La enciclopedia visual · octubre de 2026

Astronomía

100 capítulos sobre el cielo, las estrellas y el universo
por Mat Siems
Parte I

El cielo nocturno

Lo que se ve, y por qué se mueve como se mueve.

Capítulo 1 · Parte I

¿Qué es la astronomía?

La astronomía estudia todo lo que hay más allá de la atmósfera terrestre: la Luna y los planetas, el Sol y las demás estrellas, las galaxias y el universo en su conjunto. El nombre une dos palabras griegas, astron, astro, y nomos, ley, y esa sigue siendo la tarea: descubrir las reglas que obedece el cielo. Es, además, una ciencia que casi no puede tocar nada de lo que estudia. Salvo los meteoritos, unos 380 kilos de roca lunar traídos por las misiones Apolo y unos pocos y valiosos gramos recogidos en asteroides, cada dato de este libro se ha leído en la luz y en otros mensajeros que cruzaron el espacio hasta llegar a nosotros.

También es la ciencia más antigua. Un hueso de babuino hallado en los montes Lebombo, en el sur de África, de unos 43 000 años, tiene 29 muescas que algunos investigadores interpretan como una cuenta de las fases lunares; otros no están convencidos. Hacia el 1600 a. C., el disco celeste de Nebra, encontrado en Alemania, muestra una luna creciente, un disco lleno y las Pléyades en oro sobre bronce. Los escribas babilonios registraron los planetas en tablillas de arcilla durante siglos y aprendieron a predecir eclipses. Egipcios, chinos, mayas, polinesios y aborígenes australianos crearon sus propios sistemas para los calendarios, las cosechas y la navegación en mar abierto.

Hoy la disciplina avanza en varios frentes, cada uno con sus herramientas. La ciencia planetaria envía sondas como Juno a Júpiter y el róver Perseverance a Marte. La astrofísica estelar descompone la luz de las estrellas en espectros para leer su temperatura y su composición. La astronomía galáctica cartografía nuestra Vía Láctea: entre 2014 y 2025, el satélite Gaia de la ESA midió la posición y el movimiento de casi dos mil millones de estrellas. La cosmología trata el universo como un único objeto, desde el resplandor del Big Bang cartografiado por el satélite Planck hasta los mapas tridimensionales de galaxias de DESI, en Arizona.

La luz ya no trabaja sola. Unos detectores subterráneos captaron neutrinos de la supernova 1987A horas antes de que se viera la explosión, y el 14 de septiembre de 2015 los detectores LIGO, en Estados Unidos, registraron ondas gravitacionales de dos agujeros negros que se fusionaban a más de mil millones de años luz. El telescopio espacial James Webb, lanzado el día de Navidad de 2021, y el Observatorio Vera C. Rubin, en Chile, que publicó sus primeras imágenes en 2025, amplían cada año el alcance de la mirada.

¿Sabías que todo lo que ha visto cualquier telescopio, de los planetas a las galaxias, está hecho de átomos ordinarios que suponen solo alrededor del 5 % del universo, y que el resto es materia oscura y energía oscura?

La astronomía no es astrología, aunque ambas compartieron practicantes hasta el siglo XVII: Johannes Kepler hacía horóscopos para pagar las facturas. Sus beneficios prácticos son reales: calendarios, navegación, la ley de la gravedad e incluso una pieza del wifi, patentada en los años noventa por ingenieros australianos que tomaron prestadas técnicas de la radioastronomía. Los aficionados siguen descubriendo cometas y supernovas. Quien mira hacia arriba realiza el experimento más antiguo que existe.

Un cielo, cinco frentes: cómo se organiza la astronomía Cada dato aquí se leyó en la luz y los mensajeros que cruzan el espacio. Astronomía astron + nomos · la ley de los astros La ciencia más antigua c. 43 000 AP hueso de Lebombo c. 1600 a. C. disco de Nebra 2021 lanzamiento JWST Planetas Sondas Juno · Juice sobrevuelos, rover Muestras Apolo · 382 kg OSIRIS-REx 1 Estrellas Espectros temperatura composición Fotometría brillo TESS · Kepler 2 Galaxias Gaia 1800 M estrellas 2014-2025 Mapas de radio hidrógeno 21 cm brazos espirales 3 Cosmología Planck eco del Big Bang 2009-2013 DESI mapa 3D galáctico Kitt Peak 4 Mensajeros LIGO ondas grav. 14 sept. 2015 IceCube neutrinos Polo Sur 5
Fig. 1 · ¿Qué es la astronomía?. Una ciencia, cinco frentes: las ramas y los mensajeros de la astronomía
Capítulo 2 · Parte I

La esfera celeste

De pie en un campo, de noche, el cielo parece el interior de una cúpula inmensa. Pensadores griegos como Eudoxo, hacia el 370 a. C., se tomaron esa impresión al pie de la letra e imaginaron las estrellas fijas en una cáscara de cristal. Hoy sabemos que están a distancias muy distintas, pero la idea sobrevive como esfera celeste: un globo imaginario de tamaño infinito, centrado en la Tierra, sobre el que se proyecta cada objeto. Es una ficción, y una ficción utilísima.

Proyecte la Tierra sobre la esfera y obtendrá su mapa. Prolongado, el eje del planeta atraviesa el cielo en los polos celestes norte y sur. El ecuador terrestre, empujado hacia fuera, se convierte en el ecuador celeste. El punto situado justo encima es el cenit, la línea donde el cielo toca el suelo es el horizonte, y el meridiano va de norte a sur pasando por el cenit. Sobre todo ello el Sol traza cada año un camino llamado eclíptica, inclinado 23,4° respecto al ecuador celeste, que cruza en los dos equinoccios.

Las posiciones funcionan como la latitud y la longitud. La declinación va de +90° en el polo norte celeste a −90° en el sur. La ascensión recta se mide hacia el este en horas, de 0 a 24, porque el cielo gira 15° cada hora; su cero es el punto del equinoccio de marzo. Sirio está hacia las 6 h 45 min y −16,7°. La estrella Polar se halla a unos dos tercios de grado del polo norte, algo más que el diámetro de la luna llena. La altura del polo sobre el horizonte es igual a la latitud: desde Madrid la Polar brilla a unos 40°, desde el ecuador roza el horizonte, y el polo sur celeste no tiene ninguna estrella brillante, solo la tenue Sigma Octantis.

La esfera, además, se desplaza. Hacia el 130 a. C., Hiparco comparó sus posiciones estelares con registros de siglo y medio antes y descubrió que todas se habían movido. La causa es la precesión: el eje terrestre bambolea como una peonza y describe un círculo cada 25 800 años más o menos. Thuban, en el Dragón, era la estrella polar cuando se construyeron las pirámides de Guiza, y la brillante Vega se acercará a ese papel hacia el año 14 000. El punto del equinoccio de marzo, que aún se llama primer punto de Aries, está ahora en Piscis.

¿Sabías que como la cuadrícula del cielo se desliza lentamente, todo catálogo de estrellas debe indicar una fecha, y que el estándar actual, J2000, describe el firmamento tal como estaba al mediodía del 1 de enero de 2000?

Desde 1998, el sistema de referencia oficial no se ancla en estrellas, sino en cientos de cuásares lejanos, localizados por radiotelescopios separados por miles de kilómetros, y Gaia lo enlazó con la luz visible. Todas las monturas de telescopio, cartas celestes y aplicaciones de planetario dependen de él. La esfera es imaginaria, pero el mapa es tan exacto que permite encontrar a la primera una galaxia situada a diez mil millones de años luz.

La esfera celeste: una ficción con coordenadas exactas Globo imaginario, mapa preciso: cualquier telescopio halla cualquier estrella. sin escala · la Tierra en el centro Tierra Polo norte celeste Polar a ~0,65° Polo sur Sigma Octantis, mag 5,4 1 Ecuador celeste declinación 0° Coordenadas celestes Dec: +90° a −90° AR: 0-24 h, 1 h = 15° Sirio: 6h 45m, −16,7° 2 Equinoccio mar. AR 0 h Eclíptica inclinada 23,4° 3 Horizonte Londres, 51,5° N Cénit Tu horizonte altura del polo = latitud Londres: Polar a 51,5° ecuador: en el horizonte 4 Precesión: el polo se mueve una vuelta ~25 800 años c. 2700 a. C. Thuban (Dragón) hoy: la Polar c. 14 000 d. C. Vega 5
Fig. 2 · La esfera celeste. El globo imaginario del cielo: polos, ecuador, eclíptica y horizonte
Capítulo 3 · Parte I

Las constelaciones

Para un astrónomo, una constelación no es un dibujo de palotes, sino un territorio. En 1922 la Unión Astronómica Internacional adoptó una lista oficial de 88, y el astrónomo belga Eugène Delporte trazó después sus fronteras siguiendo líneas de ascensión recta y declinación; los límites se aprobaron en 1928 y se publicaron en 1930. Cada punto del cielo pertenece hoy a una sola constelación, de modo que un cometa, una nova o una galaxia recién descubiertos llegan con una dirección ya asignada.

Los nombres son mucho más antiguos que las fronteras. Cuarenta y ocho proceden del Almagesto de Ptolomeo, escrito en Alejandría hacia el año 150 y basado en tradiciones griegas y babilónicas. Navegantes neerlandeses cartografiaron el cielo austral en la década de 1590 y añadieron una docena, entre ellas el Fénix y el Tucán. En 1751-1752, Nicolas-Louis de Lacaille catalogó las estrellas australes desde el cabo de Buena Esperanza e inventó otras 14, bautizadas con instrumentos de la Ilustración, como el Telescopio y el Microscopio. También dividió el enorme navío Argo de Ptolomeo en Carina, Puppis y Vela.

Una constelación es un truco de perspectiva. Las estrellas de Orión parecen formar una sola figura, pero están a profundidades muy diferentes: Bellatrix a unos 250 años luz, Betelgeuse a unos 550, Rigel a unos 860 y Alnilam, la estrella central del Cinturón, a bastante más de 1000. Lo sabemos porque los satélites Hipparcos y Gaia midieron la paralaje de cada estrella, el diminuto desplazamiento anual que causa la órbita de la Tierra. Visto desde otro sistema estelar, el cazador se desarmaría. Muchas formas familiares ni siquiera son constelaciones, sino asterismos: el Carro es solo una parte de la Osa Mayor, y el Triángulo de Verano toma sus vértices de tres constelaciones distintas.

Las figuras también se mueven. Cinco de las siete estrellas del Carro pertenecen a la corriente de la Osa Mayor y viajan juntas por el espacio, mientras que Dubhe y Alkaid van por su cuenta; en unos 100 000 años el Carro se deformará. Los tamaños varían muchísimo. Hidra, la constelación más grande, ocupa 1303 grados cuadrados, mientras que la Cruz del Sur cubre solo 68, y aun así aparece en las banderas de Australia, Nueva Zelanda, Brasil, Papúa Nueva Guinea y Samoa.

¿Sabías que el Sol pasa cada año más tiempo en Ofiuco, el Serpentario, que en el vecino Escorpio, y que sin embargo Ofiuco nunca ha sido un signo del zodiaco?

Otras culturas dividieron el mismo cielo de otra manera. Los aborígenes australianos ven el Emú del Cielo en las franjas oscuras de polvo de la Vía Láctea, de la Cruz del Sur a Escorpio, y su posición a lo largo del año marcaba la temporada de recoger huevos de emú. La astronomía china clásica dividía el firmamento en unos 283 asterismos. Las 88 regiones oficiales son una convención, pero valiosísima: el código postal de la astronomía, y lo primero que aprende cualquiera que quiera orientarse en la oscuridad.

Orión: una figura plana con un interior profundo Las constelaciones son acuerdos sobre un mapa, no familias de estrellas. carta celeste · la AR crece hacia la izquierda 5h 00m 6h 00m Dec 0° +15° Bellatrix y Alnilam: misma figura, a unos mil años luz entre sí límite UAI Delporte, 1930 1 Betelgeuse Bellatrix Rigel Saiph Cinturón Alnilam 2 Vista en profundidad Bellatrix ~250 a. l. Betelgeuse ~550 a. l. Rigel ~860 a. l. Alnilam 1000+ a.l. paralaje: Hipparcos, Gaia 3 De dónde salen las 88 48 12 14 + 48 Ptolomeo · 12 navegantes neerl. 14 Lacaille · resto: Hevelius y otros 4 La mayor y la menor Hidra 1303 grados² Crux 68 grados² áreas a escala 5
Fig. 3 · Las constelaciones. La figura plana de Orión esconde estrellas a profundidades muy distintas
Capítulo 4 · Parte I

Por qué gira el cielo

Todas las estrellas salen por el este y se ponen por el oeste, y sin embargo nada se mueve en el cielo nocturno. Es la Tierra la que gira de oeste a este, y nosotros con ella. Medida respecto a las estrellas lejanas, una vuelta dura 23 horas, 56 minutos y 4 segundos: es el día sidéreo. El familiar día solar de 24 horas es unos cuatro minutos más largo porque la Tierra avanza también cerca de un grado en su órbita cada día y debe girar un poco más para devolver el Sol al mismo lugar. Por eso cada estrella sale unos cuatro minutos antes cada noche, dos horas al mes, y los cielos de invierno y de verano muestran constelaciones diferentes.

Las velocidades asombran. Un punto del ecuador viaja a unos 1670 kilómetros por hora, y Madrid, a 40,4° de latitud, a unos 1270. El cielo gira, pues, 15° cada hora. Si se deja abierto el obturador de una cámara, las estrellas dibujan trazos estelares, arcos concéntricos alrededor del polo celeste, y la Polar deja el más corto de todos. Las estrellas lo bastante cercanas al polo nunca se ponen: desde la península, la Osa Mayor y Casiopea son circumpolares y se ven cualquier noche despejada del año.

Durante casi toda la historia, la lectura obvia fue la contraria: una Tierra quieta bajo un cielo giratorio. La prueba directa llegó en 1851, cuando el físico francés Léon Foucault colgó una bola de 28 kilos de un cable de 67 metros bajo la cúpula del Panteón de París. Un péndulo en oscilación mantiene fijo su plano en el espacio, así que era el suelo el que giraba debajo. En París, el plano avanzaba en el sentido de las agujas del reloj unos 11° por hora y completaba la vuelta en unas 32 horas. En el polo norte tardaría un día sidéreo; en el ecuador no giraría en absoluto. Ese mismo giro hace que los huracanes roten en sentido antihorario al norte del ecuador y en sentido horario al sur.

Hoy la rotación terrestre se sigue con precisión de fracciones de milisegundo gracias a radiotelescopios que cronometran cuásares lejanos, y los datos muestran que el planeta se frena. Las mareas que levanta la Luna actúan como un freno y alargan el día unos 1,8 milisegundos por siglo; antiguos registros de eclipses babilonios y chinos confirman esa deriva. Los relojes han necesitado 27 segundos intercalares desde 1972, ninguno desde 2016, y los responsables de la hora mundial han acordado dejar de añadirlos antes de 2035.

¿Sabías que unos corales fósiles de hace unos 380 millones de años formaban unas 400 capas diarias de crecimiento al año, de modo que entonces un día duraba solo unas 22 horas?

El cielo que gira explica la noche misma, el ritmo de salidas y puestas que cuentan todos los calendarios y las estrellas circumpolares que guiaron a los marinos de vuelta a casa. Allá arriba nada gira a nuestro alrededor. El tiovivo somos nosotros.

El péndulo de Foucault: gira el suelo, no el vaivén El vaivén se mantiene en el espacio mientras la Tierra gira debajo. Panteón, París · 1851 · sin escala suelo de la nave cable de 67 m bajo la cúpula bola de 28 kg bañada en latón 1 El plano gira ~11° por hora, horario 2 Una vuelta completa tarda Polo Norte ~24 h París 48,9° N ~32 h Ecuador nunca 3 Dos tipos de día sidéreo 23 h 56 m 4 s solar 24 h 00 m 0 s diferencia: ~4 min al día 4 Velocidad del suelo Ecuador 1670 km/h Londres 1040 km/h Polos 0 5
Fig. 4 · Por qué gira el cielo. El péndulo de Foucault: su vaivén se mantiene mientras la Tierra gira
Capítulo 5 · Parte I

Las estaciones

Las estaciones existen porque la Tierra está inclinada. Su eje de rotación se aparta 23,4° de la vertical respecto al plano de su órbita, y apunta siempre en la misma dirección del espacio, hacia la Polar, durante todo el año. En junio, el hemisferio norte se inclina hacia el Sol; seis meses después, al otro lado de la órbita, le toca al hemisferio sur. La inclinación cambia dos cosas a la vez: cuánto sube el Sol y cuánto tiempo permanece en el cielo.

Ambas importan. A mediodía, en Londres, el Sol alcanza unos 62° sobre el horizonte en el solsticio de junio y solo unos 15° en diciembre. Un Sol invernal bajo reparte el mismo haz de luz sobre más del triple de terreno que en junio, y su luz atraviesa más atmósfera. Londres tiene además unas 16 horas y 38 minutos de luz en pleno verano frente a unas 7 horas y 50 minutos en pleno invierno. Más horas de luz intensa hacen el verano; menos horas de luz débil y oblicua, el invierno.

El mito más extendido dice que el verano llega cuando estamos más cerca del Sol. En realidad, la Tierra alcanza el perihelio, su punto más cercano, hacia el 3 de enero, a 147,1 millones de kilómetros, y el afelio, el más lejano, hacia el 4 de julio, a 152,1 millones. Esa variación del 3 % en la distancia altera la luz solar solo un 7 % aproximadamente, y si la distancia mandara, ambos hemisferios tendrían verano a la vez. La segunda ley de Kepler añade un matiz: la Tierra va más deprisa cerca del perihelio, así que la mitad estival del año boreal, del equinoccio de marzo al de septiembre, dura unos 186 días, y la austral, unos 179.

El año tiene cuatro momentos clave. En los solsticios, hacia el 21 de junio y el 21 de diciembre, el Sol de mediodía queda en el cenit del trópico de Cáncer o de Capricornio, a 23,4° del ecuador, y más allá de los círculos polares no se pone o no sale; en los polos, cada día y cada noche duran unos seis meses. En los equinoccios, hacia el 20 de marzo y el 22 de septiembre, el día y la noche son casi iguales en todas partes. Los constructores antiguos fijaron esos instantes en piedra: Stonehenge está alineado con la salida del Sol en el solsticio de verano y su puesta en el de invierno, y en Newgrange, en Irlanda, una tumba construida hacia el 3200 a. C., el amanecer del solsticio de invierno entra por un pasillo hasta la cámara interior.

¿Sabías que Urano está inclinado 98°, de modo que rueda alrededor del Sol tumbado de lado y cada polo recibe unos 42 años de luz continua seguidos de 42 años de noche?

Ni siquiera la inclinación terrestre es fija. Oscila entre 22,1° y 24,5° en unos 41 000 años, uno de los lentos ritmos orbitales identificados por Milutin Milanković que marcan el compás de las glaciaciones, y nuestra gran Luna mantiene pequeño ese bamboleo. Unos pocos grados de inclinación deciden cuándo se siembra, cuándo migran las aves y cuándo vuelve el hielo. Es la inclinación, y no la distancia, la que escribe el calendario.

El año inclinado: por qué hay estaciones La inclinación, no la distancia, escribe el calendario. órbita vista desde arriba del plano · sin escala Sol eje inclinado 23,4° · siempre hacia la Polar Solsticio de junio ~21 jun · N hacia el Sol 1 Solsticio de dic. ~21 dic · S se inclina al Sol 2 Equinoccio mar. ~20 mar · día = noche Equinoccio de sept. ~22 sep · día = noche 3 Perihelio ~3 ene · 147,1 M km Afelio ~4 jul · 152,1 M km más cerca en el invierno boreal 4 Sol a mediodía, Londres junio 62° 16 h 38 m sol dic. 15° 7 h 50 m sol 5
Fig. 5 · Las estaciones. La inclinación de 23,4°, y no la distancia al Sol, crea las estaciones
Capítulo 6 · Parte I

Las fases de la Luna

La Luna no tiene luz propia. Refleja alrededor del 12 % de la luz solar que recibe, lo que la hace casi tan oscura como el asfalto gastado; solo parece brillante sobre el negro del cielo. En todo momento el Sol ilumina exactamente la mitad de ella. Lo que cambia a lo largo del mes es qué parte de esa mitad iluminada mira hacia la Tierra, y eso es todo lo que es una fase.

El ciclo va de una luna nueva a la siguiente en 29,53 días: es el mes sinódico. En realidad, la Luna completa una órbita respecto a las estrellas en 27,32 días, pero entretanto la Tierra ha avanzado por su propia órbita y la Luna necesita unos dos días más para volver a alinearse con el Sol. En luna nueva está más o menos entre nosotros y el Sol y se pierde en su resplandor. Sigue un fino creciente en el cielo del oeste al atardecer; el cuarto creciente, medio iluminado, sale hacia el mediodía y está alto a la puesta del Sol; la gibosa creciente engorda hasta la luna llena, opuesta al Sol, que sale al anochecer y permanece toda la noche. Después la secuencia se invierte: gibosa menguante, cuarto menguante, que sale hacia la medianoche, y un creciente menguante al alba.

Un mito persistente afirma que las fases son la sombra de la Tierra sobre la Luna. No lo son: nuestra sombra solo alcanza la Luna durante un eclipse lunar. Otro dice que la Luna tiene una cara siempre oscura. Tiene una cara oculta, porque las fuerzas de marea han acoplado su rotación a su órbita de 27,3 días y por eso siempre nos muestra la misma cara; pero la cara oculta recibe tanta luz como la otra. La fotografió por primera vez la sonda soviética Luna 3 en octubre de 1959, la china Chang'e 4 se posó allí en enero de 2019 y Chang'e 6 trajo las primeras muestras de esa cara en junio de 2024. Un suave balanceo llamado libración nos permite ver, con el tiempo, alrededor del 59 % de su superficie.

Mire una luna creciente tras la puesta del Sol y verá que el resto del disco suele brillar débilmente. Leonardo da Vinci explicó esta luz cenicienta en su cuaderno conocido como Códice Leicester, hacia 1510: es luz solar reflejada por la Tierra, que vista desde la Luna estaría casi llena cuando a nosotros la Luna nos parece fina. ¿Cómo conocemos tan bien la distancia a la Luna? Desde 1969, varios observatorios disparan láseres a los reflectores que dejaron el Apolo 11, el 14 y el 15 y cronometran los ecos, midiendo los 384 400 kilómetros de media con precisión de milímetros.

¿Sabías que esos ecos láser muestran que la Luna se aleja de la Tierra unos 3,8 centímetros al año, más o menos lo que crecen tus uñas?

Las fases fueron el primer reloj de la humanidad. La palabra mes comparte raíz indoeuropea con el inglés moon y el alemán Mond; el calendario islámico sigue rigiéndose por doce meses lunares de unos 354 días, y las fechas de la Pascua cristiana, la Pascua judía y el Año Nuevo chino las fija la Luna. Las mareas más fuertes llegan cerca de la luna nueva y la llena. La Luna solo cambia de forma vista desde aquí. Geometría que se hace visible cada noche.

Una lunación: las ocho fases de la Luna La Luna nunca cambia de forma; vemos más o menos de su mitad iluminada. órbita vista desde el polo norte · sin escala Tierra Vista desde la Tierra, y cuándo sale Luz solar nueva cuarto crec. llena cuarto meng. órbita: antihoraria 1 Nueva con el Sol Creciente en hoz mañana Primer cuarto ~mediodía Creciente gibosa tarde 2 Llena al ocaso 3 Menguante gibosa anochecer Último cuarto ~medianoche Menguante en hoz madrugada 4 Dos tipos de mes fases 29,53 días órbita 27,32 días la Tierra avanza mientras 5
Fig. 6 · Las fases de la Luna. Media Luna está siempre iluminada; la fase es cuánto de esa mitad vemos
Capítulo 7 · Parte I

Los eclipses

Un eclipse ocurre cuando el Sol, la Tierra y la Luna quedan en línea recta. En un eclipse solar, la Luna pasa por delante del Sol, algo que solo puede suceder en luna nueva. En un eclipse lunar, la sombra de la Tierra cae sobre la Luna, lo que solo ocurre en luna llena. No los hay cada mes porque la órbita lunar está inclinada unos 5° respecto a la terrestre, de modo que los tres cuerpos solo se alinean cuando una luna nueva o llena coincide cerca de uno de los dos puntos de cruce, los nodos. Estas temporadas de eclipses vuelven cada 173 días aproximadamente y dan entre cuatro y siete eclipses de ambos tipos al año.

Los eclipses totales de Sol dependen de una coincidencia. El Sol es unas 400 veces más ancho que la Luna y está, por término medio, unas 390 veces más lejos, así que ambos discos parecen casi del mismo tamaño. Cuando la Luna está cerca de su punto más lejano, es algo pequeña para tapar el Sol y deja un anillo deslumbrante: un eclipse anular. Cuando encaja, su sombra más oscura, la umbra, recorre el suelo en una franja que suele medir menos de 270 kilómetros de ancho a bastante más de 1700 kilómetros por hora. En un mismo lugar, la totalidad dura como mucho unos siete minutos y medio; la más larga de este siglo, el 22 de julio de 2009, ofreció 6 minutos y 39 segundos. El 12 de agosto de 2026 la totalidad cruzó Groenlandia, Islandia y el norte de España, la primera vista desde la España peninsular desde 1905, y el 2 de agosto de 2027 Luxor, en Egipto, la disfrutará más de seis minutos. El Reino Unido tendrá que esperar hasta el 23 de septiembre de 2090.

Un eclipse lunar es más suave y puede verse sin peligro a simple vista. La totalidad puede durar más de hora y media, y la Luna rara vez desaparece: se vuelve de color cobrizo, porque la atmósfera terrestre desvía la luz del Sol hacia la sombra y filtra el azul. Ese brillo rojizo es, en cierto modo, todos los amaneceres y atardeceres de la Tierra a la vez. Un eclipse solar, en cambio, debe observarse con filtros certificados, salvo durante los breves instantes de la totalidad.

Los eclipses llevan siglos sirviendo de laboratorio. Los astrónomos babilonios descubrieron el saros, un ciclo de 18 años, 11 días y 8 horas tras el cual los eclipses se repiten. Durante un eclipse en la India en 1868, el francés Jules Janssen registró en el espectro de las protuberancias solares una línea amarilla que Norman Lockyer atribuyó a un elemento nuevo, el helio. En 1919, expediciones dirigidas por Arthur Eddington y Frank Dyson fotografiaron desde Príncipe y Sobral estrellas junto al Sol eclipsado y comprobaron que su luz se curvaba como predecía la relatividad general de Einstein. La totalidad revela también la corona, la atmósfera exterior del Sol, a entre uno y tres millones de grados.

¿Sabías que en 1973 un prototipo del Concorde persiguió la sombra de la Luna sobre África y regaló a los científicos de a bordo 74 minutos de totalidad?

La coincidencia no durará. La Luna se aleja 3,8 centímetros al año, y dentro de varios cientos de millones de años será demasiado pequeña para tapar el Sol. Nos ha tocado vivir en la era de los eclipses totales, el mayor espectáculo gratuito de la naturaleza.

Dos eclipses: quién está en la sombra de quién Sol, Luna y Tierra en línea: el día se hace noche, o la Luna se vuelve cobre. mismos tres astros, distinto orden · sin escala Eclipse solar · Luna nueva Eclipse lunar · Luna llena Sol Sol Tierra Luna 3474 km penumbra: parcial umbra: totalidad 1 Sol frente a Luna 400× más ancho, 390× lejos 2 Tierra Luna en sombra brillo cobrizo hasta ~100 min umbra terrestre 3 Órbita incl. nodo ~5° · temporadas 173 d 4 Eclipses en la historia 1868 se halla el helio 1919 se prueba a Einstein 2026 total en España 2090 próximo total en R. U. 5
Fig. 7 · Los eclipses. Eclipses de Sol y de Luna: los mismos tres astros, en distinto orden
Capítulo 8 · Parte I

Brillo estelar y magnitud

Los astrónomos clasifican el brillo con una escala inventada hace más de dos mil años. Hacia el 130 a. C., según la tradición, el astrónomo griego Hiparco dividió las estrellas visibles en seis clases, las más brillantes de «primera magnitud» y las más débiles de «sexta»; Ptolomeo conservó el sistema en el Almagesto. De ahí nace la escala de magnitud aparente, que funciona al revés: cuanto menor es el número, más brillante es el objeto, y los más brillantes tienen valores negativos.

En 1856 el astrónomo inglés Norman Pogson hizo exacta la escala. Observó que una estrella de primera magnitud es unas cien veces más brillante que una de sexta y definió cinco magnitudes como un factor de 100 exacto, de modo que cada peldaño equivale a un factor de unos 2,512. La escala es logarítmica, lo que encaja con un cielo de contrastes enormes, y refleja aproximadamente cómo juzgan el brillo nuestros ojos.

En esta escala, el Sol tiene −26,7 y la luna llena −12,7: una diferencia de 14 magnitudes, lo que significa que el Sol brilla unas 400 000 veces más que la luna llena. Venus llega a −4,9 en su mejor momento, Júpiter a −2,9 y Sirio, la estrella más brillante del cielo nocturno, a −1,46. La Polar, en torno a +2,0, es solo la 48.ª estrella más brillante, pese a su fama. El límite a simple vista bajo un cielo realmente oscuro ronda +6 o +6,5. El Campo Ultraprofundo del Hubble y las imágenes más profundas del JWST alcanzan aproximadamente +30, unos cuatro mil millones de veces más débil que la estrella más tenue que puede verse a ojo.

La magnitud aparente mezcla dos cosas: la potencia real de una estrella y su distancia. Por eso los astrónomos usan también la magnitud absoluta, el brillo que tendría una estrella situada a una distancia estándar de 10 pársecs, unos 32,6 años luz. La magnitud absoluta del Sol es +4,8, lo que lo convertiría en una estrella tenue y corriente; la de Rigel ronda −7, decenas de miles de veces más luminosa. Las estrellas, además, cambian. Entre finales de 2019 y febrero de 2020, Betelgeuse pasó de aproximadamente +0,5 a cerca de +1,6 en lo que se llamó el Gran Oscurecimiento; imágenes del Hubble y del Very Large Telescope lo atribuyeron a una nube de polvo expulsada por la estrella.

¿Sabías que Vega se usó durante mucho tiempo como punto cero de la escala, y que por eso el puñado de estrellas que la superan, encabezadas por Sirio, Canopo y Arturo, tienen magnitudes negativas?

La medida pasó del ojo a las placas fotográficas, en las que Henrietta Swan Leavitt descubrió en Harvard, en 1912, que ciertas estrellas pulsantes revelan su luminosidad real, y de ahí a los detectores electrónicos. Gaia midió el brillo de casi dos mil millones de estrellas, y el satélite TESS de la NASA vigila caídas de una fracción de punto porcentual cuando un planeta pasa por delante de su estrella. Combine el brillo de una estrella con su distancia y sabrá cuánta energía emite: el primer paso para medir el universo. Hiparco ordenó el cielo a ojo; nosotros solo hemos hecho precisa su clasificación.

La escala de magnitudes: del Sol a las galaxias más débiles Hiparco ordenó seis peldaños a ojo; los telescopios han sumado veinticuatro más. magnitud aparente · número menor = más brillo · alturas a escala Sol −26,7 1 La regla 5 mag = ×100 1 mag = ×2,512 Luna llena −12,7 · 400 000× más débil 2 Venus −4,9 como máximo 3 Sirio −1,46 · la más brillante Polar +2,0 · solo ~48.ª Límite ojo +6 · cielo oscuro 4 Rubin +24,5 · una exposición 5 JWST +30 · 4000 M× más débil
Fig. 8 · Brillo estelar y magnitud. La escala de magnitudes: cada cinco peldaños, cien veces más débil
Capítulo 9 · Parte I

Años luz

Un año luz es una distancia, no un periodo de tiempo, diga lo que diga la ciencia ficción. La luz viaja en el vacío a 299 792,458 kilómetros por segundo y en un año recorre unos 9,46 billones de kilómetros. Los astrónomos profesionales suelen preferir el pársec, unos 3,26 años luz, que procede directamente de la geometría usada para medir distancias estelares.

La idea se apoya en dos descubrimientos. En 1676 el astrónomo danés Ole Rømer, que trabajaba en París, observó que los eclipses de Ío, la luna de Júpiter, llegaban más tarde de lo previsto cuando Júpiter estaba más lejos de la Tierra. Concluyó que la luz tarda en viajar: la primera prueba de que su velocidad es finita. El segundo paso fue medir las estrellas. En 1838 Friedrich Bessel detectó la paralaje de la estrella 61 Cygni, el diminuto desplazamiento de su posición a medida que la Tierra gira alrededor del Sol, y calculó una distancia de unos 10 años luz; el valor moderno es 11,4. Desde 1983 el propio metro se define a partir de la velocidad de la luz, y el satélite Gaia ha medido la paralaje de unos 1500 millones de estrellas.

Como la luz tarda en llegar, toda vista del cielo es una vista del pasado. La Luna está a 1,3 segundos luz y el Sol a 8 minutos y 20 segundos: si el Sol desapareciera, no lo sabríamos hasta pasados más de ocho minutos. Las señales de Neptuno tardan unas cuatro horas, y la Voyager 1, la nave más lejana, debe superar la distancia de un día luz de la Tierra hacia finales de 2026. Próxima Centauri, la estrella más cercana después del Sol, está a 4,24 años luz. Vemos Betelgeuse tal como era hace unos 550 años; si ya ha estallado, la noticia aún viene de camino. El centro de la Vía Láctea está a unos 26 000 años luz.

La galaxia de Andrómeda, apenas visible a simple vista en una noche oscura de otoño, está a unos 2,5 millones de años luz. La luz que llega a su ojo partió de allí más o menos cuando aparecían en África los primeros miembros de nuestro género, Homo. Los telescopios estiran mucho más la distancia: en 2025 el JWST confirmó una galaxia llamada MoM-z14, vista tal como era solo unos 280 millones de años después del Big Bang, con una luz que ha viajado durante más de 13 500 millones de años.

¿Sabías que el borde del universo observable está a unos 46 000 millones de años luz, mucho más de lo que sugiere su edad de 13 800 millones de años, porque el espacio siguió estirándose mientras la luz viajaba?

Ese estiramiento hace que, para los objetos más lejanos, la pregunta «¿a qué distancia está?» tenga varias respuestas, y los astrónomos especifican cuál usan. Para la observación cotidiana, sin embargo, el principio es sencillo. Un telescopio es una máquina del tiempo, y el cielo nocturno una galería del pasado en la que cada estrella es una postal enviada hace mucho.

¿Qué edad tiene la luz? De la Luna a las primeras galaxias Cada estrella que ves es una postal enviada hace mucho: una galería del pasado. tiempo de viaje de la luz · escala logarítmica 1 s 1 min 1 h 1 día 1 año 1000 años 1 Ma 1 Ga Unidades 1 año luz = 9,46 billones de km 1 pársec = 3,26 años luz c = 299 792 km/s Cómo lo sabemos 1676 Rømer: eclipses tardíos de Ío 1838 Bessel: paralaje de 61 Cygni Gaia: ~1500 M de paralajes Sistema Solar estrellas galaxias Luna 1,3 s Sol 8 min 20 s 1 Neptuno ~4 h Voyager 1 ~1 día luz 2 Próxima Centauri 4,24 años Betelgeuse ~550 años 3 Centro galáctico 26 000 años Andrómeda 2,5 M de años 4 MoM-z14 13 500 M años 5
Fig. 9 · Años luz. El tiempo de viaje de la luz, de 1,3 s desde la Luna a las primeras galaxias
Capítulo 10 · Parte I

Observar sin telescopio

El mejor instrumento para el cielo nocturno es el que ya tiene, siempre que le dé tiempo. Al salir de una habitación iluminada, las pupilas se dilatan en segundos, de unos 2 milímetros hasta 7 en los ojos jóvenes. El cambio de verdad es más lento, y químico. Los bastones de la retina regeneran su pigmento sensible a la luz, la rodopsina, en 20 o 30 minutos, hasta que el ojo es aproximadamente un millón de veces más sensible que a plena luz del día. Una sola mirada a la pantalla brillante del móvil deshace casi todo el trabajo; por eso los observadores llevan una linterna roja tenue: los bastones apenas responden al rojo intenso.

El ojo tiene otra peculiaridad. Su centro, la fóvea, está repleto de conos que perciben el color y no tiene ningún bastón, así que los objetos débiles pueden desaparecer si se miran de frente. Los bastones son más densos a unos 20° del centro, y el truco de la visión lateral, mirar un poco hacia un lado, puede hacer que una mancha tenue aparezca de golpe. Así es como casi todo el mundo ve por primera vez la galaxia de Andrómeda, M31, de magnitud 3,4. La misma paciencia muestra la nebulosa de Orión, M42, como un resplandor en la espada de Orión, y separa las Pléyades, M45, en seis o siete estrellas.

Desde un lugar realmente oscuro se ven a la vez unos pocos miles de estrellas, de las unas 9000 lo bastante brillantes para el ojo desnudo en todo el cielo. Cinco planetas se conocen desde la Antigüedad, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno, que vagan entre los dibujos fijos. Las lluvias de meteoros no necesitan ningún equipo: las Perseidas alcanzan su máximo hacia el 12 de agosto y las Gemínidas hacia el 14 de diciembre, cada una con más de 100 meteoros por hora en condiciones ideales. La Estación Espacial Internacional cruza el cielo en pocos minutos, a menudo rivalizando con Venus en brillo, y miles de satélites más surcan ahora el cielo del anochecer.

El gran enemigo es la luz artificial. En 2016, el Atlas mundial del brillo artificial del cielo nocturno, elaborado por Fabio Falchi y sus colegas, concluyó que la Vía Láctea está oculta para más de un tercio de la humanidad. Un estudio de ciencia ciudadana dirigido por Christopher Kyba, con observaciones del proyecto Globe at Night, halló que el cielo se volvió alrededor de un 10 % más brillante cada año entre 2011 y 2022. Los observadores califican su cielo con la escala de Bortle, de nueve niveles, publicada por John Bortle en 2001: desde la clase 1, en la que la Vía Láctea proyecta sombras, hasta la clase 9, el centro de una ciudad donde solo quedan unas pocas docenas de estrellas. Los lugares protegidos resisten: el parque forestal de Galloway se convirtió en 2009 en el primer parque de cielo oscuro del Reino Unido, y Sark en la primera isla de cielo oscuro del mundo en 2011.

¿Sabías que el mismo atlas de 2016 calculó que casi el 80 % de los norteamericanos y alrededor del 60 % de los europeos ya no pueden ver la Vía Láctea desde casa?

La astronomía a simple vista no exige dinero, ni equipo, ni títulos: solo un lugar oscuro, veinte minutos y una carta celeste. Así empezaron todos los astrónomos de la historia. El cielo premia a quien, sencillamente, sigue mirando.

El ojo adaptado a la oscuridad: un telescopio gratis Veinte minutos a oscuras hacen tus ojos un millón de veces más sensibles. el ojo humano, corte horizontal · sin escala nervio óptico Córnea Pupila 2 → 7 mm en segundos cristalino 1 Bastones rodopsina: 20-30 min usa linterna roja 2 estrella débil Visión lateral mira ~20° a un lado fóvea: solo conos 3 Objetivos a simple vista M31 Andrómeda · mag 3,4 M42 Nebulosa de Orión M45 Pléyades · 6-7 estrellas 5 planetas · EEI · satélites Perseidas ~12 ago, ~100/h Gemínidas ~14 dic 4 Escala de Bortle: 9 clases 1 2 3 4 5 6 7 8 9 1: la Vía Láctea da sombra 4: límite rural-suburbano 9: ciudad, unas decenas de estrellas Falchi 2016: 1/3 de la humanidad 5
Fig. 10 · Observar sin telescopio. El ojo adaptado a la oscuridad y la escala de Bortle: lo que deja ver un cielo
Parte II

Una historia de mirar al cielo

De Stonehenge al universo en expansión.

Capítulo 11 · Parte II

Los primeros astrónomos

Mucho antes de que alguien puliera una lente, la gente ya medía el cielo con piedras, sombras y paciencia. Los primeros astrónomos fueron campesinos, sacerdotes y escribas que necesitaban saber cuándo sembrar, cuándo crecería el río y cuándo los dioses podrían oscurecer el Sol. Sus instrumentos eran el horizonte y una larga memoria, y el resultado fue la primera ciencia exacta de la humanidad.

En Stonehenge, levantado por etapas a partir de hacia 2500 a. C., el eje principal apunta en un sentido a la salida del Sol en el solsticio de verano y en el otro a su puesta en el de invierno. La creencia popular atribuye la obra a los druidas, que llegaron unos dos mil años tarde. En Egipto, la Gran Pirámide de Keops, construida hacia 2560 a. C., está orientada a los puntos cardinales con un error de unos cuatro minutos de arco, probablemente gracias a las estrellas que giran en torno al polo, y el calendario civil de 365 días se ligaba al orto helíaco de Sirio, que anunciaba la crecida del Nilo. En Alemania, el disco celeste de Nebra, enterrado hacia 1600 a. C., muestra en oro sobre bronce el Sol, la Luna y lo que parecen las Pléyades.

Fue en Babilonia donde la astronomía se volvió aritmética. Desde 652 a. C., los escribas llevaron los Diarios astronómicos, registros nocturnos de la Luna, los planetas y el tiempo mantenidos durante seis siglos. De ellos salió el saros, un ciclo de 223 meses lunares, unos 18 años, 11 días y 8 horas, tras el cual los eclipses se repiten de forma parecida. Los griegos heredaron esos cálculos, y el mecanismo de Anticitera, una calculadora de bronce del tamaño de una caja de zapatos rescatada de un naufragio en 1901 y fechada por lo general en el siglo II o I a. C., los convirtió en engranajes: un dial del saros, un calendario de 19 años y una aguja para las fases lunares.

En China, los astrónomos de la corte observaban el cielo como asunto de Estado. Los huesos oraculares de la dinastía Shang, de hacia 1200 a. C., registran eclipses, y en 1054 los astrónomos Song anotaron una «estrella invitada» visible de día durante 23 días. Sus restos forman la nebulosa del Cangrejo, M1, que aún se expande a unos 1500 kilómetros por segundo. Al otro lado del Atlántico, los mayas seguían a Venus. El Códice de Dresde usa un ciclo de 584 días frente a una media real de 583,92, con correcciones que mantuvieron sus tablas al día durante siglos, y la torre redonda de El Caracol, en Chichén Itzá, tiene ventanas que parecen alinearse con los puntos extremos del ocaso del planeta.

¿Sabías que el mecanismo de Anticitera tenía al menos 30 engranajes de bronce y que no se conoce nada de complejidad mecánica comparable, en ningún lugar, hasta más de mil años después?

Lo sabemos por las propias piedras, medidas con teodolito y hoy con escáneres láser; por miles de tablillas astronómicas de arcilla, muchas en el Museo Británico; y por las radiografías de los fragmentos de Anticitera realizadas en 2005. El calendario de tu móvil sigue basado en un año y un mes que alguien midió primero a simple vista. El cielo fue nuestro primer reloj, y nunca hemos dejado de leerlo.

Los primeros astrónomos: el cielo como reloj y calendario mapa esquemático · equirrectangular, 120° O a 150° E 40° N 20° N ecuador 2500 a. C. Stonehenge 1600 a. C. Disco de Nebra 1200 a. C. Huesos Shang 652 a. C. Diarios 100 a. C. Anticitera 1054 d. C. Cangrejo Mucho antes de las lentes, el cielo fue el primer reloj exacto de la humanidad. Chichén Itzá maya, c. 900 d. C. Venus: 584 días Códice de Dresde El Caracol 1 Stonehenge c. 2500 a. C. eje solsticial orto de junio ocaso de dic. 2 Guiza c. 2560 a. C. N–S a 4 arcmin Anticitera: ruedas, 100 a. C. 3 Babilonia diarios, 652 a. C. Ciclo de saros: 223 meses 18 a 11 d 8 h 4 China c. 1200 a. C. huesos oraculares 1054 «invitada» hoy M1 5
Fig. 11 · Los primeros astrónomos. Cinco culturas antiguas que observaban el cielo y lo que cada una medía
Capítulo 12 · Parte II

El universo de Ptolomeo

Durante unos catorce siglos, el mejor mapa del firmamento nos situó en su centro. Claudio Ptolomeo, que trabajaba en la Alejandría romana hacia el año 150 d. C., reunió siglos de observaciones griegas y babilónicas en un único tratado, la Sintaxis matemática. Su título árabe, al-maŷisti, «el más grande», dio el latino Almagesto, lo que dice mucho de la estima que se le tenía.

La Tierra reposaba inmóvil en el centro. A su alrededor giraban, por orden, la Luna, Mercurio, Venus, el Sol, Marte, Júpiter y Saturno, y más allá las estrellas fijas. El problema es que los planetas se portan mal: cada 26 meses, más o menos, Marte frena, se detiene y retrocede sobre el fondo de estrellas unas diez semanas antes de reanudar la marcha. La respuesta de Ptolomeo fue geométrica. Cada planeta recorría un pequeño círculo, el epiciclo, cuyo centro viajaba por otro mayor, el deferente. La Tierra quedaba algo desplazada del centro del deferente, y el epiciclo avanzaba a ritmo constante no alrededor de la Tierra, sino de un tercer punto, el ecuante. Los círculos sobre círculos producían bucles y velocidades cambiantes, y las tablas coincidían con el cielo con un margen de un grado durante siglos.

El Almagesto contenía también un catálogo de 1022 estrellas en 48 constelaciones, con brillos en una escala de seis grados que sobrevive, refinada, en el sistema moderno de magnitudes. Ptolomeo se apoyó en Hiparco, tres siglos anterior, y los historiadores aún debaten cuánto tomó de él. En sus Hipótesis planetarias encajó las esferas unas en otras y situó el borde del cosmos a unos 20 000 radios terrestres, unos 130 millones de kilómetros: inmenso para la Antigüedad, pero menos que la verdadera distancia entre la Tierra y el Sol.

El libro sobrevivió porque otros lo apreciaron. Traducido al árabe en el Bagdad del siglo IX, lo revisaron y mejoraron astrónomos como al-Battani, que afinó la duración del año, y más tarde Nasir al-Din al-Tusi en Maragha e Ibn al-Shatir en Damasco, cuyos recursos para eliminar el ecuante reaparecen, asombrosamente parecidos, en Copérnico. La traducción latina de Gerardo de Cremona, hecha en Toledo hacia 1175 a partir del árabe, lo devolvió a las universidades europeas.

Conviene jubilar dos mitos. Los sabios medievales no creían que la Tierra fuera plana: Ptolomeo da argumentos a favor de una Tierra esférica, y la Europa culta los aceptaba. Tampoco se apilaron «epiciclos sobre epiciclos» antes de Copérnico; casi todas las tablas usaban uno por planeta.

¿Sabías que el modelo de Ptolomeo predecía tan bien las posiciones planetarias que, cuando apareció en 1543 el sistema heliocéntrico de Copérnico, sus tablas no eran claramente más precisas?

Ptolomeo se equivocó en el centro y acertó en el método: describir el cielo con matemáticas, contrastar el modelo con la observación y publicar tablas que otros pudieran comprobar. Cuando Marte retrocede entre las estrellas, más o menos cada dos años, contemplamos el mismo enigma que él resolvió. Un error útil puede durar catorce siglos.

El universo de Ptolomeo: la Tierra en el centro de esferas anidadas según el Almagesto, c. 150 d. C. · distancias sin escala Errado en el centro, pero predijo el cielo durante 1400 años. Tierra, en reposo centro de todo 1 Luna Mercurio Venus Sol Marte Júpiter Saturno 1 7 2 Marte: círculos sobre círculos epiciclo deferente desde la Tierra: bucles 3 ecuante: veloc. angular uniforme E = Tierra 4 El Almagesto 13 libros · Alejandría 1022 estrellas, 48 figuras esfera exterior: estrellas fijas al-majisti: «el más grande» 5
Fig. 12 · El universo de Ptolomeo. Las esferas anidadas de Ptolomeo, con Marte en su deferente, epiciclo y ecuante
Capítulo 13 · Parte II

El giro copernicano

En mayo de 1543, un libro impreso en Núremberg llegó a manos de un canónigo moribundo en Frombork, en la costa báltica de Polonia. De revolutionibus orbium coelestium, «Sobre las revoluciones de las esferas celestes», de Nicolás Copérnico, ponía el Sol en el centro y hacía de la Tierra un planeta más, que gira sobre sí misma cada día y alrededor del Sol cada año. La tradición, basada en una carta de su amigo Tiedemann Giese, cuenta que vio el primer ejemplar impreso el día de su muerte.

La idea no era nueva. Aristarco de Samos había propuesto un sistema centrado en el Sol hacia 270 a. C., conocido sobre todo por un comentario de Arquímedes, y Copérnico había hecho circular un breve esbozo, el Commentariolus, hacia 1514. Lo que por fin publicó fue un sistema matemático completo, al que le empujó un joven matemático de Wittenberg, Georg Joachim Rheticus. El movimiento retrógrado dejó de ser una propiedad de los planetas para convertirse en un efecto de perspectiva: la Tierra, en su carril interior más rápido, adelanta a Marte cada 26 meses aproximadamente, y Marte parece retroceder, como un coche más lento al que se adelanta en la autopista.

La nueva disposición dio además una escala. Como Mercurio y Venus nunca se apartan del Sol más de unos 28 y 47 grados, deben orbitar por dentro de la Tierra, y con esos ángulos Copérnico calculó la distancia de cada planeta en unidades terrestres. Sus valores, Venus a 0,72, Marte a 1,52 y Júpiter a 5,22, se acercan a los modernos. Por primera vez el sistema solar tenía proporciones, no solo un orden.

