondo envenenadosalado, sin oxígenosin carroñeros2 FäuleFlinzPlattenkalkFlinz duro, Fäule blandolitografía, 17963 Marcha mortalMesolimulusrastro de c. 9,7 m acaba en él4Marcha mortalrastro de cangrejo herraduraLomax y Racay, 2012 pterosaurioVisitantes de las islasPterodactylusCompsognathus5
Fig. 38 · La laguna de Solnhofen. Una laguna bávara salada y sin oxígeno conservó voladores, peces y huellas en piedra fina.
Capítulo 39 · Parte IV

Archaeopteryx

En 1861, solo dos años después de que Charles Darwin publicara El origen de las especies, unos canteros cerca de Langenaltheim, en Baviera, partieron una losa de caliza de Solnhofen y encontraron un esqueleto con alas emplumadas y una larga cola ósea. Bautizado Archaeopteryx, «ala antigua», era el fósil de transición que los críticos de Darwin decían inexistente, y desde entonces ocupa el centro de la historia de las aves.

Archaeopteryx tenía el tamaño de un cuervo, unos 50 cm del hocico a la punta de la cola. Vivió hace unos 150 Ma en las islas del archipiélago de Solnhofen. Aquel primer esqueleto lo compró el British Museum en 1862, lo describió Richard Owen y hoy está en el Natural History Museum de Londres. El ejemplar más bello, hallado en la década de 1870 y conservado en Berlín, muestra la cabeza, las alas extendidas y un abanico de plumas caudales. Se conocen alrededor de una docena de esqueletos, entre ellos el de Thermopolis, en Wyoming, descrito en 2005 por Gerald Mayr y sus colegas.

Lo extraordinario es la mezcla. Como otros terópodos, tenía dientes, tres dedos con garras en cada mano y una larga cola de más de 20 vértebras. Como las aves, tenía alas anchas con plumas de vuelo asimétricas, con el vexilo más estrecho en el borde de ataque, una disposición que funciona en el flujo de aire. Algunos rasgos los compartía con ambos: la fúrcula y las plumas se conocen hoy en muchos dinosaurios que no volaban. En la década de 1860, Thomas Henry Huxley defendió que las aves descendían de los dinosaurios, y los fósiles con plumas de China, desde 1996, lo han confirmado más allá de toda duda razonable.

Las nuevas herramientas siguen extrayendo más. En 2010, los rayos X de un sincrotrón detectaron rastros químicos de las plumas originales. En 2012, Ryan Carney y sus colegas hallaron melanosomas en una pluma aislada de Solnhofen que sugieren un negro mate, aunque se discute si esa pluma pertenece a Archaeopteryx. En 2018, Dennis Voeten y sus colegas escanearon los huesos de sus alas y vieron paredes como las de aves que vuelan a ráfagas cortas, como los faisanes.

¿Sabías que un ejemplar pasó más de un siglo en un museo neerlandés etiquetado como pterosaurio, hasta que John Ostrom reconoció en él impresiones de plumas en 1970, y que en 2017 recibió su propio género, Ostromia?

El debate sobre su posición continúa. Dinosaurios con plumas más antiguos, como Anchiornis, de China, de hace unos 160 Ma, difuminan la frontera, y algunos análisis han situado a Archaeopteryx entre los dinosaurios de tipo raptor. La mayoría sigue considerándolo un ave primitiva.

Archaeopteryx convirtió la evolución de debate en evidencia. Una sola losa mostraba un reptil y un ave en un mismo animal, y los hallazgos posteriores demostraron que la línea entre ambos nunca fue nítida. Cada gorrión del jardín es su pariente vivo.

Archaeopteryx, entre dinosaurio y ave Ninguna línea nítida separó a los dinosaurios de las aves. Dinosaurios terópodosdientes en las mandíbulas3 dedos con garrascola ósea larga1 Aves actualespico sin dientescola corta fusionadaesternón con quillaala con rémiges2 plumasfúrculahuesos huecosArchaeopteryxc. 150 Ma3● lo tiene○ no lo tiene Una docena de esqueletos1855Haarlem1861Londresaños 1870Berlín2005Thermopolis4 Preguntas abiertascolor: ¿oscuro? 2012vuelo: ¿a ráfagas? 2018¿ave o casi ave?5
Fig. 39 · Archaeopteryx. Mitad dinosaurio, mitad ave: lo que Archaeopteryx comparte con cada bando.
Capítulo 40 · Parte IV

Las huellas de Skye

Con la marea baja, en la costa nordeste de la isla de Skye, emergen del mar repisas de roca planas, y en ellas hay huellas. Unas son tridáctilas y nítidas, dejadas por terópodos carnívoros. Otras son hoyos anchos y redondeados donde cabría una persona sentada, dejados por saurópodos. Se imprimieron en el barro de lagunas costeras hace unos 170 a 165 millones de años, en el Jurásico medio, un intervalo del que los fósiles de dinosaurios escasean en todo el mundo.

Las rocas pertenecen al Great Estuarine Group, una sucesión de areniscas, lutitas y calizas depositadas en una cuenca somera de lagunas, deltas y bahías salobres, una cuenca de rift que se hundía entre la actual Escocia continental y las Hébridas Exteriores. Conchas, ostrácodos y tapetes de algas de las mismas capas revelan aguas que pasaban de dulces a saladas, y las grietas de desecación muestran superficies que se secaban entre crecidas.

Varios yacimientos han cambiado el panorama. En 2015, Steve Brusatte, de la Universidad de Edimburgo, y sus colegas describieron rastros de saurópodos en Duntulm, en roca depositada en una laguna hace unos 170 Ma. Las huellas, de hasta unos 70 cm de ancho, muestran gigantes de cuello largo vadeando aguas someras. En 2020, un equipo dirigido por Paige dePolo describió decenas de huellas en Brothers' Point, Rubha nam Brathairean, y en otro yacimiento cercano, incluidas huellas de terópodos que indican una diversidad mayor de la que sugieren los escasos huesos. En la playa de An Corran, cerca de Staffin, aparecen huellas tridáctilas en un estrato que solo se descubre con marea baja.

Los métodos forman parte de la historia. Las repisas quedan al descubierto unas pocas horas al día y las azotan las olas, así que los equipos trabajan deprisa. Fotografían cada superficie desde muchos ángulos, a menudo con dron, y después usan la fotogrametría para construir modelos 3D con precisión milimétrica. En ellos miden la longitud de las huellas, la zancada y el ángulo de cada paso, lo que permite estimar la altura de la cadera, el tamaño y la velocidad.

¿Sabías que esas mismas rocas de Skye han dado algunos de los esqueletos de mamíferos del Jurásico medio más completos del mundo, como el de Borealestes, del tamaño de una musaraña, descrito en 2021?

Los huesos de dinosaurio son escasos: unos pocos dientes y huesos de extremidades de saurópodos y terópodos. Las huellas aportan, por tanto, buena parte de las pruebas: quién estaba allí, cómo se movía y qué ambientes usaba, justo cuando los grandes grupos de dinosaurios se diversificaban.

Las huellas de Skye han convertido una isla remota en una de las ventanas clave al Jurásico medio, y el museo de Staffin expone sus moldes. Cada temporal de invierno arranca roca, descubre huellas nuevas y borra otras antiguas. El registro se renueva y se destruye a la vez, y por eso siempre hace falta alguien en las repisas con la marea baja.

Huellas en el fondo de una laguna jurásica, Skye Los animales escribieron este registro; el mar lo está borrando. acantilado Duntulm · Brothers' Point · An Corran, Staffin · Isla de Skye lodo de lagunac. 170 MaFondo de lagunaGreat Estuarine Groupvisible en bajamar1 Rastro de saurópodoDuntulm, 2015huellas de c. 70 cm2 Huellas de terópodotridáctilas, afiladasBrothers' Point, 20203 Fotogrametría con dronmodelos 3D al mmzancada, tamaño, velocidad4 La ventana de mareaunas horas al díalas tormentas las borran5
Fig. 40 · Las huellas de Skye. La marea baja en Skye descubre fondos de laguna jurásicos pisados por dinosaurios.
Parte V

Los grandes carnívoros

Los terópodos depredadores, del rey tirano al Spinosaurus de los ríos.

Capítulo 41 · Parte V

¿Qué es un terópodo?

En 1881, Othniel Charles Marsh bautizó a los dinosaurios carnívoros que desenterraba en el Oeste norteamericano: Theropoda, «pies de bestia». El grupo aparece hace unos 231 Ma en la formación Ischigualasto, en el noroeste de Argentina, con pequeños cazadores ágiles como Eodromaeus, y nunca se ha extinguido. Todas las aves actuales, del zunzuncito cubano de 2 g al avestruz, son terópodos. También lo fueron Compsognathus, de apenas 1 m, y Spinosaurus, que con unos 14 m fue el depredador más largo que ha pisado tierra firme.

Los terópodos caminaban sobre dos patas, y sus pies llevan la firma de la familia. Tres dedos largos dirigidos hacia delante soportaban el peso, mientras el primero, convertido en un pequeño espolón, no tocaba el suelo. Por eso una pista de tres dedos, como los miles de huellas llamadas Grallator del valle de Connecticut, suele atribuirse a un terópodo. Las manos cuentan una historia de pérdidas: las primeras formas conservaban cuatro o cinco dedos, la mayoría de las posteriores agarraban con tres y los tiranosaurios se arreglaban con dos.

Por dentro, el esqueleto era ligero. Muchas vértebras y huesos de las extremidades eran huecos, de pared fina, invadidos por sacos aéreos que llegaban desde los pulmones por pequeñas aberturas, los forámenes neumáticos. Los escáneres de cráneos y columnas cartografían estas cámaras con detalle, y coinciden con el sistema respiratorio de flujo continuo de las aves actuales. Los terópodos tenían además una fúrcula, o espoleta, formada por clavículas soldadas, hallada en Coelophysis, Allosaurus y Tyrannosaurus. La mayoría tenía dientes en forma de hoja, curvados hacia atrás y aserrados como cuchillos de carne.

¿Cómo se decide quién pertenece al grupo? En 1986, Jacques Gauthier publicó un análisis cladístico que ordenaba a los animales por rasgos heredados compartidos, no por su parecido general, y situó a las aves de lleno entre los terópodos. Los estudios actuales procesan por ordenador cientos de caracteres en cientos de especies, y el resultado se mantiene mientras llegan fósiles nuevos de China, Mongolia y Sudamérica.

¿Sabías que un rastro de 198 millones de años en St George, Utah, muestra a un terópodo agachado en el barro con las palmas hacia dentro, como un ave pliega las alas, y no hacia abajo como un lagarto?

Conviene corregir una idea extendida: «terópodo» no significa «carnívoro». Los ornitomímidos como Gallimimus tenían picos sin dientes, los oviraptorosaurios partían semillas y conchas, y los terizinosaurios se pasaron casi por completo a las hojas. El plan corporal del terópodo era una caja de herramientas que la evolución usó para cazar, ramonear y, al final, volar.

Ver a las aves como terópodos cambió las preguntas. La respiración, la incubación, el crecimiento e incluso el comportamiento pueden contrastarse hoy con parientes vivos que comparten el mismo esqueleto. Mira de cerca la pata de una paloma: es el emblema de la familia.

Qué hace a un terópodo: los distintivos de familia Toda ave actual aún lleva estos distintivos. terópodo genérico vista lateral Theropoda: «pies de bestia» nombrado por O. C. Marsh, 1881 colibrí zunzuncito 2 g Compsognathus c. 1 m Spinosaurus c. 14 m primero: c. 231 Ma Eodromaeus, Argentina vivos: c. 11 000 aves Dientes aserradosen hoja, curvadosfilo de cuchillo1 Manos prensilesbasales: 4-5 dedoscasi todos 3; tiranosaurios 22 Huesos neumáticossacos aéreos en vértebrascartografiados por TC3 Fúrculaclavículas fusionadasAllosaurus, T. rex4 huellaPie tridáctilo1.er dedo: espolón altohuellas tipo Grallator5
Fig. 41 · ¿Qué es un terópodo?. Huesos huecos, tres dedos al frente, una fúrcula: las señas de todo terópodo.
Capítulo 42 · Parte V

Tyrannosaurus rex

Durante los últimos dos millones de años del Cretácico, el mayor depredador del oeste de Norteamérica fue Tyrannosaurus rex. Vivió hace unos 68 a 66 Ma en Laramidia, el continente isla situado al oeste de un gran mar interior, y sus huesos aparecen en la formación Hell Creek de Montana y las Dakotas, en la formación Lance de Wyoming y en las formaciones Scollard y Frenchman de Alberta y Saskatchewan. Barnum Brown halló el primer buen esqueleto en Hell Creek en 1902, y Henry Fairfield Osborn lo nombró en 1905: «rey de los lagartos tiranos».

Los adultos más grandes alcanzaban unos 12 m de largo, con la cadera a unos 3,7 m del suelo, y la mayoría de las estimaciones de masa oscilan entre 6 y 9 toneladas. El cráneo medía hasta 1,5 m y se ensanchaba mucho por detrás, de modo que ambos ojos miraban al frente: el estudio de Kent Stevens de 2006 cifró su visión binocular en unos 55 grados, más que la de un halcón. La idea de que solo te veía si te movías es puro cine. Los moldes de su caja craneal revelan enormes bulbos olfativos, así que también tenía un olfato agudo. Sus brazos, de cerca de 1 m y con dos dedos, parecen cómicos, pero tenían músculos potentes.

Los anillos de crecimiento de sus huesos hacen de T. rex uno de los dinosaurios mejor conocidos como animal. En 2004, Gregory Erickson y sus colegas cortaron costillas y otros huesos de varios individuos y vieron que un tiranosaurio joven crecía despacio y luego daba un estirón adolescente de unos 2 kg al día, hasta alcanzar su tamaño adulto hacia los 20 años. Pocos pasaban de los 30.

¿Sabías que las impresiones de piel publicadas en 2017, del cuello, la cadera y la cola de grandes tiranosaurios, muestran escamas pequeñas y granulosas, de modo que un T. rex adulto era probablemente escamoso en su mayor parte, aunque algunos parientes menores tenían plumas?

Ahí se separan la ciencia y la imagen popular. Tiranosauroideos emplumados como Yutyrannus demuestran que la familia tenía plumas, pero la piel del T. rex adulto parece escamosa; sigue siendo posible un plumón ligero en el lomo o en las crías. Hay otros debates abiertos. En 2022, Gregory Paul y sus colegas propusieron dividir la especie en tres; una réplica encabezada por Thomas Carr consideró la variación demasiado pequeña, y la mayoría de los investigadores coincide. En 2024, unos huesos craneales de Nuevo México se bautizaron Tyrannosaurus mcraeensis, posible pariente más antiguo, aunque su edad y su validez siguen en discusión.

Con más de 30 esqueletos parciales conocidos, T. rex se ha convertido en la vara de medir de los demás depredadores. Recuerda que un animal famoso siempre puede estudiarse de nuevo: crecimiento, sentidos y piel se han reescrito en los últimos 25 años.

Tyrannosaurus rex a escala Largo como un autobús; de joven crecía hasta 2 kg al día. a escala · cuadros de 3 m x 2 m Ojos frontalesc. 55° de solapegrandes bulbos olfativos1 Brazos de c. 1 mdos dedos útilesmuy musculados2 Piel escamosacuello, cadera + colapublicado en 20173 T. rex hasta c. 12,3 mAutobús de dos pisosc. 11 m largo, 4,4 m altocadera: c. 3,7 m4 1,8 mHumano adultole llega al musloc. 6-9 t vs 80 kg5
Fig. 42 · Tyrannosaurus rex. El rey tirano a escala: un depredador de 12 m y 8 t junto a un autobús y una persona.
Capítulo 43 · Parte V

Sue, Stan y los T. rex famosos

La mayoría de los dinosaurios se conoce por un esqueleto o un puñado de huesos. Tyrannosaurus rex es distinto: se han encontrado más de 30 esqueletos parciales, y los mejores tienen nombre, número de catálogo e historia propia. Juntos permiten a los paleontólogos comparar individuos como un médico compara pacientes.

La historia empieza con Barnum Brown, del American Museum of Natural History, que halló el ejemplar original en las tierras baldías de Hell Creek, Montana, en 1902. Ese ejemplar tipo, hoy CM 9380, se vendió al Carnegie Museum de Pittsburgh en 1941 para protegerlo durante la Segunda Guerra Mundial. El segundo hallazgo de Brown, AMNH 5027, de Big Dry Creek en 1908, dio a Nueva York el cráneo y el montaje erguido, con la cola arrastrando, que definió al animal durante casi todo el siglo XX; en los años noventa se volvió a montar en la postura horizontal actual.

El más famoso de todos es Sue, FMNH PR 2081. Sue Hendrickson vio huesos en un acantilado cerca de Faith, Dakota del Sur, el 12 de agosto de 1990, mientras trabajaba con el Black Hills Institute. Una larga batalla judicial sobre la propiedad del fósil terminó a favor del dueño del terreno, Maurice Williams, y en 2000 Sue se expuso en el Field Museum de Chicago. Completo en torno al 90 % de su volumen y con unos 12,3 m, el esqueleto pertenece a un animal muerto hacia los 28 años, con costillas rotas soldadas, un hombro lesionado y orificios en la mandíbula que podrían delatar una infección. Nadie sabe si Sue era macho o hembra.

Stan, BHI 3033, lo encontró el coleccionista aficionado Stan Sacrison en Dakota del Sur en 1987, y el Black Hills Institute lo excavó en 1992. Réplicas de su magnífico cráneo se exhiben en museos de todo el mundo, de modo que Stan ya era uno de los tiranosaurios más estudiados antes de que el original se adquiriera en 2020 para el Museo de Historia Natural de Abu Dabi. En Saskatchewan, Scotty (RSM P2523.8), hallado en 1991, se estimó en 2019 en unas 8,8 toneladas, el T. rex más pesado que se conoce.

¿Sabías que el «Wankel rex», hallado por Kathy Wankel cerca del embalse de Fort Peck, Montana, en 1988, aportó el primer brazo completo de T. rex y hoy está cedido por 50 años al Smithsonian como el «T. rex de la Nación»?

Otros individuos importan por lo que llevaban dentro. En 2005, Mary Schweitzer describió estructuras flexibles parecidas a vasos en el fémur de MOR 1125, apodado B-rex, e identificó hueso medular, una reserva de calcio para la cáscara de los huevos, que lo señalaba como hembra. Juveniles como Jane, del Burpee Museum de Illinois, alimentan un largo debate sobre si los pequeños cráneos llamados Nanotyrannus son T. rex jóvenes o un animal distinto; un estudio de 2025 sobre un juvenil conservado junto a un Triceratops defendió una especie aparte, y la discusión continúa.

Los esqueletos con nombre convirtieron una especie en una población, con crecimiento, heridas y variación que un hueso suelto jamás mostraría. Cada nuevo rex añade otro paciente al archivo.

Los rex famosos: quién es quién en el expediente T. rex Treinta esqueletos convirtieron una especie en una población. De dónde vienen Hell Creek MT/SD · Lance WY · Scollard AB · Frenchman SK El expediente T. rex30+ esqueletos parciales, 1902-hoy1 Fundadores1902-1908CM 9380tipo, Brown 1902AMNH 5027Montana, 19082 Gigantesel más largo y pesadoSueFMNH PR 2081ScottyRSM, c. 8,8 t3 Claves científicasdentro del huesoWankel rexMOR 555, el brazoB-rexMOR 1125, hembra4 Réplicas, jóvenescopias + juvenilesStanBHI 3033, réplicasJanejuvenil, Burpee5
Fig. 43 · Sue, Stan y los T. rex famosos. Los esqueletos de T. rex con nombre que forjaron nuestra imagen de la especie.
Capítulo 44 · Parte V

Spinosaurus, el monstruo del río

Pocos dinosaurios se han reconstruido tantas veces como Spinosaurus aegyptiacus. Vivió hace unos 100 a 94 Ma en las costas y los sistemas fluviales del norte de África, un mundo de manglares, peces sierra y celacantos, y con unos 14 m fue probablemente el dinosaurio carnívoro más largo que se conoce. Sin embargo, durante casi todo el siglo XX casi nadie había visto un hueso suyo.

El primer esqueleto lo desenterró en 1912, en el oasis de Bahariya, en Egipto, Richard Markgraf, recolector al servicio del paleontólogo alemán Ernst Stromer. Stromer lo nombró en 1915 y describió una mandíbula de cocodrilo y vértebras con espinas de hasta 1,65 m, que debían sostener una vela dorsal. Los huesos fueron a la Colección Estatal de Baviera, en Múnich, y en la noche del 24 de abril de 1944 un bombardeo aliado los destruyó. Solo sobrevivieron los dibujos y las fotografías de Stromer.

La imagen moderna procede de los lechos del Kem Kem, en el sureste de Marruecos. En 2014, Nizar Ibrahim, Paul Sereno y sus colegas describieron un esqueleto parcial comprado a un buscador local y rastreado hasta su yacimiento: patas traseras cortas, huesos densos y fosas nasales muy retrasadas en el hocico. En 2020, el equipo de Ibrahim volvió y excavó la cola, cuyas espinas altas y finas formaban una especie de remo. Propusieron un animal que nadaba tras sus presas, el primer dinosaurio verdaderamente acuático.

¿Sabías que los dientes de espinosáurido son tan comunes en el Kem Kem que los mineros locales recuperan miles, mientras que los huesos del animal siguen siendo escasos?

Aquí los científicos discrepan de verdad. En 2022, Matteo Fabbri y sus colegas compararon la densidad ósea de cientos de animales vivos y extintos y concluyeron que los huesos gruesos y densos de Spinosaurus apuntan a que buceaba para comer. Ese mismo año, Sereno, con Nathan Myhrvold y otros, modeló el cuerpo en el agua y concluyó que habría flotado, sería lento e inestable, más parecido a una garza gigante vadeando en aguas someras que a una nutria. David Hone y Thomas Holtz también defendieron un vadeador de orilla. La vela quizá servía sobre todo para exhibirse, porque una aleta alta y fina es un mal motor.

Todos aceptan que Spinosaurus comía mucho pescado. Sus dientes cónicos y sin sierra servían para sujetar presas resbaladizas, y en 2010 Romain Amiot y sus colegas hallaron en dientes de espinosáurido proporciones de isótopos de oxígeno cercanas a las de cocodrilos y tortugas, señal de una vida semiacuática. Los ríos del Kem Kem albergaban peces de varios metros, como el pez sierra Onchopristis y el celacanto Mawsonia.

Spinosaurus muestra cómo un dinosaurio puede reconstruirse desde cero cuando se pierden huesos y aparecen otros, y cuánto de argumento hay en cada reconstrucción. Nadara o vadeara, amplió la idea de lo que podía ser un dinosaurio depredador.

Reconstruir Spinosaurus, de 1912 a hoy Una reconstrucción es un argumento, y este sigue abierto. 70 años: solo dibujos 1912-15 1944 2014 2020 2022 Spinosaurus aegyptiacus · c. 100-94 Ma · norte de África · c. 14 m Stromer lo nombraOasis de Bahariya, Egiptoexcavado por R. Markgrafmandíbula + espinas1 Huesos destruidosbombardeo de Múnichnoche del 24 de abrilquedan fotos2 Esqueleto de Kem KemMarruecos · Ibrahim,Sereno et al.patas cortas, hueso denso3 La cola remomismo sitio de Kem Kemespinas altas y finasse propone «nadador»4 ¿Nadar o vadear?hueso denso: buceoflotabilidad: vadeoaún en debate5
Fig. 44 · Spinosaurus, el monstruo del río. De los huesos perdidos de Stromer al Kem Kem: un siglo reconstruyendo a Spinosaurus.
Capítulo 45 · Parte V

Giganotosaurus y Carcharodontosaurus

Mucho antes que T. rex, los continentes del sur tuvieron sus propios depredadores gigantes. Los carcarodontosáuridos, «lagartos con dientes de tiburón», eran primos de Allosaurus que llegaron a ser tan largos como cualquier tiranosaurio, y dos de ellos, uno de Argentina y otro del norte de África, se hicieron famosos en los años noventa como rivales por el título de mayor carnívoro.

Giganotosaurus carolinii lo encontró en 1993 Rubén Carolini, mecánico de coches y buscador aficionado de fósiles, en las tierras baldías cercanas a Villa El Chocón, en la provincia de Neuquén, Argentina. Rodolfo Coria y Leonardo Salgado lo nombraron en Nature en 1995. El esqueleto, completo en un 70 % aproximadamente, procede de la formación Candeleros, de hace unos 99 a 97 Ma. Las estimaciones le dan entre 12 y 13 m y unas 6 a 8 toneladas, y una segunda mandíbula, mayor, sugiere que algunos individuos eran aún más grandes. Su cráneo, largo y estrecho, medía cerca de 1,6 m y llevaba finos dientes en forma de hoja.

Carcharodontosaurus saharicus tiene una historia más enredada. Charles Depéret y Justin Savornin describieron dientes de Argelia en 1925. Ernst Stromer creó el género en 1931 a partir de un esqueleto parcial egipcio que, como su Spinosaurus, quedó destruido en Múnich en 1944. En 1995, el equipo de Paul Sereno halló en el Kem Kem marroquí un cráneo de unos 1,6 m que devolvió el rostro al animal; una segunda especie, C. iguidensis, fue nombrada en Níger en 2007 por Stephen Brusatte y Sereno.

Ambos cazaban de otro modo que T. rex. Sus dientes planos y finamente aserrados cortaban carne en lugar de triturar hueso, y sus cráneos eran más ligeros y estrechos. Entre sus presas había saurópodos: Giganotosaurus compartía su mundo con el titanosaurio Andesaurus, y su pariente cercano Mapusaurus, de un yacimiento de Cañadón del Gato con al menos siete individuos de distintas edades, convivió con el colosal Argentinosaurus. Si cazaban en grupo o simplemente murieron juntos sigue en debate.

¿Sabías que Meraxes, un carcarodontosáurido descrito en Argentina en 2022, tenía brazos diminutos como los de un tiranosaurio, de modo que los brazos cortos evolucionaron más de una vez en los depredadores gigantes?

Hay un mito popular que corregir: Giganotosaurus y T. rex nunca se encontraron, separados por unos 30 millones de años y un continente. Y el título de «el más grande» es resbaladizo. Las estimaciones se basan en unos pocos esqueletos incompletos, y Giganotosaurus, Carcharodontosaurus, T. rex y Spinosaurus se solapan dentro de los márgenes de error.

Los carcarodontosáuridos demostraron que el gigantismo de los depredadores surgió varias veces, en familias y continentes distintos, allí donde había herbívoros gigantes que comer. Las grandes presas hicieron a los grandes cazadores.

Los gigantes con dientes de tiburón de Gondwana Grandes presas hicieron grandes cazadores, en más de un continente. misma escala Giganotosaurus caroliniiNeuquén, Argentina · 1993Coria + Salgado, 1995c. 12-13 m · c. 6-8 t1 CarcharodontosaurusKem Kem, Marruecos · 1995Stromer 1931; cráneo Serenoc. 12 m · c. 6 t2 Dientes cortanteshoja planaT. rex: gruesoaserrados como de tiburón3 Presas gigantestitanosaurios, p. ej.ArgentinosaurusMapusaurus4 Nunca vio a T. rex100-94 Ma68-66c. 30 millones de añosy un continente aparte5
Fig. 45 · Giganotosaurus y Carcharodontosaurus. Dos gigantes de Gondwana con dientes de tiburón, lado a lado, con hallazgos y tallas.
Capítulo 46 · Parte V

Baryonyx, el pescador de Surrey

En enero de 1983, William Walker, fontanero y buscador aficionado de fósiles, rastreaba la cantera de arcilla de Smokejacks, cerca de Ockley, en Surrey, cuando partió un nódulo y encontró una enorme garra curva de unos 31 cm a lo largo de su borde exterior. La llevó al Natural History Museum de Londres y, en pocos meses, un equipo del museo volvió a la fábrica de ladrillos para extraer de la gris arcilla del Weald, depositada en llanuras de inundación hace unos 125 Ma, los huesos de un dinosaurio carnívoro.

La excavación, dirigida por Alan Charig y Angela Milner, recuperó gran parte de un esqueleto atrapado en arcilla dura y mena de hierro, protegido con fundas de escayola. Liberarlo llevó años de preparación minuciosa. En 1986, Charig y Milner lo llamaron Baryonyx walkeri, «garra pesada», en honor a su descubridor. El ejemplar, NHMUK PV R 9951, perteneció a un animal de unos 7,5 m y alrededor de 1,5 toneladas, y algunos huesos sin soldar sugieren que aún no era adulto del todo.

No estaba hecho como los otros grandes depredadores. El hocico, largo, bajo y estrecho, acababa en una roseta de dientes en forma de cuchara, como el de un cocodrilo. La mandíbula inferior tenía 32 dientes por lado, casi el doble de lo habitual en un terópodo, cónicos y con sierras muy finas, mejores para sujetar que para cortar. Las patas delanteras eran fuertes, y la gran garra iba probablemente en el pulgar, ideal para enganchar presas en el agua.

¿Sabías que Baryonyx fue el primer dinosaurio del que se demostró directamente que comía peces, gracias a escamas corroídas por los ácidos gástricos halladas en su estómago?