La precisión fue otro asunto. Copérnico conservó los círculos perfectos y siguió necesitando pequeños epiciclos, así que sus tablas no superaban a las de Ptolomeo. Quedaba además una objeción seria: si la Tierra se mueve, las estrellas cercanas deberían oscilar a lo largo del año, y nadie lo veía. Su respuesta, que las estrellas están inmensamente lejos, era correcta. El descubrimiento de la aberración de la luz por James Bradley en 1729 dio una prueba directa del movimiento terrestre, y en 1838 Friedrich Bessel midió el primer paralaje estelar: 61 Cygni se desplaza alrededor de un tercio de segundo de arco, el ancho de una moneda vista a más de diez kilómetros.

¿Sabías que los restos de Copérnico, enterrado sin lápida en la catedral de Frombork, se identificaron en 2008 al comparar el ADN de un cráneo con unos cabellos hallados en un libro que le había pertenecido?

Un prólogo anónimo del teólogo Andreas Osiander presentaba la obra como una herramienta de cálculo y no como una descripción de la realidad, y el libro circuló sin escándalo durante décadas; la Iglesia católica no lo incluyó en el Índice hasta 1616, «hasta que se corrija». La idea que lanzó, que no ocupamos un lugar privilegiado, se ha confirmado una y otra vez: el Sol es una estrella corriente y la Vía Láctea, una galaxia entre cientos de miles de millones. Cada vez que Marte retrocede entre las estrellas, estás viendo cómo la Tierra lo adelanta. Al perder el centro, ganamos el universo.

El giro copernicano: el mismo cielo, un nuevo centro órbitas esquemáticas · distancias en UA (Tierra-Sol = 1) Destronar a la Tierra no costó precisión y dio escala a todo el sistema. Ptolomeo, c. 150 centro: Tierra, inmóvil Luna, Mercurio, Venus, Sol, Marte, Júpiter, Saturno, y las estrellas bucles: epiciclos 1 Copérnico, 1543 centro: el Sol Tierra: tercer planeta gira una vez al día la Luna orbita la Tierra bucles: adelantamientos 2 El retrógrado, explicado 1 4 7 sobre astros Marte Tierra 3 Distancia al Sol Copérnico hoy Mercurio 0.38 0.39 Venus 0.72 0.72 Marte 1.52 1.52 Júpiter 5.22 5.20 Saturno 9.17 9.54 4 Las estrellas no se desplazan: muy lejos · Bessel, 1838: 61 Cygni, 0,31″ 5
Fig. 13 · El giro copernicano. Órdenes geocéntrico y heliocéntrico, bucles retrógrados y las distancias de Copérnico
Capítulo 14 · Parte II

El telescopio de Galileo

El telescopio no lo inventó Galileo. En octubre de 1608, el óptico Hans Lipperhey, de Middelburg, pidió a los Estados Generales neerlandeses una patente para un tubo que acercaba los objetos lejanos; otros reclamaron lo mismo y la patente fue denegada. Galileo Galilei, profesor de matemáticas en Padua, oyó la noticia en 1609, dedujo la óptica por su cuenta y se puso a tallar lentes: primero de unos tres aumentos, luego de ocho o nueve y, a finales de año, de unos veinte.

Su primer cliente fue la República de Venecia. En agosto de 1609 mostró a los senadores, desde el campanario de San Marcos, un instrumento de ocho o nueve aumentos con el que se divisaban los barcos horas antes de que llegaran a puerto, y le duplicaron el sueldo. Después apuntó el tubo hacia arriba. El diseño era sencillo: un objetivo convexo concentraba la luz hacia un foco situado a cerca de un metro, y un ocular cóncavo la interceptaba para dar una imagen derecha y aumentada. El campo de visión era minúsculo, un cuarto de grado, la mitad de la Luna llena, y el vidrio estaba lleno de burbujas.

En el Sidereus Nuncius, «El mensajero sideral», publicado en Venecia en marzo de 1610, describió una Luna con montañas, cráteres y llanuras, cuyas alturas estimó por sus sombras; miles de estrellas invisibles a simple vista; una Vía Láctea resuelta en innumerables estrellas débiles; y, desde el 7 de enero de 1610, cuatro «estrellas» junto a Júpiter que cambiaban de sitio noche tras noche. Eran lunas, hoy llamadas Ío, Europa, Ganímedes y Calisto, nombres propuestos por Simon Marius. He aquí un centro de movimiento que no era la Tierra.

A finales de 1610 llegó el golpe a Ptolomeo: Venus muestra todas las fases, pequeña y casi llena cuando está lejos, al otro lado del Sol, y grande y en creciente cuando está cerca. En el esquema de Ptolomeo, Venus nunca podría verse llena, así que debe girar alrededor del Sol, aunque las fases también encajan con el compromiso de Tycho Brahe, en el que es el Sol el que gira alrededor de la Tierra. Galileo siguió además las manchas solares, como hicieron por las mismas fechas Thomas Harriot, Christoph Scheiner y Johannes Fabricius.

¿Sabías que el inglés Thomas Harriot dibujó la Luna a través de un telescopio el 26 de julio de 1609, meses antes que Galileo, pero nunca publicó sus dibujos?

Los problemas llegaron después. El Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo, de 1632, le valió un juicio en 1633 y arresto domiciliario en Arcetri hasta su muerte en 1642; el famoso «y sin embargo se mueve» es casi con seguridad una leyenda. En 1992, el papa Juan Pablo II reconoció oficialmente el error de la Iglesia. Dos de sus telescopios se conservan en el Museo Galileo de Florencia, y la NASA bautizó con su nombre una sonda a Júpiter. Hoy unos prismáticos bien sujetos muestran esas mismas cuatro lunas desde un jardín. En 1610 no cambió el cielo, sino las pruebas: desde entonces, el ocular sería el tribunal de apelación.

El telescopio de Galileo: dos lentes que cambiaron el cielo Padua, 1609-10 · dibujo sin escala tubo de c. 1 m, hasta 20x Sidereus Nuncius, Venecia, marzo 1610 En un año, el telescopio hizo indefendible el viejo cielo. Objetivo convexa · recoge la luz 1 Ocular cóncava · imagen derecha convexa: converge cóncava: dispersa ojo 2 La Luna, 1609 montañas, cráteres, llanuras alturas por sus sombras 3 Júpiter, enero 1610 las lunas cambian cada noche 4 lunas giran en torno a él 4 Venus, finales de 1610 todas las fases, y crece gira en torno al Sol 5
Fig. 14 · El telescopio de Galileo. El telescopio de dos lentes de Galileo y los tres hallazgos que rompieron el viejo cielo
Capítulo 15 · Parte II

Las leyes de Kepler

Johannes Kepler tenía la teoría; Tycho Brahe, los números. Desde su observatorio de Uraniborg, en la isla de Ven, entre Dinamarca y Suecia, Tycho midió durante dos décadas, a partir de 1576, las posiciones de los planetas con cuadrantes y sextantes gigantes, con un margen de uno o dos minutos de arco: lo mejor jamás logrado a simple vista. En 1600 Kepler se unió a él en Praga. Dieciocho meses después Tycho había muerto, y Kepler heredó los datos, pese a la oposición de sus herederos.

Le habían asignado Marte, el planeta cuya trayectoria más se aleja de un círculo. Kepler llamó a la campaña su «guerra con Marte» y llenó cientos de páginas de cálculos. Su mejor modelo circular aún fallaba hasta en ocho minutos de arco, una cuarta parte del diámetro lunar, y los datos de Tycho eran mejores que eso. En lugar de amañarlo, Kepler abandonó el círculo. El resultado, publicado en Astronomia nova en 1609, fueron dos leyes: los planetas describen elipses con el Sol en uno de sus focos, y la línea que une el Sol con un planeta barre áreas iguales en tiempos iguales, de modo que el planeta va más rápido en el perihelio, su punto más cercano, y más despacio en el afelio.

Esas elipses son sutiles. La excentricidad de la Tierra es de solo 0,017: estamos a unos 147,1 millones de kilómetros del Sol a principios de enero y a 152,1 millones a principios de julio, de modo que el invierno boreal coincide con nuestra máxima cercanía, prueba de que las estaciones dependen de la inclinación y no de la distancia. La Tierra se mueve a unos 30,3 kilómetros por segundo en el perihelio y a 29,3 en el afelio, por lo que el invierno boreal dura unos días menos que el verano. Marte, con una excentricidad de 0,093, era lo bastante descentrado como para delatar al círculo.

En Harmonices Mundi, de 1619, Kepler halló una tercera ley que unía a los planetas: el cuadrado del periodo en años es igual al cubo de la distancia media en unidades astronómicas. Júpiter, a 5,20 unidades, tarda 11,86 años, y tanto 5,20 al cubo como 11,86 al cuadrado dan unos 141. Kepler no sabía por qué, pero la regularidad pedía a gritos una causa física, que aportaría Newton. Sus Tablas rudolfinas, de 1627, superaban con mucho a todas las anteriores y predijeron un tránsito de Mercurio ante el Sol en 1631, que Pierre Gassendi observó en París.

¿Sabías que las leyes de Kepler rigen los cerca de 6000 exoplanetas confirmados y que el telescopio espacial Kepler de la NASA, lanzado en 2009, descubrió más de 2600 de ellos?

La vida de Kepler fue dura: perdió a su esposa y a varios hijos y pasó años defendiendo a su madre de una acusación de brujería. Aun así, cada satélite en órbita y cada sonda que viaja entre los planetas sigue sus elipses en primera aproximación. Ocho minutos de arco, una mente obstinada y la verdadera forma del cielo.

Las leyes de Kepler: la forma y el ritmo de una órbita excentricidad exagerada · Tierra e = 0,017, Marte e = 0,093 1576-97 Tycho en Hven 1609 Astronomia nova 1619 Harmonices Mundi 1627 Tablas rudolfinas Los ocho minutos de arco de Tycho rompieron el círculo perfecto y nació la física. Sol: un foco foco vacío Ley 1: órbitas elípticas 1 perihelio, inicio de ene. 147,1 millones de km afelio, inicio de jul. 152,1 millones de km 2 áreas iguales, tiempos iguales rápido lento 3 Ley 3: P² = a³ P en años, a en UA planeta a³ P² Tierra 1.00 1.00 Marte 3.51 3.54 Júpiter 141 141 Saturno 868 868 4 Datos de Tycho a simple vista, ~1-2 arcmin 20 años de Marte el círculo fallaba por 8' 5
Fig. 15 · Las leyes de Kepler. Las tres leyes de Kepler sobre una órbita exagerada, con los datos de Tycho detrás
Capítulo 16 · Parte II

La gravedad de Newton

Kepler describió cómo se mueven los planetas; Isaac Newton explicó por qué. En los Philosophiae Naturalis Principia Mathematica, publicados en Londres en 1687 a costa de su amigo Edmond Halley, Newton enunció tres leyes del movimiento y una ley de gravitación universal: toda masa atrae a cualquier otra con una fuerza proporcional al producto de sus masas y que disminuye con el cuadrado de la distancia que las separa.

La manzana es una anécdota real, que el propio Newton contó ya anciano a William Stukeley, pero no le cayó en la cabeza, y la idea maduró durante dos décadas, no en una tarde en Woolsthorpe durante los años de peste de 1665 y 1666. El paso clave fue la prueba de la Luna. La Luna está a unos 60 radios terrestres, así que, si la gravedad se debilita con el cuadrado de la distancia, debe sentir una atracción 3600 veces menor que la manzana. Una manzana cae 4,9 metros en el primer segundo; la Luna, al curvarse alrededor de la Tierra, cae hacia nosotros unos 1,4 milímetros cada segundo. Las cifras cuadran.

De esa única ley Newton dedujo las tres leyes de Kepler, explicó las mareas por la atracción desigual de la Luna y el Sol y predijo que una Tierra en rotación debía estar ensanchada en el ecuador, como confirmaron después las expediciones francesas a Laponia y Perú; el radio ecuatorial supera al polar en unos 21 kilómetros. Su experimento mental del cañón en la cima de una montaña mostró por qué la Luna nunca cae: dispara lo bastante rápido, a unos 7,9 kilómetros por segundo cerca de la superficie, y el suelo se curva tan deprisa como cae la bala.

Después la ley empezó a predecir. Halley la usó para defender que los cometas de 1531, 1607 y 1682 eran un mismo objeto y anunció su regreso; se recuperó la noche de Navidad de 1758, tras su muerte. Henry Cavendish midió la constante de gravitación con una balanza de torsión en 1798, pesando en la práctica la Tierra. En 1846 Urbain Le Verrier, analizando las desviaciones de Urano, indicó a Johann Galle, en Berlín, dónde mirar, y el 23 de septiembre Galle encontró Neptuno a cerca de un grado del punto previsto. Newton construyó además, en 1668, el primer telescopio reflector funcional, de unos 15 centímetros de largo y con un espejo metálico de unos 33 milímetros, libre de los halos de color de las lentes.

¿Sabías que la ley de Newton tiene un fallo famoso, ya que la órbita de Mercurio gira 43 segundos de arco por siglo más de lo que permite, un enigma que solo resolvió la relatividad general de Einstein en 1915?

La gravedad newtoniana sigue guiando casi todas las naves espaciales, de las misiones Apolo a las asistencias gravitatorias en Júpiter; la relatividad solo hace falta en trabajos de precisión como la sincronización del GPS. Cuando sale la Luna, estás viendo algo que cae a nuestro alrededor a un kilómetro por segundo. La manzana y la Luna obedecen la misma ley.

La gravedad de Newton: una ley para manzanas, lunas y cometas Principia, 1687 · Halley pagó la impresión Gravitación universal F = G·m1·m2 / r² · Principia 1687 La bala de cañón de Newton con rapidez suficiente, la caída no aterriza = una órbita Reflector, 1668 espejo de c. 33 mm sin halo de color un espejo curvo sustituye a la lente La fuerza que hace caer una manzana guía también a la Luna. En la Tierra manzana: 4,9 m en 1 s mareas: Luna y Sol Tierra abombada ~21 km 1 Prueba de la Luna Luna: 60 radios Tierra fuerza 1/60² = 1/3600 cae 1,4 mm por s 2 Kepler explicado elipses desde 1/r² y las áreas iguales masas desde órbitas 3 Predicciones cometa Halley, 1758 G de Cavendish, 1798 Neptuno hallado, 1846 4 Dónde falla La órbita de Mercurio gira 43″ por siglo de más: Einstein, 1915 5
Fig. 16 · La gravedad de Newton. La ley de la gravedad de Newton y las ramas de pruebas que explicó
Capítulo 17 · Parte II

El cielo profundo de Herschel

En 1781, un profesor de música de Bath duplicó el tamaño del sistema solar conocido. William Herschel, oboísta y organista nacido en Hannover y afincado de joven en Inglaterra, pulía sus propios espejos de telescopio en su casa de New King Street, con la ayuda de su hermana Caroline. El 13 de marzo de 1781, barriendo el cielo con un reflector de espejo de 6,2 pulgadas, advirtió una «estrella» que mostraba un pequeño disco. Primero anunció un cometa, pero en pocos meses su órbita lenta y casi circular reveló un planeta, el primero descubierto desde la Antigüedad, unas 19 veces más lejos del Sol que la Tierra.

Herschel propuso llamarlo Georgium Sidus, la estrella de Jorge, en honor del rey Jorge III, que le concedió una pensión con la que pudo dejar la música. Los astrónomos del continente preferían un nombre mitológico, y la propuesta de Johann Bode, Urano, padre de Saturno, se impuso a mediados del siglo XIX. Herschel descubrió después sus lunas Titania y Oberón en 1787, y las lunas de Saturno Encélado y Mimas en 1789, con su nuevo telescopio de 40 pies de Slough, cuyo espejo medía cerca de 1,2 metros.

Su verdadero objetivo era el cielo profundo. Caroline anotaba en un pupitre las posiciones que él le dictaba desde el ocular mientras barría el firmamento franja a franja. Publicó tres catálogos, en 1786, 1789 y 1802, con unas 2500 nebulosas y cúmulos, cuando la famosa lista de Charles Messier tenía un centenar. Contando estrellas en campos de muestra, sus «sondeos estelares», trazó el primer mapa de la forma de la Vía Láctea, un disco aplanado, aunque con el Sol situado por error cerca del centro. Demostró que algunas estrellas dobles giran una alrededor de otra, prueba de que la gravedad actúa más allá del sistema solar, y en 1800, probando filtros para observar el Sol, colocó termómetros más allá del extremo rojo del espectro de un prisma y halló un calor invisible: el infrarrojo.

Caroline fue astrónoma por derecho propio. Descubrió ocho cometas entre 1786 y 1797 y varias nebulosas, entre ellas la galaxia del Escultor, NGC 253, y en 1828 recibió la Medalla de Oro de la Real Sociedad Astronómica. John Herschel, hijo de William, llevó los telescopios familiares al cabo de Buena Esperanza entre 1834 y 1838 para explorar el cielo austral, y su General Catalogue de 1864 reunía 5079 objetos. Ampliado por J. L. E. Dreyer, se convirtió en el New General Catalogue de 1888, el NGC cuyos números aún usan los astrónomos.

¿Sabías que en 1787 Jorge III concedió a Caroline Herschel un sueldo como ayudante de su hermano, lo que la convierte, hasta donde sabemos, en la primera mujer pagada por hacer ciencia?

El observatorio espacial Herschel de la ESA, en servicio de 2009 a 2013 con un espejo de 3,5 metros, llevó a la órbita el descubrimiento infrarrojo de William. Busca la nebulosa de Orión o la galaxia de Andrómeda en un atlas celeste y verás junto a ellas un número heredado de los catálogos Herschel. Tres Herschel convirtieron el cielo, una cúpula de luces, en un lugar con profundidad.

El cielo profundo de Herschel: una empresa familiar de barrido celeste Bath, luego Slough · 1772-1838 El taller Herschel orquestador · barridos nocturnos Legado: NGC de Dreyer, 1888: 7840 objetos · Herschel de la ESA, 2009-13, 3,5 m Tres Herschel hicieron del cielo, cúpula de luces, un lugar profundo. William el observador Urano 13 mar 1781 1.er planeta nuevo Infrarrojo hallado en 1800 calor tras el rojo 1 Caroline caza cometas 8 cometas 1786-1797 asalariada, 1787 NGC 253 Escultor, 1783 2 John el catalogador Censo del Cabo 1834-1838 cielo austral GC, 1864 5079 objetos base del NGC 3 Telescopios caseros tel. de Urano espejo 6,2 pulg. de 40 pies espejo de 1,2 m 1789: Encélado 4 Método barrer y contar Aforos forma Vía Láctea 2500 nebulosas 3 catálogos 1786-1802 5
Fig. 17 · El cielo profundo de Herschel. El taller de la familia Herschel: quién descubrió qué y con qué telescopio
Capítulo 18 · Parte II

El Gran Debate

La noche del 26 de abril de 1920, en el museo de historia natural de la Smithsonian, en Washington, dos astrónomos hablaron ante la Academia Nacional de Ciencias sobre «la escala del universo». Harlow Shapley, del observatorio del monte Wilson, sostuvo que la Vía Láctea era enorme y lo contenía todo, nebulosas espirales incluidas. Heber Curtis, del observatorio Lick, defendió que nuestra galaxia era modesta y que las espirales eran «universos isla» independientes, galaxias por derecho propio.

Pese a su nombre, el Gran Debate no fue un duelo formal: cada uno dio una charla, y el intercambio más duro llegó en los artículos publicados al año siguiente. Las pruebas de Shapley venían de los cúmulos globulares, que había encontrado agrupados hacia Sagitario. Si dibujan la Galaxia, su centro queda lejos del Sol y el conjunto mide quizá 300 000 años luz. También se apoyó en las mediciones de Adriaan van Maanen, que luego resultaron erróneas y parecían mostrar espirales girando a ojos vista; si fueran galaxias lejanas, sus bordes tendrían que moverse más rápido que la luz.

Curtis citó los espectros de Vesto Slipher, que mostraban espirales alejándose a cientos de kilómetros por segundo, más rápido que nada conocido en nuestra galaxia; las bandas oscuras de polvo que cruzan las espirales vistas de canto; y las novas de la nebulosa de Andrómeda, mucho más débiles que las cercanas, señal de una gran distancia. Pero situaba el Sol cerca del centro de una galaxia de apenas unos 30 000 años luz.

La regla que zanjó la cuestión existía desde hacía una década. Henrietta Swan Leavitt, una de las «computadoras» que medían placas fotográficas en el observatorio de Harvard, estudió estrellas variables de la Pequeña Nube de Magallanes, todas a una distancia parecida, y en 1912 demostró que cuanto más tarda una cefeida en pulsar, más brillante es en realidad. Basta calibrar unas pocas cefeidas cercanas para que cualquiera se convierta en una candela estándar. El 6 de octubre de 1923, con el telescopio Hooker de 100 pulgadas, Edwin Hubble encontró una cefeida en la nebulosa de Andrómeda, M31, en una placa que marcó con «VAR!». Situaba Andrómeda a unos 900 000 años luz, muy lejos de cualquier borde posible de la Vía Láctea, y el resultado se leyó ante la Sociedad Astronómica Estadounidense el 1 de enero de 1925.

¿Sabías que en 1925 el matemático sueco Gösta Mittag-Leffler escribió a Henrietta Leavitt para proponerla al Premio Nobel, sin saber que había muerto de cáncer en 1921?

Los dos tenían media razón. Shapley acertó al alejar el Sol del centro, a unos 26 000 años luz, y al hacer grande la Galaxia, aunque demasiado: su disco brillante mide unos 100 000 años luz. Curtis acertó con las espirales. Andrómeda está en realidad a unos 2,5 millones de años luz; la cifra de Hubble se quedó corta porque, como demostró Walter Baade en 1952, hay dos tipos de cefeidas. En una noche oscura de otoño, Andrómeda es una mancha tenue a simple vista. Una estrella parpadeante convirtió esa nebulosa en una galaxia.

El Gran Debate: ¿qué tamaño tiene el universo? Washington D. C., 26 abril 1920 · esbozos sin escala Ambos tenían media razón; una estrella variable resolvió el resto. Harlow Shapley Monte Wilson Sol centro Galaxia ~300 000 a. l. Sol lejos del centro espirales: dentro pistas: globulares 1 Heber Curtis Observatorio Lick Sol Galaxia ~30 000 a. l. Sol cerca del centro espirales: galaxias pistas: veloc. espirales 2 La regla de Leavitt, 1912 25 cefeidas, Nube de Magallanes Menor periodo más largo = más brillante periodo brillo 3 Hubble, 6 oct 1923 cefeida en M31 Hooker de 100 pulg. entonces ~900 000 a. l. hoy 2,5 millones a. l. VAR! 4 Veredicto Shapley: Galaxia grande (~100 000 a. l.), Sol a 26 000 a. l. del centro Curtis: las espirales son galaxias, muy lejos de la nuestra 5
Fig. 18 · El Gran Debate. Shapley contra Curtis, y la regla de las cefeidas que decidió entre ellos
Capítulo 19 · Parte II

El cielo en expansión de Hubble

Una vez establecido que las espirales eran galaxias, quedaba saber qué hacían, y las primeras respuestas ya habían llegado. Desde 1912, en el observatorio Lowell de Arizona, Vesto Slipher fotografió con largas exposiciones los espectros de nebulosas espirales. Andrómeda se acercaba a unos 300 kilómetros por segundo, pero casi todas las demás mostraban corrimiento al rojo: sus líneas espectrales aparecían estiradas hacia longitudes de onda mayores, señal de que se alejaban, algunas a más de 1000 kilómetros por segundo.

En 1929, Edwin Hubble, con el telescopio Hooker de 100 pulgadas del monte Wilson, entonces el mayor del mundo, combinó velocidades, sobre todo de Slipher, con sus propias estimaciones de distancia para 24 galaxias. Los puntos estaban dispersos, pero la tendencia era clara: cuanto más lejos está una galaxia, más deprisa se aleja. Su colega Milton Humason, antiguo arriero de mulas y conserje convertido en un observador excelente, llevó las medidas más lejos, y en 1931 su artículo conjunto alcanzaba galaxias que se alejaban a unos 20 000 kilómetros por segundo. La recta seguía en pie.

La relación se escribe v = H₀ × d. La pendiente de Hubble era de unos 500 kilómetros por segundo por megapársec, siendo un megapársec 3,26 millones de años luz. Era demasiado alta, porque sus distancias eran unas siete veces menores de lo real; tomada al pie de la letra, daba un universo de apenas unos 2000 millones de años, más joven que las rocas terrestres. Las medidas modernas dan entre 67 y 73, un desacuerdo conocido como tensión de Hubble. Con 70, una galaxia a 100 megapársecs se aleja a unos 7000 kilómetros por segundo, y rebobinar la expansión da una edad de unos 14 000 millones de años.

El propio Hubble fue cauto y prefería hablar de «velocidades aparentes». La teoría vino de otros. Alexander Friedmann había mostrado en 1922 que las ecuaciones de Einstein permitían un universo en expansión, y en 1927 el sacerdote y físico belga Georges Lemaître dedujo la relación velocidad-distancia y estimó su pendiente en una revista belga poco leída. En 2018 la Unión Astronómica Internacional recomendó llamarla ley de Hubble-Lemaître. Einstein, que en 1917 había añadido una constante cosmológica para mantener estático su universo, visitó el monte Wilson en 1931 y aceptó la expansión.

La expansión no consiste en galaxias que huyen de una explosión central. Es el propio espacio el que se estira, así que cualquier observador en cualquier galaxia ve el mismo patrón y ninguna ocupa el centro, mientras la gravedad mantiene unidos los sistemas pequeños: ni la Vía Láctea, ni el sistema solar, ni tú os estáis expandiendo.

¿Sabías que Andrómeda es una de las pocas galaxias con corrimiento al azul, ya que se acerca a la Vía Láctea a unos 110 kilómetros por segundo, y que ambas podrían fusionarse dentro de miles de millones de años?

Cada corrimiento al rojo que registran los grandes cartografiados actuales, del Sloan Digital Sky Survey a Euclid, prolonga aquel diagrama disperso de 1929. La luz de una galaxia lejana nos llega estirada por el mismo espacio que ha atravesado. Mira cualquier galaxia tenue y estarás viendo crecer el universo.

El cielo en expansión de Hubble: cuanto más lejos, más rápido según Hubble 1929 · 24 galaxias, posiciones aproximadas 0 1 2 0 500 1,000 distancia, millones de pársecs km/s, alejándose Las galaxias no vuelan por el espacio; es el espacio el que se estira. 1912 Slipher 1917 Einstein espectros espirales, casi todos al rojo 1 M31 Virgo 1929 Hubble 1931 + Humason 2 ~500 km/s por Mpc hoy ~70 3 v = H0 x d H0: la constante de Hubble a 100 Mpc: ~7000 km/s el 500 de Hubble daba edad ~2000 M años el ~70 actual da ~14 000 M años sus distancias eran ~7 veces menores 4 1927 Lemaître 2018 UAI: ley de Hubble- Lemaître 5
Fig. 19 · El cielo en expansión de Hubble. El diagrama velocidad-distancia de Hubble de 1929 y quienes revelaron la expansión
Capítulo 20 · Parte II

La astronomía multibanda

Durante casi toda su historia, la astronomía usó una sola banda de luz, aquella para la que evolucionaron nuestros ojos: longitudes de onda de unos 380 a 750 nanómetros, menos de una octava de un espectro electromagnético que va desde ondas de radio de kilómetros hasta rayos gamma más pequeños que un núcleo atómico. La atmósfera terrestre solo abre dos ventanas amplias, la visible y la de radio, y algunas rendijas en el infrarrojo. Todo lo demás hay que captarlo desde cumbres, globos, cohetes o la órbita.

El primer paso más allá del arcoíris llegó en 1800, cuando William Herschel descubrió el calor infrarrojo más allá del rojo, y al año siguiente Johann Ritter halló el ultravioleta más allá del violeta. La radioastronomía nació por casualidad. En 1932, Karl Jansky, ingeniero de los Laboratorios Bell en Holmdel, Nueva Jersey, persiguiendo la estática que estorbaba a la radiotelefonía transatlántica, encontró un siseo constante a 14,6 metros de longitud de onda que salía y se ponía con las estrellas y era máximo hacia Sagitario, el centro de la Vía Láctea. Grote Reber construyó en 1937 una antena de 9 metros en el jardín de su casa de Illinois y cartografió el cielo en radio, y la antena de 76 metros de Bernard Lovell en Jodrell Bank, terminada en 1957, siguió al cohete que había lanzado el Sputnik.

En 1964 y 1965, también en Holmdel, Arno Penzias y Robert Wilson detectaron un ruido de microondas inexplicable a 7,35 centímetros, equivalente a unos 3,5 kelvin y procedente de todas las direcciones. Limpiaron los excrementos de paloma, un «material dieléctrico blanco» según sus palabras, y el ruido siguió allí. Era el fondo cósmico de microondas, el resplandor del Big Bang, medido después en 2,725 kelvin por COBE y cartografiado en detalle por Planck. Penzias y Wilson compartieron el Premio Nobel de Física de 1978.

La astronomía de altas energías necesitaba el espacio. En 1962, un cohete con instrumentos del equipo de Riccardo Giacconi descubrió la primera fuente de rayos X, Scorpius X-1, y el observatorio Chandra de la NASA, lanzado en 1999, ve gas a millones de grados en cúmulos de galaxias y alrededor de agujeros negros. Los satélites estadounidenses Vela, construidos para vigilar ensayos nucleares, captaron en 1967 los primeros estallidos de rayos gamma, y el telescopio Fermi cartografía el cielo gamma desde 2008. En el infrarrojo, IRAS en 1983 y Spitzer entre 2003 y 2020 abrieron camino al telescopio espacial James Webb, lanzado el 25 de diciembre de 2021, cuyo espejo de 6,5 metros trabaja a unos 1,5 millones de kilómetros de la Tierra.

¿Sabías que ALMA, un conjunto de 66 antenas de radio en el llano de Chajnantor, en Chile, a unos 5000 metros de altitud, puede funcionar como un único telescopio de hasta 16 kilómetros?

Cada banda muestra una física distinta. La radio sigue el hidrógeno frío y los chorros de los cuásares; el infrarrojo atraviesa el polvo de las guarderías estelares y capta las galaxias más lejanas, cuya luz ha estirado la expansión; los rayos X revelan el gas más caliente. La nebulosa del Cangrejo, M1, brilla en todas las bandas, de la radio a los rayos gamma más energéticos. La astronomía moderna es multibanda por naturaleza, y lo que ven nuestros ojos, por bello que sea, es una sola tecla de un teclado larguísimo.

La astronomía multibanda: a qué altura nos exige subir cada luz ondas largas delante, cortas detrás · altura = altitud necesaria radio microondas infrarrojo visible ultravioleta rayos X gamma Cada nueva banda abrió un cielo que ninguna generación anterior pudo ver. Ventana visible suelo: de Galileo al ELT 380-750 nm, menos de 1 octava 1 1 Infrarrojo termómetro de Herschel, 1800 JWST, 2021: 6,5 m en L2 2 2 Radio Jansky, 1932: ondas de 14,6 m antena Lovell, 76 m, 1957 3 3 Microondas Penzias, Wilson 1965: 7,35 cm brillo de 3 K · Planck, 2009 4 4 Rayos X y gamma cohete de Giacconi, 1962 Chandra 1999 · Fermi 2008 5 5
Fig. 20 · La astronomía multibanda. Cada banda de luz y lo alto que hay que subir para captarla
Parte III

El sistema solar

Ocho planetas, incontables restos, una sola estrella.

Capítulo 21 · Parte III

La familia del Sol

El sistema solar es una estrella y todo lo que su gravedad retiene. El Sol reúne el 99,86 % de la masa total; los ocho planetas, los cinco planetas enanos reconocidos, más de 400 lunas y millones de asteroides y cometas se reparten el resto. Y ese resto también está desequilibrado: Júpiter tiene 318 veces la masa de la Tierra, unas dos veces y media la de todos los demás planetas juntos, y con Saturno suma más de nueve décimas partes de la masa planetaria.

La familia se ordena por distancia. Cuatro pequeños planetas rocosos, Mercurio, Venus, la Tierra y Marte, giran a menos de 1,5 unidades astronómicas del Sol; una UA es la distancia media Tierra-Sol, 149,6 millones de kilómetros. Tras el cinturón de asteroides llegan los gigantes gaseosos Júpiter y Saturno, y después los gigantes helados Urano y Neptuno, a 19 y 30 UA. Más allá se extienden el cinturón de Kuiper, hogar de Plutón, y la nube de Oort, que podría alcanzar las 100 000 UA. Los ocho planetas giran en el mismo sentido y casi en el mismo plano, con inclinaciones que no superan los 7 grados de Mercurio.

Esa planitud es un fósil. Conserva la huella de un disco giratorio de gas y polvo, la nebulosa solar, que se contrajo hace 4570 millones de años, una idea esbozada por Immanuel Kant en 1755 y por Pierre-Simon Laplace en 1796. La fecha procede de los granos más antiguos de meteoritos como Allende, caído en México en 1969. Y ya no es solo teoría: en 2014 el conjunto de radiotelescopios ALMA, en Chile, fotografió anillos y huecos en el disco de la joven estrella HL Tauri, un sistema solar en plena formación.

Medir la familia llevó siglos. Copérnico puso el Sol en el centro en 1543, y las leyes de Kepler dieron las proporciones de las órbitas, no su tamaño. En 1672 Giovanni Cassini y Jean Richer observaron Marte a la vez desde París y la Guayana Francesa y convirtieron el ángulo en distancia. Los ecos de radar devueltos por Venus en 1961 fijaron la escala con una precisión sin precedentes, y en 2012 la UA se definió como exactamente 149 597 870 700 metros. Las masas se deducen de las órbitas: la velocidad de una luna revela cuánto pesa su planeta.

¿Sabías que la famosa afirmación de que los ocho planetas caben entre la Tierra y la Luna es solo verdad a medias? Juntos miden unos 392 000 km, más que la distancia lunar media, así que solo caben cuando la Luna está en su punto más lejano, a unos 405 000 km.

Nuestra posición es corriente en un sentido y afortunada en otro. La Tierra está donde la luz del Sol mantiene el agua líquida, dentro de una familia cuyos gigantes han guiado cometas y asteroides durante 4500 millones de años. Los cinco planetas visibles a simple vista son hermanos, hechos de la misma nube.

La familia del Sol: una estrella y todo lo que contiene Una estrella manda; los planetas comparten una pizca de masa y casi todo el momento angular. El Sol 99,86 % de la masa · 4570 M años Reparto de masa del resto Júpiter 0,095 % Saturno 0,029 % los demás ~0,01 % Tierra 0,0003 % Rocosos Mercurio/Venus 0,39 · 0,72 UA sin lunas Tierra, Marte 1,00 · 1,52 UA 3 lunas 1 Gaseosos Júpiter 5,2 UA 318 masas Tierra Saturno 9,5 UA 95 masas Tierra 2 Helados Urano 19,2 UA 14,5 masas Tierra Neptuno 30,1 UA 17,1 masas Tierra 3 Planetas enanos Ceres 2,8 UA · 940 km en el cinturón Plutón, Eris 39,5 · 68 UA Haumea, Makemake 4 Cuerpos menores Asteroides 1,4 M+ conocidos mayoría 2,1-3,3 UA Cometas Kuiper, Oort hasta ~100 000 UA 5
Fig. 21 · La familia del Sol. Una estrella y cinco familias de mundos, de los planetas rocosos a la nube de Oort
Capítulo 22 · Parte III

Mercurio

Mercurio es el planeta más pequeño y el más cercano al Sol: una bola gris llena de cráteres de 4879 kilómetros de diámetro, apenas mayor que nuestra Luna. Recorre su órbita en 88 días a una media de 47 kilómetros por segundo, más deprisa que ningún otro planeta, y por eso los romanos le dieron el nombre de su veloz mensajero. Su órbita es la más alargada de las ocho: se acerca a 46 millones de kilómetros del Sol y se aleja hasta 70 millones.

Su rotación es aún más extraña. Durante décadas se creyó que mostraba siempre la misma cara al Sol, como la Luna a la Tierra; Giovanni Schiaparelli trazó sus mapas con esa idea en la década de 1880. En 1965 Gordon Pettengill y Rolf Dyce lanzaron ondas de radar al planeta con la gran antena de Arecibo, en Puerto Rico, y descubrieron que gira cada 58,6 días, exactamente dos tercios de su año. Es una resonancia espín-órbita 3:2: tres giros por cada dos vueltas. Combinados, ambos movimientos hacen que un día solar, de mediodía a mediodía, dure 176 días terrestres, dos años de Mercurio.

Casi sin atmósfera que retenga el calor, la superficie oscila entre extremos: unos 430 °C al mediodía, suficiente para fundir el plomo, y cerca de −180 °C durante la larga noche. Aun así, Mercurio no es el planeta más caliente; lo es Venus, bajo su manto de dióxido de carbono. Y en los polos de Mercurio hay cráteres cuyo fondo nunca ve el Sol: el radar de Arecibo sugirió hielo allí en 1991 y la sonda MESSENGER de la NASA lo confirmó en 2012.

¿Sabías que en promedio el planeta más cercano a la Tierra no es Venus sino Mercurio, y que también es el más cercano a todos los demás planetas, porque nunca se aleja mucho del Sol?

Casi todo lo que sabemos procede de tres naves. Mariner 10 lo sobrevoló tres veces en 1974 y 1975. MESSENGER orbitó de 2011 a 2015, cuando se quedó sin combustible y se estrelló, y reveló un enorme núcleo de hierro que ocupa cerca del 85 % del radio, un campo magnético y acantilados de cientos de kilómetros que muestran que Mercurio ha encogido al enfriarse. La misión europea y japonesa BepiColombo, lanzada en 2018, debe entrar en órbita a finales de 2026. Mercurio también dio la razón a Einstein: su órbita gira 43 segundos de arco de más cada siglo, un enigma que Urbain Le Verrier señaló en 1859 y que la relatividad general explicó en 1915.

Mercurio es difícil de ver porque nunca se separa del Sol y solo asoma bajo en el crepúsculo. Cuando por fin lo encuentres, estarás mirando el planeta que puso a prueba nuestra teoría de la gravedad.

Mercurio: un giro lento en una órbita rápida Entre un amanecer de Mercurio y el siguiente pasan dos de sus años. órbita algo exagerada · sin escala Sol Perihelio 46 M km Afelio 70 M km 1 3 giros por cada 2 órbitas giro (sidéreo): 58,6 días órbita (año): 88,0 días radar, Arecibo, 1965 2 Un día solar = 176 días de mediodía a mediodía, dos años el Sol puede retroceder un poco en el cielo cerca del perihelio 3 Mediodía hasta 430 °C el plomo se fundiría Medianoche hasta −180 °C sin aire que retenga oscilación: ~600 °C 4 Núcleo: ~85 % del radio MESSENGER, 2011-2015 5 hielo polar en sombra
Fig. 22 · Mercurio. La órbita excéntrica de Mercurio y su giro 3:2: un día solar dura 176 días terrestres
Capítulo 23 · Parte III

Venus

Venus es casi gemelo de la Tierra en tamaño, 12 104 kilómetros de diámetro frente a nuestros 12 742, con el 82 % de su masa y una composición rocosa parecida. Ahí termina el parecido. Su superficie está a unos 465 °C de día y de noche, en los polos y en el ecuador, más que Mercurio y lo bastante para fundir el plomo. El aire pesa 92 veces más que en la Tierra, la presión que soportaría un submarino a unos 900 metros bajo el mar. Venus es el planeta más caliente del sistema solar, y la culpa la tiene su aire.

Esa atmósfera es dióxido de carbono en un 96,5 %, un océano de gas aplastante que deja pasar la luz solar y atrapa el calor que intenta escapar. Este efecto invernadero desbocado se propuso a principios de la década de 1960, entre otros por un joven Carl Sagan, antes de que llegara ninguna sonda. En la Tierra, casi todo el carbono está encerrado en la caliza; en Venus, sin océanos que lo disolvieran, se quedó en el cielo. Sobre el aire ardiente se extiende, entre 48 y 70 kilómetros de altura, una capa de nubes de ácido sulfúrico que refleja unas tres cuartas partes de la luz y convierte a Venus en el astro más brillante del cielo tras el Sol y la Luna.

El planeta gira despacio y al revés. Una rotación dura 243 días, más que su año de 225, y en sentido contrario al de casi todos los planetas, de modo que allí el Sol sale por el oeste. Las nubes, en cambio, dan la vuelta al planeta en unos cuatro días, un fenómeno llamado superrotación.

¿Sabías que solo los módulos soviéticos han fotografiado el suelo de Venus, y que el Venera 13 resistió 127 minutos en 1982 y envió las primeras imágenes en color de su suelo de losas bañado en luz anaranjada?

Lo que sabemos es una cadena de primicias. En 1610 Galileo vio que Venus mostraba fases como la Luna, una prueba sólida de que gira alrededor del Sol. La Mariner 2 logró en 1962 el primer sobrevuelo de otro planeta y midió su calor. El programa soviético Venera atravesó las nubes: el Venera 7 envió en 1970 la primera señal desde la superficie de otro planeta y el Venera 9, las primeras imágenes en 1975. Entre 1990 y 1994 el orbitador Magellan cartografió por radar cerca del 98 % de la superficie: llanuras volcánicas, el gran volcán Maat Mons y sorprendentemente pocos cráteres, señal de un suelo renovado en los últimos mil millones de años. En 2020 un equipo anunció fosfina en las nubes como posible indicio de vida; los estudios posteriores apenas lo han confirmado.

Hay nuevas misiones previstas para la década de 2030: VERITAS y DAVINCI de la NASA y EnVision de la ESA. Si Venus tuvo océanos, como sugieren algunos modelos, muestra cómo un mundo como el nuestro puede torcerse. El lucero del atardecer es una advertencia colgada en el cielo de poniente.

Venus: un invernadero de 70 km de espesor Mismo tamaño que la Tierra, destino opuesto: el CO2 quedó en el cielo, no en la roca. alturas sin escala · Venus 12 104 km, Tierra 12 742 km Suelo: 465 °C, 92 bar como a 900 m bajo el mar llanuras de basalto, Maat Mons 1 Aire bajo: 96,5 % CO2 caliente, denso, luz naranja tenue 0-48 km: manto de invernadero 2 Capa de nubes: 48-70 km gotas de ácido sulfúrico refleja ~75 % de la luz solar rodea el planeta en ~4 días 3 Al revés y despacio giro: 243 días, retrógrado año: 225 días el Sol sale por el oeste 4 Venera 13, 1982 127 min viva · fotos en color 5
Fig. 23 · Venus. Venus de la roca a la bruma: un suelo a 465 °C bajo 70 km de CO2 y nubes ácidas
Capítulo 24 · Parte III

La Tierra y la Luna

La Tierra es el único planeta conocido con agua líquida en la superficie, tectónica de placas activa y vida, y tiene una compañera insólitamente grande para su tamaño. La Luna mide 3474 kilómetros, cerca del 27 % de la anchura terrestre, y orbita de media a 384 400 kilómetros: cabrían 30 Tierras en fila en ese espacio. Entre las grandes parejas, solo Plutón y Caronte se parecen más en tamaño, y por eso se habla a veces de un planeta doble.

La explicación más aceptada de su origen es la hipótesis del gran impacto, propuesta a mediados de la década de 1970 por William Hartmann y Donald Davis y, por separado, por Alastair Cameron y William Ward. Hace unos 4500 millones de años, un cuerpo del tamaño de Marte, al que hoy llamamos Tea, golpeó de refilón a la joven Tierra. Los restos fundidos lanzados a la órbita se reunieron para formar la Luna. Las pruebas llegaron en las bolsas de muestras del Apolo: las rocas lunares tienen casi las mismas proporciones de isótopos de oxígeno que las terrestres, son pobres en hierro y agua y revelan que la joven Luna estuvo cubierta por un océano de magma.

La Luna moldea la vida aquí. Su gravedad levanta dos abultamientos de marea en los océanos y, al girar la Tierra bajo ellos, el rozamiento actúa como freno. Nuestros días se alargan y la Luna se aleja unos 3,8 centímetros al año, más o menos lo que crecen las uñas. Lo sabemos porque se disparan pulsos láser contra los reflectores que dejaron el Apolo 11, 14 y 15 y dos vehículos soviéticos Lunojod, y se cronometra con precisión milimétrica el viaje de ida y vuelta, de unos 2,5 segundos. La Luna también estabiliza la inclinación de 23,4 grados de la Tierra y, con ella, nuestras estaciones.

¿Sabías que los anillos de crecimiento de conchas y corales fósiles registran la duración de los días antiguos, y que hace unos 400 millones de años un día duraba unas 22 horas y al final de la era de los dinosaurios, unas 23 y media?

La exploración ha llegado por oleadas. La sonda soviética Luna 3 fotografió la cara oculta en 1959. En diciembre de 1968 la tripulación del Apolo 8 vio la primera salida de la Tierra, y entre 1969 y 1972 doce astronautas pisaron la Luna y trajeron 382 kilos de rocas y suelo. La china Chang'e 4 logró en 2019 el primer aterrizaje en la cara oculta y la Chang'e 6 trajo muestras de allí en 2024. Artemis II, de la NASA, es el primer vuelo tripulado a la Luna desde el Apolo 17, un paso hacia un nuevo alunizaje cerca del polo sur, donde los cráteres en sombra guardan hielo.

Sin la Luna, el eje de la Tierra podría tambalearse mucho y las mareas serían más débiles. El disco pálido que ilumina nuestras noches forma parte de la maquinaria que hizo de este planeta un hogar estable.

La Tierra y la Luna: 4500 millones de años en pareja La Luna estabiliza nuestra inclinación, alza las mareas y alarga los días. dos escalas: tiempo profundo (izq.), era espacial (der.) hace 4500 M años 1959 2026 Tierra 12 742 km Luna 3474 km 384 400 km a escala a unas 30 Tierras Gran impacto Tea, como Marte 1 hace ~4500 M años Devónico día de ~22 horas hace ~400 Ma Cretácico día de ~23,5 h 2 hace ~70 Ma Apolo 8 Earthrise, 1968 Apolo 11-17 1969-1972 382 kg de roca 3 la Luna se aleja 3,8 cm al año pulsos láser a espejos Apolo ida y vuelta ~2,5 segundos 4 Chang'e 4, 6 cara oculta 2019, 2024 Artemis II sobrevuelo tripulado el primero desde 1972 5
Fig. 24 · La Tierra y la Luna. Del gran impacto a Artemis: cómo nació la Luna, cómo se midió y cómo volvemos a ella
Capítulo 25 · Parte III

Marte

Marte es un desierto frío de la mitad de anchura que la Tierra, 6779 kilómetros, con el 38 % de nuestra gravedad y un día unos 40 minutos más largo que el nuestro. Su color rojo es óxido de verdad: un polvo de óxido de hierro lo cubre casi todo, y las tormentas pueden extenderlo por todo el planeta. Su aire es dióxido de carbono en un 95 %, pero tan tenue, unos 6 milibares, que la presión en la superficie apenas llega al 0,6 % de la terrestre. El agua líquida hervería y se congelaría a la vez. Aun así, el planeta está lleno de huellas de agua que corrió.

Sus paisajes son los más grandiosos del sistema solar. El Olympus Mons, un volcán en escudo, se alza unos 22 kilómetros sobre las llanuras, unas dos veces y media el Everest, y su base mide unos 600 kilómetros. Valles Marineris, una red de cañones, recorre unos 4000 kilómetros del ecuador, casi la anchura de Estados Unidos, y llega a 7 kilómetros de profundidad; el Gran Cañón sería allí un barranco lateral. Ambos los reveló la Mariner 9, la primera nave en orbitar otro planeta, en 1971.

Marte siempre ha despertado fantasías. En 1877 Giovanni Schiaparelli cartografió líneas oscuras que llamó canali, cauces, y Percival Lowell las convirtió en canales construidos por marcianos. Las borrosas fotos de la Mariner 4, en 1965, mostraron en cambio un mundo de cráteres parecido a la Luna. El mismo año de las líneas de Schiaparelli, Asaph Hall descubrió en el Observatorio Naval de Estados Unidos sus dos pequeñas lunas, Fobos y Deimos.

¿Sabías que Marte tiene estaciones y casquetes polares parecidos a los nuestros porque su eje está inclinado 25 grados, cerca de nuestros 23,4, aunque cada estación dura casi el doble en un año de 687 días?

Desde entonces los robots han leído sus rocas de cerca. Las Viking 1 y 2 se posaron en 1976. Curiosity, en el cráter Gale desde 2012, demostró que un antiguo lago ofrecía agua y una química aprovechable por microbios. Perseverance aterrizó en 2021 en el cráter Jezero, junto a los restos de un delta fluvial, y sella núcleos de roca en tubos para un posible regreso a la Tierra; su pequeño helicóptero Ingenuity hizo 72 vuelos. En 2024 perforó una roca apodada Cheyava Falls cuyas manchas de leopardo podrían ser huella de microbios antiguos o simple química. Los orbitadores muestran sedimentos en capas y hielo enterrado, y muchos científicos creen que Marte tuvo ríos y lagos hace más de 3000 millones de años, antes de perder su campo magnético y casi todo su aire.

Marte es el mundo que probablemente visitaremos después y el mejor lugar para comprobar si la vida surgió dos veces en un mismo sistema. Cuando brilla rojizo en la noche, estás viendo un planeta que tuvo su oportunidad de ser húmedo y la perdió.