Esa prueba vino de la cavidad corporal: escamas y dientes de Lepidotes, un gran pez óseo, en parte disueltos por el ácido, junto con huesos de un iguanodontiano joven. Baryonyx pescaba, pero también cazaba o carroñeaba dinosaurios. Estudios químicos posteriores de dientes de espinosáurido confirmaron que el grupo pasaba mucho tiempo junto al agua.

Baryonyx resolvió además un viejo enigma. Su cráneo encajaba con las mandíbulas fragmentarias que Ernst Stromer había descrito para Spinosaurus en Egipto, y pronto se situó en la misma familia, los espinosáuridos. Llegaron más parientes: Suchomimus, de Níger, en 1998 y, en 2021, dos nuevos espinosáuridos de la isla de Wight, Ceratosuchops y Riparovenator, este último dedicado a Angela Milner. También se han citado dientes y huesos semejantes a los de Baryonyx en España y Portugal, prueba de que la familia ocupó la Europa del Cretácico inferior.

El hallazgo de un aficionado en una sola mañana dio a Gran Bretaña uno de sus dinosaurios más importantes y al mundo la clave de toda una familia de depredadores pescadores. Muchos grandes descubrimientos siguen empezando por una persona curiosa y un martillo.

Baryonyx en Smokejacks Pit, 1983 La garra de un aficionado abrió toda una familia de piscívoros. Smokejacks Pit, Ockley, Surrey cantera de arcilla · esquema La garra de Walkerene. 1983c. 31 cm1 Museo excava, 1983cuadrícula de 1 mCharig + Milner2 Camisas de yesoaños de preparaciónnombrado en 19863 Contenido estomacalLepidotesiguanodonte joven4 Arcilla de Wealdlodos fluvialesc. 125 Ma5
Fig. 46 · Baryonyx, el pescador de Surrey. Smokejacks, 1983: la garra que halló un fontanero revela un dinosaurio pescador.
Capítulo 47 · Parte V

Carnotaurus y los abelisaurios

Mientras los tiranosaurios dominaban el norte a finales del Cretácico, los superdepredadores de Sudamérica, África, Madagascar y la India pertenecían a otra familia: los abelisáuridos. Su miembro más llamativo es Carnotaurus sastrei, el «toro carnívoro», con dos gruesos cuernos sobre los ojos, un cráneo corto y alto y unos brazos tan pequeños que hacen parecer bien equipado a T. rex.

Carnotaurus lo halló en 1984 una expedición del paleontólogo argentino José Bonaparte, en la formación La Colonia de la provincia de Chubut, en la Patagonia, en una estancia de la familia Sastre. Bonaparte lo nombró en 1985. El único esqueleto, MACN-CH 894, procede de rocas de hace unos 72 a 69 Ma y perteneció a un animal de 7,5 a 8 m y aproximadamente 1,5 a 2 toneladas. Los huesos del antebrazo medían apenas una cuarta parte que el húmero, y los dedos eran simples muñones.

Es también uno de los poquísimos grandes terópodos con abundante piel conservada. Las impresiones del costado muestran un mosaico de escamas pequeñas con hileras de escamas cónicas mayores, sin rastro de plumas. Los cuernos quizá servían para exhibirse o para empujarse cabeza contra cabeza; nadie lo sabe con certeza. En 2011, Scott Persons y Philip Currie reconstruyeron sus enormes músculos caudales y defendieron que Carnotaurus estaba entre los grandes terópodos más rápidos en línea recta, aunque probablemente giraba mal.

¿Sabías que Carnotaurus se conoce por un solo esqueleto, pero este conserva más impresiones de piel que casi cualquier otro gran dinosaurio carnívoro?

Sus parientes pueblan los continentes del sur. Abelisaurus, que dio nombre a la familia en 1985, procede de la provincia de Río Negro. Aucasaurus se encontró en 1999 en Auca Mahuevo, el gran nidal de saurópodos de la Patagonia. Rajasaurus, descrito en 2003 por Jeffrey Wilson, Paul Sereno y colegas indios, viene del valle del Narmada, y Majungasaurus, de Madagascar. En 2003, Raymond Rogers y sus colegas mostraron que huesos de Majungasaurus llevan marcas de dientes de Majungasaurus, la primera prueba sólida de canibalismo en un dinosaurio. Todos comparten cráneos cortos de superficie rugosa, a menudo con protuberancias o cuernos, y brazos reducidos.

El grupo más amplio, los ceratosaurios, incluye al Ceratosaurus jurásico de la formación Morrison y al curioso y pequeño Limusaurus de China, cuyas crías tenían dientes que los adultos perdían a cambio de un pico. Esta distribución encaja con la fragmentación de Gondwana: los abelisáuridos se diversificaron a medida que los continentes del sur se separaban, mientras los tiranosaurios dominaban Asia y Norteamérica.

Los abelisaurios demuestran que no hubo una única «era de los tiranosaurios». Cada continente hizo su propio experimento de gran depredador, y la respuesta del sur fue cara corta, cuernos y casi sin brazos.

Los abelisáuridos: los depredadores del sur Cara corta, cuernos y casi sin brazos: la respuesta del sur. Abelisauridae continentes del sur simplificado; ramas en debate Ceratosauriacuernos + brazos cortosCeratosaurusColorado, EE. UU. · c. 150 MaLimusaurusXinjiang, China · c. 160 Maadulto sin dientes1 MajungasaurusMadagascar · c. 70 Mamarcas de canibalismo2 RajasaurusGujarat, India · c. 67 Ma3 CarnotaurusChubut, Arg. · c. 72-69 Ma4Carnotaurus sastreicuernoscráneo cortobrazos diminutosBonaparte, 1984-85 AbelisaurusRío Negro, Arg. · c. 80 MaAucasaurusNeuquén, Arg. · c. 80 MaAuca Mahuevo5
Fig. 47 · Carnotaurus y los abelisaurios. El árbol de los abelisaurios, de Ceratosaurus al Carnotaurus con cuernos y sin brazos.
Capítulo 48 · Parte V

Therizinosaurus, el lagarto guadaña

En 1948, una expedición soviético-mongola que trabajaba en la formación Nemegt, en el desierto del Gobi, recogió unas enormes garras aplanadas y fragmentos de costillas. Tenían unos 70 millones de años y no se parecían a nada conocido. En 1954, el paleontólogo soviético Yevgueni Maléyev llamó a su dueño Therizinosaurus cheloniformis, «lagarto guadaña con forma de tortuga», convencido de que era un reptil gigante parecido a una tortuga.

Las garras siguen asombrando. Los núcleos óseos de las mayores superan los 50 cm a lo largo de la curva y, en vida, la funda córnea las alargaba aún más: son las garras más largas de cualquier animal conocido. El resto del esqueleto apareció poco a poco: huesos de las extremidades anteriores, en los años setenta, revelaron brazos de unos 2,5 m, y huesos de las patas traseras descritos en 1982 mostraron pies anchos con cuatro dedos de apoyo. Aun así, el animal seguía siendo un misterio envuelto en tres garras.

El enigma creció al aparecer parientes. En 1979, el paleontólogo mongol Altangerel Perle nombró a Segnosaurus, con pico sin dientes, dientes de mejilla en forma de hoja y un pubis orientado hacia atrás, como en los dinosaurios con cadera de ave. Durante años, estos «segnosaurios» se interpretaron como prosaurópodos tardíos, primos de los ornitisquios o algo intermedio. En 1993, Dale Russell y Dong Zhiming describieron a Alxasaurus, más completo, de Mongolia Interior, que demostró más allá de toda duda razonable que segnosaurios y Therizinosaurus eran terópodos: parientes herbívoros de los dinosaurios que dieron origen a las aves.

¿Sabías que Beipiaosaurus, un terizinosaurio de la formación china de Yixian nombrado por Xu Xing y sus colegas en 1999, estaba cubierto de plumas sencillas y filamentosas, así que el gigante del Gobi probablemente lucía también un pelaje plumoso?

Juntando las pistas, Therizinosaurus resulta un ramoneador barrigudo de unos 9 a 10 m y alrededor de 5 toneladas, con cabeza pequeña, cuello largo y un vientre amplio para fermentar hojas. En 2014, Stephan Lautenschlager puso a prueba garras de terizinosaurio con modelos informáticos y vio que funcionaban mejor para enganchar y tirar de ramas que para cavar o pelear, aunque una garra así disuadiría a cualquier depredador. Nidales de la formación Javkhlant, en Mongolia, publicados en 2019 por Kohei Tanaka y sus colegas, muestran terizinosaurios emparentados que ponían más de una docena de nidadas juntas, en colonias.

Therizinosaurus enseña lo fácil que es dejarse engañar por una sola pieza. Una garra parecía un arma, un arma parecía un depredador y un depredador parecía una tortuga, hasta que nuevos esqueletos revelaron un terópodo con plumas que comía plantas. Demostró que el árbol de los carnívoros también tenía vegetarianos.

Resolver el lagarto guadaña, de 1948 a 2014 Una garra como un arma resultó ser de un herbívoro. Therizinosaurus cheloniformis · Nemegt, Mongolia · c. 70 Ma 1948: las garrasFormación Nemegt, Gobiexcavación soviético-mongola1Las garras más largashueso50+ cm nombre1954: ¿tortuga gigante?Maléyev lo nombra«guadaña de tortuga»2 luego1979: SegnosaurusPerle: pico, dientes en hoja¿prosaurópodo? ¿ornitisquio?3Pistas falsas¿prosaurópodo tardío?¿vínculo ornitisquio? resuelto en1993: un terópodoAlxasaurus, MongoliaInterior: Russell + Dong4 sumaRamoneador emplumadoBeipiaosaurus 1999estudio de garras 20145c. 9-10 m · c. 5 tplumajeramas en ganchocomía hojas
Fig. 48 · Therizinosaurus, el lagarto guadaña. De «tortuga gigante» a herbívoro con plumas: así se resolvió el enigma de las garras.
Capítulo 49 · Parte V

¿A qué velocidad corría T. rex?

En la película Parque Jurásico, un Tyrannosaurus sigue el ritmo de un jeep lanzado a toda velocidad. Es una de las grandes persecuciones del cine y, según casi todos los estudios posteriores, algo físicamente imposible. Calcular la velocidad de un animal extinto de 8 toneladas es un problema de ingeniería, y los paleontólogos lo han atacado desde varios frentes.

La primera prueba seria llegó en 2002, cuando John Hutchinson y Mariano Garcia publicaron en Nature un estudio sobre cuánto músculo en las patas necesitaría un T. rex para correr deprisa. Basándose en la física de corredores vivos como gallinas y humanos, mostraron que un esprint a 72 km/h exigiría músculos en las patas que ocuparan una parte imposible del cuerpo. Trabajos posteriores de Hutchinson y sus colegas situaron las velocidades máximas plausibles entre unos 18 y 40 km/h, con el extremo superior aún incierto.

En 2017, William Sellers y sus colegas construyeron un modelo informático del esqueleto y los músculos y buscaron mediante optimización su marcha más rápida. Al añadir las tensiones sobre los huesos, la respuesta se acotó: por encima de unos 20 km/h, los huesos de las patas se habrían roto. Un T. rex adulto podía caminar a buen paso, quizá alargar la zancada, pero seguramente nunca tenía ambos pies en el aire a la vez.

¿Sabías que el elefante africano, el animal vivo más parecido en peso a un T. rex adulto, alcanza unos 25 km/h pero nunca levanta las cuatro patas del suelo al mismo tiempo?

Caminar es más fácil de precisar. En 2021, Pasha van Bijlert y sus colegas modelaron la cola como una viga colgante que oscila y calcularon que el ritmo natural de la zancada daba un paso cómodo de unos 4,6 km/h, parecido al humano. Las huellas reales coinciden: en 2014, Richard McCrea y sus colegas describieron tres rastros de tiranosáuridos en paralelo cerca de Tumbler Ridge, en la Columbia Británica, dejados por animales que caminaban a unos 6 a 8 km/h. En 2016, Scott Persons y Philip Currie concluyeron que las largas patas de los tiranosaurios servían más para ahorrar energía en largas distancias que para esprintar.

El tamaño lo cambia todo. Un T. rex joven era más esbelto, con espinillas proporcionalmente más largas, y probablemente mucho más rápido que sus padres, de modo que jóvenes y adultos quizá cazaban presas distintas de maneras distintas. Los científicos aún discrepan sobre las cifras exactas de los adultos, porque cada modelo se apoya en estimaciones de masa muscular y postura, pero el rango se ha reducido a «trote lento como mucho». Solo un velocista de la talla de Usain Bolt, con un máximo de unos 44,7 km/h, habría estado seguro de dejar atrás a un adulto en un esprint corto.

La cuestión de la velocidad cambió la forma de estudiar los dinosaurios, al llevar la robótica, la biomecánica y la simulación informática a la paleontología. El jeep de la película habría escapado sin problema; sus pasajeros a pie, quizá no.

¿A qué velocidad se movía un T. rex adulto? Un caminante potente, no un velocista: el jeep habría escapado. 0 20 40 60 80 km/h Elefante nunca en el aire c. 25 Paso de marchavan Bijlert et al. 2021c. 4,61 RastrosTumbler Ridge BC, 20146-82 Límite óseoSellers et al. 2017c. 20techo del adulto3 Modelos muscularesHutchinson, desde 200218-404 Usain Boltpunta, 200944.7Persecución del jeepJurassic Park, 1993c. 725
Fig. 49 · ¿A qué velocidad corría T. rex?. Velocidades estimadas de T. rex, de huellas y modelos, frente a un velocista y un filme.
Capítulo 50 · Parte V

Fuerza de mordida y caza

Tyrannosaurus rex tenía la mordida más potente de todos los animales terrestres conocidos. Es imposible medirla directamente, así que los paleontólogos la reconstruyen a partir del cráneo, los músculos y los daños que dejaron esas mandíbulas. Las pruebas zanjan además una vieja pregunta: ¿cazaba T. rex o solo carroñeaba?

La primera estimación vino de un hueso mordido. En 1996, Gregory Erickson y Kenneth Olson describieron una pelvis de Triceratops de Montana con casi 60 marcas de mordisco, algunas tan profundas que muestran cómo se hundió un diente y luego se arrastró. Presionando en el laboratorio una réplica de diente de T. rex contra hueso de vaca, estimaron más de 6.000 N para un solo diente. Otros equipos reconstruyeron después los músculos de la mandíbula en modelos informáticos. En 2012, Karl Bates y Peter Falkingham calcularon una mordida de unos 35.000 a 57.000 N en los dientes posteriores, y en 2017 Paul Gignac y Erickson la estimaron en unos 35.000 N, con presiones en la punta de los dientes capaces de hacer estallar el hueso. Como comparación, Erickson midió en el cocodrilo marino, el animal vivo que muerde con más fuerza, unos 16.400 N.

El cráneo estaba hecho para ello. Ancho y reforzado por detrás, donde se anclaban los músculos, llevaba dientes gruesos y redondeados de hasta unos 30 cm con la raíz, más parecidos a clavos de vía de tren que a cuchillos de carne. Erickson y Olson llamaron a este modo de alimentarse «perforar y tirar»: morder hondo y luego arrancar hacia atrás, partiendo el hueso para llegar a la médula.

¿Sabías que un coprolito de T. rex, un excremento fósil hallado en Saskatchewan y descrito por Karen Chin en 1998, mide 44 cm de largo y está repleto de huesos triturados de un joven dinosaurio herbívoro?

¿Cazaba animales vivos? Durante años, Jack Horner sostuvo que T. rex era sobre todo carroñero, señalando sus brazos pequeños y sus grandes centros olfativos. La mejor respuesta está en las heridas curadas. En 2013, Robert DePalma y sus colegas describieron vértebras de la cola de un Edmontosaurus de la formación Hell Creek, en Dakota del Sur, con una corona de diente de T. rex incrustada y rodeada de hueso nuevo. El dinosaurio de pico de pato fue mordido, escapó y vivió lo bastante para curarse. Un cráneo de Triceratops con una mordida curada en el cuerno y la cara cuenta la misma historia.

El consenso es que T. rex se comportaba como una hiena o un león: cazaba cuando podía y carroñeaba cuando encontraba un cadáver. Los adultos eran demasiado lentos para perseguir presas largo rato, así que lo probable eran las emboscadas y las arremetidas cortas, quizá con los jóvenes corriendo más.

Los estudios de mordida muestran hasta dónde llegan las pruebas sin un animal vivo: marcas de dientes, cicatrices y excrementos se convirtieron en medidas del comportamiento. Demostraron que el rey tirano era un cazador, y que también se comía los huesos.

La mordida más fuerte en tierra, y la prueba Cazaba si podía, carroñeaba si encontraba y se comía los huesos. anteorbital ojo mandíbula cráneo de T. rex, c. 1,5 m, vista lateral mandíbulamúsculosEnormes músculos35 000-57 000 N (2012)1 Dientes traseros trituradoreshasta c. 30 cm con raízT. rex c. 35 000 Ncocodrilo c. 16 400 N2 Triceratops mordidopelvis, Montana, 19963 Edmontosaurus curadocola, Hell Creek, 2013diente en hueso nuevo4 Heces con huesoSaskatchewan, 1998coprolito, 44 cm5
Fig. 50 · Fuerza de mordida y caza. La mordida de T. rex y sus pruebas: huesos mordidos, heridas curadas y coprolitos.
Parte VI

Corazas, cuernos y cúpulas

Mazas, placas, golas y cráneos gruesos: cómo los herbívoros se defendían y se exhibían.

Capítulo 51 · Parte VI

Ankylosaurus y la maza de la cola

Ankylosaurus magniventris vivió al final mismo del Cretácico, hace entre unos 68 y 66 Ma, en las mismas llanuras aluviales del oeste de Norteamérica que Tyrannosaurus y Triceratops. Era un herbívoro bajo y ancho de 6 a 8 m de largo y probablemente de 5 a 8 toneladas, construido como una mesa baja acorazada. Su lomo estaba empedrado de placas óseas llamadas osteodermos, el cráneo lo cubría una armadura gruesa y fusionada, y la cola terminaba en una maza de hueso macizo.

El animal se conoce sorprendentemente mal. Barnum Brown, del Museo Americano de Historia Natural, lo nombró en 1908 a partir de un techo craneal y restos del esqueleto hallados en la formación Hell Creek, en Montana. En 1910 Brown recogió un segundo ejemplar, con la maza, a orillas del río Red Deer, en Alberta, y el cráneo más grande, hallado por Charles M. Sternberg en 1947, mide unos 74 cm de ancho. No existe ningún esqueleto completo, así que buena parte de su silueta se reconstruye a partir de parientes asiáticos y canadienses mejor conocidos, como Pinacosaurus, Euoplocephalus o Zuul.

La maza es una obra maestra de ingeniería. Dos grandes osteodermos envuelven las últimas vértebras y forman el bulbo, mientras que las vértebras anteriores encajan unas en otras mediante largas prolongaciones y quedan atadas por tendones osificados, de modo que la parte trasera de la cola se convierte en un mango rígido. La base flexible de la cola era la que daba el golpe. En 2009 Victoria Arbour modeló mazas de distintos tamaños y concluyó que las mayores podían asestar golpes capaces de romper huesos, mientras que las más pequeñas eran seguramente demasiado ligeras para causar daños serios.

¿A quién golpeaba? La respuesta obvia son las patas de un depredador, y un anquilosaurio blandiendo la maza a la altura de la espinilla debía de ser un mal trago para un tiranosaurio. Pero las mejores pruebas apuntan a los de su propia especie. Zuul crurivastator, un anquilosáurido de 76 millones de años de la formación Judith River, en Montana, conserva la piel y la armadura en su sitio, y un estudio de 2022 halló púas rotas y cicatrizadas agrupadas en sus flancos, justo donde caería la maza de un rival. Como las cornamentas, las mazas quizá servían sobre todo en las disputas por pareja y territorio.

¿Sabías que Zuul crurivastator debe su nombre al perro demoníaco de la película Cazafantasmas (1984) y que su nombre de especie significa «destructor de espinillas»?

La armadura de los anquilosaurios iba más lejos de lo que imagina la mayoría de visitantes de un museo. Hasta los párpados llevaban una pequeña placa ósea, y las tomografías de cráneos revelan conductos nasales en bucle que quizá calentaban el aire, ahorraban agua o amplificaban la voz.

Ankylosaurus demuestra que los últimos dinosaurios no eran víctimas pasivas a la espera del tiranosaurio. Los herbívoros desarrollaron armas tan refinadas como los dientes de cualquier depredador, y la maza caudal sigue siendo el garrote más especializado que jamás haya llevado un animal terrestre.

Ankylosaurus: un tanque vivo con maza ósea Un herbívoro con arma, no solo con escudo. 1,8 m 0–7 m (1 m = 52 px) AMNH 5895 · Hell Creek, MT · 1908 AMNH 5214 · Scollard, AB · maza Ankylosaurus magniventris Coraza de osteodermosplacas óseas en la pielhasta los párpados1 mango rígidoEl mangovértebras trabadastendones osificados2 La maza2 osteodermos fusionadospodía romper huesos3 golpe lateralArco de golpebase de cola flexiblealtura de espinilla4 6–8 mEscala6–8 m · 5–8 tlargo de un minibús5
Fig. 51 · Ankylosaurus y la maza de la cola. Una maza de hueso fusionado en una cola rígida: el arma más pesada de un dinosaurio.
Capítulo 52 · Parte VI

Borealopelta: la momia de dinosaurio

El 21 de marzo de 2011, Shawn Funk, operador de maquinaria pesada, excavaba las arenas bituminosas de la mina Millennium de Suncor, cerca de Fort McMurray (Alberta), cuando su pala chocó con algo más duro que la roca. Era la mitad delantera de un dinosaurio acorazado, conservada en tres dimensiones con la piel y la armadura en su sitio. Descrito en 2017 por Caleb Brown y sus colegas del Royal Tyrrell Museum, recibió el nombre de Borealopelta markmitchelli, el «escudo del norte», en honor al técnico que dedicó más de cinco años y unas 7.000 horas a liberarlo de la roca.

Borealopelta era un nodosaurio, un pariente sin maza de Ankylosaurus, de unos 5,5 m de largo y alrededor de 1,3 toneladas. Vivió hace unos 112 a 110 Ma, en el Cretácico inferior, y sin embargo apareció en rocas marinas de la formación Clearwater, depositadas en un mar que entonces cubría gran parte de Alberta. La explicación más probable es la de «hincharse y flotar»: el animal murió en tierra o en un río, se llenó de gases, fue arrastrado mar adentro y acabó hundiéndose. Cayó de espaldas sobre el fango blando del fondo, y los minerales lo encerraron enseguida en una concreción, antes de que los carroñeros o la descomposición lo desarmaran.

El resultado es el dinosaurio acorazado mejor conservado jamás hallado. Los osteodermos aún llevan sus vainas de queratina, las fundas córneas que hacían las púas más largas y afiladas que el hueso solo, y la piel entre ellos se conserva como una fina película oscura. Las púas más largas sobresalen de los hombros como un par de cuernos de toro.

La química hizo el resto. La espectrometría de masas detectó benzotiazol, un producto de degradación del pigmento rojizo feomelanina, concentrado en el lomo y escaso en el vientre. Ese patrón, llamado contrasombreado, es el que usan muchos animales actuales para ocultarse de los depredadores, así que incluso a un tanque de tonelada y media le compensaba camuflarse. Por entonces recorrían Norteamérica cazadores del tamaño de Acrocanthosaurus.

¿Sabías que la última comida de Borealopelta sobrevive en su estómago, sobre todo hojas de helecho con un 6 % de carbón vegetal, señal de que pastaba rebrotes tras un incendio forestal a finales de primavera o en verano?

Ese contenido estomacal, estudiado en 2020, es la comida de dinosaurio descrita con más detalle. Revela a un comensal exigente que prefería las frondas tiernas a las abundantes cícadas y coníferas.

Borealopelta cambió lo que puede significar «fósil». Ya no es un esqueleto que un artista debe vestir, sino un animal con su propia superficie, su color y su cena, y demuestra que ni siquiera una armadura pesada ponía a salvo a un dinosaurio.

Borealopelta: de la orilla al fondo marino Hundido, sellado y hallado con piel, color y cena. Mar Clearwater Alberta, c. 112 Ma lutita marina arenas bituminosas cadáver hinchado1Hincharse y flotararrastrado al mary hundido1 boca arriba, en concreción2Aterrizaje boca arribasellado en concreciónMina Millennium, 20112 vaina de queratina3cuernohuesoPúas de queratinavainas córneas intactaspúas del hombro3 contrasombreado4oscuroclaroContrasombreadorestos de feomelaninadorso oscuro, vientre claro4 última comida5helechoscarbónÚltima comidasobre todo helechosc. 6 % de carbón5
Fig. 52 · Borealopelta: la momia de dinosaurio. Un nodosaurio acorazado que flotó mar adentro, se hundió boca arriba y guardó su piel.
Capítulo 53 · Parte VI

Triceratops

Triceratops es el rostro de tres cuernos del final del Cretácico. Vivió hace entre unos 68 y 66 Ma en las llanuras costeras de Laramidia, la masa continental occidental de Norteamérica, y es el gran dinosaurio más común de la formación Hell Creek, en Montana y las Dakotas, y de la formación Lance, en Wyoming. Los adultos alcanzaban de 8 a 9 m de largo y quizá de 6 a 12 toneladas, y los cráneos mayores se acercan a los 2,5 m, entre las cabezas más grandes de cualquier animal terrestre.

El primer hallazgo se malinterpretó. En 1887 apareció cerca de Denver un par de núcleos óseos de cuernos, y Othniel Charles Marsh los bautizó como Bison alticornis, un bisonte gigante de la Edad de Hielo. En dos años, John Bell Hatcher, que recolectaba para Marsh en Wyoming, le envió cráneos completos, y en 1889 Marsh nombró a Triceratops horridus, la «cara rugosa con tres cuernos». Hatcher llegó a reunir una treintena de cráneos, que aún llenan los museos de Estados Unidos.

Esa abundancia ha convertido a Triceratops en un caso de estudio del crecimiento de los dinosaurios. En los jóvenes, los cuernos de la frente son cortos y se curvan hacia atrás, la gola está bordeada de huesecillos triangulares afilados y el hocico es corto. Al madurar, los cuernos se enderezaban y giraban hacia delante, y el borde de la gola se aplanaba. La histología ósea, el estudio de las líneas de crecimiento en láminas finas de hueso, relaciona esos cambios con la edad. En 2010 John Scannella y Jack Horner propusieron que la gola, mayor y perforada, de Torosaurus era simplemente la fase más vieja de Triceratops; otros estudios han hallado Torosaurus adultos que no encajan, y la cuestión sigue abierta. Scannella mostró además que T. horridus da paso a T. prorsus más arriba en la serie de rocas: el género evolucionaba sobre el terreno.

Los cuernos se usaban, y no solo para lucirse. Cráneos estudiados por Andrew Farke y sus colegas en 2009 muestran heridas cicatrizadas en las mejillas y la gola, justo donde se clavarían unos cuernos trabados, prueba de combates entre rivales. Los depredadores dejaron su propio rastro: una pelvis de Triceratops de Montana lleva decenas de mordeduras de Tyrannosaurus.

¿Sabías que las mandíbulas de Triceratops albergaban baterías dentales de cientos de dientes apilados, hasta unos 800 en toda la boca, que se reponían sin cesar a medida que se desgastaban?

Esas baterías cortaban plantas duras como tijeras. Triceratops sobrevivió hasta los últimos momentos del Cretácico: sus huesos yacen justo debajo de la capa rica en iridio que dejó el impacto de Chicxulub. No era un gladiador solitario, sino el ganado de su mundo, que pastaba, crecía, luchaba y era devorado hasta el final.

Triceratops crece: cuatro etapas, un debate Decenas de cráneos muestran crecer a un dinosaurio. edad en años, por líneas de crecimiento c. 1 c. 5–10 15+ ? Hell Creek (MT, SD, ND) · Lance (WY) · 68–66 Ma cráneo c. 30 cmJuvenilcuernos hacia atrásborde de gola espinoso1 cuernos se enderezanSubadultolíneas de crecimientocuernos se alargan2 cráneo c. 2,5 mAdultocuernos al frentecicatrices de lucha3 ?gola perforada¿Torosaurus?¿última etapa?aún en debate4
Fig. 53 · Triceratops. De los cuernos curvados del joven al gran escudo adulto: Triceratops creció a la vista.
Capítulo 54 · Parte VI

Protoceratops y la leyenda del grifo

Protoceratops andrewsi era un dinosaurio con cuernos del tamaño de una oveja, pero sin cuernos. Medía unos 2 m y pesaba probablemente entre 60 y 100 kg; tenía pico de loro, mandíbulas potentes y una gola ósea, y vivió hace entre unos 75 y 71 Ma en los campos de dunas del actual desierto de Gobi, en Mongolia. Pertenece al mismo árbol genealógico que Triceratops, aunque era más pequeño y más antiguo, y caminaba a cuatro patas por una tierra seca de mares de arena y arroyos estacionales.