Marte: el mayor paisaje del sistema solar La mitad de ancho que la Tierra, y hogar del volcán más alto conocido. alturas a escala (solo vertical) · anchuras comprimidas 10 km 20 km Olympus Mons 21,9 km alto · 600 km ancho 1 Everest 8,85 km Mauna Kea 10,2 km desde el fondo 2 Valles Marineris: 4000 km de largo Gran Cañón: 446 km hasta 7 km de hondo; Gran Cañón 1,8 km 3 Aire tenue Tierra: 1013 mbar Marte: ~6 mbar, 0,6 % 95 % CO2 · 38 % de gravedad 4 Un pasado húmedo cráter Jezero: antiguo lago delta fluvial, arcillas Perseverance, 2021- testigos de roca por traer rojo = polvo de hierro oxidado 5
Fig. 25 · Marte. Olympus Mons junto al Everest, Valles Marineris junto al Gran Cañón, y un aire tenue
Capítulo 26 · Parte III

El cinturón de asteroides

Entre Marte y Júpiter, sobre todo entre 2,1 y 3,3 unidades astronómicas del Sol, gira el cinturón principal de asteroides: más de un millón de cuerpos rocosos y metálicos catalogados e incontables menores. Son restos de la época de formación de los planetas, piezas que nunca se unieron porque la gravedad de Júpiter las agitaba sin cesar y sus choques las rompían en lugar de fundirlas. La vieja idea de un planeta que estalló, propuesta por Heinrich Olbers en 1802, se abandonó hace tiempo: nunca hubo material suficiente. El cinturón entero tiene solo un 3 % de la masa de la Luna, y los cuatro cuerpos mayores reúnen aproximadamente la mitad.

El primero se halló entre la casualidad y el cálculo. El 1 de enero de 1801 Giuseppe Piazzi, en el observatorio de Palermo, vio un punto en movimiento al que llamó Ceres. Se perdió tras el Sol y se recuperó gracias a la órbita calculada por un Carl Friedrich Gauss de 24 años. Palas, Juno y Vesta llegaron antes de 1807, y cada uno fue llamado planeta durante un tiempo. Ceres, de 940 kilómetros, pasó a ser planeta enano en 2006.

Júpiter también ha tallado la estructura del cinturón. En 1866 Daniel Kirkwood observó huecos donde un asteroide daría exactamente tres vueltas al Sol por cada una de Júpiter, o cinco por cada dos. Esos tirones regulares se acumulan y expulsan las rocas de esas órbitas, a veces hacia trayectorias que cruzan la de la Tierra. Júpiter guarda otros grupos: las hildas, en un ritmo 3:2, y los troyanos, dos enjambres que comparten su órbita 60 grados por delante y por detrás.

¿Sabías que el cinturón, al contrario que en el cine, está casi vacío, que las naves lo cruzan sin precauciones especiales y que desde un asteroide típico el vecino importante más cercano suele quedar demasiado lejos para verse a simple vista?

Las sondas han convertido puntos de luz en lugares. La Pioneer 10 lo cruzó sin problemas en 1972. Galileo pasó junto a Gaspra en 1991 y junto a Ida en 1993, y descubrió su diminuta luna, Dáctilo. Dawn, con motores iónicos, orbitó Vesta en 2011 y 2012 y Ceres de 2015 a 2018; halló la enorme cuenca de impacto Rheasilvia, origen de una familia de meteoritos que caen en la Tierra, y brillantes depósitos de sales en el cráter Occator. Lucy, lanzada en 2021, pasó junto a los pequeños asteroides Dinkinesh y Donaldjohanson camino de los troyanos, que visitará de 2027 a 2033, y Psyche se dirige a un asteroide metálico del mismo nombre.

La mayoría de los meteoritos de los museos viene del cinturón, así que tenemos trozos de él en la mano. Son los ladrillos sin usar de los planetas y guardan la química de los primeros millones de años, incluidos, en algunos, aminoácidos. El cinturón no es un campo de minas; es un archivo.

El cinturón de asteroides: escombros que Júpiter no dejó asentarse Millones de rocas, casi todo vacío: nada de esquivarlas como en el cine. distancia al Sol en UA · altura = número de asteroides (esquema) 2 UA 3 UA 4 UA 5 UA Marte 1,52 UA Júpiter 5,2 UA, el escultor 1 3:1 5:2 7:3 2:1 Huecos de Kirkwood órbitas en resonancia con Júpiter 2 Vesta 525 km Ceres 940 km Dawn, orbitador iónico Vesta 2011-12, Ceres 2015-18 Ceres: planeta enano desde 2006 3 Hildas resonancia 3:2 Troyanos Troyanos: escolta de Júpiter 60° delante y detrás sobrevuelos Lucy 2027-2033 4 Todo el cinturón: ~3 % de la masa lunar Ceres, Vesta, Palas e Higía tienen cerca de la mitad 5
Fig. 26 · El cinturón de asteroides. El cinturón por distancias: huecos de Kirkwood, Ceres y Vesta, hildas y troyanos
Capítulo 27 · Parte III

Júpiter

Júpiter es el gigante de los planetas: 139 820 kilómetros de diámetro, once veces la Tierra, y 318 veces su masa, unas dos veces y media la de todos los demás planetas juntos. Está hecho sobre todo de hidrógeno y helio, como el Sol, y gira más rápido que ningún otro planeta, una vez cada 9 horas y 56 minutos, lo que lo achata visiblemente por los polos y estira sus nubes en zonas claras y bandas oscuras.

No hay suelo donde pisar. Bajo nubes de amoníaco cuyas cimas rondan los −145 °C, el hidrógeno se vuelve más denso y caliente con la profundidad hasta pasar de gas a líquido sin frontera clara. Miles de kilómetros más abajo, a millones de veces la presión del aire terrestre, se convierte en hidrógeno metálico, con electrones libres, y las corrientes de ese conductor generan el campo magnético planetario más intenso del sistema solar. La sonda Juno de la NASA, en órbita desde 2016, midió la gravedad con tanta finura que reveló un núcleo difuso: no una bola compacta de roca, sino elementos pesados repartidos por buena parte del interior.

La Gran Mancha Roja es una tormenta más ancha que la Tierra, aunque se encoge: a finales del siglo XIX era más del doble de larga. Se sigue sin interrupción desde al menos 1831; que la mancha descrita por Giovanni Cassini en 1665 fuera la misma es dudoso. A menudo se dice que Júpiter es una estrella fallida, pero es un mito: necesitaría unas 80 veces su masa para encender la fusión del hidrógeno. Su papel de escudo de la Tierra también se discute, porque su gravedad aparta muchos cometas pero empuja otros hacia dentro. En julio de 1994 el mundo vio los fragmentos del cometa Shoemaker-Levy 9 chocar contra Júpiter y dejar cicatrices mayores que la Tierra.

¿Sabías que Ganímedes, la luna de Júpiter de 5268 km, es más grande que el planeta Mercurio y es la única luna conocida que genera su propio campo magnético?

Cuando Galileo apuntó su telescopio a Júpiter en enero de 1610 halló cuatro lunas, los primeros objetos vistos girando alrededor de algo que no era la Tierra. Ío es el cuerpo más volcánico que se conoce, calentado por las mareas. Europa esconde un océano salado bajo su corteza de hielo, quizá con el doble de agua que los océanos terrestres, y Ganímedes y Calisto podrían tener océanos enterrados. El orbitador Galileo estudió el sistema de 1995 a 2003; JUICE, de la ESA, lanzada en 2023, llegará en 2031, y Europa Clipper, de la NASA, lanzada en 2024, en 2030, para averiguar si esos océanos podrían albergar vida.

Júpiter es fácil de encontrar, casi siempre el punto más brillante de la noche después de Venus, y unos prismáticos bien sujetos muestran las cuatro lunas galileanas en fila. Míralas cambiar de sitio noche tras noche y verás lo que vio Galileo.

Júpiter: un mundo de hidrógeno sin suelo Las cuatro lunas de Galileo, vistas en 1610, probaron que no todo gira en torno a la Tierra. corte, radios a escala · 139 820 km, 11 Tierras Tierra Mancha Roja Nubes, Gran Mancha Roja nubes de amoníaco, cimas a −145 °C tormenta mayor que la Tierra 1 Hidrógeno molecular el gas pasa a líquido sin superficie sólida 2 Hidrógeno metálico aplastado hasta conducir dínamo de una magnetosfera enorme 3 Núcleo difuso roca y hielo esparcidos datos de gravedad de Juno, 2016- 4 5 Ío volcanes Europa océano Ganímedes la mayor Calisto cráteres
Fig. 27 · Júpiter. Dentro de Júpiter: nubes, hidrógeno líquido y metálico, núcleo difuso, cuatro lunas
Capítulo 28 · Parte III

Los anillos de Saturno

Los anillos de Saturno son la estructura más espectacular del sistema solar y una de las más frágiles. Los anillos principales miden unos 280 000 kilómetros de borde a borde, casi tres cuartas partes de la distancia entre la Tierra y la Luna, pero en la mayor parte de su extensión tienen solo unos 10 metros de grosor. Si se redujeran al grosor de una hoja de papel, seguirían midiendo unos 3 kilómetros de ancho. Están formados por incontables trozos de hielo de agua casi puro, desde granos de polvo hasta bloques del tamaño de una casa, cada uno en su propia órbita.

Entender qué eran costó medio siglo. En 1610 el pequeño telescopio de Galileo mostró a Saturno con unas extrañas orejas, que en 1612 desaparecieron porque los anillos quedaron de canto. En 1659 Christiaan Huygens publicó la respuesta: un anillo fino y plano que no toca el planeta en ningún punto. En 1675 Giovanni Cassini descubrió el hueco oscuro llamado división de Cassini. En 1859 James Clerk Maxwell demostró que un anillo sólido se desgarraría y que debía ser un enjambre de partículas, y en 1895 James Keeler lo confirmó con un espectroscopio.

Los anillos se nombran con letras por orden de descubrimiento, por eso hacia fuera van D, C, B, A, F, G y E. El anillo B es el más ancho y denso; la división de Cassini, de unos 4600 kilómetros, la vacía una resonancia con la luna Mimas; la pequeña luna Pan barre la división de Encke en el anillo A, y el estrecho anillo F lo sujetan dos lunas pastoras, Prometeo y Pandora. Mucho más allá, el tenue anillo E se alimenta de los géiseres de hielo de Encélado, descubiertos por la sonda Cassini en 2005.

¿Sabías que los anillos parecen desaparecer aproximadamente cada 15 años, cuando la Tierra cruza su plano, y que el último cruce fue en marzo de 2025, cuando Saturno se veía casi sin anillos en los telescopios pequeños?

Casi todo el detalle procede de los sobrevuelos de las Voyager en 1980 y 1981 y del orbitador Cassini, que estudió Saturno de 2004 a 2017. En su Gran Final, Cassini se lanzó 22 veces por el hueco entre los anillos y el planeta y pesó los anillos: un 40 % de la masa de Mimas. Su limpieza sugería que son jóvenes, quizá de unos cientos de millones de años, aunque otros sostienen que unos anillos viejos podrían seguir brillantes, y el debate sigue abierto. Además, Saturno se los está comiendo: el hielo cae a su atmósfera en forma de lluvia de anillos, y según algunos cálculos podrían desaparecer en gran parte en unos cientos de millones de años.

Saturno tiene 274 lunas conocidas, más que ningún otro planeta, y es menos denso que el agua. Un telescopio pequeño basta para ver los anillos, y casi todo el mundo se queda sin aliento la primera vez. Da la casualidad de que vivimos en la época en que Saturno los luce.

Los anillos de Saturno: mil millones de icebergs, del grosor de un edificio Los anillos pueden ser pasajeros: Saturno se los va tragando. perfil radial, a escala · distancia al centro de Saturno Saturno 80 000 km 100 000 km 120 000 km ~10 m de grosor, ~280 000 km de ancho como papel de 3 km de ancho misión Cassini, 2004-2017 99 % hielo de agua de granos de polvo a casas masa total ~40 % de Mimas D anillo C tenue, más oscuro 1 anillo B el más denso, 25 500 km 2 División de Cassini hueco de 4600 km · 1675 2:1 con Mimas 3 anillo A Encke, luna Pan 4 anillo F Prometeo, Pandora 5 lluvia de anillo: hielo cae a Saturno el anillo E lo nutren los géiseres de Encélado
Fig. 28 · Los anillos de Saturno. Los anillos principales a escala, del tenue anillo D al anillo F y sus lunas pastoras
Capítulo 29 · Parte III

Los gigantes helados

Urano y Neptuno forman una clase propia, los gigantes helados. Ambos miden unas cuatro veces la anchura de la Tierra, 51 118 y 49 528 kilómetros, y tienen unas 15 y 17 veces su masa. A diferencia de Júpiter y Saturno, no son sobre todo hidrógeno: bajo una atmósfera de hidrógeno, helio y metano se extiende un manto profundo, caliente y fangoso de agua, amoníaco y metano, sustancias que los científicos llaman hielos aunque estén en estado fluido, alrededor de un núcleo rocoso. El metano absorbe la luz roja, y por eso ambos se ven verdiazules.

Urano fue el primer planeta descubierto con telescopio. El 13 de marzo de 1781 William Herschel, músico convertido en astrónomo, lo vio desde su jardín en Bath y al principio lo tomó por un cometa. Es el raro de la familia: su eje está inclinado unos 98 grados, así que rueda alrededor del Sol tumbado de lado, quizá volcado por un gran impacto. En su órbita de 84 años, cada polo recibe unos 42 años seguidos de luz y luego 42 de noche. Casi no emite calor interno y en su atmósfera se han medido las temperaturas más bajas de cualquier planeta, unos −224 °C. Sus tenues anillos se descubrieron en 1977, cuando taparon la luz de una estrella.

Neptuno se encontró con matemáticas. Urano se desviaba de su trayectoria prevista, y Urbain Le Verrier en Francia, igual que John Couch Adams en Inglaterra, calculó dónde debía estar el planeta invisible que tiraba de él. El 23 de septiembre de 1846 Johann Galle, en el observatorio de Berlín, halló Neptuno a menos de un grado de la posición de Le Verrier. Su órbita dura 165 años, de modo que no completó su primera vuelta desde el descubrimiento hasta 2011. Pese a la poca luz que recibe, Neptuno tiene los vientos más rápidos del sistema solar, unos 2100 kilómetros por hora. Su mayor luna, Tritón, gira al revés y probablemente es un mundo capturado del cinturón de Kuiper.

¿Sabías que Galileo vio Neptuno en diciembre de 1612 y enero de 1613, más de dos siglos antes de su descubrimiento, pero lo anotó como una simple estrella débil?

Cada uno ha recibido una sola visita, la de la Voyager 2: Urano en enero de 1986 y Neptuno en agosto de 1989, cuando halló la Gran Mancha Oscura, una tormenta que ya había desaparecido cuando el telescopio Hubble miró en 1994, y géiseres de nitrógeno en Tritón. Las famosas imágenes de un Neptuno azul intenso tenían el contraste realzado; un nuevo análisis de 2024, dirigido por Patrick Irwin en Oxford, mostró que ambos planetas tienen un tono parecido, azul verdoso pálido. El telescopio James Webb fotografía ahora sus anillos y lunas, y un orbitador para Urano fue la gran prioridad del estudio decenal estadounidense de 2022.

Los gigantes helados podrían ser el tipo de planeta más común de la galaxia, a juzgar por los muchos mundos del tamaño de Neptuno hallados en otras estrellas, y aun así los nuestros son los menos explorados. Esos dos puntos azules del borde del sistema solar recuerdan todo lo que aún no hemos visto.

Urano y Neptuno: gemelos con historias distintas Dos mundos, un sobrevuelo cada uno: los planetas menos explorados. Urano 51 118 km · Neptuno 49 528 km · Tierra 12 742 km Urano Herschel, 1781 inclinado 98° órbita de 84 años noche polar de 42 años aire: −224 °C 28+ lunas 1 Neptuno Le Verrier calcula Galle lo vio, 1846 órbita de 165 años vientos de 2100 km/h Tritón: retrógrado 16 lunas 2 Helados manto de agua, amoníaco y metano núcleo rocoso aire de H2-He-CH4 campos inclinados 3 Voyager 2, único visitante Urano: ene 1986 · Neptuno: ago 1989 4 Colores reales ambos azul verdoso pálido 5
Fig. 29 · Los gigantes helados. Urano y Neptuno comparados: lo que comparten, lo que los separa, un solo paso de Voyager
Capítulo 30 · Parte III

Plutón y el cinturón de Kuiper

Más allá de Neptuno el sistema solar no se acaba: cambia de carácter. El cinturón de Kuiper, un amplio anillo de cuerpos helados entre unas 30 y 50 unidades astronómicas del Sol, alberga quizá 100 000 objetos de más de 100 kilómetros, restos de la formación planetaria que nunca crecieron. Plutón es el más conocido. El 18 de febrero de 1930 Clyde Tombaugh, un ayudante de 24 años del observatorio Lowell, en Arizona, lo encontró comparando placas fotográficas y detectando un punto que se movía. El nombre lo propuso una niña de Oxford de 11 años, Venetia Burney.

Plutón resultó ser pequeño. En 1978 James Christy descubrió su luna Caronte, de la mitad de su anchura, y las órbitas de ambos revelaron la masa de Plutón: menos de una quinta parte de la de la Luna. Plutón mide 2377 kilómetros, menos que nuestra Luna, y sigue una órbita inclinada y alargada de 248 años que lo llevó por dentro de la de Neptuno entre 1979 y 1999. Luego el vecindario se llenó. El 30 de agosto de 1992 David Jewitt y Jane Luu hallaron el primer otro objeto de Kuiper, y el 5 de enero de 2005 Mike Brown, Chad Trujillo y David Rabinowitz detectaron Eris, casi del tamaño de Plutón y un 27 % más masivo. O ambos eran planetas, o ninguno. En agosto de 2006 la Unión Astronómica Internacional votó en Praga que Plutón fuera un planeta enano, porque no ha despejado su órbita.

La degradación no le quitó interés. La sonda New Horizons de la NASA pasó a 12 500 kilómetros el 14 de julio de 2015 y descubrió un mundo activo: una región en forma de corazón cuyo lóbulo occidental, Sputnik Planitia, es una cuenca de unos 1000 kilómetros llena de hielo de nitrógeno que se remueve despacio; montañas de hielo de agua de varios kilómetros de altura, y capas de bruma azul. El 1 de enero de 2019 pasó junto a Arrokoth, un muñeco de nieve de 36 kilómetros con dos lóbulos, el objeto más primitivo jamás explorado.

¿Sabías que Plutón no ha completado ni una sola órbita desde su descubrimiento, porque su año dura 248 años terrestres y su primera vuelta completa desde 1930 terminará hacia 2178?

Más lejos aún se acaba el viento solar. La Voyager 1 cruzó la heliopausa, la frontera donde el viento del Sol cede ante el gas interestelar, en agosto de 2012, a unas 122 UA, y la Voyager 2 la siguió en 2018. Más allá está la nube de Oort, propuesta por Jan Oort en 1950 para explicar los cometas de periodo largo: quizá billones de cuerpos helados desde unas 2000 hasta 100 000 UA o más, más de un tercio del camino hasta Próxima Centauri, a 268 000 UA. Nadie la ha visto directamente, y la Voyager 1 tardaría unos 300 años en llegar a su borde interior.

El cinturón de Kuiper y la nube de Oort nos envían cometas, muestras congeladas del material con que se hicieron los planetas. Plutón perdió su título de planeta, pero ganó algo mejor: ser la puerta de entrada a la región más extensa de la familia del Sol.

Más allá de Neptuno: la larga escalera hasta el borde del Sol El alcance del Sol llega miles de veces más lejos: Plutón es un comienzo, no un final. altura = log de la distancia al Sol · 1 UA = 150 millones de km más lejos del Sol Neptuno 30 UA Cinturón de Kuiper: 30-50 UA 1 Plutón 39,5 UA Arrokoth 44 UA New Horizons: Plutón, 14 julio 2015 2377 km, menor que la Luna Sputnik Planitia: hielo de nitrógeno sobrevuelo de Arrokoth: 1 enero 2019 órbita de 248 años · 5 lunas 2 Eris 68 UA Eris, 2005: 27 % más masiva que Plutón · forzó a la UAI votación de 2006: planetas enanos 3 Heliopausa ~120 UA Voyager 1, 2012 4 Oort interior ~2000 UA Oort exterior ~100 000 UA Próxima 268 000 UA 5
Fig. 30 · Plutón y el cinturón de Kuiper. Más allá de Neptuno, en escala log: Plutón, Arrokoth, Eris, heliopausa y nube de Oort
Parte IV

El Sol y las estrellas

Cómo nacen, viven y mueren espectacularmente las estrellas.

Capítulo 31 · Parte IV

Anatomía del Sol

El Sol es una estrella corriente vista desde inusualmente cerca. Es una esfera de plasma de hidrógeno y helio de 1,39 millones de kilómetros de diámetro, 109 veces la anchura de la Tierra, con 333.000 masas terrestres y alrededor del 99,8 % de toda la masa del sistema solar. No está ardiendo. Nada se quema: la fusión nuclear en su centro libera unos 380 billones de billones de vatios, lo bastante cada segundo para cubrir el consumo energético actual de la humanidad durante varios cientos de miles de años.

El Sol está construido en capas. El núcleo, el cuarto interior del radio, alcanza unos 15 millones de grados y una densidad de unas 150 veces la del agua. Lo rodea la zona radiativa, tan densa que la luz no puede avanzar en línea recta: cada fotón se absorbe y se reemite incontables veces, y la energía tarda algo así como 100.000 años en abrirse paso hacia fuera. Hacia el 70 % del radio el gas empieza a removerse como una olla a fuego lento. En esta zona convectiva el plasma caliente sube, se enfría y se hunde, y la parte alta de las celdas asoma en la superficie como gránulos de unos 1.000 kilómetros que duran unos diez minutos.

Lo que llamamos superficie, la fotosfera, es solo la capa donde el gas se vuelve transparente, una piel de unos cientos de kilómetros de grosor a unos 5.500 °C. Por encima, la delgada cromosfera brilla rosada durante los eclipses totales, y más allá la corona se extiende millones de kilómetros a entre uno y tres millones de grados. Por qué la atmósfera exterior está cientos de veces más caliente que la superficie es el problema del calentamiento coronal; los principales sospechosos son las ondas magnéticas y un sinfín de diminutas explosiones magnéticas.

Nadie puede mirar dentro, y sin embargo el interior está bien cartografiado. En 1960 Robert Leighton descubrió que la superficie sube y baja con un periodo de unos cinco minutos, y la heliosismología lee hoy millones de esas ondas sonoras, desde la red terrestre GONG y los satélites SOHO y Solar Dynamics Observatory, para medir la profundidad de la zona convectiva y cómo gira el interior. Los neutrinos producidos en el núcleo salen disparados en unos dos segundos: Ray Davis fue el primero en capturarlos, desde 1968, en un tanque de líquido de limpieza en seco enterrado en una mina de Dakota del Sur. De cerca, la sonda Parker Solar Probe de la NASA pasó el 24 de diciembre de 2024 a unos 6,1 millones de kilómetros de la superficie, más cerca que ninguna nave anterior, mientras el telescopio solar Daniel K. Inouye, de cuatro metros, en Maui, distingue detalles de unos 30 kilómetros.

¿Sabías que visto desde el espacio el Sol es blanco y no amarillo? Su luz mezcla casi a partes iguales todos los colores, y nuestra atmósfera dispersa parte del azul y deja el familiar disco amarillento.

La luz que te da en la cara salió de la fotosfera hace 8 minutos y 20 segundos, pero la energía que transporta se liberó en el núcleo mucho antes de que los primeros agricultores sembraran un campo. El flujo incesante de la corona, el viento solar, es el tiempo atmosférico que atraviesan nuestros satélites. La luz del Sol nos llega como noticia vieja: decenas de milenios de elaboración, ocho minutos de reparto.

Dentro del Sol: un horno construido por capas sin escala · profundidad = fracción del radio solar La luz que ves hoy salió del núcleo hace decenas de miles de años. Núcleo · 0–25 % del radio c. 15 millones de °C · fusión densidad c. 150 × agua 1 Zona radiativa · 25–70 % los fotones vagan hacia fuera c. 100 000 años en cruzarla 2 Zona convectiva + superficie gránulos de c. 1000 km fotosfera c. 5500 °C 3 Corona 1–3 millones de °C fluye como viento solar 4 Cómo sabemos qué hay dentro Heliosismología ondas de 5 min · Leighton 1960 Neutrinos Davis, mina Homestake · 1968 Parker Solar Probe 6,1 millones de km · 24 dic 2024 5
Fig. 31 · Anatomía del Sol. Las capas del Sol como bloques apilados, del núcleo a la corona de un millón de grados
Capítulo 32 · Parte IV

La fusión nuclear

Toda estrella es un ejercicio de equilibrio. La gravedad tira del gas hacia dentro; el calor y la presión de la fusión nuclear empujan hacia fuera. En el núcleo del Sol, a unos 15 millones de grados y bajo una presión unos 250.000 millones de veces mayor que al nivel del mar, núcleos desnudos de hidrógeno, es decir, simples protones, se comprimen hasta formar helio. El núcleo de helio resultante pesa alrededor de un 0,7 % menos que los cuatro protones que lo formaron, y esa masa que falta sale en forma de energía, tal como exige la E = mc² de Einstein, de 1905.

El camino se llama cadena protón-protón. Primero chocan dos protones y uno se convierte en neutrón: nace un núcleo de deuterio, junto con un positrón y un neutrino. Este paso depende de la interacción débil y es lentísimo: un protón cualquiera espera de media unos diez mil millones de años. Luego el deuterio captura otro protón en cosa de un segundo y se convierte en helio-3, y dos núcleos de helio-3 se fusionan en helio-4, devolviendo dos protones a la reserva. En rigor, los protones nunca deberían tocarse, porque 15 millones de grados es demasiado frío para vencer su repulsión eléctrica. Lo logran gracias al efecto túnel cuántico, que George Gamow explicó en 1928 y que Robert Atkinson y Fritz Houtermans aplicaron a las estrellas un año después.

La escala desborda la imaginación. El Sol convierte cada segundo unos 600 millones de toneladas de hidrógeno en helio y pierde unos cuatro millones de toneladas de masa en forma de energía pura. Aun así, la densidad de potencia del núcleo es modesta, de unos 280 vatios por metro cúbico. En las estrellas de más de 1,3 masas solares, aproximadamente, domina otra vía, el ciclo CNO, en el que núcleos de carbono, nitrógeno y oxígeno actúan como catalizadores. Hans Bethe descifró ambos procesos en 1938 y 1939 y recibió por ello el premio Nobel de 1967.

La teoría se ha comprobado directamente. Arthur Eddington propuso en 1920 que las estrellas brillan convirtiendo hidrógeno en helio, poco después de que Francis Aston pesara el helio y lo encontrara más ligero que cuatro átomos de hidrógeno. Los neutrinos del primer paso de la cadena los detectó en 2014 el experimento Borexino, bajo el macizo italiano del Gran Sasso, y los del ciclo CNO en 2020, lo que mostró que el Sol obtiene alrededor del 1 % de su energía de ese ciclo. Unos 60.000 millones de neutrinos solares atraviesan cada centímetro cuadrado de tu piel cada segundo, también de noche, porque la Tierra apenas los frena.

¿Sabías que litro a litro un cuerpo humano en reposo desprende más calor que el núcleo del Sol? El Sol nos eclipsa solo porque su núcleo ocupa unas 20.000 veces el volumen de la Tierra.

En la Tierra, imitar al Sol es difícil porque no podemos tomar prestada su gravedad. Los laboratorios confinan el plasma con imanes, como el proyecto ITER en construcción en el sur de Francia, o comprimen cápsulas de combustible con láseres: en diciembre de 2022 la National Ignition Facility de California liberó por primera vez más energía de fusión de la que sus láseres entregaron al blanco. El Sol, a mitad de su presupuesto de hidrógeno de diez mil millones de años, aún tiene cinco mil millones por delante. Cada tarde templada es un poco de masa que se ha ido para siempre, convertida en luz.

La cadena protón–protón: entran cuatro protones, sale un helio protón neutrón Un susurro de masa perdida, el 0,7 %, es lo que hace brillar al Sol. Paso 1 · fuerza débil + + e⁺ + ν deuterio espera c. 10 000 Ma × 2 1 Paso 2 · c. 1 segundo + + γ helio-3 × 2 2 Paso 3 · fusión de ³He + + p + p helio-4 · el producto 3 El balance de masa 4 protones 4,029 u 1 helio-4 4,002 u falta: c. 0,7 % E = mc² · 26,7 MeV Sol: c. 600 Mt de H por segundo c. 4 Mt de masa → energía Bethe 1938–39 4 Dos formas de salir del Sol fotones γ rayos gamma camino aleatorio c. 100 000 años luz solar 8 min 20 s hasta aquí neutrinos apenas interactúan salen del Sol c. 2 segundos llegan a la Tierra 60 000 M /cm² /s 5
Fig. 32 · La fusión nuclear. La cadena protón-protón: cuatro protones se funden en un núcleo de helio y liberan energía
Capítulo 33 · Parte IV

El tiempo espacial

El Sol no es una lámpara constante. Su ecuador gira en unos 25 días y sus polos en unos 35, de modo que su campo magnético se enrolla, se enreda y se anuda hasta que los bucles atraviesan la superficie. Esos nudos se ven como manchas solares, regiones unos 1.500 grados más frías que su entorno porque el intenso campo ahoga el calor que sube. Su número crece y decrece en el ciclo solar de unos 11 años, descubierto en 1843 por el astrónomo aficionado alemán Heinrich Schwabe. En cada ciclo el campo global se invierte, así que el ciclo magnético completo, identificado por George Ellery Hale, dura unos 22 años.

Cuando los campos enredados se rompen y se reconectan, liberan fulguraciones solares, estallidos de rayos X y ultravioleta que llegan a la Tierra en ocho minutos. A menudo van acompañadas de eyecciones de masa coronal, nubes de plasma magnetizado de miles de millones de toneladas lanzadas a entre cientos y más de 2.000 kilómetros por segundo, que tardan desde menos de un día hasta unos cuatro días en alcanzarnos. Cuando el campo magnético de una eyección apunta en sentido contrario al terrestre, se acopla a nuestra magnetosfera y desencadena una tormenta geomagnética.

La referencia es el evento Carrington. El 1 de septiembre de 1859 el astrónomo inglés Richard Carrington, mientras dibujaba manchas, vio dos cuentas de luz blanca encenderse y apagarse; unas 17 horas después llegó la tormenta, hubo auroras hasta en Cuba y los telegrafistas recibieron descargas mientras algunas líneas transmitían mensajes solo con la corriente de la tormenta. En marzo de 1989 una tormenta menor tumbó la red eléctrica de Quebec en unos 90 segundos y dejó a seis millones de personas sin luz durante nueve horas. En febrero de 2022 una tormenta modesta hinchó la alta atmósfera lo suficiente como para hacer caer 38 de 49 satélites Starlink recién lanzados, y el 10 y 11 de mayo de 2024 la tormenta más fuerte en dos décadas pintó auroras sobre el sur de Inglaterra, España y México.

Una imagen muy extendida muestra partículas solares cayendo en línea recta para encender la aurora. En realidad, la tormenta carga de energía la larga cola magnética que la Tierra arrastra tras de sí, y los electrones acelerados allí descienden en espiral por las líneas de campo hasta chocar con el oxígeno a entre 100 y 300 kilómetros de altura, que brilla en verde y, más arriba, en rojo, mientras el nitrógeno añade azul y violeta. Vigilar el peligro es hoy rutina. Los coronógrafos de SOHO ven salir las eyecciones del Sol desde 1996, el satélite DSCOVR de la NOAA, en el punto L1, a 1,5 millones de kilómetros en dirección al Sol, da entre 15 y 60 minutos de aviso antes de que llegue una nube, y la Met Office británica mantiene desde 2014 un centro de tiempo espacial abierto día y noche.

¿Sabías que entre 1645 y 1715, aproximadamente, los astrónomos apenas registraron manchas solares? Esa calma, el mínimo de Maunder, coincidió con algunas de las décadas más frías de la Pequeña Edad de Hielo.

El ciclo 25, iniciado en diciembre de 2019, alcanzó su máximo hacia finales de 2024 y se apaga hacia un mínimo previsto en torno a 2030, aunque las grandes tormentas suelen llegar en la fase de descenso. Para casi todos nosotros el tiempo espacial es un regalo: cortinas verdes captadas con el móvil desde un jardín de las afueras. Para los gestores de redes eléctricas, las aerolíneas y los operadores de satélites es un parte que se consulta a diario, porque la estrella que nos calienta también, de vez en cuando, nos lanza cosas.

El ciclo solar de 11 años y el viaje de una tormenta a la Tierra distancia Sol–Tierra sin escala c. 11 años Schwabe 1843 inversión: 22 años Ascenso más manchas Descenso tormentas tardías La estrella que nos calienta también, de vez en cuando, lanza cosas. Mínimo 2019 · c. 2030 1 Máximo pico c. 2024 pico de manchas 2 Sol fulguración + EMC rayos X: 8 min EMC: <1 a c. 4 días 3 L1 SOHO · DSCOVR a 1,5 M km aviso de 15–60 min 4 Tierra 1859 Carrington 1989 Quebec a oscuras 2022 38 Starlinks mayo 2024: auroras en el sur de Inglaterra electrones de tormenta chocan con O y N2 a 100–300 km 5
Fig. 33 · El tiempo espacial. El ciclo solar de 11 años y el viaje de una eyección de masa coronal hasta la Tierra
Capítulo 34 · Parte IV

Viveros estelares

Las estrellas nacen en los lugares más fríos de la galaxia. Las nubes moleculares gigantes, hechas sobre todo de moléculas de hidrógeno con una pizca de polvo, están a entre 10 y 20 grados por encima del cero absoluto y pueden contener desde diez mil hasta unos pocos millones de veces la masa del Sol, repartidas en decenas o cientos de años luz. Son tenues para lo que estamos acostumbrados, unos cientos de moléculas por centímetro cúbico, más vacías que cualquier vacío de laboratorio, pero hay tanta materia que su propia gravedad importa.

Un grumo se colapsa cuando su gravedad vence a la presión de su gas, un umbral que calculó James Jeans en 1902. Un empujón ayuda: la onda de choque de una supernova cercana, el viento de una estrella joven y caliente o la compresión de un brazo espiral. Los núcleos más densos caen sobre sí mismos en unos 100.000 años, girando cada vez más deprisa a medida que se encogen, como una patinadora que recoge los brazos, y se aplanan en un disco alrededor de una protoestrella caliente. La materia que no puede caer sale despedida por dos chorros polares que abren en el gas circundante nudos luminosos llamados objetos Herbig-Haro. En una estrella como el Sol, la lenta contracción continúa después durante algunas decenas de millones de años, hasta que el núcleo alcanza unos 10 millones de grados y se enciende la fusión del hidrógeno. Los grumos de menos del 8 % de la masa solar, aproximadamente, nunca lo logran y se convierten en enanas marrones.

La luz visible no penetra en un vivero, porque el polvo la bloquea, pero el infrarrojo y las ondas de radio sí. Los telescopios espaciales Spitzer y Herschel cartografiaron nubes surcadas de largos filamentos; el conjunto ALMA, en el desierto chileno de Atacama, fotografió en 2014 la joven estrella HL Tauri con anillos y surcos ya tallados en su disco; y desde 2022 el telescopio espacial James Webb atraviesa el polvo para mostrar chorros, cavidades y estrellas recién nacidas con gran nitidez.

El vivero más famoso se ve desde un jardín. La nebulosa de Orión, M42, a unos 1.350 años luz, es la «estrella» borrosa del centro de la espada de Orión, iluminada por las calientes estrellas del Trapecio en su corazón. En los años noventa, el Hubble reveló en ella decenas de discos protoplanetarios, apodados proplyds, recortados en silueta contra su resplandor. En la nebulosa del Águila, M16, a unos 6.500 años luz, los Pilares de la Creación, fotografiados por el Hubble en 1995 y de nuevo por el Webb en 2022, son columnas de gas de varios años luz de altura, erosionadas en sus puntas por la luz de las estrellas. La idea popular de que una supernova ya los ha destruido, basada en un estudio del Spitzer de 2007, nunca se ha confirmado.

¿Sabías que las estrellas casi nunca nacen solas? La mayoría se forma en cúmulos, y las hermanas del Sol, nacidas de la misma nube hace 4.600 millones de años, hace mucho que se dispersaron por la galaxia.

La Vía Láctea sigue fabricando cada año estrellas nuevas por valor de uno o dos soles, y la mayoría de las recién nacidas son pequeñas enanas rojas. Cada átomo de tu cuerpo pasó por una nube así antes de que la joven Tierra lo recogiera. Cuando encuentras M42 con prismáticos una noche de invierno, estás mirando una sala de maternidad con las luces encendidas.

De la nube fría a la estrella recién nacida una estrella como el Sol · tiempos aproximados c. 100 000 años c. 0,5 Ma decenas de Ma ignición Cada átomo de tu cuerpo pasó por una nube como estas. Nube fría 10–20 K 10⁴–10⁶ Soles 1 Colapso Jeans 1902 gira más 2 Protoestrella disco + chorros Herbig–Haro 3 Contracción fase T Tauri <0,08 Soles fallan 4 Se enciende núcleo 10 M °C sec. principal M42 · Nebulosa de Orión c. 1350 a. l. · Trapecio visible en la espada de Orión M16 · Pilares c. 6500 a. l. · Hubble 1995 Webb vuelve, 2022 HL Tauri ALMA 2014 · disco con anillos planetas formándose 5
Fig. 34 · Viveros estelares. De la nube fría a la estrella recién nacida: las etapas del nacimiento estelar
Capítulo 35 · Parte IV

La secuencia principal

Mira cualquier estrella del cielo nocturno y lo más probable es que esté haciendo en silencio lo mismo que el Sol: convertir hidrógeno en helio en su núcleo. Esta fase larga y estable es la secuencia principal, y las estrellas pasan en ella alrededor del 90 % de su vida. Una estrella se incorpora el día en que se enciende la fusión y permanece en equilibrio aproximado, gravedad contra presión, hasta que el hidrógeno de su núcleo empieza a escasear. El Sol lleva 4.600 millones de años de una estancia de unos diez mil millones.

Un solo número lo decide casi todo: la masa. Una estrella con el doble de masa que el Sol no brilla el doble, sino más de diez veces más, porque la luminosidad crece aproximadamente como la masa elevada a 3,5. Las estrellas grandes devoran, pues, su combustible. Una estrella de diez masas solares dura unos 20 millones de años; el Sol, diez mil millones; una enana roja de una décima de masa solar, que remueve todo su interior por convección, debería brillar varios billones de años. Las estrellas van desde unas 0,08 masas solares, el límite inferior para fusionar hidrógeno, hasta bastante más de 100.

Los astrónomos clasifican las estrellas por su espectro en los tipos O, B, A, F, G, K y M, desde las blanquiazules de más de 30.000 grados hasta las rojas de menos de unos 3.700, un sistema construido en gran parte en Harvard por Annie Jump Cannon, que clasificó a ojo cientos de miles de estrellas. En 1925 Cecilia Payne demostró en su tesis doctoral que las estrellas están hechas abrumadoramente de hidrógeno y helio, un resultado tan inesperado que la convencieron de presentarlo como probablemente erróneo. Las masas se obtienen de las estrellas dobles: observar dos estrellas en órbita y aplicar la tercera ley de Kepler permite pesarlas. La misión Gaia de la Agencia Espacial Europea, lanzada en 2013, ha medido la distancia a casi dos mil millones de estrellas.

El cielo nocturno ofrece una visita guiada por la secuencia. Sirio A, la estrella más brillante, es de tipo A, con unas dos masas solares, brilla 25 veces más que el Sol y está a 8,6 años luz. El Sol es una modesta estrella G2. Próxima Centauri, la estrella más cercana, a 4,24 años luz, es una enana M de alrededor de un octavo de la masa solar, invisible sin telescopio. En el otro extremo, la estrella más brillante del Trapecio, en la nebulosa de Orión, Theta-1 Orionis C, tiene unas 30 masas solares y habrá desaparecido en unos pocos millones de años. Las enanas rojas son la mayoría silenciosa, unas tres de cada cuatro estrellas de la Vía Láctea, y sin embargo casi ninguna se ve a simple vista.

¿Sabías que ninguna enana roja ha muerto todavía de vieja? Sus vidas se cuentan en billones de años, y el universo solo tiene 13.800 millones.

La secuencia principal también explica por qué el Sol ha sido generoso con nosotros. Una estrella mucho más pesada habría muerto antes de que arrancara la vida; una mucho más ligera ofrecería un resplandor débil y propenso a las fulguraciones. El Sol ha ganado alrededor de un 30 % de brillo desde su nacimiento y seguirá aumentándolo poco a poco, pero por ahora ocupa la mitad de la tabla, lo bastante estable para cuatro mil millones de años de biología. La masa es el destino, y la nuestra resultó casi perfecta.

La secuencia principal: las estrellas más pesadas mueren antes altura = log de la vida en la secuencia principal 10 Ma 1000 Ma 10 000 Ma 10⁶ Ma La masa es destino: si se duplica, la estrella brilla diez veces más. Theta-1 Ori C O · c. 30 Soles unos pocos Ma 1 Sirio A A · 2 Soles c. 1000 M años 2 El Sol G2 · 1 Sol c. 10 000 M años 3 Próxima Cen M · 0,12 Soles billones de años 4 La regla de la masa luminosidad ∝ masa^3,5 la vida cae ∝ masa^-2,5 clases: O B A F G K M caliente, azul → fría, roja 5
Fig. 35 · La secuencia principal. La vida de las estrellas en bloques: cuanto más pesada, antes se apaga
Capítulo 36 · Parte IV

El diagrama HR

Hacia 1911 el astrónomo danés Ejnar Hertzsprung y, de forma independiente, el estadounidense Henry Norris Russell en 1913 representaron el brillo de las estrellas frente a su color y descubrieron que los puntos no se dispersaban al azar. Se agolpaban en unas pocas regiones bien definidas. El resultado, el diagrama de Hertzsprung-Russell, es la tabla periódica de la astronomía: un solo gráfico en el que la posición de una estrella revela su tamaño, su etapa vital y a menudo su masa.

Por convención, el eje horizontal muestra la temperatura superficial, o el tipo espectral, con las estrellas azules y calientes a la izquierda y las rojas y frías a la derecha, un orden al revés heredado de la historia. El eje vertical muestra la luminosidad, normalmente en escala logarítmica, desde una diezmilésima del Sol hasta un millón de soles. Como la potencia de una estrella depende de su superficie y de la cuarta potencia de su temperatura, una estrella fría solo puede ser muy luminosa si es enorme, de modo que las líneas de radio constante cruzan el gráfico en diagonal: gigantes arriba a la derecha, enanas abajo a la izquierda.

Unas nueve de cada diez estrellas están en la secuencia principal, la banda diagonal que baja desde estrellas calientes y brillantes como Espiga hasta pálidas enanas rojas como Próxima Centauri, con el Sol, a 5.800 kelvin y una luminosidad solar, más o menos a mitad de camino. Por encima y a la derecha se sitúan las gigantes rojas, como Arturo y Aldebarán, decenas de veces más anchas que el Sol. Por la parte más alta corren las supergigantes: en Orión, la roja Betelgeuse, a unos 3.600 kelvin, y la blanquiazul Rigel, a unos 12.000, brillan cada una como unos 100.000 soles. Muy abajo están las enanas blancas, calientes pero diminutas. Sirio B, la tenue compañera de la estrella más brillante del cielo, encierra aproximadamente la masa del Sol en una bola del tamaño de la Tierra.

El diagrama es una instantánea, no un circuito de carreras. Una estrella no se desliza por la secuencia principal al envejecer: ocupa un punto fijado por su masa y luego lo abandona, hinchándose hacia arriba y a la derecha, hacia las gigantes, para acabar, en la mayoría de los casos, entre las enanas blancas. Si se representa un solo cúmulo, cuyos miembros tienen la misma edad, la secuencia principal aparece mordida por arriba: ese punto de desvío fecha el cúmulo y da a los cúmulos globulares más viejos unos 12.000 millones de años o más. En 2018 la segunda publicación de datos de Gaia situó más de cuatro millones de estrellas cercanas con distancias tan precisas que aparecieron detalles nuevos, entre ellos un desdoblamiento de la secuencia de enanas blancas.

¿Sabías que a finales de 2019 y principios de 2020 Betelgeuse perdió mucho más de la mitad de su brillo habitual? Después se comprobó que el «Gran Oscurecimiento» se debió a una nube de polvo expulsada por la estrella, no al anuncio de una explosión inminente.

Para quien observa desde el jardín, el diagrama está a la vista de todos. Orión reúne por sí sola una supergigante roja, una supergigante azul y un vivero de estrellas recién nacidas, y los colores que se ven a simple vista, el anaranjado de Betelgeuse frente al blanco helado de Rigel, son temperaturas que lees directamente. Cada estrella del cielo tiene una dirección en un único gráfico.

El diagrama de Hertzsprung–Russell luminosidad · Sol = 1 40 000 K 20,000 10,000 5,000 3,000 10⁶ 10⁴ 100 1 0.01 10⁻⁴ O B A F G K M temperatura superficial: caliente ← → fría 100 R☉ 1 R☉ 0,01 R☉ Cada estrella del cielo tiene una dirección en un mismo gráfico. Espiga Sirio A Próxima Cen sec. principal c. 90 % estrellas 1 Arturo Aldebarán gigantes rojas 2 Rigel Betelgeuse supergigantes 3 Sirio B tamaño Tierra enanas blancas 4 El Sol G2 · 5800 K 5
Fig. 36 · El diagrama HR. El diagrama de Hertzsprung-Russell: temperatura y luminosidad de estrellas conocidas
Capítulo 37 · Parte IV

Gigantes rojas y enanas blancas

El Sol está en la mediana edad, y su futuro se conoce especialmente bien porque vemos otras estrellas que van por delante en el mismo camino. Ya ahora es alrededor de un 30 % más brillante que al nacer, y dentro de unos mil millones de años lo será otro 10 % más, suficiente, según muchos modelos, para expulsar los océanos de la Tierra mucho antes de que al propio Sol le ocurra nada dramático.

Dentro de unos cinco mil millones de años se acabará el hidrógeno del núcleo. El núcleo, ya hecho de ceniza de helio, se contrae y se calienta mientras el hidrógeno arde en una capa a su alrededor, y las capas externas se hinchan enormemente: el Sol se convierte en una gigante roja, más fría en superficie, un par de miles de veces más luminosa y quizá 200 veces más ancha que hoy. Mercurio y Venus serán engullidos. El destino de la Tierra es objeto de debate genuino, porque el Sol hinchado perderá buena parte de su masa, aflojará su abrazo y dejará que los planetas se alejen. Cuando el núcleo alcance unos 100 millones de grados, el helio se encenderá en el destello del helio y empezará a fusionarse en carbono y oxígeno, y la estrella se estabilizará durante unos 100 millones de años antes de hincharse otra vez.

En su última fase hinchada, el Sol expulsará sus capas externas a bocanadas y dejará al descubierto un núcleo caliente cuya luz ultravioleta hace brillar el gas expulsado. Es una nebulosa planetaria, nombre que acuñó William Herschel en la década de 1780 porque aquellos resplandores redondos parecían planetas en su telescopio; no tienen nada que ver con los planetas. La nebulosa del Anillo, M57 en la Lira, es el ejemplo clásico; la nebulosa de la Hélice, NGC 7293, a unos 650 años luz, está entre las más cercanas; y la nebulosa del Anillo Austral, NGC 3132, fue una de las primeras imágenes del telescopio espacial James Webb, en julio de 2022.

Lo que queda es una enana blanca: una brasa de aproximadamente la mitad de la masa solar comprimida en una esfera del tamaño de la Tierra, tan densa que una cucharadita pesaría varias toneladas. Solo brilla por el calor acumulado. A la gravedad no la frena la fusión, sino electrones que, por las reglas cuánticas, se niegan a apretarse más, una presión con techo: en 1930 el joven Subrahmanyan Chandrasekhar calculó que ninguna enana blanca puede superar unas 1,4 masas solares. La primera conocida fue Sirio B, deducida por Friedrich Bessel en 1844 a partir del bamboleo de Sirio y avistada por Alvan Graham Clark en 1862. En 2019 los datos de Gaia revelaron enanas blancas que cristalizan al enfriarse, con su carbono y su oxígeno congelándose en núcleos sólidos.

¿Sabías que ninguna enana blanca se ha enfriado todavía hasta convertirse en una fría y oscura «enana negra»? Para eso hace falta muchísimo más que los 13.800 millones de años que tiene el universo.

Alrededor del 97 % de las estrellas de la Vía Láctea, el Sol incluido, acabarán así. Es el destino tranquilo de la mayoría: sin explosión ni agujero negro, solo un largo resplandor que se enfría, rodeado de los restos errantes de sus planetas. El carbono y el oxígeno que gigantes más antiguas soplaron al espacio ya están en tu cuerpo. El Sol se apagará con suavidad, que es lo máximo que cualquiera puede pedir.

El futuro del Sol: crecer, mudar, enfriarse tiempos desde hoy · tamaños y distancias sin escala nació hace 4600 M años Sin explosión, solo un largo brillo que se enfría: el destino del 97 % de las estrellas. ahora Hoy G2 · 4600 M años 30 % más brillante 1 +1000 M años Sin océanos +10 % de brillo hierven los mares 2 Mercurio Venus +5000 a 7600 M años Gigante roja c. 200 × más ancha devora a Mercurio 3 +7700 M años Nebulosa capas expulsadas como M57 4 enana Tierra luego billones Enana blanca tamaño Tierra máx. 1,4 Soles 5
Fig. 37 · Gigantes rojas y enanas blancas. El futuro del Sol: gigante roja, nebulosa planetaria y enana blanca
Capítulo 38 · Parte IV

Supernovas

Una supernova es una estrella que explota, y durante unas semanas puede rivalizar con la luz de una galaxia entera de miles de millones de estrellas. Hay dos recetas principales. En una supernova de colapso del núcleo, una estrella de más de unas ocho masas solares agota su combustible y su núcleo implosiona. En una supernova de tipo Ia, una enana blanca en un sistema binario gana masa suficiente, de una compañera o por una fusión, para acercarse al límite de 1,4 masas solares, y queda destruida en una explosión termonuclear desbocada.