Lo descubrió en 1922 en los Acantilados Llameantes (Bayn Dzak) el fotógrafo J. B. Shackelford, de las Expediciones a Asia Central del Museo Americano dirigidas por Roy Chapman Andrews. Walter Granger y William King Gregory lo nombraron en 1923, y el yacimiento resultó tan rico que hoy se conocen cientos de esqueletos, de crías a adultos. Es uno de los dinosaurios mejor muestreados del mundo, ideal para estudiar el crecimiento y la variación.

La expedición también halló huevos, que se atribuyeron enseguida a Protoceratops. Setenta años después, un embrión dentro de un huevo idéntico resultó ser un oviraptórido, y el «ladrón de huevos» Oviraptor, hallado sobre un nido, quedó absuelto. Los verdaderos huevos de Protoceratops no se identificaron hasta 2020, cuando Mark Norell y sus colegas mostraron que una puesta de Ukhaa Tolgod tenía cáscaras blandas y correosas, más parecidas a las de una tortuga que a las de un ave, lo que explica por qué se hallaban tan pocos.

Queda el grifo. En 2000, la folclorista Adrienne Mayor propuso que los buscadores de oro escitas que cruzaban el Gobi y el Altái vieron esqueletos cuadrúpedos con pico aflorando de la roca, y que sus relatos llegaron a los autores griegos como el grifo, una bestia con pico y cuatro patas que guardaba el oro. La idea es elegante y se repite a menudo. En 2016 el paleontólogo Mark Witton y Richard Hing la cuestionaron: la imagen del grifo aparece en Egipto y Oriente Próximo mucho antes del contacto griego con los escitas, los principales yacimientos de oro están a cientos de kilómetros de las capas con Protoceratops, y el grifo tiene alas y no tiene gola. Historiadores y paleontólogos aún debaten el vínculo.

¿Sabías que un estudio de 2011 describió un nido con 15 Protoceratops jóvenes enterrados juntos en la arena, quizá hermanos que aún se refugiaban cerca de donde nacieron?

Inspirara o no un mito, Protoceratops cambió nuestra imagen de los primeros dinosaurios con cuernos. Sus abundantes ejemplares mostraron cuánto variaban las golas entre individuos al crecer, y sus huevos blandos reescribieron la historia de la nidificación. Un pequeño animal de un desierto remoto acabó reescribiendo la ciencia y, quizá, la leyenda.

Tierra de Protoceratops y la ruta del grifo Un cráneo con pico en tierra de oro: ¿inspiración o azar? Mar Negro Caspio Grecia estepa euroasiática Altái Tian Shan Gobi esquema, no a escala Protoceratops: 4 patas, pico grifo: + alas, sin gola Flaming Cliffs1Flaming Cliffs, 1922Bayn Dzak, Mongoliaexpedición Andrews1 Ukhaa Tolgod2Huevos de cáscara blandapuesta de Ukhaa Tolgoddescrita en 20202 oro3Rutas del oro del Altáibuscadores escitasc. s. VII–IV a. C.3 ¿historias hacia el oeste?4El grifo en Greciaguardián del oro con picovínculo debatido4
Fig. 54 · Protoceratops y la leyenda del grifo. Cráneos con pico en el Gobi aurífero quizá inspiraron, o no, al grifo de la leyenda.
Capítulo 55 · Parte VI

Styracosaurus y el enigma de las golas

Styracosaurus albertensis, el «lagarto con púas», tenía una de las cabezas más extravagantes del reino animal. De su hocico surgía un único cuerno nasal de unos 60 cm, y del borde trasero de la gola brotaban seis largas púas, las mayores de alrededor de medio metro. El cuerpo era el de un ceratopsio típico: unos 5,5 m de largo y quizá 3 toneladas. Vivió hace unos 75 Ma en lo que hoy es el Parque Provincial Dinosaur, en Alberta, en las tierras bajas costeras y pantanosas que registra la formación Dinosaur Park.

Charles M. Sternberg encontró el primer cráneo en 1913, y Lawrence Lambe, del Servicio Geológico de Canadá, lo nombró ese mismo año. En 1915 el equipo de Barnum Brown recuperó un esqueleto casi completo, y otro cráneo de Alberta se llamó S. parksi antes de reconocerse como la misma especie. Desde entonces, los lechos de huesos de Alberta han aportado individuos de distintas edades, lo que resultó clave para entender su rasgo más extraño.

¿Para qué servían las golas? La primera idea fue la defensa: un escudo óseo que protegiera el cuello de los tiranosaurios. Pero la gola de Styracosaurus, como la de la mayoría de los centrosaurinos, estaba perforada por dos grandes aberturas, las fenestras parietales, cubiertas en vida solo por piel. Habría sido un mal escudo. La segunda idea era que anclaba enormes músculos mandibulares, pero las cicatrices musculares muestran que esos músculos terminaban mucho antes del borde. La tercera era el control de la temperatura, pero parientes cercanos que vivían en el mismo clima tenían golas muy distintas, algo que un simple radiador no necesitaría.

Queda la señalización. Las series de crecimiento muestran que las púas y ganchos de las golas de los centrosaurinos aparecían tarde, al acercarse la edad adulta, igual que las cornamentas de los ciervos. En 2012 David Hone, Darren Naish e Innes Cuthill propusieron que esos adornos se moldearon por selección sexual mutua, con ambos sexos anunciando su calidad. Un estudio de Andrew Knapp y sus colegas en 2018 puso a prueba la idea rival, que las golas servían para distinguir especies, y encontró poco respaldo. Hoy la mayoría de los investigadores ve la gola como una valla publicitaria.

¿Sabías que no hay dos golas de Styracosaurus iguales, porque la longitud, la curvatura y el número de puntas menores varían de un cráneo a otro, quizá tanto como las caras?

La conclusión va más allá de un animal. Los ceratopsios cambiaron la forma de sus golas más deprisa que casi cualquier otra parte del esqueleto, y en Alberta y Montana las especies se sucedieron cada pocos cientos de miles de años, cada una con su tocado. Si los adornos eran señales sociales, la evolución de los dinosaurios no la impulsaron solo los depredadores y las plantas, sino la presión más antigua de todas: hacerse notar.

Styracosaurus: cuatro ideas para una gola Demasiado fina para frenar un mordisco: hecha para verse. Styracosaurus albertensis c. 5,5 m · c. 3 t Fm. Dinosaur Park, Alberta · c. 75 Ma · Lambe 1913 · cráneo Sternberg ¿Defensa?gola con grandes huecosveredicto: escudo débil1 ¿Músculos mandibulares?las marcas no lleganveredicto: no2 ¿Refrigeración?parientes muy distintosveredicto: efecto lateral3 Exhibiciónpúas tardíasveredicto: lo más probable4
Fig. 55 · Styracosaurus y el enigma de las golas. Seis largas púas en una gola fina y perforada: hecha para lucirse más que para luchar.
Capítulo 56 · Parte VI

Los dinosaurios luchadores

El 3 de agosto de 1971, una expedición polaco-mongola que trabajaba en Tugrikin Shiree, en el desierto de Gobi, halló dos esqueletos que parecían haberse detenido en mitad de una pelea. Un Velociraptor mongoliensis yace de costado, con la mano izquierda aferrada a la cabeza de un Protoceratops andrewsi y la gran garra en forma de hoz del pie derecho clavada en la zona blanda de la garganta, bajo la gola del herbívoro. El Protoceratops, agazapado sobre él, tiene el pico cerrado sobre el antebrazo derecho del depredador, que parece roto. Ambos murieron en esa postura hace entre unos 75 y 71 Ma, entre las dunas de la formación Djadochta.

Las expediciones, organizadas conjuntamente por la Academia Polaca de Ciencias y la Academia Mongola de Ciencias, las dirigía Zofia Kielan-Jaworowska, una de las grandes paleontólogas de campo del siglo. El bloque extraído es hoy un tesoro nacional de Mongolia, guardado en Ulán Bator, y sigue siendo uno de los poquísimos fósiles que muestran a dos dinosaurios interactuando en el momento de morir.

¿Qué detuvo la pelea? Los dos animales quedaron enterrados rápida y completamente, en arena, todavía trabados. La explicación favorita es que se les vino encima una duna empapada por la lluvia, o que una violenta tormenta de arena los sepultó vivos; los sedimentólogos han hallado indicios de ambos tipos de sucesos en las rocas de Djadochta, y el mecanismo exacto sigue en debate. Algunos investigadores señalan que faltan partes de las extremidades del Protoceratops y sugieren que los carroñeros se las llevaron antes de que la arena lo cubriera todo.

La pareja corrige además una imagen popular. Este Velociraptor mide unos 2 m, buena parte de ellos de cola, y quizá pesaba de 15 a 20 kg: el tamaño de un pavo grande, no el cazador de estatura humana de Parque Jurásico, cuyos monstruos se inspiraron en el Deinonychus americano, más grande. En 2007 Alan Turner, Peter Makovicky y Mark Norell describieron papilas de inserción de plumas en el antebrazo de otro Velociraptor, así que el animal de esta pelea casi con certeza tenía plumas.

¿Sabías que otro Velociraptor del Gobi tiene un hueso de pterosaurio en el estómago, prueba de que también comía, o carroñeaba, reptiles voladores?

El Protoceratops tampoco era una presa fácil. Con un peso igual o mayor que el de su atacante, un pico afilado y potentes músculos mandibulares, podía causar heridas serias, y en este caso parece que lo hizo. La escena se parece menos a un cazador que somete a su víctima que a una lucha cerrada y desesperada entre casi iguales.

Los fósiles suelen registrar la muerte, rara vez los momentos previos. Los Dinosaurios Luchadores muestran la depredación tal como ocurrió, en un lugar y una postura concretos, y permitieron comprobar directamente cómo usaba sus garras un pequeño cazador emplumado. Es comportamiento convertido en piedra.

Los dinosaurios luchadores: una caza enterrada Dos rivales parejos, luchando hasta el final. arenisca Djadochta antigua cresta de duna Tugrikin Shiree, Gobi · expedición polaco-mongola · 3 ago 1971 0–2 m Protoceratops Velociraptor 1Garra en hozen la zona del cuellobajo la gola1 2Brazo mordidopico en antebrazo derechobrazo quizá roto2 3Brazos con plumaspapilas alares, 2007cazador tamaño pavo3 ¿derrumbe o tormenta?4Enterramiento súbitoduna húmeda derrumbadao tormenta: debatido4
Fig. 56 · Los dinosaurios luchadores. Un Velociraptor y un Protoceratops trabados en combate y enterrados juntos por la arena.
Capítulo 57 · Parte VI

Pachycephalosaurus

Pachycephalosaurus wyomingensis, el «lagarto de cabeza gruesa», era un herbívoro bípedo del final mismo del Cretácico que vivió hace entre unos 70 y 66 Ma en las formaciones Hell Creek y Lance de Montana, las Dakotas y Wyoming. Medía unos 4,5 m y pesaba quizá 400 kg, y su cráneo llevaba una cúpula de hueso lisa y redondeada de hasta 25 cm de grosor, rodeada de protuberancias y púas cortas en la parte trasera y en el hocico. Compartía su mundo con Triceratops y Tyrannosaurus.

Como muchos paquicefalosaurios, se conoce sobre todo por cráneos. Las cúpulas gruesas resisten el arrastre de los ríos mucho mejor que el resto del esqueleto, así que las cúpulas sueltas abundan y los cuerpos escasean. Charles Gilmore describió el primer material en 1931, y Barnum Brown y Erich Schlaikjer nombraron el género en 1943 a partir de un cráneo mucho más completo hallado en Montana. El cuerpo se reconstruye sobre todo a partir de parientes menores como Stegoceras y Homalocephale.

La lectura obvia de la cúpula es un ariete, y durante décadas se dibujó a Pachycephalosaurus embistiendo como un muflón. Luego llegaron las dudas. En 2004 Mark Goodwin y Jack Horner cortaron cúpulas y hallaron hueso esponjoso, de crecimiento rápido y estructura radial, a su juicio demasiado frágil para embestir. Otros propusieron golpes contra los flancos del rival. En 2011 Eric Snively y Jessica Theodor usaron tomografías y modelos informáticos para comparar estos cráneos con los de ovejas y duikers, y concluyeron que las cúpulas absorbían bien un impacto frontal.

La prueba definitiva llegó de las heridas. En 2013 Joseph Peterson, Collin Dischler y Nicholas Longrich examinaron más de 100 cúpulas y hallaron lesiones cicatrizadas, huellas de infecciones óseas tras un traumatismo, en alrededor del 22 % de ellas, concentradas en la parte alta, donde caerían los golpes. Los ejemplares de cabeza plana no mostraban ninguna. Hoy la mayoría de los investigadores acepta que los paquicefalosaurios peleaban con la cabeza, aunque aún se discute si de frente o contra el flanco.

¿Sabías que Dracorex hogwartsia, un pariente espinoso de cabeza plana nombrado en 2006, rinde homenaje a Hogwarts, el colegio de Harry Potter, y podría ser un Pachycephalosaurus joven?

Esa propuesta, de Horner y Goodwin en 2009, hace de Dracorex, el espinoso Stygimoloch y Pachycephalosaurus fases de crecimiento de un mismo animal, cuyas púas menguaban a medida que la cúpula crecía. No todos están de acuerdo, pero muestra cómo el crecimiento puede disfrazarse de diversidad. Sus pequeños dientes estriados sugieren una dieta de hojas, semillas y frutos.

Pachycephalosaurus convirtió un cráneo extraño en una prueba de método. Hicieron falta láminas de hueso, escáneres y un censo de cicatrices para averiguar para qué servía una sola estructura, y la respuesta fue la más sencilla: de verdad usaban la cabeza.

Pachycephalosaurus: el caso de la cabeza dura Las cicatrices lo zanjaron: usaban la cabeza. Fms. Hell Creek y Lance · c. 70–66 Ma cráneo, vista lateral hasta 25 cmLa cúpulacasquete de hueso macizohasta 25 cm de grosor1 Estructura óseacolumnas radialesmodelos TC: absorbe golpes2 Lesiones curadasc. 22 % de las cúpulasPeterson et al. 20133 DracorexStygimolochPachycephalosaurus4¿Serie de crecimiento?púas menguan, cúpula creceHorner y Goodwin 20094
Fig. 57 · Pachycephalosaurus. Una cúpula de hueso macizo de hasta 25 cm de grosor: para embestir, marcada por peleas.
Capítulo 58 · Parte VI

Psittacosaurus y el color del camuflaje

Psittacosaurus, el «lagarto loro», fue uno de los primeros dinosaurios con cuernos y uno de los de más éxito, aunque no tenía cuernos ni una gola digna de ese nombre. Medía de 1,5 a 2 m y pesaba unos 20 kg; tenía un cráneo alto con pico y protuberancias óseas en las mejillas, y vivió en Mongolia y China hace entre unos 125 y 100 Ma. Se han nombrado más especies de Psittacosaurus que de cualquier otro género de dinosaurio, y se conocen cientos de ejemplares, de crías a adultos.

Henry Fairfield Osborn lo nombró en 1923 a partir de hallazgos de las Expediciones a Asia Central en Mongolia. La revolución moderna llegó de la formación Yixian, en Liaoning, al noreste de China, donde lagos y cenizas volcánicas conservaron animales con un detalle asombroso. Un ejemplar, hoy en el Museo Senckenberg de Fráncfort y descrito en 2002 por Gerald Mayr y sus colegas, tiene una hilera de cerdas largas, como cañones de pluma, erguidas en la cola, de hasta unos 16 cm. Un herbívoro muy alejado del linaje de las aves también tenía filamentos huecos en la piel.

El mismo ejemplar conserva la piel y el pigmento como películas oscuras. En 2016 Jakob Vinther y sus colegas cartografiaron la melanina en todo el cuerpo: el lomo era más oscuro y el vientre más claro, con manchas oscuras en los hombros y la cara. Es un contrasombreado, y su gradiente exacto encierra información. El equipo construyó un modelo a tamaño real, lo pintó según el fósil y lo fotografió bajo distintas luces. El sombreado funcionaba mejor con luz difusa, como la que hay bajo el dosel de un bosque, lo que sugiere que Psittacosaurus vivía entre árboles y no en llanuras abiertas.

Otros fósiles completan su vida. Láminas de huesos de las patas, estudiadas en 2013, muestran que las crías caminaban a cuatro patas y pasaban a dos al crecer. Se han hallado grupos de jóvenes enterrados juntos en restos volcánicos, lo que sugiere que se agrupaban en guarderías, y un estudio de 2021 describió, en el mismo animal de Fráncfort, la única cloaca de dinosaurio bien conservada.

¿Sabías que un mamífero chino del tamaño de un tejón, Repenomamus, apareció con los huesos de un Psittacosaurus joven en el estómago, prueba de que algunos mamíferos del Cretácico comían dinosaurios?

Psittacosaurus muestra lo lejos que ha llegado el estudio del color. Los patrones de pigmentación, antes pura conjetura artística, hoy se miden, se cartografían y se contrastan con la luz y el hábitat. El camuflaje de un dinosaurio puede decirnos dónde vivía, quién lo cazaba y cómo veía su mundo, todo a partir de unas pocas manchas oscuras en una losa.

Psittacosaurus: el camuflaje leído en un fósil Pigmento, luz y hábitat: el color se hizo prueba. 1923 nombrado, Mongolia 2002 cerdas en la cola 2013 de 4 patas a 2 2016 color en mapa 2021 cloaca descrita Fm. Yixian, Liaoning · c. 125 Ma · Senckenberg, Fráncfort Ejemplarpiel, pigmento,cerdas en la cola1 dorso oscurovientre claroMapa de melaninadorso oscuro,vientre claro2 sol: la sombra falladosel: ocultaModelo iluminadopintado, tamaño real,fotografiado3 Sotobosqueluz difusabajo los árboles4
Fig. 58 · Psittacosaurus y el color del camuflaje. Los pigmentos de un fósil chino revelan un dinosaurio contrasombreado del sotobosque.
Capítulo 59 · Parte VI

Lucirse: crestas, golas y exhibición

Recorre una sala de dinosaurios y verás un desfile de tocados extraños: tubos, abanicos, cuernos, cascos, púas. Muchas de estas estructuras eran demasiado frágiles para pelear y demasiado costosas para crecer sin motivo. Cada vez más, los paleontólogos las interpretan como estructuras de exhibición, señales para rivales y parejas, como la cola del pavo real o la cornamenta del ciervo. La exhibición es difícil de demostrar en animales extintos, pero las pruebas se acumulan: crecimiento, sonido, color y comparación.

El crecimiento es la primera pista. En 1975 Peter Dodson demostró que varias «especies» de dinosaurios de pico de pato con cresta de Alberta eran en realidad una sola especie a distintas edades, porque las crestas de Corythosaurus y Lambeosaurus solo aparecían y crecían al acercarse la edad adulta. Los adornos que se «encienden» con la madurez son un signo clásico de señalización sexual. El mismo calendario aparece en las golas y cuernos de los ceratopsios y en las cúpulas de los paquicefalosaurios.

El sonido es la segunda. La cresta echada hacia atrás de Parasaurolophus, de hasta un metro aproximadamente, alberga conductos nasales huecos que suben hasta la punta y vuelven. En los años noventa, Robert Sullivan, Thomas Williamson y Carl Diegert usaron tomografías de un cráneo de Nuevo México para modelar las vías respiratorias por ordenador y obtuvieron una llamada grave y resonante, como una sirena de niebla. La cresta era a la vez señal visual y caja de resonancia.

El color es la tercera. Desde 2010, los melanosomas conservados, diminutos paquetes de pigmento de las plumas fósiles, han revelado colores reales de dinosaurios. Anchiornis, del Jurásico de China, tenía alas moteadas en blanco y negro y un copete rojizo; Sinosauropteryx, una cola anillada de tonos anaranjados y un antifaz oscuro; Microraptor era negro brillante con reflejos como los de un estornino. Patrones así estaban hechos para verse. Las plumas en abanico de la cola de oviraptorosaurios como Caudipteryx sugieren danzas de cortejo que sus descendientes, las aves, siguen ejecutando.

¿Sabías que las placas de Stegosaurus se tomaron durante mucho tiempo por radiadores, pero láminas finas estudiadas en 2005 sugieren que sus vasos sanguíneos alimentaban sobre todo el hueso en crecimiento, lo que deja la exhibición como su función más probable?

El desacuerdo es honesto. Los sexos rara vez se distinguen en un esqueleto de dinosaurio, por lo que algunos investigadores prefieren la idea de selección sexual mutua, propuesta por David Hone, Darren Naish e Innes Cuthill en 2012, en la que ambos sexos se exhiben. Otros sostienen que el reconocimiento de especie, la defensa o el control térmico contribuyeron en casos concretos. Lo que ha cambiado es el punto de partida: una estructura rara ya no se da por hecho que sea un arma.

El Mesozoico resulta ser un lugar ruidoso, colorido y competitivo. Los dinosaurios se pavoneaban, llamaban y lucían su plumaje, y las aves que cantan y cortejan junto a tu ventana mantienen una tradición de más de 150 millones de años.

El elenco de la exhibición: quién y cómo Hechos para verse y oírse, no para ganar peleas. Exhibición señales a rivales y parejas pruebas: crecimiento · acústica TC · melanosomas · histología Crestassonido y vista1Parasaurolophusconducto en bucleCorythosauruscresta en cascoLambeosauruscresta en hacha Golas, cuernosinsignias tardías2Styracosaurusseis púas en golaTriceratopscuernos + escudoCentrosaurusgola con ganchos Placas, cúpulashueso costoso3Stegosaurusplacas, queratinaKentrosaurusplacas + púasStegocerascúpula pequeña Plumascolor por melanosomas4Anchiornisalas moteadasSinosauropteryxcola rojiza rayadaMicroraptornegro irisado
Fig. 59 · Lucirse: crestas, golas y exhibición. Crestas, golas, placas, cúpulas y plumas: un elenco de dinosaurios hechos para ser vistos.
Capítulo 60 · Parte VI

Los lechos de huesos de Centrosaurus

Centrosaurus apertus era un dinosaurio con cuernos de tamaño medio, de unos 5,5 m de largo y quizá 2,3 toneladas, con un único cuerno nasal largo y dos ganchos que se curvaban hacia delante desde lo alto de la gola. Lawrence Lambe lo nombró en 1904. Vivió hace entre unos 76 y 75 Ma en la húmeda llanura costera de la formación Dinosaur Park, en el sur de Alberta, donde los ríos serpenteaban hacia el poco profundo mar interior occidental. Lo que lo hace notable no es un esqueleto concreto, sino la cantidad de ellos reunidos en lechos de huesos.

El mejor estudiado es el Bonebed 43, en el Parque Provincial Dinosaur, Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, excavado durante muchas temporadas por el Royal Tyrrell Museum bajo la dirección de Philip Currie y David Eberth. Su capa de lutita contiene miles de huesos desarticulados de decenas de Centrosaurus de todas las edades, mezclados, y casi nada de otros herbívoros. Michael Ryan y sus colegas lo analizaron en 2001: los huesos están dispersos y algo clasificados por el agua, algunos pisoteados, y entre ellos aparecen dientes caídos de tiranosaurios como Gorgosaurus y Daspletosaurus, dejados por carroñeros que se alimentaban de los cadáveres.

El Bonebed 43 no está solo. Cerca de la aldea de Hilda, al este del parque, Eberth y sus colegas cartografiaron en 2010 un megalecho de huesos, un conjunto de lechos al mismo nivel extendido por más de 2 km², todos dominados por Centrosaurus. En total podría representar cientos y quizá miles de animales. Las rocas no muestran ningún cauce lo bastante grande para explicar semejante extensión. El equipo propuso, en cambio, que una inundación costera, quizá causada por una tormenta tropical, ahogó una enorme manada en la llanura baja, y que crecidas posteriores removieron los cadáveres hasta formar las capas que vemos.

¿Cómo sabemos que era una manada? Los lechos de una sola especie con juveniles, subadultos y adultos juntos son difíciles de explicar si no es por animales que vivían y morían juntos. Lechos parecidos de Pachyrhinosaurus en Pipestone Creek, en Alberta, y de Einiosaurus en la formación Two Medicine, en Montana, sugieren que muchos dinosaurios con cuernos se reunían en grandes grupos, al menos por temporadas, quizá migrando como los ñus actuales.

¿Sabías que un hueso de pata deformado de Centrosaurus del Parque Provincial Dinosaur se diagnosticó en 2020 como osteosarcoma, un cáncer óseo agresivo que todavía afecta a las personas?

Los lechos de huesos convierten la paleontología de biografía en demografía. Un esqueleto nos dice cómo era un animal; mil nos dicen cómo crecía una población, con qué frecuencia sufría heridas o enfermedades y cómo moría. Las manadas de Centrosaurus muestran que estos dinosaurios vivían en multitudes, viajaban juntos y, a veces, morían juntos en un único mal día.

Los lechos de Centrosaurus: una manada en una capa Un mal día y una población que podemos contar. arenisca lutita con huesos Lecho 43 · Parque Provincial Dinosaur, Alberta · Fm. Dinosaur Park megalecho Hilda: mismo nivel, más de 2 km² llanura costera, c. 76 Ma1La manadade juveniles a adultosuna sola especie1 crecida2Crecida¿marea costera?cientos ahogados2 Lecho 43miles de huesosclasificados por el agua3 Dientes de carroñerosdientes de tiranosaurioGorgosaurus y otros4 cuadrícula de 1 m5Cuadrícula de excavacióncada hueso cartografiadoequipos del Royal Tyrrell5
Fig. 60 · Los lechos de huesos de Centrosaurus. Miles de huesos de una especie con cuernos en una capa fluvial: una manada ahogada.
Parte VII

Las manadas

Picos de pato, iguanodontes y la vida familiar de los dinosaurios: nidos, manadas y crecimiento.

Capítulo 61 · Parte VII

Iguanodon y el espolón del pulgar

Iguanodon bernissartensis fue uno de los grandes herbívoros más comunes de la Europa del Cretácico Inferior. Hace unos 126 a 122 Ma pastaba en las llanuras fluviales de las actuales Bélgica, Inglaterra, Alemania y España. Medía unos 10 m y pesaba quizá entre 3 y 5 toneladas. Su rasgo más famoso es también el más extraño: en lugar de nuestro pulgar, cada mano llevaba un espolón óseo, cónico y robusto.

Ese espolón tuvo una carrera accidentada. En la década de 1830, Gideon Mantell, que solo contaba con huesos sueltos, lo dibujó sobre el hocico como el cuerno de un rinoceronte, y allí siguió en las esculturas a tamaño real del Crystal Palace en 1854. La verdad salió del subsuelo. En 1878, los mineros del pozo Sainte-Barbe de Bernissart, en Bélgica, abrieron a 322 m de profundidad una grieta rellena de arcilla con esqueletos completos: al menos 38 en total. Extraídos bloque a bloque y llevados a Bruselas, los estudió durante décadas Louis Dollo, que halló los espolones junto a las manos, dos por animal, justo donde deben estar los pulgares.

El resto de la mano es igual de notable. Los tres dedos centrales terminaban en huesos romos con forma de pezuña y estaban unidos entre sí, de modo que podían soportar el peso del cuerpo. El meñique, en cambio, era largo y flexible y podía doblarse sobre la palma para enganchar ramas. Una sola extremidad servía de pie, de tenedor y de puñal. Para qué servía el espolón sigue discutiéndose: la respuesta clásica es la defensa cuerpo a cuerpo, pero abrir semillas y frutos o luchar con rivales también tienen defensores.

¿Sabías que los huesos de Bernissart están cargados de pirita, que se hincha y desmorona con la humedad, y que el museo de Bruselas lleva más de un siglo combatiendo esa «enfermedad de la pirita»?

La postura cambió tanto como la mano. Dollo montó sus esqueletos erguidos como canguros gigantes, con la cola arrastrando por el suelo, y esa imagen dominó los museos durante cien años. En la década de 1980, David Norman, de Cambridge, reexaminó el material de Bernissart y demostró que la columna se mantenía horizontal, rigidizada por un entramado de tendones osificados, y que las pesadas manos con pezuñas estaban hechas para caminar. Los adultos debían de moverse sobre todo a cuatro patas.

Los iguanodontes de Bernissart siguen en pie en una sala acristalada del Real Instituto Belga de Ciencias Naturales. Convirtieron un puñado de dientes misteriosos en el primer dinosaurio conocido por cuerpos completos y dejaron una lección duradera: un solo hueso, colocado con aplomo, puede estar colocado completamente mal.

La mano de Iguanodon: espolón, pezuñas y dedo prensil Una mano que servía de pie, tenedor y daga. muñeca fusionada mano derecha, palma (esquema) I. bernissartensis · Bernissart, Bélgica Bernissart, 1878 mina de carbón Sainte-Barbe grieta a 322 m al menos 38 esqueletos Bruselas, desde 1883 126-122 Ma cono óseohasta c. 15 cmPúa del pulgardedo I, cónico2 por esqueleto1 puntas en pezuñaDedos como pezuñasdedos II-IV unidoscargaban el peso2 se dobla sobre la palmaQuinto dedo prensillargo y flexibleengancha ramas3 1830s Mantell1882 Dollo1980s NormanTres reconstruccionescuerno nasal, canguroluego a cuatro patas4
Fig. 61 · Iguanodon y el espolón del pulgar. Espolón, dedos como pezuñas y un quinto dedo prensil: la mano multiusos de Iguanodon.
Capítulo 62 · Parte VII

Los dinosaurios pico de pato

Los hadrosaurios, o dinosaurios pico de pato, fueron los grandes animales de manada del Cretácico Superior. Entre hace unos 86 y 66 Ma se extendieron por Norteamérica, Asia, Europa y Sudamérica, cruzaron el mar hasta África y llegaron a la Antártida. En muchos yacimientos del oeste de Norteamérica son los grandes dinosaurios más frecuentes. Eran ornitópodos herbívoros, primos de Iguanodon, con un ancho pico sin dientes en la parte delantera de las mandíbulas y una formidable batería dental detrás.