Una estrella masiva fabrica su propia bomba. Tras el hidrógeno y el helio fusiona carbono, neón, oxígeno y silicio, cada etapa más rápida que la anterior, hasta parecer una cebolla de capas en combustión alrededor de un núcleo de hierro. En una estrella de unos 25 soles, la combustión del hidrógeno dura unos siete millones de años, la del carbono unos siglos y la del silicio alrededor de un día. El hierro es un callejón sin salida: fusionarlo absorbe energía en lugar de liberarla. Cuando el núcleo de hierro supera unas 1,4 masas solares se desploma en mucho menos de un segundo, desde aproximadamente el tamaño de la Tierra hasta una bola de unos 20 kilómetros, a hasta una cuarta parte de la velocidad de la luz. La materia que cae rebota contra la estrella de neutrones recién nacida, y una avalancha de neutrinos ayuda a empujar la onda de choque hacia fuera.

Casi toda la energía es invisible. Alrededor del 99 % escapa en forma de neutrinos, y el 23 de febrero de 1987 los detectores lo demostraron. Cuando SN 1987A estalló en la Gran Nube de Magallanes, a unos 168.000 años luz, el detector Kamiokande II en Japón, IMB en Estados Unidos y Baksan en la Unión Soviética captaron unas dos docenas de neutrinos en 13 segundos, unas horas antes de que se viera la luz. Fue la primera supernova visible a simple vista desde 1604, y en 2024 el telescopio espacial James Webb halló pruebas sólidas de la estrella de neutrones oculta entre sus restos.

La historia está salpicada de ellas. La supernova de 1006, en el Lobo, la más brillante jamás registrada, fue anotada por observadores desde China y Japón hasta Egipto y Europa. La estrella de Tycho Brahe de 1572, en Casiopea, demostró que los cielos podían cambiar, y la de Kepler de 1604, en Ofiuco, es la última vista en nuestra propia galaxia. En mayo de 2023 el aficionado japonés Koichi Itagaki descubrió SN 2023ixf en la galaxia del Molinete, M101, a 21 millones de años luz, la supernova de colapso del núcleo más cercana en una década. Las explosiones de tipo Ia, que alcanzan un brillo máximo casi idéntico, sirven como candelas estándar para medir la expansión del universo.

¿Sabías que una supernova tendría que estallar a menos de unos 50 años luz para dañar seriamente la capa de ozono terrestre, y que ninguna estrella tan cercana es lo bastante masiva para explotar?

La Vía Láctea debería tener una o dos supernovas de colapso del núcleo por siglo, casi todas ocultas tras el polvo, así que podría decirse que ya toca una. Betelgeuse, a unos 550 años luz, probablemente estallará en los próximos 100.000 años, con brillo suficiente para verse de día y sin ningún peligro. El oxígeno que respiras y el calcio de tus huesos se forjaron en estrellas y se esparcieron en explosiones como estas. Somos, literalmente, ceniza de estrellas.

Dentro de una gigante condenada: la cebolla y el colapso estrella de c. 25 Soles · tiempos aproximados · sin escala El hierro es el callejón sin salida: cuando el núcleo ya no fusiona, cae. H 7 Ma He 0,7 Ma C c. 500 a Ne c. 1 año O c. 6 mes Si c. 1 día combustible, duración 1 Fe núcleo de hierro 2 Colapso y rebote tamaño Tierra < 1 s c. 20 km choque caída a 0,25 c 3 neutrinos de SN 1987A 23 feb 1987 · GNM · 168 000 a. l. c. 25 captados en 13 s Kamiokande II · IMB · Baksan 99 % neutrinos · 1 % luz + movimiento 4 Lo que queda Estr. neutrones casi siempre Agujero negro las más pesadas restos: Cangrejo M1 · Cas A O, Si, Ca, Fe al espacio 5
Fig. 38 · Supernovas. Dentro de las capas ardientes de una estrella masiva y el colapso que acaba con ella
Capítulo 39 · Parte IV

Estrellas de neutrones y púlsares

Una estrella de neutrones es lo que queda cuando el núcleo de una estrella masiva se desploma y la explosión no termina el trabajo. Comprime unas 1,4 masas solares en una esfera de 20 a 25 kilómetros, el tamaño de una ciudad, y los electrones se ven forzados a fundirse con los protones hasta que el astro queda hecho sobre todo de neutrones, tan apretados como en un núcleo atómico. Un terrón de azúcar de esa materia pesaría cientos de millones de toneladas, más o menos lo que toda la humanidad junta.

Walter Baade y Fritz Zwicky propusieron estos objetos en 1934, apenas dos años después del descubrimiento del neutrón, pero pocos esperaban ver uno. Entonces, en 1967, Jocelyn Bell, estudiante de doctorado en Cambridge que trabajaba con Antony Hewish en un nuevo radiotelescopio de casi dos hectáreas, advirtió un pequeño «borrón» en sus registros de papel. Era un pulso que se repetía cada 1,337 segundos, tan regular que medio en broma lo bautizaron LGM-1, por Little Green Men, los hombrecillos verdes. El hallazgo de otros en distintas zonas del cielo descartó a los extraterrestres: eran púlsares. Hewish compartió el premio Nobel de Física de 1974 con Martin Ryle, y la exclusión de Bell, hoy Dame Jocelyn Bell Burnell, aún se discute.

Un púlsar es una estrella de neutrones en rotación cuyo campo magnético, un billón de veces el de la Tierra o más, está inclinado respecto a su eje de giro. Partículas cargadas fluyen por los polos magnéticos y emiten haces de radiación, y cada vez que un haz barre la Tierra recibimos un tictac, como el de un faro. El púlsar del Cangrejo, en el corazón de los restos de la supernova de 1054, gira unas 30 veces por segundo; PSR J1748−2446ad, en el cúmulo globular Terzan 5, gira 716 veces por segundo, con su ecuador moviéndose a cerca de una quinta parte de la velocidad de la luz. Los magnetares, con campos hasta mil veces más intensos todavía, desatan estallidos como el de SGR 1806−20 del 27 de diciembre de 2004.

Los púlsares son relojes magníficos, y los astrónomos los usan como instrumentos. En 1974 Russell Hulse y Joseph Taylor hallaron un púlsar en órbita alrededor de otra estrella de neutrones; con los años la órbita se encogió exactamente como predice la teoría de Einstein si la pareja emite ondas gravitacionales, lo que les valió el premio Nobel de 1993. El telescopio de rayos X NICER de la NASA, en la Estación Espacial Internacional, ha medido estrellas de neutrones de unos 25 kilómetros de diámetro, y las más pesadas conocidas superan el doble de la masa del Sol. En 2023 la colaboración NANOGrav, que cronometra decenas de púlsares rápidos desde hace 15 años, anunció indicios de un fondo de ondas gravitacionales que recorre la galaxia.

¿Sabías que las placas de las Pioneer 10 y 11 y los discos de oro de las Voyager muestran la posición del Sol respecto a 14 púlsares, cada uno con su periodo, para que quien los encuentre pueda saber dónde vivimos?

Ya hay catalogados más de 3.000 púlsares, muchos descubiertos con grandes radiotelescopios como Parkes en Australia y FAST en China. Son metrónomos cósmicos tan constantes que algún día podrían guiar naves por el sistema solar como un GPS galáctico. Una estrella muerta, resulta, da la hora a la perfección.

Un púlsar: el modelo del faro estrella de neutrones sin escala con sus haces Una estrella muerta, resulta, da la hora con precisión. neutrones corteza de c. 1 km 1 Estr. neutrones c. 1,4 Soles en 20–25 km un terrón: cientos de Mt eje giro eje magnético 2 Campo magnético c. 10¹² × el terrestre magnetares: hasta 1000 × más haz de radio 3 1,337 s CP 1919 · Jocelyn Bell · 1967 4 Récords de giro Cangrejo: 30 vueltas por segundo J1748−2446ad: 716 por segundo Relojes para la física binaria de Hulse–Taylor 1974 zumbido NANOGrav 2023 5
Fig. 39 · Estrellas de neutrones y púlsares. El púlsar como faro cósmico: eje de giro, eje magnético, haces y pulsos
Capítulo 40 · Parte IV

Agujeros negros

Un agujero negro es una región donde la gravedad es tan intensa que nada, ni siquiera la luz, puede salir. Su frontera es el horizonte de sucesos, un punto sin retorno más que una superficie. Su tamaño depende solo de su masa: el radio es de unos 3 kilómetros por cada masa solar, de modo que un agujero negro con la masa del Sol mediría unos 6 kilómetros de diámetro, y uno con la masa de la Tierra, más o menos lo que una canica. En su centro, la relatividad general predice una singularidad de densidad infinita, señal de que la teoría ha llegado a sus límites.

La idea es más antigua que el nombre. En 1783 el clérigo inglés John Michell imaginó «estrellas oscuras» demasiado masivas para que la luz escapara de ellas. En 1916 Karl Schwarzschild halló la primera solución exacta de las ecuaciones de Einstein, y en ella aparece el horizonte. El término «agujero negro» lo popularizó John Wheeler en 1967. Los agujeros negros estelares se forman cuando se desploman los núcleos de estrellas muy masivas; los supermasivos, de millones a miles de millones de masas solares, ocupan el centro de las galaxias.

A los agujeros negros se los ve por lo que hacen a su entorno. A principios de los años setenta, Cygnus X-1, una fuente de rayos X en órbita alrededor de una supergigante azul, se convirtió en el primer agujero negro ampliamente aceptado; hoy se calcula que pesa unos 21 soles. Desde los años noventa, los equipos de Reinhard Genzel y Andrea Ghez siguen estrellas que giran a toda velocidad alrededor del centro de la Vía Láctea, entre ellas S2, que completa una órbita cada 16 años, y han demostrado que Sagitario A\ contiene unos cuatro millones de masas solares en un volumen diminuto; compartieron el premio Nobel de Física de 2020 con Roger Penrose. El 14 de septiembre de 2015 los dos detectores LIGO registraron GW150914, las ondas gravitacionales de dos agujeros negros de unas 36 y 29 masas solares fusionándose a 1.300 millones de años luz. Y en 2019 el Event Horizon Telescope, una red de radiotelescopios a escala planetaria, publicó la primera imagen de la sombra de un agujero negro, en la galaxia M87, seguida de la de Sagitario A en 2022.

Los agujeros negros no son aspiradoras cósmicas. Lejos del horizonte, su gravedad es exactamente la de cualquier otro objeto de la misma masa; si se sustituyera el Sol por un agujero negro de igual masa, la órbita de la Tierra no cambiaría. El peligro está muy cerca. Cae en un agujero negro estelar y las fuerzas de marea te estirarían como un espagueti mucho antes del horizonte; cae en uno supermasivo y podrías cruzar el horizonte ileso, mientras los observadores lejanos te verían frenar, enrojecer y desvanecerte. Stephen Hawking demostró en 1974 que los agujeros negros deberían emitir radiación lentamente, aunque en los estelares ese resplandor es demasiado débil para detectarse jamás.

¿Sabías que el agujero negro más cercano conocido, Gaia BH1, está a unos 1.560 años luz y se descubrió en 2022 solo por el bamboleo que imprime a una estrella compañera parecida al Sol?

Pese a su fama amenazadora, los agujeros negros están entre los objetos más simples de la naturaleza, descritos por completo con su masa, su giro y su carga eléctrica. Apunta unos prismáticos hacia el Cisne una noche de verano y estarás mirando en dirección a uno de ellos: invisible por definición, delatado por la compañía que frecuenta.

Agujeros negros: cinco formas de saber que están ahí Agujero negro · no escapa la luz orquestador · r ≈ 3 km por Sol Anatomía, de dentro afuera singularidad · horizonte de sucesos · esfera de fotones 1,5 r · disco · chorros Invisibles por definición, delatados por su compañía. Rayos X Cygnus X-1 21 Soles · 1972 era Uhuru Gaia BH3 33 Soles · 2024 bamboleo estelar 1 Órbitas Estrella S2 órbita de 16 años Sgr A* Genzel, Ghez VLT y Keck Nobel 2020 2 Ondas GW150914 36 + 29 Soles 14 sept. 2015 LIGO-Virgo con KAGRA 200+ fusiones 3 Sombras M87* 6500 M Soles imagen 2019 Sgr A* 4 millones Soles imagen 2022 4 Teoría Schwarzschild horizonte 1916 r = 2GM/c² Hawking radiación 1974 no observada 5
Fig. 40 · Agujeros negros. Cómo sabemos que existen los agujeros negros: cinco pruebas, de los rayos X a las imágenes
Parte V

Las galaxias

Ciudades de estrellas, agujeros negros monstruosos y la telaraña cósmica.

Capítulo 41 · Parte V

La Vía Láctea

En una noche oscura y sin luna, un pálido río de luz cruza el cielo. Ese río es la Vía Láctea, nuestra propia galaxia, vista desde dentro de su disco. Todas las estrellas que se ven a simple vista le pertenecen, y también otros 100.000 a 400.000 millones más. Los griegos la llamaban galaxias kyklos, el círculo lechoso, y de ahí procede la palabra galaxia.

Vista desde fuera, sería una espiral barrada. Una barra central de estrellas viejas, de unos 10.000 años luz a cada lado del centro, se aloja en un disco plano de unos 100.000 años luz de diámetro pero solo unos 1.000 de grosor: en proporción, más fino que un disco de vinilo. Los brazos espirales, sobre todo los de Perseo y Escudo-Centauro, se enroscan desde la barra, señalados por estrellas jóvenes y azules y gas brillante. Todo ello está envuelto por un halo casi esférico de estrellas viejas y dispersas, unos 150 cúmulos globulares y una nube mucho mayor de materia oscura que eleva la masa total de la galaxia a cerca de un billón de soles, aunque las estimaciones aún varían.

El Sol vive en un modesto ramal llamado brazo de Orión, a unos 26.000 años luz del centro. Viaja a unos 230 kilómetros por segundo y, aun así, una vuelta completa, un año galáctico, le lleva unos 230 millones de años. Desde que se formó solo ha dado unas 20. En el centro se encuentra Sagitario A\*, un agujero negro de unos cuatro millones de masas solares, oculto a los telescopios ópticos tras unas 30 magnitudes de polvo, pero bien visible en radio, infrarrojo y rayos X.

Averiguarlo llevó cuatro siglos. En 1610, Galileo apuntó su telescopio a la franja lechosa y descubrió que estaba hecha de incontables estrellas débiles. En 1785, William Herschel contó estrellas en distintas direcciones y dibujó la galaxia como un disco aplanado con el Sol cerca del centro. En 1918, Harlow Shapley usó las distancias de los cúmulos globulares para demostrar que el Sol está lejos del centro, hacia el borde de un sistema mucho mayor. En la década de 1950, los radioastrónomos cartografiaron el brillo del hidrógeno a 21 centímetros y siguieron los brazos a través del polvo, y entre 2013 y 2025 la sonda Gaia de la Agencia Espacial Europea midió posiciones y movimientos de casi dos mil millones de estrellas, revelando un disco alabeado, ondulante y aún asentándose tras antiguas colisiones.

¿Sabías que la última vez que el Sol pasó por este punto de su órbita, hace unos 230 millones de años, los primeros dinosaurios apenas estaban apareciendo?

Desde las ciudades, la Vía Láctea casi ha desaparecido; alrededor de un tercio de la humanidad ya no puede verla. Busca un cielo oscuro a finales del verano, mira hacia Sagitario y estarás contemplando el corazón abarrotado de la galaxia. Es la única que veremos jamás desde dentro.

La Vía Láctea: nuestra espiral barrada, de frente y de canto esquema artístico · sin escala disco de c. 100 000 años luz La franja de nuestro cielo nocturno es este disco, visto desde dentro. Barra central + Sgr A* barra de c. 10 000 a. l. por lado 1 Brazos espirales Perseo · Escudo-Centauro menores: Sagitario · Norma 2 26 000 a. l. El Sol · brazo de Orión 230 km/s en torno al centro una vuelta c. 230 millones de años 3 Vista de canto c. 1000 a.l. de grosor fino como vinilo 4 Halo oscuro c. 150 cúmulos globulares total c. 1 billón M☉ 5
Fig. 41 · La Vía Láctea. Nuestra galaxia de frente y de canto: barra, brazos, el Sol y el halo oscuro
Capítulo 42 · Parte V

Tipos de galaxias

Las galaxias adoptan un puñado de formas, y la forma dice mucho de su vida. En 1926, Edwin Hubble, al ordenar placas fotográficas del telescopio de 100 pulgadas del monte Wilson, propuso un esquema sencillo. Una década después, en su libro The Realm of the Nebulae, lo dibujó como un diapasón, y los astrónomos siguen usando sus etiquetas un siglo más tarde.

En el mango están las elípticas, bolas lisas de estrellas graduadas de E0, perfectamente redondas, a E7, alargadas como un puro. Tienen poco gas frío, forman pocas estrellas y brillan con la luz rojiza de las estrellas viejas. Las mayores viven en el corazón de los cúmulos: M87, en el cúmulo de Virgo, alberga quizá un billón de estrellas y un agujero negro de 6.500 millones de soles. Donde el diapasón se bifurca están las lenticulares, S0, discos sin brazos visibles, como la galaxia del Huso. Luego las ramas se separan: las espirales, de Sa a Sc, desde brazos apretados alrededor de un gran bulbo hasta brazos sueltos alrededor de uno pequeño, y las espirales barradas, de SBa a SBc, cuyos brazos parten de los extremos de una barra recta de estrellas. La galaxia del Remolino, M51, es una espiral clásica; NGC 1300 es la barrada de manual, y la Vía Láctea también es una espiral barrada. Lo que no encaja en ningún sitio es irregular, como la Pequeña Nube de Magallanes o la maltrecha galaxia con brote estelar M82.

Hubble llamó «tempranas» a las elípticas y «tardías» a las espirales, y los términos perduraron, pero el diapasón no es un árbol genealógico y las galaxias no avanzan por él. La realidad se parece más a lo contrario: las colisiones entre espirales pueden revolver sus discos y convertirlas en elípticas. El color lo cuenta. Las espirales son azules porque su gas aún forma estrellas calientes y efímeras; las elípticas son «rojas y muertas» porque su gas se ha agotado, ha sido expulsado o está demasiado caliente para colapsar.

Clasificar galaxias a ojo se convirtió en un pasatiempo público en 2007, cuando Chris Lintott y sus colegas lanzaron Galaxy Zoo. Más de 150.000 voluntarios hicieron más de 50 millones de clasificaciones el primer año y, de paso, descubrieron nuevos tipos de objetos. Hoy el aprendizaje automático ordena los cientos de millones de galaxias captadas por Euclid y el Observatorio Vera C. Rubin, mientras el telescopio espacial James Webb encuentra discos sorprendentemente ordenados en el universo joven.

¿Sabías que las galaxias más débiles conocidas, enanas ultradébiles como Segue 2, quizá contengan solo un millar de estrellas, menos que muchos cúmulos estelares?

Las enanas son, con diferencia, las galaxias más comunes, aunque las gigantes como la nuestra reúnen la mayoría de las estrellas. La verdadera lección del diapasón es que la forma guarda la historia: una espiral tranquila ha vivido en calma; una elíptica lleva las cicatrices de las fusiones. Cada galaxia lleva su biografía escrita en la cara.

El diapasón de Hubble: cómo se clasifican las galaxias por su forma Hubble 1926 · dibujado como diapasón en 1936 tipos «tempranos» tipos «tardíos» etiquetas, no un camino evolutivo El diapasón es un archivo, no un árbol genealógico: las fusiones lo recorren al revés. E0 E3 E7 Elípticas rojas, viejas · p. ej. M87 1 S0 lenticular NGC 5866 2 Sa M104 Sb M81 Sc M51 Espirales brazos azules, gas, nacen estrellas 3 SBa NGC 4650 SBb Vía Láctea SBc NGC 1300 Espirales barradas brazos desde una barra de estrellas 4 Irregulares SMC M82 5
Fig. 42 · Tipos de galaxias. El diapasón de Hubble: elípticas, lenticulares, espirales, barradas e irregulares
Capítulo 43 · Parte V

Andrómeda

La galaxia de Andrómeda, catalogada como M31, es lo más lejano que la mayoría de la gente puede ver a simple vista. Desde un lugar oscuro es una tenue mancha ovalada en la constelación de Andrómeda, y su luz ha viajado unos 2,5 millones de años para llegar hasta ti: partió antes de que existiera nuestra especie. El astrónomo persa al-Sufi la describió como una «pequeña nube» en su Libro de las estrellas fijas, hacia el año 964. Las fotografías de larga exposición muestran que abarca unos tres grados de cielo, seis veces el ancho de la Luna llena.

Durante siglos nadie supo qué era. Muchos astrónomos creían que las «nebulosas» espirales eran nubes de gas dentro de la Vía Láctea. Entonces, en octubre de 1923, Edwin Hubble encontró una cefeida, una estrella cuyo ritmo de pulsación revela su brillo real, en una placa tomada con el telescopio Hooker de 100 pulgadas. Tachó la «N» de nova que había escrito al principio y anotó «VAR!». La debilidad de la estrella situaba a Andrómeda mucho más allá de la Vía Láctea, y el universo pasó de golpe a estar lleno de galaxias.

Andrómeda es una gran espiral cuyo disco brillante mide unos 150.000 años luz, con un vasto halo de estrellas débiles y gas que alcanza un millón de años luz o más. Contiene alrededor de un billón de estrellas, quizá varias veces más que la Vía Láctea, y sin embargo las mediciones de materia oscura sugieren que ambas galaxias tienen masas totales parecidas, del orden de un billón de soles cada una. En 2015, el programa PHAT, un mosaico del telescopio espacial Hubble, resolvió más de 100 millones de sus estrellas. Andrómeda tiene su propia corte de satélites, entre ellos la elíptica compacta M32 y M110.

Andrómeda se acerca a unos 110 kilómetros por segundo. En 2012, el Hubble midió su deriva lateral y la respuesta parecía clara: un choque frontal dentro de unos 4.500 millones de años. Pero en 2025 un equipo dirigido por Till Sawala combinó datos de Hubble y Gaia con la atracción de la galaxia del Triángulo y la Gran Nube de Magallanes, y vio que las incertidumbres son grandes. Sus simulaciones daban solo una probabilidad de alrededor del cincuenta por ciento de fusión en los próximos diez mil millones de años. Si ocurre, las dos espirales se asentarán en una elíptica gigante, ya apodada «Lactómeda».

¿Sabías que aunque las dos galaxias choquen, las estrellas están tan separadas que casi ninguna llegaría a tocarse, y lo más probable es que el Sol simplemente saliera despedido hacia una nueva órbita?

Andrómeda es la gran galaxia más cercana que podemos estudiar desde fuera, y por eso el mejor retrato posible de la nuestra. Mírala con prismáticos una noche de otoño y verás, más o menos, lo que verían unos extraterrestres de allí al mirarnos a nosotros.

Andrómeda frente a la Vía Láctea, en bloques alturas a escala en cada par · mejores estimaciones Vía Láctea Andrómeda Varias veces más estrellas, pero casi el mismo peso: la materia oscura iguala. 100 ka.l. 150 ka.l. Ancho del disco 1 c. 250 000 M c. 1 billón Estrellas 2 c. 1 billón M☉ c. 1 billón M☉ Masa total 3 2,5 millones a. l. acercándose a c. 110 km/s V1 de Hubble, 1923 4 2% c. 50 % Fusión en 5 · 10 Ga 5
Fig. 43 · Andrómeda. La Vía Láctea y Andrómeda como bloques: tamaño, estrellas, masa y opciones de fusión
Capítulo 44 · Parte V

Fusiones de galaxias

Las galaxias no son islas. Atraídas por la gravedad, se encuentran, se desgarran y acaban fusionándose, y a lo largo de miles de millones de años estas fusiones han construido la mayoría de las grandes galaxias que vemos. Una colisión transcurre demasiado despacio para verla, normalmente en mil millones de años o más, así que los astrónomos la estudian como un naturalista estudiaría un bosque: fotografiando muchas galaxias sorprendidas en distintas fases y ordenando las instantáneas.

El primer acto es un paso cercano. Cuando dos galaxias se cruzan, el lado próximo de cada una sufre más atracción que el lejano, y estas fuerzas de marea lanzan largas serpentinas de estrellas y gas. En 1972, los hermanos Alar y Juri Toomre hicieron sencillos modelos por ordenador y demostraron que las extrañas colas y puentes del Atlas of Peculiar Galaxies de Halton Arp, de 1966, eran justo lo que predice la gravedad. La pareja conocida como los Ratones, NGC 4676, muestra esta fase de maravilla: cada una arrastra una larga cola.

El segundo acto son los fuegos artificiales. Las estrellas casi nunca chocan, pero las enormes nubes de gas sí. Se estrellan, se comprimen y colapsan, y la formación estelar puede dispararse diez o incluso cien veces por encima de lo normal: un brote estelar. Las galaxias Antenas, NGC 4038 y NGC 4039, a unos 45 millones de años luz, son el ejemplo clásico: sus núcleos siguen separados, pero miles de cúmulos nuevos arden entre los restos, cada uno un nido de estrellas azules y calientes. El gas canalizado hacia el centro alimenta además a los agujeros negros centrales, que pueden encenderse como cuásares. Después, tras nuevos pasos, las galaxias se unen. Sus discos se revuelven, las órbitas ordenadas dan paso a un enjambre, y el resto suele asentarse como una elíptica lisa. Los dos agujeros negros centrales se hunden juntos y al final se fusionan en un estallido de ondas gravitacionales que el futuro observatorio espacial LISA está diseñado para captar.

Nuestra galaxia es una reincidente. En 1994, Rodrigo Ibata, Gerry Gilmore y Mike Irwin descubrieron la galaxia enana de Sagitario, que está siendo despedazada al otro lado de la Vía Láctea, con sus estrellas esparcidas en una corriente que rodea el cielo. En 2018, los datos de Gaia revelaron una colisión mucho más antigua: la galaxia Gaia-Encélado, engullida hace entre 8.000 y 11.000 millones de años, cuyas estrellas aún recorren el halo en órbitas alargadas y reveladoras.

¿Sabías que entre las primeras imágenes del JWST, publicadas en julio de 2022, estaba el Quinteto de Stephan, un grupo de galaxias en el que las ondas de choque de una colisión calientan el gas a millones de grados?

Las fusiones explican por qué el universo no está lleno de espirales idénticas. Encienden brotes estelares, alimentan agujeros negros y remodelan galaxias enteras. Algunos átomos de tu cuerpo se forjaron en estrellas nacidas en galaxias que la Vía Láctea se tragó hace mucho. Estamos hechos, en parte, de restos de naufragios.

Una fusión de galaxias en cuatro actos, en mil millones de años instantáneas de distintas galaxias · tiempos aproximados 0 c. 300 Ma c. 600 Ma c. 1 Ga+ Las estrellas casi nunca chocan; es el gas el que choca y se ilumina. Acercamiento las mareas tiran 1 Vuelan las colas NGC 4676, los Ratones 2 Brote estelar Antenas, NGC 4038/9 3 Una galaxia NGC 7252 4 Los banquetes de la Vía Láctea Gaia-Encélado devorada hace c. 8–11 Ga hallada por Gaia, 2018 Enana de Sagitario se desgarra ahora hallada en 1994 Corrientes estelares restos de viejas enanas envuelven el halo 5
Fig. 44 · Fusiones de galaxias. Dos espirales se fusionan en mil millones de años: acercamiento, colas, brote y unión
Capítulo 45 · Parte V

Agujeros negros supermasivos

Casi toda gran galaxia tiene en su centro un agujero negro supermasivo, con entre un millón y decenas de miles de millones de veces la masa del Sol. El nuestro, Sagitario A\*, pesa unos 4,3 millones de soles; su horizonte de sucesos mide unos 25 millones de kilómetros, tan pequeño que cabría dentro de la órbita de Mercurio. El gigante de M87, a 55 millones de años luz, pesa 6.500 millones de soles y tiene un horizonte más ancho que la órbita de Neptuno. Los más pesados conocidos, como el que alimenta el cuásar TON 618, se estiman en decenas de miles de millones de masas solares.

¿Cómo se pesa algo invisible? Observando a sus vecinos. Los radioastrónomos Bruce Balick y Robert Brown hallaron en 1974 la fuente de radio compacta del centro de la Vía Láctea. Desde la década de 1990, el equipo de Reinhard Genzel en el Observatorio Europeo Austral y el de Andrea Ghez en los telescopios Keck siguieron a las estrellas que giran a su alrededor. La estrella S2 da una vuelta cada 16 años y alcanza 7.650 kilómetros por segundo, algo solo posible si cuatro millones de masas solares se concentran en una región menor que el sistema solar. Genzel y Ghez compartieron el premio Nobel de Física de 2020.

La prueba más directa es una imagen. El Event Horizon Telescope enlaza radiotelescopios desde Hawái hasta el polo sur, observa a una longitud de onda de 1,3 milímetros y sincroniza las señales con relojes atómicos, de modo que la red actúa como una sola antena del tamaño de la Tierra. Su primera campaña, en abril de 2017, reunió varios petabytes de datos, demasiados para internet, así que los discos duros viajaron en avión a los centros de procesado. En abril de 2019 la colaboración mostró un anillo brillante alrededor de la sombra del agujero negro de M87, y en mayo de 2022 otro semejante alrededor de Sagitario A*, del tamaño aparente, visto desde la Tierra, de una rosquilla sobre la Luna.

El enigma es cómo crecen estos monstruos. En 2000, dos equipos descubrieron que la masa de un agujero negro sigue la velocidad de las estrellas del bulbo de su galaxia: pesan unas pocas décimas por ciento de su bulbo, como si galaxia y agujero negro crecieran juntos. La energía que expulsa un agujero negro al alimentarse puede calentar o arrojar el gas y detener la formación estelar, un proceso llamado retroalimentación. Sin embargo, el telescopio James Webb sigue hallando agujeros negros de millones de masas solares menos de 500 millones de años después de la gran explosión, algo incómodamente temprano.

¿Sabías que el agujero negro de M87 es tan grande que la luz tardaría más de un día en cruzar su horizonte de sucesos?

Nuestro agujero negro está tranquilo ahora, picotea en vez de darse un festín, aunque emite destellos de rayos X casi a diario. Las gigantescas burbujas de Fermi, por encima y por debajo del plano galáctico, sugieren que estaba mucho más activo hace unos pocos millones de años. Hasta el sereno corazón de nuestra galaxia tiene su genio.

El Event Horizon Telescope: una antena del tamaño de la Tierra Event Horizon Telescope orquestador · 1,3 mm · relojes atómicos campaña de abril de 2017 petabytes de datos, llevados en discos duros a dos correladores Unidas a escala planetaria, las antenas ven un dónut en la Luna. Hawái SMA Submm Array Maunakea JCMT antena de 15 m Maunakea 1 Norteamérica SMT 10 m · Arizona Monte Graham LMT 50 m · México sobre un volcán 2 Chile ALMA red en fase Chajnantor APEX antena de 12 m Chajnantor 3 Avanzadas IRAM 30 m España + NOEMA, Francia SPT Polo Sur + Groenlandia 4 Resultados M87* imagen 2019 6500 M M☉ Sgr A* imagen 2022 4,3 M M☉ 5
Fig. 45 · Agujeros negros supermasivos. El Event Horizon Telescope: una antena del tamaño de la Tierra fotografió dos agujeros
Capítulo 46 · Parte V

Cuásares

Un cuásar es un agujero negro supermasivo sorprendido mientras come. El gas que cae en espiral forma un disco de acreción plano, calentado por fricción a decenas o cientos de miles de grados, que brilla tanto que un solo cuásar puede eclipsar por un factor de cien o más a los cientos de miles de millones de estrellas de su galaxia anfitriona. La materia que cae puede convertir alrededor de una décima parte de su masa en energía, más de diez veces la eficiencia de la fusión nuclear que alimenta al Sol.

Los cuásares fueron un misterio durante años. A finales de la década de 1950, los sondeos de radio de Cambridge hallaron fuentes que, en luz visible, parecían débiles estrellas azules, de ahí el nombre, abreviatura de fuente de radio cuasiestelar. En 1962, Cyril Hazard y sus colegas usaron la antena de Parkes, en Australia, para cronometrar el paso de la Luna por delante de la fuente 3C 273 y fijar su posición. En 1963, Maarten Schmidt tomó su espectro con el telescopio Hale de 200 pulgadas de Palomar y comprendió que las extrañas líneas eran líneas corrientes del hidrógeno, desplazadas al rojo un 16 %. Eso situaba a 3C 273 a unos 2.400 millones de años luz, así que debía ser unos cuatro billones de veces más luminoso que el Sol.

Lo que asombró a los astrónomos fue el tamaño del motor. Muchos cuásares parpadean en días o semanas, y nada puede variar más deprisa de lo que tarda la luz en atravesarlo, así que la región brillante no puede ser mayor que el sistema solar. El modelo unificado explica gran parte de su variedad. Alrededor del disco hay una rosquilla de polvo, el toro, y desde los polos pueden salir dos chorros de partículas casi a la velocidad de la luz, a veces a lo largo de cientos de miles de años luz. Si miras justo por el chorro ves un blázar deslumbrante y parpadeante; si miras a través del toro, el núcleo queda oculto y solo se ve una radiogalaxia o un núcleo activo oscurecido. Carl Seyfert ya había catalogado versiones más suaves en galaxias espirales cercanas en 1943.

Los cuásares son fósiles de un universo más hambriento. Su número alcanzó el máximo hace unos diez mil millones de años, cuando las galaxias eran ricas en gas y chocaban a menudo; hoy la mayoría de los agujeros negros supermasivos, incluido el nuestro, están en calma. Los cuásares conocidos más lejanos brillan desde menos de 700 millones de años después de la gran explosión, ya impulsados por agujeros negros de mil millones de soles. Sondeos como el Sloan Digital Sky Survey han catalogado ya cerca de un millón.

¿Sabías que los cuásares están tan lejos que apenas se mueven en el cielo, y por eso sirven como puntos fijos del Sistema Celeste Internacional de Referencia, la cuadrícula con la que se miden las posiciones de las estrellas?

Los cuásares son además linternas cósmicas. Su luz atraviesa nubes de gas por el camino, y cada nube deja su huella en el espectro, cartografiando materia que de otro modo nunca veríamos. Los objetos más brillantes del universo ayudan a trazar sus rincones más oscuros.

Dentro de un cuásar: un motor, muchas caras corte de un núcleo activo · sin escala Ejemplo: 3C 273 z = 0,158 · c. 2400 M a. l. Schmidt, Palomar, 1963 c. 4 billones de Soles parpadea en días Más pequeño que el Sistema Solar, más brillante que cien galaxias. Agujero negro 1 M a 10 000 M Soles 1 Disco de acreción como el Sistema Solar decenas de miles de °C 2 Toro de polvo oculta el núcleo de lado 3 Chorros relativistas casi a velocidad luz cientos de miles de a. l. 4 Blazar por el chorro Cuásar en ángulo Radiogalaxia de lado 5
Fig. 46 · Cuásares. Dentro de un cuásar: agujero negro, disco de acreción, toro de polvo, chorros y ángulo
Capítulo 47 · Parte V

El abrazo de la materia oscura

Si haces girar una pelota atada a una cuerda, cuanto más rápido va, más fuerte debe tirar la cuerda. Las estrellas que orbitan una galaxia funcionan igual, con la gravedad como cuerda. La mayor parte de la luz de una espiral procede de su centro abarrotado, así que los astrónomos esperaban que las estrellas del disco exterior giraran despacio, como los planetas lejanos alrededor del Sol: Neptuno avanza a unos 5 kilómetros por segundo y Mercurio corre a 48. Mide las velocidades a lo largo de una galaxia, represéntalas frente a la distancia y tendrás su curva de rotación. La predicción era una curva que sube y luego cae.

No cae. En la década de 1970, Vera Rubin y Kent Ford, en la Institución Carnegie de Washington, usaron un nuevo espectrógrafo con tubo de imagen construido por Ford para medir el desplazamiento Doppler del gas brillante a lo largo de la galaxia de Andrómeda, y después de decenas de otras espirales. Las velocidades seguían obstinadamente altas hasta los bordes. Al mismo tiempo, radioastrónomos como Morton Roberts y Albert Bosma siguieron el brillo del hidrógeno a 21 centímetros mucho más allá de los discos visibles y hallaron lo mismo: las curvas se mantienen planas. Algo invisible tira, y hay mucho más de ello que de estrellas.

La idea no era nueva. En 1933, el astrónomo suizo Fritz Zwicky midió la velocidad de las galaxias del cúmulo de Coma y vio que se movían tan rápido que el cúmulo debería desintegrarse, a menos que tuviera cientos de veces más masa de la que sugería su luz. Llamó al material ausente dunkle Materie, materia oscura. Durante cuarenta años, pocos se lo tomaron en serio. Las curvas planas de Rubin cambiaron eso, y todas las pruebas independientes desde entonces coinciden: la desviación de la luz alrededor de cúmulos de galaxias, el patrón de ondulaciones del fondo cósmico de microondas medido por el satélite Planck y simulaciones que solo logran formar galaxias a tiempo si hay materia oscura.

En conjunto, las pruebas dicen que la materia oscura supera a la materia ordinaria en una proporción de unos cinco a uno. No emite, absorbe ni refleja luz y apenas interactúa salvo por la gravedad. Cada galaxia está inmersa en un enorme halo más o menos esférico de esta materia, que se extiende mucho más allá de las estrellas; el de la Vía Láctea alcanza cientos de miles de años luz. Una minoría de físicos sostiene que lo que hay que modificar es la propia gravedad, con la teoría MOND propuesta por Mordehai Milgrom en 1983, pero le cuesta explicar los cúmulos y el fondo cósmico de microondas.

¿Sabías que según las estimaciones habituales de la densidad de materia oscura cerca del Sol, un volumen del tamaño de la Tierra contendría apenas un kilogramo de ella?

Qué es en realidad la materia oscura sigue siendo un misterio. En 2025, el observatorio que lleva el nombre de Vera Rubin abrió los ojos en Chile, listo para cartografiar su abrazo en miles de millones de galaxias. La mayor parte de la materia del universo es algo que nunca hemos tocado.

Curvas de rotación: lo que esperábamos, lo que hallamos velocidad orbital frente a distancia · espiral típica como la nuestra 100 200 300 0 25 50 75 100 distancia al centro · miles de a. l. km/s Las estrellas del borde van demasiado rápido: algo invisible las sujeta. Previsto: solo estrellas el borde debería frenar 1 Sol · 230 Observado: plana 2 masa que falta 3 Halo oscuro c. 5 × materia ordinaria 4 Zwicky, 1933 galaxias del cúmulo de Coma muy rápidas para seguir ligadas «dunkle Materie» 5
Fig. 47 · El abrazo de la materia oscura. Curvas de rotación: se esperaba que la velocidad cayera, pero se mantiene plana
Capítulo 48 · Parte V

Cúmulos de galaxias

Las galaxias se agrupan, y las mayores reuniones son los cúmulos de galaxias: de cientos a miles de galaxias apiñadas en una región de unos pocos millones a diez millones de años luz y unidas por su propia gravedad. Un cúmulo rico pesa hasta unos mil billones de soles. Los cúmulos son los objetos más grandes del universo que se han contraído y asentado, en lugar de seguir separándose con la expansión cósmica.

El gran cúmulo más cercano es el de Virgo, a unos 54 millones de años luz, con bastante más de mil galaxias. En su centro está la elíptica gigante M87, cuyo agujero negro fotografió el Event Horizon Telescope en 2019. Más lejos, a unos 320 millones de años luz, se encuentra el cúmulo de Coma, con más de mil galaxias brillantes, donde Fritz Zwicky detectó en 1933 la primera señal de la materia oscura. En 1958, George Abell catalogó 2.712 cúmulos ricos en las placas fotográficas del sondeo del cielo de Palomar, y los números Abell se siguen usando a diario.

Las galaxias son lo de menos. En la década de 1970, el satélite de rayos X Uhuru descubrió que los cúmulos brillan en rayos X, porque el espacio entre las galaxias está lleno de un gas tenue a entre 10 y 100 millones de grados. Este medio intracúmulo contiene varias veces más masa que todas las estrellas juntas. La mayor parte de la masa, en torno al 85 %, es materia oscura, y por eso las galaxias se mueven tan deprisa sin escapar. El reparto es notablemente constante: unos pocos por ciento de estrellas, alrededor de un octavo de gas caliente y el resto invisible.

La gravedad de un cúmulo es tan fuerte que curva la luz. Las galaxias situadas detrás aparecen estiradas en arcos e imágenes múltiples, un efecto llamado lente gravitacional que permite pesar el cúmulo y además amplificar las galaxias débiles del fondo. El primer campo profundo del JWST, publicado en julio de 2022, miraba a través del cúmulo SMACS 0723 hacia galaxias a más de 13.000 millones de años luz. El caso más famoso es el cúmulo Bala, dos cúmulos que chocaron hace unos 150 millones de años. En 2006, Douglas Clowe y sus colegas mostraron, con imágenes de rayos X del Chandra y mapas de lente, que el gas caliente se había frenado en el choque mientras la mayor parte de la masa, la materia oscura, lo atravesaba sin más: una señal directa de que la materia oscura es una sustancia real y no un capricho de la gravedad.

¿Sabías que en 2003 el observatorio de rayos X Chandra detectó ondas sonoras en el gas del cúmulo de Perseo, un si bemol 57 octavas por debajo del do central, la nota más grave conocida del universo?

Contar cúmulos de distintas masas en distintas épocas es una de las pruebas más finas de la energía oscura, y los sondeos de eROSITA, Euclid y Rubin cuentan ya cientos de miles. Los cúmulos son las grandes ciudades del cosmos y, como las ciudades reales, su carácter está sobre todo en lo que hay entre los edificios.

Lo que pesa un cúmulo de galaxias, capa a capa balance de masa en bloques · alturas a escala p. ej. Virgo 54 M a. l. · Coma 320 M a. l. Las galaxias son lo de menos: un cúmulo es sobre todo materia oscura. Materia oscura c. 85 % de la masa 1 Gas caliente en rayos X c. 12 % · 10–100 M °C 2 Galaxias estrellas c. 3 % 3 Arcos de lente SMACS 0723 · JWST 4 Cúmulo Bala el gas se rezaga (gris) la masa pasa (azul) 5
Fig. 48 · Cúmulos de galaxias. Un cúmulo: algo de estrellas, más gas caliente y, sobre todo, materia oscura
Capítulo 49 · Parte V

El Grupo Local

La Vía Láctea no viaja sola. Pertenece al Grupo Local, una familia de galaxias de unos 10 millones de años luz de diámetro, nombre que acuñó Edwin Hubble en 1936. Lo dominan dos espirales gigantes, la Vía Láctea y Andrómeda, separadas por unos 2,5 millones de años luz, que reúnen entre ambas la mayoría de las estrellas del grupo y de su masa total de unos pocos billones de soles. Todo lo demás orbita alrededor de una de las dos o del espacio entre ellas.

El tercer miembro en tamaño es la galaxia del Triángulo, M33, una espiral suelta a unos 2,7 millones de años luz con quizá 40.000 millones de estrellas. Los observadores de vista aguda pueden distinguirla sin telescopio desde un lugar muy oscuro. Puede que sea un satélite de Andrómeda, o que esté en su primera caída hacia ella. Luego vienen la Gran y la Pequeña Nube de Magallanes, a unos 160.000 y 200.000 años luz, lo bastante brillantes para verse a simple vista desde el hemisferio sur. Los pueblos del cielo austral las conocían mucho antes de que la flota de Fernando de Magallanes las mencionara durante su viaje de 1519 a 1522, y al-Sufi citó la mayor hacia el año 964. Solo la Gran Nube pesa quizá una décima parte que la Vía Láctea, suficiente para tironear del disco de nuestra galaxia.

La mayoría de los miembros son galaxias enanas, tenues enjambres de unos pocos miles a unos pocos miles de millones de estrellas. Andrómeda tiene cerca a M32 y M110; la Vía Láctea tiene decenas, entre ellas la enana de Sagitario, que está siendo despedazada al otro lado del centro galáctico, y las débiles enanas de Fornax y Sculptor. Muchas se hallaron hace poco. Desde 2005, el Sloan Digital Sky Survey y el Dark Energy Survey han descubierto decenas de enanas ultradébiles, y en 2018 Gaia reveló Antlia 2, un satélite fantasmal tan ancho como la Gran Nube pero miles de veces más débil. El censo supera ya el centenar de miembros conocidos o candidatos, y se espera que el Observatorio Vera C. Rubin añada muchos más.

¿Cómo sabemos que el grupo está ligado? Casi todas las demás galaxias del universo se alejan de nosotros a medida que el espacio se expande, pero dentro del Grupo Local gana la gravedad. Andrómeda se acerca en lugar de alejarse, y las mediciones de galaxias cerca del borde del grupo marcan una frontera, a unos 3 millones de años luz de su centro, dentro de la cual las galaxias vuelven a caer en vez de alejarse. El propio grupo está en las afueras del supercúmulo de Virgo, dentro de un flujo mayor llamado Laniakea.

¿Sabías que las simulaciones de materia oscura predecían muchas más galaxias satélite alrededor de la Vía Láctea de las conocidas, un enigma llamado problema de los satélites perdidos, y que el goteo de descubrimientos de enanas ultradébiles ha reducido gran parte de la diferencia?

La expansión cósmica acabará llevándose todas las demás galaxias fuera de nuestra vista, pero el Grupo Local seguirá unido. En un futuro lejano, los astrónomos de aquí quizá solo vean una galaxia fusionada y sus enanas, y se pregunten si existe algo más. Este vecindario es nuestro hogar, para siempre.

El Grupo Local: dos gigantes y sus cortes mapa esquemático · posiciones sin escala 2,5 millones a. l. Una familia que la gravedad nunca dejará marchar. Vía Láctea GNM 160 000 a. l. PNM 200 000 a. l. enana de Sgr 1 Andrómeda M31 M32 M110 2 Triángulo M33 c. 40 000 M estrellas 3 Fornax Sculptor Antlia 2 Leo T 100+ galaxias enanas muchas halladas desde 2005 4 borde ligado c. 3 M a. l. más allá: Supercúmulo de Virgo 5
Fig. 49 · El Grupo Local. Nuestro vecindario, sin escala: dos gigantes, el Triángulo y un enjambre de enanas
Capítulo 50 · Parte V

La telaraña cósmica

A las mayores escalas, las galaxias no están espolvoreadas de manera uniforme por el espacio. Se ensartan a lo largo de enormes filamentos, se reúnen en láminas llamadas muros y se anudan donde los filamentos se cruzan, en cúmulos densos, los nodos. Entre ellos se abren vacíos, burbujas casi desiertas de hasta cientos de millones de años luz. Todo el patrón se llama telaraña cósmica y es la mayor estructura de la naturaleza, una espuma a una escala en la que incluso los cúmulos de galaxias son meros puntos.

La telaraña se cartografió rebanada a rebanada. En 1981, Robert Kirshner y sus colegas hallaron el vacío de Boötes, un hueco de más de 250 millones de años luz con apenas un puñado de galaxias. En 1986, Valérie de Lapparent, Margaret Geller y John Huchra, del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian, representaron los desplazamientos al rojo de unas 1.100 galaxias en una fina cuña de cielo. El resultado parecía un corte a través de espuma de jabón, con las galaxias recubriendo las paredes de las burbujas y, en medio, una figura de palotes que se conoció como «el hombre de palitos». En 1989, el mismo equipo halló la Gran Muralla, una lámina de galaxias de unos 500 millones de años luz de largo. Siguieron sondeos mayores: el sondeo angloaustraliano 2dF midió unas 220.000 galaxias, y en 2003 J. Richard Gott y sus colegas encontraron en los datos del Sloan Digital Sky Survey la Gran Muralla de Sloan, de unos 1.400 millones de años luz.

La telaraña crece casi de la nada. El fondo cósmico de microondas muestra que el universo primitivo era uniforme hasta una parte en 100.000. Las regiones algo más densas atrajeron más materia, sobre todo materia oscura, que colapsó primero en láminas y filamentos y luego en nudos, mientras las regiones más vacías se vaciaban aún más. El gas ordinario las siguió, cayendo por los filamentos hacia los cúmulos donde crecen las galaxias. En 2005, la simulación Millennium, dirigida por Volker Springel y sus colegas con diez mil millones de partículas, reprodujo la telaraña con asombroso detalle a partir de la física conocida; el término lo habían acuñado Richard Bond, Lev Kofman y Dmitri Pogosyan en 1996.

Los filamentos en sí son difíciles de ver, porque la mayor parte de su gas es tenue y caliente. En 2019, astrónomos que usaban el instrumento MUSE del Very Large Telescope captaron el débil brillo del gas de filamentos en el universo joven, y sondeos de rayos X han detectado gas templado que une cúmulos cercanos. En 2014, Brent Tully y sus colegas siguieron los movimientos de las galaxias para cartografiar Laniakea, el supercúmulo que contiene la Vía Láctea, de unos 520 millones de años luz. Hoy Euclid, lanzado por la ESA en 2023, y el sondeo DESI en Arizona cartografían la telaraña en tres dimensiones a lo largo de miles de millones de años luz.

¿Sabías que en 2020 un astrofísico, Franco Vazza, y un neurocirujano, Alberto Feletti, compararon la telaraña cósmica con la red de neuronas del cerebro y encontraron estructuras estadísticas sorprendentemente parecidas?

La Vía Láctea está en un modesto filamento al borde de un vacío. Cada galaxia que podamos llegar a ver es una cuenta ensartada en estos hilos, tejidos por la gravedad a partir de las ondulaciones de los primeros instantes. Vivimos en un hilo de una telaraña de luz.

Cómo cartografiamos la telaraña cósmica, de 1981 a hoy sondeos de corrimiento al rojo y simulaciones nodo filamento De una sola franja de cielo a toda la telaraña: la espuma de la gravedad, cartografiada. vacío 1981 Vacío de Boötes 250+ M a. l. de ancho 1 1986 franja CfA 1100 galaxias 2 muro 1989 Gran Muralla CfA 500 M a. l. de largo 2003 Gran Muralla Sloan c. 1400 M a. l. 3 2005 Simulación Millennium 10 000 M partículas 4 Vía Láctea 2014 Laniakea 520 M a. l. de ancho 2023 lanzamiento de Euclid ESA, mapa 3D 5
Fig. 50 · La telaraña cósmica. Cartografiar la telaraña cósmica: sondeos y simulaciones que revelaron filamentos y vacíos
Parte VI

La cosmología

El Big Bang, la energía oscura y el destino de todo.