Su historia empieza en Nueva Jersey. En 1858, Joseph Leidy describió Hadrosaurus foulkii, un esqueleto parcial extraído de una cantera de marga en Haddonfield. Bastó para mostrar que las patas traseras de un dinosaurio eran mucho más largas que los brazos, y en 1868 Benjamin Waterhouse Hawkins lo montó en Filadelfia: el primer esqueleto de dinosaurio jamás expuesto.

La familia se divide en dos grandes ramas. Los saurolofinos tenían la cabeza plana o una cresta maciza: Edmontosaurus, de hasta 12 m, uno de los últimos dinosaurios de Norteamérica; Maiasaura, la madre de Montana; Brachylophosaurus, cuyo ejemplar «Leonardo», hallado en 2000, conservó gran parte de la piel; y Shantungosaurus, de China, de unos 15 m y quizá 13 toneladas o más, el mayor ornitópodo conocido. Los lambeosaurinos llevaban crestas huecas formadas por los huesos nasales: Parasaurolophus, Corythosaurus, Olorotitan del Extremo Oriente ruso o Tsintaosaurus de China. Las crestas varían tanto entre especies y crecen tan tarde que casi con seguridad servían para la exhibición y el sonido.

¿Sabías que en 2020 una mandíbula de una mina de fosfatos de Marruecos recibió el nombre de Ajnabia odysseus, un hadrosaurio que de algún modo había cruzado el mar desde Europa hasta África?

Los libros antiguos muestran hadrosaurios chapoteando en lagos para esconderse de los depredadores. Esa imagen se basaba en parte en unas «manoplas» de piel en las manos de ejemplares momificados, interpretadas como membranas. Ya no se sostiene: las extremidades, los pies con pezuñas, las huellas y las ramitas de coníferas en sus excrementos fósiles muestran animales terrestres con un pico afilado de queratina.

Los hadrosaurios importan porque son muchísimos. Lechos con miles de individuos, series de crecimiento del embrión al adulto y fósiles desde el Ártico hasta la Patagonia permiten estudiar poblaciones de dinosaurios, no héroes aislados. Gran parte de lo que sabemos sobre cómo crecían, anidaban y convivían viene del humilde pico de pato.

El árbol de los pico de pato Dos ramas: una de cabeza plana, otra para sonar y lucirse. Hadrosauridae picos de pato · c. 86-66 Ma Hadrosaurus foulkiiprimero descritoHaddonfield, NJLeidy, 1858montado en 1868Filadelfiaprimer montaje del mundopatas largas, brazos cortos1 Saurolophinaecresta plana o macizaEdmontosaurushasta 12 m · NorteaméricaMaiasauracolonias de nidos · MTBrachylophosaurus'Leonardo' · 2000Shantungosaurusc. 15 m · China2 Lambeosaurinaecresta nasal huecaParasaurolophuscresta tubo · AlbertaCorythosauruscresta casco · ABOlorotitancresta abanico · RusiaTsintaosauruscresta alta · China3 Distribución6 continentesNorteaméricaAsiaEuropaSudaméricaAntártidaÁfrica · Ajnabia4
Fig. 62 · Los dinosaurios pico de pato. Hadrosaurios: saurolofinos de cabeza plana y lambeosaurinos de cresta hueca.
Capítulo 63 · Parte VII

Parasaurolophus y la cresta-trompeta

Parasaurolophus fue un hadrosaurio lambeosaurino del oeste de Norteamérica que vivió hace unos 76 a 73 Ma en las cálidas llanuras costeras de las actuales Alberta, Utah y Nuevo México. Medía unos 9,5 m y pesaba quizá de 2,5 a 3 toneladas: un pico de pato corriente salvo por un detalle, una cresta hueca y curva que salía de lo alto de la cabeza hacia atrás, de aproximadamente un metro en los adultos.

William Parks, de la Universidad de Toronto, nombró la primera especie, P. walkeri, en 1922, a partir de un buen esqueleto del río Red Deer, en Alberta. Más al sur llegaron otras dos: P. tubicen, descrita por Carl Wiman en 1931, y P. cyrtocristatus, de cresta corta, nombrada por John Ostrom en 1961. Lo interesante está dentro. Formada por los huesos nasales y premaxilares, la cresta conducía el aire de las narinas por unos tubos pares que llegaban hasta el extremo, daban la vuelta y regresaban a la garganta.

Las primeras hipótesis fueron imaginativas: un tubo para respirar bajo el agua (aunque no hay abertura en la punta), un depósito de aire para bucear, un arma o el soporte de un colgajo de piel. En 1981, David Weishampel trató la cresta como un instrumento musical y calculó que sus largos tubos resonarían en frecuencias bajas, como un cromorno o un fagot. A finales de los años noventa, investigadores de los Sandia National Laboratories escanearon un cráneo de P. tubicen y modelaron el sonido que podía producir: un tono grave, retumbante y melancólico.

¿Sabías que una cría de Parasaurolophus hallada en Utah, apodada «Joe» y descrita en 2013, tenía menos de un año y solo un pequeño bulto donde crecería la cresta?

Ese crecimiento tardío es una pista. Los jóvenes no tenían crestas largas y su forma varía de una especie a otra, lo que apunta a la señalización: reconocer a los suyos, encontrar pareja, quizá anunciar la edad. Los escáneres de las cajas craneanas de lambeosaurinos sugieren un oído interno afinado para sonidos graves, propio de animales que se llamaban a través del bosque. La cresta pudo ser de colores vivos, pero no se ha conservado ningún pigmento.

Parasaurolophus muestra hasta dónde llegan las herramientas modernas. Un hueso puede hablar de respiración, de oído e incluso de voz si se le hacen las preguntas adecuadas. Setenta y cinco millones de años después podemos imaginar bastante bien cómo sonaba este dinosaurio, y no era un rugido.

Dentro de la cresta-trompeta de Parasaurolophus Un conducto plegado de metros: un fagot dinosaurio. órbita cráneo de P. tubicen / P. walkeri, lateral cresta c. 1 m narina1Entrada nasalel aire entra por el picosube por la cresta1 ida y vuelta2Tubos en bucleconductos paressube, gira, vuelve2 retumbo graveWeishampel 19813Llamada gravemodelo TC de Sandiatono grave y resonante3 'Joe', Utah4Cresta juvenilJoe, menos de 1 añosolo un bulto4 oído interno5Oído afinadoTC de lambeosaurinosoye notas graves5
Fig. 63 · Parasaurolophus y la cresta-trompeta. Dentro de la cresta: conductos en bucle, un instrumento de viento grave.
Capítulo 64 · Parte VII

Maiasaura: la buena madre lagarto

Maiasaura peeblesorum, la «buena madre lagarto», fue un hadrosaurio saurolofino de unos 9 m que vivió hace unos 76,7 Ma en las tierras altas de la actual Montana, en las rocas de la formación Two Medicine. Es el dinosaurio que convirtió el cuidado parental en una cuestión científica seria, y el primer género de dinosaurio nombrado con terminación femenina.

Todo empezó en una tienda de minerales. En 1978, Marion Brandvold, que regentaba una en Bynum, enseñó a Jack Horner y a su amigo Bob Makela unos huesecillos recogidos cerca de Choteau. Eran huesos de crías de hadrosaurio. Excavando en el cercano rancho de los Peebles, Horner y Makela hallaron un nido en forma de cuenco de unos 2 m de diámetro con los restos de quince crías de alrededor de un metro. Nombraron al animal en 1979, en honor de los dueños de la tierra.

Llegaron más nidos en una pequeña loma bautizada como Egg Mountain. Excavados en el barro y probablemente forrados con vegetación en descomposición que calentaba los huevos, estaban separados unos 7 m, la longitud de un adulto. Esa distancia sugiere una colonia, como las de las aves marinas, donde cada vecino anida justo fuera del alcance del otro. Las crías tenían dientes gastados pero extremos de los huesos de las patas aún sin formar, lo que Horner interpretó como prueba de que eran demasiado débiles para alejarse y sus padres las alimentaban en el nido.

¿Sabías que en 1985 un fragmento de hueso de Maiasaura y trozos de cáscara viajaron a bordo del transbordador Challenger en la misión Spacelab 2, convirtiéndolo en el primer dinosaurio en el espacio?

Esa interpretación se discute desde entonces, porque los dientes gastados y las articulaciones blandas pueden tener otras causas. Después llegaron pruebas más firmes. Un lecho cercano, sepultado por ceniza volcánica, contiene una enorme manada, estimada a menudo en unos 10 000 individuos. En 2015, Holly Woodward y sus colegas estudiaron las tibias de medio centenar de ejemplares: las crías crecían de forma explosiva, la mayoría moría el primer año y las supervivientes alcanzaban el tamaño adulto hacia los ocho años.

Maiasaura sustituyó la imagen del reptil frío y solitario que pone huevos y se marcha por la de familias, colonias y crías de crecimiento rápido. Hoy es el fósil oficial de Montana. Nada mal para un puñado de huesos en un escaparate.

Una colonia de nidos de Maiasaura Nidos a la vista unos de otros: una colonia de cría. Egg Mountain · Fm. Two Medicine · c. 76,7 Ma 1Nido en montículoc. 2 m de anchocalor de plantas podridas1 c. 7 m2Separaciónc. 7 m entre nidosun adulto de largo2 3Crías15 crías, c. 1 mdientes gastados3 MontanaChoteautienda rocas1978Hornery MakelaEgg Mountaincerca de Choteau, MTexcavada desde 19794 capa de ceniza volcánicaLecho de cenizac. 10 000 animalesuna manada sepultada5
Fig. 64 · Maiasaura: la buena madre lagarto. Egg Mountain, Montana: una colonia de nidos en montículo separados por un adulto de largo.
Capítulo 65 · Parte VII

Edmontosaurus y las momias de dinosaurio

Edmontosaurus fue uno de los últimos y mayores picos de pato, un saurolofino de cabeza plana que pastaba en las llanuras costeras del oeste de Norteamérica hace unos 73 a 66 Ma. E. annectens, de las formaciones Hell Creek y Lance, alcanzaba unos 12 m y varias toneladas, y compartía su mundo con Tyrannosaurus y Triceratops. Lawrence Lambe nombró el género en 1917 por la ciudad de Edmonton. Pero su fama no se debe a sus huesos, sino a su piel.

En 1908, el cazador de fósiles Charles H. Sternberg y sus hijos trabajaban la formación Lance cerca de Lusk, en Wyoming. Mientras el padre había ido a por provisiones, George y Levi descubrieron un Edmontosaurus tumbado de espaldas, con los brazos extendidos y la piel pegada a las costillas y las extremidades. Henry Fairfield Osborn lo compró para el Museo Americano de Historia Natural, donde aún lleva el número AMNH 5060, y en 1912 lo describió como una momia de dinosaurio. Una segunda momia de los Sternberg fue al Museo Senckenberg de Fráncfort en 1910.

No son momias en el sentido egipcio. No sobrevive tejido blando: lo que queda es la textura y el contorno de la piel, conservados como impresiones en el sedimento. Muestran un mosaico de escamas pequeñas que no se superponen, con zonas de escamas mayores, y unas «manoplas» carnosas en las manos que antaño se tomaron por aletas palmeadas. Un ejemplar posterior, «Dakota», hallado en Dakota del Norte por Tyler Lyson en 1999, conservó piel envuelta alrededor de los huesos de un antebrazo y de la cola.

¿Sabías que las marcas de mordiscos en «Dakota» sugieren que cocodrilos y otros carroñeros abrieron el cadáver, dejando escapar gases y fluidos, de modo que la piel se secó y se asentó sobre los huesos?

Cómo sobreviven superficies tan delicadas se ha debatido durante un siglo. En 2022, Stephanie Drumheller y sus colegas propusieron, a partir de «Dakota», que el cuerpo perforado por carroñeros se secó en vez de pudrirse. En 2025, Paul Sereno y sus colegas describieron nuevas momias de Wyoming y argumentaron que una película de arcilla se formó alrededor del cuerpo y fraguó en una máscara de pocos milímetros. Sus ejemplares mostraban una cresta carnosa a lo largo del cuello y el lomo, y pezuñas en los dedos traseros.

Edmontosaurus también lleva huellas del peligro: un ejemplar de Denver tiene un mordisco cicatrizado en la cola, al parecer de un Tyrannosaurus. Las momias convierten un esqueleto en un animal con superficie y silueta. Un siglo después de los Sternberg, la piel aún nos enseña a leer la carne.

Un siglo de momias de dinosaurio No carne, sino su contorno: piel leída como un molde. 1900 1925 1950 1975 2000 2025 'postura de muerte', boca arriba red de escamas Edmontosaurus annectens · Fm. Lance · 68-66 Ma AMNH 50601908 · Lusk, WYlos Sternberg1 Senckenberg1910 · Fráncfort2.º hallazgo Sternberg2 'Dakota'1999 · Dakota del N.2022: carroñeado, seco3 Máscara de arcilla2025 · Wyomingcresta y pezuñas4
Fig. 65 · Edmontosaurus y las momias de dinosaurio. Un siglo de «momias» de hadrosaurio: de los Sternberg a las máscaras de arcilla de 2025.
Capítulo 66 · Parte VII

Baterías dentales: los mejores masticadores de la historia

La mayoría de los reptiles muerden y tragan. Los hadrosaurios masticaban, y lo hacían con una de las disposiciones dentales más refinadas que ha desarrollado animal alguno. Una batería dental es un bloque de dientes apretados unos junto a otros y apilados en columnas verticales: cuando el diente activo se desgasta, el de debajo sube a ocupar su lugar. Los picos de pato tenían baterías en ambas mandíbulas, y los ceratopsios desarrollaron su propia versión, cortante.

Las cifras impresionan. Un Edmontosaurus adulto podía tener unas 60 columnas a cada lado de cada mandíbula, con tres o más dientes apilados en cada una: cientos de dientes a la vez. Solo los superiores trabajaban, desgastados en una superficie de molienda continua como una escofina. Debajo se formaban dientes nuevos sin cesar, así que la batería nunca se agotaba, y los coleccionistas recogen dientes caídos de hadrosaurio a montones.

El verdadero secreto está dentro de cada diente. En 2012, Gregory Erickson y sus colegas cortaron finas láminas de dientes de Edmontosaurus y encontraron seis tejidos distintos, entre ellos esmalte, varios tipos de dentina y cemento. El caballo y el bisonte, campeones actuales de la molienda, tienen cuatro. Como cada tejido se desgastaba a un ritmo distinto, la superficie seguía rugosa, con crestas diminutas que se afilaban solas.

¿Sabías que un diente de hadrosaurio tenía más tipos de tejido que el de un caballo o un bisonte, los mamíferos que se citan como los mejores trituradores vivos?

Cómo se movían las mandíbulas es un viejo enigma, porque los hadrosaurios no podían masticar de lado a lado como las vacas. En los años ochenta, David Weishampel y David Norman propusieron la pleurocinesis: al cerrarse la boca, los maxilares superiores bascularían ligeramente hacia fuera y harían deslizar una batería sobre otra. En 2009, Vince Williams, Paul Barrett y Mark Purnell estudiaron los arañazos microscópicos de los dientes de Edmontosaurus y vieron que encajaban con un movimiento complejo, en general compatible con la idea, aunque los detalles siguen en debate.

También sabemos qué pasaba por esas mandíbulas. Excrementos fósiles de la formación Two Medicine, en Montana, atribuidos a hadrosaurios, están repletos de madera podrida de coníferas, y algunos contienen caparazones de crustáceos. Los hadrosaurios podían con alimentos duros que otros herbívoros dejaban, lo que quizá explique su abundancia. Sesenta y seis millones de años antes del primer caballo, los dinosaurios ya habían perfeccionado la masticación.

La batería dental de los hadrosaurios Cientos de dientes, un molino autoafilable. mandíbula, cortada: columnas de dientes Edmontosaurus · Hell Creek y Lance · 68-66 Ma dientes nuevos debajo1Columnas de dientes3+ dientes apiladosc. 60 por lado1 una sola lima continua2Superficie de moliendagastada en un pavimentocomo una lima2 esmalteortodentinadentina del mantocemento coronaltúbulos gigantesdentina secundaria3Seis tejidosErickson et al. 2012caballo y bisonte: 43 vista frontal4Pleurocinesisel maxilar se abremicrodesgaste: 20094 Two Medicine5Pruebas en coprolitosmadera de conífera podridacaparazón de crustáceo5
Fig. 66 · Baterías dentales: los mejores masticadores de la historia. Batería dental de hadrosaurio: columnas de dientes, superficie autoafilable, seis tejidos.
Capítulo 67 · Parte VII

Dinosaurios polares

Parece una contradicción, pero hubo dinosaurios en los polos. El mundo del Cretácico era mucho más cálido que el actual, sin casquetes de hielo permanentes, pero las latitudes altas seguían teniendo meses de oscuridad invernal, heladas y probablemente nieve. Los fósiles del norte de Alaska, el sureste de Australia y la Antártida muestran que los dinosaurios no solo pasaban por allí: anidaban, nacían y crecían.

Las pruebas del norte proceden de la formación Prince Creek, en la vertiente norte de Alaska, depositada hace unos 70 a 69 Ma a una paleolatitud cercana a 80° N. En 1961, el geólogo de Shell Robert Liscomb recogió huesos junto al río Colville, pero quedaron en un almacén, etiquetados como de mamífero, hasta los años ochenta. El lecho de Liscomb ha dado desde entonces miles de huesos de un pico de pato cercano a Edmontosaurus o incluido en él, además del cornudo Pachyrhinosaurus perotorum y un pequeño tiranosaurio, Nanuqsaurus. En 2021, Patrick Druckenmiller y sus colegas describieron dientes y huesos de embriones y crías de al menos siete grupos de dinosaurios: estos animales se reproducían en el Ártico.

En el sur, Australia estaba unida a la Antártida y quedaba muy dentro del círculo polar. En Dinosaur Cove, en el estado de Victoria, Tom Rich y Patricia Vickers-Rich pasaron años excavando túneles en los acantilados con voluntarios y equipo minero para extraer huesos de unos 106 Ma. Su hallazgo más conocido, el pequeño ornitópodo Leaellynasaura amicagraphica, nombrado en 1989 en honor de su hija, tenía grandes órbitas y una cola larguísima, unas tres veces la longitud del cuerpo.

¿Sabías que los fósiles de Dinosaur Cove eran tan inaccesibles que el equipo tuvo que perforar y volar túneles en los acantilados para seguir la capa de huesos?

La Antártida ha dado ornitópodos como Trinisaura, de la isla James Ross, nombrado en 2013, y el acorazado Antarctopelta. Cómo sobrevivían a los meses oscuros sigue en debate. Algunos quizá migraban, pero las huellas y las crías indican que muchos se quedaban. La histología ósea da respuestas mixtas: algunas especies muestran líneas de crecimiento detenido de inviernos duros, otras un crecimiento más regular. Plumón aislante, reservas de energía o un ritmo más lento son plausibles, pero nada está demostrado.

Los dinosaurios polares derriban la idea de reptiles amantes del sol. Apuntan a animales de metabolismo alto, capaces de mantenerse calientes y activos durante la noche polar. No se limitaban a soportar el frío: criaban en él a sus familias.

Dinosaurios en los polos No solo sobrevivieron a la oscuridad: anidaron en ella. polo norte, c. 70 Ma80°70° polo sur, c. 106 Ma80°70° Asia Norteamérica Antártida Australia 1Prince Creek, Alaskac. 80° N · 70-69 MaLiscomb, 19611 crías2Crías árticas7+ grupos de dinosauriospublicado en 20212 3Dinosaur CoveVictoria · túnelesLeaellynasaura3 Is. James Ross4Isla James RossTrinisaura, 2013Antarctopelta4 Noche polar a 80° NJFMAMJJASONDc. 4 meses de oscuridad · heladas¿migrar? ¿quedarse?5Noche polarmeses de oscuridadheladas, quizá nieve5
Fig. 67 · Dinosaurios polares. Dinosaurios dentro de los círculos polares: Alaska, Victoria y la península Antártica.
Capítulo 68 · Parte VII

Manadas en movimiento

¿Vivían los dinosaurios en manadas? Durante mucho tiempo solo se podía responder encogiéndose de hombros y con un cuadro. Hoy hay cuatro tipos de pruebas sólidas, y juntas muestran que muchos herbívoros, y algunos carnívoros, vivían en grupo al menos parte de su vida.

La primera es el lecho de huesos: una sola capa repleta de individuos de una especie, muertos juntos por una riada, una sequía o una lluvia de ceniza. En la formación Two Medicine, en Montana, un lecho de Maiasaura se extiende durante kilómetros y se calcula a menudo que contiene unos 10 000 animales. En Mongolia Interior, más de una docena de jóvenes Sinornithomimus, dinosaurios parecidos a avestruces, murieron juntos en un lago que se secaba. Con una advertencia: los ríos pueden amontonar cadáveres de animales que nunca vivieron juntos.

La segunda son los rastros. En 1940, Roland T. Bird cartografió el yacimiento de Davenport Ranch, en Texas, donde unos veinte saurópodos caminaron en la misma dirección al mismo tiempo, hace unos 113 Ma. En el cañón del río Peace, en la Columbia Británica, rastros paralelos de grandes ornitópodos muestran animales que avanzaban codo con codo. Lark Quarry, en Queensland, con más de 3000 pequeñas huellas, se hizo famosa como una «estampida» ante un gran depredador; estudios posteriores interpretaron parte de las huellas como de animales nadando, y el debate sigue abierto.

¿Sabías que las pruebas sólidas más antiguas de manadas proceden de Mussaurus, en la Patagonia, hace unos 193 Ma, donde crías y adultos aparecieron en grupos de edad separados alrededor de una zona de cría?

La tercera son las zonas de cría. En 2021, Diego Pol y sus colegas describieron en el sur de Argentina un yacimiento con más de 100 huevos y unos 80 esqueletos de Mussaurus, uno de los primeros dinosaurios de cuello largo. Los jóvenes de edad parecida estaban enterrados juntos, aparte de los adultos: una manada organizada por edades.

La cuarta es química. En 2011, Henry Fricke y sus colegas midieron los isótopos de oxígeno en el esmalte de Camarasaurus de la formación Morrison y vieron que durante parte del año bebían agua de tierras altas lejanas, lo que implica viajes estacionales de hasta unos 300 km. Si los hadrosaurios árticos migraban miles de kilómetros es discutido, porque los huesos de crías muestran que muchos se quedaban en el norte.

Vivir en manada significa compartir la vigilancia, competir por pareja y proteger a las crías, como hacen aves y mamíferos. El panorama ya es claro: para muchos dinosaurios, la vida era multitudinaria.

¿Quién se movía junto? Las pruebas de manadas Cuatro testigos independientes, un veredicto: vida en grupo. Manadas de dinosaurios orquestador · 4 líneas de prueba Control ojo: los ríos acumulan cadáveres que nunca convivieron 01 · Lechos óseosmorir juntosMaiasaurac. 10 000 · cenizaSinornithomimus13+ jóvenes · lagoCentrosauruslechos de Alberta1 02 · Rastroscaminar juntosDavenport Ranchc. 23 saurópodosPeace Riverornitópodos · BCLark Quarry3300 huellas · ?2 03 · Nidoscriar juntosMussaurusc. 80 · 193 MaMaiasauraEgg MountainTitanosauriosAuca Mahuevo3 04 · Isótoposviajar juntosCamarasaurusoxígeno · esmaltealtos de Morrisonhasta c. 300 kmPico de pato polar¿quedarse o irse?4
Fig. 68 · Manadas en movimiento. Las pruebas de las manadas: lechos de huesos, rastros, zonas de cría e isótopos.
Capítulo 69 · Parte VII

Crecer siendo dinosaurio

Todo dinosaurio, por enorme que fuera, empezó en un huevo no mayor que un balón, y casi siempre mucho menor. Un saurópodo de unos pocos kilos al nacer podía convertirse en un adulto de 50 toneladas o más: un aumento de diez mil veces. Cómo lo lograban, y a qué velocidad, está escrito en sus huesos y dientes.

La herramienta clave es la histología ósea. Una fina lámina de hueso de la pata suele mostrar líneas de crecimiento detenido: anillos que se depositaban cada año cuando el crecimiento se pausaba, como los anillos de un árbol. Contándolos se estima la edad; midiendo su separación se traza una curva de crecimiento. En 2004, Gregory Erickson y sus colegas descubrieron así un estirón adolescente en los tiranosaurios, y la misma curva en forma de S aparece en muchos dinosaurios: lenta al principio, explosiva en la adolescencia, estable en la edad adulta.

El crecimiento empieza antes de la eclosión. Los dientes embrionarios depositan líneas diarias, y en 2017 el equipo de Erickson las contó en embriones de Protoceratops y del pico de pato Hypacrosaurus. La incubación duraba unos tres meses en el primero y casi seis en el segundo, mucho más que en aves con huevos de tamaño similar y más cerca de los reptiles.

¿Sabías que las crías de Maiasaura crecían tan deprisa que alcanzaban casi todo su tamaño adulto en pocos años, pero el estudio de Holly Woodward reveló que alrededor de nueve de cada diez morían en su primer año?

La adolescencia cambiaba la forma además del tamaño. Los jóvenes Parasaurolophus solo tenían un bulto donde crecería la cresta, los ceratopsios jóvenes cuernos curvados hacia atrás y los bebés saurópodos cuellos cortos y cabezas grandes. Algunos jóvenes quizá vivían de otro modo, en sus propios grupos y con otra dieta.

Los dinosaurios también se reproducían antes de terminar de crecer. Las hembras de ave forman una reserva temporal de calcio, el hueso medular, para fabricar la cáscara. En 2005, Mary Schweitzer y sus colegas lo identificaron en un fémur de Tyrannosaurus, y en 2008 Andrew Lee y Sarah Werning lo hallaron en Tenontosaurus y Allosaurus aún en crecimiento. Como los cocodrilos, los dinosaurios alcanzaban la madurez sexual antes de llegar a su tamaño final.

Crecimiento rápido, reproducción temprana y alta mortalidad juvenil: ese ciclo vital pudo ayudarles a ser tan grandes y tan exitosos. También cambia la clasificación, porque más de una supuesta especie nueva resultó ser un joven de otra conocida. Leída con atención, una sola lámina de hueso es la biografía entera de un dinosaurio.

Crecer siendo dinosaurio: del huevo al adulto Un corte de hueso es toda una biografía. edad (años) masa corporal 0 2 4 6 8 10 12 curva de crecimiento típica en S (esquema) 3-6 meses1Incubaciónlíneas en dientes del embriónmás lenta que en aves1 2Críacabeza grande, hocico cortounos pocos kilos2 estirón3Estirónaños más empinadosla adolescencia de la curva3 puesta de huevos4Hueso medularcría mientras creceestudios de 2005 y 20084 hueso de la pata, lámina delgada1 anillo = 1 añohuecos anchos = rápidohuecos estrechos = adultoMaiasaura: adulto a c. 85Anillos de crec. (LAG)número = edadseparación = ritmo5
Fig. 69 · Crecer siendo dinosaurio. Del embrión al adulto: incubación, estirón, reproducción precoz y anillos de crecimiento.
Capítulo 70 · Parte VII

Hypsilophodon y los pequeños velocistas

Hypsilophodon foxii fue un herbívoro pequeño y ligero que vivió hace unos 126 Ma en la isla de Wight, en las llanuras fangosas que hoy afloran como la formación Wessex en la costa suroeste de la isla. Medía alrededor de 1,8 m, casi todo cola, y pesaba quizá 20 kg, como un perro grande. Thomas Henry Huxley lo nombró en 1869 en honor del reverendo William Fox, coleccionista que encontró buena parte de los primeros dinosaurios de la isla.

Durante buena parte del siglo XX se le imaginó subido a los árboles. Algunos investigadores, como el austriaco Othenio Abel, creían que su primer dedo del pie podía agarrar como el de un ave y que su cola rígida le ayudaba a equilibrarse en las ramas. A principios de los años setenta, Peter Galton, estudiando los numerosos esqueletos de la isla, demostró que ese dedo no podía girarse hacia atrás y que todo el cuerpo estaba hecho para correr: tibias y pies largos, muslos cortos, cráneo ligero y una cola rigidizada por tendones osificados que servía de contrapeso. Hypsilophodon bajó del árbol y se convirtió en un velocista modélico.

¿Sabías que muchos esqueletos de Hypsilophodon proceden de una sola capa en Cowleaze Chine, en la isla de Wight, donde un grupo parece haber muerto a la vez, quizá atrapado en un barro movedizo?

Durante mucho tiempo se le consideró el fundador de una familia, los hipsilofodóntidos, que reunía pequeños ornitópodos de todo el mundo. Los estudios filogenéticos modernos la han desmontado: los pequeños corredores bípedos forman una serie de ramas en la base del árbol de los ornitópodos y, más ampliamente, de los neornitisquios. Muchos comparten, eso sí, el mismo plan corporal, y fue un plan de una durabilidad notable.

El reparto es variado. Orodromeus correteaba por las zonas de cría de la formación Two Medicine, en Montana. Oryctodromeus, descrito en 2007 por David Varricchio y sus colegas, apareció acurrucado con dos crías al fondo de una madriguera fósil: la primera prueba sólida de un dinosaurio excavador. Thescelosaurus, de hasta unos 4 m, vivió en Hell Creek hasta el final del Cretácico; un ejemplar, «Willo», supuestamente conservaba un corazón fósil, que resultó ser una concreción de hierro. Leaellynasaura corría por los bosques polares de Australia.

Estos pequeños ornitópodos fueron los ciervos y antílopes del Mesozoico: rápidos, alerta, abundantes y fáciles de pasar por alto junto a los gigantes. Duraron desde el Jurásico hasta el final del Cretácico, unos 100 millones de años. Al final, ser pequeño y rápido resultó una de las formas más fiables de ser dinosaurio.

Los pequeños velocistas, a escala Pequeños y rápidos: un éxito de 100 millones de años. cuadrícula de 1 m · animales a escala Cretácico Inferior a 66 Ma 1Hypsilophodonc. 1,8 m · c. 20 kgIsla de Wight1 1,8 m2Escala humanapersona de 1,8 mlomo a la rodilla2 Madriguera de OryctodromeusFm. Blackleaf, Montana3Oryctodromeusadulto + 2 juvenilesen una madriguera, 20073 Thescelosaurus, c. 4 m4ThescelosaurusHell Creek, hasta 66 Ma'corazón' = ferrolita4 ¿trepador?Galton años 70: no5Mito del trepadorel dedo no agarrabahecho para correr5
Fig. 70 · Hypsilophodon y los pequeños velocistas. Hypsilophodon y los pequeños ornitópodos veloces que corrían, excavaban y perduraron.
Parte VIII

Plumas y vuelo

Raptores, tiranos emplumados y el largo camino del dinosaurio al ave.

Capítulo 71 · Parte VIII

Sinosauropteryx: el primer dinosaurio con plumas

En agosto de 1996, un agricultor llamado Li Yumin partió una losa de pizarra gris cerca de la aldea de Sihetun, en Liaoning, al noreste de China, y encontró un pequeño esqueleto enroscado. A lo largo del cuello, el lomo y la cola corría una franja oscura de finos filamentos. El fósil se separó en dos mitades, losa y contralosa, que fueron a parar a dos instituciones distintas, y ese mismo año Ji Qiang y Ji Shu'an lo bautizaron Sinosauropteryx prima, «primera pluma del dragón chino». Las fotografías que circularon en otoño en el congreso de la Society of Vertebrate Paleontology, en Nueva York, causaron sensación: por fin aparecía un dinosaurio que claramente no era un ave, pero que lucía algo muy parecido al plumón.

Sinosauropteryx vivió hace unos 125 Ma en la formación Yixian, una sucesión de lodos lacustres y cenizas volcánicas depositados en un paisaje boscoso y volcánico. Era un compsognátido, un cazador terrestre ligero de aproximadamente 1 m, buena parte de cola. Esa cola tenía unas 64 vértebras, una de las más largas en proporción de todos los terópodos. Un ejemplar conserva un lagarto en el estómago y otro un par de huevos sin poner, señal de que, como cocodrilos y aves, tenía dos oviductos funcionales.

Los filamentos son cortos y simples, de unos pocos centímetros como máximo, sin raquis ni barbas. Los paleontólogos los llaman protoplumas: hebras huecas que probablemente servían de aislamiento y exhibición, no para volar. Al principio hubo escépticos que vieron en ellos fibras de colágeno deshilachadas, pero estas estructuras han aparecido desde entonces en decenas de animales de Jehol, y en 2010 se demostró que contenían pigmento.

Aquel estudio, dirigido por Zhang Fucheng con Mike Benton y otros colegas, examinó los filamentos con un microscopio electrónico de barrido y halló diminutos melanosomas esféricos, los orgánulos que contienen la feomelanina rojiza en las aves actuales. La cola alternaba bandas de color castaño rojizo y claras. En 2017, Fiann Smithwick y sus colegas cartografiaron todo el cuerpo: lomo oscuro, vientre claro y una franja oscura sobre el ojo, como un antifaz de bandido. Ese contrasombreado sugiere que vivía en espacios abiertos.

¿Sabías que al partirse en dos el fósil original, el «primer dinosaurio con plumas» se guarda en dos museos distintos y cada uno conserva una parte de la historia?

Sinosauropteryx no demostró que las aves desciendan de los dinosaurios; John Ostrom ya lo había defendido a partir de los huesos en los años setenta. Lo que hizo fue poner plumas a un animal ajeno al linaje de las aves, y mostrar que el abrigo llegó antes que el vuelo. Desde 1996 se han encontrado filamentos en tiranosaurios y ornitisquios, y la imagen del pequeño terópodo ha pasado de escamosa a mullida. Todo empezó con una cola pelirroja en la losa de un campesino.

Sinosauropteryx: un manto de filamentos, c. 125 Ma Primero llegaron las plumas; el vuelo, mucho después. 0–1 m (marcas de 0,25 m) Sinosauropteryx prima Fm. Yixian · Sihetun, Liaoning Orla de filamentosprotoplumas de fase 1sin raquis ni vexilos1 bandas rojizas / clarasCola con bandas rojizasc. 64 vértebras caudalesfeomelanosomas2 antifaz oscurovientre claroAntifazcuerpo contrasombreadoSmithwick et al. 20173 Contenido estomacalun lagarto tragadodos huevos sin poner4 losaGMV 2123contralosaNIGP 127586partida en 1996Li YuminLosa partidados mitades, dosinstituciones chinas5
Fig. 71 · Sinosauropteryx: el primer dinosaurio con plumas. Un cazador de Liaoning de un metro, orlado de filamentos y con bandas pelirrojas.
Capítulo 72 · Parte VIII

La biota de Jehol

La biota de Jehol es el nombre que reciben las plantas y animales conservados en las rocas del Cretácico inferior de Liaoning, Hebei y Mongolia Interior, al noreste de China. Sus fósiles proceden sobre todo de la formación Yixian, de unos 125 Ma, y de la formación Jiufotang, de unos 120 Ma, mientras que capas más antiguas extienden la comunidad hasta hace unos 133 Ma. Pocos lugares del planeta han reescrito tantos capítulos de los libros de texto en tan poco tiempo.

El secreto son los volcanes. La región era un paisaje de colinas boscosas y lagos profundos y tranquilos, espolvoreados una y otra vez por erupciones. La ceniza fina se posaba en fondos pobres en oxígeno y enterraba los cadáveres antes de que llegaran los carroñeros. El resultado son fósiles con plumas, pelo, piel, contenido estomacal e incluso pigmentos. Las capas de ceniza se datan con precisión mediante el método argón-argón, y en Lujiatun, a veces llamada la Pompeya china, animales enteros quedaron atrapados por flujos volcánicos, algunos al parecer en reposo.

El reparto es extraordinario. En el suelo cazaban terópodos emplumados: el pequeño Sinosauropteryx, Microraptor con sus cuatro alas, Yutyrannus, un tiranosauroideo de 9 m, y el desgreñado terizinosaurio Beipiaosaurus. Por encima volaban algunas de las primeras aves: Confuciusornis sanctus, el ave más antigua conocida con pico sin dientes, se conoce por más de mil ejemplares, y Jeholornis conservaba una larga cola ósea y comía semillas. Psittacosaurus era el dinosaurio herbívoro más común.

Los mamíferos no eran todos musarañas tímidas. En 2005, Hu Yaoming, Meng Jin y sus colegas describieron un Repenomamus robustus del tamaño de un tejón con los huesos de un Psittacosaurus joven en el estómago. Eomaia, descrito en 2002, es un diminuto trepador próximo al origen de los placentarios. En los lagos nadaba el pez Lycoptera, y Archaefructus figura entre las plantas con flores más antiguas conocidas.

¿Sabías que antes de 1996 solo se conocía un puñado de aves fósiles de más de 100 millones de años, y que desde entonces Liaoning ha aportado miles?

Tanta riqueza tiene un coste. Los campesinos excavan y venden fósiles, lo que ha salvado muchos ejemplares pero también ha alimentado falsificaciones, como el célebre «Archaeoraptor» de 1999. La ley china considera hoy los fósiles importantes propiedad del Estado.

La biota de Jehol importa porque muestra un ecosistema entero en el momento en que muchos grupos modernos tomaban forma: dinosaurios con plumas, aves con pico, parientes de los placentarios y flores. Es lo más parecido que tiene la paleontología a una fotografía de una tarde del Cretácico.

La biota de Jehol: un elenco cretácico en un mundo lacustre Un ecosistema entero sellado en ceniza, plumas incluidas. Biota de Jehol Liaoning · c. 133–120 Ma Ceniza volcánica en fondos de lago tranquilos Yixian c. 125 Ma · Jiufotang c. 120 Ma · tobas datadas Ar-Ar Dinosaurioscon plumasSinosauropteryxcaza presas pequeñasMicroraptorplaneador de 4 alasYutyrannussuperdepredador, 9 m1 Primeras avesprimeros picosConfuciusorniscon pico, más de 1000Jeholorniscola larga, semillasSapeornisave de alas largas2 Mamíferosno solo musarañasRepenomamuscomía crías dinoEomaiatrepadoraZhangheotheriuminsectívoro3 Lago + bosquebase de la redArchaefructusflor tempranaLycopterapez de lagoEphemeropsislarvas de efímera4
Fig. 72 · La biota de Jehol. Lagos volcánicos donde convivían dinosaurios con plumas, aves, mamíferos y flores.
Capítulo 73 · Parte VIII

Velociraptor: mito y realidad

Gracias a una sola película, Velociraptor es quizá el nombre de dinosaurio más famoso después de Tyrannosaurus. El animal real era más pequeño, más extraño y más parecido a un ave que su doble de la pantalla. Vivió hace entre 75 y 71 Ma en lo que hoy es el desierto de Gobi, en Mongolia, en un paisaje árido de dunas y arroyos estacionales conservado en la formación Djadokhta.

El primer ejemplar, un cráneo aplastado y una garra en forma de hoz, lo encontró en 1923 Peter Kaisen, de las Expediciones a Asia Central del American Museum of Natural History, dirigidas por Roy Chapman Andrews, en los Acantilados Llameantes. Henry Fairfield Osborn lo llamó Velociraptor mongoliensis, «ladrón veloz», en 1924. Expediciones posteriores aportaron más material, como los famosos Dinosaurios luchadores de 1971, trabados en combate con un Protoceratops.

Los datos son modestos. Un adulto medía unos 2 m de largo, casi todo cola, alcanzaba medio metro a la cadera y pesaba entre 15 y 20 kg, más o menos como un pavo grande. En cada pie, el segundo dedo llevaba una garra agrandada y retráctil que mantenía levantada al caminar.

Y tenía plumas. En 2007, Alan Turner, Peter Makovicky y Mark Norell describieron un antebrazo de Velociraptor con una hilera de papilas de inserción de las plumas, los bultos donde se anclan las grandes plumas del ala de las aves. Velociraptor no volaba, pero tenía auténticas plumas alares.

¿Sabías que los raptores de Jurassic Park se basaron en el mayor Deinonychus, que algunos investigadores incluían entonces en Velociraptor, y que Utahraptor, descrito en 1993, se acercaba más a su tamaño en pantalla?

Varias imágenes populares no han resistido el análisis. Sus manos no podían girar con la palma hacia abajo: se miraban entre sí, como a punto de aplaudir. En 2005, el equipo de Phil Manning comprobó con una garra robótica que perforaba la carne en vez de rajarla, y en 2011 Denver Fowler y sus colegas propusieron que los dromeosáuridos inmovilizaban a sus pequeñas presas como hacen las rapaces. No hay pruebas de que cazara en manadas coordinadas, y un hueso de pterosaurio hallado en el estómago de un esqueleto muestra que también carroñeaba.

Velociraptor importa porque es el dinosaurio donde la cultura popular y la ciencia se cruzan con más frecuencia. El animal real, emplumado, con pies de rapaz y del tamaño de un pavo, no es menos impresionante que el monstruo del cine. Simplemente se parece más a un ave de presa que a un asesino escamoso.

Velociraptor: monstruo de cine frente al animal real Menos asesino escamoso y más rapaz del tamaño de un pavo. 0,5 m 1 m 1,5 m 2 m humano 1,8 m pavo raptor de cineRaptor de cinealtura humana, escamosobasado en Deinonychus1 Velociraptor 2 mVelociraptor real2 m de largo, 0,5 m a cadera15–20 kg, Djadochta2 cúbito, IGM 100/981papilas alares, 2007Papilas alaressujetan plumas del alaTurner et al. 20073 dedo IIsujetaGarra en hozperfora, no cortasujeción como un halcón4 palmas hacia dentro→ ←Manos hacia dentrosin palmas abajocomo en alas de ave5
Fig. 73 · Velociraptor: mito y realidad. La estrella del cine era un cazador emplumado del Gobi, de unos 2 m de largo.
Capítulo 74 · Parte VIII

Deinonychus y el renacimiento de los dinosaurios

En agosto de 1964, John Ostrom, de la Universidad de Yale, y su ayudante Grant Meyer prospectaban la formación Cloverly cerca de Bridger, Montana, cuando encontraron una gran garra curva asomando de una ladera. En las dos temporadas siguientes excavaron varios individuos de un depredador del tamaño de un lobo. En 1969 Ostrom lo llamó Deinonychus antirrhopus, «garra terrible» con una cola «de contrapeso», y su monografía desató en silencio una revolución.

Deinonychus vivió hace entre 115 y 108 Ma, en el Cretácico inferior del oeste de Norteamérica. Medía unos 3,3 m y pesaba quizá entre 70 y 100 kg. El segundo dedo de cada pie llevaba una garra en hoz de unos 12 cm. La cola, rigidizada por largas varillas óseas, era un balancín rígido, y un hueso de la muñeca en forma de media luna permitía plegar la mano de lado, igual que el ala de un ave.

Ostrom leyó esa anatomía como el cuerpo de un animal ágil y enérgico, no de un reptil frío y torpe. En 1970 advirtió que un ejemplar del Museo Teylers de Haarlem, catalogado como pterosaurio, era en realidad un Archaeopteryx, y al compararlo con Deinonychus se convenció de que las aves descendían de pequeños terópodos, recuperando una idea que Thomas Henry Huxley había defendido un siglo antes.

Su alumno Robert Bakker llevó el argumento al gran público. En 1975, su artículo «Dinosaur Renaissance» en Scientific American sostuvo que los dinosaurios eran de sangre caliente, y su libro The Dinosaur Heresies, de 1986, fue más allá. No todas sus tesis se sostuvieron, pero la imagen de dinosaurios dinámicos sí, hasta los raptores de Jurassic Park.

¿Sabías que Ostrom encontró dientes y huesos de Deinonychus junto a esqueletos del herbívoro Tenontosaurus, lo que sugería caza en manada, aunque esos hallazgos siguen en debate?

En 2007, Brian Roach y Daniel Brinkman argumentaron que el patrón se parecía más a un festín caótico, como en los dragones de Komodo o los cocodrilos. En 2020, un estudio de la química de los dientes reveló que jóvenes y adultos comían cosas distintas, algo poco compatible con manadas familiares al estilo de los lobos. Un huevo hallado junto a un esqueleto sugiere que los adultos incubaban, y la histología ósea muestra un crecimiento mucho más rápido que el de los reptiles actuales.

Deinonychus importa porque una sola garra cambió la pregunta. Antes de 1964, los dinosaurios solían verse como fracasos evolutivos. Después de Ostrom, eran animales activos y exitosos, con descendientes vivos en los árboles del jardín.

Deinonychus y el renacimiento de los dinosaurios, 1964–1996 Una garra convirtió fracasados en animales vivos. 1960 1970 1980 1990 2000 1996 Sinosauropteryx Deinonychus antirrhopus 3,3 m · 70–100 kg · Fm. Cloverly Montana · c. 115–108 Ma varillas rígidas en la cola muñeca semilunar garra en hoz de 12 cm 1964: la garraOstrom + MeyerBridger, Montana1 1969: monografíanombra a Deinonychusdibujo de Bakker2 años 70: nexo con avesejemplar de HaarlemArchaeopteryx3 1975–86: BakkerSci. American 1975Dinosaur Heresies4 1993: la pantallaJurassic Parkse nombra Utahraptor5
Fig. 74 · Deinonychus y el renacimiento de los dinosaurios. Un cazador de Montana con garra en hoz que devolvió a los dinosaurios su vitalidad.
Capítulo 75 · Parte VIII

Microraptor: cuatro alas

Imagina un dinosaurio con alas en las patas además de en los brazos. Microraptor gui es justamente eso: un pequeño dromeosáurido, pariente de Velociraptor, de la formación Jiufotang de Liaoning, de hace unos 120 Ma. En 2003, Xu Xing, Zhou Zhonghe, Wang Xiaolin y sus colegas describieron ejemplares con largas plumas de vuelo asimétricas en las extremidades anteriores y posteriores, y un abanico de plumas en forma de rombo al final de la cola. Lo llamaron el dinosaurio de cuatro alas, y el nombre cuajó.

Era pequeño: unos 80 cm, casi todo cola, y alrededor de 1 kg, el tamaño de un cuervo. El género se había nombrado en 2000, y su historia empezó con un bochorno. En 1999, National Geographic presentó «Archaeoraptor», un fósil comprado en una feria de Tucson y aclamado como eslabón perdido. Resultó ser una falsificación pegada a partir de varios animales, y su cola pertenecía a Microraptor.

Lo que importa son las plumas. Una pluma de vuelo con el borde de ataque estrecho y el de salida ancho es asimétrica, la forma de un perfil aerodinámico. En 2012, Li Quanguo y sus colegas estudiaron los melanosomas de un ejemplar y los encontraron largos, estrechos y apilados, la disposición que produce un brillo iridiscente en las aves. Microraptor era negro lustroso, con reflejos verdeazulados como un estornino.

Cómo volaba sigue en discusión. Algunos investigadores creen que las alas de las patas se extendían hacia los lados, como en un biplano; otros señalan que la cadera de los dinosaurios apenas podía abrir las patas y sugieren que esas plumas quedaban detrás, como estabilizadores. Pruebas en túnel de viento, como un estudio de Gareth Dyke en 2013, mostraron que planeaba bien, y un análisis de Pei Rui y sus colegas en 2020 lo situó dentro del rango del vuelo batido.

¿Sabías que en el estómago de Microraptor se han encontrado un ave, un pez, un mamífero y un lagarto, así que no era nada exigente con la comida?

Esos contenidos estomacales, descritos entre 2010 y 2019, lo muestran cazando en los árboles, en el suelo y a la orilla del agua, incluso entre aves primitivas como Confuciusornis.

Microraptor importa porque demuestra que el camino hacia el vuelo no fue una senda única y ordenada. Entre los pequeños dinosaurios emplumados hubo una explosión de ensayos con alas, planeo y aleteo. Las aves son las supervivientes, pero no fueron las únicas que lo intentaron.

Microraptor gui: cuatro alas y un abanico caudal El vuelo tuvo muchos ensayos; las aves son los supervivientes. Fm. Jiufotang, Liaoning · c. 120 Ma · Xu Xing et al. 2003 0–80 cm (marcas de 10 cm) Alas de los brazosvexilos asimétricosplumas aerodinámicas1 ala de la pataAlas de las patas¿extendidas o colgantes?aún en debate2 abanico caudalAbanico caudalpunta en rombosustentación y rumbo3 apiladasNegro irisadobrillo azul verdosoLi et al. 20124 avepezmamíferolagartoDieta variadacontenido estomacalhallazgos 2010–20195
Fig. 75 · Microraptor: cuatro alas. Un raptor del tamaño de un cuervo, con plumas de vuelo en brazos y patas, negro irisado.
Capítulo 76 · Parte VIII

Yutyrannus: un tirano con plumas

Durante una década después de Sinosauropteryx, los dinosaurios con plumas fueron pequeños. Se suponía que los grandes depredadores se sobrecalentarían con un abrigo y debían de ser escamosos. Entonces, en 2012, Xu Xing y sus colegas describieron Yutyrannus huali, «hermoso tirano emplumado», y la suposición se vino abajo.

Los fósiles proceden de la formación Yixian de Liaoning, el corazón de la biota de Jehol, y tienen unos 125 millones de años. Son tres esqueletos, un adulto y dos jóvenes, al parecer hallados juntos. El adulto medía unos 9 m y pesaba alrededor de 1,4 toneladas. Yutyrannus era un tiranosauroideo, uno de los primeros miembros de la familia amplia que más tarde daría lugar a Tyrannosaurus rex, aunque todavía tenía tres dedos en cada mano.

Lo que lo hizo famoso fue su abrigo. Se conservan parches de filamentos largos y simples en el cuello, el brazo, la cadera y la cola, algunos de entre 15 y 20 cm. No son plumas de vuelo, sino mechones hirsutos, más parecidos al plumaje de un emú. Como aparecen en partes del cuerpo muy separadas, buena parte del animal debía de estar cubierta, lo que convierte a Yutyrannus en el mayor animal conocido con pruebas directas de plumas.

¿Para qué necesitaría aislamiento un depredador de 1,4 toneladas? Los estudios de isótopos de oxígeno dirigidos por Romain Amiot en 2011 sugieren una temperatura media anual de unos 10 °C en la región, con inviernos fríos. Un abrigo hirsuto tiene sentido para un gran animal que caza en un bosque templado. Sus parientes pequeños apuntan en la misma dirección: Dilong paradoxus, un tiranosauroideo de 1,6 m descrito en 2004, también tenía filamentos.

¿Sabías que las impresiones de piel de Tyrannosaurus rex descritas en 2017 muestran pequeñas escamas en el cuello, la cadera y la cola, de modo que el gigante quizá perdió gran parte del abrigo de sus antepasados?

Aquel estudio de Phil Bell y sus colegas desató un animado debate. Algunos creen que los grandes tiranosáuridos de climas cálidos perdieron casi todas sus plumas, igual que los elefantes tienen poco pelo; otros recuerdan que los parches de escamas son pequeños. Yutyrannus no resuelve la cuestión para T. rex, pero demuestra que el tamaño por sí solo no excluía las plumas.

Yutyrannus importa porque convirtió las plumas, de curiosidad de pequeños dinosaurios, en una posibilidad real para los gigantes. Las reconstrucciones de tiranosaurios tienen ahora que justificar su elección, y es un debate que abrieron las pruebas.

Yutyrannus a escala: un tirano de 9 m con abrigo El tamaño no excluía las plumas. 0 m 4 m 8 m 12 m humano 1,8 m Yutyrannus hualic. 9 m · c. 1,4 tFm. Yixian, 125 Ma1 Filamentos lanudoshasta c. 15–20 cmcuello, brazo, cadera, cola2 Dilong 1,6 mDilong, 2004tiranosauroideo de 1,6 mtambién con filamentos3 media c. 10 °CClima frescoisótopos de O, 2011inviernos fríos4 T. rex 12 m, 68–66 MaGigante tardío: T. rexc. 12 m, zonas escamosasBell et al. 20175
Fig. 76 · Yutyrannus: un tirano con plumas. Un tiranosauroideo de 9 m: el mayor animal conocido con pruebas directas de plumas.
Capítulo 77 · Parte VIII

Oviraptor: acusado injustamente

En 1923, George Olsen, de las Expediciones a Asia Central del American Museum of Natural History, encontró en los Acantilados Llameantes de Mongolia un esqueleto sin dientes y con cara de loro tumbado sobre una nidada. Los huevos se atribuyeron a Protoceratops, el dinosaurio más común del lugar. La historia parecía obvia, un delito in fraganti, y en 1924 Henry Fairfield Osborn llamó al animal Oviraptor philoceratops, «ladrón de huevos, aficionado a los ceratopsios». El propio Osborn advirtió que el nombre podía inducir a error. Y así fue durante setenta años.

Oviraptor vivió hace entre 75 y 71 Ma en los campos de dunas de la formación Djadokhta. Medía entre 1,6 y 2 m, con un cráneo corto y alto y un pico sin dientes. Pertenecía a los oviraptorosaurios, un grupo de terópodos emplumados que incluye a Caudipteryx de Liaoning y al gigante Gigantoraptor, de unos 8 m.

El caso se reabrió en 1993. Una expedición conjunta del American Museum y la Academia de Ciencias de Mongolia, con Mark Norell, Jim Clark y Rinchen Barsbold, trabajaba en un nuevo yacimiento muy rico llamado Ukhaa Tolgod. Dentro de un huevo idéntico a los atribuidos a Protoceratops hallaron un embrión, y era un oviraptórido. Los huevos de 1923 eran casi con seguridad los suyos.

Luego llegó el fósil definitivo. En 1995, Norell y sus colegas describieron un oviraptórido, más tarde llamado Citipati osmolskae, agazapado sobre un anillo de huevos, con las patas plegadas y los brazos extendidos alrededor de la puesta, exactamente como un ave que incuba. Probablemente quedaron sepultados allí mismo por el derrumbe de dunas húmedas o por tormentas de arena. Cada nido era un anillo de huevos alargados, puestos por parejas y dispuestos en capas.

¿Sabías que en 2017 Jasmina Wiemann y sus colegas detectaron biliverdina y protoporfirina en la cáscara del oviraptórido Heyuannia, lo que indica que sus huevos eran verdeazulados, como los del emú?

En 2021, un equipo dirigido por Shundong Bi describió en Ganzhou, en el sur de China, un oviraptórido sentado sobre huevos que aún contenían embriones; los isótopos de oxígeno indican que se calentaban a entre 30 y 38 °C. Es una incubación de ave, por contacto con el cuerpo del progenitor.

El nombre Oviraptor se mantiene, porque las normas de la nomenclatura zoológica no permiten cambiar un nombre solo porque resulte injusto. Recuerda que la primera lectura de un fósil es una hipótesis, no un veredicto. El supuesto ladrón era un progenitor entregado, y nos dejó la imagen más clara de la vida familiar de los dinosaurios.

Acusado injustamente: un oviraptórido en su nido El «ladrón de huevos» era un progenitor que daba calor a los suyos. Fm. Djadochta · Ukhaa Tolgod, Mongolia · c. 75 Ma Anillo de huevospuestos por paresc. 18 cm, en capas1 CitipatiAdulto incubandobrazos sobre el bordeNorell et al. 19952 embrión1993Embrión, 1993Ukhaa Tolgodun oviraptórido3 flujo de arenaSepultado por arenaderrumbe de dunamurió en el sitio4 verde azulado30–38 °Ccalor del adultoHuevos tibios y verdososWiemann 2017Bi et al. 20215
Fig. 77 · Oviraptor: acusado injustamente. Llamado «ladrón de huevos» en 1924, era en realidad un progenitor que incubaba los suyos.
Capítulo 78 · Parte VIII

Los colores de los dinosaurios, al descubierto

Durante casi toda la historia de la paleontología, el color de los dinosaurios fue pura conjetura. Los artistas los pintaban verdes o marrones como lagartos, y los manuales afirmaban que nunca se sabría. Todo cambió en 2008, cuando Jakob Vinther, entonces doctorando en Yale, observó con un microscopio electrónico de barrido una pluma fósil rayada del Cretácico de Brasil. Las bandas oscuras estaban repletas de diminutos cuerpos con forma de salchicha; las claras no tenían ninguno. Eran melanosomas, los orgánulos que contienen la melanina.

El método se basa en la forma. En las aves actuales, los melanosomas alargados en bastón contienen eumelanina, que da el negro y el gris. Los pequeños y redondos contienen feomelanina, que da el castaño rojizo. Los aplanados, huecos o muy apilados crean la iridiscencia de un estornino o una urraca. Midiendo miles de melanosomas fósiles y comparándolos estadísticamente con una base de datos de plumas modernas, se puede predecir el color de cada zona.

Los resultados llegaron enseguida. En 2010, Zhang Fucheng y sus colegas describieron las bandas pelirrojas y blancas de la cola de Sinosauropteryx. Ese mismo año, Li Quanguo, Vinther y sus colegas cartografiaron todo el plumaje de Anchiornis huxleyi, de unos 160 millones de años, a partir de 29 muestras: cuerpo gris negruzco, alas blancas con puntas negras y una cresta rojiza. En 2012, Microraptor resultó ser negro irisado, y en 2018 Caihong juji mostró una cabeza y un cuello tornasolados. Otros trabajos hallaron contrasombreado en Psittacosaurus y en Borealopelta.

¿Sabías que Anchiornis fue el primer dinosaurio con todo su plumaje cartografiado, y que parece un pájaro carpintero blanco y negro con un gorro rojo?