Capítulo 51 · Parte VI

El Big Bang

El Big Bang no fue una explosión en el espacio, sino el comienzo de una expansión del propio espacio. Hace unos 13 800 millones de años, todo lo que hoy contiene el universo observable estaba comprimido en un estado más caliente y denso que cualquier otro posterior, y desde entonces no ha dejado de expandirse y enfriarse. Ocurrió en todas partes a la vez. No hay un centro que señalar ni un borde donde asomarse: cada galaxia ve a las demás alejarse, igual que cada pasa de un bizcocho que sube ve cómo se separan sus vecinas.

Si pasamos la película hacia delante, la física resulta sorprendentemente bien conocida. Al cabo de un segundo, el universo estaba a unos 10 000 millones de grados y era una sopa de protones, neutrones, electrones, neutrinos y luz. En los primeros minutos, protones y neutrones se fusionaron en núcleos y dejaron una materia compuesta, en masa, por un 75 % de hidrógeno y un 25 % de helio, con una pizca de litio. Durante los 380 000 años siguientes el cosmos fue una niebla opaca y luminosa; después, a unos 3000 grados, los electrones se unieron a los núcleos para formar átomos y la luz quedó libre. La gravedad tomó el relevo: reunió el gas en las primeras estrellas unos cien millones de años más tarde, y luego en galaxias, entre ellas la nuestra.

La idea nació de la relatividad general de Einstein. Alexander Friedmann halló en 1922 soluciones en expansión para sus ecuaciones, y Georges Lemaître, sacerdote y físico belga, defendió en 1927 y 1931 que el universo había surgido de un «átomo primigenio». Las mediciones de galaxias en fuga que Edwin Hubble publicó en 1929 le dieron pruebas. El nombre se lo puso su crítico más mordaz: Fred Hoyle, defensor de un universo estacionario rival, usó la expresión «Big Bang» en la radio de la BBC en 1949, y se quedó.

Tres pilares la sostienen. Las galaxias se alejan a velocidades proporcionales a su distancia. Un tenue resplandor de microondas, predicho por Ralph Alpher y Robert Herman en 1948 y descubierto por casualidad en 1965, llena el cielo a 2,7 kelvin. Y las cantidades de hidrógeno, helio y deuterio medidas en las nubes de gas más primitivas coinciden con la receta calculada para aquellos primeros minutos. En 2018, el satélite Planck de la Agencia Espacial Europea fijó la edad del universo en 13 790 millones de años, con un margen de unos 20 millones.

¿Sabías que alrededor del 1 % de la «nieve» de un viejo televisor analógico sintonizado entre canales era el resplandor del Big Bang?

La teoría no describe una causa ni un «antes». Explica lo ocurrido a partir de una diminuta fracción de segundo; antes de unos 10⁻⁴³ segundos, el tiempo de Planck, la física conocida deja de funcionar y nadie sabe aún qué la sustituye. Tampoco es la teoría de un estallido en un lugar, un mito que mantienen vivo las ilustraciones de bolas de fuego. La mayor parte del hidrógeno de un vaso de agua se formó en el primer segundo del universo, así que llevas el Big Bang encima desde siempre.

El Big Bang: 13 800 millones de años en un reloj estirado dos escalas logarítmicas · cada marca ×10¹⁰ s, luego ×10³ años 10⁻⁴⁰ s 10⁻³⁰ s 10⁻²⁰ s 10⁻¹⁰ s 1 s 1 año 10³ años 10⁶ años 10⁹ años temperatura En todas partes a la vez todo el espacio se estira; no estalla dentro de él No una explosión en un lugar, sino el estirarse de todos a la vez. Caliente y denso era de Planck < 10⁻⁴³ s inflación 10⁻³⁶–10⁻³² 10³² K 1 Núcleos en minutos 1 s · 10 000 M K 20 min: 75 % H, 25 % He 10¹⁰ K 2 Átomos, primera luz 380 000 años · 3000 K se disipa la niebla 3000 K 3 Primeras estrellas c. 100 M años JWST: < 300 Ma 4 Hoy 13 790 M años Planck 2018 2,7 K 5
Fig. 51 · El Big Bang. Del primer instante a hoy: 13 800 millones de años en un reloj logarítmico
Capítulo 52 · Parte VI

El resplandor cósmico

El fondo cósmico de microondas, o CMB, es la luz más antigua que existe. Partió unos 380 000 años después del Big Bang, cuando el universo se enfrió hasta unos 3000 grados, lo bastante para que electrones y protones se unieran en átomos de hidrógeno. Hasta entonces la luz rebotaba entre electrones libres como los faros en la niebla; después voló en línea recta. Ese momento, la superficie de última dispersión, nos rodea en todas direcciones, y su luz viaja hacia nosotros desde entonces.

La expansión ha estirado esa luz unas 1100 veces, de un apagado brillo anaranjado hasta las microondas. Hoy es un cuerpo negro casi perfecto, el espectro de un objeto a una sola temperatura, de 2,7255 kelvin, con su máximo cerca de un milímetro de longitud de onda. Cada centímetro cúbico de espacio, también el que tienes delante de la nariz, contiene unos 400 de sus fotones.

Ralph Alpher y Robert Herman predijeron en 1948 un resplandor fósil de pocos kelvin, pero la predicción cayó casi en el olvido. En 1964, Arno Penzias y Robert Wilson, de los Laboratorios Bell en Holmdel (Nueva Jersey), preparaban una antena de bocina de 6 metros para radioastronomía y detectaron un siseo persistente de unos 3,5 kelvin que llegaba de todas direcciones, de día y de noche. Desalojaron a una pareja de palomas y limpiaron lo que llamaron con delicadeza «material dieléctrico blanco»; el ruido siguió. A unos 50 kilómetros, en Princeton, el equipo de Robert Dicke construía un instrumento precisamente para buscar esa señal. Al enterarse, Dicke habría dicho a sus colegas: «Chicos, se nos han adelantado». Penzias y Wilson recibieron el Nobel en 1978.

Las misiones espaciales convirtieron el siseo en un retrato. COBE, de la NASA, demostró en 1990 que su espectro es el cuerpo negro más perfecto jamás medido y en 1992 halló variaciones de temperatura de una parte en 100 000, lo que valió el Nobel de 2006 a John Mather y George Smoot. WMAP (2001-2010) y Planck (2009-2013) las cartografiaron con gran detalle. Son ondas sonoras congeladas del plasma primitivo: las manchas más comunes miden alrededor de un grado, el doble de la Luna llena, lo que demuestra que el espacio es plano y fija la receta: un 5 % de átomos, un 27 % de materia oscura y un 68 % de energía oscura.

¿Sabías que el cielo es un poco más cálido en una dirección, unas tres milésimas de grado, porque el Sol y la Tierra se mueven a unos 370 kilómetros por segundo respecto a ese resplandor?

Esas arrugas son las semillas de todo lo que vino después: las zonas algo más densas crecieron, por la gravedad, hasta formar los cúmulos de galaxias y los filamentos de la red cósmica. Telescopios terrestres como el Atacama Cosmology Telescope y el South Pole Telescope leen hoy sus detalles más finos y su débil polarización. Mires donde mires, la vista acaba en este muro de luz, y tras él el universo joven se oculta en su propia niebla luminosa.

El resplandor cósmico: cómo se halló y leyó la luz más antigua Holmdel 1964 · COBE 1989 · WMAP 2001 · Planck 2009 todo el cielo · proyección Mollweide Ondulaciones de una parte en 100 000: semillas de cada galaxia. Antena de Holmdel, Bell Labs Penzias y Wilson 1964 7,35 cm · siseo de 3,5 K 1 Cuerpo negro perfecto T = 2,7255 K COBE FIRAS 1990 0 600 GHz pico 160 GHz 2 COBE 1989–93 rizos 1992 WMAP 2001–10 detalle 0,2° Planck 2009–13 detalle 5′ ΔT/T ≈ 1/100 000 3 niebla de plasma Última dispersión 380 000 años · 3000 K ×1,100 hoy: microondas 4
Fig. 52 · El resplandor cósmico. La luz más antigua: captada por una bocina, medida por COBE, cartografiada por Planck
Capítulo 53 · Parte VI

El universo en expansión

El universo en expansión es el descubrimiento de que las distancias entre galaxias crecen, no porque las galaxias huyan a través del espacio, sino porque se estira el espacio que las separa. Imagina puntos dibujados en una lámina de goma de la que se tira por igual desde todos los bordes. Cada punto ve alejarse a todos los demás, y uno dos veces más lejano retrocede dos veces más rápido. Esa sencilla proporción es la ley de Hubble: la velocidad de alejamiento es igual a la distancia multiplicada por la constante de Hubble, unos 70 kilómetros por segundo por cada megapársec, una distancia de unos 3,26 millones de años luz.

Las pruebas llegaron por partes. Desde 1912, Vesto Slipher, en el observatorio Lowell de Arizona, midió los espectros de las nebulosas espirales y halló casi todos desplazados al rojo, algunos alejándose a más de 1000 kilómetros por segundo. En 1927, Georges Lemaître combinó esas velocidades con distancias aproximadas y mostró que las ecuaciones de Einstein predecían justo esa expansión. En 1929, Edwin Hubble, junto a Milton Humason, con el telescopio Hooker de 100 pulgadas del monte Wilson, publicó la relación velocidad-distancia que la hizo famosa. En 2018, la Unión Astronómica Internacional recomendó llamarla ley de Hubble-Lemaître. El valor de Hubble, unos 500, era siete veces demasiado alto porque sus distancias estaban muy subestimadas.

El ritmo actual parece lento. Un megapársec crece unos 70 kilómetros cada segundo, pero eso es solo una parte en 14 000 millones al año. La expansión no te estira a ti, ni a tu casa, ni a la Tierra, ni a la Vía Láctea, porque la gravedad y las fuerzas entre átomos mantienen unidos los objetos ligados; solo se nota en los huecos entre grupos y cúmulos de galaxias. Cerca de casa, la gravedad gana sin discusión: la galaxia de Andrómeda se nos acerca a unos 110 kilómetros por segundo.

Hacia los 14 000 millones de años luz, la distancia de Hubble, la velocidad de alejamiento supera la de la luz. La relatividad no se rompe, porque nada se mueve por el espacio más rápido que la luz; es el propio espacio el que crece, y la relatividad no le pone límite. Rebobina la expansión y todas las distancias se reducen a cero hace unos 13 800 millones de años: el Big Bang visto desde el otro extremo.

¿Sabías que la materia más lejana que podemos ver está hoy a unos 46 000 millones de años luz, aunque el universo solo tiene 13 800 millones de años, porque el espacio siguió estirándose mientras su luz viajaba?

La medida exacta del ritmo sigue en disputa. El telescopio Hubble y el JWST, con cefeidas y supernovas, obtienen unos 73; el fondo de microondas, leído por Planck, implica unos 67. Gane quien gane, la imagen es la misma. Las galaxias no huyen de nosotros: todos seguimos quietos en un universo que no deja de hacer sitio.

El universo en expansión: la malla del espacio dobla su tamaño esbozo isométrico · galaxias fijas a una malla que se estira ANTES DESPUÉS Rebobina la película distancias → 0 · hace 13 800 Ma Las galaxias no huyen: el espacio no deja de hacer sitio. El espacio como malla galaxias en los nodos apenas se mueven por ella 1 ×2 después cada hueco se dobla 2 +1 paso +3 pasos Más lejos, más rápido v = H₀ × d H₀ ≈ 70 km/s por Mpc 3 Lo ligado resiste Vía Láctea: 100 000 a. l. Andrómeda se acerca a 110 km/s 4 Distancia de Hubble La distancia de Hubble c. 14 000 M a. l. · más allá, más rápido que la luz 5
Fig. 53 · El universo en expansión. El espacio se estira y las galaxias lo acompañan: doble distancia, doble velocidad
Capítulo 54 · Parte VI

El corrimiento al rojo

El corrimiento al rojo es el estiramiento de la luz hacia longitudes de onda más largas y rojas. Los astrónomos lo escriben z: lo que ha crecido una longitud de onda dividido entre su longitud original. Una galaxia a z = 0,1 tiene la luz estirada un 10 %; a z = 1, cada longitud de onda se ha duplicado; a z = 3, se ha cuadruplicado. «Rojo» es una abreviatura: el ultravioleta puede pasar al visible y el visible al infrarrojo, por eso las vistas más profundas del universo son infrarrojas.

Hay tres causas. El movimiento a través del espacio produce un efecto Doppler, el que hace bajar el tono de una sirena que pasa. La gravedad enrojece la luz que escapa de un pozo gravitatorio, efecto que Robert Pound y Glen Rebka midieron en 1959 lanzando rayos gamma por una torre de 22,5 metros en Harvard. En las galaxias lejanas domina el corrimiento cosmológico: las ondas de luz se estiran junto con el espacio que atraviesan. Así, z es también un registro histórico. La luz de una galaxia a z = 1 salió cuando todas las distancias cósmicas eran la mitad de las actuales, hace unos 8000 millones de años.

La herramienta clave es la línea espectral. En 1814, Joseph von Fraunhofer catalogó cientos de líneas oscuras en la luz solar, que resultaron ser huellas de elementos concretos; la línea roja del hidrógeno se sitúa siempre en 656,3 nanómetros en el laboratorio. Christian Doppler predijo en 1842 que el movimiento desplaza esas frecuencias, y en 1868 William Huggins estimó así el movimiento de Sirio. En 1912, Vesto Slipher midió la primera velocidad de una galaxia, y fue un corrimiento al azul: la galaxia de Andrómeda se acerca al Sol a unos 300 kilómetros por segundo, en buena parte por nuestra propia órbita en la Vía Láctea.

Hoy los corrimientos se cuentan por millones. El instrumento DESI, en Kitt Peak (Arizona), toma 5000 espectros a la vez con fibras ópticas robotizadas, y los cartografiados de imagen estiman corrimientos fotométricos más toscos a partir de los colores. En 2024, el espectrógrafo NIRSpec del JWST confirmó la galaxia JADES-GS-z14-0 a un corrimiento de unos 14,2: su ultravioleta, emitido a 0,12 micrómetros, llega como infrarrojo a unos 1,8 micrómetros. El propio fondo de microondas está a z ≈ 1100.

¿Sabías que una galaxia a z = 14 se ve tal como era menos de 300 millones de años después del Big Bang, cuando el universo tenía alrededor del 2 % de su edad actual?

Una imagen habitual presenta el corrimiento como galaxias que se alejan como ambulancias. Vale para estrellas y galaxias cercanas, pero más allá de unos cientos de millones de años luz el desplazamiento se debe sobre todo al estiramiento del espacio, y la luz llega con menos energía de la que tenía al salir. El color de cada galaxia lleva un matasellos con fecha, y el espectrógrafo es el instrumento que lo lee.

Corrimiento al rojo: la misma huella del hidrógeno, estirada longitud de onda en escala log · de 100 a 2000 nanómetros visible 100 nm 200 nm 500 nm 1000 nm 2000 nm Velocímetro y reloj en un solo número. Laboratorio z = 0 Ly-α 122 Hβ Hα 656 1 Andrómeda −300 km/s 0,1 % al azul 2 Galaxia, z = 1 λ × 2 Hβ → 972 hace 8 Ga 3 JADES-GS-z14-0 z ≈ 14,2 Ly-α a 1,8 µm · JWST 4 Tiempo atrás viaje de la luz z = 0,1 1,3 Ga z = 1 7,9 Ga z = 3 11,6 Ga z = 14 13,5 Ga z = 1100 13,8 · CMB 5
Fig. 54 · El corrimiento al rojo. La huella del hidrógeno, desplazada: del azul de Andrómeda a una galaxia a z = 14
Capítulo 55 · Parte VI

La energía oscura

La energía oscura es el nombre de lo que hace que la expansión del universo se acelere. La gravedad de la materia debería frenarla, como la de la Tierra frena una pelota lanzada hacia arriba; en 1998, los astrónomos vieron que la pelota aceleraba. En el inventario cósmico, la energía oscura supone alrededor del 68 % del total, la materia oscura un 27 % y los átomos corrientes, cada estrella, planeta y nube de gas jamás vistos, algo menos del 5 %.

El hallazgo vino de estrellas que estallan. Una supernova de tipo Ia, la explosión de una enana blanca, alcanza un brillo máximo casi estándar, de modo que su debilidad aparente revela su distancia a miles de millones de años luz. Dos equipos rivales compararon esas distancias con los corrimientos al rojo: el Supernova Cosmology Project, dirigido por Saul Perlmutter en Berkeley, y el High-z Supernova Search Team de Brian Schmidt, con Adam Riess. Ambos vieron las supernovas lejanas un 25 % más débiles de lo que permitía un universo que se frena: más lejos, luego la expansión se había acelerado. Los tres líderes compartieron el Nobel de Física de 2011.

Pronto llegaron pruebas independientes. El fondo de microondas, medido por WMAP y Planck, muestra que el espacio es plano, lo que exige mucha más energía de la que aporta la materia. Las oscilaciones acústicas de bariones, un leve exceso de parejas de galaxias separadas unos 500 millones de años luz, huella de ondas sonoras del universo joven, sirven de regla cósmica; el Sloan Digital Sky Survey y el cartografiado 2dF la detectaron en 2005. Juntas indican que la aceleración empezó hace unos 5000 o 6000 millones de años, cuando la materia se diluyó lo suficiente para que el empuje ganara.

Qué es sigue siendo un misterio. El candidato más simple es la constante cosmológica de Einstein, que añadió en 1917 para mantener quieto el universo y luego abandonó; la historia de que la llamó su «mayor error» llega de segunda mano, a través de George Gamow, y los historiadores la ponen en duda. Una energía constante del espacio vacío, equivalente a la masa de unos pocos átomos de hidrógeno por metro cúbico, no se diluye al crecer el espacio, así que su peso aumenta. La teoría cuántica predice una energía del vacío hasta 10¹²⁰ veces mayor, a menudo llamada la peor predicción de la física. La alternativa es un campo cambiante, apodado quintaesencia. En 2024 y 2025, los resultados de DESI sugirieron que la energía oscura podría estar debilitándose; la señal es intrigante, pero aún no alcanza el nivel de un descubrimiento.

¿Sabías que toda la energía oscura contenida en un volumen del tamaño de la Tierra equivale a unos 6 miligramos de masa, menos de lo que pesa una mosca?

Euclid, de la ESA, el observatorio Rubin y el futuro telescopio espacial Roman de la NASA medirán la historia de la expansión con más detalle que nunca. Lo que encuentren reescribirá la física y decidirá cómo termina el universo. Por ahora, la mayor parte del universo es algo que sabemos medir con precisión y no sabemos nombrar.

Energía oscura: quién la halló y quién la busca hoy Energía oscura · c. 68 % del total núcleo · ¿qué acelera la expansión? El presupuesto cósmico valores de Planck 2018 energía oscura 68 % mat. oscura 27 % átomos c. 5 % Dos tercios del universo, medidos al uno por ciento y aún sin nombre. Supernovas equipo SCP S. Perlmutter Berkeley · 1998 equipo High-z Schmidt, Riess Nobel 2011 1 Cielo microondas WMAP NASA · 2001–10 espacio plano Planck ESA · 2009–13 68 % medido 2 Mapas galácticos SDSS · BOSS regla BAO 2005 Apache Point DESI Kitt Peak 2021– 5000 fibras 3 Lentes DES Chile · 2013–19 Blanco 4 m Euclid ESA · L2 · 2023 1500 M formas 4 Teoría Λ de Einstein constante de 1917 w = −1 Quintaesencia campo variable indicio DESI 2025 5
Fig. 55 · La energía oscura. Quién descubrió la aceleración del universo y quién persigue hoy su causa
Capítulo 56 · Parte VI

La inflación

La inflación es la idea principal sobre lo que ocurrió en el primer instante del universo: un arrebato de expansión desbocada que duplicó el tamaño del espacio una y otra vez, al menos 85 veces, y terminó unos 10⁻³² segundos después de empezar. Una región más pequeña que un protón creció en un factor de al menos 10²⁶. A esa escala, una bacteria llegaría a medir unos 10 000 años luz. Fue mucho más rápido que la luz, algo permitido, porque nada se movía por el espacio: crecía el espacio mismo.

Se inventó para resolver tres enigmas. El problema del horizonte: los lados opuestos del cielo de microondas tienen la misma temperatura con una precisión de una parte en 100 000, aunque en un Big Bang corriente nunca habrían podido estar en contacto para igualarse. El problema de la planitud: la geometría del espacio se equilibra en el filo de la navaja entre abierta y cerrada, lo que exige un ajuste absurdo al principio. Y los monopolos magnéticos que la física de partículas predecía en abundancia y nadie encuentra. Alan Guth, entonces un joven físico en el SLAC de California, vio en 1979 que una breve expansión exponencial resolvía los tres: una región diminuta se homogeneiza y luego se estira tanto que sus bordes y cualquier monopolo quedan fuera de la vista. Alexéi Starobinski había propuesto un modelo afín en Moscú, y en 1982 Andréi Linde y, de forma independiente, Andreas Albrecht y Paul Steinhardt corrigieron un fallo en el final de la inflación.

El motor suele imaginarse como un campo, el inflatón, atrapado en un estado de alta energía que se comporta como una versión extrema de la energía oscura. Al desintegrarse, su energía se vierte en partículas y calienta el universo: comienza el Big Bang caliente. Los temblores cuánticos del campo, estirados a escala cósmica, se convierten en leves diferencias de densidad que la gravedad transforma después en galaxias.

Sus predicciones han superado las pruebas. El espacio debe ser plano, y Planck lo encuentra plano con un margen de un 0,2 %. Las arrugas del fondo de microondas deben ser aleatorias y casi igual de intensas en todas las escalas, algo más en las grandes; WMAP y Planck midieron exactamente esa inclinación, un índice espectral de unos 0,965. Falta la prueba definitiva: un fondo de ondas gravitacionales primordiales, que dejaría un patrón en remolino de modos B en la polarización de la luz. En marzo de 2014, el equipo BICEP2, en el polo sur, anunció haberlo visto; en menos de un año, un análisis conjunto con Planck mostró que el polvo de nuestra galaxia podía explicar la señal.

¿Sabías que si la inflación es correcta, las mayores estructuras del universo, de los cúmulos de galaxias a la red cósmica, empezaron como fluctuaciones cuánticas más pequeñas que un núcleo atómico?

El Observatorio Simons en Chile y el futuro satélite japonés LiteBIRD llevarán la búsqueda más lejos. Sus críticos, hoy incluido Steinhardt, sostienen que la inflación es tan flexible que encaja con casi cualquier resultado y que implica un multiverso imposible de comprobar. Sigue siendo el mejor relato del primer instante, pero el universo aún no ha firmado la confesión.

Inflación: tres enigmas, un estirón, cuatro pruebas los primeros 10⁻³² segundos · Guth 1979–81, Linde, Starobinski El mejor relato del primer instante, aún a la espera de su firma. Problema del horizonte misma T a 1 en 100 000 Problema de la planitud Ω ≈ 1, ajuste fino Monopolos ausentes predichos, nunca vistos EL BIG BANG CLÁSICO NO LO EXPLICA 1 Inflación 10⁻³⁶ → 10⁻³² s ≥ 85 duplicaciones tamaño × 10²⁶ Escala del estirón bacteria de 1 µm → c. 10 000 años luz 2 Temblores hechos semillas → CMB 3 Espacio plano ✓ Planck: dentro del 0,2 % Ondas inclinadas ✓ índice espectral 0,965 Semillas al azar ✓ gaussianas, como se predijo PRUEBAS SUPERADAS 4 Modos B: aún no BICEP2 2014 → polvo r < 0,036 · LiteBIRD 5
Fig. 56 · La inflación. Tres enigmas, un estirón, cuatro pruebas: por qué el cielo es tan liso y plano
Capítulo 57 · Parte VI

La forja de los elementos

Cada átomo tiene un lugar de nacimiento. El Big Bang apenas fabricó otra cosa que hidrógeno y helio; casi todo lo demás de la tabla periódica, del carbono de tus células al oro de una alianza, se forjó después en estrellas y catástrofes estelares y luego se dispersó por el espacio para formar nuevas estrellas, planetas y personas. Es la nucleosíntesis, y bien leída, la tabla periódica es un mapa de sucesos cósmicos.

La primera forja funcionó unos 20 minutos. Entre unos diez segundos y veinte minutos después del Big Bang, todo el universo fue un reactor de fusión que se enfriaba deprisa, y dejó una materia compuesta, en masa, por un 75 % de hidrógeno y un 25 % de helio, con trazas de deuterio y litio. Ralph Alpher y George Gamow publicaron los primeros cálculos en 1948, y añadieron el nombre de Hans Bethe por el juego de palabras «alfa, beta, gamma». El reactor se atascó en el litio porque ningún núcleo estable tiene masa 5 u 8, y el universo se enfrió antes de salvar ese hueco.

Las estrellas tomaron el relevo. Fusionan hidrógeno en helio y luego helio en carbono mediante el proceso triple alfa; en 1953, Fred Hoyle predijo que el carbono debía tener un estado excitado concreto para que funcionara, y ese mismo año se encontró en Caltech, en el laboratorio de William Fowler. Las estrellas masivas siguen fabricando oxígeno, neón, magnesio y silicio, hasta el hierro. Ahí se acaba el negocio: el hierro 56 y sus vecinos tienen los núcleos más ligados, así que fusionar más allá cuesta energía en lugar de liberarla. Las enanas blancas que estallan aportan buena parte del hierro de la galaxia.

Los elementos más pesados se construyen añadiendo neutrones. El proceso s, lento, en gigantes rojas moribundas, tarda miles de años y produce cerca de la mitad, entre ellos el estroncio, el bario y el plomo. El proceso r, rápido, necesita una avalancha de neutrones, como la que se da al chocar estrellas de neutrones y quizá en raras supernovas, y crea el oro, el platino y el uranio. El plan general lo trazaron en 1957 Margaret y Geoffrey Burbidge, Fowler y Hoyle en un artículo que aún se conoce como B²FH. La prueba de que las estrellas son forjas llegó en 1952, cuando Paul Merrill halló tecnecio en los espectros de gigantes rojas: no tiene forma estable y su variante más longeva dura solo unos cuatro millones de años, así que debe fabricarse en ellas ahora. En 2017, la luz de la fusión de estrellas de neutrones GW170817 mostró elementos pesados recién creados, y en 2019 se identificó en ella estroncio. Litio, berilio y boro son un caso aparte: los arrancaron sobre todo los rayos cósmicos de núcleos más pesados.

¿Sabías que unos seis de cada diez átomos de tu cuerpo son hidrógeno formado en los primeros minutos del universo, con unos 13 800 millones de años de antigüedad?

Queda un enigma: las estrellas más viejas tienen unas tres veces menos litio del que debería haber producido el Big Bang. El resto de la historia es lo bastante firme como para colgarlo en un aula. La tabla periódica de la pared es también el árbol genealógico del cosmos.

La forja de los elementos: la tabla periódica como mapa de fraguas cósmicas origen principal de cada elemento natural · simplificado Tc Ln An No natural inestables: Tc, Pm La tabla periódica es un árbol genealógico de sucesos cósmicos. H He Big Bang primeros 20 minutos 1 Li Be B Rayos cósmicos espalación 2 O Ne Si Ca Fe Ni Estrellas masivas C a Fe, supernovas 3 Enanas blancas Tipo Ia: pico del hierro hierro-56 C N Sr Ba Pb Gigantes rojas proceso s: Sr Ba Pb 4 I Pt Au Eu U Fusiones estelares proceso r: Au Pt U 5
Fig. 57 · La forja de los elementos. La tabla periódica como mapa de forjas cósmicas, del Big Bang a las estrellas de neutrones
Capítulo 58 · Parte VI

Cartografiar el universo

La cosmología se volvió una ciencia exacta contando. Un cartografiado de corrimientos al rojo mide dónde está cada galaxia en el cielo y cuánto se ha estirado su luz, y convierte una imagen plana en un mapa tridimensional; los cartografiados de imagen añaden miles de millones de galaxias con distancias estimadas a partir de sus colores. Cada mapa pone a prueba toda la receta cósmica a la vez: cuánta materia hay, a qué ritmo crecen las estructuras y cómo se comporta la energía oscura.

La primera rebanada fue un sobresalto. En 1986, Valérie de Lapparent, Margaret Geller y John Huchra, del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian, situaron unas 1100 galaxias en una fina cuña de cielo. En lugar de una dispersión al azar, las galaxias se alineaban en las paredes de grandes burbujas en torno a vacíos, y el cúmulo de Coma formaba el cuerpo de lo que parecía un monigote de palotes. En 1989, el mismo cartografiado reveló la Gran Muralla, una lámina de galaxias de unos 500 millones de años luz de largo. El cartografiado 2dF, en el Telescopio Anglo-Australiano, midió unas 221 000 galaxias entre 1997 y 2002, y el Sloan Digital Sky Survey, activo desde 2000 con un telescopio propio de 2,5 metros en Nuevo México, ha reunido espectros de millones.

La precisión llegó con una regla. En 2005, equipos del Sloan, encabezado por Daniel Eisenstein, y del 2dF hallaron un leve exceso de parejas de galaxias separadas unos 500 millones de años luz, la huella congelada de ondas sonoras de la época del fondo de microondas. Los mapas de ese fondo publicados por Planck en 2013, y refinados en 2018, fijaron los parámetros principales del universo con un margen de alrededor del 1 %, y los mapas de galaxias los comprueban en épocas posteriores. Desde 2021, el instrumento DESI, en el telescopio Mayall de 4 metros de Kitt Peak, usa 5000 fibras robotizadas para trazar el mayor mapa en 3D hasta la fecha, con más de 14 millones de galaxias y cuásares en su publicación de 2025.

Los próximos mapas irán más hondo y más lejos. Euclid, de la ESA, lanzado en julio de 2023, fotografía cerca de un tercio del cielo para medir la forma de unos 1500 millones de galaxias, cuyas leves distorsiones delatan la materia oscura. El Observatorio Vera C. Rubin, en el cerro Pachón (Chile), con un espejo de 8,4 metros y una cámara de 3200 megapíxeles, la mayor cámara digital construida para la astronomía, presentó sus primeras imágenes en junio de 2025 e inicia un cartografiado de diez años, el Legacy Survey of Space and Time, que debería catalogar unos 20 000 millones de galaxias.

¿Sabías que la Gran Muralla de Sloan, hallada en los datos del cartografiado en 2003, es una cadena de galaxias de unos 1400 millones de años luz, más de 13 000 veces el diámetro del disco de la Vía Láctea?

Ningún mapa muestra el universo tal como es ahora. Cuanto más hondo llega un cartografiado, más atrás mira en el tiempo, así que cada atlas es también un libro de historia leído desde la última página. La cartografía, antaño el arte de las costas, abarca hoy la mayor parte del cosmos observable.

Cartografiar el universo: los sondeos de galaxias como torres altura = galaxias mapeadas, escala log · isométrico Altura = log n.º 10× más = un escalón De 1100 galaxias a 20 000 millones en menos de cuarenta años. CfA2 corte CfA2 1986 1,100 → 18,000 muros y vacíos 1 2dF SDSS 2dF y Sloan 221 000 · millones regla BAO 2005 2 DESI DESI desde 2021 5000 fibras 14 M+ en 3D 3 Euclid Rubin Euclid y Rubin 1500 M · c. 20 000 M sondeos de imagen 4 Planck CMB · base Base: Planck mapas CMB 2013, 2018 receta al 1 % 5
Fig. 58 · Cartografiar el universo. Los cartografiados de galaxias como torres en escala logarítmica, sobre el mapa de Planck
Capítulo 59 · Parte VI

El calendario cósmico

El calendario cósmico condensa la historia del universo en un solo año. Carl Sagan lo popularizó en Los dragones del Edén, en 1977, y en la serie de televisión Cosmos, en 1980, cuando se pensaba que el universo tenía unos 15 000 millones de años. Con la cifra actual de 13 800 millones, cada día del calendario equivale a unos 37,8 millones de años, cada hora a unos 1,6 millones y cada segundo a unos 437 años.

Enero viene cargado. El Big Bang suena a medianoche del 1 de enero; a las 0:14 el universo se vuelve transparente y libera la luz que hoy vemos como fondo cósmico de microondas. Las primeras estrellas se encienden en la primera semana, y las estrellas más antiguas de la Vía Láctea ya brillan antes de que acabe el mes, mientras su disco toma forma a lo largo de la primavera. Llega entonces un largo periodo tranquilo en el que generaciones de estrellas viven, mueren y enriquecen el gas con elementos más pesados. El Sol no se forma hasta el 1 de septiembre, y la Tierra, un día después más o menos.

Las fechas proceden de relojes distintos. La edad del universo se lee en el fondo de microondas y el ritmo de expansión, medidos por Planck. La del Sol sale de la desintegración del uranio en plomo en los granos de meteorito más antiguos, formados hace 4567 millones de años. Las fechas de la vida vienen de los fósiles, datados por las rocas que los rodean. Según esas pruebas, los primeros microbios aparecen a finales de septiembre, aunque los rastros más antiguos se discuten, y el oxígeno empieza a llenar el aire hacia el 29 de octubre.

Casi todo lo que llamamos historia natural se amontona en diciembre. Los animales con concha y esqueleto irrumpen en el Cámbrico el 17 de diciembre. Las plantas llegan a tierra firme hacia el 20, los dinosaurios aparecen el día de Navidad y un asteroide acaba con su reinado de madrugada el 30 de diciembre. Nuestra especie, Homo sapiens, aparece hacia las 23:48 en Nochevieja. La agricultura empieza a las 23:59:33, y Galileo apunta su telescopio al cielo menos de un segundo antes de medianoche.

¿Sabías que toda la historia escrita, desde la primera escritura en Mesopotamia hasta las noticias de esta mañana, cabe en los últimos 12 segundos del 31 de diciembre?

El calendario es una maqueta, no una profecía. El año no termina a medianoche: el universo durará muchísimo más de lo que ha existido y, a la misma escala, al Sol le quedan unos cuatro meses antes de hincharse como gigante roja. Una vida humana dura alrededor de una quinta parte de un segundo. Cada historia humana que se haya contado cabe en el tiempo que se tarda en decir «Feliz Año Nuevo».

El calendario cósmico: 13 800 millones de años en un año 1 día ≈ 37,8 M años · 1 segundo ≈ 437 años J F M A M J J A S O N D Diciembre, día a día 23:45 23:48 23:51 23:54 23:57 31 de diciembre, los últimos 15 minutos Una vida humana: una quinta parte de segundo. Enero: luz, estrellas 00:00 Big Bang · 00:14 CMB c. 3 ene primeras estrellas 1 1 sep: el Sol hace 4600 M años 2 Otoño: la vida fin de sep · 29 oct O₂ 3 17 Cámbrico 20 plantas 25 dinosaurios 30 asteroide Diciembre: vida compleja esqueletos → dinosaurios → nosotros 4 23:48 · Homo sapiens Los últimos 30 segundos 23:59:33 agricultura 23:59:48 escritura 5
Fig. 59 · El calendario cósmico. Los 13 800 millones de años del universo en un solo año, con diciembre y el último minuto
Capítulo 60 · Parte VI

Cómo acabará todo

Cómo acabe el universo depende sobre todo de la energía oscura, ese algo desconocido que acelera la expansión cósmica. La gravedad de toda la materia ya no puede frenarla por sí sola, así que el desenlace depende de si la energía oscura se mantiene igual, se refuerza o se desvanece. Sea como sea, las escalas de tiempo empequeñecen todo lo anterior. En los cálculos más largos, los 13 800 millones de años transcurridos son apenas los primeros segundos.

El destino favorito es la muerte térmica, también llamada Gran Congelación. Si la energía oscura es una constante cosmológica, como han sugerido durante mucho tiempo casi todos los datos, la expansión se acelera para siempre. Dentro de unos 100 000 millones de años, todas las galaxias más allá de nuestro vecindario fusionado habrán quedado fuera de la vista, y unos astrónomos de entonces verían una sola galaxia gigante en una oscuridad vacía, sin apenas indicios de que hubo un Big Bang. La formación de estrellas decae al agotarse el gas; Fred Adams y Gregory Laughlin estimaron en 1997 que las últimas estrellas se apagarán dentro de unos 100 billones de años. Entonces dominan los agujeros negros, que se evaporan poco a poco mediante el resplandor cuántico que predijo Stephen Hawking en 1974: uno con la masa del Sol en unos 10⁶⁷ años, los mayores en unos 10¹⁰⁰. Queda un baño de radiación tenue y fría donde ya no puede pasar nada. El término viene de la termodinámica del siglo XIX: no un universo que arde, sino uno en el que el calor no puede fluir porque todo está a la misma temperatura.

La alternativa violenta es el Gran Desgarro. En 2003, Robert Caldwell, Marc Kamionkowski y Nevin Weinberg mostraron que, si la energía oscura se vuelve más densa con el tiempo, la expansión acabaría por vencer a las fuerzas que lo mantienen todo unido. En su ejemplo, dentro de unos 22 000 millones de años, las galaxias se desgarran unos 60 millones de años antes del final, el sistema solar se deshace unos tres meses antes y los átomos se rompen en el último instante. Las mediciones actuales alejan mucho más cualquier desgarro, si lo hay.

Lo contrario es el Gran Colapso. Si la energía oscura se debilita y se vuelve negativa, la expansión podría detenerse e invertirse, arrastrándolo todo de vuelta a un estado caliente y denso. Los indicios de DESI en 2024 y 2025 de una energía oscura que se debilita reavivaron el interés, aunque ningún colapso está demostrado. Más extraña aún es la desintegración del vacío: las mediciones del bosón de Higgs y del quark cima sugieren que nuestro vacío quizá no sea el estado de menor energía, y una burbuja de «vacío verdadero» podría surgir algún día y extenderse casi a la velocidad de la luz. La espera estimada supera con creces los 10¹⁰⁰ años.

¿Sabías que una pequeña enana roja como Próxima Centauri podría brillar unos cuatro billones de años, de modo que las últimas estrellas en morir serán las más débiles?

Más cerca de casa, el calendario está claro: dentro de unos cinco mil millones de años, el Sol se hinchará como gigante roja. Euclid, DESI y Rubin miden ya la energía oscura con precisión suficiente para afinar el pronóstico cósmico. El universo casi seguro tendrá un final, y nos ha tocado vivir en su breve y luminoso primer capítulo.

Cómo acabará todo: cuatro destinos, una pregunta decisiva Los 13 800 Ma del universo son solo sus primeros segundos. ¿Qué hace la energía oscura? medida por DESI, Euclid, Rubin 1 Muerte térmica el Gran Frío · favorito se mantiene constante 10¹¹ años sin otras galaxias 10¹⁴ años mueren las estrellas 10⁶⁷ años se van los AN 10¹⁰⁰ años y los gigantes 2 Gran Desgarro energía fantasma · 2003 se refuerza −60 Ma galaxias desgarradas −3 meses Sistema Solar suelto −30 min la Tierra se rompe −10⁻¹⁹ s átomos rotos 3 Gran Colapso recolapso · especulativo decae, se invierte pausa cesa la expansión inversión galaxias se acercan colapso fin caliente y denso pruebas DESI 2024–25 4 Decaimiento del vacío, en cualquier momento el campo de Higgs quizá es metaestable · una burbuja casi a la velocidad de la luz · ≫ 10¹⁰⁰ años 5
Fig. 60 · Cómo acabará todo. Cuatro destinos posibles para el universo, según lo que haga la energía oscura
Parte VII

Exoplanetas y vida

Seis mil mundos y la búsqueda de compañía.

Capítulo 61 · Parte VII

Mundos más allá

Durante casi toda la historia, los planetas de otras estrellas fueron cuestión de fe. Giordano Bruno defendió en la década de 1580 la existencia de mundos innumerables, y los astrónomos los dieron por supuestos durante siglos, pero nadie pudo demostrar uno solo. El problema es el contraste: un planeta es una mota tenue perdida en el resplandor de una estrella que suele ser mil millones de veces más brillante, y hasta las estrellas más cercanas están a años luz. Un exoplaneta, cualquier planeta que gire alrededor de una estrella distinta del Sol, tenía que cazarse de forma indirecta, por su efecto sobre su estrella.

Los primeros llegaron por sorpresa. En 1992, Aleksander Wolszczan y Dale Frail, que cronometraban el púlsar PSR B1257+12 con el radiotelescopio de Arecibo, vieron que sus pulsos, regulares como un metrónomo, llegaban a veces antes y a veces después, según un patrón que solo podían explicar planetas en órbita. Esos mundos giran alrededor del núcleo colapsado de una estrella que estalló, a unos 2.300 años luz. Después, el 6 de octubre de 1995, Michel Mayor y Didier Queloz, de la Universidad de Ginebra, anunciaron 51 Pegasi b, un gigante de alrededor de media masa de Júpiter que rodea una estrella corriente, parecida al Sol, cada 4,2 días. Hallado con el espectrógrafo ELODIE del Observatorio de Alta Provenza, en Francia, les valió parte del Premio Nobel de Física de 2019.

Luego vino la avalancha. En 1999, HD 209458 b, el primer planeta visto cruzando por delante de su estrella, demostró que eran auténticos gigantes gaseosos. El telescopio espacial Kepler de la NASA, lanzado en 2009, vigiló unas 150.000 estrellas de Cisne y Lira y halló más de 2.600 planetas confirmados antes de retirarse en 2018; ese mismo año tomó el relevo TESS, que barre casi todo el cielo. En 2016 apareció un planeta alrededor de Próxima Centauri, la estrella más cercana, y en 2017 se revelaron siete mundos del tamaño de la Tierra en torno a TRAPPIST-1. El archivo de exoplanetas de la NASA superó en 2025 los 6.000 planetas confirmados, con miles de candidatos aún por verificar.

¿Sabías que los primeros exoplanetas confirmados orbitan una estrella muerta, el púlsar PSR B1257+12, que gira unas 160 veces por segundo y barre sus planetas con haces de radiación?

Las cifras dicen ya algo profundo. Los sondeos por microlente gravitatoria sugieren que la estrella típica de la Vía Láctea tiene al menos un planeta, de modo que hay más planetas que estrellas: cientos de miles de millones solo en nuestra galaxia. Su variedad desconcierta, desde mundos de lava hasta gigantes hinchados menos densos que el corcho, y la mayoría de los sistemas no se parecen en nada al nuestro. Un mito popular presenta los exoplanetas como joyas raras; en realidad, lo raro, por ahora, es un sistema con la forma del solar.

Cada método favorece mundos distintos: los tránsitos atrapan planetas alineados de canto, el bamboleo pesa a los pesados y cercanos, la imagen directa fotografía gigantes jóvenes alejados de su estrella y la microlente encuentra mundos fríos e incluso planetas errantes entre las estrellas. En una noche despejada, la mayoría de las estrellas que ves tienen planetas, y uno de esos planetas es el que pisas.

Mundos más allá: el recuento de exoplanetas, 1990–2026 planetas confirmados, NASA Exoplanet Archive (aprox.) 0 2,000 4,000 6,000 1990 2000 2010 2020 hallados por: tránsitos ~3/4 · bamboleo · imagen directa · microlente · cronometraje De ninguno a miles: los planetas son la regla, no la excepción. Mundos de púlsar PSR B1257+12 1992 · Arecibo 1 51 Pegasi b 1995 · ELODIE Nobel 2019 2 Era Kepler 2009–2018 2600+ planetas 3 Al lado Próxima b 2016 TRAPPIST-1 2017 4 6,000+ Hoy 2025 · NASA TESS + JWST 5
Fig. 61 · Mundos más allá. Treinta años de hallazgos: de los planetas de un púlsar a más de 6.000 mundos
Capítulo 62 · Parte VII

El método de tránsito

La mayoría de los exoplanetas conocidos se descubrieron por su sombra. Cuando la órbita de un planeta se ve de canto desde la Tierra, el planeta cruza el disco de su estrella en cada vuelta y tapa una pequeñísima parte de su luz. Es el método de tránsito: vigilar miles de estrellas a la vez, medir su brillo con una precisión exquisita y buscar caídas que se repitan como un reloj. La profundidad de la caída da el tamaño del planeta, porque la fracción de luz bloqueada es igual al área de su disco dividida por la de la estrella. El intervalo entre caídas da la duración de su año.

Las caídas son diminutas. Júpiter pasando por delante del Sol lo atenuaría en torno a un 1 %; la Tierra, solo un 0,008 %, unas 84 partes por millón, durante unas 13 horas una vez al año. Vista desde una dirección cualquiera, una órbita como la terrestre tiene apenas una posibilidad entre 200 de estar bien alineada. Por eso los sondeos vigilan enormes cantidades de estrellas, y los mejores trabajan desde el espacio, por encima del titileo de la atmósfera.

El primer tránsito se observó en 1999, cuando David Charbonneau y sus colegas, y de forma independiente Greg Henry, vieron cómo HD 209458 b, un gigante gaseoso a unos 160 años luz, atenuaba su estrella en torno a un 1,5 %. Kepler, lanzado por la NASA en 2009, convirtió el truco en una industria: fijo en una sola región de Cisne y Lira, midió unas 150.000 estrellas cada media hora durante cuatro años y encontró miles de planetas, entre ellos Kepler-186f, el primer mundo del tamaño de la Tierra confirmado en una zona habitable. Tras fallar dos de sus ruedas de reacción siguió trabajando como K2 hasta agotar el combustible en 2018. TESS, lanzado en abril de 2018, recorre hoy casi todo el cielo por franjas y prefiere estrellas cercanas y brillantes, más fáciles de estudiar después. La misión PLATO de la ESA está prevista para unirse hacia finales de 2026.

¿Sabías que los tránsitos pueden delatar planetas que nunca pasan por delante de su estrella, porque la gravedad de un hermano invisible hace que un planeta en tránsito llegue minutos antes o después, y así se descubrió Kepler-19c en 2011?

El tránsito cuenta más que el tamaño. Combinado con una masa obtenida por el método del bamboleo, da la densidad, suficiente para distinguir hierro y roca de agua o gas. Además, durante el tránsito un fino anillo de luz estelar atraviesa la atmósfera del planeta y recoge las huellas de sus moléculas. Así detectó el Hubble sodio en HD 209458 b en 2002, y en 2022 el JWST encontró dióxido de carbono en la atmósfera de WASP-39 b, la primera detección clara de ese gas en un planeta fuera del sistema solar.

El método tiene un sesgo: favorece a los planetas grandes cercanos a estrellas pequeñas, que transitan a menudo y con caídas profundas, y los astrónomos corrigen ese censo desequilibrado con estadística. La alineación funciona en ambos sentidos: desde algunas estrellas vecinas, un observador vería cada año a la Tierra cruzar el Sol, un guiño regular que anuncia un mundo pequeño en la zona habitable de nuestra estrella.

El método de tránsito: la sombra de un planeta profundidad = (radio del planeta ÷ radio de la estrella)² estrella brillo tiempo La sombra da el tamaño; el ritmo, el año; el borde de luz, el aire. Órbita de canto órbita como la Tierra: ≈1 de 200 se alinea 1 profundidad Júpiter ≈1 % · Tierra ≈0,008 % 2 periodo P = un año 3 Luz estelar a través del aire JWST 2022: CO₂ en WASP-39 b Hubble 2002: sodio, HD 209458 b 4 Los cazadores Kepler 2009–18 · ≈150 000 estrellas TESS 2018– · casi todo el cielo 5
Fig. 62 · El método de tránsito. La sombra de un planeta: una caída de luz revela su tamaño, su año y su aire
Capítulo 63 · Parte VII

El método del bamboleo

Un planeta no se limita a girar alrededor de su estrella: ambos giran en torno a su centro de masas común, el baricentro, como una bailarina que hace girar a una pareja mucho más ligera. La estrella describe un minúsculo bucle, acercándose a nosotros durante media órbita y alejándose durante la otra media. Ese movimiento desplaza su luz por efecto Doppler, un poco más azul al acercarse y un poco más roja al alejarse. Midiendo esta velocidad radial, los astrónomos detectan y pesan planetas que no pueden ver.

Las señales son absurdamente pequeñas. Júpiter arrastra al Sol a unos 12,5 metros por segundo, la velocidad de un velocista, a lo largo de su órbita de 12 años. La Tierra lo mueve a solo 9 centímetros por segundo, más o menos el paso de una tortuga gigante. El tirón de Júpiter cambia la longitud de onda de la luz solar en unas pocas partes por cien millones, y el de la Tierra en unas pocas partes por diez mil millones; por eso los espectrógrafos deben ser extraordinariamente estables, sellados al vacío, a temperatura constante y calibrados con lámparas, vapor de yodo o peines de frecuencia láser.

Este método inauguró la era de los exoplanetas. Bruce Campbell, Gordon Walker y Stephenson Yang señalaron en 1988 un posible planeta en Gamma Cephei, pero fueron demasiado prudentes para reivindicarlo; no se confirmó hasta 2003. En 1995, Michel Mayor y Didier Queloz usaron el espectrógrafo ELODIE, en Francia, para ver a 51 Pegasi oscilar a unos 56 metros por segundo cada 4,2 días, la firma de un gigante pegado a su estrella. Geoff Marcy y Paul Butler lo confirmaron enseguida en California y hallaron decenas más. HARPS, en La Silla (Chile), alcanzó desde 2003 cerca de 1 metro por segundo y ayudó en 2016 a descubrir Próxima b. ESPRESSO, en el Very Large Telescope, apunta ya a 10 centímetros por segundo.

¿Sabías que el baricentro del Sol y Júpiter está justo por encima de la superficie solar, de modo que, en rigor, Júpiter no gira alrededor del centro del Sol?