El método tiene límites, y los especialistas lo dicen. Algunos críticos vieron al principio bacterias fósiles en esos microcuerpos; análisis químicos como los de Johan Lindgren en 2014 han detectado desde entonces melanina directamente. El calor y la presión del enterramiento pueden encoger los melanosomas, como mostró el equipo de Maria McNamara. Sobre todo, muchos amarillos y rojos vivos proceden de los carotenoides de la dieta, que no dejan estructuras, y muchos azules nacen de la nanoestructura de la queratina.

Aun con esas reservas, el color fósil ha transformado lo que los dinosaurios pueden contarnos: el contrasombreado revela el hábitat; las rayas y crestas, la exhibición; la iridiscencia, la selección sexual. Los colores del pasado, antes considerados incognoscibles, se han convertido en pruebas.

El color de los dinosaurios en sus melanosomas El color, antes incognoscible, se hizo prueba. Pluma fósilmuestrear una zona1fósil de Jehol Melanosomasforma = color2bastón: negro, grisesfera: rojizopila plana: brilloMEB, desde 2008 Base de datos aviarplumas actuales3anchuralongitudnegrorojizofósil Mapa de colorzona por zona4Anchiornisnegro·blanco·rojoSinosauropteryxbandas rojizasMicroraptoririsadoCaihongbrillo arcoíris 5Límites: lo que la melanina no dicecarotenoidesrojos y amarillos de la dietaazules estructuralesnanoestructura de queratinaenterramientoel calor encoge melanosomas
Fig. 78 · Los colores de los dinosaurios, al descubierto. Leídos al microscopio, los melanosomas fósiles devuelven el color a plumas extintas.
Capítulo 79 · Parte VIII

Cerebros, sentidos y dinosaurios listos

Los cerebros no se fosilizan, pero las cajas que los contenían, sí. La caja craneana de un dinosaurio conserva la forma del espacio que ocupaban el cerebro, los nervios, los vasos y el oído interno. En el siglo XIX se vertía yeso en cráneos rotos para obtener toscos moldes. Hoy la tomografía computarizada permite a investigadores como Lawrence Witmer y Ryan Ridgely, de la Universidad de Ohio, crear endomoldes digitales sin dañar un solo hueso.

Los resultados desmienten el tópico del dinosaurio con cerebro de mosquito, aunque no del todo. Stegosaurus sí tenía un cerebro pequeño, del tamaño aproximado de una nuez, y la idea de un «segundo cerebro» en la cadera era errónea: ese espacio albergaba probablemente un cuerpo de glucógeno, como en las aves. En cambio, los terópodos más cercanos a las aves tenían cerebros relativamente grandes. Troodon, un esbelto cazador norteamericano, tenía una de las proporciones cerebro-cuerpo más altas entre los dinosaurios no avianos. En 1982, Dale Russell imaginó en qué se habría convertido sin el asteroide, un «dinosauroide», como experimento mental.

Los sentidos también se pueden leer. En 2009, Darla Zelenitsky, François Therrien y Yoshitsugu Kobayashi midieron los bulbos olfativos de los terópodos y vieron que los de Tyrannosaurus rex estaban entre los mayores: un olfato excelente. Según Kent Stevens, T. rex tenía una visión binocular de unos 55 grados, mejor que la de un halcón. Los anillos escleróticos, aros de hueso en el ojo, revelan el tamaño de la pupila, y en 2011 Lars Schmitz y Ryosuke Motani defendieron que pequeños depredadores como Velociraptor eran activos de noche.

¿Sabías que el pequeño dinosaurio mongol Shuvuuia tenía un órgano auditivo tan largo, en proporción, como el de una lechuza común, y probablemente cazaba insectos a oscuras?

Aquel estudio, dirigido por Jonah Choiniere en 2021, muestra lo que revela el oído interno. La longitud del conducto coclear indica la gama de sonidos que se oían, y la forma de los tres canales semicirculares, el equilibrio y la agilidad.

Algunas cuestiones siguen abiertas. En 2023, Suzana Herculano-Houzel estimó que T. rex tenía miles de millones de neuronas en el prosencéfalo, tantas como un babuino. En 2024, un equipo dirigido por Kai Caspar rebatió la cifra, alegando que el cerebro no llenaba la caja craneana. La mayoría de los especialistas se inclina por la lectura prudente.

Estos cerebros importan porque nos permiten preguntarnos cómo se comportaban aquellos animales. Buen olfato, vista aguda, oído fino y un cerebro de ave apuntan a vidas complejas, al final de un largo camino que termina en los astutos cuervos de la ventana.

Dentro de un cráneo de terópodo: olfato, vista, oído Sentidos agudos y cerebros de ave, mucho antes de las aves. fenestra anteorbitaria cráneo genérico de terópodo, lateral, en corte cortes de TCEndomolde por TCmolde cerebral digitalWitmer + Ridgely1 bulbo olfativoBulbos olfativosT. rex: muy grandesZelenitsky 20092 cerebroCerebroTroodon: cerebro grandepara su tamaño3 anillo escleróticoOjo + anillo escleróticopupila, uso nocturnoT. rex: c. 55° binocular4 oído internoOído internoequilibrio, agilidadShuvuuia: como búho5
Fig. 79 · Cerebros, sentidos y dinosaurios listos. Los cráneos escaneados revelan cómo olían, veían y oían los dinosaurios.
Capítulo 80 · Parte VIII

Del dinosaurio al ave

Las aves no aparecieron de golpe. Los rasgos que creemos exclusivos de ellas, de las plumas a la fúrcula, pasando por los huesos huecos y las alas plegables, se acumularon uno a uno en los dinosaurios a lo largo de más de 100 millones de años. El resultado no fue un nuevo tipo de animal llegado de fuera, sino una rama concreta de los terópodos que acabó volando. Hoy los paleontólogos clasifican a las aves como dinosaurios vivos, con la misma seguridad con que los murciélagos son mamíferos.

La idea es antigua. En 1868, Thomas Henry Huxley señaló las sorprendentes semejanzas entre el pequeño terópodo Compsognathus y Archaeopteryx. Cayó en desgracia tras el libro de Gerhard Heilmann The Origin of Birds, de 1926, que sostenía que los terópodos carecían de clavículas y no podían haber originado la fúrcula de las aves. Heilmann se equivocaba: se han hallado fúrculas en muchos terópodos, de Allosaurus a Velociraptor. Los trabajos de John Ostrom y los análisis cladísticos de Jacques Gauthier en los años ochenta devolvieron al origen terópodo una base sólida, y los fósiles emplumados de Liaoning lo confirmaron.

La secuencia se lee en el árbol genealógico. Los primeros terópodos ya tenían huesos huecos, tres dedos principales y fúrcula. Los celurosaurios, como Sinosauropteryx, añadieron filamentos simples. Los penaraptores, entre ellos oviraptorosaurios y dromeosáuridos, tenían auténticas plumas con barbas, una muñeca plegable y la costumbre de incubar. Los paravianos, como Anchiornis y Microraptor, lucían largas plumas de vuelo, y algunos planeaban o aleteaban. Archaeopteryx, de hace unos 150 Ma, se sitúa cerca de la base de la rama de las aves; más tarde, Confuciusornis perdió los dientes, fusionó la cola en un pigostilo y desarrolló un pico.

¿Sabías que en 2014 Michael Lee y sus colegas mostraron que el linaje que llevó a las aves se encogió durante unos 50 millones de años, de animales de unos 160 kg a menos de 1 kg?

Ese encogimiento fue crucial: los cuerpos pequeños hicieron posible el vuelo. El comportamiento siguió a la anatomía. El pequeño troodóntido Mei long, descrito en 2004, murió dormido con la cabeza bajo el brazo, exactamente como duermen las aves. Los especialistas aún debaten si el vuelo batido surgió una vez o varias.

La historia terminó de la forma más espectacular. Cuando el asteroide impactó hace 66 Ma, murieron todos los dinosaurios no avianos, pero sobrevivieron unas pocas aves pequeñas, terrestres y comedoras de semillas. De ellas descienden más de 10 000 especies actuales. Los dinosaurios nunca se fueron del todo: cantan al otro lado de tu ventana.

Del dinosaurio al ave, rasgo a rasgo Los dinosaurios nunca se fueron del todo. Allosaurus c. 150 Ma Yutyrannus c. 125 Ma Citipati c. 75 Ma Microraptor c. 120 Ma Aves modernas hoy Huxley 1868 · Heilmann 1926 · Ostrom años 70 · Gauthier 1986 Terópodoshuesos huecosfúrcula, 3 dedos1 CelurosauriosfilamentosSinosauropteryx2 Pennaraptoraplumas con vexiloincubación, muñeca3 Paravesplumas de vuelotamaño menguante4 Avespico, pigóstilo10 000+ especies5ArchaeopteryxConfuciusornis
Fig. 80 · Del dinosaurio al ave. Plumas, fúrcula, incubación y cuerpos menguantes: el plan del ave se hizo paso a paso.
Parte IX

Los vecinos de los dinosaurios

Reptiles voladores, monstruos marinos, primeros mamíferos, flores y los mundos que compartieron.

Capítulo 81 · Parte IX

Pterosaurios: señores del aire

Los pterosaurios fueron los primeros vertebrados que volaron por sus propios medios: se adelantaron a las aves unos 60 millones de años y a los murciélagos unos 160 millones. Aparecen en el registro fósil hacia hace 215 Ma, en rocas del Triásico superior del norte de Italia, y duraron hasta el final mismo del Cretácico, hace 66 Ma. No eran dinosaurios, algo que conviene repetir cada vez que una película los llama «dinosaurios voladores». Eran sus primos cercanos: ambos grupos parten del mismo tronco de arcosaurios, y en 2020 Martín Ezcurra y sus colegas identificaron a los pequeños lagérpetidos, de patas largas, como sus parientes conocidos más cercanos.

El primer pterosaurio descrito procedía de la caliza de Solnhofen, en Baviera. En 1784, Cosimo Collini, conservador de un gabinete en Mannheim, desconcertado por sus largos brazos, lo tomó por una criatura marina. Georges Cuvier vio la verdad y en 1809 lo llamó Ptero-dactyle, «dedo ala». El nombre lo resume todo. El ala era una lámina de piel y músculo, el braquiopatagio, tensada desde el cuerpo hasta la punta de un cuarto dedo enormemente alargado. Un pequeño hueso exclusivo de los pterosaurios, el pteroide, sostenía una membrana delantera, y alas excepcionalmente conservadas muestran fibras internas de refuerzo, las actinofibrillas, que mantenían tensa la vela.

Muchos pterosaurios eran peludos. Su cuerpo estaba cubierto de filamentos cortos llamados picnofibras, y en 2018 Yang Zixiao, Mike Benton y sus colegas describieron formas ramificadas en dos pequeños anurognátidos de China, y propusieron que las estructuras parecidas a plumas se remontan al antepasado común de pterosaurios y dinosaurios. Otros investigadores discuten esas ramificaciones, y la cuestión sigue abierta.

La variedad era asombrosa. Las primeras formas de cola larga, como Rhamphorhynchus, dieron paso a los pterodactiloideos de cola corta. Pterodaustro, nombrado por José Bonaparte en 1970 en Argentina, tenía un millar de dientes como cerdas para filtrar el alimento igual que un flamenco. Nemicolopterus, de China, apenas alcanzaba 25 cm de envergadura; los azdárquidos llegaban a 10 m. Sus huesos eran huecos y estaban llenos de sacos aéreos, y en los gigantes sus paredes eran notablemente finas para su tamaño.

¿Sabías que en Hami, en Xinjiang, Wang Xiaolin y sus colegas han recuperado más de 200 huevos de Hamipterus, algunos con embriones, lo que demuestra que los pterosaurios anidaban en colonias?

¿Cómo despegaban? Rastros como los de Crayssac, en Francia, muestran que caminaban a cuatro patas, con el dedo alar plegado. En 2008 Mike Habib propuso el despegue cuadrúpedo: agacharse y luego impulsarse en el aire con los potentes brazos, una técnica que explicaría cómo incluso los más grandes lograban levantar el vuelo.

Los pterosaurios demuestran que volar no es un truco irrepetible. Los reptiles lo resolvieron primero, con un diseño de ala totalmente distinto del de aves y murciélagos, y lo mantuvieron funcionando durante 150 millones de años.

Un ala de pterosaurio: un dedo, una vela viva Los reptiles volaron primero, con un ala que ni aves ni murciélagos copiaron. pterodactiloideo, vista dorsal no a escala cráneo, pico 4 falangesDedo del aladedo IV, 4 huesosCuvier 1809: dedo alar1 pteroidePteroide + membranahueso de muñeca únicorefuerzo de actinofibrillas2 Picnofibrascubierta corporal lanosa¿ramificadas? 2018, debatido3 Hueso del alapared fina, sacoaéreo dentroHuesos huecosneumáticos, con aireligeros aun en gigantes4 agacharseimpulsoDespegue cuadrúpedoHabib 2008rastros: a cuatro patas5
Fig. 81 · Pterosaurios: señores del aire. Un ala de pterosaurio: un dedo gigante, una membrana viva y un manto de pelusa.
Capítulo 82 · Parte IX

Quetzalcoatlus

En 1971, Douglas Lawson, estudiante de geología de la Universidad de Texas en Austin, cartografiaba rocas en el Parque Nacional Big Bend cuando vio un hueso de ala que asomaba de una ladera. Pertenecía al mayor animal volador conocido hasta entonces. En 1975 lo llamó Quetzalcoatlus northropi, por Quetzalcóatl, la serpiente emplumada de los aztecas, y por Jack Northrop, el ingeniero defensor de los aviones de ala volante. Los huesos procedían de la formación Javelina, depósitos de ríos y llanuras de inundación de hace unos 68 a 66 Ma, muy cerca del final de la era de los reptiles.

El famoso gigante se conoce por muy poco material: sobre todo los huesos de una sola ala. Las primeras estimaciones le daban 15 m de envergadura o más. Las comparaciones con parientes mejor conocidos la han reducido a unos 10 u 11 m, la envergadura de una avioneta Cessna. La masa es más difícil de calcular. En 2010, Mark Witton y Mike Habib la estimaron en unos 200 a 250 kg: mucho para un volador, poco para un animal que, de pie, podía mirar a una jirafa a los ojos.

Gran parte de lo que sabemos procede de un pariente más pequeño. En los años setenta, Wann Langston Jr. dirigió equipos que excavaron cientos de huesos de una segunda especie, más común, en yacimientos cercanos. Solo en 2021, tras la muerte de Langston, Brian Andres y sus colegas la nombraron formalmente Quetzalcoatlus lawsoni, en una memoria especial que por fin dio al animal un esqueleto completo. Q. lawsoni tenía unos 4,5 m de envergadura y un pico sin dientes en forma de lanza.

Quetzalcoatlus pertenece a los azdárquidos, pterosaurios de cuello y patas largos hallados desde Texas hasta Jordania y Rumanía, donde Hatzegopteryx rivalizaba con él en tamaño. Antes se los imaginaba rozando el mar para pescar o carroñeando como buitres. En 2008, Witton y Darren Naish defendieron en cambio la caza a pie: caminar por terreno abierto a cuatro patas como una cigüeña monstruosa, atrapando animales pequeños, quizá crías de dinosaurio. Esa visión goza hoy de amplia aceptación, aunque no unánime.

¿Sabías que la formación Javelina se encuentra a cientos de kilómetros de cualquier costa cretácica, una de las razones por las que los paleontólogos dudan de que Quetzalcoatlus fuera un pescador marino?

El despegue sigue siendo el debate más encendido. Para Habib, el animal se impulsaba con sus enormes brazos; la memoria de 2021 propone en cambio un potente salto con las patas traseras antes del primer aleteo. En cualquier caso, la física demuestra que podía volar, y probablemente planear largas distancias sobre corrientes ascendentes.

Quetzalcoatlus marca el límite exterior de lo que permite el vuelo. Ningún ave ni murciélago se le ha acercado, y sus huesos siguen siendo la referencia de cuán grande puede llegar a ser un animal volador.

Quetzalcoatlus: una jirafa voladora, c. 68–66 Ma El mayor animal volador miraba a una jirafa a los ojos. Llanura de la Fm. Javelina, Big Bend, Texas escala: 30 px = 1 m 5 m 1 m Q. northropicabeza a c. 5 mconocido por un ala1 envergadura c. 10–11 mCessna 172 · c. 11 mEnvergaduraantes 15 m+, hoy 10–11Witton y Habib 20102 jirafa c. 5 mJirafael animal vivo más altoa la altura de Q.3 humano 1,8 mDouglas Lawsonestudiante, lo halló en 1971lo nombró en 19754 Q. lawsoni, 4,5 mQ. lawsoninombrado en 2021excavaciones de Wann Langston5
Fig. 82 · Quetzalcoatlus. Quetzalcoatlus junto a una jirafa, una persona y la envergadura de una avioneta.
Capítulo 83 · Parte IX

Ictiosaurios

Los ictiosaurios fueron reptiles que regresaron al mar y que, a lo largo de millones de años, se transformaron en algo inquietantemente parecido a un delfín o a un atún. No eran dinosaurios ni peces. Respiraban aire, parían crías vivas y durante unos 150 millones de años, entre hace unos 250 y 90 Ma, cazaron peces y calamares en todos los océanos del mundo.

Son un caso clásico de evolución convergente. Los primeros parientes de los ictiosaurios, como Cartorhynchus y Chaohusaurus de Anhui, en China, hace unos 248 Ma, eran pequeños, con aspecto de lagarto y aletas. En pocos millones de años el grupo alcanzó tamaños gigantes. En 2021, Martin Sander y sus colegas describieron Cymbospondylus youngorum en Fossil Hill, Nevada: unos 17 m de largo, un cráneo de 2 m, hace 244 Ma, uno de los primeros animales verdaderamente gigantes de la historia de la vida. En el Triásico superior, Shonisaurus, en el parque estatal Berlin-Ichthyosaur de Nevada, alcanzaba unos 15 m, y Shastasaurus sikanniensis, extraído de la orilla de un río de la Columbia Británica por Elizabeth Nicholls, unos 21 m. En 2024, una mandíbula hallada en una playa de Somerset por Ruby Reynolds y su padre Justin se convirtió en Ichthyotitan, estimado en unos 25 m: un reptil del tamaño de una ballena.

Los primeros ejemplares famosos los hallaron en Lyme Regis Mary Anning y su hermano Joseph en 1811 y 1812, y se bautizaron Ichthyosaurus, «pez lagarto». Pero el registro más rico procede de las pizarras de Posidonia de Holzmaden, en Alemania, de hace unos 182 Ma. Allí, ejemplares de Stenopterygius conservan el contorno del cuerpo como una película oscura que revela una aleta dorsal carnosa y una aleta caudal en forma de media luna, con la columna doblada hacia el lóbulo inferior. Otras hembras de Holzmaden contienen embriones, y algunas parecen haber muerto durante el parto, con la cría saliendo de cola, como en las ballenas.

¿Sabías que Temnodontosaurus tenía ojos de unos 25 cm de diámetro, los mayores de cualquier vertebrado conocido, y que Ophthalmosaurus tenía ojos tan grandes para su cuerpo que probablemente cazaba a gran profundidad, en la oscuridad?

Los métodos nuevos van más allá. En 2018, Johan Lindgren y sus colegas hallaron en un Stenopterygius piel conservada y una capa de grasa, junto con pigmento que indicaba un dorso oscuro y un vientre claro. Los isótopos de oxígeno de sus dientes apuntan a temperaturas corporales muy superiores a las del mar circundante: eran nadadores de sangre caliente.

Los ictiosaurios se extinguieron hace unos 90 Ma, mucho antes del asteroide, quizá acorralados por un cambio climático rápido y una evolución lenta. Muestran lo previsible que es la vida: ante el mar abierto, un reptil, un tiburón y un mamífero adoptaron la misma forma hidrodinámica.

Ictiosaurios: 160 millones de años de peces lagarto Un reptil con forma de lagarto tomó forma de delfín antes que los delfines. Triásico Jurásico Cretácico 250 225 200 175 150 125 100 Ma Ophthalmosaurus c. 150 Ma, ojos enormes ChaohusaurusAnhui, Chinac. 248 Ma1 CymbospondylusFossil Hill, Nevada17 m · 244 Ma2 Gigantes triásicosShonisaurus 15 mShastasaurus 21 m3¿Ichthyotitan c. 25 m? HolzmadenPizarra de Posidonia182 Ma · partos4aletas, embriones, grasa Última especiePlatypterygiusextinto c. 90 Ma5
Fig. 83 · Ictiosaurios. De pioneros triásicos a siluetas de delfín: 160 millones de años de peces lagarto.
Capítulo 84 · Parte IX

Plesiosaurios

Un plesiosaurio, decía el geólogo William Buckland, parecía una serpiente enhebrada en el cuerpo de una tortuga. Estos reptiles marinos nadaban con cuatro grandes aletas y vivieron desde hace unos 201 Ma, en el mismo inicio del Jurásico, hasta el final del Cretácico, hace 66 Ma. No eran dinosaurios ni antepasados de ningún animal actual. Eran un linaje propio de reptiles que se lanzó al mar y desarrolló dos planos corporales muy distintos.

El primer nombre científico, Plesiosaurus, «cercano a los lagartos», lo dieron en 1821 William Conybeare y Henry De la Beche. En diciembre de 1823, Mary Anning halló en Lyme Regis un esqueleto casi completo con un cuello tan absurdamente largo que Georges Cuvier sospechó un fraude hasta ver las pruebas. El cuello siguió sorprendiendo. En 1868, Edward Drinker Cope reconstruyó el Elasmosaurus de Kansas con la cabeza en la punta de la cola, un error que Joseph Leidy señaló en público. Los elasmosáuridos llevaron el plan al límite: Albertonectes, de Alberta, nombrado en 2012, medía unos 11,6 m y tenía 76 vértebras en el cuello, más que ningún otro animal conocido.

El otro plan era el del pliosaurio: cuello corto, cabeza enorme y dientes de cocodrilo. Kronosaurus, de Queensland, de hace unos 110 Ma, alcanzaba unos 9 o 10 m. Liopleurodon, famoso por la serie de 1999 Caminando entre dinosaurios con 25 m, medía en realidad unos 6 o 7 m. Los verdaderos récords impresionan igualmente. En 2022, el coleccionista Phil Jacobs encontró el hocico de un pliosaurio en la playa de la bahía de Kimmeridge, en Dorset; Steve Etches y sus colegas extrajeron después de un acantilado el resto de un cráneo de 2 m, de unos 150 millones de años.

¿Sabías que un Polycotylus del Museo de Historia Natural del Condado de Los Ángeles contiene un único embrión grande, de un tercio de la longitud de su madre, prueba de que los plesiosaurios parían crías vivas?

Ese ejemplar, descrito por Robin O'Keefe y Luis Chiappe en 2011, sugiere que los plesiosaurios tenían una sola cría grande cada vez y que quizá la cuidaban, como las ballenas. Cómo nadaban sigue discutiéndose. Cuatro aletas en forma de ala sugieren un «vuelo» submarino, y experimentos con un robot plesiosaurio en 2017 mostraron que las aletas traseras ganaban empuje con la estela de las delanteras. El cuello es otro debate: el estudio de las vértebras muestra que los elasmosáuridos no podían alzar la cabeza sobre el agua como un cisne.

Eso condena dos veces al monstruo del lago Ness: el lago lo excavaron los glaciares hace solo unos 10 000 años, y los plesiosaurios no mantenían el cuello erguido. Lo que sí hicieron fue dominar los mares durante 135 millones de años con un plan corporal que ningún animal vivo comparte.

Plesiosaurios: una familia, dos planes corporales, c. 201–66 Ma Nunca dinosaurios, nunca cuello de cisne, nunca en el Lago Ness. Plesiosauroideo cuello largo · cabeza pequeña Pliosauroideo cuello corto · cabeza enorme Elasmosaurus, c. 10 m Kronosaurus, c. 9–10 m hasta 76 vértebrasCuello largoAlbertonectes: 76 vértebras11,6 m · Alberta, 20121 Cabeza pequeñadientes de aguja para pecesCope 1868: ¡cabeza en la cola!2 cráneo hasta c. 2 mCabeza enormecráneo Westbrook c. 2 mKimmeridge Bay, Dorset, 20223Mito y realidadLiopleurodon: c. 6–7 mno los 25 m de la TV, 1999 Cuatro aletasvuelo subacuáticoestudio con robot, 20174 Parto vivoPolycotylus, KansasO'Keefe y Chiappe 20115
Fig. 84 · Plesiosaurios. Dos maneras de ser plesiosaurio: cuello largo y cabeza pequeña, o pliosaurio cabezón.
Capítulo 85 · Parte IX

Mosasaurios

En las canteras de creta de Sint-Pietersberg, a las afueras de Maastricht, en los Países Bajos, unos obreros hallaron hacia 1780 un enorme cráneo dentado. Cuando las tropas francesas sitiaron la ciudad en 1794, el cráneo se convirtió en botín de guerra; según la leyenda, se ofrecieron 600 botellas de vino a los soldados que lo trajeran, y acabó en el museo de París, donde sigue hoy. El animal recibió finalmente el nombre de Mosasaurus, «lagarto del Mosa», de William Conybeare en 1822, y el de Mosasaurus hoffmannii de Gideon Mantell en 1829. Georges Cuvier lo convirtió en uno de sus ejemplos clave para demostrar que las especies se extinguen de verdad.

Los mosasaurios eran escamosos, el grupo de los lagartos y las serpientes, y lo más parecido a dragones marinos que tuvo el Mesozoico. Aparecieron hace unos 98 Ma a partir de pequeños lagartos costeros como Dallasaurus, de Texas, que aún tenía pies, y en 30 millones de años se convirtieron en los superdepredadores de los mares del Cretácico superior. Su posición exacta entre los lagartos sigue en debate: unos estudios los sitúan cerca de los varanos, otros cerca de las serpientes, idea que ya planteó Edward Drinker Cope en 1869.

El mayor, Mosasaurus hoffmannii, alcanzaba probablemente unos 12 m o más. Tylosaurus, de la creta de Niobrara en Kansas, era casi igual de largo, con un ariete óseo en el hocico; un ejemplar de Dakota del Sur conserva en el estómago los restos de un plesiosaurio. No todos eran monstruos. Globidens tenía dientes redondeados como guijarros para triturar moluscos, y las minas de fosfato de Marruecos han proporcionado todo un gremio de especies, de cortadoras a trituradoras, que convivieron justo antes del final.

Las nuevas técnicas han reconstruido su cuerpo. En 2013, Johan Lindgren y sus colegas describieron un Prognathodon de Jordania con tejidos blandos conservados que mostraban una aleta caudal en forma de media luna, con el lóbulo inferior sostenido por una columna muy doblada, como una cola de tiburón invertida. Adiós al nadador anguiliforme: llegó un potente crucero. Los isótopos sugieren temperaturas corporales muy superiores a las del mar, y los embriones de un pariente antiguo, Carsosaurus, junto con huesos de recién nacidos en rocas de mar abierto, muestran que parían crías vivas.

¿Sabías que los mosasaurios tenían una segunda fila de dientes en el paladar, los dientes pterigoideos, que les ayudaban a hacer avanzar presas grandes por la garganta, como hacen hoy las serpientes?

Los mosasaurios aún prosperaban hace 66 Ma, cuando cayó el asteroide, y desaparecieron con él. Nos recuerdan que el océano cretácico no era un mundo residual, sino uno moderno y bullicioso, y que unos lagartos, con 30 millones de años y un nicho vacío, pueden convertirse en ballenas.

Mosasaurios: lagartos marinos de los últimos mares cretácicos De lagartos a ballenas en treinta millones de años. Squamata Mosasauroidea c. 98–66 Ma Otros lagartos gecos, iguanas, eslizones Dallasaurus Texas · c. 92 Ma · patas Platecarpus Kansas · escamas, cola fina ??VaranosVaranus · actualesSerpientesCope 1869: ¿parientes?¿Parentesco?varanos oserpientes: debate1 MosasaurusMaastricht c. 1780 · 12 m+2 TylosaurusKansas · hocico ariete3 PrognathodonJordania 2013 · aleta caudal4 Globidensdientes de guijarro · marisco5
Fig. 85 · Mosasaurios. El lugar de los mosasaurios entre los lagartos y cuatro de sus miembros más conocidos.
Capítulo 86 · Parte IX

Mamíferos en la sombra

Los mamíferos no esperaron a que se fueran los dinosaurios. Sus precursores aparecen en el registro fósil hace unos 205 Ma, poco después de los primeros dinosaurios, y durante los 140 millones de años siguientes vivieron a su lado. La vieja imagen era la de diminutos insectívoros parecidos a musarañas que correteaban de noche. Algo de cierto tiene: la mayoría eran pequeños y muchos probablemente nocturnos. Pero los descubrimientos desde los años noventa, sobre todo en China, han mostrado que los mamíferos mesozoicos fueron mucho más ingeniosos de lo que nadie esperaba.

Las primeras pruebas fueron dientes. En 1949, Walter Kühne describió Morganucodon en fisuras de caliza del sur de Gales, de hace unos 205 Ma, con diminutas muelas ya preparadas para masticar. Los dientes de mamífero son tan característicos que una sola muela puede identificar una especie, y durante décadas fue casi lo único que tenían los paleontólogos. Después, los finos sedimentos lacustres de Mongolia Interior y Liaoning empezaron a ofrecer esqueletos completos, con pelo incluido.