El ritmo del bamboleo da el periodo del planeta, su amplitud la masa y su forma revela si la órbita es circular o alargada. Hay una pega: como normalmente no sabemos cuánto está inclinada la órbita, el método solo da una masa mínima. Si se combina con un tránsito, que fija la inclinación, aparece la masa real. Las estrellas también hacen trampa: manchas, pulsaciones y el hervor de su superficie producen temblores de un metro por segundo o más que imitan planetas, y desenredarlos es hoy el mayor reto del campo.

El premio es una gemela auténtica de la Tierra, que exige captar 9 centímetros por segundo durante años; el proyecto Terra Hunting Experiment prevé vigilar unas decenas de estrellas solares casi cada noche durante una década. Mientras tanto, el bamboleo aporta las masas de la mayoría de los mundos cercanos, incluidos los pequeños planetas descubiertos en torno a la estrella de Barnard en 2024 y 2025. Visto desde lejos, nuestro Sol se estremece en silencio a nueve centímetros por segundo, y en principio alguien podría estar midiéndolo.

El método del bamboleo: pesar lo que no vemos velocidad radial · desplazamiento Doppler de la luz órbita del planeta al observador en la Tierra Pesar un mundo sin verlo: basta ver cómo tiembla su estrella. baricentro centro de masas común 1 planeta líneas al azul 2 líneas al rojo 3 Curva de velocidad: 51 Pegasi +56 m/s −56 m/s 4,2 días 4 Escala de precisión ELODIE 1995 13 m/s HARPS 2003 ≈1 m/s ESPRESSO 2018 →0,1 m/s una Tierra gemela pide 0,09 m/s 5
Fig. 63 · El método del bamboleo. Estrella y planeta giran en torno a un centro común; la luz vira al azul y luego al rojo
Capítulo 64 · Parte VII

Júpiteres calientes

Antes de 1995, la teoría contaba una historia ordenada. Los planetas gigantes se forman lejos de su estrella, más allá de la línea de hielo, donde abunda el hielo suficiente para construir núcleos masivos; los gigantes gaseosos deberían ocupar órbitas amplias y lentas como la de Júpiter, que tarda 12 años en dar la vuelta a 5,2 veces la distancia Tierra-Sol. Entonces el primer planeta hallado alrededor de una estrella solar rompió la regla. 51 Pegasi b tiene alrededor de media masa de Júpiter, pero orbita a solo 0,05 unidades astronómicas de su estrella, ocho veces más cerca que Mercurio del Sol, y su año dura 4,2 días. Es el arquetipo de los júpiteres calientes.

Son de los lugares más extremos que se conocen. A tan corta distancia, las mareas casi seguro los bloquean con una cara siempre vuelta hacia la estrella: un lado diurno abrasador, un lado nocturno más fresco y, entre ambos, corrientes en chorro de miles de kilómetros por hora. KELT-9b, el más caliente conocido, alcanza unos 4.300 °C en su lado diurno, más que muchas estrellas. En WASP-76b, el espectrógrafo ESPRESSO del Very Large Telescope de ESO descubrió en 2020 que el hierro se vaporiza de día y parece condensarse al pasar a la noche. HD 189733 b, de un azul intenso para el Hubble, podría tener vientos cargados de gotas de vidrio fundido. HD 209458 b arrastra una cola de hidrógeno, como un cometa, que se escapa de su atmósfera recalentada.

¿Cómo llegaron allí? La mayoría de los astrónomos cree que se formaron más lejos y migraron hacia dentro. Algunos descendieron en espiral a través del disco de gas de la estrella joven, intercambiando momento con él, un escenario elaborado para 51 Pegasi b por Douglas Lin, Peter Bodenheimer y Derek Richardson en 1996. Otros pudieron ser lanzados a órbitas alargadas por planetas hermanos, que después las mareas redondearon. Medido durante los tránsitos, el ángulo entre la órbita y el giro de la estrella muestra que muchos orbitan inclinados o incluso al revés, cicatrices de historias violentas.

Dominaron los primeros descubrimientos porque son fáciles: grandes, cercanos y rápidos, con bamboleos de decenas o cientos de metros por segundo, gritan en los dos métodos principales. Pero los sondeos muestran que son raros, presentes en solo un 1 % de las estrellas solares; su fama fue un efecto de selección. Algunos están condenados: WASP-12b, que rodea su estrella en unas 26 horas, ve su órbita acortarse unos 29 milisegundos al año y debería ser engullido en unos pocos millones de años.

¿Sabías que el júpiter caliente TrES-2b refleja menos del 1 % de la luz que recibe, lo que lo hace más oscuro que el carbón?

Su verdadero legado es una lección de humildad. Los júpiteres calientes demostraron que los sistemas planetarios son dinámicos, con gigantes capaces de recorrer un sistema y dispersar cuanto encuentran. Nuestro propio Júpiter pudo derivar hacia dentro y luego volver hacia fuera, la hipótesis llamada Grand Tack, modelando de paso los pequeños mundos rocosos del sistema solar interior. Si hubiera seguido avanzando, quizá la Tierra nunca se habría formado.

Júpiteres calientes: gigantes en el horno órbitas en unidades astronómicas (ua); Tierra–Sol = 1 ua Los gigantes migran: el sistema solar ordenado es solo un arreglo entre muchos. WASP-12b 51 Peg b · 0,05 Mercurio 0,39 Júpiter 5,2 ua: fuera de la página 1 día >1000 °C mira a la estrella noche más fría acoplamiento de marea: una cara 2 l. hielo Migración deriva en el disco o dispersión 3 KELT-9b ≈4300 °C de día WASP-76b vapor de hierro HD 189733 b ¿lluvia de vidrio? WASP-12b cayendo en espiral los mundos más extremos conocidos, todos hallados desde 2005 4 ≈1 de 100 estrellas 5
Fig. 64 · Júpiteres calientes. Planetas gigantes más cerca de su estrella que Mercurio del Sol
Capítulo 65 · Parte VII

Supertierras y minineptunos

Si eligieras al azar un planeta de la Vía Láctea, probablemente sería de un tipo que nuestro sistema solar no tiene. El censo de Kepler mostró que los planetas más comunes alrededor de estrellas solares, al menos en órbitas de hasta unos meses, miden entre una y cuatro veces el diámetro de la Tierra. La Tierra es nuestro mayor planeta rocoso; Neptuno, con casi cuatro radios terrestres, nuestro gigante más pequeño. Entre ambos hay un hueco vacío en nuestra familia y abarrotado en todas partes.

Estos planetas forman dos poblaciones. En 2017, Benjamin Fulton y sus colegas, con tamaños estelares precisos del California-Kepler Survey, encontraron una escasez de planetas en torno a 1,5 a 2 radios terrestres, el llamado valle de radios o brecha de Fulton. Por debajo están las supertierras, sobre todo roca y hierro desnudos, algunas varias veces más masivas que la Tierra. Por encima, los minineptunos: núcleos rocosos envueltos en gruesas capas de hidrógeno y helio, hinchados por unos pocos tantos por ciento de su masa en gas. La explicación favorita es que los planetas jóvenes cercanos a su estrella perdieron su atmósfera ligera, arrancada por los rayos X y ultravioleta estelares o por el calor de su propio núcleo, mientras que los que tenían más gas o estaban más lejos la conservaron. Leslie Rogers ya había estimado en 2015 que la mayoría de los planetas de más de 1,6 radios terrestres no son rocosos.

Cada uno es un experimento imposible en casa. 55 Cancri e, casi el doble de ancho que la Tierra y ocho veces más masivo, da la vuelta a su estrella en menos de 18 horas, con un lado diurno capaz de fundir la roca; en 2024, datos del JWST indicaron que podría tener atmósfera, quizá alimentada por un océano de magma. GJ 1214 b, un minineptuno a 48 años luz, está envuelto en una bruma tan densa que su espectro es casi plano. Y está K2-18 b, a 124 años luz, 2,6 veces más ancho que la Tierra, en la zona habitable de su enana roja. Nikku Madhusudhan, de Cambridge, lo propone como mundo hiceánico, un océano planetario bajo un cielo de hidrógeno, aunque otros equipos sostienen que puede ser un minineptuno rico en gas o incluso tener una superficie fundida.

¿Sabías que el planeta más típico de la Vía Láctea es, estadísticamente, de una clase que no podemos visitar ni estudiar de cerca, porque el Sol nunca fabricó uno?

El tamaño y la masa, por sí solos, son ambiguos: un planeta de 2,5 radios y 8 masas terrestres podría ser roca bajo un fino velo de hidrógeno, roca bajo una capa profunda de agua o algo más extraño. Por eso importan los espectros del JWST: el equilibrio entre agua, metano, amoníaco y dióxido de carbono ayuda a distinguir un mundo oceánico de una enana gaseosa.

¿Por qué nuestro sistema se los saltó? Una idea es que el joven Júpiter bloqueó la deriva hacia dentro de los guijarros que habrían podido formar supertierras cerca del Sol. Sea cual sea la causa, el planeta que pisas es la excepción, y el mundo favorito de la galaxia solo se estudia a años luz.

Entre la Tierra y Neptuno: los planetas más comunes de la galaxia altura = radio del planeta, a escala (1 R⊕ = 52 px) hierro roca agua / hielo gas H/He censo Kepler, 2009–2018 El planeta más común es justo el tipo que nuestro Sol nunca hizo. Tierra 1,0 R⊕ 1 Supertierra ≤1,6 R⊕ · roca 2 Valle de radios 1,5–2 R⊕ pocos planetas 3 Minineptuno ≈2,6 R⊕ 4 Neptuno 3,9 R⊕ 5
Fig. 65 · Supertierras y minineptunos. Los planetas más comunes de la galaxia, entre la Tierra y Neptuno, por dentro
Capítulo 66 · Parte VII

La zona habitable

Alrededor de cada estrella hay una franja de órbitas donde un planeta con la atmósfera adecuada podría conservar agua líquida en su superficie: la zona habitable, apodada zona de Ricitos de Oro. Demasiado cerca, los océanos hierven; demasiado lejos, se congelan. Su-Shu Huang popularizó el término en 1959, y James Kasting y sus colegas lo cuantificaron en 1993 modelando cómo responden a la luz estelar el dióxido de carbono y el vapor de agua de un planeta. En 2013, Ravi Kopparapu y sus colegas actualizaron el cálculo y situaron la zona conservadora del Sol entre unas 0,99 y 1,7 veces la distancia Tierra-Sol, con la Tierra incómodamente cerca del borde interior.

La posición de la zona depende de la estrella. Una estrella F, caliente y brillante, la empuja más allá de la distancia de Marte; una enana roja tenue la acerca a unas centésimas de unidad astronómica, donde un año dura días o semanas. Próxima b, a 4,2 años luz, recorre la zona habitable de su estrella cada 11,2 días a solo 0,05 unidades astronómicas. La zona de TRAPPIST-1 cabe holgadamente dentro de la órbita de Mercurio. Kepler-186f, anunciado en 2014, fue el primer planeta del tamaño de la Tierra confirmado en una zona habitable; Kepler-452b, anunciado en 2015, gira en torno a una estrella solar con un año de 385 días.

La zona también se mueve con el tiempo. Las estrellas brillan más al envejecer, y el Sol es hoy un 30 % más luminoso que cuando se formó la Tierra. Dentro de unos mil millones de años, su creciente resplandor empujará el borde interior más allá de la órbita terrestre y nuestros océanos empezarán a escapar al espacio. La vida en la Tierra ocupa una ventana en la lenta marcha de la zona hacia fuera.

¿Sabías que Venus está justo dentro del borde interior de la zona habitable del Sol, y su superficie, a unos 465 °C, está lo bastante caliente para fundir plomo?

La zona habitable es un primer filtro, no una promesa, y un mito popular la toma por una etiqueta de vida. Nuestro propio sistema lo demuestra: Marte orbita dentro de la zona y, sin embargo, es un desierto helado, demasiado pequeño para retener su atmósfera cuando se apagó su campo magnético. La atmósfera, el magnetismo, la tectónica de placas, las mareas y las fulguraciones estelares deciden el resto. Las enanas rojas, cerca de tres cuartas partes de las estrellas de la galaxia, son objetivos cómodos con hábitos brutales: fulguraciones violentas y planetas probablemente acoplados por marea, con una cara en día perpetuo. A la inversa, el agua puede existir muy lejos de cualquier zona habitable: Europa y Encélado esconden océanos bajo el hielo, líquidos gracias a las mareas.

Aun con estas salvedades, las cifras son grandes. Los datos de Kepler sugieren que una parte considerable de las estrellas solares tiene un planeta de tamaño parecido al terrestre en la zona, y las enanas rojas podrían sumar decenas de miles de millones más. La zona habitable dice a los telescopios dónde mirar primero; a nosotros nos recuerda que un cielo azul es una dirección afortunada, y pasajera.

La zona habitable, estrella a estrella distancia a la estrella, escala log (ua) · zonas aproximadas 0.01 0.1 1 ua 10 demasiado calor ← → demasiado frío Un punto de partida, no una garantía: donde el agua podría seguir líquida. Estrella F Enana K zona más allá de Marte 1 Sol (G) Venus Tierra Marte Júpiter Saturno 2 Próxima TRAPPIST-1 Próxima b · 11,2 d e f g TRAPPIST-1 e, f, g 3 Kepler-186 Kepler-186f · 2014 Kepler-442b · 2015 4 Océanos bajo el hielo Europa · Encélado: mareas 5
Fig. 66 · La zona habitable. Donde cabe el agua líquida: cerca de las enanas rojas, lejos de las estrellas calientes
Capítulo 67 · Parte VII

TRAPPIST-1

A cuarenta años luz, en Acuario, hay una estrella tan débil que hace falta un gran telescopio para verla. TRAPPIST-1 es una enana roja ultrafría apenas más ancha que Júpiter, con cerca del 9 % de la masa del Sol y una superficie a unos 2.300 °C que brilla sobre todo en el infrarrojo. A su alrededor giran siete planetas rocosos, cada uno más o menos del tamaño de la Tierra. El sistema entero cabría holgadamente dentro de la órbita de Mercurio: el planeta más exterior, h, orbita a unas 0,06 unidades astronómicas y su año dura menos de 19 días.

Los planetas se descubrieron por sus tránsitos. En 2016, Michaël Gillon, de la Universidad de Lieja, y sus colegas anunciaron tres con TRAPPIST, un telescopio robótico de 60 centímetros en La Silla (Chile) cuyo nombre guiña a las cervezas trapenses de Bélgica. En febrero de 2017, el telescopio espacial Spitzer de la NASA, tras observar la estrella casi sin pausa durante unos 20 días, demostró que eran siete. Sus órbitas forman una precisa cadena de resonancias: por cada ocho vueltas de b, c completa cinco, y siguen proporciones sencillas a lo largo de toda la fila. Una cadena tan delicada sugiere que los planetas se formaron más lejos y migraron juntos hacia dentro, con suavidad.

Como los planetas transitan a menudo y la estrella es pequeña, las caídas son profundas y su cronometraje exquisito. Diminutas variaciones en los instantes de cada cruce, medidas durante años, dan sus masas: tienen densidades parecidas, algo menores que la terrestre, compatibles con cuerpos rocosos con algo menos de hierro o algo de agua. Tres planetas, e, f y g, están en la zona habitable, y d en su cálido borde interior.

El telescopio espacial James Webb ha empezado a hacer la pregunta obvia: ¿tienen aire? En 2023, su instrumento MIRI midió unos 230 °C en el lado diurno de b, más o menos lo que alcanzaría una roca oscura desnuda, y unos 110 °C en c, lo que descarta en ambos una atmósfera densa de dióxido de carbono como la de Venus. El carácter de la estrella juega en su contra: TRAPPIST-1 sufre fulguraciones frecuentes y fue más brillante en su juventud, lo que pudo despojar a los mundos interiores. El veredicto sobre e, el mejor candidato a un clima terrestre, se va reuniendo tránsito a tránsito.

¿Sabías que desde la superficie de un planeta de TRAPPIST-1, un vecino en su máximo acercamiento podría verse en el cielo más grande que la Luna llena desde la Tierra?

TRAPPIST-1 es un laboratorio para la gran pregunta estadística de la búsqueda de vida. Las enanas rojas son la mayoría de las estrellas de la galaxia, y las más pequeñas viven billones de años, mucho más que los 10.000 millones de años del Sol. Si planetas como estos logran conservar su atmósfera, la mayor parte del terreno habitable del universo gira alrededor de tenues soles rojos, y durará casi para siempre.

TRAPPIST-1: una enana roja, siete mundos rocosos TRAPPIST-1 enana M8 · 40 a. l. · Acuario · 0,09 M☉ Cadena de resonancias periodos en razón 8:5 · 5:3 · 3:2 · 3:2 · 4:3 · 3:2, de b a h La familia entera cabría en la órbita de Mercurio, seis veces. Asados demasiado calor b 1,51 d · 1,12 R⊕ c 2,42 d · 1,10 R⊕ 1 Borde interior franja cálida d 4,05 d · 0,79 R⊕ 2 Habitables e, f, g e 6,10 d · 0,92 R⊕ f 9,21 d · 1,05 R⊕ g 12,4 d · 1,13 R⊕ 3 Exterior frío quizá helados h 18,8 d · 0,76 R⊕ 4 Observadores quién los vio TRAPPIST 60 cm · 2016 Spitzer siete · 2017 JWST MIRI · 2023– 5
Fig. 67 · TRAPPIST-1. Una pequeña estrella roja, siete mundos rocosos: de b, abrasado, a h, helado
Capítulo 68 · Parte VII

Biofirmas

No visitaremos pronto la superficie de los planetas de otras estrellas, así que buscar vida en ellos es cuestión de química a distancia. Una biofirma es una sustancia o un patrón que produce la vida y que es difícil de obtener de otro modo. En la Tierra, la más clara es la propia atmósfera: alrededor de un 21 % de oxígeno, más metano por debajo de dos partes por millón. Ambos reaccionan entre sí con la luz solar, y el metano dura solo una década en nuestro aire, de modo que su coexistencia significa que algo los repone sin cesar. James Lovelock sostuvo en 1965 que este desequilibrio químico delataría la vida en cualquier planeta.

La idea se ha puesto a prueba en el único mundo vivo que conocemos. En diciembre de 1990, la sonda Galileo, que pasaba junto a la Tierra camino de Júpiter, apuntó sus instrumentos a su planeta de origen, y en 1993 Carl Sagan y sus colegas publicaron lo que concluiría un observador alienígena: oxígeno abundante, metano muy lejos del equilibrio, un salto brusco de la luz reflejada justo más allá del rojo, el llamado borde rojo de la vegetación, y señales de radio de banda estrecha que ningún proceso natural explica. La vida, e incluso la tecnología, eran detectables.

Para los exoplanetas, la herramienta principal es la espectroscopia de transmisión. Durante un tránsito, la luz que atraviesa la atmósfera de un planeta pierde colores concretos absorbidos por sus moléculas, y el JWST, lanzado en diciembre de 2021, los lee con instrumentos como NIRSpec y MIRI. En 2023, un equipo dirigido por Nikku Madhusudhan informó de metano y dióxido de carbono en la atmósfera de K2-18 b, posible mundo oceánico a 124 años luz, además de un indicio tentativo de sulfuro de dimetilo, un gas que en la Tierra procede sobre todo del plancton marino. Un estudio de 2025 afirmó una señal más fuerte, pero varios reanálisis independientes la hallaron débil o inexistente, y la discusión sigue.

¿Sabías que vista desde otra estrella, la atmósfera terrestre quizá lleve unos dos mil millones de años anunciando la vida, desde que se acumuló el oxígeno de las cianobacterias, mucho antes de que existiera ningún animal?

Ninguna molécula prueba por sí sola la vida, y las falsas alarmas forman parte del método. El oxígeno puede acumularse sin vida cuando la luz ultravioleta rompe el agua de un planeta que pierde su hidrógeno al espacio, un riesgo notable alrededor de las enanas rojas. El metano brota de los volcanes y del agua que reacciona con roca caliente. En 2020, el anuncio de fosfina en Venus causó sensación y después una larga disputa sobre los datos. Los astrónomos hablan ahora de una escalera de confianza, de «compatible con la vida» a «sin otra explicación», y esperan que cualquier primer anuncio se discuta durante años.

Llegan mejores herramientas. El Extremely Large Telescope de ESO, con primera luz prevista hacia finales de esta década, podría sondear el oxígeno de planetas rocosos cercanos, y el Habitable Worlds Observatory propuesto por la NASA aspira a fotografiar planetas parecidos a la Tierra alrededor de estrellas solares y tomar directamente sus espectros. La cuestión ya no es si sabríamos reconocer un mundo vivo, sino cuánta certeza necesitaríamos. En algún lugar de la luz estelar que ya nos llega, la respuesta podría estar escrita en unos pocos colores ausentes.

Biofirmas: leer el aire de un planeta a la luz de su estrella espectroscopia de transmisión durante un tránsito Ningún gas prueba la vida: el veredicto lo dan el contexto y la paciencia. estrella JWST planeta + aire 1 Espectro de transmisión 1 μm 2 μm 3 μm 4 μm 5 μm H₂O CH₄ CO₂ 2 Pareja en desequilibrio O₂ y CH₄ se destruyen ambos → se reponen Galileo 1990: la Tierra aprueba 3 Falsos positivos UV rompe el agua → O₂ volcanes → CH₄ roca caliente + agua → CH₄ 4 Escala de confianza sin otra explicación confirmación independiente falsos descartados compatible con la vida un indicio K2-18 b (2023–25) y la fosfina de Venus (2020): aún en debate 5
Fig. 68 · Biofirmas. Leer el aire de un planeta con luz estelar: del espectro a un veredicto prudente
Capítulo 69 · Parte VII

La ecuación de Drake

En el otoño de 1961, un joven radioastrónomo, Frank Drake, organizó una pequeña reunión en el Observatorio Nacional de Radioastronomía de Green Bank, en Virginia Occidental, para debatir si podríamos detectar vida inteligente en otros lugares. Para ordenar la agenda anotó los factores que decidirían cuántas civilizaciones de nuestra galaxia podrían estar emitiendo señales ahora mismo. El resultado, hoy llamado ecuación de Drake, multiplica siete términos: el ritmo al que se forman estrellas adecuadas, la fracción con planetas, el número de planetas habitables por sistema, las fracciones de estos en que surgen la vida, la inteligencia y una tecnología detectable, y L, el tiempo que tales civilizaciones siguen transmitiendo.

Asistieron una docena de personas, entre ellas Carl Sagan, Philip Morrison y el químico Melvin Calvin, que supo durante la reunión que había ganado el Premio Nobel de Química. Se bautizaron como la Orden del Delfín, en honor a los trabajos del asistente John Lilly sobre la inteligencia de los delfines. Sus propias estimaciones daban un resultado aproximadamente igual a L: si las civilizaciones duran mil años, quizá haya mil; si duran un millón, quizá un millón.

Seis décadas después, la astronomía ha rellenado la parte delantera de la ecuación. La Vía Láctea convierte cada año en estrellas nuevas el gas equivalente a uno o dos soles. Kepler y sus sucesores muestran que la mayoría de las estrellas tienen planetas y que una fracción apreciable posee mundos rocosos en su zona habitable. Los términos astronómicos, puras conjeturas en 1961, se conocen ya con un margen de unas pocas veces.

¿Sabías que Drake nunca esperó que su ecuación se resolviera, y que la escribió simplemente para ordenar la agenda de una reunión?

La segunda mitad sigue siendo conjetura. Tenemos un solo ejemplo de vida, de inteligencia y de tecnología, y una muestra de uno no da ninguna fracción. La vida apareció en la Tierra bastante pronto, quizá en unos cientos de millones de años, lo que algunos ven como indicio de que es fácil; una inteligencia capaz de construir radios tardó unos cuatro mil millones de años, y solo una especie entre millones lo logró. L es el término más humillante, pues nuestra civilización solo lleva un siglo escaso haciendo ruido en radio. Las respuestas honestas van aún desde mucho menos de uno, es decir, probablemente estamos solos en la galaxia, hasta muchos miles o más.

A menudo se ridiculiza la ecuación como una forma de multiplicar ignorancias, pero eso no entiende su propósito. Convierte una pregunta vaga en un programa de investigación y muestra qué números deberían aportar la astronomía, la biología y la historia. También agudiza la paradoja de Fermi, la pregunta que Enrico Fermi lanzó durante un almuerzo en 1950: si las civilizaciones son comunes, ¿dónde está todo el mundo? Frank Drake murió en 2022. Su ecuación, aún sin resolver, sigue siendo el mejor mapa de nuestra propia incertidumbre, con nuestro futuro escrito en su último término.

La ecuación de Drake: siete factores, un número N = R* · fp · ne · fl · fi · fc · L sombreado = medido por la astronomía · blanco = desconocido Un mapa de nuestra ignorancia, con nuestro futuro en el último término. R* nacen estrellas Medido ≈1–2 Soles de gas al año 1 fp con planetas ne mundos habitables Medido casi todas tienen planetas Kepler · TESS · VR 2 fl surge la vida fi inteligencia Desconocido un ejemplo: la Tierra ínfimo … casi 1 3 fc tecnología Desconocido ¿radio, láseres, balizas? 4 L duración N Drake, 1961 N ≈ L reunión de Green Bank 1000 años → ≈1000 5
Fig. 69 · La ecuación de Drake. Siete factores que dan N, del nacimiento de estrellas a lo que duran las civilizaciones
Capítulo 70 · Parte VII

SETI

La búsqueda de inteligencia extraterrestre, o SETI, busca tecnología en lugar de biología: transmisiones de radio, destellos láser u otras señales de que alguien, en algún lugar, construyó algo. Su pistoletazo científico fue un artículo de dos páginas en Nature en 1959, en el que Giuseppe Cocconi y Philip Morrison señalaron que los radiotelescopios ya podían detectar un transmisor como los nuestros a distancias interestelares. Propusieron escuchar cerca de 1.420 megahercios, la frecuencia natural del hidrógeno, el elemento más común del universo.

Un año después, Frank Drake lo intentó. El Proyecto Ozma, en 1960, usó una antena de 26 metros en Green Bank para escuchar a dos estrellas cercanas parecidas al Sol, Tau Ceti y Épsilon Eridani, durante unas 150 horas. No oyó nada, y marcó la pauta. El 15 de agosto de 1977, el radiotelescopio Big Ear de la Universidad Estatal de Ohio registró una señal intensa y estrecha procedente de la dirección de Sagitario, que duró los 72 segundos que tardaba una fuente en cruzar su haz; el voluntario Jerry Ehman la rodeó en el listado y escribió «Wow!» al lado. Pese a muchos intentos, nunca se ha vuelto a ver. Las explicaciones naturales propuestas, como una nube de hidrógeno en erupción sugerida en 2024, siguen sin confirmarse.

Desde entonces las búsquedas han crecido enormemente. El Instituto SETI, fundado en 1984, construyó el Allen Telescope Array en el norte de California, que empezó a observar en 2007. Breakthrough Listen, lanzado en 2015, usa el telescopio de Green Bank, la antena australiana de Parkes, conocida como Murriyang, y el conjunto sudafricano MeerKAT para rastrear un millón de estrellas cercanas y los centros de un centenar de galaxias próximas. La antena china FAST, de 500 metros, se ha sumado. Los receptores modernos criban miles de millones de canales de radio a la vez, y herramientas de aprendizaje automático, como la entrenada en 2023 por Peter Ma y sus colegas, señalan candidatos entre millones de interferencias humanas.

¿Sabías que en 2018 Jason Wright y sus colegas calcularon que todas las búsquedas SETI hechas hasta entonces habían explorado del espacio posible lo que una gran bañera de hidromasaje frente a todos los océanos de la Tierra?

Esa es la clave para leer el silencio. El pajar cósmico tiene muchas dimensiones: dirección en el cielo, frecuencia de radio, intensidad, tipo de señal y tiempo, porque una baliza podría encenderse solo de vez en cuando. El silencio de una muestra tan pequeña dice muy poco, algo que lleva décadas recordando Jill Tarter, la pionera de SETI que inspiró a la protagonista de Contact. También ha habido falsas alarmas: BLC1, captada en 2019 en dirección a Próxima Centauri, resultó ser una interferencia de aparatos electrónicos terrestres.

Un mito popular dice que los extraterrestres podrían estar viendo nuestra vieja televisión. En realidad, nuestras fugas de emisión son débiles y costaría detectarlas incluso a pocos años luz, aunque los potentes radares planetarios llegan mucho más lejos. SETI es una apuesta modesta con la mayor recompensa imaginable, y cada noche los telescopios escuchan un poco más. La mayoría de los susurros del cielo siguen sin oírse.

SETI: el pajar cósmico no a escala · la fracción explorada es mucho menor que lo dibujado El silencio de un jacuzzi no dice nada del océano. Frecuencia ventana 1–10 GHz línea H 1420 MHz 1 Dirección del cielo estrellas · galaxias · todo el cielo 2 Sensibilidad más débil, más lejos GBT · Parkes · FAST 3 Explorado hasta hoy ≈ un jacuzzi frente a océanos Wright et al. 2018 4 Proyecto Ozma 1960 · Green Bank Señal Wow! 1977 · Big Ear, 72 s Allen Array 2007 · 42 antenas Breakthrough 2015– · 1 M estrellas 5
Fig. 70 · SETI. El pajar cósmico: frecuencia, cielo y sensibilidad, y la pizca explorada hasta hoy
Parte VIII

Los telescopios

Los instrumentos que convirtieron el asombro en ciencia.

Capítulo 71 · Parte VIII

Cómo funciona un telescopio

Un telescopio es un cubo para la luz con un borde muy preciso. Su primera tarea es reunir mucha más luz que la pupila del ojo, que se abre hasta unos 7 milímetros en una noche oscura; la segunda, concentrar esa luz en un foco nítido, donde puedan aprovecharla un ojo, una cámara o un espectrógrafo. Solo hay dos maneras de lograrlo. El refractor desvía la luz a través de una lente. El reflector la hace rebotar en un espejo curvo.

Lo que más importa es la apertura, el diámetro de la lente o del espejo. La capacidad de captar luz crece con la superficie, es decir, con el cuadrado del diámetro: un espejo de 1 metro reúne unas 20 000 veces más luz que un ojo adaptado a la oscuridad, y un gigante de 8 metros, más de un millón de veces. La apertura fija también la nitidez, porque la luz se dispersa al pasar por cualquier abertura: el detalle más fino que se puede separar es, aproximadamente, la longitud de onda dividida por el diámetro.

Los refractores nacieron en los Países Bajos en 1608, y Galileo apuntó uno al cielo un año después. Su punto débil es el color: una lente simple desvía más el azul que el rojo y rodea cada estrella de un halo de colores, la llamada aberración cromática. Los objetivos acromáticos, patentados por John Dollond en 1758, la domaron, y los refractores crecieron hasta la lente de 1,02 metros del observatorio Yerkes, terminada en 1897. Ahí se acabó el camino: una lente solo puede sujetarse por el borde, se comba bajo su propio peso y el vidrio debe ser perfecto en todo su espesor.

¿Sabías que el primer reflector de Isaac Newton, de 1668, medía apenas unos 15 centímetros de largo, con un espejo de metal pulido de unos 3 centímetros, y aun así rivalizaba con anteojos mucho más largos?

El espejo no tiene ninguno de esos problemas. Refleja todos los colores al mismo punto, solo su cara frontal debe ser perfecta y puede sostenerse por detrás. El diseño de Laurent Cassegrain, de 1672, devuelve la luz a través de un agujero en el espejo principal; es el que usan el Hubble y la mayoría de los grandes telescopios. Cuando Léon Foucault y Carl August von Steinheil aprendieron a platear el vidrio en la década de 1850, el reflector ganó para siempre la carrera del tamaño.

Conviene desterrar un mito popular: el aumento apenas importa. Cualquier telescopio amplía muchísimo con solo cambiar el ocular, pero solo muestra más si ha reunido más luz y la ha enfocado bien. Al mirar por un telescopio de aficionado se usa la misma física que en los gigantes de las montañas: un cubo más ancho y una curva más exacta.

Refractar o reflejar: las dos maneras de hacer un telescopio refractor frente a reflector · no a escala Refractor lente delante Reflector (Cassegrain) espejo detrás luz estelar luz estelar Ganaron los espejos: se sujetan por detrás y crecen hasta ser gigantes. Lente objetivo desvía la luz · 1608 Franjas de color azul y rojo enfocan aparte ocular 1 El límite de tamaño Yerkes 1,02 m, 1897 sujeta solo por el borde se comba por su peso perfecta en todo su espesor borrón cromático 2 Espejo primario una superficie, todos los colores 3 Foco Espejo secundario Cassegrain, 1672 el primero de Newton: 1668 4 La apertura manda captación ∝ D² ojo, 7 mm 1 m ≈ 20 000 ojos 8 m > 1 millón círculos no a escala 5
Fig. 71 · Cómo funciona un telescopio. Refractor y reflector: dos maneras de reunir la luz de las estrellas y enfocarla
Capítulo 72 · Parte VIII

Cubos de luz

La historia de la astronomía puede contarse como una carrera por el vidrio. Cada vez que se duplica el diámetro de un espejo, la luz reunida se cuadruplica: se ven objetos alrededor de magnitud y media más débiles, o los mismos cuatro veces más deprisa. Cada salto de tamaño ha abierto una nueva capa del universo.

En 1917, el telescopio Hooker de 2,5 metros del monte Wilson, en California, pasó a ser el mayor del mundo; con él, Edwin Hubble demostró en la década de 1920 que la nebulosa de Andrómeda estaba mucho más allá de la Vía Láctea. George Ellery Hale quiso después uno el doble de ancho. El telescopio Hale del monte Palomar, con un espejo de Pyrex de 5,1 metros y unas 14,5 toneladas, se inauguró en 1948 y reinó durante décadas. Su pulido duró más de diez años, interrumpido por la guerra. En 1963, Maarten Schmidt midió con él el corrimiento al rojo de 3C 273, el primer cuásar conocido.

Por encima de unos 8 metros, una sola pieza de vidrio resulta casi imposible de fundir, transportar y mantener en forma. La solución fue el espejo segmentado. Los dos telescopios Keck de 10 metros, en Mauna Kea, diseñados por Jerry Nelson y abiertos en 1993 y 1996, forman cada espejo con 36 hexágonos de 1,8 metros. Sensores y pistones los mantienen alineados con un error de pocos nanómetros, una diezmilésima del grosor de un cabello. Los espejos monolíticos sobrevivieron: la Universidad de Arizona funde en un horno giratorio, bajo su estadio de fútbol americano, espejos alveolados de 8,4 metros, y el Very Large Telescope del ESO combina cuatro espejos de 8,2 metros en el cerro Paranal, en Chile.

¿Sabías que el primer disco de 200 pulgadas, fundido por Corning en 1934, salió defectuoso porque se soltaron piezas del molde, y que ese disco descartado se exhibe hoy en el Corning Museum of Glass, en Nueva York?

El próximo salto ya está en obras. El Extremely Large Telescope del ESO, en el cerro Armazones, tendrá un espejo primario de 39 metros formado por 798 segmentos hexagonales de unos 1,4 metros, bajo una cúpula de unos 80 metros de altura. Su superficie colectora, de casi 1000 metros cuadrados, superará según el ESO la de todos los telescopios actuales de 8 a 10 metros juntos. El Giant Magellan Telescope, siete espejos de 8,4 metros que forman un ojo de 25 metros, se levanta en Las Campanas, y el Thirty Meter Telescope aún espera un emplazamiento definitivo. La primera luz del ELT está prevista hacia el final de esta década.

Un espejo mayor no ofrece una vista más cercana, sino más débil y más nítida: planetas de estrellas cercanas, las primeras galaxias, espectros de estrellas sueltas en otras galaxias. Cuanto más grande es el cubo, más antigua y tenue es la luz que puede oír.

Cubos de luz: un siglo de espejos gigantes, a escala diámetros del espejo primario · 1 m = 3,2 unidades · isométrico barra de 10 m captación de luz, respecto al Hale Duplicar el ancho cuadruplica la luz: el ELT recoge unos 60 Hale. Hale, Palomar 5,1 m · 1948 un solo bloque de Pyrex ×1 1 Keck I + II 10 m · 1993 36 hexágonos ×3.8 2 Gigante de Magallanes 25,4 m · en obras 7 espejos de 8,4 m ×25 3 ELT, Cerro Armazones 39 m · 798 segmentos cada uno de unos 1,4 m primera luz: fin de la década ×59 4
Fig. 72 · Cubos de luz. Un siglo de espejos gigantes, de los 5 metros de Palomar a los 39 del ELT, a escala
Capítulo 73 · Parte VIII

Radioastronomía

La luz visible es una franja estrecha del espectro electromagnético. Las ondas de radio, con longitudes de entre un milímetro y muchos metros, atraviesan el polvo que bloquea la luz de las estrellas y proceden de cosas que apenas brillan: hidrógeno frío, electrones que giran en campos magnéticos, núcleos de estrellas muertas que rotan. La radioastronomía escucha ese cielo de día y de noche, también a través de las nubes.

Empezó por casualidad. En 1932, Karl Jansky, ingeniero de los Laboratorios Bell en Nueva Jersey, rastreaba interferencias que podían estropear las llamadas por radio transatlánticas. Un débil siseo subía y bajaba cada 23 horas y 56 minutos, la duración de un día sidéreo, y venía de Sagitario: el centro de la Vía Láctea. La unidad de brillo radio, el jansky, lleva su nombre. En 1937, Grote Reber construyó en su jardín de Illinois una antena de 9 metros y trazó el primer mapa del cielo en radio.

Un radiotelescopio funciona como un reflector. Una antena parabólica concentra las ondas en un receptor y, como las ondas son largas, la superficie solo necesita ser precisa hasta una fracción de la longitud de onda; para ondas métricas basta una malla. El problema es la nitidez: las ondas de radio son hasta un millón de veces más largas que la luz, y una antena sola ve el cielo borroso. La solución, la interferometría, combina señales de antenas separadas como si fueran un único telescopio tan ancho como su separación. Martin Ryle, en Cambridge, desarrolló esta síntesis de apertura y compartió por ella el Nobel de 1974.

Los descubrimientos han sido extraordinarios. En 1951, Harold Ewen y Edward Purcell detectaron la línea de 21 centímetros del hidrógeno neutro, que hoy cartografía los brazos espirales de nuestra galaxia. En 1967, Jocelyn Bell Burnell, doctoranda en Cambridge, descubrió los pulsos regulares del primer púlsar. FAST, una antena china de 500 metros encajada en una hondonada caliza de Guizhou y terminada en 2016, ha hallado más de mil púlsares nuevos. El Very Large Array, en Nuevo México, reparte 27 antenas a lo largo de 36 kilómetros, y ALMA une 66 antenas a 5000 metros de altitud en el desierto de Atacama.

¿Sabías que toda la energía de radio captada jamás por los radiotelescopios, como gustan de recordar los astrónomos, no igualaría la de un solo copo de nieve al caer al suelo?

El interferómetro definitivo es el Event Horizon Telescope, que une antenas desde Hawái hasta el polo sur, a 1,3 milímetros de longitud de onda, en un telescopio virtual del tamaño de la Tierra. En 2019 reveló la sombra del agujero negro de la galaxia M87, de unos 6500 millones de masas solares, y en 2022 la de Sagitario A*, en el corazón de nuestra galaxia. Después llegará el Square Kilometre Array, en Sudáfrica y Australia Occidental. La radio nos deja oír el universo frío, oscuro y violento que nuestros ojos nunca estuvieron hechos para ver.

Radioastronomía: anatomía de una antena, y una del tamaño de la Tierra antena única · interferómetro · Event Horizon Telescope Muchas antenas como una Una antena ondas de radio Une antenas de todo un planeta y podrás fotografiar la sombra de un agujero negro. Superficie precisión λ/20 malla: ondas largas 1 Alimentador + receptor amplificador criogénico 2 Montura altacimutal sigue el cielo FAST: se deforma 3 Correlador sincronía con reloj atómico VLA: 27 antenas · ALMA: 66 Ryle, síntesis de apertura, Nobel 1974 4 Hawái España ALMA Polo Sur Event Horizon Telescope 1,3 mm · base del tamaño de la Tierra M87* 2019 · Sgr A* 2022 ~20 microsegundos de arco 5
Fig. 73 · Radioastronomía. Anatomía de una antena de radio y la red del tamaño de la Tierra que vio un agujero negro
Capítulo 74 · Parte VIII

El telescopio espacial Hubble

El telescopio espacial Hubble es un reflector Cassegrain de 2,4 metros, del tamaño de un autobús escolar, que gira alrededor de la Tierra a algo más de 500 kilómetros de altura cada 95 minutos. Por encima de la atmósfera turbulenta ve las estrellas como puntos nítidos, con una resolución de una vigésima de segundo de arco, y capta el ultravioleta que nunca llega al suelo. La idea fue del astrofísico Lyman Spitzer, que defendió en 1946 un gran telescopio espacial; la NASA lo bautizó en honor de Edwin Hubble.

El transbordador Discovery lo llevó al espacio el 24 de abril de 1990. A las pocas semanas, las primeras imágenes resultaron borrosas. El espejo principal estaba pulido de maravilla, pero con una forma equivocada: su borde era unos 2,2 micrómetros demasiado plano, una cincuentava parte del grosor de un cabello. En el fabricante, Perkin-Elmer, un instrumento de control tenía una lente desplazada unos 1,3 milímetros. Como el Hubble se diseñó para recibir mantenimiento, el arreglo se hizo a mano: en diciembre de 1993, la tripulación del Endeavour instaló COSTAR, un juego de espejos correctores, y una nueva cámara, la WFPC2. Las imágenes siguientes fueron deslumbrantes.

Los astronautas lo visitaron cinco veces en total, en 1993, 1997, 1999, 2002 y 2009, y sustituyeron giroscopios, baterías e instrumentos, de modo que el telescopio actual es mucho más capaz que el lanzado.

¿Sabías que el Campo Profundo del Hubble de 1995 apuntó a un trozo de cielo que parecía vacío, del tamaño de un grano de arena sostenido con el brazo extendido, y encontró allí unas 3000 galaxias?

Los resultados transformaron la astronomía. El Campo Profundo y el Campo Ultraprofundo de 2004, con unas 10 000 galaxias, mostraron galaxias jóvenes de hace miles de millones de años. El proyecto clave dirigido por Wendy Freedman fijó en 2001 el ritmo de expansión del universo con un margen de alrededor del 10 %. Distancias de supernovas medidas en parte con el Hubble respaldaron el descubrimiento, en 1998, de que la expansión se acelera. Vio los fragmentos del cometa Shoemaker-Levy 9 chocar contra Júpiter en 1994, fotografió los Pilares de la Creación en la nebulosa del Águila, M16, en 1995, y pesó agujeros negros en el centro de las galaxias. Sus datos figuran en más de 21 000 artículos científicos.

La edad empieza a pesar. Desde 2024, el Hubble funciona con un solo giroscopio para ahorrar los de repuesto, y su órbita decae poco a poco, aunque no se espera su reentrada antes de la década de 2030. Ya no queda ningún transbordador para visitarlo. Aun así, tras 36 años, sus imágenes siguen definiendo cómo imaginamos el cosmos: un telescopio rescatado por sus propias tripulaciones se convirtió en el instrumento científico más célebre de su época.

Hubble: 36 años, del arranque borroso al cielo más nítido 1990 – 2026 · cinco misiones de servicio del transbordador 1990 1995 2000 2005 2010 2015 2020 2025 SM2 SM3A SM3B 21 000+ artículos · 5 visitas tripuladas · espejo de 2,4 m · órbita de ~95 min Por el camino 1994 cometa contra Júpiter 1995 Pilares de la Creación 1998 la expansión se acelera 2001 H0 a un 10 % Hecho para repararse, Hubble fue rescatado a mano y mejoró con los años. Lanzamiento 24 abr 1990, STS-31 Discovery espejo errado 2,2 µm 1 El arreglo dic 1993, STS-61 COSTAR + WFPC2 nítido por fin 2 Campo Profundo dic 1995, 10 días ~3000 galaxias UDF 2004: ~10 000 3 Última visita mayo 2009, STS-125 se añaden WFC3 + COS ya sin visitas 4 Modo de un giroscopio desde junio 2024 repuestos en reserva reentrada: años 2030+ 5
Fig. 74 · El telescopio espacial Hubble. De un lanzamiento fallido a cinco misiones de servicio y 36 años de descubrimientos
Capítulo 75 · Parte VIII

El telescopio espacial James Webb

El telescopio espacial James Webb es un observatorio infrarrojo construido para ver las primeras galaxias, el nacimiento de las estrellas y el aire de otros mundos. Su espejo principal mide 6,5 metros, casi tres veces el diámetro del de Hubble, y está formado por 18 segmentos hexagonales de berilio, un metal ligero que conserva su forma con un frío extremo. Cada segmento lleva una capa de oro de unos 100 nanómetros, unos 48 gramos de oro en total, porque el oro refleja de maravilla el infrarrojo.

El infrarrojo importa por dos razones. La luz de las primeras galaxias ha sido estirada por la expansión del universo: el ultravioleta y el visible emitidos hace 13 000 millones de años llegan hoy como infrarrojo. Además, el infrarrojo atraviesa las nubes de polvo donde se forman estrellas y planetas. Pero todo objeto tibio brilla en infrarrojo, incluido el propio telescopio, así que el Webb debe estar frío. Un parasol de cinco capas de Kapton, cada una más fina que un cabello y en conjunto del tamaño de una pista de tenis, lo protege del Sol, la Tierra y la Luna. La cara soleada alcanza unos 85 °C; la del espejo baja de −220 °C, y el instrumento MIRI se enfría por debajo de 7 kelvin con un criorrefrigerador.

El Webb es fruto de la NASA, la Agencia Espacial Europea y la Agencia Espacial Canadiense. Despegó en un Ariane 5 desde Kurú, en la Guayana Francesa, el 25 de diciembre de 2021. El lanzamiento fue tan preciso que ahorró combustible para quizá veinte años de trabajo. En las semanas siguientes se desplegó en el espacio y alcanzó su órbita alrededor del segundo punto de Lagrange, L2, a unos 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, en el lado opuesto al Sol.

¿Sabías que los ingenieros contaron 344 puntos únicos de fallo en el lanzamiento y despliegue del Webb, cualquiera de los cuales podía arruinar la misión, y que todos salieron bien?

Sus cuatro instrumentos, NIRCam, NIRSpec, MIRI y NIRISS, cubren de 0,6 a unos 28 micrómetros. Las primeras imágenes en color se publicaron el 12 de julio de 2022, encabezadas por un campo profundo del cúmulo SMACS 0723. Desde entonces, el Webb ha encontrado galaxias vistas menos de 300 millones de años después del Big Bang, como JADES-GS-z14-0 en 2024, y más galaxias tempranas y brillantes de lo que esperaban muchos modelos. Detectó dióxido de carbono en la atmósfera del gigante caliente WASP-39 b y ha sondeado los mundos rocosos de TRAPPIST-1. Contra lo que se suele creer, el Webb no sustituye al Hubble: ambos trabajan a la vez, uno en visible y ultravioleta, el otro en infrarrojo.

El Webb nos muestra el universo antes de que nuestra galaxia madurase y la química de mundos que nunca visitaremos. Una flor de oro aparcada en el frío, más allá de la Luna, es hoy nuestra mirada más profunda a nuestro origen.

Webb: un espejo de oro sobre una sombrilla de cinco capas isométrico · no a escala · lado frío arriba, cálido abajo Tan frío que ve el calor de las primeras galaxias, a 1,5 millones de km. Bus + panel solar energía, apuntado, radio lado cálido, hacia el Sol 1 Parasol de cinco capas Kapton, tamaño de pista de tenis caliente ~85 °C, frío < −220 °C 2 Cuatro instrumentos NIRCam · NIRSpec MIRI < 7 K · NIRISS 3 secundario Espejo de oro 6,5 m · 18 segmentos berilio, ~48 g de oro 4 Órbita en torno a L2 Sol Tierra L2 1,5 millones de km no a escala 5
Fig. 75 · El telescopio espacial James Webb. El parasol de cinco capas y el espejo dorado del Webb en vista isométrica, en L2
Capítulo 76 · Parte VIII

Espectroscopia

Si se hace pasar la luz del Sol por un prisma, se abre en un arcoíris; si se mira de cerca, ese arcoíris aparece cruzado por cientos de finas líneas oscuras. Esas líneas son lo más elocuente de la astronomía. La espectroscopia, que descompone la luz en sus longitudes de onda, dice de qué está hecha una estrella, qué temperatura tiene, a qué velocidad se mueve, qué intensidad tiene su campo magnético y si algo invisible tira de ella, sin tocarla jamás.

La física está en el átomo. Los electrones de cada elemento solo pueden tener ciertas energías, así que un átomo absorbe o emite luz solo en longitudes de onda concretas. Un gas frío delante de una fuente caliente elimina esas longitudes y deja líneas de absorción oscuras; un gas caliente y tenue brilla por sí solo en esas mismas longitudes. La línea roja del hidrógeno está en 656,3 nanómetros, el doblete amarillo del sodio cerca de 589. Cada elemento tiene su propio código de barras, tan distintivo como una huella dactilar.

La historia va de los experimentos de Newton con el prisma, en 1666, a William Wollaston, que vio unas pocas líneas oscuras en 1802. En 1814, el óptico bávaro Joseph von Fraunhofer cartografió más de 500 y bautizó las más intensas con letras que aún se usan. La clave llegó en 1859, cuando Gustav Kirchhoff y Robert Bunsen, en Heidelberg, demostraron que cada línea correspondía a un elemento calentado en una llama: sodio, hierro, calcio en el Sol. En 1864, William Huggins observó la nebulosa Ojo de Gato, NGC 6543, y vio líneas brillantes: algunas nebulosas eran gas. En 1925, Cecilia Payne mostró que las estrellas son sobre todo hidrógeno y helio.

¿Sabías que el helio se descubrió en el Sol antes que en la Tierra? Una línea amarilla observada en el eclipse del 18 de agosto de 1868 no correspondía a ningún elemento conocido, y William Ramsay no aisló el helio en el laboratorio hasta 1895.

Las líneas también miden el movimiento. La luz de un objeto que se aleja se estira hacia el rojo, y la de uno que se acerca, hacia el azul: es el efecto Doppler. HARPS, en Chile, mide velocidades estelares con una precisión de un metro por segundo, menos que el paso de alguien que camina, y ESPRESSO, en el Very Large Telescope, lo hace aún mejor; así se han hallado muchos exoplanetas. En 1908, George Ellery Hale usó el desdoblamiento de las líneas en un campo magnético, el efecto Zeeman, para descubrir que las manchas solares son magnéticas. Hoy, el instrumento DESI toma 5000 espectros a la vez, y NIRSpec, en el Webb, lee la atmósfera de planetas lejanos.

Casi todo lo que sabemos sobre la composición, la temperatura y el movimiento del universo ha pasado por una rendija y una red de difracción. El arcoíris tras la tormenta es la misma herramienta, a la espera de que alguien lea sus líneas.

Dentro de un espectrógrafo: la luz estelar se vuelve código de barras trayecto de la luz de izquierda a derecha · longitudes en nanómetros Cada elemento firma la luz con sus líneas: química a años luz. estrella Telescopio Rendija una franja 1 Colimador rayos paralelos 2 Red miles de surcos/mm Cámara + detector CCD o matriz infrarroja registra el espectro 3 400 nm 500 nm 600 nm 700 nm Ca H+K Hγ 434 Hβ 486 Mg 517 Na 589 Hα 656 4 corrimiento: todo el patrón se desliza al rojo, la estrella se aleja desplazamiento / longitud = velocidad / velocidad de la luz 5
Fig. 76 · Espectroscopia. Dentro de un espectrógrafo: la luz de una estrella se vuelve un código de barras
Capítulo 77 · Parte VIII

Óptica adaptativa

Las estrellas titilan porque el aire sobre nosotros nunca está quieto. Bolsas de aire más cálido y más frío desvían la luz de forma desigual, de modo que el frente de onda plano de una estrella llega arrugado al suelo y su imagen baila y se emborrona muchas veces por segundo. Los astrónomos llaman a este desenfoque seeing. Incluso en un buen sitio, un telescopio rara vez baja de medio segundo de arco: un gigante de 8 metros, capaz en teoría de imágenes decenas de veces más finas, queda reducido a la nitidez de un telescopio de aficionado de 20 centímetros.

La óptica adaptativa repara el daño en tiempo real. La luz de una estrella brillante cercana al objetivo se envía a un sensor de frente de onda, a menudo de tipo Shack-Hartmann: una cuadrícula de lentes diminutas forma una cuadrícula de puntos, que se desplazan cuando el frente de onda se inclina en su zona. Un ordenador traduce esos desplazamientos en un mapa de la distorsión y ordena a un espejo deformable, una superficie fina y flexible empujada por cientos o miles de actuadores, que adopte la forma opuesta. El bucle se repite unas mil veces por segundo, más deprisa de lo que cambia la atmósfera.

El astrónomo estadounidense Horace Babcock propuso la idea en 1953, pero la técnica tardó décadas. Gran parte del desarrollo inicial, pensado para vigilar satélites, fue secreto hasta 1991. El primer sistema astronómico, COME-ON, construido por equipos franceses con el ESO, se probó en 1989 y empezó a trabajar en 1990 en el telescopio de 3,6 metros de La Silla, en Chile. Las estrellas brillantes rara vez están donde se necesitan, así que los observatorios fabrican las suyas. Una estrella guía láser de 589 nanómetros excita una fina capa de átomos de sodio a unos 90 kilómetros de altura, dejados por los meteoros. Keck la usa de forma rutinaria desde 2004, y el VLT dispara cuatro láseres desde un mismo telescopio.

¿Sabías que los planetas titilan menos que las estrellas no porque reflejen la luz, sino porque muestran un pequeño disco y no un punto, de modo que los temblores de las distintas partes del disco se compensan?

La recompensa fue espectacular. Con la óptica adaptativa del Keck y del VLT, los equipos de Andrea Ghez y Reinhard Genzel siguieron estrellas que giran a toda velocidad alrededor del centro de la Vía Láctea. Una de ellas, S2, completa su órbita cada 16 años y pasa a unas 120 veces la distancia Tierra–Sol de una masa de 4 millones de soles. Esa prueba de un agujero negro supermasivo les valió el Nobel de Física de 2020. El ELT integrará la óptica adaptativa en el propio telescopio: su cuarto espejo, de 2,4 metros y solo 2 milímetros de grosor, estará moldeado por más de 5000 actuadores.

La óptica adaptativa da a los telescopios terrestres imágenes tan nítidas como desde el espacio, con espejos mucho mayores. El titilar de las canciones infantiles resultó ser un problema con solución, mil veces por segundo.

Óptica adaptativa: quitar el titileo a una estrella 1000 veces por segundo el cielo sobre el telescopio · el bucle de corrección en su interior Medir, calcular, curvar, repetir: desde tierra, tan nítido como desde el espacio. estrella frente de onda plano telescopio idea de Babcock 1953 · COME-ON 1989 · láser Keck 2004 aire turbulento, 0–20 km frente de onda arrugado 1 capa de sodio ~90 km láser de 589 nm 2 Sensor de onda Shack–Hartmann se mueven luz 3 Ordenador veloz ~1000 ciclos/s mide 4 entra el haz Espejo deformable miles de actuadores ELT M4: 5000+ corrige Cámara nítida 5
Fig. 77 · Óptica adaptativa. El bucle de la óptica adaptativa: estrella guía, sensor, ordenador y espejo deformable
Capítulo 78 · Parte VIII

Escuchar el espaciotiempo

En 1916, la relatividad general de Albert Einstein predijo que las masas aceleradas debían producir ondulaciones en el tejido del espacio y el tiempo. Estas ondas gravitacionales viajan a la velocidad de la luz y estiran el espacio en una dirección mientras lo comprimen en la otra. Einstein dudaba de que llegaran a medirse: cuando la onda de un suceso violento alcanza la Tierra, cambia las distancias en una parte entre mil trillones.

El instrumento que por fin captó una es un interferómetro. En cada sede de LIGO, en Hanford, en el estado de Washington, y en Livingston, en Luisiana, un haz láser se divide y recorre dos brazos de 4 kilómetros en ángulo recto, en un vacío extremo. Unos espejos hacen rebotar la luz cientos de veces antes de que los haces se recombinen y se anulen. Al pasar una onda, un brazo se alarga mientras el otro se acorta unas milésimas del ancho de un protón, y un hilo de luz llega al detector. Las dos sedes, separadas 3000 kilómetros, deben ver la misma señal con una diferencia de 10 milisegundos como mucho.

El 14 de septiembre de 2015, ambos detectores registraron un «gorjeo» de una quinta parte de segundo: GW150914. Dos agujeros negros de unas 36 y 29 masas solares, a 1300 millones de años luz, se habían fundido en uno de unas 62, convirtiendo tres soles de masa en energía gravitacional. El anuncio de febrero de 2016 dio la vuelta al mundo, y en 2017 Rainer Weiss, Kip Thorne y Barry Barish recibieron el Nobel de Física. Ya había una prueba indirecta: el púlsar binario descubierto por Russell Hulse y Joseph Taylor en 1974 pierde energía tal como predice la relatividad.

¿Sabías que durante una fracción de segundo la fusión de GW150914 emitió en ondas gravitacionales más potencia que la luz de todas las estrellas del universo observable juntas?

Los detectores forman hoy una red mundial. Virgo, con brazos de 3 kilómetros cerca de Pisa, se unió en 2017 y ayudó a localizar el choque de estrellas de neutrones GW170817; KAGRA, construido bajo la montaña de Kamioka, en Japón, con espejos enfriados a unos 20 kelvin, ha participado en campañas posteriores. Comparar los tiempos de llegada entre sedes acota el origen de una señal. Para 2025, la colaboración LIGO–Virgo–KAGRA había anunciado cientos de fusiones candidatas, entre ellas GW231123, un choque de unas 225 masas solares. LIGO-India está proyectado, la ESA prepara la antena espacial LISA para la década de 2030, y redes de cronometraje de púlsares como NANOGrav hallaron en 2023 indicios de un lento zumbido de fondo.

Durante toda la historia, hacer astronomía fue recoger luz. Ahora también podemos sentir cómo tiembla el universo. Cada pocos días, en algún lugar del cosmos chocan dos objetos oscuros, y un leve estremecimiento atraviesa el planeta, y nos atraviesa, sin que lo notemos.

Escuchar el espaciotiempo: la red mundial de ondas gravitacionales LIGO–Virgo–KAGRA · campañas O1–O4, 2015–2025 Cuatro oídos mejor que uno: las diferencias de tiempo señalan la fuente. LIGO–Virgo–KAGRA núcleo · campañas conjuntas, datos compartidos Flujo de alertas común mapa del cielo en minutos · los telescopios persiguen la fuente 1 Hanford Washington, EE. UU. Láser + brazos 4 km, vacío ~280 rebotes GW150914 14 sept 2015 36 + 29 soles 2 Livingston Luisiana, EE. UU. Aislamiento péndulos cuádruples espejos quietos Doble control a 3000 km ≤10 ms de diferencia 3 Socios Europa + Japón Virgo 3 km, cerca de Pisa se une en 2017 KAGRA 3 km, Kamioka espejos a ~20 K 4 Próximos oídos desde los años 2030 LIGO-India Maharashtra previsto LISA ESA, años 2030 2,5 millones de km 5
Fig. 78 · Escuchar el espaciotiempo. La red LIGO–Virgo–KAGRA: una colaboración, cinco detectores, un mismo cielo
Capítulo 79 · Parte VIII

Observatorio Vera Rubin

En el cerro Pachón, a 2682 metros en los Andes chilenos, un telescopio rueda una película de diez años de todo el cielo austral. El Observatorio Vera C. Rubin, financiado por la National Science Foundation y el Departamento de Energía de Estados Unidos, honra a la astrónoma cuyas medidas de la rotación de las galaxias dieron algunas de las pruebas más sólidas de la materia oscura. Su programa, el Legacy Survey of Space and Time (LSST), fotografiará el cielo visible cada pocas noches, unas 800 veces en una década, y señalará todo lo que se mueva, cambie de brillo o aparezca.

El diseño busca velocidad y amplitud. El telescopio Simonyi tiene un espejo primario de 8,4 metros fundido en una sola pieza con un terciario de 5 metros en su centro, más un secundario de 3,4 metros: un esquema compacto de tres espejos que da un campo inusualmente amplio y nítido. Todo el telescopio gira hacia una nueva zona del cielo en unos cinco segundos. Cada exposición abarca unos 9,6 grados cuadrados, unas 45 veces la superficie de la luna llena.

En el foco está la cámara LSST, construida en el SLAC, en California: la mayor cámara digital jamás fabricada. Tiene más o menos el tamaño de un coche pequeño y pesa unas 3 toneladas. Su lente frontal mide 1,57 metros y su plano focal reúne 189 sensores científicos, unos 3200 megapíxeles, enfriados a unos −100 °C para acallar su ruido. Seis filtros, del ultravioleta al infrarrojo cercano, se turnan en el camino de la luz.

¿Sabías que para mostrar una sola imagen de Rubin a resolución completa harían falta unos 400 televisores de ultra alta definición?

Rubin presentó sus primeras imágenes el 23 de junio de 2025, entre ellas las nebulosas Trífida y de la Laguna, M20 y M8, y una amplia vista del cúmulo de Virgo. En unas diez horas de observaciones de prueba descubrió más de 2000 asteroides desconocidos. Con el sondeo a pleno rendimiento, cada noche producirá unos 20 terabytes, y el software comparará cada imagen nueva con una plantilla de la misma zona para emitir hasta unos diez millones de alertas por noche en uno o dos minutos. Los llamados brokers, como ALeRCE, Fink o el británico Lasair, las clasifican para que otros telescopios persigan las más interesantes.

El catálogo promete unos 20 000 millones de galaxias y miles de millones de estrellas. Rubin debería hallar millones de asteroides, entre ellos miles de objetos cercanos a la Tierra, mundos lejanos del cinturón de Kuiper, cientos de miles de supernovas y quizá el hipotético Planeta Nueve, si existe. También cartografiará la materia oscura gracias a la leve deformación de las galaxias. Por primera vez, el cielo entero se convierte en una película y no en una foto, y cualquiera, en cualquier lugar, puede verlo cambiar.

Observatorio Rubin: un ojo amplio y la mayor cámara jamás construida corte · no a escala · Cerro Pachón, Chile, 2682 m Cada pocas noches, de nuevo todo el cielo austral: una película del cambio de diez años. Telescopio Simonyi de Rastreo M2 3,4 m M1 8,4 m M3 5 m luz 1 Criostato electrónica, frío L1 1,57 m L2 filtro ×6 ~1,65 m de ancho · 3 m de largo · 3 t 2 189 CCD en 21 balsas 3200 megapíxeles −100 °C · 45 Lunas llenas 3 Datos por noche ~20 TB por noche Imágenes de diferencia nueva menos plantilla Alertas ~10 millones por noche ALeRCE · Fink · Lasair primeras imágenes 23 junio 2025 4
Fig. 79 · Observatorio Vera Rubin. El telescopio Rubin y su cámara del tamaño de un coche, en corte, y su aluvión de alertas
Capítulo 80 · Parte VIII

Los observatorios del mañana

Los telescopios tardan décadas en planearse y construirse, así que los observatorios de la década de 2030 ya existen en forma de acero, vidrio y hojas de cálculo. Casi todos comparten un objetivo: ver más débil, más nítido y más amplio, con todos los mensajeros que envía el universo, y sobre todo mirar de cerca planetas como el nuestro.

En el espacio, el próximo en volar será el telescopio espacial Nancy Grace Roman de la NASA, que lleva el nombre de la primera jefa de astronomía de la agencia, a menudo llamada la madre del Hubble. Su espejo de 2,4 metros es del mismo tamaño que el del Hubble, pero su instrumento de gran campo, una cámara de 300 megapíxeles, abarca una zona del cielo unas 100 veces mayor con una nitidez similar. Terminado en 2025, debe lanzarse como muy tarde en mayo de 2027 hacia L2. Roman cartografiará miles de millones de galaxias para seguir la energía oscura, encontrará miles de exoplanetas por microlente y probará un coronógrafo, que tapa la luz de una estrella para revelar los planetas tenues de su lado. Las misiones europeas PLATO y Ariel, previstas para 2026 y 2029, buscarán planetas parecidos a la Tierra y analizarán la atmósfera de un millar de mundos conocidos.

En tierra mandan tres gigantes. El Extremely Large Telescope del ESO, de 39 metros, en Chile, verá su primera luz hacia el final de la década, con instrumentos capaces de tomar espectros de planetas rocosos alrededor de las estrellas más cercanas. El Giant Magellan Telescope, de 25 metros, se construye en Las Campanas, mientras el Thirty Meter Telescope sigue esperando un emplazamiento seguro. El Square Kilometre Array, con sede en Jodrell Bank, Inglaterra, levanta unas 200 antenas en Sudáfrica y más de 130 000 antenas en Australia Occidental; SKA-Low obtuvo su primera imagen en 2025.

¿Sabías que Nancy Grace Roman pasó buena parte de las décadas de 1960 y 1970 convenciendo al Congreso y a los astrónomos de que valía la pena construir un gran telescopio espacial, y que aquel telescopio acabó siendo el Hubble?

Más adelante, LISA, tres naves de la ESA que forman un triángulo láser de unos 2,5 millones de kilómetros de lado, debe lanzarse hacia 2035 para escuchar fusiones de agujeros negros supermasivos. El Telescopio Einstein europeo y el Cosmic Explorer estadounidense llevarían la detección de ondas gravitacionales hasta las primeras estrellas. El Habitable Worlds Observatory de la NASA, recomendado en 2021 por el estudio decenal estadounidense, apunta a la década de 2040: un telescopio espacial de unos 6 metros pensado para fotografiar directamente unos 25 planetas parecidos a la Tierra y buscar en su luz oxígeno, agua y metano. Ver una Tierra junto a su estrella exige apagar un resplandor diez mil millones de veces más brillante que el planeta.

Estos instrumentos convierten en máquinas una pregunta antiquísima: ¿hay alguien ahí fuera, y cómo empezó todo? Si cumplen, un niño nacido hoy quizá crezca sabiendo si un planeta vecino respira. Los grandes telescopios del mañana ya se construyen para quienes preguntarán qué encontraron.

Los observatorios del mañana: los ojos de los próximos veinte años fechas previstas, sujetas a cambios · espacio y tierra 2026 2030 2035 2040 2045 GMT ET / CE Por qué es difícil Tierra frente a Sol: 1 a 10 000 M en luz visible, a 0,1″ desde 30 años luz ¿Hay alguien ahí? Ya se construyen los aparatos para preguntarlo. Roman para mayo 2027, NASA 2,4 m, 300 Mpx 100× el campo del Hubble 1 ELT ~2029, ESO, Chile espejo de 39 m espectros rocosos 2 SKA finales de los 2020 Sudáfrica + Australia 131 072 antenas 3 LISA ~2035, ESA 3 naves, láseres brazos de 2,5 M de km 4 Habitable Worlds años 2040, NASA telescopio espacial de ~6 m ~25 Tierras fotografiadas 5
Fig. 80 · Los observatorios del mañana. La próxima generación de telescopios en una línea de tiempo, de Roman y el ELT a 2040
Parte IX

La exploración espacial

Cohetes, rovers y huellas más allá de la Tierra.

Capítulo 81 · Parte IX

La ecuación del cohete

Todo cohete funciona deshaciéndose de algo. Los gases calientes salen por la tobera a unos cuantos kilómetros por segundo y, según la tercera ley de Newton, el vehículo es empujado en sentido contrario. El problema es que el cohete también debe transportar, y acelerar, todo el propelente que aún no ha quemado. En 1903, un maestro de escuela ruso, Konstantín Tsiolkovski, resumió la consecuencia en una sola línea, hoy llamada ecuación del cohete: la velocidad que puede ganar un cohete es igual a la velocidad de escape de sus gases multiplicada por el logaritmo natural del cociente entre su masa llena y su masa vacía.

Ese logaritmo es una tiranía. Para mantenerse en órbita baja, una nave debe viajar a unos 7,8 kilómetros por segundo, alrededor de 28.000 km/h, y durante el ascenso pierde otros 1,5 km/s aproximadamente frente a la gravedad y el rozamiento del aire: un presupuesto total de unos 9,4 km/s. Un buen motor de queroseno expulsa sus gases a unos 3 km/s. Con esas cifras, un cohete de una sola etapa debe pesar al despegar unas 20 veces su masa vacía: alrededor de un 95 % de propelente, y solo una fina loncha para depósitos, motores y carga. Si se pide el doble de velocidad, la relación de masas no se duplica. Se eleva al cuadrado.

Las etapas son la trampa de los ingenieros. Un depósito vacío es peso muerto, así que el cohete lo suelta y continúa como un cohete más pequeño y ligero. El Saturno V que lanzó a las tripulaciones del Apolo pesaba unas 2.900 toneladas en la plataforma. Su primera etapa quemaba más de 2.000 toneladas de queroseno y oxígeno líquido en menos de tres minutos y luego caía al Atlántico; después actuaban otras dos etapas. De toda aquella montaña, solo unas 45 toneladas, los módulos de mando, de servicio y lunar, abandonaban la órbita terrestre rumbo a la Luna. Un Falcon 9 moderno coloca en órbita baja alrededor del 4 % de su masa al despegar cuando su primera etapa se pierde, y menos cuando se recupera para aterrizar.

¿Sabías que un matemático británico, William Moore, dedujo la misma relación para los cohetes de guerra en 1813, noventa años antes que Tsiolkovski, cuando nadie imaginaba usarla para abandonar la Tierra?

Sabemos que la ecuación se cumple porque es simplemente la conservación del momento lineal, y la ha obedecido cada lanzamiento desde que el primer cohete de combustible líquido de Robert Goddard se elevó 12 metros sobre una granja de Massachusetts en marzo de 1926. Hermann Oberth llegó a las mismas conclusiones por su cuenta en Alemania en 1923. La otra única palanca es la velocidad de escape. Los motores de hidrógeno y oxígeno, como el RS-25 del transbordador espacial, alcanzan unos 4,4 km/s, y los motores iónicos de la sonda Dawn de la NASA más de 30 km/s, aunque empujan con la fuerza del peso de unas pocas hojas de papel.

Lo más caro es salir del pozo gravitatorio de la Tierra. Desde la órbita baja, unos 3,6 km/s más bastan para enviar una sonda hacia Marte; por eso Robert Heinlein decía que la órbita está a medio camino de cualquier lugar del sistema solar. Cada satélite sobre nuestras cabezas y cada huella en la Luna es una negociación con un logaritmo.

La ecuación del cohete: Saturno V, una montaña de propelente lanzador del Apolo · alturas a escala · isométrico Complejo de Lanzamiento 39A 111 m Tsiolkovski, 1903 Δv = ve × ln(m0 / mf) ve del queroseno: unos 3 km/s Δv a la órbita: unos 9,4 km/s así que m0/mf: unos 20 Las etapas engañan a las cuentas: suelta los tanques vacíos y sigue acelerando. S-IC primera etapa 5 × F-1 · queroseno + LOX 2100 t quemadas en 160 s 1 S-II segunda etapa 5 × J-2 · hidrógeno + LOX 450 t quemadas en 6 min 2 S-IVB tercera etapa 1 × J-2 · se enciende dos veces órbita, luego a la Luna 3 Nave Apolo CSM + módulo lunar unas 45 t a la Luna 4 Masa al despegue: 2900 t propelente S-IC 71% propelente S-II 15% propelente S-IVB 4% tanques, motores 7% Nave Apolo 1.5% órbita 140 t · Luna 45 t 5
Fig. 81 · La ecuación del cohete. El Saturno V en tres etapas: una montaña de propelente para enviar 45 toneladas a la Luna
Capítulo 82 · Parte IX

Del Sputnik al Apolo

El 4 de octubre de 1957, una bola de metal pulido de 58 centímetros de diámetro subió a la órbita desde la estepa de Kazajistán a lomos de un misil reconvertido. El Sputnik 1 pesaba 83,6 kilogramos, daba una vuelta a la Tierra cada 96 minutos y apenas hacía otra cosa que pitar. Fue suficiente. Radioaficionados de todo el mundo sintonizaron su señal en 20 y 40 megahercios, y el radiotelescopio de Jodrell Bank, en Inglaterra, siguió la etapa de su cohete. El diseñador jefe soviético Serguéi Koroliov, cuyo nombre se mantuvo en secreto hasta su muerte, acababa de iniciar la carrera espacial.

La Unión Soviética ganó las primeras vueltas. La perra Laika voló un mes después del Sputnik; el Luna 3 fotografió la cara oculta de la Luna en 1959; y el 12 de abril de 1961 Yuri Gagarin dio una vuelta a la Tierra en la Vostok 1, un vuelo de 108 minutos. Gagarin se eyectó y aterrizó en paracaídas, separado de su cápsula, un detalle que se ocultó durante años porque las normas de los récords exigían que el piloto aterrizara dentro de su nave. Valentina Tereshkova fue la primera mujer en el espacio en 1963, y Alexéi Leónov realizó el primer paseo espacial en 1965.

La respuesta estadounidense fue un plazo. Seis semanas después de Gagarin, John F. Kennedy pidió al Congreso llevar a un hombre a la Luna y devolverlo sano y salvo antes de que terminara la década. La NASA, creada en 1958, usó los vuelos biplaza Gemini de 1965 y 1966 para ensayar encuentros, acoplamientos y largas estancias en órbita. El precio en vidas fue real en ambos bandos: el incendio del Apolo 1 mató a tres astronautas en la plataforma en enero de 1967, y Vladímir Komarov murió en abril cuando falló el paracaídas de la Soyuz 1.

¿Sabías que la memoria fija del ordenador de guiado del Apolo, unos 72 kilobytes, se tejía a mano en una fábrica de Raytheon en Massachusetts, pasando hilo de cobre a través o alrededor de diminutos anillos magnéticos para guardar cada bit?

El Apolo 8 llevó a Frank Borman, Jim Lovell y Bill Anders alrededor de la Luna en la Navidad de 1968 y trajo la fotografía Earthrise, la salida de la Tierra. El 20 de julio de 1969, Neil Armstrong y Buzz Aldrin posaron el módulo lunar Eagle del Apolo 11 en el mar de la Tranquilidad mientras Michael Collins orbitaba por encima; unos 600 millones de personas lo siguieron por televisión. Le siguieron cinco tripulaciones más, entre ellas la del Apolo 13, que sobrevivió a una explosión y nunca llegó a alunizar. Cuando Eugene Cernan y el geólogo Harrison Schmitt dejaron el valle de Taurus-Littrow en diciembre de 1972, doce hombres habían caminado por la Luna.

¿Cómo sabemos que estuvieron allí? El Apolo trajo 382 kilogramos de roca cuya química y edad ninguna muestra terrestre puede imitar, y laboratorios de todo el mundo aún la estudian. Los reflectores láser que dejaron el Apolo 11, el 14 y el 15 siguen devolviendo los pulsos disparados desde observatorios en la Tierra. Nadie ha ido más allá de la órbita baja desde 1972, así que cualquier persona menor de unos 53 años nació después del último paso.

Del Sputnik al Apolo: quince años, dos rivales 1957 – 1973 · logros soviéticos sobre la línea, estadounidenses debajo 1957 1959 1961 1963 1965 1967 1969 1971 1973 URSS EE. UU. Luna 3 · 1959 Tereshkova · 1963 Explorer 1 1958 · Van Allen Apolo 8 1968 · Earthrise N1: 4 fallos Vuelos tripulados, 1961–1972 EE. UU.: Mercury 6 · Gemini 10 · Apolo 11 URSS: Vostok 6 · Vosjod 2 · Soyuz 10 Plan lunar tripulado soviético: cancelado Del primer pitido a la última huella en quince años, y nadie ha vuelto desde entonces. Sputnik 1 oct 1957 · 83,6 kg 1 Gagarin abr 1961 · 108 min Meta de Kennedy mayo 1961 2 Leonov 1965 · paseo espacial Gemini 1965–66 · 10 vuelos 3 Apolo 11 20 julio 1969 4 Apolo 17 diciembre 1972 6 alunizajes · 12 caminantes lunares 5
Fig. 82 · Del Sputnik al Apolo. Quince años desde un pitido de radio en órbita hasta los últimos pasos en la Luna
Capítulo 83 · Parte IX

Pioneros robóticos

Los seres humanos han pisado un solo mundo más. Nuestras máquinas han llegado a todos. Desde que la Mariner 2 sobrevoló Venus en diciembre de 1962, las sondas robóticas han sobrevolado, orbitado o aterrizado en todos los planetas del sistema solar, además de planetas enanos, lunas, asteroides y cometas. Viajan durante años con unos pocos cientos de vatios, guiadas por navegantes que las dirigen con la gravedad como jugadores de billar, y envían sus datos a través de las grandes antenas de la Red de Espacio Profundo de la NASA, en Goldstone, California, cerca de Madrid y cerca de Canberra.

Venus fue la prueba más cruel. Su superficie está a unos 465 °C bajo una atmósfera 90 veces más densa que la nuestra, y los primeros aterrizadores soviéticos quedaron aplastados durante el descenso. En 1970, la Venera 7 se convirtió en el primer vehículo en enviar datos desde la superficie de otro planeta, y en 1982 la Venera 13 sobrevivió 127 minutos, lo bastante para transmitir imágenes en color de roca plana bañada en luz anaranjada. Marte fue más amable. Las 22 fotos granuladas de la Mariner 4, en 1965, mostraron cráteres, no canales, y los dos aterrizadores Viking de 1976 buscaron vida en el suelo marciano, un experimento cuyos resultados ambiguos aún se discuten.

Los planetas exteriores exigían paciencia. La Pioneer 10 cruzó el cinturón de asteroides hasta Júpiter en 1973, la Galileo orbitó el gigante durante ocho años a partir de 1995 y Juno lo rodea desde 2016. Cassini llegó a Saturno en 2004 y pasó 13 años entre sus anillos y lunas, descubriendo géiseres en Encélado y lagos de metano líquido en Titán. En septiembre de 2017, casi sin combustible, se la dirigió hacia la atmósfera de Saturno para que nunca pudiera contaminar esas lunas.

¿Sabías que la sonda europea Huygens, transportada por Cassini, se posó en Titán el 14 de enero de 2005 y siguió transmitiendo desde la superficie durante más de una hora, y que sigue siendo el aterrizaje más lejano jamás logrado?

Los cuerpos pequeños trajeron las maniobras más audaces. Rosetta, de la ESA, igualó su órbita con la del cometa 67P/Churiumov-Guerasimenko en 2014, dejó caer el aterrizador Philae, que rebotó dos veces antes de quedar en una grieta en sombra, y acompañó al cometa alrededor del Sol durante dos años. New Horizons, de la NASA, pasó junto a Plutón el 14 de julio de 2015, nueve años y medio después de su lanzamiento, y reveló una enorme llanura de hielo de nitrógeno con forma de corazón llamada Sputnik Planitia; después siguió hasta Arrokoth, con forma de muñeco de nieve, en 2019.

¿Cómo sabemos lo que encontraron? Cada imagen llega como un débil susurro de radio que recogen grandes antenas y descifran los ingenieros, mientras el seguimiento preciso de la señal de cada sonda mide también la gravedad de los mundos que visita. Estas exploradoras cuestan menos que una tripulación, van donde nadie sobreviviría y trabajan durante décadas. Casi todo lo que este libro cuenta de los planetas nos lo dijeron ellas primero.

Pioneros robóticos: una postal de cada mundo el sistema solar y sus primeros visitantes · distancias no a escala Sol Mercurio Venus Tierra Marte Júpiter Saturno Urano Neptuno Plutón Además: Mariner 10, MESSENGER en Mercurio · Galileo, Juno en Júpiter Voyager 2, único visitante de Urano (1986) y Neptuno (1989) Cada planeta ha tenido un robot de visita; casi todo lo que sabemos, ellos lo vieron antes. Venera 7 y 13 1970 · 1982 · Venus 465 °C, 90 bar 1 Viking 1 y 2 1976 · en Marte primeras pruebas de vida 2 Cassini–Huygens 2004–2017 · Saturno descenso en Titán 2005 3 Rosetta, Philae 2014–2016 · 67P 1.ª vez en un cometa 4 New Horizons 14 julio 2015 · Plutón Arrokoth, 2019 5
Fig. 83 · Pioneros robóticos. Cada planeta, además de un cometa y Plutón, ha recibido ya la visita de un robot
Capítulo 84 · Parte IX

Las Voyager

A finales de los años setenta, los planetas exteriores se alinearon de una forma que solo ocurre aproximadamente cada 175 años, lo que permitía a una sola nave saltar de Júpiter a Saturno, Urano y Neptuno, con la gravedad de cada planeta lanzándola hacia el siguiente. Un joven ingeniero del Jet Propulsion Laboratory de la NASA, Gary Flandro, había detectado la alineación en 1965. La NASA construyó dos sondas idénticas para aprovecharla. La Voyager 2 despegó el 20 de agosto de 1977 y la Voyager 1, en una trayectoria más rápida, el 5 de septiembre.

Cada una es un cuerpo de diez lados del tamaño de un coche pequeño, coronado por una antena de alta ganancia de 3,7 metros y alimentado por tres generadores termoeléctricos de radioisótopos, que convierten el calor del plutonio-238 en unos 470 vatios al lanzamiento. La Voyager 1 pasó junto a Júpiter en marzo de 1979, descubriendo volcanes activos en la luna Ío, y junto a Saturno en noviembre de 1980, donde un sobrevuelo cercano de Titán desvió su trayectoria fuera del plano de los planetas. La Voyager 2 tomó el camino largo. Sigue siendo la única nave que ha visitado Urano, en 1986, y Neptuno, en 1989, donde fotografió la Gran Mancha Oscura y géiseres de nitrógeno en la luna Tritón.

El 14 de febrero de 1990, a petición de Carl Sagan, la Voyager 1 giró su cámara y fotografió la Tierra desde unos 6.000 millones de kilómetros: el Pale Blue Dot, un punto azul pálido más pequeño que un píxel, atrapado en un rayo de sol. Luego las cámaras se apagaron para siempre para ahorrar energía.

¿Sabías que cada Voyager lleva un disco de cobre chapado en oro con saludos en 55 idiomas, 115 imágenes codificadas, cantos de ballena y 90 minutos de música, de Bach a Chuck Berry, junto con una aguja e instrucciones para reproducirlo?

Un mito popular afirma que la Voyager 1 ha salido del sistema solar. Lo que ha dejado atrás es la heliosfera, la burbuja que sopla el viento solar, al cruzar su frontera, la heliopausa, en agosto de 2012 a unas 121 veces la distancia entre la Tierra y el Sol; la Voyager 2 la siguió en noviembre de 2018. Lo sabemos porque sus instrumentos de plasma midieron un salto brusco en la densidad del gas circundante. Pero ambas siguen dentro del dominio gravitatorio del Sol, y la Voyager 1 necesitará unos 300 años para llegar al borde interior de la nube de Oort y quizá 30.000 para atravesarla.

La Voyager 1 está ya a más de 25.000 millones de kilómetros, así que una orden a la velocidad de la luz tarda casi un día en llegar, y la respuesta otro tanto en volver. Su transmisor emite unos 23 vatios, y las antenas de 70 metros de la Red de Espacio Profundo captan una señal muy inferior a una milmillonésima de milmillonésima de vatio. El plutonio pierde unos 4 vatios al año, por lo que los ingenieros apagan los instrumentos uno a uno; en 2024 rescataron a la Voyager 1 de un chip de memoria averiado reescribiendo su código a través del vacío. Cuando por fin enmudezcan, las dos sondas seguirán a la deriva durante miles de millones de años, nuestro mensaje más duradero.

Voyager: anatomía de una sonda interestelar una de dos naves gemelas · lanzadas en 1977 · unos 720 kg pértiga del magnetómetro de 13 m bus bus de 10 lados ordenadores, radios Tierra: antenas DSN de 70 m 0 ua 50 ua 100 ua 150 ua Sol Neptuno Hecha para una gira de cuatro años, aún habla con la Tierra casi cincuenta después. Antena de alta ganancia plato de 3,7 m · banda X unos 160 bit/s 1 Energía de plutonio 3 RTG · plutonio-238 470 W en 1977, a la baja 2 Pértiga científica cámaras, espectrómetros Un punto azul pálido, 1990 3 Disco de Oro 55 idiomas · imágenes 90 min de música 4 heliopausa 121 ua V2 V1, 25 000 Mkm 5
Fig. 84 · Las Voyager. Voyager: antena de 3,7 m, plutonio y un disco de oro, ya en el espacio interestelar
Capítulo 85 · Parte IX

Los rovers marcianos

Aterrizar en Marte es notoriamente difícil; aproximadamente la mitad de los intentos han fracasado. Conducir por él lo es aún más, porque el planeta está a entre 3 y 22 minutos luz, demasiado lejos para que nadie pueda manejar un rover en directo. Cada movimiento lo planifican el día anterior ingenieros en la Tierra y lo ejecuta un robot que debe cuidarse solo. En tres décadas, estas máquinas han convertido Marte, una luz roja en el cielo, en un mundo de valles cartografiados, rocas perforadas y previsión del tiempo.

El primero fue el Sojourner, un rover de 10,6 kilogramos del tamaño de un microondas que bajó del aterrizador Mars Pathfinder, posado el 4 de julio de 1997, y exploró unos 100 metros de una antigua llanura de inundación durante 83 días. En enero de 2004, los gemelos Spirit y Opportunity, del tamaño de un carrito de golf, llegaron rebotando sobre bolsas de aire a lados opuestos del planeta. Diseñado para 90 días, el Spirit funcionó seis años. El Opportunity duró más de 14, recorrió 45,2 kilómetros, más que un maratón, y encontró diminutas esferas de hematita apodadas arándanos, formadas en aguas subterráneas, antes de que una tormenta de polvo global cubriera sus paneles solares en 2018.

¿Sabías que los paneles solares del Spirit y el Opportunity fueron limpiados una y otra vez por remolinos de polvo marcianos, una de las razones por las que superaron con creces su vida útil prevista de 90 días?

Los siguientes rovers eran demasiado pesados para las bolsas de aire. El Curiosity, del tamaño de un coche pequeño, con 899 kilogramos y alimentado con plutonio, fue descolgado con cables por una etapa cohete en vuelo estacionario, la grúa celeste, en el cráter Gale el 6 de agosto de 2012. Descubrió que el cráter albergó un lago duradero con los ingredientes químicos que necesitaría la vida, y desde entonces escala las laderas estratificadas del monte Sharp. Su casi gemelo, el Perseverance, se posó en el cráter Jezero, un antiguo delta fluvial, el 18 de febrero de 2021. Lleva 43 tubos y va sellando testigos de roca para que sean recogidos algún día; diez se dejaron a propósito en un depósito en el fondo del cráter, como reserva.

El Perseverance también trajo a Ingenuity, un helicóptero de 1,8 kilogramos que en abril de 2021 realizó el primer vuelo propulsado y controlado en otro planeta, en un aire con alrededor del uno por ciento de la densidad del terrestre. Previsto para cinco vuelos, hizo 72 antes de que un rotor dañado lo dejara en tierra en enero de 2024. El rover chino Zhurong, que aterrizó en mayo de 2021, convirtió a China en el segundo país en rodar por Marte.

¿Cómo sabemos lo que dicen las rocas? Los rovers llevan sus propios laboratorios: la ChemCam del Curiosity dispara un láser a las rocas y analiza el destello, y su taladro entrega polvo a hornos que detectan moléculas orgánicas. En 2024, el Perseverance encontró una roca apodada Cheyava Falls con manchas de leopardo que podrían indicar microbios antiguos, o solo química. Traer muestras a la Tierra es la única forma de saberlo, y el plan para hacerlo sigue siendo incierto. Mientras tanto, nuestros geólogos robóticos siguen rodando, unos cientos de metros cada vez.

Rovers marcianos a escala: de un microondas a un coche vistas laterales · 1 m = 44 px · masas en la Tierra 1 m Aterrizaje: airbags en 1997 y 2004; grúa celeste en 2012 y 2021 Zhurong, el rover chino de 240 kg, se les unió en Utopia Planitia en 2021 adulto, 1,8 m Marte: a 3–22 minutos luz rutas planeadas un día antes Cada generación fue más pesada, audaz y longeva de lo que planearon sus creadores. Sojourner 10,6 kg 1997 Ares Vallis 1 Spirit + Opp. 185 kg cada uno 2004 · solar Opp: 45,2 km 2 Curiosity 899 kg 2012 · Gale plutonio 3 Perseverance 1025 kg 2021 · Jezero 43 tubos 4 Ingenuity 1,8 kg 72 vuelos 2021–2024 5
Fig. 85 · Los rovers marcianos. Cinco rovers de la NASA a escala: del Sojourner de 10,6 kg al Perseverance de una tonelada
Capítulo 86 · Parte IX

La ISS

Mira hacia arriba una noche despejada en el momento adecuado y verás una luz brillante y fija que cruza el cielo en unos minutos sin parpadear, más brillante que cualquier estrella. Es la Estación Espacial Internacional, un laboratorio de unos 109 metros de envergadura, más o menos lo que mide un campo de fútbol, y unas 420 toneladas de peso. Orbita a unos 400 kilómetros de altura a cerca de 28.000 km/h y da una vuelta a la Tierra cada 92 minutos, de modo que su tripulación ve 16 amaneceres y 16 atardeceres al día.

Se construyó en órbita, pieza a pieza. El módulo Zariá, fabricado en Rusia, se lanzó en noviembre de 1998 y el nodo estadounidense Unity se le unió dos semanas después. Siguieron más de 40 vuelos de ensamblaje, muchos de ellos del transbordador espacial, y los astronautas atornillaron armazones, paneles solares y laboratorios durante cientos de horas de paseos espaciales. El 2 de noviembre de 2000 se instaló la primera tripulación residente, Bill Shepherd, Yuri Gidzenko y Serguéi Krikaliov. Desde entonces siempre ha habido gente a bordo, así que toda una generación no ha conocido ni un día sin seres humanos fuera del planeta.

La estación es una alianza de cinco agencias: la NASA, la rusa Roscosmos, la Agencia Espacial Europea, la japonesa JAXA y la Agencia Espacial Canadiense. Europa aportó el laboratorio Columbus y la Cupola, con siete ventanas; Japón construyó Kibo, el mayor módulo; Canadá proporcionó el Canadarm2, un brazo robótico de 17,6 metros que atrapa las naves de carga que llegan. Más de 280 personas de más de 20 países han estado a bordo, llevadas por cápsulas Soyuz, por el transbordador y, desde 2020, por la Crew Dragon de SpaceX.

¿Sabías que la estación recicla casi toda su agua, incluidos el sudor y la orina de la tripulación, y que en 2023 su sistema de soporte vital alcanzó una recuperación del 98 %, el objetivo necesario para largos viajes a Marte?

Un mito común dice que los astronautas flotan porque allí arriba no hay gravedad. En realidad, a la altura de la estación la gravedad es alrededor del 90 % de la que hay en el suelo. La tripulación flota porque la estación y todos sus ocupantes caen juntos alrededor de la Tierra, sin llegar nunca a tocarla, un estado llamado caída libre. Eso convierte a la ISS en un laboratorio único. Años de mediciones cuidadosas muestran que las estancias largas adelgazan los huesos que soportan peso en torno a un 1 % al mes y cambian la forma del ojo; el estudio de gemelos de la NASA comparó a Scott Kelly, tras sus 340 días a bordo en 2015 y 2016, con su hermano Mark, que se quedó en tierra. Otros experimentos cultivan cristales, estudian llamas que arden en forma de esfera y buscan antimateria cósmica con el espectrómetro AMS.

La estación envejece, y sus socios prevén retirarla hacia 2030, cuando un vehículo de desorbitado construido por SpaceX la guiará hasta una zona remota del Pacífico Sur. Ya se diseñan estaciones comerciales para sustituirla. Hasta entonces, sigue siendo la nave espacial más fácil de ver con tus propios ojos: consulta una predicción de paso, sal fuera y saluda.

La ISS en equipo: cinco agencias, una estación Estación Espacial Internacional desde el 2 nov 2000 · 420 t · 400 km Naves visitantes Soyuz · Progress · Crew Dragon · Cargo Dragon · Cygnus Ningún país podría haberla construido solo; juntos la han mantenido habitada 25 años. NASA Destiny 2001 · lab. EE.UU. bastidores Paneles solares viga de 109 m 8 alas 1 Roscosmos Zariá 1998 · el primero energía, almacén Zvezdá 2000 alojamiento 2 ESA Columbus 2008 · laboratorio ciencias vida Cupola 2010 · cúpula 7 ventanas 3 JAXA Kibo 2008–2009 el mayor módulo carguero HTV 2009–2020 9 envíos 4 CSA Canadarm2 2001 · 17,6 m atrapa naves Dextre 2008 · manos reparaciones finas 5
Fig. 86 · La ISS. Cinco agencias espaciales, una estación: quién construyó cada parte de la ISS
Capítulo 87 · Parte IX

Retorno de muestras

Una sonda solo puede llevar unos pocos kilogramos de instrumentos, elegidos años antes del lanzamiento. Un laboratorio en la Tierra tiene microscopios electrónicos, espectrómetros de masas y aceleradores de partículas que pesan toneladas, y mejora cada década. Ese es el argumento del retorno de muestras: ir, tomar un trozo de otro mundo y traerlo a casa, donde las mejores herramientas del planeta puedan estudiarlo, y seguir estudiándolo mucho después de que termine la misión.

El primer gran botín se recogió a mano. Entre 1969 y 1972, seis tripulaciones del Apolo reunieron 382 kilogramos de rocas, suelo y testigos lunares. Esas muestras demostraron que la Luna estuvo cubierta por un océano de magma y que tiene más o menos la misma edad que la Tierra, lo que respalda la idea de que se formó a partir de los restos de un impacto gigantesco. La Unión Soviética logró el primer retorno robótico en 1970, cuando la Luna 16 perforó 101 gramos de suelo y los envió a casa en una pequeña cápsula; después llegaron la Luna 20 y la Luna 24. La Stardust de la NASA capturó polvo del cometa Wild 2 en un bloque de aerogel ultraligero y aterrizó en Utah en 2006, y la japonesa Hayabusa trajo diminutos granos del asteroide Itokawa en 2010.

¿Sabías que algunas muestras del Apolo 17 se sellaron en 1972 y permanecieron cerradas durante medio siglo, hasta que la NASA abrió un tubo sellado al vacío en 2022 para que los científicos pudieran usar instrumentos que no existían en los años setenta?

La nueva era es la de los asteroides y la cara oculta de la Luna. La japonesa Hayabusa2 disparó un proyectil de cobre contra el asteroide Ryugu para dejar al descubierto material fresco y dejó caer 5,4 gramos en el desierto australiano en diciembre de 2020. OSIRIS-REx, de la NASA, tocó el asteroide Bennu durante unos seis segundos en octubre de 2020, levantando escombros con un soplo de nitrógeno, y su cápsula entró en la atmósfera a unos 44.500 km/h antes de descender en paracaídas en el desierto de Utah el 24 de septiembre de 2023. Dos cierres atascados mantuvieron parte del contenedor cerrado durante meses, pero los conservadores del Centro Espacial Johnson pesaron al final 121,6 gramos. La china Chang'e 5 trajo en 2020 1,73 kilogramos de roca volcánica joven de la cara visible de la Luna, y en junio de 2024 la Chang'e 6 trajo cerca de 1,9 kilogramos de la cara oculta, por primera vez.

¿Cómo sabemos que las muestras están limpias? Se abren en cabinas selladas llenas de nitrógeno puro, se manipulan con herramientas de acero inoxidable y teflón y se reparten entre equipos de todo el mundo, guardando buena parte para el futuro. Los resultados ya son enormes. El polvo de Bennu contiene 14 de los 20 aminoácidos que forman las proteínas en la Tierra, las cinco bases del ADN y el ARN, y sales dejadas por la evaporación de salmueras: ingredientes de la vida que los asteroides entregaron a los planetas jóvenes.

Después vendrán la sonda china Tianwen-2, lanzada en 2025 hacia un pequeño asteroide cercano a la Tierra, y misiones largamente planeadas para traer rocas de Marte y de su luna Fobos. Cada grano que llega a casa es una pregunta que podremos seguir haciendo, con mejores herramientas, durante generaciones.

Retorno de muestras: de Bennu al laboratorio OSIRIS-REx de la NASA, 2020 – 2023 · abajo, cada botín hasta hoy (escala log) Bennu Tierra Traído a la Tierra 1 g 1 kg 1 t Apolo, 1969–72 382 kg Chang'e 6, 2024 1,9 kg Chang'e 5, 2020 1,7 kg Luna 16, 20, 24 326 g OSIRIS-REx, 2023 121,6 g Hayabusa2, 2020 5,4 g Una sonda lleva kilos de instrumentos; un laboratorio terrestre, toneladas y décadas. Tocar y salir 20 oct 2020 6 s de contacto 1 Vuelta a casa mayo 2021 – 2023 más de 2 años 2 Reentrada 24 sep 2023 44 500 km/h 3 Sala limpia Houston 121,6 g pesados 4 Laboratorios en todo el mundo aminoácidos 5
Fig. 87 · Retorno de muestras. Cómo OSIRIS-REx trajo 121,6 gramos del asteroide Bennu hasta el laboratorio
Capítulo 88 · Parte IX

Regreso a la Luna

El Apolo fue a la Luna para ganar una carrera y se detuvo cuando la ganó. Artemis, llamado así por la hermana gemela de Apolo en la mitología griega, quiere volver para quedarse. La NASA dirige el programa con socios de Europa, Canadá y Japón, y con empresas privadas que construyen aterrizadores, rovers y naves de suministro. Su objetivo no son las llanuras ecuatoriales que eligió el Apolo, sino la escarpada región que rodea el polo sur lunar.

El cohete es el Space Launch System, de 98 metros de altura y unos 39 meganewtons de empuje al despegar, que lleva la cápsula Orión. La energía y la propulsión de Orión proceden de un módulo de servicio europeo construido para la ESA por Airbus en Bremen. En Artemis I, lanzada en noviembre de 2022, una Orión sin tripulación pasó 25 días en el espacio, describiendo una órbita lejana alrededor de la Luna y alejándose unos 432.000 kilómetros de la Tierra, más que ninguna nave construida para personas. Después se descubrió que su escudo térmico había perdido fragmentos de material carbonizado durante la reentrada, así que la NASA cambió el ángulo de descenso del siguiente vuelo.

Ese siguiente vuelo, Artemis II, llevó a Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y al canadiense Jeremy Hansen alrededor de la Luna en una trayectoria de retorno libre de diez días en abril de 2026: la primera tripulación más allá de la órbita baja desde el Apolo 17. Glover se convirtió en la primera persona negra, Koch en la primera mujer y Hansen en el primer no estadounidense en hacer el viaje. Después llegará un alunizaje con un aterrizador comercial, la Starship de SpaceX o el Blue Moon de Blue Origin, que se reunirá con Orión en una órbita alta y alargada y llevará a los astronautas hasta la superficie.

¿Sabías que en 2009 la NASA estrelló a propósito una etapa de cohete usada en el cráter Cabeus, cerca del polo sur, y que la nube de restos, observada por la sonda LCROSS, contenía alrededor de un 5 % de agua en masa?

¿Por qué el polo? Como el eje de la Luna apenas está inclinado, allí el Sol roza el horizonte, y el fondo de algunos cráteres quizá no haya visto la luz en miles de millones de años. El Lunar Reconnaissance Orbiter de la NASA ha medido temperaturas por debajo de 230 °C bajo cero en estas regiones de sombra permanente, lo bastante frías para atrapar hielo de agua durante eones, y las misiones indias Chandrayaan encontraron indicios de él. El hielo puede fundirse para beber, separarse en oxígeno para respirar e hidrógeno para combustible. Algunas crestas cercanas, como el borde del cráter Shackleton, reciben luz casi todo el año, ideales para la energía solar.