Castorocauda, nombrado en 2006 por Ji Qiang, Luo Zhe-Xi y sus colegas en Daohugou, de hace unos 164 Ma, tenía una cola plana y escamosa como la de un castor y dientes para atrapar peces. Volaticotherium, descrito por Meng Jin ese mismo año, y más tarde Maiopatagium tenían membranas de piel para planear entre los árboles, 100 millones de años antes que las ardillas voladoras. En la formación Morrison, en Colorado, Fruitafossor, nombrado en 2005, tenía garras excavadoras y dientes en forma de clavija, al parecer para comer termitas. En lo más alto de la escala de tamaños estaba Repenomamus giganticus, de Liaoning, de alrededor de 1 m y quizá 12 a 14 kg. En 2005, Hu Yaoming y sus colegas describieron un ejemplar de su primo menor, R. robustus, con los huesos de una cría de Psittacosaurus en el estómago.

¿Sabías que en 2023 se describió un fósil de Liaoning en el que un Repenomamus aparece trabado en combate con un Psittacosaurus mucho mayor que él, al parecer atacándolo cuando ambos quedaron sepultados por una colada de barro volcánico?

Nuestro propio linaje también estaba allí. Juramaia, descrito por Luo y sus colegas en 2011 en rocas datadas en unos 160 Ma, podría ser el pariente conocido más antiguo de los mamíferos placentarios, aunque su edad y posición se discuten. Eomaia, de 125 Ma, era un trepador cuyo contorno de pelo se conserva alrededor del esqueleto. Los mamíferos mesozoicos de más éxito fueron los multituberculados, herbívoros parecidos a roedores que duraron unos 100 millones de años.

¿Por qué siguieron siendo pequeños? Los dinosaurios ocupaban los nichos de los animales grandes, y los estudios genéticos y fósiles sugieren un cuello de botella nocturno: un análisis de Roi Maor y sus colegas de 2017 halló que los mamíferos solo se volvieron diurnos tras la extinción de los dinosaurios. Muchos de nuestros rasgos, del oído fino al olfato agudo, podrían ser herencia de aquellas largas noches.

Los mamíferos del Mesozoico no esperaban entre bastidores. Experimentaban en cada nicho que dejaban libre los dinosaurios, y cuando los gigantes cayeron, estaban listos.

Mamíferos en la sombra: el elenco mesozoico, c. 205–66 Ma Pequeños, pero activos en cada nicho que dejaban los gigantes. Mamíferos mesozoicos junto a dinosaurios · c. 205–66 Ma Primero, dientes Morganucodon, Gales · Kühne 1949 Turno de noche diurnos solo tras 66 Ma ExcavadoresmadriguerasFruitafossorcome termitasDocofossortipo topo, China1 Nadadoresorilla del aguaCastorocaudacola de castor164 Malago Daohugou2 Planeadoresde árbol en árbolVolaticotheriummembrana de pielMaiopatagiumc. 160 Ma3 Cazadorescomía dinosauriosRepenomamus1 m, 12–14 kgR. robustuscomía crías dino4 Ancestroslínea placentariaJuramaiac. 160 MaEomaia125 Ma5
Fig. 86 · Mamíferos en la sombra. Mamíferos del Mesozoico: excavadores, nadadores, planeadores, cazadores y ancestros.
Capítulo 87 · Parte IX

Primos de los cocodrilos: Sarcosuchus y Deinosuchus

A menudo se dice que los cocodrilos son fósiles vivientes, pero sus parientes mesozoicos eran mucho más variados que las unas 26 especies actuales, y dos de ellos crecieron lo bastante como para comer dinosaurios. Ninguno era dinosaurio, por supuesto. Cocodrilos y aves son las dos ramas supervivientes de los arcosaurios, de modo que un cocodrilo está más emparentado con un gorrión que con un lagarto.

Sarcosuchus imperator, «emperador cocodrilo carnívoro», vivió hace unos 112 Ma en lo que hoy es el desierto del Teneré, en Níger. Sus dientes y placas de armadura los recogió en el Sáhara desde la década de 1940 el geólogo francés Albert-Félix de Lapparent, y France de Broin y Philippe Taquet lo nombraron en 1966. En 1997 y 2000, las expediciones de Paul Sereno a Gadoufaoua extrajeron de la formación Elrhaz material mucho más completo, incluido un cráneo de 1,6 m. El equipo de Sereno estimó una longitud de 11 a 12 m y un peso de hasta 8 toneladas; estudios posteriores, calibrados con otros cocodrilos vivos, sugieren más bien 9 o 10 m. Su hocico terminaba en una extraña protuberancia bulbosa, la bulla, cuya función se desconoce. Contando los anillos de crecimiento de las placas óseas del lomo, el equipo calculó que tardaba unos 50 a 60 años en alcanzar su tamaño adulto. Compartía los ríos con Suchomimus y Ouranosaurus.

En sentido estricto, Sarcosuchus no era un cocodrilo sino un primo lejano, un folidosáurido ajeno al grupo que incluye a las especies actuales. Deinosuchus, en cambio, era un verdadero cocodrilo, un pariente gigante de los aligátores. Vivió hace unos 82 a 73 Ma en ambas orillas de la Vía Marítima Interior Occidental que partía en dos Norteamérica, de Texas y Montana al oeste a Georgia y Carolina del Norte al este. William J. Holland lo nombró en 1909 a partir de placas de armadura de Montana. Las estimaciones de tamaño van de unos 8 m a más de 10 m. Su ancho hocico tenía dientes romos y robustos, y en 2020 Adam Cossette y Christopher Brochu descubrieron que también tenía una bulla en la punta del hocico.

¿Sabías que los dientes de Deinosuchus eran tan gruesos y romos que el paleontólogo David Schwimmer sostuvo que muchos servían para triturar caparazones de tortuga, una comida que ha dejado caparazones mordidos en Georgia?

Las marcas de mordedura en huesos de hadrosaurios y otros dinosaurios muestran que Deinosuchus también cazaba dinosaurios, probablemente al acecho en la orilla, como hacen hoy los cocodrilos del Nilo con los ñus. Un cocodrilo marino actual, el mayor reptil vivo, alcanza unos 6 m; Deinosuchus pudo medir casi el doble.

Estos gigantes muestran que el plan corporal del cocodrilo nunca fue un callejón sin salida. Era tan bueno que los cocodrilos sobrevivieron al asteroide que mató a sus gigantescos vecinos dinosaurios, y todavía hoy siguen al acecho.

Primos de los cocodrilos: gigantes en la orilla Más grandes que un autobús y capaces de acechar dinosaurios. 0 2 4 6 8 10 12 m 1 m = 30 px · longitudes estimadas Sarcosuchus imperator · Níger · c. 112 Ma¿9,5–12 m?Sarcosuchuscráneo 1,6 m · hasta 8 tSereno 2001; Fm. Elrhaz1 bullaLa bullapunta del hocico hinchadafunción desconocida2 Deinosuchus · Norteamérica · c. 82–73 Ma8–10 m+Deinosuchuscrocodilio verdaderoHolland 1909, Montana3 caparazón mordidoPresas mordidastortugas, hadrosauriosSchwimmer: trituradores4 cocodrilo marino · c. 6 m1,8 mCocodrilo marinomayor reptil vivomitad que Deinosuchus5
Fig. 87 · Primos de los cocodrilos: Sarcosuchus y Deinosuchus. Dos parientes gigantes de los cocodrilos junto a un cocodrilo marino y una persona.
Capítulo 88 · Parte IX

Llegan las plantas con flores

Durante la mayor parte de la era de los dinosaurios no hubo flores. Los paisajes jurásicos eran verdes pero, a nuestros ojos, sin color: coníferas, cícadas, ginkgos, helechos y colas de caballo. Luego, en el Cretácico inferior, apareció un nuevo tipo de planta que en unos 40 millones de años transformó la tierra firme. Hoy, las plantas con flores, las angiospermas, suman alrededor del 90 % de las especies vegetales del planeta. Charles Darwin llamó a su súbito auge un «abominable misterio» en una carta de 1879 a su amigo Joseph Hooker.

La prueba más antigua ampliamente aceptada es el polen. Los granos de polen de angiosperma tienen una pared característica, y granos de este tipo aparecen en rocas de hace unos 136 a 130 Ma de Israel, Italia y el sur de Inglaterra. Las plantas completas llegan después. En 2015, Bernard Gomez, David Dilcher y sus colegas reexaminaron Montsechia vidalii, de las calizas del Pirineo español, de hace unos 130 Ma, y defendieron que era una planta con flores sumergida, similar al actual cornical. En la formación Yixian de Liaoning, de hace unos 125 Ma, Sun Ge y sus colegas describieron Archaefructus en 1998 y 2002: una esbelta planta acuática con semillas encerradas en pequeñas vainas, pero sin pétalos.

Aquellas primeras angiospermas eran sobre todo pequeñas plantas pioneras de suelos removidos y orillas de lagos. Su baza era la rapidez. Las plantas con flores pueden ir de semilla a semilla en semanas, encierran sus semillas en un fruto y reclutan animales para transportar el polen. En el grupo Potomac, en Maryland y Virginia, James Doyle y Leo Hickey siguieron cómo sus hojas se hacían más grandes y complejas a lo largo del Cretácico medio. Hacia hace 100 a 90 Ma, las plantas con flores dominaban muchas floras en número de especies, aunque las coníferas seguían formando buena parte del bosque.

Los relojes moleculares, que estiman edades a partir de las diferencias de ADN entre plantas actuales, suelen situar su origen mucho antes, en el Jurásico o incluso el Triásico. Las supuestas flores jurásicas, como Nanjinganthus, descrita en China en 2018, siguen siendo polémicas. La brecha entre relojes y rocas es uno de los debates vivos del campo.

¿Sabías que unas heces fósiles de la formación Lameta, en la India, de hace unos 66 Ma, contienen diminutos cuerpos de sílice de gramíneas, lo que demuestra que los titanosaurios comían hierba mucho antes de que se extendieran las praderas?

¿Impulsaron los dinosaurios el cambio? Robert Bakker sugirió en su día que los dinosaurios que ramoneaban a ras de suelo favorecieron a las plantas con flores al despejar el terreno, pero la idea tiene poco apoyo directo. Lo que sí está claro es que, a finales del Cretácico, hadrosaurios y ceratopsios se alimentaban en un mundo de magnolias, laureles y nenúfares que en buena parte nos resultaría familiar. Las flores sobrevivieron a los dinosaurios y han dado forma desde entonces a casi todos los ecosistemas terrestres.

Llegan las plantas con flores, c. 136–66 Ma En cuarenta millones de años, las flores pasaron de rarezas a dominar la tierra. Cretácico Inferior Cretácico Superior 140 130 120 110 100 90 80 70 Ma Hierba en heces Fm. Lameta, India c. 66 Ma · fitolitos coprolitos de titanosaurio Darwin a Hooker, 1879: «un misterio abominable» Primer polenIsrael, Italia, Ingl.c. 136–130 Ma1 MontsechiaPirineos, Españac. 130 Ma · acuática2 ArchaefructusFm. Yixian, China125 Ma · sin pétalos3 Grupo PotomacDoyle y Hickeyhojas más complejas4 Dominan las floresmayoría de especiesc. 100–90 Ma5
Fig. 88 · Llegan las plantas con flores. Cómo las flores pasaron de rarezas a plantas dominantes en unos 40 millones de años.
Capítulo 89 · Parte IX

Insectos, polinizadores y ámbar

Los insectos eran veteranos mucho antes de que naciera el primer dinosaurio. Llevaban más de 100 millones de años volando y superarían todas las crisis del Mesozoico. La era de los dinosaurios fue también la época en que los insectos inventaron la polinización, y buena parte de lo que sabemos de ellos procede de un material extraordinario: el ámbar.

La polinización empezó antes que las flores. En 2009, Ren Dong y sus colegas describieron mecópteros jurásicos de China con piezas bucales largas y tubulares, aptas para sorber líquidos azucarados de los conos de las gimnospermas. En 2016, Conrad Labandeira y sus colegas mostraron que los kalligrammátidos, neurópteros de hace unos 165 a 120 Ma, se parecían asombrosamente a las mariposas, con ocelos en las alas y largas trompas, aunque las mariposas no aparecerían hasta decenas de millones de años después. Los escarabajos también fueron polinizadores tempranos: uno atrapado en ámbar de Birmania, descrito en 2017, llevaba polen de cícada.

El ámbar empieza siendo resina, la defensa pegajosa que los árboles segregan cuando se hieren. Insectos, plumas y semillas quedan atrapados. Si la resina queda enterrada en sedimentos, sus aceites volátiles escapan y sus moléculas se unen en largas cadenas; esa resina joven se llama copal, y a lo largo de millones de años se endurece hasta convertirse en ámbar. El ámbar rico en insectos más antiguo procede del Líbano, de hace unos 130 Ma. El yacimiento más productivo está en el valle de Hukawng, en el estado de Kachin, en Birmania, datado en unos 99 Ma mediante la relación uranio-plomo de cristales de circón volcánico.

Ese ámbar de Kachin ha dado maravillas. En 2016, Xing Lida y sus colegas describieron una cola de dinosaurio con plumas, apodada Eva, que Xing había visto en un mercado de Myitkyina; la tomografía reveló ocho vértebras y plumas con su fina estructura intacta. En 2017, Enrique Peñalver y sus colegas describieron una garrapata aferrada a una pluma. En 2019 se halló un escarabajo mordélido, Angimordella, cargado de polen de angiosperma, la prueba directa más antigua de un insecto polinizando una flor. Pero el ámbar de Kachin se extrae en una zona de conflicto, y desde 2020 la Society of Vertebrate Paleontology pide a los científicos que no trabajen con material adquirido allí después de 2017.

¿Sabías que Parque Jurásico acertó con el ámbar y se equivocó con el ADN? Un estudio de 2012 sobre huesos de moa estimó la vida media del ADN en unos 521 años, así que en un mosquito de 99 millones de años no sobrevive ningún genoma de dinosaurio aprovechable.

El ámbar importa porque conserva lo que la roca destruye: cuerpos blandos, alas, dibujos de color, incluso instantes de comportamiento. Nos muestra el pequeño mundo zumbador por el que caminaban los dinosaurios, y demuestra que la alianza entre flores y polinizadores, de la que hoy depende nuestra alimentación, se forjó en el Cretácico.

De la resina al ámbar: una trampa de 99 millones de años El ámbar guarda lo que la roca destruye: alas, plumas, instantes. No hay ADN de dinosaurio en el ámbar vida media del ADN c. 521 años (moa, 2012) · mito de Jurassic Park Garrapata en una pluma Peñalver et al. 2017 ámbar de Kachin TC + sincrotrón Resinadefensa de coníferagotas trampainsectos, granos,plumas1 Del enterramiento al copalsalen aceites, polimerizacopal: joven, blando2 ÁmbarKachin, Myanmarc. 98,8 Ma, U-Pb en circónLíbano: c. 130 Ma3 Eva, una cola de dinosaurioXing Lida et al. 20168 vértebras, escaneadas4 Escarabajo del polenAngimordella, 2019primer insecto polinizador5
Fig. 89 · Insectos, polinizadores y ámbar. Cómo la resina se vuelve ámbar, y hallazgos famosos del ámbar de Kachin de 99 Ma.
Capítulo 90 · Parte IX

Hell Creek: el último mundo de los dinosaurios

Las tierras baldías del este de Montana, en torno al pueblo de Jordan y las orillas del embalse de Fort Peck, son un laberinto de colinas grises y pardas talladas por el viento y las crecidas repentinas. Sus rocas forman la formación Hell Creek, unos 90 m de areniscas y lutitas depositadas por ríos que fluían hacia el este, hacia una Vía Marítima Interior Occidental en retirada, entre hace unos 67 y 66 Ma. Registran el último capítulo de la era de los dinosaurios, y en lo alto una fina capa de arcilla marca el final.

El primer gran nombre llegó pronto. En 1902, Barnum Brown, del Museo Americano de Historia Natural, encontró aquí un esqueleto parcial que Henry Fairfield Osborn bautizó Tyrannosaurus rex en 1905, y en 1907 Brown dio nombre a la propia formación. Las rocas de Hell Creek se extienden también por las Dakotas y Wyoming, donde se encuentra la formación Lance, equivalente, y desde entonces han dado a Sue, al rex de Wankel y a decenas de esqueletos famosos más.

Su fauna se conoce notablemente bien. Entre 1999 y 2010, el Hell Creek Project de Jack Horner, del Museo de las Rocosas, prospectó la formación de forma sistemática y contó cada dinosaurio grande hallado. Triceratops era con mucho el más común, alrededor del 40 % de los ejemplares, y T. rex sorprendentemente frecuente, más o menos tanto como el hadrosaurio Edmontosaurus. Junto a ellos vivían Ankylosaurus, Pachycephalosaurus, el pequeño herbívoro Thescelosaurus, el oviraptorosaurio picudo Anzu, nombrado en 2014, y el raptor Acheroraptor. Los huesos pequeños completan la escena: el mamífero Didelphodon, parecido a una zarigüeya, con un mordisco capaz de romper conchas de caracol, además de ranas, salamandras, tortugas, cocodrilos y el hocicudo Champsosaurus.

La vegetación era un bosque mixto dominado por árboles y arbustos con flores. Kirk Johnson y sus colegas recogieron decenas de miles de hojas fósiles en Hell Creek y en las rocas superiores de Dakota del Norte, y vieron que más de la mitad de las especies vegetales desaparecen en el límite. Los estratos de ceniza volcánica de la formación permiten la datación por argón-argón, y en 2013 Paul Renne y sus colegas fecharon el límite en unos 66,04 Ma, en coincidencia con el impacto en México.

¿Sabías que parte de los tejidos blandos que Mary Schweitzer dio a conocer en 2005, vasos flexibles del interior de un hueso de dinosaurio, procedía de un T. rex de Hell Creek que hubo que partir para que un helicóptero pudiera levantarlo?

¿Estaban ya en declive los dinosaurios? Algunos investigadores sostienen que su diversidad caía a finales del Cretácico; los estudios de Peter Sheehan, David Fastovsky y otros en Hell Creek los encontraron prósperos hasta el mismo límite. El debate continúa, pero las rocas muestran un mundo pleno y bullicioso. Hell Creek es el último día de los dinosaurios mejor documentado, un mundo que termina a mitad de frase.

Hell Creek: el último mundo de los dinosaurios en un bloque de roca Un mundo lleno y activo, hasta una fina línea gris. Fm. Fort Union lignito Fm. Hell Creek c. 90 m de grosor Ar. Fox Hills orilla del mar Condado de Garfield, Montana · c. 67–66 Ma Arenas de canal fluvialprimer T. rex, 1902Barnum Brown, AMNH1 Lodos de llanuraTriceratops c. 40 %Hell Creek Project2 El elenco menorDidelphodon, Anzu,Acheroraptor, tortugas3 Capas de cenizadatadas por argón-argónRenne 2013: 66,04 Ma4 arcilla K-PgArcilla del límiterica en iridiosin dinosaurios encima5
Fig. 90 · Hell Creek: el último mundo de los dinosaurios. Un bloque de roca de Hell Creek, de las arenas fluviales a la arcilla del límite final.
Parte X

Extinción y legado

El asteroide, los supervivientes, las 11 000 especies de dinosaurios vivos y lo que aún no sabemos.

Capítulo 91 · Parte X

El impacto de Chicxulub

Hace unos 66,04 Ma, una roca de unos 10 km de diámetro chocó contra el mar poco profundo que bañaba el norte de la península de Yucatán, en el actual México. Viajaba quizá a 20 km por segundo y llegó desde el noreste con un ángulo pronunciado, de unos 60 grados. En pocos minutos excavó un hueco de unos 30 km de profundidad que se desplomó y formó el cráter de Chicxulub, de unos 180 km de ancho. Debe su nombre al pequeño puerto de Chicxulub Puerto, cercano a su centro. En la superficie no se ve nada: toda la estructura yace bajo aproximadamente 1 km de calizas más jóvenes.

Se descubrió por casualidad. En 1978, dos geofísicos de la petrolera mexicana Pemex, Glen Penfield y Antonio Camargo, advirtieron un enorme arco enterrado en estudios magnéticos y gravimétricos. Lo presentaron en un congreso en 1981, pero casi nadie prestó atención. Solo en 1991 Alan Hildebrand y sus colegas lo relacionaron con el final del Cretácico, gracias a viejos testigos de perforación de Pemex que contenían cuarzo de choque y roca fundida. Las esférulas vítreas halladas en Beloc, Haití, apuntaban en la misma dirección. En las imágenes de satélite, un anillo de cenotes, las dolinas inundadas de Yucatán, dibuja el borde enterrado.

Hoy la datación es precisa. En 2013, Paul Renne y sus colegas midieron isótopos de argón en vidrio de impacto y en cenizas de Montana y obtuvieron 66,04 Ma, lo que hace coincidir la extinción con el impacto con un margen de unas decenas de miles de años. En 2016, la plataforma de perforación de la Expedición 364, dirigida por Joanna Morgan y Sean Gulick, extrajo testigos del anillo de picos del cráter, un círculo interior de montañas. Entre unos 750 m y 1,3 km bajo el lecho marino hallaron un granito rosado que normalmente se encuentra a unos 10 km de profundidad. Fue lanzado hacia arriba en minutos, y sus cristales fracturados aún registran el choque.

El problema no fue solo la explosión. El blanco era un fondo marino de caliza y yeso, rico en carbono y azufre. Al vaporizarse, inyectó en la estratosfera una bruma de sulfatos que veló el Sol durante años. Siguieron incendios, tsunamis de varios metros en torno al golfo de México y un invierno frío y oscuro. En 2024, un estudio de isótopos de rutenio concluyó que el impactor era un asteroide carbonáceo formado más allá de la órbita de Júpiter.

¿Sabías que los testigos del cráter muestran animales excavadores de vuelta en el fondo marino a los pocos años, y un plancton próspero al cabo de unos 30 000 años?

Chicxulub convirtió un lento desvanecimiento en un suceso fechado con pruebas irrefutables. Demostró que la historia de la Tierra puede verse interrumpida por catástrofes llegadas del espacio, una lección que hoy guía la defensa planetaria. La peor tarde de la historia de la vida compleja tiene dirección.

Chicxulub: un cráter de 180 km bajo Yucatán, 66,04 Ma La peor tarde de la historia de la vida tiene dirección. Golfo de México Yucatán tapa de caliza plataforma cretácica basamento granítico corte por el centro, profundidad exagerada c. 180 km c. 10 kmEl impactorasteroide de c. 10 kmdesde el NE, c. 60°1 M0077A, 2016Granito del anilloExpedición 364elevado c. 10 km2 Blanco rico en azufrecaliza + yesoneblina de sulfatos, años3 Borde enterrado, cenotestapa de caliza de c. 1 kmcenotes marcan el borde4 Lluvia de restosarcilla Ir, vidrioMontanaHaitíGubbio5
Fig. 91 · El impacto de Chicxulub. Cráter de 180 km bajo Yucatán, perforado en 2016: el peor día de la historia de la vida.
Capítulo 92 · Parte X

La hipótesis de Álvarez

En la garganta del Bottaccione, a las afueras de la ciudad medieval de Gubbio, en el centro de Italia, unos estratos de caliza rosada registran millones de años de fondo marino tranquilo. Entre el último estrato del Cretácico y el primero del Paleógeno hay una capa de arcilla de aproximadamente 1 cm. En la década de 1970, el geólogo Walter Alvarez estudiaba estas rocas por su registro de inversiones magnéticas y observó que el diminuto plancton fósil cambiaba de golpe a uno y otro lado de la arcilla. ¿Cuánto tiempo, se preguntó, había tardado en depositarse aquella fina capa?

Llevó la pregunta a su padre, Luis Alvarez, físico de Berkeley y premio Nobel de Física en 1968. Luis propuso medir el iridio, un metal escaso en la corteza terrestre pero aportado a un ritmo lento y constante por el polvo de meteoritos. Más iridio significaría más tiempo. Los químicos nucleares Frank Asaro y Helen Michel, del Lawrence Berkeley Laboratory, analizaron las muestras por activación neutrónica, un método capaz de detectar partes por mil millones. Como reloj, el resultado no tenía sentido: la arcilla contenía unas 30 veces el iridio normal en Gubbio, y unas 160 veces en Stevns Klint, Dinamarca.

En junio de 1980, los cuatro publicaron en Science «Extraterrestrial cause for the Cretaceous-Tertiary extinction». Propusieron que un asteroide de unos 10 km había chocado con la Tierra, esparcido polvo por todo el planeta, detenido la fotosíntesis y hundido las cadenas alimentarias. Pocas semanas antes, el geólogo neerlandés Jan Smit había descrito un pico de iridio en Caravaca, España, y había llegado por su cuenta a la misma conclusión.

La idea dividió a la ciencia. Muchos paleontólogos sostenían que los dinosaurios llevaban millones de años en declive y que un único golpe era demasiado sencillo. Los geofísicos Charles Officer y Charles Drake sugirieron que el iridio podía proceder de volcanes. Faltaba un cráter. Las pruebas se acumularon en los años ochenta: en 1984, Bruce Bohor encontró cuarzo de choque, granos surcados por estrías que solo producen las presiones de un impacto, en el límite en Montana; el iridio apareció en más de cien lugares, en tierra y en testigos del fondo oceánico. Y en 1991 se identificó Chicxulub, del tamaño y la edad adecuados.

¿Sabías que Walter Alvarez contó la historia al gran público en 1997, en un libro titulado T. rex and the Crater of Doom?

En 2010, una revisión firmada por Peter Schulte y unos cuarenta colegas concluyó que el impacto fue la causa principal de la extinción. El papel de los volcanes sigue en debate, pero la hipótesis cambió la forma de pensar de la geología: los sucesos repentinos, y no solo los procesos lentos, moldean la historia de la vida. Una pregunta sobre cuánto se tarda en depositar un centímetro de arcilla terminó con una piedra caída del cielo.

La hipótesis de Álvarez: quiénes leyeron un asteroide Demasiado iridio para un reloj: una piedra del cielo. La hipótesis de Álvarez Science, 6 de junio de 1980 caliza paleógena 1 cm de arcilla rica en iridio caliza cretácica garganta del Bottaccione, Gubbio Scaglia Rossa, Umbría Equipo de Berkeleylos cuatro autoresLuis Álvarezfísico, Nobel 1968Walter Álvarezgeólogo, GubbioAsaro + Michelactivación neutrónica1 Sitios del límitepicos de iridioGubbio, Italiac. 30x el Ir normalStevns KlintDinamarca, c. 160xCaravaca, EspañaJan Smit, 19802 Escépticosdeclive lento, volcanesPaleontólogosdeclive gradualOfficer + Drakeiridio volcánicoGerta Kellervulcanismo del Decán3 Confirmadoreslas pruebas se acumulanBruce Bohorcuarzo chocado, 1984Alan HildebrandChicxulub, 1991Schulte et al.consenso, 20104
Fig. 92 · La hipótesis de Álvarez. Un padre, un hijo y dos químicos leyeron un asteroide en 1 cm de arcilla italiana.
Capítulo 93 · Parte X

Los traps del Decán

Al adentrarse en los Ghats Occidentales, al este de Bombay, las colinas se elevan en peldaños gigantes. Cada peldaño es una colada de lava, y la pila supera los 2 km en Mahabaleshwar. Son los traps del Decán, del sueco trappa, escalera. Hoy cubren unos 500 000 km² del oeste de la India; antes de la erosión quizá ocupaban el triple de superficie, con un volumen de tal vez un millón de kilómetros cúbicos. Es una de las mayores efusiones volcánicas de la historia de la Tierra.

No fue un volcán en el sentido habitual. Mientras la India derivaba hacia el norte sobre el punto caliente que hoy alimenta la isla de Reunión, la roca fundida ascendía por largas fisuras e inundaba el terreno en mantos, y algunas coladas recorrieron cientos de kilómetros. Entre erupciones volvían los suelos, los lagos y la vida. Estos niveles intertrápicos contienen fósiles de agua dulce, y los sedimentos situados justo bajo las lavas, la formación Lameta, guardan nidos de titanosaurios y la serpiente Sanajeh, hallada enroscada junto a un huevo de saurópodo en Dholi Dungri, en Guyarat.

Erupciones de esta escala expulsan dióxido de carbono y dióxido de azufre. Por eso los traps del Decán son el gran rival del asteroide. La geóloga Gerta Keller, de Princeton, defiende desde hace tiempo que el calentamiento y la lluvia ácida volcánicos causaron la mayor parte del daño. Todo depende de la cronología, y en febrero de 2019 Science publicó dos estudios en paralelo. El equipo de Blair Schoene, en Princeton, fechó circones de cenizas con el método uranio-plomo y halló cuatro pulsos, el mayor de ellos iniciado decenas de miles de años antes del impacto. Courtney Sprain y Paul Renne, en Berkeley, fecharon los propios basaltos con argón y concluyeron que la mayor parte de la lava salió después del límite, a un ritmo más regular.