Artemis tiene rivales y compañía. China planea su propio alunizaje tripulado antes de 2030 y, con Rusia, una estación de investigación más adelante, mientras que la india Chandrayaan-3 se posó cerca de la región polar sur en 2023. Más de 50 países han firmado los Acuerdos de Artemis, principios para una exploración pacífica y el intercambio de datos. Cuando alguien vuelva a caminar por la Luna, estará en la frontera de una presencia humana permanente más allá de la Tierra.

Artemis: de vuelta a la Luna, paso a paso trayectorias esbozadas · Tierra–Luna 384 400 km, no a escala Tierra Luna unos 3 días por trayecto Apolo dejó banderas y huellas; Artemis quiere quedarse. SLS y Orion 98 m · rampa 39B módulo de servicio de la ESA 1 Artemis I, 2022 sin tripulación · 25 días a 432 000 km 2 Artemis II, 2026 4 tripulantes · 10 días bucle de retorno libre 3 órbita de halo Encuentro con el módulo Starship HLS o Blue Moon 4 Polo sur: hielo en la oscuridad Shackleton fondos bajo −230 °C 5
Fig. 88 · Regreso a la Luna. Artemis paso a paso: un vuelo de prueba, un sobrevuelo tripulado y el alunizaje polar
Capítulo 89 · Parte IX

La era espacial comercial

Durante medio siglo, un cohete fue un objeto de usar y tirar. Cada primera etapa, motores incluidos, volaba una vez y caía al mar. Eso cambió el 21 de diciembre de 2015, cuando la primera etapa de un Falcon 9 regresó a Cabo Cañaveral y se posó en vertical sobre sus patas, diez minutos después de lanzar 11 satélites. En marzo de 2017 voló de nuevo una etapa usada. Hoy, algunas primeras etapas de Falcon 9 han volado más de 25 veces, aterrizando en plataformas de hormigón o en barcazas en el océano, y las cofias también se recogen del mar y se reutilizan.

El cambio empezó en la propia NASA. A partir de 2006, la agencia dejó de diseñar todos sus vehículos y empezó a comprar servicios, pagando a empresas privadas para llevar carga, y más tarde tripulaciones, a la ISS. La Dragon de SpaceX fue en 2012 la primera nave comercial en visitar la estación, y en mayo de 2020 la Crew Dragon llevó allí a Doug Hurley y Bob Behnken, los primeros astronautas lanzados desde suelo estadounidense desde la retirada del transbordador en 2011. Llegaron tripulaciones privadas: Inspiration4 orbitó la Tierra con cuatro civiles en 2021, y Polaris Dawn realizó el primer paseo espacial comercial en 2024.

Las cifras cuentan la historia. Hacia 2010, el mundo realizaba unos 75 lanzamientos orbitales al año, casi todos gubernamentales. En 2024 intentó unos 260, y más de la mitad fueron Falcon 9. Rocket Lab lanza satélites pequeños desde Nueva Zelanda, empresas privadas chinas vuelan sus propios cohetes y el New Glenn de Blue Origin llegó a la órbita en 2025. La empresa Intuitive Machines logró el primer alunizaje comercial en 2024, y el Blue Ghost de Firefly el primero plenamente exitoso en 2025. La Starship de SpaceX, el mayor cohete que ha volado nunca, está diseñada para ser totalmente reutilizable; en octubre de 2024 su propulsor Super Heavy fue atrapado en el aire por los brazos de su torre de lanzamiento.

¿Sabías que la primera etapa de Falcon 9 que aterrizó nunca volvió a volar y hoy se exhibe en pie a las puertas de la sede de SpaceX en Hawthorne, California?

Los lanzamientos baratos llenaron el cielo. Ya hay más de 10.000 satélites operativos en órbita, la mayoría en megaconstelaciones como Starlink, de SpaceX, que lleva internet a aldeas remotas, barcos y zonas de guerra. Los astrónomos pagan el precio. Los satélites iluminados por el Sol rayan las imágenes de larga exposición, y telescopios de rastreo como el Observatorio Vera C. Rubin deben marcar y eliminar sus trazas; los radioastrónomos han detectado incluso emisiones parásitas de su electrónica. Los operadores añaden ahora recubrimientos oscuros y parasoles, y el centro de la Unión Astronómica Internacional para la protección del cielo oscuro y silencioso negocia con la industria límites de brillo.

El premio es el acceso. Universidades, países pequeños y empresas emergentes pueden hoy enviar experimentos que antes exigían una superpotencia, y los cohetes totalmente reutilizables podrían convertir los viajes a la Luna y a Marte en algo rutinario. El reto es compartir un cielo que es de todos, también de quien lo mire esta noche.

La era espacial comercial: lanzamientos por año, a escala intentos de lanzamiento orbital en el mundo · altura = lanzamientos · isométrico 50 Cohetes que aterrizan y vuelven a volar convirtieron un goteo de lanzamientos en un río. 2010 Hacia 2010 unos 75 gobiernos 1 2015 Primer aterrizaje 21 dic 2015 Falcon 9 2 2020 Tripulaciones, Starlink unos 114 Crew Dragon 3 2024 2024 unos 260 la mitad, Falcon 9 otros SpaceX 134 4 estelas de satélites Cielo abarrotado más de 10 000 satélites activos 5
Fig. 89 · La era espacial comercial. Lanzamientos orbitales al año, a escala, y los cohetes reutilizables que los impulsaron
Capítulo 90 · Parte IX

¿Y ahora qué?

El próximo medio siglo de exploración tiene ya su mapa, y sigue dos caminos. Uno lleva a las personas hacia fuera: de la Luna, como ensayo, a Marte, como gran meta. El otro lleva a los robots hacia dentro, bajo el hielo de lunas donde el agua líquida podría albergar vida hoy mismo. Ambos son muy difíciles. Ninguno es ya ciencia ficción.

La Luna va primero porque está cerca: tres días de viaje, con la ayuda a apenas un segundo de distancia por radio. El programa Artemis de la NASA y los planes chinos de alunizajes tripulados antes de 2030 apuntan a bases cerca del polo sur lunar, donde el hielo podría proporcionar agua, oxígeno y combustible. Marte es otra cosa. Los planetas se alinean para un viaje eficiente solo cada 26 meses, así que una tripulación pasaría de seis a nueve meses en cada trayecto y esperaría más de un año en la superficie hasta la siguiente ventana de regreso: un viaje de ida y vuelta de unos tres años. El detector de radiación del Curiosity mostró que solo el trayecto expondría a los astronautas a unos 0,66 sieverts, cientos de veces la dosis anual típica en la Tierra. Nadie ha posado todavía en Marte nada más pesado que una tonelada aproximadamente; un aterrizaje tripulado necesita decenas. El pequeño experimento MOXIE del Perseverance demostró, eso sí, que se puede fabricar oxígeno a partir del aire marciano.

Los robots se dirigen a los océanos. Europa, una luna de Júpiter, oculta un océano salado bajo una capa de hielo de quizá 15 a 25 kilómetros de espesor, con unas dos veces más agua que todos los mares de la Tierra. Europa Clipper, la mayor sonda planetaria construida por la NASA, se lanzó en octubre de 2024 y llegará a Júpiter en 2030 para realizar decenas de sobrevuelos cercanos. La europea JUICE, lanzada en 2023, llegará en 2031 para estudiar Europa, Calisto y Ganímedes, alrededor de la cual se pondrá en órbita. Dragonfly, un dron del tamaño de un coche, tiene previsto despegar en 2028 y volar entre dunas y cráteres de Titán, luna de Saturno, a partir de 2034.

¿Sabías que Encélado, luna de Saturno, expulsa su océano al espacio por grietas cercanas a su polo sur, de modo que una nave puede probar un mar alienígena con solo atravesar el penacho?

Encélado puede ser la mejor apuesta. Con solo unos 500 kilómetros de diámetro, expulsa vapor de agua y granos de hielo de su océano, y Cassini atravesó sus penachos repetidamente entre 2005 y 2015. Sus instrumentos hallaron sal, granos de sílice que delatan agua caliente reaccionando con la roca, hidrógeno molecular y fósforo, un ingrediente clave del ADN. En la Tierra, esas fuentes hidrotermales rebosan de microbios. La ESA estudia un orbitador y un aterrizador para volver allí en la década de 2040.

Nadie sabe qué camino dará fruto primero: huellas en Marte o un microbio en un mar helado. Cualquiera de los dos respondería preguntas que la humanidad se hace desde que mira al cielo. Los capítulos que vienen pertenecen a los exploradores, humanos y robóticos, que ya están en camino.

¿Y ahora qué? Cinco destinos, dos ambiciones posiciones estimadas, no medidas · personas a la izquierda, robots a la derecha tiempo de viaje desde la Tierra días meses años más probable la vida menos las lunas oceánicas campos de prueba Venus Psyche, 2029 Huellas en Marte o un microbio en un mar helado: cualquiera lo cambiaría todo. La Luna a 3 días bases en el polo sur 1 Marte 7 meses por trayecto 3 años ida y vuelta 2 Titán lagos de metano Dragonfly, 2034 3 Europa Clipper 2030 JUICE 2031 4 Encélado océano en penachos 5
Fig. 90 · ¿Y ahora qué?. Cinco destinos según el tiempo de viaje y la probabilidad de encontrar vida
Parte X

La frontera

Hacia dónde va la astronomía y cuáles son sus preguntas abiertas.

Capítulo 91 · Parte X

Astronomía multimensajero

Durante casi toda su historia, la astronomía consistió en una sola cosa: atrapar luz. Cada carta celeste, cada fotografía y cada espectro se construía con fotones, desde las ondas de radio hasta los rayos gamma. La luz es una mensajera magnífica, pero el polvo la absorbe, el gas la dispersa y el corazón denso de las estrellas que estallan la bloquea por completo. La astronomía multimensajero añade otros tres portadores de noticias, cada uno de los cuales esquiva esas barreras y cuenta otra parte de la historia.

El primero es el neutrino, una partícula fantasma casi sin masa que atraviesa un año luz de plomo con buenas probabilidades de no chocar con nada. El 23 de febrero de 1987, detectores en Japón, Estados Unidos y Rusia captaron unas dos docenas de neutrinos de la supernova 1987A, en la Gran Nube de Magallanes, unas tres horas antes de que su luz aumentara. Habían escapado directamente del núcleo en colapso mientras la luz aún se abría paso hacia fuera. Hoy IceCube, en el polo sur, vigila un kilómetro cúbico de hielo antártico con 5160 sensores de luz suspendidos hasta 2,5 kilómetros de profundidad. En 2017 relacionó un neutrino de alta energía con el blázar TXS 0506+056 en plena erupción, y en 2022 con la galaxia activa NGC 1068, a 47 millones de años luz.

El segundo es la onda gravitacional, una onda en el propio espacio-tiempo. LIGO oyó la primera el 14 de septiembre de 2015: dos agujeros negros de unas 36 y 29 masas solares que se fundían a 1300 millones de años luz. Junto con Virgo, en Italia, y KAGRA, en Japón, la red ha registrado ya cientos de fusiones. Las ondas gravitacionales atraviesan la materia casi intactas, así que informan de sucesos que emiten poca luz o ninguna.

El tercero es el rayo cósmico, un núcleo cargado que viaja casi a la velocidad de la luz. Victor Hess los descubrió en 1912 al subir un electrómetro en globo y comprobar que el aire estaba más ionizado cuanto más alto. En 1991, el detector Fly's Eye de Utah registró la partícula «Oh-My-God», un solo protón o núcleo con unos 3 × 10²⁰ electronvoltios, la energía de una pelota de tenis bien golpeada. Como los campos magnéticos desvían las partículas cargadas, los rayos cósmicos llegan con sus direcciones revueltas; el Observatorio Pierre Auger reparte 1600 tanques de agua por 3000 kilómetros cuadrados de Argentina para cazar a los gigantes, que son escasos.

¿Sabías que los sensores de IceCube están en un hielo tan transparente y tan oscuro que el destello azul de una sola colisión de neutrino puede verse a más de cien metros?

La fuerza está en combinarlos. Un neutrino demuestra que un acelerador cósmico es real; una onda gravitacional pesa los objetos; la luz indica dónde ocurrió y qué se fabricó. Cada mensajero corrige los puntos ciegos de los demás. Para nosotros, que miramos hacia arriba, el cielo nocturno ha dejado de ser una imagen muda y se ha convertido en una conversación en cuatro idiomas.

Cuatro mensajeros: quién escucha a cada uno astronomía multimensajero · detectores por mensajero Un suceso cósmico núcleo · una fusión, una explosión, un chorro Combinar los mensajes la luz dice dónde · las ondas pesan los cuerpos · las partículas nombran el motor Cada mensajero cubre los puntos ciegos de los demás. Luz fotones, de radio a γ JWST infrarrojo, 6,5 m en L2 desde 2022 Fermi rayos gamma, 2008 alertas de estallidos 1 Ondas ondas gravitacionales LIGO 2 × 4 km, EE. UU. primera: sep 2015 Virgo · KAGRA Italia · Japón sitúan la fuente 2 Neutrinos partículas fantasma IceCube 1 km³ de hielo polar 5160 sensores Super-Kamiokande 50 000 t de agua Kamioka, Japón 3 Rayos cósmicos núcleos con carga Pierre Auger 3000 km², Argentina 1600 tanques de agua Telescope Array Utah, EE. UU. Amaterasu, 2021 4
Fig. 91 · Astronomía multimensajero. Cuatro mensajeros: luz, ondas gravitacionales, neutrinos y rayos cósmicos
Capítulo 92 · Parte X

El momento kilonova

A las 12:41, hora universal, del 17 de agosto de 2017, los dos detectores LIGO, en Washington y Luisiana, registraron un gorjeo ascendente que duró unos cien segundos. A diferencia de las breves señales de los agujeros negros, este subía lentamente de tono, la firma de dos objetos más ligeros, de entre 1,2 y 1,6 masas solares cada uno, que giraban uno alrededor del otro a un tercio de la velocidad de la luz. Eran estrellas de neutrones, rescoldos de estrellas muertas del tamaño de una ciudad, y el suceso pasó a llamarse GW170817.

Apenas 1,7 segundos después de la fusión, el satélite Fermi de la NASA e INTEGRAL de la ESA captaron un breve destello de rayos gamma procedente de la misma zona del cielo. Virgo, en Italia, solo había visto una señal débil, y esa misma debilidad ayudó a reducir la zona de búsqueda a unos 28 grados cuadrados. Los telescopios de todo el planeta se giraron hacia allí. Unas 11 horas después, el telescopio Swope, de un metro, en Las Campanas (Chile), encontró un nuevo punto de luz en la galaxia NGC 4993, a unos 130 millones de años luz, en la Hidra.

Lo que siguió fue una kilonova, una explosión unas mil veces más brillante que una nova corriente, predicha por Li-Xin Li y Bohdan Paczyński en 1998. Brilló en azul durante uno o dos días y luego enrojeció a medida que los átomos pesados de los restos bloqueaban la luz azul. Chandra detectó rayos X nueve días después de la fusión, y radiotelescopios como el Very Large Array captaron el chorro, más lento, al cabo de unos 16 días. Participaron unos 70 observatorios, y el artículo de síntesis llevó la firma de unos 3500 autores.

¿Sabías que los rayos gamma y las ondas gravitacionales compitieron durante 130 millones de años y llegaron con 1,7 segundos de diferencia, lo que demuestra que la gravedad viaja a la velocidad de la luz con una precisión mejor que una parte en mil billones?

Los espectros revelaron la química. Los restos, lanzados hasta a un tercio de la velocidad de la luz, estaban repletos de neutrones, y los núcleos los absorbieron tan deprisa que construyeron los elementos más pesados mediante el proceso r. En 2019 se identificó estroncio en el resplandor. Según las estimaciones, se formaron unas centésimas de masa solar de elementos pesados, quizá varias masas terrestres de oro y platino entre ellos, lo que convierte las colisiones de estrellas de neutrones en una de las principales fuentes del oro del universo.

El suceso hizo aún más. Eliminó toda una familia de teorías alternativas de la gravedad que predecían velocidades distintas para la luz y las ondas gravitacionales, y dio una primera medida de la expansión mediante sirena estándar, de unos 70 kilómetros por segundo por megapársec. No se vieron neutrinos, así que fue un suceso de dos mensajeros y no de cuatro, pero el modelo quedó establecido. En algún lugar de aquellos restos había metal como el oro de una alianza.

GW170817: diecisiete días que abrieron una nueva astronomía 17 ago 2017 · NGC 4993 · 130 M a. l. · tiempo en escala log 0 s +1,7 s +11 h +3 d +9 d +16 d −100 s unos 70 observatorios · unos 3500 autores · ningún neutrino Gravedad y luz corrieron 130 millones de años y empataron. El gorjeo LIGO + Virgo ~100 s de tono ascendente fusión 12:41 UTC 1 Estallido gamma GRB 170817A Fermi + INTEGRAL 1,7 s tras la fusión 2 Luz nueva: SSS17a Swope 1 m, Chile NGC 4993, Hidra ~11 h después 3 Kilonova restos del proceso r azul · día 1 se apaga · día 3 rojo · día 7 4 rayos X, luego radio Chandra: día 9 radio VLA: día 16 surge un chorro 5
Fig. 92 · El momento kilonova. GW170817: del gorjeo del espacio-tiempo al resplandor dorado en diecisiete días
Capítulo 93 · Parte X

A la caza de la materia oscura

Las galaxias giran demasiado deprisa, los cúmulos se mantienen unidos con demasiada fuerza y la luz se curva demasiado para la materia que vemos. Fritz Zwicky advirtió el problema en el cúmulo de Coma en 1933; Vera Rubin y Kent Ford lo hicieron ineludible en los años setenta con las curvas de rotación planas de las galaxias espirales. El mapa del fondo cósmico de microondas del satélite Planck da hoy el balance exacto: la materia oscura pesa unas cinco veces más que los átomos corrientes. De qué está hecha sigue siendo un misterio, y averiguarlo es una de las grandes cacerías de la ciencia.

Durante décadas, el principal sospechoso fue el WIMP, una partícula masiva de interacción débil, quizá entre decenas y miles de veces más pesada que un protón. Si los WIMP llenan nuestra galaxia, cientos de millones podrían atravesar tu cuerpo cada segundo, y muy de vez en cuando uno debería golpear un núcleo atómico. Los experimentos de detección directa esperan ese golpe. El más sensible es LZ (LUX-ZEPLIN), a 1480 metros bajo tierra en el Sanford Underground Research Facility, en una antigua mina de oro de Dakota del Sur. Contiene unas diez toneladas de xenón líquido enfriado a unos 100 grados bajo cero, siete de ellas como blanco activo, dentro de un tanque de agua ultrapura y una envoltura de centelleador líquido que delata los neutrones perdidos.

Una colisión produciría un diminuto destello de luz y unos pocos electrones liberados, que un campo eléctrico arrastra hacia arriba para crear un segundo destello. El patrón de ambos destellos revela dónde y cómo se golpeó el xenón. LZ, XENONnT bajo el Gran Sasso, en Italia, y PandaX-4T en la mina china de Jinping no han visto nada más allá del fondo esperado, lo que descarta buena parte de los modelos de WIMP más sencillos. En 2024, XENONnT y PandaX-4T empezaron a detectar neutrinos del núcleo del Sol que golpeaban núcleos de xenón: el primer atisbo de la niebla de neutrinos que acabará limitando a todos los detectores de este tipo.

¿Sabías que el experimento CUORE, vecino de los cazadores de materia oscura en el Gran Sasso, está blindado con plomo de un barco romano hundido frente a Cerdeña hace unos 2000 años, cuya radiactividad se apagó hace mucho?

Por eso la caza se amplía. El axión, propuesto a finales de los años setenta para resolver un enigma de la fuerza nuclear fuerte y bautizado por Frank Wilczek con el nombre de un detergente, podría ser miles de millones de veces más ligero que un electrón y comportarse más como una onda que como una partícula. ADMX, en la Universidad de Washington, sintoniza una cavidad de microondas dentro de un potente imán, a la escucha de axiones que se conviertan en fotones de radio. Otros buscan agujeros negros primordiales o neutrinos estériles, y una minoría sostiene que hay que modificar la propia gravedad. Mientras tanto, Euclid y el Observatorio Rubin cartografían la atracción de la materia oscura en miles de millones de galaxias mediante lentes gravitacionales débiles.

Cada resultado vacío es una medida, no un fracaso, y estrecha el espacio donde puede esconderse la respuesta. La mayor parte de la materia que te rodea ahora mismo es algo que ningún instrumento ha atrapado jamás.

Dentro de LZ: a una milla bajo tierra, esperando un empujón LUX-ZEPLIN · Sanford Lab, Dakota del Sur · vista despiezada, no a escala Cada silencio es una medida: estrecha dónde puede esconderse la materia oscura. 1480 m de roca antigua mina de oro frena los rayos cósmicos 1 Tanque de agua agua ultrapura frena neutrones 2 Detector exterior centelleador líquido veta neutrones 3 Xenón líquido 7 t de blanco activo unos −100 °C 4 Dos destellos por suceso S2: electrones suben y brillan S1: retroceso destello de luz Dos sospechosos WIMP pesado, raro golpea núcleos LZ · XENONnT PandaX-4T Axión ultraligero ondulatorio cavidad ADMX en un imán 2024: neutrinos solares vistos, empieza la «niebla de neutrinos» 5
Fig. 93 · A la caza de la materia oscura. El detector LZ: siete toneladas de xenón líquido esperan un roce a 1480 m bajo tierra
Capítulo 94 · Parte X

La tensión de Hubble

La constante de Hubble, H₀, indica a qué ritmo se expande hoy el universo. No es una velocidad sino una tasa: por cada megapársec de distancia, unos 3,26 millones de años luz, las galaxias se alejan cierto número de kilómetros por segundo más deprisa. La primera estimación de Edwin Hubble, en 1929, rondaba los 500. En la década de 2010, dos métodos muy distintos la habían acotado con un margen de pocas unidades por ciento, y no coincidían. Esa diferencia obstinada es la tensión de Hubble.

El primer camino parte del universo recién nacido. El fondo cósmico de microondas, luz liberada 380 000 años después de la Gran Explosión, contiene un patrón de manchas calientes y frías cuyo tamaño actúa como una regla cósmica. Si se introduce el mapa del satélite Planck de la ESA en el modelo cosmológico estándar, con su materia oscura y su energía oscura, el ritmo de expansión actual resulta de 67,4 kilómetros por segundo por megapársec, con una incertidumbre inferior al uno por ciento. Telescopios terrestres como el Atacama Cosmology Telescope y el South Pole Telescope coinciden de forma independiente.

El segundo camino sube por la escalera de distancias. El paralaje, afinado por la misión Gaia, fija la distancia de estrellas cefeidas cercanas, cuyo periodo de pulsación revela su brillo real, como descubrió Henrietta Swan Leavitt en 1912. Las cefeidas calibran después las supernovas de tipo Ia de galaxias vecinas, y las supernovas llegan lo bastante lejos para medir la expansión directamente. El equipo SH0ES de Adam Riess obtiene unos 73, con una incertidumbre de alrededor de un kilómetro por segundo. La diferencia, del 8 al 9 por ciento, supera ya las cinco sigmas, el nivel con el que los físicos descartan el azar.

¿Sabías que una galaxia a 100 megapársecs se aleja unos 560 kilómetros por segundo más deprisa según el valor local que según el del universo temprano, lo bastante para cruzar el Atlántico en diez segundos?

¿Podría ser un error? El JWST se construyó en parte para comprobarlo. Sus nítidas imágenes infrarrojas separan las cefeidas de las estrellas vecinas que se amontonan, y el equipo de Riess comprobó que las medidas del Hubble se sostenían. El grupo de Wendy Freedman, que usa otros marcadores como la punta de la rama de las gigantes rojas, obtiene unos 70, más cerca del centro y con barras de error más amplias. Otros caminos, como los retrasos temporales en cuásares multiplicados por lentes gravitacionales o las ondas gravitacionales de estrellas de neutrones en colisión, aún no han deshecho el empate.

Si la tensión es real, a la receta cósmica le falta algo. Se proponen un estallido de energía oscura temprana antes de que se liberara el resplandor fósil, partículas adicionales parecidas a los neutrinos o una energía oscura que cambie con el tiempo, algo que el cartografiado de galaxias DESI insinúa desde 2024. Cada opción alteraría la edad del universo en cientos de millones de años. El velocímetro del universo da dos lecturas, y una de ellas nos está contando algo nuevo.

La tensión de Hubble: dos caminos, dos respuestas H₀ en km/s por megapársec · barras = incertidumbre citada 64 66 68 70 72 74 76 78 ritmo de expansión hoy, H₀ O un error oculto, o un ingrediente que falta en el cosmos. Planck, CMB 2018 · 67,4 ± 0,5 DESI BAO + BBN 2024 · 68,5 ± 0,6 universo temprano 1 escalera SH0ES 2022 · 73,0 ± 1,0 paralaje de Gaia cefeidas SN de tipo Ia H₀ ≈ 73 2 Freedman, JWST gigantes rojas · ≈ 70 ± 2 sirena GW170817 2017 · 70, amplio Cuásares con lente H0LiCOW · 73,3 ± 1,8 3 brecha ≈ 8–9 % · más de 5σ 4
Fig. 94 · La tensión de Hubble. Dos caminos hacia el ritmo de expansión, unos 67 y 73, y ninguno cede
Capítulo 95 · Parte X

Las galaxias imposibles del JWST

Antes de que el telescopio espacial James Webb empezara a hacer ciencia con su espejo dorado de 6,5 metros en julio de 2022, la mayoría de los modelos predecían que encontraría las primeras galaxias como manchas débiles y raquíticas. En cambio, encontró demasiadas, demasiado brillantes y demasiado pronto. En pocas semanas aparecieron candidatas que parecían haber formado estrellas a un ritmo frenético solo unos cientos de millones de años después de la Gran Explosión, y la prensa empezó a llamarlas rompeuniversos.

Verlas depende del corrimiento al rojo. Al expandirse el universo, la luz que lo recorre se estira. Una galaxia con corrimiento 14 emite luz ultravioleta que llega estirada quince veces, muy dentro del infrarrojo, y por eso precisamente el JWST se construyó para ver en infrarrojo desde su gélido puesto a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra. Trucos de color en las imágenes de NIRCam señalan candidatas; después, el espectrógrafo NIRSpec confirma la distancia al encontrar saltos espectrales o líneas de emisión.

Los récords han caído uno tras otro. El mejor del Hubble, GN-z11, estaba a un corrimiento de 10,6, unos 430 millones de años después de la Gran Explosión. En 2024, el cartografiado JADES confirmó JADES-GS-z14-0 a 14,32, unos 290 millones de años después del principio, y ALMA detectó más tarde oxígeno en ella, señal de que generaciones anteriores de estrellas ya habían vivido y muerto. En 2025, un equipo dirigido por Rohan Naidu confirmó MoM-z14 a 14,44, unos 280 millones de años después de la Gran Explosión. Ambas son sorprendentemente luminosas y compactas, de entre unos cientos y menos de dos mil años luz de diámetro.

¿Sabías que el JWST también encontró los pequeños puntos rojos, objetos compactos y rojizos frecuentes en los primeros mil millones de años, muchos de los cuales parecen ocultar agujeros negros en crecimiento, y que los astrónomos aún discuten qué son?

El enigma es la abundancia. Al contar galaxias brillantes con corrimientos superiores a 10, salen varias veces más de las que esperaban muchas simulaciones previas al lanzamiento. Algunas de las afirmaciones más extremas, como las seis galaxias aparentemente enormes descritas por Ivo Labbé y sus colegas en 2023, se rebajaron después, porque agujeros negros en acreción o brotes de estrellas jóvenes pueden imitar una gran masa. Pero el exceso de galaxias jóvenes brillantes ha sobrevivido a la espectroscopia.

Las explicaciones que se ponen a prueba son sobre todo física corriente trabajando más de lo esperado: gas que se convierte en estrellas con más eficacia antes de que los vientos de las supernovas lo frenen, poblaciones con muchas estrellas masivas, poco polvo que las atenúe o breves estallidos que vuelven deslumbrantes a algunas galaxias durante un tiempo. Ideas más radicales, desde una materia oscura modificada hasta agujeros negros primordiales como semillas, quedan en los márgenes. La creencia popular de que el JWST refutó la Gran Explosión es falsa: lo que cuestiona es lo deprisa que crecieron las primeras galaxias. La luz más antigua que podemos atrapar salió de esas galaxias antes de que existieran la Tierra, el Sol o incluso la mayoría de los elementos, y todavía está reescribiendo el primer capítulo.

El amanecer cósmico según el JWST: brillante demasiado pronto tiempo cósmico en millones de años tras el Big Bang · lineal 0 200 400 600 800 1000 z 20 z 14 z 10 z 7 El Big Bang se sostiene; lo que cambia es lo rápido que crecieron las primeras galaxias. Edad oscura resplandor a 0,38 Ma primeras estrellas hacia ~100–200 Ma 1 Más allá de z 14 MoM-z14 · z 14,44 ~280 Ma · 2025 JADES-GS-z14-0 · z 14,32 ~290 Ma · 2024 2 GN-z11 z 10,6 · ~430 Ma récord del Hubble, 2016 JWST: agujero negro activo Pequeños puntos rojos compactos, rojo polvoriento muchos esconden agujeros negros en crecimiento 3 Galaxias brillantes más allá de z 10 modelos previos recuento JWST: × varias Rompeuniversos Labbé y su equipo, 2023 z 7,4–9,1 · ~500–700 Ma luego rebajadas por AGN 4 Modelos revisados formación estelar eficiente · brotes estrellas pesadas · poco polvo 5
Fig. 95 · Las galaxias imposibles del JWST. El amanecer cósmico del JWST: galaxias brillantes menos de 300 Ma tras la Gran Explosión
Capítulo 96 · Parte X

El cielo como película

La mayoría de las grandes imágenes de la astronomía siguen siendo fotografías: un trozo de cielo, expuesto durante horas, congelado. Pero el universo es inquieto. Las estrellas fulguran, las supernovas estallan y se apagan en semanas, los asteroides se desplazan entre las estrellas y los agujeros negros desgarran estrellas que pasan cerca. El Legacy Survey of Space and Time, del Observatorio Vera C. Rubin en el Cerro Pachón (Chile), está diseñado para convertir el cielo en una película, filmando todo el cielo austral cada pocas noches durante diez años.

El método es la repetición implacable. El telescopio Simonyi, de 8,4 metros, toma una exposición de unos 30 segundos con la cámara LSST de 3200 megapíxeles, que abarca 9,6 grados cuadrados, unas 45 lunas llenas, y luego se mueve al campo siguiente en pocos segundos. En una década, cada campo se revisitará unas 800 veces con seis filtros de color. Después, el software aplica la imagen diferencial: resta a la toma nueva una plantilla profunda de la misma zona, de modo que todo lo nuevo, más brillante, más débil o desplazado destaca como un residuo.

Cada residuo se convierte en una alerta, un pequeño paquete de datos con posición, brillo, una miniatura e historial, enviada aproximadamente un minuto después de la exposición. En una noche intensa puede haber hasta diez millones. Ningún ser humano podría leerlas, así que fluyen hacia intermediarios comunitarios como ALeRCE en Chile, Fink en Francia y Lasair en el Reino Unido, que usan aprendizaje automático para distinguir una probable supernova de una estrella variable o de un asteroide de paso, y envían los casos raros y urgentes a telescopios capaces de obtener un espectro. Rubin genera unos 20 terabytes de datos brutos por noche, procesados en el SLAC de California con socios en Francia y el Reino Unido.

¿Sabías que en sus primeras imágenes públicas, de junio de 2025, obtenidas en unas diez horas de observaciones de prueba, Rubin encontró 2104 asteroides desconocidos, siete de ellos cercanos a la Tierra?

Cartografiados anteriores demostraron el valor del método. La Zwicky Transient Facility, en Monte Palomar, emite alertas desde 2018 y ha capturado miles de supernovas, mientras que Pan-STARRS y el Catalina Sky Survey descubren la mayoría de los asteroides cercanos a la Tierra que conocemos. Rubin llega más hondo y más lejos. En su década se espera que detecte millones de supernovas, cartografíe millones de asteroides, varias veces el censo actual, y catalogue unos 20 000 millones de galaxias y 17 000 millones de estrellas. Los trofeos más raros, como la próxima kilonova o una estrella engullida por un agujero negro, se encontrarán porque la cámara ya estaba mirando.

El cartografiado también cambia quién descubre qué. Las alertas son públicas en tiempo real, así que un estudiante con un portátil puede detectar una rareza tan deprisa como un gran observatorio. El cielo siempre se ha movido; ahora viene con contador de fotogramas.

Una noche de Rubin: del obturador al mundo en un minuto Legacy Survey of Space and Time · Cerro Pachón, Chile · por exposición Telescopio Simonyi 8,4 m Canal de datos sustracción Alertas público, en vivo Intermediarios clasificación ML Seguimiento espectros 0 s ~30 s ~60 s minutos horas Hasta diez millones de alertas por noche, abiertas a cualquiera con un portátil. Exposición 30 s cámara de 3200 MP campo de 9,6 grados² 1 giro y ajuste en segundos Restar nueva − plantilla guarda el residuo 2 nueva − vieja = lo que cambió Alerta ≤ 60 s · pública hasta 10 M por noche 3 posición · brillo recorte · historial ~20 TB por noche Clasificar ALeRCE · Fink Lasair · ANTARES 4 supernova variable asteroide Espectro Gemini · SOAR confirma el tipo 5 espectro en horas
Fig. 96 · El cielo como película. Una noche de Rubin: de una exposición de 30 segundos a una alerta mundial en un minuto
Capítulo 97 · Parte X

Visitantes interestelares

Todos los cometas y asteroides catalogados antes de 2017 pertenecían al Sol y recorrían órbitas cerradas, por largas que fueran. Entonces, el 19 de octubre de 2017, Robert Weryk detectó en imágenes del telescopio Pan-STARRS1, en el Haleakalā (Hawái), un objeto que se movía demasiado deprisa para estar ligado. Su trayectoria era una hipérbola, con una excentricidad de alrededor de 1,2, y había entrado en el sistema solar a unos 26 kilómetros por segundo. Se le llamó 1I/ʻOumuamua, que en hawaiano significa explorador o mensajero que llega de lejos.

ʻOumuamua ya se alejaba cuando lo encontraron, tras haber pasado junto al Sol por dentro de la órbita de Mercurio en septiembre. Era pequeño, quizá de cien a unos cientos de metros de largo, y su brillo variaba diez veces en pocas horas, lo que sugiere una forma alargada o aplanada. No mostraba cola visible y, sin embargo, se aceleró ligeramente al alejarse del Sol, como hacen los cometas cuando expulsan gas. Las explicaciones incluyen la emisión de hidrógeno u otros gases invisibles; la idea de que fuera una vela solar alienígena encontró poco apoyo entre los astrónomos.

El segundo visitante despejó cualquier duda de que estos objetos son naturales. El 30 de agosto de 2019, el astrónomo aficionado Guennadi Borísov, con un telescopio construido por él mismo en Crimea, descubrió 2I/Borísov. Era sin duda un cometa, con una coma y una cola brillantes, que viajaba a unos 32 kilómetros por segundo en una trayectoria muy hiperbólica. El Hubble y otros telescopios lo encontraron inusualmente rico en monóxido de carbono, lo que indica que se formó en un entorno más frío que la mayoría de los cometas del Sol.

¿Sabías que el tercer visitante pasó a unos 30 millones de kilómetros de Marte en octubre de 2025, y que las naves en órbita del planeta giraron sus cámaras para fotografiar un cometa llegado de otra estrella?

Ese visitante, 3I/ATLAS, fue descubierto el 1 de julio de 2025 por el telescopio del sondeo ATLAS en Río Hurtado (Chile). Es el más rápido hasta ahora, unos 58 kilómetros por segundo antes de notar la atracción del Sol, con una excentricidad superior a seis. Su velocidad y su dirección sugieren que procede del disco grueso de la Vía Láctea, donde las estrellas son viejas, y algunas estimaciones le atribuyen siete mil millones de años o más, más que el Sol. Alcanzó su punto más cercano al Sol a finales de octubre de 2025, justo dentro de la órbita de Marte, y mostró una coma rica en dióxido de carbono.

Cada visitante es una muestra gratuita de otro sistema planetario, entregada tras un viaje de millones o miles de millones de años. Según estos hallazgos, en todo momento habría miles de forasteros del tamaño de ʻOumuamua dentro de la órbita de Neptuno, casi todos demasiado débiles para verlos. El Observatorio Rubin debería encontrarlos con mucha más frecuencia, y Comet Interceptor, de la ESA, cuyo lanzamiento está previsto hacia 2029, esperará en el espacio lista para salir al encuentro del siguiente. Resulta que nuestro vecindario tiene tráfico de paso.

Tres forasteros en caminos abiertos por el sistema solar sistema solar interior visto desde arriba · órbitas esquemáticas, no a escala Júpiter Tierra Marte Sol Cada uno es una muestra gratis de los planetas de otra estrella, enviada a domicilio. 'Oumuamua · 2017 1I · Pan-STARRS e ≈ 1,2 · 26 km/s sin cola, leve empuje 1 1I Borísov · 2019 2I · aficionado, Crimea e ≈ 3,4 · 32 km/s un cometa real, rico en CO 2 2I 3I/ATLAS · 2025 ATLAS, Chile e ≈ 6,1 · 58 km/s quizá 7000+ Ma 3 3I 0 1 2 3 4 5 6 7 ligada: e < 1 abierta, no ligada: e > 1 4 Próximas visitas Rubin: quizá 1+ al año Comet Interceptor ~2029 5
Fig. 97 · Visitantes interestelares. Tres forasteros en trayectorias abiertas por el sistema solar: 2017, 2019 y 2025
Capítulo 98 · Parte X

Las grandes preguntas

El marcador de la astronomía invita a la humildad. Los átomos, todo lo que forma cada estrella, cada planeta y cada persona, son solo alrededor del 5 por ciento del contenido del universo. La materia oscura supone un 27 por ciento y la energía oscura, ese algo desconocido que lleva cinco mil millones de años acelerando la expansión cósmica, alrededor del 68. La teoría del cosmos mejor comprobada, confirmada con precisión de unidades por ciento por Planck y otros, descansa sobre dos ingredientes que nadie ha identificado. No es un fracaso. Hace un siglo nadie sabía que existieran otras galaxias; Edwin Hubble no lo zanjó hasta 1924, al encontrar cefeidas en la nebulosa de Andrómeda.

El universo oscuro es la primera gran pregunta, y ahora es un problema de ingeniería. Euclid, de la ESA, lanzado en 2023, el Observatorio Rubin y el telescopio espacial Nancy Grace Roman de la NASA, cuyo lanzamiento está previsto como tarde en 2027, cartografiarán miles de millones de galaxias para comprobar si la energía oscura es realmente constante, como lo sería la constante cosmológica de Einstein, o si cambia, como ha insinuado el cartografiado DESI.

La segunda es el origen. ¿Por qué hay algo en lugar de nada? La Gran Explosión debió de producir materia y antimateria a partes iguales, pero por cada mil millones de pares que se aniquilaron sobrevivió más o menos una partícula de materia de más, y ese sobrante se convirtió en todo lo que vemos. La inflación, un breve estallido de expansión en la primera fracción de segundo, explica por qué el universo es tan uniforme y plano, pero no está demostrada. Su firma más clara sería una leve torsión en la polarización del fondo de microondas; una detección anunciada por BICEP2 en 2014 resultó ser polvo galáctico, y la búsqueda continúa. Si hubo algún «antes» sigue siendo una incógnita.

¿Sabías que las ecuaciones de la relatividad general predicen su propio fracaso, ya que en el centro de un agujero negro y en el primer instante de la Gran Explosión dan una densidad infinita, algo que la mayoría de los físicos interpreta como señal de que falta una teoría más profunda?

Esa teoría más profunda es la tercera pregunta. La mecánica cuántica y la relatividad general superan todas las pruebas a las que se las somete, pero se niegan a combinarse. Los agujeros negros son donde el conflicto aprieta, desde que Stephen Hawking demostró en 1974 que deberían evaporarse lentamente, lo que plantea el enigma de qué ocurre con la información que cayó en ellos.

La cuarta es la más humana: ¿estamos solos? También se ha vuelto experimental. El JWST analiza atmósferas de exoplanetas, aunque los anuncios de gases ligados a la vida en K2-18b siguen muy discutidos. Europa Clipper debe llegar a Júpiter en 2030 para estudiar una luna con océano, y el Habitable Worlds Observatory se está diseñando para la década de 2040, con el fin de fotografiar directamente planetas parecidos a la Tierra. Las grandes preguntas no tienen respuesta, pero se han vuelto precisas, y una pregunta precisa es la primera mitad de una respuesta.

Lo que sabemos que no sabemos las preguntas abiertas de la astronomía · cada una con la prueba que podría zanjarla El 95 % desconocido y las preguntas que plantea 5 % át. 27 % mat. oscura 68 % energía oscura 1924: otras galaxias probadas · 2126: preguntas que nadie ha hecho aún Una pregunta precisa es media respuesta. Universo oscuro ¿de qué está hecho? ¿Materia oscura? WIMP o axiones LZ · ADMX · Euclid ¿Energía oscura? constante o no DESI · Rubin · Roman 1 Orígenes el primer instante Gana la materia 1 más por mil M ¿y la antimateria? ¿Inflación? un giro en el CMB búsqueda de modos B 2 Gravedad cuántica RG frente a cuántica Agujeros negros Hawking, 1974 ¿y la información? ¿Antes del Big Bang? densidad infinita una teoría más honda 3 ¿Estamos solos? ya es un experimento Aire de exoplanetas espectros JWST K2-18b: en debate Lunas oceánicas Europa Clipper llega en 2030 4
Fig. 98 · Las grandes preguntas. Las preguntas abiertas de la astronomía, afinadas para que un telescopio las compruebe
Capítulo 99 · Parte X

El cielo de todos

La astronomía es una de las últimas ciencias en las que un aficionado todavía puede hacer un descubrimiento importante. El cielo es demasiado grande para que lo vigilen solo los profesionales, el equipo necesario para ver algo nuevo nunca ha sido tan barato y los datos de los grandes observatorios pertenecen cada vez más a todos. El resultado es una colaboración que va del jardín de casa a los mayores telescopios de la Tierra.

Los aficionados todavía llegan primero. En agosto de 2023, el aficionado japonés Hideo Nishimura descubrió un cometa, C/2023 P1, en imágenes tomadas por él mismo, semanas antes de que brillara cerca del Sol. En mayo de 2023, Koichi Itagaki, otro aficionado japonés con decenas de hallazgos, detectó SN 2023ixf en la galaxia del Molinete, M101, la supernova de colapso del núcleo más cercana en una década. Guennadi Borísov construyó el telescopio que atrapó al segundo visitante interestelar. Thomas Bopp, codescubridor del cometa Hale-Bopp en 1995, observaba con el telescopio casero de un amigo en el desierto de Arizona.

Otros contribuyen revisando datos. Galaxy Zoo, lanzado en 2007 por Chris Lintott y Kevin Schawinski en Oxford, pidió al público que clasificara un millón de imágenes de galaxias del Sloan Digital Sky Survey. Más de 150 000 personas participaron el primer año e hicieron más de 50 millones de clasificaciones, y el proyecto se convirtió en el Zooniverse, una plataforma con cientos de proyectos de investigación. Voluntarios de Planet Hunters señalaron en 2015 los extraños oscurecimientos de la estrella de Boyajian, y otros encontraron las galaxias compactas con brotes de formación estelar conocidas como «guisantes verdes».

¿Sabías que el Hanny's Voorwerp, una nube verde y luminosa del tamaño de una galaxia, lo descubrió en 2007 la maestra neerlandesa Hanny van Arkel, y que brilla porque un cuásar de la galaxia vecina IC 2497 la iluminó y después se apagó?

La vigilancia a largo plazo también cuenta. La Asociación Americana de Observadores de Estrellas Variables (AAVSO), fundada en 1911, guarda decenas de millones de estimaciones del brillo de estrellas variables, muchas de aficionados. Vídeos de aficionados han captado impactos de asteroides y fragmentos de cometas en Júpiter, y cronometrar estrellas que se ocultan tras asteroides permite trazar su forma. Gran parte de los datos profesionales es ya abierta: los catálogos de Gaia, con casi dos mil millones de estrellas, se descargan gratis; los datos del Hubble y del JWST suelen hacerse públicos al cabo de un año, y las alertas de Rubin llegan a todo el mundo en tiempo real.

La amenaza es que el propio cielo se apague. Los estudios indican que más de un tercio de la humanidad ya no ve la Vía Láctea desde su casa por culpa de la luz artificial, y las crecientes constelaciones de satélites rayan las exposiciones largas. Las reservas de cielo oscuro y una iluminación cuidadosa ayudan. El cielo no es de nadie, lo que significa que es de todos los que se molestan en mirar hacia arriba.

El cielo de todos: el ciclo de la astronomía ciudadana cómo patios y navegadores alimentan descubrimientos reales Astronomía ciudadana público + profesionales Cielos que se apagan 1 de cada 3 no ve la Vía Láctea El cielo no es de nadie, así que es de todos los que miran arriba. Mira arriba el cometa de Nishimura SN 2023ixf, Itagaki 1 Registra AAVSO, desde 1911 decenas de millones 2 Comparte Minor Planet Center Zooniverse, desde 2007 3 Seguimiento el Voorwerp de Hanny Hubble echa un vistazo 4 Descubrir juntos datos abiertos: Gaia, JWST alertas de Rubin, en vivo 5
Fig. 99 · El cielo de todos. Cómo aficionados y voluntarios siguen descubriendo: el ciclo de la astronomía ciudadana
Capítulo 100 · Parte X

Somos polvo de estrellas

Cada átomo de tu cuerpo tiene una historia más antigua que la Tierra. El hidrógeno de tu agua se formó en los primeros minutos tras la Gran Explosión, hace 13 800 millones de años. Casi todo lo demás, el carbono de tus células, el oxígeno que respiras, el calcio de tus huesos y el hierro de tu sangre, se forjó en estrellas que vivieron y murieron antes de que naciera el Sol. Carl Sagan lo dijo con sencillez en su serie Cosmos de 1980: estamos hechos de materia de estrellas.

Tomemos un cuerpo de 70 kilos. Alrededor del 65 por ciento de su masa es oxígeno, el 18 por ciento carbono, el 10 por ciento hidrógeno y el 3 por ciento nitrógeno, y el calcio y el fósforo forman la mayor parte del resto. Por número de átomos gana con holgura el hidrógeno: unos seis de cada diez. El cuerpo entero contiene unos siete mil cuatrillones de átomos, y cada uno puede rastrearse hasta una fuente cósmica.

Cada elemento tiene su propia fragua. El hidrógeno y casi todo el helio vienen de la propia Gran Explosión. El carbono y el nitrógeno proceden sobre todo de estrellas corrientes, parecidas al Sol, al final de su vida, cuando se hinchan como gigantes rojas y expulsan sus capas externas al espacio. El oxígeno, el calcio y el fósforo vienen principalmente de estrellas masivas que arden deprisa y terminan como supernovas de colapso del núcleo. Cerca de la mitad de tu hierro procede de supernovas de tipo Ia, la destrucción termonuclear de enanas blancas. Los elementos pesados más raros, como el yodo que necesita tu tiroides y el oro de un anillo, se construyeron por captura rápida de neutrones en sucesos como la kilonova de 2017.

¿Sabías que antes de que Cecilia Payne demostrara en su tesis de 1925 que el Sol es sobre todo hidrógeno, los astrónomos suponían que las estrellas tenían más o menos la misma composición que la Tierra?

Lo sabemos gracias a la espectroscopia y la física nuclear juntas. En 1957, Margaret y Geoffrey Burbidge, William Fowler y Fred Hoyle explicaron cómo fabrican las estrellas los elementos en un artículo tan famoso que se conoce por las iniciales de sus autores, B²FH. Desde entonces se ha medido la química de millones de estrellas, de los cartografiados Sloan a Gaia, y los isótopos radiactivos como el aluminio 26 de los meteoritos muestran que la nube que formó el Sol había sido sembrada por muertes estelares recientes. La tabla periódica de los orígenes cósmicos de la astrónoma Jennifer Johnson colorea hoy cada elemento según las estrellas que lo produjeron.

Esa es la tesis de la astronomía, cien capítulos después. No es el estudio de cosas lejanas. Es materia, reunida a partir de las cenizas de muchas generaciones de estrellas, organizada en ojos y mentes, que se da la vuelta para preguntar de dónde viene. Cada telescopio construido es el universo abriendo un ojo, y cada persona que mira hacia arriba forma parte de lo que ve.

Dónde se hicieron tus átomos un cuerpo de 70 kg por masa · bloques apilados por origen cósmico 0% 50% 100% bloques de hierro, yodo y oro ampliados Quien mira al cielo es parte de lo que ve. Hidrógeno · 10 % Big Bang, primeros minutos 6 de cada 10 de tus átomos 1 Carbono, nitrógeno · 21 % estrellas como el Sol envejecidas expulsados por gigantes rojas 2 Oxígeno · 65 % estrellas masivas supernovas de colapso 3 Calcio, fósforo huesos · supernovas Hierro · unos 4 g la mitad, de tipo Ia enanas blancas que estallan 4 Yodo, oro · trazas fusiones de estrellas de neutrones proceso r, como en 2017 5
Fig. 100 · Somos polvo de estrellas. Tu cuerpo por masa, apilado según dónde se forjaron sus átomos
Astronomía · Primera edición, octubre de 2026
100 capítulos · 10 partes · cien diagramas
por Mat Siems · The Visual Encyclopaedia, No. 5 · 2026