¿Sabías que una propuesta de Renne y sus colegas, de 2015, plantea que el impacto de Chicxulub sacudió el planeta con tanta fuerza que aceleró las erupciones del Decán ya en marcha?

Otros indicios ayudan. En 2020, Pincelli Hull y sus colegas combinaron registros de temperatura oceánica con modelos climáticos y concluyeron que la mayor parte de los gases del Decán escapó mucho antes del límite, calentando los océanos unos 2 °C sin desencadenar una extinción masiva. El colapso repentino coincide, en cambio, con la capa de iridio. Muchos investigadores ven hoy las erupciones como un factor de estrés que hizo más frágil el mundo del Cretácico final, y el impacto como el golpe de gracia. Otros siguen atribuyendo a los volcanes un papel mayor, y el debate está vivo.

Las grandes provincias basálticas se relacionan con otras extinciones masivas, como la Gran Mortandad de hace 252 Ma, de modo que la cuestión del Decán va más allá de los dinosaurios. Es un caso de estudio sobre la rapidez con que la liberación de carbono altera el clima y sobre cuánto puede soportar un mundo vivo. La escalera de los Ghats recuerda que el planeta puede ser peligroso tanto desde abajo como desde arriba.

Los traps del Decán: una escalera de lava, c. 66,3–65,6 Ma ¿Un estrés desde abajo y un golpe desde arriba? 0 km 1 km 2 km sección compuesta, Ghats Occidentales, esquema Fm. Lametahuevos, SanajehCapas Lametanidos de titanosaurioserpiente junto a un huevo1 KalsubaiLonavalaPrimeras coladaserupciones fisuralespunto caliente de Reunión2 PoladpurAmbenaliMahabaleshwarSubgrupo Waigrueso de la lavaSubgrupo Waide Poladpur a Mahabaleshwarmás de 2 km en total3 ¿Límite K-Pg?El límitecerca de la base de WaiRenne et al. 20154 ritmo eruptivo, esquema66,0 MaU-PbAr-ArDos relojes, 2019U-Pb: pulso antesAr-Ar: casi todo después5
Fig. 93 · Los traps del Decán. Lava apilada en 2 km en el oeste de la India al final del Cretácico. ¿Cuánto influyó?
Capítulo 94 · Parte X

Tanis: el día en que cayó el cielo

A unos 3000 km al norte de Chicxulub, en las tierras baldías del suroeste de Dakota del Norte, hay un yacimiento de la formación Hell Creek que su excavador bautizó como Tanis. Robert DePalma, entonces estudiante de doctorado, empezó a excavar allí en 2012. En 2019, junto con un equipo internacional que incluía a Walter Alvarez y Jan Smit, lo describió en Proceedings of the National Academy of Sciences. Según ellos, Tanis registra la primera hora tras el impacto, minuto a minuto.

El depósito es una capa caótica de aproximadamente 1,3 m de espesor, dejada por una oleada de agua que remontó el cauce de un río. En ella yacen peces fósiles enredados y alineados con la corriente, sobre todo peces espátula y esturiones. Muchos tienen diminutas cuentas de vidrio alojadas en las branquias. Son esférulas de impacto, gotitas de roca fundida en Chicxulub, lanzadas al espacio y caídas de nuevo como lluvia. Los peces las respiraron estando aún vivos. Las esférulas también dejaron pequeños cráteres en el barro y rellenan los embudos que abrieron al hundirse en el suelo blando.

La cronología sería así. Las ondas sísmicas del impacto, equivalentes a un terremoto muy superior a cualquiera registrado, llegaron en pocos minutos. El equipo propuso que las sacudidas generaron un seiche, una oscilación de una masa de agua, que empujó el agua cauce arriba. Las esférulas, en trayectorias balísticas, habrían caído entre unos 13 y 20 minutos después del impacto, mientras las oleadas seguían llegando. Más tarde, en meses o años, la fina lluvia de partículas de todo el mundo se posó encima. En Tanis, el depósito está coronado por una arcilla con la firma de iridio presente en el límite en todo el planeta.

¿Sabías que las líneas de crecimiento de los huesos de los peces espátula de Tanis, estudiadas con sincrotrón, muestran que murieron en primavera?

Esa pista estacional la publicaron en 2022 Melanie During, Jan Smit y Per Ahlberg, que usaron escáneres de rayos X e isótopos de carbono para mostrar que los peces estaban en su fase de crecimiento primaveral. El equipo de DePalma llegó a la misma conclusión por su cuenta. La primavera pudo importar, porque en el hemisferio norte los animales se estaban reproduciendo y eran vulnerables, mientras que el hemisferio sur entraba en otoño.

Tanis también es polémico. Algunos de sus hallazgos más espectaculares, como una pata de Thescelosaurus con piel mostrada en 2022 en un documental de la BBC con David Attenborough, aún no se han descrito por completo en revistas con revisión por pares, y se han planteado dudas sobre algunos datos publicados por DePalma. Muchos especialistas aceptan los resultados principales mientras esperan el resto. Si se confirman, Tanis ofrece lo que la geología casi nunca da: un suceso registrado en minutos y no en milenios. Es lo más parecido que tenemos a una fotografía del final del Cretácico.

Tanis: la primera hora tras el impacto, minuto a minuto Un día registrado en minutos, no en milenios. 0 min c. 10 min 13–20 min primera hora meses–años arenas de Hell Creek capa del evento, c. 1,3 m Tanis, suroeste de Dakota del Norte · DePalma et al. 2019 ImpactoChicxulubTanis a c. 3000km al norte1 Oleaje de seicheondas sísmicasremontan el canalel agua oscila2 Lluvia de vidrioesférulasperlas de c. 1 mmpicotean el lodo3 Vidrio branquialpez espátulay esturionesmurió en primavera4 Capa de iridiolluvia globalarcilla del límiteencima5arcilla con iridio
Fig. 94 · Tanis: el día en que cayó el cielo. En Dakota del Norte, peces con vidrio del impacto en las branquias narran la primera hora.
Capítulo 95 · Parte X

Quién sobrevivió y por qué

La extinción del final del Cretácico acabó con cerca de tres cuartas partes de todas las especies. Murieron todos los dinosaurios no avianos, junto con los pterosaurios, los mosasaurios y los plesiosaurios, y los amonites enrollados que habían poblado los mares durante más de 300 millones de años. Sin embargo, cocodrilos, tortugas, ranas, salamandras, serpientes, lagartos, mamíferos y algunas aves salieron adelante. Averiguar por qué es trabajo de detective: contar fósiles especie por especie por debajo y por encima de la arcilla del límite.

El patrón más claro es el tamaño. Pocos animales terrestres de más de unos 25 kg sobrevivieron, si es que alguno lo hizo. Los animales grandes necesitan mucho alimento, se reproducen despacio y forman poblaciones pequeñas, todo ello fatal cuando las plantas dejan de crecer durante meses. Incluso entre los pequeños el balance fue duro. En 2012, Nicholas Longrich y sus colegas hallaron que había desaparecido alrededor del 83 % de las especies de lagartos y serpientes del oeste de Norteamérica, y un estudio de 2016 de Longrich y otros cifró allí las pérdidas de mamíferos en más del 90 %.

El segundo patrón es el alimento. Sin luz solar, la base verde de la cadena alimentaria se hundió, pero la materia muerta no. Los animales de agua dulce, cuyas redes tróficas se basan en hojas en descomposición y detritos, resistieron mucho mejor que los de tierra firme o mar abierto. Eso ayuda a explicar por qué cocodrilos y tortugas de los ríos de Hell Creek, en Montana, reaparecen justo encima del límite. Las semillas también aguantaron: en 2016, Derek Larson y sus colegas sostuvieron que las aves desdentadas con pico, capaces de partir semillas, sobrevivieron a las aves con dientes.

El tercero es el refugio y la vida lenta. Los mamíferos excavadores, los reptiles que hibernan y los animales capaces de quedar aletargados escaparon de lo peor del frío y de los incendios. En el mar, los nautiloideos sobrevivieron y los amonites murieron: los nautiloideos ponen unos pocos huevos grandes en aguas profundas y crecen despacio, mientras que las crías de amonite flotaban en el plancton cerca de la superficie. En 2018, Daniel Field y sus colegas mostraron con registros de polen que los bosques se hundieron en todo el mundo, y propusieron que los antepasados de las aves modernas vivían en el suelo y no necesitaban árboles.

¿Sabías que justo encima del límite, en muchos yacimientos, las esporas de helecho superan por un tiempo a todos los demás pólenes, el llamado «pico de helechos» de las plantas que recolonizan un paisaje quemado?

En algunos lugares la recuperación fue rápida. En Corral Bluffs, Colorado, el equipo de Tyler Lyson e Ian Miller describió en 2019 cómo la diversidad de mamíferos se recuperó en unos 100 000 años y las especies mayores alcanzaron unos 50 kg en 700 000 años, a medida que se extendían plantas nuevas como las leguminosas. Sobrevivir no dependía de ser superior, sino de ser pequeño, estar a resguardo y saber esperar. En una catástrofe, la suerte se parece mucho a la modestia.

Quién sobrevivió al final del Cretácico, y por qué En una catástrofe, la suerte se parece mucho a la modestia. Perdido: c. 75 % de especies Cruzaron el límite Rasgo ejemplos de Hell Creek, Montana, y los mares cretácicos T. rex, Triceratopstoneladas; cría lentaTamaño corporalmamíferos tipo musarañamenos de c. 25 kg1 herbívoros terrestressin brotes nuevosRed tróficacocodrilos, tortugas, ranasdetritos de agua dulce2 aves con dientesenantiornitesDietagranívoros con picoancestros de gallináceas3 aves arborícolasbosques hundidosRefugioexcavadores, durmientesletargo, agujeros4 amonites, mosasaurioscrías planctónicasVida marinanautiloideoshuevos grandes, aguas hondas5
Fig. 95 · Quién sobrevivió y por qué. Pequeños, resguardados, de vida lenta y capaces de comer restos: los rasgos que pasaron.
Capítulo 96 · Parte X

Las aves: dinosaurios vivientes

Hoy viven unas 11 000 especies de aves, casi el doble que de mamíferos. Cada una de ellas, desde el zunzuncito de Cuba, de unos 6 cm y 2 g, hasta el avestruz, que puede alcanzar unos 2,7 m, es un dinosaurio. No un descendiente de los dinosaurios en sentido vago, sino un miembro del grupo, igual que el murciélago es un mamífero. Las aves son terópodos, la rama que incluye también a Tyrannosaurus y Velociraptor.

La prueba descansa en la anatomía compartida. Las aves y sus parientes terópodos tienen huesos huecos conectados a sacos aéreos, una fúrcula formada por las clavículas soldadas, tres dedos principales dirigidos hacia delante, una muñeca giratoria y, por supuesto, plumas, conocidas hoy en decenas de dinosaurios no avianos. El comportamiento también fosiliza. Ejemplares de Citipati de Mongolia aparecen sobre sus nidos con los brazos extendidos, en postura de incubación, y el pequeño troodóntido Mei long, de Liaoning, murió enroscado y dormido, con la cabeza bajo el brazo, como duerme un pato. La histología ósea muestra que algunos dinosaurios formaban hueso medular rico en calcio para la cáscara de sus huevos, como las hembras de las aves.

Solo unos pocos linajes de aves cruzaron el límite hace 66 Ma. Las enantiornitas con dientes, las aves más diversas del Cretácico, desaparecieron con el resto de los dinosaurios. Los supervivientes pertenecían a Neornithes, el grupo de las aves modernas. Dos fósiles muestran que ya existía antes del impacto. Vegavis iaai, de hace unos 67 Ma, de la isla Vega en la Antártida, fue descrito en 2005 por Julia Clarke y sus colegas como pariente de patos y gansos. Asteriornis maastrichtensis, un cráneo hallado en una cantera cerca de Maastricht, en la frontera entre Bélgica y los Países Bajos, apodado el «Wonderchicken», fue descrito en 2020 por Daniel Field y sus colegas y datado en unos 66,7 Ma. Se sitúa cerca de la separación entre gallináceas y anátidas.

Los genomas cuentan el resto. En 2014, el Avian Phylogenomics Project dirigido por Erich Jarvis comparó 48 genomas de aves, y en 2024 un equipo encabezado por Josefin Stiller amplió el análisis a 363. Ambos apuntan a una radiación explosiva de Neoaves, el grupo que reúne a la mayoría de las aves actuales, en los pocos millones de años posteriores a la extinción. Búhos, loros, pingüinos y pájaros cantores deben su auge a un mundo vaciado por el asteroide.

¿Sabías que Tyrannosaurus estaba más emparentado con un gorrión que con Stegosaurus?

Ver a las aves como dinosaurios cambia nuestra imagen del Mesozoico. Su respiración, su crecimiento, sus nidos y su cerebro son testimonio vivo de lo que quizá hacían los dinosaurios extinguidos, y los paleontólogos se sirven de ellas, junto con los cocodrilos, para acotar sus hipótesis. Los dinosaurios nunca se fueron del todo. Cada mañana visitan el comedero.

Las aves son dinosaurios: la rama terópoda que pasó Unas 11 000 especies de dinosaurios siguen volando. 230 150 100 0 Ma cronología esquemática · según Jarvis 2014, Stiller 2024 Ornithischia Stegosaurus, Triceratops Sauropodomorpha Diplodocus Tyrannosauroidea T. rex Dromeosaurios Velociraptor Enantiornithes aves con dientes Archaeopteryx c. 150 Ma Paleognatas avestruz, kiwi Galloanserae gallináceas, patos TheropodaTerópodoshuesos huecos, sacosaéreos, fúrcula11 ParavesParavesalas con plumassueño como de ave22 66 MaFiltro del límitecaen las aves dentadaspasan las aves corona33 AsteriornisWonderchickenc. 66,7 Ma44 Neoavesc. 10 000 especies5
Fig. 96 · Las aves: dinosaurios vivientes. Unas 11 000 especies de aves son terópodos que atravesaron el invierno del asteroide.
Capítulo 97 · Parte X

Dinosaurios en pantalla

La primera estrella dinosaurio del cine fue una saurópodo llamada Gertie. En 1914, el dibujante estadounidense Winsor McCay salió de gira con Gertie the Dinosaur, un cortometraje dibujado a mano en el que aparecía en el escenario y parecía dar órdenes al animal animado en la pantalla que tenía detrás. McCay y un ayudante dibujaron a mano miles de fotogramas. Gertie saludaba, se comía un árbol y se enfurruñaba, y el público la adoraba.

Los dinosaurios de imagen real llegaron con el stop-motion, en el que una maqueta se mueve un poquito entre fotograma y fotograma. Willis O'Brien animó los dinosaurios de El mundo perdido en 1925, adaptación de la novela de Arthur Conan Doyle, y después los de King Kong en 1933. Su discípulo Ray Harryhausen llevó el oficio hasta los años sesenta, sobre todo en Hace un millón de años de 1966, que colocó sin rubor a cavernícolas junto a dinosaurios, aunque los separan más de 60 millones de años. En Japón, Godzilla irrumpió en 1954, interpretado por un actor con un pesado traje de goma, un monstruo nacido de la sombra de las armas nucleares más que de la paleontología.

Luego llegó 1993 y Jurassic Park, de Steven Spielberg. Las imágenes generadas por ordenador de Industrial Light & Magic, unidas a los animatrónicos a tamaño real del estudio de Stan Winston, hicieron que los dinosaurios se movieran por primera vez como animales vivos. El paleontólogo Jack Horner fue asesor. La película llevó a un público mundial la imagen del «Renacimiento de los dinosaurios», la de animales rápidos, activos y parecidos a aves, aunque con licencias: su Velociraptor tenía el tamaño del mayor Deinonychus, carecía de plumas, y Dilophosaurus recibió una gorguera y un escupitajo venenoso inventados.

La televisión subió el listón. En 1999, Caminando entre dinosaurios, de la BBC, combinó animación digital y marionetas para presentar como un documental de naturaleza a animales que nadie había filmado. En 2022, Planeta prehistórico, narrado por David Attenborough y con el paleozoólogo Darren Naish como asesor principal, mostró tiranosaurios con plumas, hadrosaurios con crestas de exhibición y un Velociraptor plumoso incubando su nido, basados en artículos recientes. Las películas de Jurassic World, desde 2015, mantuvieron en su mayoría sus raptores escamosos por coherencia con la marca.

¿Sabías que Utahraptor, un raptor real de unos 6 m, mayor incluso que el de la película, se nombró en 1993, el mismo año del estreno de Jurassic Park?

Los dinosaurios de pantalla no son solo entretenimiento. Moldean la idea que millones de personas tienen de su aspecto, y han atraído a generaciones de niños hacia museos, campos de excavación y universidades. Muchos paleontólogos en activo sitúan el origen de su vocación en una butaca de cine en 1993. Cada época tiene los dinosaurios que su ciencia, y sus efectos especiales, pueden permitirse.

Dinosaurios en pantalla, de 1914 a hoy Cada época tiene los dinosaurios que su ciencia permite. 1910 1950 1990 2020 Lost World Godzilla J. World cómo se planta el dinosaurio de cine erguido, cola en el suelo 1914–años 80 horizontal, escamoso 1993 Gertie, 1914Winsor McCaydibujado a mano1 Stop-motionO'Brien 1925, 1933Harryhausen 19662 Jurassic ParkILM + Stan Winstonasesor Jack Horner3 Caminando entre dinos.BBC, 1999CGI + marionetas4 Prehistoric PlanetAttenborough, 2022dinos con plumas52022con plumas
Fig. 97 · Dinosaurios en pantalla. De Gertie (1914) a las estrellas con plumas de 2022, el cine sigue a la ciencia.
Capítulo 98 · Parte X

¿Podríamos traerlos de vuelta?

En Parque Jurásico, la novela de Michael Crichton de 1990, unos científicos extraen sangre de dinosaurio de mosquitos atrapados en ámbar, rellenan los huecos con ADN de rana y hacen nacer dinosaurios vivos. Es una premisa brillante. Por desgracia, cada uno de sus pasos se desmorona al chocar con las pruebas.

El primer problema es la degradación del ADN. Tras la muerte, la larga molécula se rompe en fragmentos cada vez más cortos. En 2012, Morten Allentoft y sus colegas midieron el ADN de 158 huesos de moas extinguidos de Nueva Zelanda, de edad conocida, y calcularon una vida media de unos 521 años para el ADN en el hueso. En condiciones de frío ideales, podrían sobrevivir fragmentos legibles durante unos pocos millones de años como mucho. Eso es más o menos lo que se observa: el ADN más antiguo conocido, recuperado de sedimentos de Kap København, en el norte de Groenlandia, y publicado en 2022, tiene unos 2 millones de años. Los últimos dinosaurios no avianos murieron hace 66 millones de años, más de treinta veces más atrás.

El ámbar no salva el argumento. En los años noventa, varios laboratorios anunciaron ADN de insectos atrapados en ámbar de decenas de millones de años, pero pruebas posteriores no lograron repetir los resultados, y lo más probable es que las secuencias fueran contaminación con ADN moderno. El ámbar conserva las formas de maravilla, pero no es una caja fuerte hermética.

Lo que sí sobrevive es más sorprendente. En 2005, Mary Schweitzer, de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, describió estructuras flexibles, parecidas a vasos sanguíneos, en un fémur disuelto de Tyrannosaurus, el ejemplar MOR 1125 de Montana. En 2007 y 2009, su equipo, con John Asara, publicó fragmentos cortos de colágeno de ese fósil y del hadrosaurio Brachylophosaurus, que se agrupaban con las proteínas de las aves. Los resultados se discutieron y después se replicaron en parte. Un anuncio de 2020 sobre tinciones similares a ADN en el cartílago del hadrosaurio Hypacrosaurus sigue en disputa. Pero unos fragmentos de proteína no son un genoma.

¿Sabías que en 2015 Bhart-Anjan Bhullar, Arhat Abzhanov y sus colegas bloquearon dos proteínas en embriones de pollo y obtuvieron una cara con hocico y un paladar parecido al de los pequeños dinosaurios?

De ahí la única vía realista: retroceder a partir de los dinosaurios vivos. En How to Build a Dinosaur, de 2009, Jack Horner proponía despertar en las gallinas rasgos ancestrales como dientes, manos y una cola larga. En 2025, la empresa Colossal Biosciences presentó lobos grises editados genéticamente con algunos rasgos del extinto lobo terrible, lo que mostró a la vez la potencia y los límites del método: el resultado es un animal vivo modificado, no el antepasado. Un hipotético «pollosaurio» sería un ave con rasgos antiguos, no un Velociraptor. En cierto sentido, los dinosaurios ya han vuelto. Los llamamos aves.

¿Podríamos resucitar un dinosaurio? Cuatro vías a prueba Los dinosaurios ya han vuelto: los llamamos aves. Meta: un dinosaurio ¿Sangre en ámbar? siguiente ¿ADN intacto? siguiente ¿Proteínas? siguiente ¿Editar un ave? Allentoft 2012 · Kjær 2022 · Schweitzer 2005–09 · Bhullar 2015 fallaMosquito en ámbarADN en los 90no reproducible1 fallaVida media c. 521 añoshuesos de moa, 2012ADN más antiguo c. 2 Ma2se degrada parcialFragmentos de colágenoT. rex MOR 1125sin genoma que usar3 síHocico de embrión de pollodos proteínas bloqueadasBhullar et al. 20154 Un ave modificadano un Velociraptor5
Fig. 98 · ¿Podríamos traerlos de vuelta?. Ningún ADN de dinosaurio dura 66 Ma: cualquier regreso tendría que partir de un ave.
Capítulo 99 · Parte X

La edad de oro de los descubrimientos

Una gran parte de todas las especies de dinosaurios conocidas se ha nombrado desde el año 2000. Los paleontólogos describen hoy unas 50 especies nuevas al año, más o menos una por semana. No es que los antiguos buscadores fueran descuidados. Hay más gente buscando, en más países, con mejores herramientas, y los científicos locales dirigen cada vez más el estudio de sus propios fósiles.

Argentina se ha convertido en una potencia. En la estancia La Flecha, en Chubut, en la Patagonia, un peón rural vio un hueso gigante en 2010, y un equipo del Museo Paleontológico Egidio Feruglio dirigido por José Carballido y Diego Pol extrajo más de 200 huesos de varios individuos. En 2017 nombraron a Patagotitan mayorum, un titanosaurio de entre 31 y 37 m de largo según las estimaciones. En 2022, Juan Canale y sus colegas describieron Meraxes gigas, un gran carcarodontosáurido de brazos diminutos.

Asia no deja de aportar. China ha nombrado más especies nuevas que ningún otro país en las últimas décadas. En Mongolia, Halszkaraptor escuilliei, un raptor semiacuático con aire de pato nombrado en 2017, fue estudiado por Andrea Cau y sus colegas con el sincrotrón de Grenoble, después de que el ejemplar, sacado de contrabando, pasara por manos privadas. Luego fue devuelto a Mongolia, dentro de un movimiento más amplio de repatriación de fósiles que en 2023 llevó también a Brasil al emplumado Ubirajara, desde un museo alemán, tras una campaña de científicos brasileños.

África y Australia llenan vacíos. En 2018, el equipo de Hesham Sallam, de la Universidad de Mansura, describió Mansourasaurus, del desierto Occidental de Egipto, un titanosaurio que vincula las faunas de África y Europa a finales del Cretácico. En Marruecos, Spicomellus, nombrado en 2021, es un anquilosaurio primitivo con largas púas soldadas a las costillas, y un segundo ejemplar descrito en 2025 reveló un collar de enormes púas óseas. En 2021, Scott Hocknull y sus colegas nombraron a Australotitan cooperensis, el mayor dinosaurio de Australia, un titanosaurio de la cuenca de Eromanga, en Queensland, de entre 25 y 30 m según las estimaciones. Incluso los terrenos clásicos sorprenden: en la isla de Wight se nombraron en 2021 dos nuevos espinosáuridos, Ceratosuchops y Riparovenator.

¿Sabías que Halszkaraptor lleva el nombre de Halszka Osmólska, la paleontóloga polaca que participó en las expediciones polaco-mongolas al desierto de Gobi en los años sesenta?

Las herramientas han cambiado tanto como los lugares. La tomografía y el sincrotrón ven el interior de la roca sin romperla; los drones cartografían los afloramientos; los isótopos, la histología y los programas de filogenia convierten cada nuevo esqueleto en datos. La recolección también se vuelve más justa, con más reconocimiento y autoridad para los científicos de los países donde aparecen los fósiles. Si naciste después de 1990, has vivido la mayor parte de la historia de los descubrimientos de dinosaurios. Puede que los mejores fósiles sigan bajo tierra.

La edad de oro: nuevos dinosaurios desde 2000 Los mejores fósiles quizá sigan bajo tierra. 0° Liaoning Isla de Wight Montana c. 50 especies nuevas al año una por semana, casi todas desde 2000 TC + sincrotrón drones, histología, isótopos equipos locales repatriación PatagotitanChubut, 2017 · 31–37 m1 HalszkaraptorMongolia, 20172 MansourasaurusEgipto, 20183Spicomellus AustralotitanQueensland, 20214 Ubirajarade vuelta a Brasil, 20235
Fig. 99 · La edad de oro de los descubrimientos. Unas 50 especies nuevas al año, de la Patagonia a Mongolia, Egipto y Queensland.
Capítulo 100 · Parte X

Lo que los dinosaurios nos enseñan sobre nuestro futuro

Los dinosaurios dominaron la tierra firme durante unos 165 millones de años, desde su auge en el Triásico tardío, hacia hace 231 Ma, hasta el impacto de hace 66 Ma. Homo sapiens existe desde hace unos 300 000 años, a juzgar por los fósiles de Jebel Irhoud, en Marruecos. La comparación suele usarse para burlarse de los dinosaurios, pero funciona al revés. No fueron unos fracasados que se extinguieron. Están entre los animales de más éxito de la historia de la Tierra, y siguen volando ante nuestras ventanas.

La primera lección es que las extinciones masivas son rápidas y la recuperación es lenta. El colapso del final del Cretácico ocurrió quizá en días o en años. Reconstruir la diversidad de la vida llevó millones de años, y el mundo que volvió era otro, dominado por mamíferos y aves. El mismo patrón se repite en la Gran Mortandad de hace 252 Ma y en la extinción del final del Triásico, hacia hace 201 Ma, ambas vinculadas a enormes emisiones volcánicas de carbono. Lo perdido no regresó.

La segunda lección trata del ritmo. Los ecosistemas asimilan los cambios lentos y se rompen con los rápidos. Hoy el carbono entra en la atmósfera mucho más deprisa que durante el máximo térmico del Paleoceno-Eoceno, hace 56 Ma, el mejor análogo antiguo del calentamiento global. En 2015, Gerardo Ceballos y sus colegas estimaron que las especies de vertebrados habían desaparecido recientemente hasta unas 100 veces más rápido que el ritmo de fondo. Muchos biólogos advierten de que quizá estemos entrando en una sexta extinción masiva, aunque aún no estamos en ella: la mayoría de las especies sigue aquí.

La tercera lección trata del registro. Los geólogos leen el final de los dinosaurios en una arcilla de 1 cm de espesor. Nuestra propia capa ya se está formando. Contendrá plásticos, hormigón, aluminio, cenizas volantes y un pico de plutonio procedente de los ensayos nucleares de los años cincuenta y principios de los sesenta. En 2023, un grupo de trabajo propuso los sedimentos del lago Crawford, en Ontario, Canadá, como sitio de referencia de una época antropocena; en 2024, la subcomisión de geólogos votó en contra de formalizarla, pero la capa es real de todos modos.

¿Sabías que un estudio de 2018 de Carys Bennett y sus colegas sostiene que los huesos de pollo de engorde, criados y consumidos por decenas de miles de millones cada año, serán un fósil clave de nuestra época, de modo que nuestro fósil guía será un dinosaurio?

El asteroide no dio a los dinosaurios ni aviso ni elección. Nosotros tenemos ambas cosas. Sabemos leer las rocas, medir los ritmos, seguir a los asteroides y cambiar el rumbo. Ese es el verdadero legado de los dinosaurios: una historia de 165 millones de años que nos dice lo frágil que es un mundo vivo y cuánto tarda en reconstruirse. La pregunta no es si dejaremos una capa en las rocas. Es qué dirá esa capa.

Lo que nos enseñan los dinosaurios: las capas del registro No si dejamos una capa, sino qué dirá. c. 231–66 Ma era de los dinosaurios 66–56 Ma Paleoceno 56 Ma a hoy no a escala · cada losa, un capítulo del registro La era de los dinosauriosc. 165 millones de añostodos los continentes1 La línea del iridioc. 1 cm de arcilla del límitede Gubbio a Montana2 Recuperación lentahelechos, luego mamíferosmillones de años3 hueso de polloNuestra capaplástico, hormigónhuesos de pollo de engorde4 Pico de plutonioaños 50–inicios de los 60Crawford Lake, Canadá5
Fig. 100 · Lo que los dinosaurios nos enseñan sobre nuestro futuro. Una fina capa de arcilla acabó con los dinosaurios. ¿Qué dirá la nuestra en las rocas?
Los dinosaurios · Primera edición, octubre de 2026
100 capítulos · 10 partes · cien diagramas
por Mat Siems · The Visual Encyclopaedia, No. 5 · 2026